AMOR EN FLORENCIA

.

.

.

Disclaimer: La Trama le pertenece en su totalidad a Helen Bianchin, pero los grandes personajes los eh tomado prestado a mi ídolo personal Sthephenie Meyer, para fantasear un poco.


Capitulo 11

Llegaron a Montepulciano a última hora de la tarde. Edward no había hecho más que apagar el motor cuando se abrió la puerta y Ben salió a recibirlo a la carrera.

-Hola- le dijo tomándolo en brazos y dándole vueltas en el aire.

-¡Habéis vuelto!-exclamo el pequeño.

Bella rodeo el coche y se acerco a ellos. Ben cambio de brazos y la beso en la mejilla.

-Os he echado de menos- les aseguro-. ¿Lo habéis pasado bien?

-Si, muy bien- le dijo Bella-. Hemos estado en unos cuantos mercadillos y hemos salido a cenar- le explico entrando al interior de la casa, donde Esme les dio la bienvenida con afecto.

-Le voy a decir a Lena que nos sirva el té en la terraza dentro de media hora. Así, tendréis tiempo de deshacer el equipaje- le dijo a Bella-. Ya le he dicho que trasladara tus cosas a la suite de Edward.

-Gracias.

-¿Os puedo ayudar a deshacer la maleta?- le pregunto Ben a Bella.

-Claro que sí.

La suite de Edward era muy grande, contaba con una cama enorme y con baño incorporado, un pasillo entero de armarios y un salón informal con varios sofás.

Edward llegó con las maletas y encontró a Ben sentado en el borde de la cama.

-Anoche tuve unas pesadillas- comento el pequeño mientras Bella deshacía la maleta.

Estaba intentando no darle importancia, pero era evidente que lo había pasado mal, así que Bella se acerco a él y se sentó a su lado.

-Soñé que no volvíais- le conto Ben.

Bella sintió que el corazón le daba un vuelvo.

-Todo va bien- le aseguro abrazándolo.

-Papa y Mama iban a volver y no volvieron- recordó Ben,

-Tuvieron un accidente, cariño- le recordó Bella-. Un accidente de tráfico, ya lo sabes.

-Sí, pero no lo entiendo porque papa conducía muy bien, como Edward.

Edward se agacho a su lado.

-Te prometo que tendré siempre cuidado.

Ben se quedo pensativo.

-Muy bien- contesto muy serio-. Me desperté llorando, pero vino la abuela a consolarme, me conto un cuento y me volví a dormir.

-Pues esta noche te vamos a leer dos cuentos- le ofreció Bella para animarlo.

-¿De verdad? ¿Los puedo elegir yo y me lees uno tu y otro Edward?

-Claro que si- le aseguro Bella-. ¿Quieres ver lo que te hemos traído?

-¿Me habéis comprado un regalo?- se entusiasmo el pequeño.

Bella se acerco a la maleta, saco un paquete envuelto en papel de regalo y de lo entrego. Ben rasgo el papel, abrió la caja y sonrió encantado como Bella sabia que lo haría cuando había comprado el gatito de porcelana.

-Es exactamente igual que Sooty- se maravillo Ben-. Tiene la misma mancha blanca en el hocico. ¿Crees que Rosie y Sooty me estarán echando de menos?

-Claro que sí.

Cuando bajaron a la terraza, Esme estaba a punto de servir el té. AL cabo de un rato, Edward se excuso, pues tenía que ir a los viñedos y a la bodega. Aquello de hacerse cargo de una finca productora de vino tenia su aquél, pero le encantaba. Lo cierto era que le gustaría pasar casa vez más tiempo allí.

Se había casado y pronto podría decir que Ben era su hijo, pues los trámites de adopción ya estaban en marcha, así que la próxima generación de Cullen estaba preparada.

Le apetecía pasar más tiempo con su familia, pero tenía que volar a Paris al día siguiente, el miércoles llevar a su madre a Florencia, el jueves a viajar a Roma a primera hora, el viernes atender unos asuntos en las oficinas de Florencia, el sábado por la noche ir a una fiesta de gala en la ciudad y el domingo volver a Sídney con Bella y con Ben.

Eran muchas cosas, pero era necesario estas a todas si quería que la empresa siguiera funcionando bien.

Estaba oscureciendo cuando volvió de la bodega, subió a su habitación a ducharse y a cambiarse de ropa para la cena. Bella había elegido un conjunto precisos de color rosa y Edward le dijo lo mucho que le gustaba mientras observaba como se peinaba.

Durante un instante, estuvo a punto de sugerirle que se dejara el pelo suelto, pero no lo hizo porque, así, se daría el gusto de podérselo soltar el mas tarde.

-¿Y Ben le pregunto?

-Con tu madre.

Edward se desabrocho la camisa y se la quito. Bella se quedo mirando su espalad, que le encantaba, aquella piel, aquellos músculos bronceados. Al instante, sintió la imperosa necesidad de acercarse a él y abrazarlo, pero no lo hizo, siguió peinándose y, mientras Edward se desnudaba y se metía en el baño, termino de maquillarse.

La cena transcurrió de manera relajada, acostaron a Ben y, tal y como le habían prometido, le leyeron dos cuentos. Luego, Edward le comento a Bella que necesitaba trabajar un rato en el despacho.

-No hay problema- le aseguro Bella-. Yo también puedo aprovechar para irme a la biblioteca un par de horas.

¿Por qué iban a cambiar las cosas si su matrimonio no había sido por amor? Mientras iba a por su ordenador portátil, se dijo que no debía hacerse ilusiones, que debía aceptar que su vida, aunque ahora estuviera casada, iba a seguir siendo igual que antes.

¡A diferencia que ahora podría disfrutar de la experiencia sexual de un hombre muy atractivo!

Bella trabajo hasta que se le cansaron tanto los ojos que le costaba leer en la pantalla, guardo el archivo, apago el ordenador, y subió sin hacer ruido para ver si Ben estaba dormido. Tras comprobar que así era, se encamino a la suite de Edward, que encontró vacía, así que se puso el piyama y se metió a la cama.

Se había quedado dormida en cuanto se acostó y ni siquiera se despertó cuando Edward se metió en la cama.

En algún momento durante la noche, comenzó a soñar que le acariciaban el muslo, la cadera y los pechos, suspiro.

-Que gusto- murmuro cuando sintió unos labios en el cuello.

Unos dedos le acariciaron los pezones, que se endurecieron, y Bella gimió cuando esos mismos dedos se deslizaron por su tripa hasta llegar a sus labios vaginales, increíblemente sensibles.

Bella sintió que su cuerpo se arqueaba cuando aquella misma mano llego a su clítoris y grito cuando alcanzo el orgasmo.

La sensación fue tan intensa que se despertó por completo y se dio cuenta que el sueño era realidad cuando Edward se apodero de su boca.

Lo que ocurrió a continuación fue un festín de sensaciones, pues la condujo a placeres cada vez más refinados antes de unirse a ella en un orgasmo explosivo que los dejo a ambos con la respiración entrecortada y bañados en sudor.

A continuación, se quedaron tumbados, sin moverse hasta que el despertador de Edward comenzó a sonar. Edward se levanto, la tomo en brazos y se dirigió al baño.

-¿Qué haces?- se sorprendió Bella.

-Quiero que te duches conmigo. Y, luego, te volveré a depositar en la cama mientras yo me visto y me tomo un café antes de ir al aeropuerto. Me tengo que ir a Paris.

-¿Te vas a Paris?

-Sí, pero volveré esta noche- contesto Edward metiéndola en la ducha y comenzando a enjabonarla.

-¿Qué planes tenias para esta semana?- le pregunto Bella.

-¿Te parece esto una conversación de ducha?

-Es que como ya hemos hecho lo otro…

Edward la beso.

-Sí, tienes razón.

-Y, por cierto, me gusto mucho- dijo Bella haciéndolo reír.

-Anda, aclárate y vete antes de que te demuestre que segundas partes siempre son buenas.

-Te recuerdo que no puedes perder el avión.

-Te recuerdo que estaré aquí esta noche.

Bella salió de la ducha, se seco, se vistió, se cepillo el pelo y se lo recogió en una cola de caballo.

-¿Qué haces?- se extraño Edward-. Apenas son las seis.

-Te voy a preparar un café.

-¿Y me vas a dar un beso de despedida?

Bella fingió considerar la posibilidad.

-A lo mejor.

Edward el bodeguero fue reemplazado por Edward el sofisticado hombre de negocios. Tras tomarse un café solo bien fuerte, beso a Bella, agarro su maletín y su ordenador portátil y se fue.

Mientras recogía la cocina, Bella escucho el motor del 4x4 que se ponía en marcha y se alejaba. Cuando hubo terminado, volvió a su habitación y estuvo trabajando un rato. Después de desayunar, paso el día con Ben y, por la tarde, preparo el equipaje para volver el día siguiente a Florencia.

Edward llamo un poco después para decir que iba a llegar de madrugada, así que Bella se acostó después de meter a Ben a la cama. No se dio cuenta de a qué hora volvía Edward y, cuando se despertó a la mañana siguiente, el ya no estaba.

El piso de Esme de Florencia se le antojo pequeño después de la amplitud de la finca. No había espacios abiertos para que Ben pudiera jugar, lo que obligaba a Bella a estar mucho más pendiente de él para entretenerlo. Edward casi nunca estaba porque tenía mucho trabajo y las pocas noches que ceno con ellos tuvo que quedarse trabajando en el ordenador durante varias horas.

Cuando estaba en la casa, le leía un cuento a Ben para que se durmiera, por supuesto, y Bella aprovechaba las horas que su marido tenía que trabajar para terminar su novela.

En dos ocasiones hicieron el amor al amanecer. Después, se ducharon juntos, se tomaron un café y Edward se fue a la oficina. Aquel mismo patrón se repitió el sábado. A pesar de ser festivo, Edward tenía que trabajar aunque le prometió a su madre estar e vuelta a tiempo para ir a la fiesta benéfica de aquella noche.

Bella se estaba terminando de maquillar cuando oyó que Esme le hablaba con severidad a su hijo. Edward entro en su suite, se desvistió a toda velocidad, se ducho, se afeito y se puso un traje de gala con corbata negra. A continuación, se acerco a Bella y la beso en la boca.

-¿Y eso a que se debe?

-A que me apetecía- contesto sonriente.

La fiesta benéfica se celebraba en un hotel de la ciudad y había muchos invitados. Se trataba de un evento organizado por una asociación de ayuda a niños minusválidos con la que cooperaba el grupo Cullen.

Todos los hombres llevaban corbata negra y las mujeres lucían unos preciosos vestidos y muchas joyas.

Bella no se separo de Edward y se dedico a observar a los invitados. Una aprendía mucho de ese proceso de observación y sacaba muchas ideas para los personajes de sus novelas.

Dado que se habían casado hace poco, mucha gente se acerco a darles la enhorabuena y Bella sonrió y repitió la palabra Grazie varias veces. Definitivamente, Ben y ella debían aprender italiano.

Bella se fijo que muchas mujeres guapas perfectamente vestidas y arregladas se acercaban y saludaban a Edward de manera un tanto exagerada. Tal vez, fuera su imaginación, pero aquello le hizo preguntarse cuantas relaciones habría tenido su ahora marido y con quien.

-Por lo visto, tienes muchas amigas- comento mientras una preciosa pelirroja muy jovencita se alejaba tras saludarlo efusivamente.

Edward la miro y sonrió.

-¿Te molesta?

-¿A mí? ¿Por qué iba a molestar?

En aquel momento, abrieron las puertas del salón en el que iba a tener lugar la cena y se les pidió a los invitados que enseñaran las invitaciones para poder acceder al mismo.

Edward le paso el brazo por la cintura a su mujer, que al instante se sintió excitada. Aquel hombre era muy sofisticad, pero, sobre todo, era de lo más sensual.

Se trataba de un hombre que podía volver loca a una mujer.

Todo el mundo conocía a Edward Cullen, así que todo el mundo hablaba de la mujer que había elegido como esposa.

Los medios de comunicación estaban al corriente de la trágica muerte de Jasper y de que había dejado un hijo huérfano. No era difícil concluir que el reciente matrimonio de Edward había sido para atar unos cuantos cabos legales.

Entonces, ¿Por qué de alguna manera Bella le fastidiaba que no creyeran que se querían? No le apetecía ponerse a analizar las causas de aquel fastidio. Sabía que no debía cometer el error de confundir afecto con amor.

Si le entregaba el corazón a Edward, lo perdería irremediablemente.

-Caro!

La mujer se dirigía a Edward de aquella manera ronroneaba de manera erótica, le paso los brazo por el cuello y lo beso ignorando por completo a Bella. Menos mal que Edward se apresuro a quitársela de encima. La recién llegada protesto, hizo una mueca de disgusto y le hablo en francés.

-En ingles, Victoria- le dijo Edward presentándoles a Bella-. Mi esposa, Bella.

Unos ojos oscuros exquisitamente maquillados miraron a Bella mientras su propietaria intentaba recuperar el habla.

-¿Tu esposa?- se indigno-. ¿Me he ido un mes a la Provenza y te has casado?- añadió mirando a la afortunada-. Que… pero… es increíble… sobre todo porque no me suena que Bella fuera de tus… conocidas, digamos.

-Tengo muchas amigas- contesto Edward sin inmutarse.

-Si, pero unas lo somos mas que otras, n'set-ce pas?

Edward se limito a sonreír.

-Que interesante- comento Bella una vez a solas, mientras iban a su mesa-. No me malinterpretes, no tengo intención de cuestionar tu activo pasado.

Aquello hizo reír a Edward.

La mesa que les había adjudicado ocupaba un lugar destacado y sus compañeros resultaron ser muy agradables. Bella se fijo en que había una silla vacía. Cuando todo el mundo hubo ocupado lugar, la presidenta de la asociación que organizaba la cena dio la bienvenida.

Cuando estaba terminado, la persona que faltaba por llegar ocupo su lugar. Se trataba ni más ni menos, que de Victoria. Sentar a la misma mesa a la esposa y a una antigua pareja de Edward era una broma de mal gusto.

Bella se dijo que no le importaba y se dedico a conversar con todo el mundo que, gracias a Dios, hablaba perfectamente ingles. Sin embargo, a medida que se fue desarrollando la velada, cada vez se fue haciendo más difícil ignorar como la francesa sonreía a su marido y se pasaba la lengua por el labio inferior,

Era evidente que aquellos dos habían tenido alfo intimo, pero Bella se dijo que no era asunto suyo. Si Victoria pretendía hacerla reaccionar, se iba a llevar una buena sorpresa porque no pensaba decir nada, así que se entusiasmo con la conversación que se había iniciado sobre fauna australiana e ignoro, no sin mucho esfuerzo, la actitud de la francesa.

No tenía derecho a disgustar no a enfadarse. Se había casado con Edward por conveniencia, no por amor, para desempeñar los papales de madre de Ben, anfitriona y compañera de cama. Todo lo demás era fantasía.

¿Se daría cuenta Edward de que el compartimiento de Victoria la estaba afectando? Probablemente, no.

En ese preciso instante, Edward le agarro de la mano y entrelazo sus dedos con los de Bella. Ella se giro lentamente hacia el y sonrio radiante. A continuación, se paso la lengua por el labio inferior y vio como Edward se le dilataba las pupilas. Luego, volvió a girar la cabeza y siguió su conversación con los demás.

La velada estaba tocando su fin y Victoria se puso en pie para despedirse y darle la estocada final a Bella.

-Tienes mucha suerte- le dijo- Edward es el mejor amante que he tenido jamás.

Bella ni parpadeo. Se limito a sonreír encantada y a mirar a la otra mujer a los ojos.

-Es fantástico, ¿verdad?

Edward se giro en aquel momento y se dio cuenta de que ocurría algo.

-La persona que disguste a Bella tendrá que vérselas conmigo, ¿ha quedado claro?- le advirtió a Victoria.

La francesa sonrió y le puso la mano en el antebrazo.

-Perfectamente claro –contesto-. Ciao, guapo – se despidió alejándose.

-¿Una de tus conquistas?- le pregunto Bella mientras iban hacia la salida.

-Una relación muy breve y desprovista de todo significado.

-No hace falta que me des explicaciones.

-Puedes contar con mi fidelidad absoluta – le aseguro Edward.

Bella trago saliva y Edward se dio cuenta.

-Siempre- le aseguro.

Era tarde cuando llegaron a casa, así que Bella se quito los zapatos de tacón en la entrada y fue a ver qué tal estaba Ben, que dormía plácidamente. Satisfecha, se dirigió a besarla apasionadamente.

-¿Y si te digo que me duele la cabeza?- bromeo Bella.

-Te traigo una aspirina y seguimos- contesto Edward,

Bella se rio y lo beso, estremeciéndose de placer al sentir su mano entre los muslos, explorando y dándole placer hasta hacerla gritar. Bella estaba tan excitada que le quito la chaqueta y con dedos temblorosos le desabrocho la camisa y el cinturón.

Edward dejo caer los pantalones al suelo, la tomo de las caderas y la coloco para recibir su miembro.

Bella suspiro encantada, se aferro a sus hombros y disfruto de sentir su erección dentro del cuerpo, comenzó a moverse al ritmo que él mientras Edward la llevaba hacia la cama, donde se tumbaron ambos.

Solo existían ellos dos y juntos alcanzaron el orgasmo. A continuación, cansados y sudorosos, se quedaron tumbados sin decir nada, abrazados. Fue un momento tan bonito que a Bella le entraron ganas de llorar. Edward la tapo con las sabanas y la abrazó.

Bella sentía su aliento en el pelo, cerró los ojos y se entrego al sueño.

A la mañana siguiente, se despertó oliendo a café recién hecho. Tras ducharse, desayunaron e hicieron el equipaje.

Despedirse de Esme fue más difícil de lo que había imaginado y Edward tuvo que asegurarle que volverían pronto. Pero Ben no pudo contener las lágrimas en el taxi que los llevaba al aeropuerto


Hola chicas

Porfavor no me maten lamento la tardanza pero esto ultimos meses han sido horribles y bueno la verdad no me habia dado tiempo de actualizar ni nada... lamento eso :/

Espero les haya gustado el capitulo y actualizare el siguiente este viernes el cual seria el capitulo 12 :D

De todas maneras aqui les dejo mi Twitter y pueden enterarse por alli, cuando eso suceda :D

Twitter: (Arroba) Li_Everon4

12-12-2012

¿Reviews?

:D

-Lili-