Capítulo 12

Callejón Diagon

El miércoles por la mañana estaba prevista para ser realizada la tan esperada visita al callejón Diagon. Cuando los chicos recibieron las listas de lo que tenían que comprar, no les pareció tan buena idea el intercambio como lo había sido al principio. Efrán sería el encargado de llevar todo el material intacto y dejarlo por la puerta trasera de la cocina de cada casa según correspondiera, de modo que su presencia no se notara, haciendo así más viajes que un tonto y siendo tratado "peor que un burro de carga" con palabras textuales de Sheccid.

"Minimo deberían darle unos cuantos galeones ya que lo marearan con tanto gasto de magia" había murmurado enojada cruzándose de brazos cuando sus padres les habían expuesto el plan. Efrán había sonreído hacia ella, le había revuelto el cabello y le había plantado un beso en la frente antes de abrazarla mientras le agradecía su preocupación.

Por otro lado, los chicos estaban muy contentos porque por fin podrían ver a sus amigos y salir de la rutina en la que había caído su vida desde que regresaran de la playa. Aquella mañana, la casa de los Potter era un ir y venir continuo de pasos. James andaba del baño de sus padres al suyo, corriendo descalzo, en vaqueros y sin camisa, intentando que su pelo no estuviera tan mareado como de costumbre y lanzándose un spray para tratar de lograr aplacarlo.

Sheccid lo observaba de lo mas risueña desde su habitación, en donde había dejado la puerta abierta a propósito, sentada en la cama y comiendo una manzana. No paraba de reírse, cosa que no ayudaba a su hermano mayor. Hacía horas que ella ya se había arreglado y por lo que sabía Elám, Efrán y Joshua también estaban ya listos desde hacía rato, pero James por otro lado parecía muy nervioso por encontrar la camisa adecuada.

-…Esta no... Ésta es una completa mierda...-decía mientras iba sacando y tirando una a una las camisas de su armario a la cama.- Esta está arrugada, ésta...- se la acercó la nariz y la lanzó con repulsión.- todavía huele a la mexicana...

Media hora después cinco chicos se disponían a surcar los cielos de Godric's Hollow. Elám y Joshua, que vestían sencillamente jeans y camisetas de manga corta estivales, no pudieron parar de reír de lo mucho que se había arreglado James y se llevaban las manos al estomago doblándose por la mitad, las miradas furibundas que el moreno les mandaba solo contribuían a que la risa de los chicos aumentara.

-Jaziel... Jaziel... Jaziel...- canturreaba Sheccid encantada mientras Efrán la tenía cogida en sus brazos y le daba vueltas en el aire.

-Enana...- James levantó un dedo amenazadoramente.- Te la estás jugando...

-Me pregunto...- siguió el juego Elám pasándole un brazo por el cuello a su amigo.- Qué pensará nuestra rubia cuando sepa las aventurillas que...

-A ver, ángel salido de las mismísimas fauces del infierno...- James se zafó del abrazo de Elám con un gesto de total seriedad.- Punto uno, lo de Jaziel y yo es una relación... Liberal... y punto dos... una, una sola palabra... y me encargo de dejarte sin hijos para siempre ¿estamos?- Sheccid y Joshua se revolcaron en el suelo de la risa, por la cara de incredulidad que había puesto Elám.

-Vale, vale.- soltó el chico.- no te tocamos a tu damisela. ¡Cómo se pone por una bromita...!

-Chicos.- Harry, acompañado por los demás padres, salían por la puerta a despedirlos.- Tengan mucho cuidado, vuelvan pronto y...

-Eso sobretodo,- acompañó Sirius.- Cuiden del carro de mi querida esposa...

-No te preocupes, papá.- Efrán hizo un gesto despreocupado.- De eso yo me encargo

-Sí, sí, todo para el que es el responsable.- apoyó Elám. Y antes de que los padres pudieran argumentar algo más, los chicos ya se habían montado en el convertible de Jaina y encendido el motor. Un humo salió de los tubos de escape al sonido de un ronroneo y súbitamente, a una velocidad vertiginosa, el vehículo despego.

-Mi pequeño...- murmuró Jaina al borde de unas lágrimas fingidas y estirando la mano al cielo.- Mira lo que le hacen a mi pequeño...

-Sí, sí, cariño.- refutó Sirius dándole la razón como a los locos y tomándole de una oreja.- Ahora vamos a dentro, que tenemos que explorar la cocina en busca del chocolate...- Sirius divertidamente, le mordió el lóbulo de la oreja

-Ese...es mi punto débil...- dijo Jaina guiñándoles un ojo a sus amigos, que también se dirigían a sus respectivas casas, a encontrar otros puntos débiles.

El Callejón Diagón se encontraba totalmente repleto de gente. Al parecer, todo mundo había decidido dejar las compras para finales del verano y podían verse desde profesores hasta multitudes de alumnos del colegio. Los chicos, habían aterrizado unas callejuelas antes y minimizado el convertible cuando nadie los estaba mirando para que Efrán pudiera guardárselo en el bolsillo y ahora caminaban bastante juntos, para no perderse y mirando de un lado para otro, buscando a sus amigos.

-Efrán ¿no podrías utilizar tus poderes para buscarlos?- preguntó James harto de caminar entre la gente sin el mas mínimo resultado.

-Y dale con eso.- a Efrán también le agobiaban los atascos, pero no podía hacer nada para hallar a los demás.- Pequeñajo, ¿te tendré que repetir el resto de mi vida que no soy tu maldita brújula de bolsillo y que no puedo usar mis poderes a lo tonto?

-Le compadezco.- comentó Sheccid al oído de Elám, que sonrió.- Desde que nos enteramos de sus poderes James no deja de darle la lata con lo mismo.

Continuaron caminando y deteniéndose de vez en cuando, para mirar los escaparates y entrando en una que otra tienda de las que pasaban para poder ir tachando cosas de sus listas, Efrán había realizado ya unos dos viajes cuando todos se detuvieron abruptamente frente a un escaparate que los atrajo como imán, el de la tienda de Ron, saludaron a Dylan a través del cristal.

James y Sheccid vieron con orgullo como su Saeta de Fuego era admirada, iban a disfrutar muchísimo fanfarroneando en Hogwarts, sobre todo con toda la pandilla de Slytherin's, que eran mucho más arrogantes que ellos y totalmente insoportables. Como no encontraban a sus amigos, los chicos, resignados, fueron a lo primero que deberían haber hecho: terminar en su totalidad de comprar las cosas que sus padres les habían mandado. Efrán hizo unos diez viajes hasta que llevó todo el material a casa. Cuando ya estaban buscando un lugar para comer, vieron a los primeros rostros conocidos salir del Emporio de las lechuzas.

-¡Eh, Sel!- gritó Efrán muy contento corriendo con los brazos abiertos hacia donde se encontraba su mejor amiga.

Selene Strong se dio la vuelta rápidamente y dejó que su amigo la abrazara mientras correspondía al abrazo con entusiasmo y sonreía radiante de felicidad.

-¡Qué alegría, Efrán! ¿Cómo estás? ¡Dios qué ganas tenía de verte! ¡Sheccid!- Selene sonrió a la chica y le dio un beso en la mejilla.

-Hola...- masculló quedamente la pelirroja.

De todas formas Selene no la escucho porque los demás chicos se habían acercado a saludarla y la chica se había sonrojado débilmente al ver a Joshua, que parecía haberse vuelto mucho más guapo aquel verano y que no le hacía ni puñetero caso, ya que miraba al interior de la tienda, en donde Assaf, acompañado por Anyrel Murtagh, salía en ese preciso momento.

-¡Hola tío! Veo que aun continúan respirando- James y Efrán chocaron las manos y luego el chico Longbottom fue a saludar a los demás.

-Pero miren nada más si es una de mis nenas preferidas- exclamo sonriendo y totalmente feliz James mientras se lanzaba a los brazos de su mejor amiga y la apretaba fuertemente- ¿Cómo has estado princesa?

-Bien… pero diantres James siento tanto el no haber podido acompañarlos a la playa y el no haber ido a tu cumpleaños… soy la peor de las amigas- contesto Anyrel luciendo en verdad abochornada

-¡Que va princesa! No digas esas cosas si tú eres la mejor de lo mejor- rebatió James con una sonrisa, los padres de Anyrel eran muggles y por eso ella muchas veces debía perderse de varias cosas

-Al fin Jay dice algo coherente- añadió Sheccid sonriendo-. Hola Any

-Hola nena. Es bueno verte de nuevo Sheccid, ¿cuidaste de James por mí?- pregunto dando un rápido abrazo a su amiga la castaña

-Pues ya que, es un trabajo pesado pero alguien tiene que hacerlo ¿no?

Uno por uno Anyrel fue saludando a los demás chicos y estos le correspondían totalmente encantados, pero para cuando llego el turno de Joshua ambos pararon en seco como si un encantamiento escudo se hubiera interpuesto entre ellos.

-Si es la sabelotodo...- soltó Joshua lo mas borde posible.

-Oh... eres tú, cerebrito... creía que era alguien importante...

Anyrel y Joshua no se llevaban del todo bien. Su único problema, o al menos el único que admitían delante de todos, era que los dos eran grandes estudiantes y que a ambos les encantaba demostrarlo en clase. Así como Elám o Sheccid pasaban mucho del tema, Selene y Joshua habían forjado una guerra personal en cuanto a ese tema y ninguno de los dos daba el más mínimo atisbo de ceder un ápice en cuanto a las agresiones.

-Vamos, vamos chicos, que haya armonía...- dijo Elám pasándole una mano a cada uno por el cuello.- Ahora no estamos en Hogwarts, no están nuestros padres delante y sinceramente, me comería un rinoceronte... ¿qué tal si nos sentamos a comer unos ravioles? Antes de que muera de sueño

-¿Qué es eso?- Joshua alzó una ceja y Anyrel, contenta de que no supiera algo de los muggles, lo miró con autosuficiencia.

-Amigo mío, las próximas vacaciones a Italia.- Elám se puso una mano en el corazón teatralmente, como dando a entender que el que Joshua no supiera lo que eran los ravioles fuera la mayor de las tragedias.

-¿Están buenas las italianas?- fue lo primero que preguntó el hijo de los Weasley y Anyrel tuvo que separarse para no seguir escuchando porque Joshua y Elám
juntos eran mucho más peligrosos que antaño lo habían sido Sirius y James.

Fueron a comer, pero para desgracia de Elám, no tomaron ravioles, sino unos bocadillos que vendían en un puesto al final del callejón. Cuando terminaron con los postres ya era hora de que Selene regresará a casa y como Assaf y Anyrel habían ido con ella decidieron quitarse también. Eran casi las cuatro de la tarde y los chicos fueron a dar una última vuelta a ver si encontraban a "alguien más", explícitamente James quería encontrar a "su rubia de bote esa".

-A lo mejor se confundió...- comenzó Sheccid encogiéndose de hombros- después de todo no está muy bien de la cabeza que digamos- agrego la pelirroja en voz baja de manera que solo Efrán pudo escucharla, el chico lanzo una carcajada.

-No, no y no.- negó James buscando de un lado a otro con la mirada.- Jaziel me aseguró que estaría aquí... ¡claro, como tú estás con tu amiguito del alma!- Sheccid suspiró resignada, pero no comentó nada.- ¡Mira, ahí están!

Ante la exclamación emocionada de él y el vehemente gesto que hacía señalándoles los chicos voltearon a ver, tres chicas iban caminando, fijándose en las túnicas de gala de uno de los escaparates. Pese a que Jaziel y Altaír eran muy buenas amigas el ligue de James no tragaba para nada a Dhamar por lo que a los chicos les sorprendió ver que ella también venía con las otras dos aunque con cara de estársela pasando peor que nunca en su vida. A pesar de no alegrarse de ver a Jaziel la verdad es que Elám, Sheccid, Joshua y Efrán también sonrieron por ver venir a las otras dos chicas.

-¡Jaziel!

Jaziel, que vio a su "rollito" corriendo hacia ella, se giró con alegría, pero no tuvo tiempo a decir nada puesto que el chico se había tirado sobre ella, para besarla apasionadamente. Jaziel, que era igual de atrevida, tiró las bolsas que llevaba en la mano y rodeó el cuello de James con ambas manos, yendo alejándose hasta el muro de piedra de la tienda, para disfrutar un poco más de la intimidad. Dhamar pasó por su lado, hizo un saludo militar y sin mirar a la pareja, dijo:

-Hola James ¿qué tal? Ya veo que bien, yo también te quiero.- soltó una carcajada y continuó corriendo hasta topar con los brazos de Elám quien la cogió de la cintura, dándole vueltas en el aire y sonriendo a más no poder.

-¡Hola preciosa!- le dijo dándole besos en la cara, haciéndole cosquillas y provocando las risas de la chica.- ¡Cada día estás más guapa si sigues así voy a tener que quitártelos como moscas!- Dhamar sonrió y se abrazó a su cuello, hasta que Elám la volvió a dejar en el suelo.- ¿Cómo estás, Dhamy? Te he echado de menos...

-Me encanta que me llames así.- sonrió la chica y le dio un golpecito en el pecho, cariñosamente.- Yo también Elám, pero está visto que te lo has pasado mejor cuando yo ya no estaba ¿y si me cuentas? ¡Ah! Hola Joshua, Sheccid, Efrán.

-Por supuesto.- Elám le tendió un brazo a Dhamar, que la chica tomó y ambos se dirigieron callejón arriba.- Altaír, nos vemos, chicos... en dos horas en el Caldero Chorreante.

-¿Te vienes, Joshua?- le incitó Dhamar antes de echar andar callejón abajo con su amigo.

La verdad era que Joshua siempre le había caído muy bien a Dhamar, y viceversa, y no pensaba dejarlo solo en medio del callejón. Se lo habría dicho también a Efrán y Sheccid, pero la pelirroja había arrastrado enseguida al moreno, literalmente, hacia una tienda de objetos mágicos que se encontraba un poco más allá de ellos sin tan siquiera decir adiós. Elám arrugó un poco la frente en señal de confusión, en realidad, él pensaba que Dhamar quería pasar tiempo a solas juntos para poder charlar.

-Por supuesto- contesto sonriendo Joshua, se volteó hacia su prima y le dijo adiós con una mano mientras echaba a caminar del otro lado del callejón con Dhamar y Elám

-Es increíble...- murmuró Altaír algo furiosa con sus amigas y sus primos, que la acababan de dejar medio colgada en aquel lugar.- Estos chicos tienen demasiado poder persuasivo...- y sin más, se encaminó a buscar a sus padres para regresar a casa, puesto que Jaziel no parecía dispuesta a dejar de besar a James en un futuro cercano.

Efrán se secó el sudor de la frente pasándose el dorso del brazo derecho por ella. "¡Qué calor hace!", pensó mientras observaba como sus amigos se marchaban hacia el otro lado. Le encantaba estar con Sheccid, eso no lo iba a negar, pero pasear con ella de tienda en tienda no era lo que más le apeteciera en aquellos momentos realmente, se encontraba bastante agitado y lo último que precisaba era una caminata maratónica por las tiendas del lugar en busca de los objetos mágicos curiosos que gustaba de coleccionar la pelirroja.

Diviso una pequeña tienda a unos pocos pasos de donde se encontraban y sonrió, aprovecho que Sheccid se encontraba bastante distraída examinando con interés un objeto y se encamino a ella. Cuando regreso junto a ella le tendió una paleta helada de sabor vainilla y le indico una banca no muy lejana, la chica le dirigió una de sus encantadoras sonrisas y asintió ante su muda pregunta, tomo su paleta y despreocupadamente lo cogió de la mano para que se dirigieran hacia ahí.

-¿Está dulce?- le preguntó el chico sonriéndole ampliamente mientras la observaba comer la paleta.

-Tú lo estás mucho más.- soltó la chica dando un lengüetazo a su nuevo entretenimiento y propinándole un pequeño golpecito en la nariz.

Efrán, acostumbrado a las locuras de la pelirroja, simplemente negó con la cabeza y se dispuso a seguir comiendo su propia paleta disfrutando de la compañía reconfortante que siempre le ofrecía su amiga.

Elám, Joshua y Dhamar caminaron de un lado a otro, contándose todas las aventurillas que habían vivido en vacaciones y de los planes malvados que dejaban ver Sheccid y James para acabar con la apuesta que habían realizado, cuando se toparon de frente con Llamil Zabini, un chico de la pandilla de Slytherin, que estaba comprando un helado de fresa. Zabini era muy delgado, tenía el pelo castaño rojizo y unos preciosos ojos verdes. Su piel morena y su inteligencia en clase, le convertían en uno de los rivales más a tomar en cuenta de los chicos.

Pero el muchacho era bastante callado y consideraba que las discusiones eran algo demasiado bajo para alguien de su clase. En cambio, siempre que se topaba con Joshua, éste acababa provocándole. A Zabini le encantaba pasárselo metido en el Ministerio (donde su padre tenía un alto cargo), le atraían toda clase de cosas y se le daban realmente bien, por eso atraía la atención de Hermione, con la que a pesar de ser hijo de Basil Zabini se llevaba fenomenal. Cosa, que al hijo de los Weasley no le agradaba en absoluto. Para su gusto, su madre era demasiado imparcial a decir verdad.

-Vaya, vaya...- siseó Joshua, al que el rostro se le había oscurecido de repente.- Si es el lameculos de mi madre...-

Zabini alzó la cabeza y lanzó un gesto despectivo a los chicos, en especial a Elám. A pesar de la caída de Lord Voldemort, los miembros de la casa Slytherin seguían teniendo esa costumbre de discriminar a los hijos de muggles o a los que, como en el caso de Elám, tenían sangre de licántropo.

-Olvídame Weasley. No tengo tiempo que perder contigo...- Zabini entrecerró los ojos, cogió su helado y se encaminó callejón arriba. Joshua hizo un intento de ir tras él, pero se contuvo.

-No, Joshua. Por favor... déjale...- rogó Dhamar, tratando de tranquilizarle. Parecía que el hecho de que Zabini se llevara tan bien con Hermione era algo que al hijo único de los Weasley le sentaba demasiado mal y le ponía excesivamente nervioso.

-Sí, tío.- apoyó Elám.- Ya le daremos caza en Hogwarts, además... tenemos que volver... es muy tarde...

Joshua asintió, pero durante el recorrido que anduvieron para poder encontrar a los demás y volver juntos a casa, no pronunció palabra alguna, aunque el silencio nunca le duraba mucho al chico, que en cuanto tuvo un pie fuera del carro, se despidió de sus amigos y guiñándoles un ojo, dijo mientras echaba a correr a casa:

-Voy a ver si mis padres me han dejado un hermanito...