Capítulo 12: Búsqueda en la oscuridad

"Algún día todos esos cuentos infantiles se le subirían a la cabeza… ¿Un príncipe? ¿En serio?" pensaba Mihawk en su gran sillón. Era temprano en la mañana, acariciaba con sus dedos sus sienes, tratando de recuperar su paciencia ante una persona tan ruidosa. Según había leído Kaylee pasaba por un síndrome confusional, podría recuperarse en cuestión de horas o, que era lo que más temía, en varios meses. Tal problema cerebral no le permitía a la sirena distinguir entre fantasía y realidad, en ese estado de delirios y alucinaciones ya se había caído y chocado unas cuántas veces.

Bajó su cabeza y oyó como las olas del mar golpeaban violentamente contra la costa. Ciertamente, estaba lejos del océano, y el olor de la sangre fresca derramada por los humandrills no era posible de ser percibida, mucho menos tras el impetuoso temporal de la noche anterior tan solo quedaba ese característico olor a tierra húmeda.

El graznido de una bandada de aves se escuchó, el sonido que producían llegaba a confundirse con gritos de una multitud asustada, lo que no sería extraño en semejante lugar. Sobrevolaron el castillo, y no detuvieron su vuelo allí, pues, el clima en el devastado Reino Shikkearu era otoñal y, por lo tanto, no apto para aquellas aves. A pesar de ello, el otoño que había allí no podía distinguirse como tal, la gran extensión de árboles perennes, la abrumadora humedad y neblina que rodeaba los alrededores del castillo eran propios de un otoño que sólo se veía en las noches.

— ¡Esas fueron aves encantadas! —habló con emoción, la aún confundida sirena. Estaba usando un vestido largo y floreado.

— ¿Qué haces aquí? Deberías estar en tu habitación —dijo Mihawk mientras observaba el horizonte por la ventana.

Kaylee no lo escuchó y caminó con pasos alegres hasta la puerta que daba a uno de los balcones. Estiró su cuello y sintió el aire cálido que soplaba, sonrió y se subió ágilmente a la barandilla, estaba descalza y por ende sus pequeñas aletas caudales era visibles. Mihawk al ver la arriesgada acción de ella, se aproximó con rapidez y la agarró de una mano.

— ¿Qué haces sirena? Vaya que eres irresponsable —afirmó, irritado—. Baja ya.

— ¿Príncipe? ¡Ah! Si subes conmigo bajaré ¿Bien? —respondió con una bella sonrisa.

—… —Mihawk subió al balcón con ella, los músculos de su rostro estaban rígidos, estaba muy enfadado con la situación.

— ¿Por qué quieres encerrarme? —preguntó mientras su mano se apoyaba delicadamente en su pecho. Sus ojos se humedecieron y su rostro se sonrojó, levantó su cabeza en dirección a él—. Yo quiero volar contigo... ¿Vamos?

Las mejillas de ella volvieron a la normalidad al escuchar a otra ave cerca de allí, agarró ambas manos del espadachín y saltó arrastrándolo consigo, Mihawk se acercó a ella y la abrazó para caer sin lastimarse. Al principio, ella exclamaba con entusiasmo, sentía el viento sobre su rostro y cabello, su corazón palpitaba con fuerza, a pesar de ello, comenzó a asustarse poco a poco y se aferró con fuerza al cuello del espadachín, ahora gritaba con pavor "¡Esto se demora mucho!". Él por su parte no pudo evitar soltar una pequeña risa, la caída duró tan solo siete segundos.

—Hemos llegado a tierra —habló con suavidad.

—S-Se sintió como un vacío en mi corazón. ¿Nada nos persigue? —dijo gimiendo aún aferrada, sus ojos estaban llorosos.

—No —contestó cortante y añadió molesto—. Ahora aléjate.

—No quiero —acercó su rostro al cuello de él y posó su nariz y labios en éste—. ¡Oh!, me gusta tu olor.

Mihawk mantuvo una mirada perturbada, sintió un calor rodeando su cuerpo y la separó de él a la fuerza. Si bien, lo que había hecho lo tomó por sorpresa no imaginó que las palabras de ella hicieran que perdiera tanto su semblante.

—Vamos, entra ya al castillo —le ordenó, con una mano en su frente.

— ¡Yo quiero explorar los jardines, por favor! —rogó con los ojos destellantes de una joven llena de ilusiones.

—… —levantó una ceja—. Haz lo que quieras, solo déjame en paz —dijo, mientras se retiraba.

Mihawk vio como el cachorro de humandrill la observaba desde lejos, lo miró y él le devolvió una mirada expectante, entonces le hizo una seña para que siguiera a la chiflada. Aún estaba herido, pero por suerte ella caminaba lenta y gozosamente por el denso bosque, hacia el lado sur de la isla donde la presencia de humandrills era escasa, el cantar de la sirena lo guiaba hacia ella, y a la vez encantaba a otros animales que se hallaban cerca.

Se sentía rodeada de amor y regocijo, se abrazaba a sí misma. Y se tendió por unos momentos en la maleza y el barro, creyendo que eran hierba fresca y pozas de agua mágica. El día aumentaba en temperatura y sintió el aroma a flores, al menos aquello era correcto, estaba en una zona de rosales. Tomó algunos y con cuidado les sacó las espinas, así los utilizó para adornar su cabello, se ayudó con la venda que aún tenía puesta. Parecía una ninfa, solo que sucia con musgo y tierra.

— ¡Amigas hadas! ¿Dónde están? ¿Ya es la hora del té? —alzó su voz con ternura y de repente escuchó el sonido de algunas aves chapoteando en el agua—. ¿En el lago? ¡Ya voy, esperen!

Kaylee corrió en dirección a un estanque viciado, tropezó con unas raíces y las aves al escuchar la caída huyeron de la descuidada mujer con rapidez, ella se levantó. Al sentir la humedad del suelo se lanzó al agua frente a ella, y nadó hasta no sentir la tierra bajo sus aletas y luego se hundió.

— ¿Hola? —preguntó en voz alta mientras estaba bajo las aguas.

Una curiosa rana se acercó a ella, no era común ver una sirena por esos lados. Entonces, la guió hacia el fondo de la laguna y le mostró a su familia.

—Un gusto conocerlos —dijo ella y al segundo sintió que su brazo era tomado con fuerza—. ¡Ah!

— ¡Uuh! —chilló el animal al momento en que la sacó hacia la superficie, el mamífero ya casi no tenía aire en sus pulmones.

— ¡Es el rey marino de nuevo! —escalofríos la rodearon y, entonces, tomó su silbato y lo sopló con ímpetu—. ¡No permitiré que le hagas daño a mis amigas!

— ¡Uhh! —aulló con miedo nadando hacia la costa.

— ¡No te escaparás! —gritó Kaylee saliendo de la laguna también, tras ello sacó una pistola que estaba debajo de su vestido, amarrada a la altura de su muslo disparando con una precisión casi exacta.

Corría descalza, evitando con gran habilidad los árboles y lo que podía dañarle, al parecer su haki estaba funcionando inconscientemente. Aunque, al pisar la arena de la playa, la sirena tuvo un dolor de cabeza muy fuerte, tropezó con una gran tortuga y cayó de cara en la arenilla. El humandrill también se detuvo, sin embargo, era porque estaba exhausto y, con sus últimas energías, subió a un árbol para buscar refugio.

— ¿Esas son olas? —se preguntó consternada mientras sus ojos se cerraban poco a poco.

La quietud y el silencio del castillo nunca fueron un problema para el espadachín, pero con la sirena en ése estado, una tranquilidad así no hacía más que fastidiarle, lo rodeaba cierta inquietud. Decidió olvidar el asunto y se retiró a su habitación.

Estaba ensimismado. Sus codos estaban sobre su escritorio, tras una larga hora no logró conciliar ni una sola vez el sueño. Se veía inclinado y sus manos apoyaban su cabeza. Veía fijamente su tintero, aquella carta sin terminar, la agarró y quemó con el fuego de una vela. Sus ojos se cerraron intentando meditar, pero se abrieron como un relámpago al presentir algo infrecuente, detuvo sus acciones y oyó los llantos del babuino.

Mihawk se asomó a su balcón y notó como en las cercanías del castillo, Kaylee totalmente empapada, corría tras el babuino mientras le apuntaba con una de sus pistolas. Sin dar mucha importancia al asunto, se sentó nuevamente en su escritorio, pero al oír el sonido del chocar de una bala contra la piedra decidió bajar, al abrir la puerta principal el pequeño animal se precipitó a él y se refugió entre sus piernas.

— ¡Hey! —alzó su voz más disgustado que antes.

Ella se detuvo y le sonrió con dulzura; en su estado creía que era su príncipe después de todo. Levantó su vestido hasta la altura de su suave muslo reluciendo una piel similar a la humana pero más oscura y con variaciones de color cálido, solo un poco más abajo podía verse el corte que alguna vez le había propiciado un humandrill. Tras guardar su pistola en el cinturón de su pierna, soltó su vestido y se acercó a él mientras saludaba formalmente a personas invisibles. El no pudo evitar ver ese acto tan distraído de parte de su invitada. Si ya en su estado normal era poco precavida, en ése estado ya no sabía qué esperar.

—Necesito ir a mis aposentos, el baño termal está allí —en seguida, con un rubor en sus mejillas, y bajando la voz le preguntó—: ¿Me acompañarás?

Su pestañeo fue lentísimo, simplemente la observó en silencio y, tras unos momentos, se oyó a lo lejos el sonido de una puerta cerrándose con violencia, el babuino se quedó en la planta baja del castillo.

Ella recogió flores pequeñas que crecían en el borde de la escalera y entró pisando con delicadeza los escalones de la entrada, creía que cada uno de ellos emitía un ruido único y armónico. Como un piano.

Ya adentro corrió a su habitación y tras su baño se colocó otro vestido y se hizo una corona con las flores.

Se acercaba el ocaso. Los rayos del sol acentuaron los colores rojizos de su largo y ondulado cabello. Salió de su habitación y buscó el aroma de las frutas, así llegó hasta la cocina, cogió una manzana y la mordió con delicadeza.

— ¡Tiene un gran sabor! —se decía—. Las frutas de las hadas son bellísimas. ¿Qué es ése sonido?

— ¿Uhh? —se asomó a la cocina el pequeño babuino.

Abrió sus ojos con espanto, no podía creer que esa bestia estuviese allí. No estaba con su silbato ni con sus armas, solo se le ocurrió lanzarle la manzana.

— ¡Ahh! —soltó un grito, asustada—. ¡Ayuda!

El babuino comenzó a llorar estrepitosamente, no entendía el porqué ella lo desconocía. Kaylee se acorraló a sí misma en una esquina, con pavor tapó sus oídos y se agachó. En su cabeza aquel gemido se hacía similar a los gritos de unos hombres, no recordaba de quiénes; aunque de haber estado lúcida hubiera recordado que eran las carcajadas de los piratas responsables de la pérdida de su madre.

Mihawk, al fin había conciliado el sueño, no obstante, ese nuevo escándalo abrió sus ojos cansados. Se sentó sobre su cama y respiró hondamente, ni siquiera estaba tapado, tenía su camisa un poco abierta y su daga descansaba en su espalda, deslizó su mano desde su frente hasta su nuca, su mirada se hizo fría…

—Suficiente.

El babuino calló de súbito, Kaylee alzó su cabeza con desconfianza, y sintió como su brazo era cogido con fuerza. Ella se espantó, pero no pudo decir ninguna palabra, en el mismo momento, la sirena fue levantada hasta el hombro del espadachín por su fina cintura y fue cargada hasta la habitación que ocupaba. Ella se quedó muda, estaba preocupada con la sensación que percibía del hombre que la llevaba, estaba totalmente enojado, y no sabía que había hecho mal, sus ojos se cerraron con miedo. La dejó en la puerta de su habitación."Ve a tu litera" Escuchó, comenzó a respirar con dificultad, su cabeza comenzó a doler nuevamente, se acercó a la orilla de su cama y, creyendo que él ya no estaba allí, hizo ademán de escapar. En ese fugaz instante, él se volteó y ella se sentó en su colchón, al escuchar que sus pasos se acercaban se acostó y tapó sus piernas con las sábanas. Mihawk se acercó a la orilla de su cama y la miró entrando en cólera.

—Deja de moverte —pidió en voz baja, sin fuerzas para gritarle.

Kaylee abrió sus ojos, su cabeza sufría, todo se difuminaba.

El pequeño humandrill ya no estaba en sus brazos, pero no sentía que estuviera despierta, era extraño, no reconocía la voz. No podía estar en otro lugar que no fuera una pesadilla, definitivamente era uno de esos tormentosos recuerdos.

— ¡No! ¡No! ¡Aléjate! —clamó, cubriendo su rostro—. ¡Yo te maté! ¡Tú ya estás muerto! ¡No puedes hacerme daño!

— ¿Eh? —retrocedió consternado, algo andaba mal.

— ¡No permitiré que te acerques a mí aunque sólo seas una ilusión! ¡Ya despertaré! —seguía gritando y apuntándole con su índice agregó—: No volveré a caer, eres un humano despreciable. Nunca fuiste parte de mi tripulación. ¡Por tu culpa separé a los Blind Pirates! ¡Por culpa tuya no puedo confiar en los hombres! ¡Por culpa tuya y de aquellos piratas que secuestraron a mi madre que no confío en los humanos! ¿Qué buscabas? ¿Por qué me querías traicionar? ¿Por qué me hiciste algo tan despreciable, tan vil?... ¡Responde!

— ¡Oye! —intentó hablarle aún sorprendido con sus palabras.

— ¡Ya verás! Los Blind Pirates van a renacer. Lograré cambiar y cumplir con la promesa que le hice a mi padre ¡Mi madre espera por mí en el Nuevo Mundo! —volvió a alzar su voz y lágrimas comenzaron a salir de sus ojos—. ¡La encontraré! No he perdido mis esperanzas, debo hacerme más fuerte… —se levantó con todas sus fuerzas y alzó su puño—. ¡Si debo matarte nuevamente así será!

Retrocedió para evitarla, ella cayó al suelo pero se incorporó con gran rapidez, se abalanzó a él con intenciones de noquearlo con su puño, sin mayores dificultades detuvo su golpe con una mano. Ella intentó zafarse pero él la superaba en fuerza, entonces se dispuso a golpearle con su mano desocupada, al ver ese acto esquivó y la tomó de sus hombros y la empujó de vuelta a su almohada, tuvo que sentarse sobre su cama para retenerla. Acongojada y llena de rabia siguió forcejeando.

— ¡Ya basta, Kaylee!

El pánico la invadió, no veía nada, no escuchaba más que un fuerte silbido en sus oídos. Había escuchado esa voz antes y comenzó a perder la conciencia, él tratando de serenarse la volvió a tapar con las sábanas y las mantas, luego se sentó a la orilla observándola. Tras unos minutos, los párpados de ella se abrieron levemente. "¿Qué hace él en mis sueños?" preguntaron los pensamientos de aquella dama. Se destapó hasta la cintura y alzó ambas manos agarrando el cuello de la camisa de él atrayéndolo hacia su rostro hasta sentir su fría nariz.

— ¿Puedo confiar en ti? —le preguntó con un tono tentador. Parecía que se miraban frente a frente, ella acarició su mejilla con su índice y se acercó más.

El bajó su mirada en un profundo silencio. Su corazón latía con premura, cada palpitar se volvía más doloroso y comenzaba a hervir su sangre hasta que sintió un estremecimiento en la parte baja su estómago. Retrocedió con un poco de vergüenza e intentó separarla de él, entonces ella cambiando a una expresión desconsolada tomó su cara y besó su mejilla alcanzando la comisura de sus labios. De esta manera, perdió su equilibrio y el peso de su cuerpo descansó sobre ella, sintiendo su cálido cuerpo y el suave palpitar de ella bajo su pecho. Despacio extendió sus delicados brazos y abrazó su cuello, tras una lastimosa espiración se quedó dormida.

Mihawk permaneció en esa posición por unos momentos, más que por esperar que ella estuviera totalmente dormida, era por la tranquilidad que sentía. Ni siquiera sus sueños habían sido capaces de replicar semejante aroma, tenía algo dulce y sutil, similar al caramelo. Con cada espiración creía que en cualquier momento ella se desvanecería.

Dejó a su cuerpo actuar, el deseo de sentirla más cerca llevó a que uno de sus brazos se desplazara bajo ella, abrazando su delgada figura. A la vez, agachó su cabeza hasta esconderla en el cuello de la mujer bajo su cuerpo, sintiendo con su rostro su aterciopelada piel. Posó sus labios en el espacio entre su cuello y su hombro y cerró sus ojos, relajó sus hombros y se concentró en percibir sus latidos, la respiración de ella era muy suave y calmante. Hace mucho no sentía aquella calidez humana, una que brindara tanta serenidad. Respiraban con calma, armonizados con el viento de la noche.

Abrió sus ojos, alejó sus manos de su cuerpo y con sus brazos logró separarse un poco de ella para así no hacerle tanto peso.

Miró sus cabellos aún húmedos, por lo visto, lo había lavado no hace mucho. Extendió sus dedos y sintió su suavidad; sus ondulaciones. Aún tenía un par de flores silvestres sobre éste, sonrió levemente al tomar una. Separó los brazos de ella de su cuello y la observó fijamente, mientras analizaba lentamente sus características faciales no pudo evitar detenerse en sus labios, los de él se separaron y dejaron escapar un doloroso respiro. Recordó como ella tocó los suyos cuando sentía las características de su rostro. Su mano se tensó en un puño. Su rostro antes tranquilo, se ensombreció con apatía.

— ¿Por qué querrías confiar en mí? —preguntó en un murmuro inaudible y levantándose de la cama, añadió—: Yo, no confío en mi, mucho menos en ti.

Al despertar Kaylee se dio cuenta que estaba tapada. Escuchó el sonido de unos pájaros fuera de su ventana. Se estiró un poco y bajó de la confortable cama. Aquella tarde, el espadachín cogió una botella de vino de su alacena, la examinó con cuidado; era procedente de las viñas de la Isla Micqueot, en el Nuevo Mundo, la última que le quedaba de esa viña. Como estaba un poco polvorienta, sopló sobre ella y le sacudió todo rastro de abandono. Escuchó unos pasos tras él y posando la botella en otra dirección vio en su reflejo a su particular invitada, al darse media vuelta la miró lastimosamente.

— ¿Qué haces aquí?

—Disculpa, sólo vine a la cocina porque estoy sedienta Mhihihi. Mihawk... ¿De casualidad sabes dónde he dejado mis armas? —Preguntó ella con preocupación—. Ya sabes, sería peligroso que el pequeño humandrill las...

— ¿Dijiste mi nombre? —la interrumpió.

—Sí… ¿Por qué te extraña?

Al descorchar su botella le comunicó brevemente lo ocurrido respecto a su período de alucinaciones.

—Realmente extraño, ¿Un estado de confusión? —repitió ella con desconcierto.

—Exacto, ¿Hasta dónde se remonta tu última memoria? —preguntó mirando al vacío, ocultando todo rastro de culpabilidad.

Los ojos de ella se abrieron con gran sorpresa, comenzó a sentirse incómoda y volteó, escondiendo su rostro.

—L-Lo último que recuerdo es tener al pequeño babuino en mis brazos… durante el temporal —afirmó titubeante.

—Ya veo…

Aun estando parada a unos metros de él, pudo sentir con claridad el potente aroma del vino, ello la hizo calmarse un poco y sonreír. Se acercó un poco, hasta que otro recuerdo penetró en su cabeza como una flecha.

— ¿El pequeño humandrill? —preguntó en un tono bajo pero audible.

—Está aquí en el castillo… —y enfatizó con frialdad—: y espero que te marches pronto con él.

—Me iré cuando logre cambiar a los humandrills, no es mi intención contaminarlos con tu falta de empatía —contestó, molesta.

—Vaya, vuelves a ser la misma. Mejor te hubieses quedado sin tu memoria —replicó tras haber tomado un largo sorbo de su vino.

— ¿Por qué? Para tu información ¡No recordar nada no es agradable! —dijo ella subiendo el volumen de su voz—. ¡Agh! ¡No! ¿Ya empecé a hablar así? No dejas que mi espíritu se tranquilice —Kaylee decidió marcharse y Mihawk la cercó con ambos brazos por atrás.

—Eres tan extraña —la definió, al dejarla entre él y la pared.

—Parece que iba a chocar —sintió la pared que tenía al frente e ignorando los fuertes brazos del espadachín pasó por debajo de uno de ellos y continuó con su camino—. Con permiso.

—La primera vez que te referiste a tu pasado, supuse que me dirías la verdad —agachó su cabeza y levantó sus cejas—. Ahora veo que omitiste gran parte de ella…

— ¿De qué hablas? —le exigió aclararse.

— ¿Qué diría tu padre si se entera que saliste a los mares porque querías salir de la rutina?… Debes encontrar a tu madre ¿no?, y lo más importante —Mihawk se acercó a ella con una actitud cruel—. El miedo que manifestabas ante mí no era por mi capacidad de matar, ni mi título, ni mi espada… Sino que por ser un hombre. Aquel tiempo de tu vida como pirata me dio la respuesta. Pues fue un hombre de tu propia tripulación que provocó ello y lo debiste eliminar ¿me equivoco?

—Tú... ¿Cómo es posible? —se preguntó ella empalideciendo, no podía entender nada—. Al parecer hablé más de la cuenta. No obstante, podrías haber hecho oídos sordos. No imaginas cuánto...odio recordar eso.

— ¿Cómo creerle a alguien así? —inquirió, acercándose molesto a ella.

— ¡¿Y cómo he hecho yo para confiar en alguien que apenas conozco?! —lágrimas se deslizaron por sus mejillas—. No sé nada más que tu nombre, que eres parte del Ouka Shichibukai, sin embargo, eso para mí es suficiente.

—… —no pudo pronunciar palabra y abrió sus ojos con sorpresa—. ¿Confías en mí?

—No lo puedes entender ¿verdad? —expresó con resignación.

— ¿Qué sabes de lo que entiendo o no? —refutó con una mirada dura.

— ¡Ja! Por ejemplo… ¿Podrías revelarme qué clase de destreza o habilidad hace de Monkey D. Luffy el joven de oro de la nueva generación?

Le dio la espalda secándose sus lágrimas. Al no escuchar respuestas, dijo que le daría tiempo para pensar mientras ella salía a dar un paseo.

Se alejó con un paso resuelto; los vidrios dejaban entrar la cálida luz del alba. Se acercó nuevamente a la cocina y bebió lo que quedaba de su copa. La respuesta parecía alejarse cada vez más, y las preguntas comenzaban a multiplicarse. Al escuchar la puerta de entrada cerrarse frunció el entrecejo y fue tras ella.

El pequeño humandrill la acompañó con alegría, el día estaba tranquilo; el aire y el cielo le daban una atmósfera muy grata. Llegó tras unos veinte minutos a las ruinas de la Isla, caminó con serenidad, no se escuchaban babuinos cerca. Un olor a madera llegó a su nariz, se acercó de a poco al origen de aquella esencia y se detuvo.

— Ya entiendo el porqué de la tranquilidad de los humandrills, Mhihihi —rió ella—. Y bien, Ojos de halcón, ¿ya tienes una respuesta?

— No, dejaré al destino actuar para poder saberlo —admitió con una leve sonrisa.

—Sabía que no responderías —dijo ella cerrando sus ojos con ternura—. Y no es necesario para mí conocer tu historia, sino que parte de tu corazón. ¡A propósito! éste árbol…

— Alguna vez fue un árbol, pero lo convertí en una cruz. Hice una tumba en memoria de aquellos que fallecieron en éste sitio a causa de la guerra que aquí aconteció —le reveló con cierta indolencia.

— Las guerras son un reflejo de cómo está nuestra sociedad hoy en día —aseveró, con ojos afligidos.

—… —Mihawk silenció.

Mientras tanto, los sombrero de paja estaban próximos a llegar a Water Seven, y "puño de fuego" Ace, estaba próximo a ser parte de uno de los hechos más importantes de esa época. Como shichibukai, estaba enterado de las últimas hazañas de esos piratas y su éxito en la derrota a Crocodile en Alabasta. Shanks le había informado a su vez acerca del encuentro que Ace planeaba tener con Barbanegra, que además era quien estaba aspirando a ser parte del ouka shichibukai.

Los hechos, si bien disímiles, tienen conexiones inesperadas dentro del destino, nada más que las acciones y los sueños de las personas podrán generar su unión dentro de la historia.

—Uhh uh —el pequeño humandrill se alejó de ella, corriendo emocionado en dirección a unos arbustos.

— ¿A dónde vas? —le preguntó Kaylee, pero al hacerlo, oyó algo golpeando al humandrill y arrojándolo en dirección opuesta.

Unos gritos muy fuertes se escucharon a lo lejos, unos humandrills con armas y con espadas se acercaban.

— ¡Pequeño! ¿Qué es lo que ocurre? —preguntó consternada. El pequeño humandrill corrió hacia ella, chillaba con desesperación.

Un humandrill saltó de entre los árboles, era de un tamaño poco usual, de unos dos metro de alto, y muy ancho. Estaba completamente armado y protegido. Kaylee llevaba consigo su trabuque, y al ver que ella tomaba su arma, decidió atacarla. El disparo llegó con gran precisión a su rostro y el gran babuino cayó al suelo inconsciente. Kaylee abrazó al humandrill, su respiración se había agitado.

—Vuelve al Castillo allí, no se acercarán —ordenó Mihawk—. Se aproximan más, al parecer les hace falta otra lección.

—No entiendo ¿Ya no los asustas? —se preguntó ella.

—Al verte conmigo últimamente, creen que me he suavizado —rió entre dientes—. Necios.

Kaylee abrazó con más fuerza al pequeño animal que tenía en sus brazos y caminó rápidamente en dirección al castillo, aunque no alcanzó a avanzar mucho cuando un grupo de humandrills se acercó a ella. Al instante, un haz de luz verdoso pasó cerca de ella, era un corte que envió el espadachín. Sacó nuevamente su arma de fuego y disparó a los humandrill que la rodeaban, sus disparos no afectaban en gran medida el cuerpo firme y robusto de esos animales. Además, éstos estaban acostumbrados a un combate más cercano, y no les bastaba más que un salto para poder atacarla. Mihawk se apresuró hacia ella; su expresión denotaba gran molestia. Y al parecer era más por la mujer ciega que por los animales salvajes.

— No puedes ser más problemática —dijo el espadachín, acercándose a la sirena. Clavó su espada Kokuto Yoru en el suelo y todos los adoquines a su alrededor fueron levantados del suelo.

Los humandrills al ver la escena se paralizaron por unos segundos y corrieron muy lejos aterrorizados… El pequeño se separó de ella y abrazó la pierna de Mihawk.

— Dile a tu animalito que se aleje de mí… Ahora —le ordenó enojado mientras guardaba su espada.

—Ven, no molestes al vejestorio gruñón —dijo entre risas ligeras, el espadachín gruñó—. ¡Solo bromeo!

Una noche, tiempo después de aquel incidente, las estrellas resplandecían con energía, era como si el cielo quisiese ser el protagonista, como si estuviera avisando al mundo de un gran acontecimiento. La brisa de aire era casi nula, el silencio era casi total. Dracule Mihawk, con una copa de vino en su mano, observaba el cielo estrellado a través del gran vitral de su habitación. Necesitaba saber algo, conocer qué respuesta le podría entregar esa misteriosa mujer. El haber quedado sin palabras frente a una pregunta aparentemente fácil aún era algo que lo estaba intrigando, aún más que los secretos que podían albergar las estrellas. Cada vez más dudas llegaban a su mente. Necesitaba respuestas.

Dejó su copa sobre la mesa de su cómoda y bajó por las escaleras con una velocidad mayor a la que acostumbraba. Kaylee estaba cerca de la chimenea, acariciando al pequeño babuino. Como era de imaginar, ella se dio la vuelta a su anfitrión y sonrió levemente, como dándole una especie de saludo.

— ¿Estás dispuesta a escucharme? —preguntó él entrecerrando sus ojos.

Abrió sus ojos con sorpresa y un leve rubor recorrió sus mejillas. Respondió que sí. Mihawk se sentó a su lado, inmutable, quedando el humandrill entre ambos. Le preguntó si conocía algo a cerca del ex cazador de recompensas, Roronoa Zoro, ante lo cual Kaylee dijo conocer sólo los rumores generales. Al saber aquello, Mihawk le relató su breve pelea y todo lo que conocía de Los sombrero de Paja. Kaylee escuchaba atentamente, se sentía parte del relato y como tal pudo extender su opinión más allá de lo trivial.

— Por cómo me describes a Roronoa Zoro, no me sorprendería que te pidiera algún consejo con la espada —opinó con una expresión cálida.

— Esa es una idea descabellada —dijo él agarrando su frente con una expresión incrédula—. No hay posibilidad de que eso ocurra. No me hagas reír

— Lo dices porque no sabes leer el corazón de las personas, atrás de esa supuesta ambición de convertirse en el mejor espadachín hay algo más fuerte —Kaylee sonrió—. Hombres como él sólo elegirían abandonar su orgullo cuando es por el bien de otro.

— Impresionantes palabras —Mihawk sonrió a su vez—. Pero dudo que eso pueda ser posible en él.

— No es mi tarea convencerte. Por cierto, he decidido llevarme a los humandrills buenos. Ha transcurrido el tiempo suficiente, y ya los puedo diferenciar. Espero encontrar en ésta Isla un lugar para su reubicación.

— ¿Y qué quieres lograr? —preguntó él.

— Encontrar luz después de tanta oscuridad…

Continuará…


Cosas importantes:

* La historia de Ceguera Aparente se desarrolla antes del Time Skip, desde la saga de Arabasta. Es decir, antes de la guerra.

* Kaylee actualmente tiene 31 años (cumpleaños 18 de Abril) Por lo tanto tiene 10 años de diferencia con Mihawk que tiene 41 (cumpleaños 9 de marzo)