El fuego crecía a medida que la batalla se cobraba más y más bajas. Yankton y sus hombres luchaban ferozmente contra los casacas rojas, su determinación y confianza que habían depositado en la tripulación pirata les estaba ayudando a ganar pese a las dificultades. Los soldados estaban inseguros, no tenían la certeza de poder ganar a aquellos guerreros que se lanzaban al combate sin miedo alguno a perder la vida.
Para empeorarlo todo, unos enemigos del reino habían entrado en el castillo y las grandes explosiones a sus espaldas no auguraban nada bueno. Sin embargo la idea, creencia y fe indiscutible en su rey les impedía abandonar el combate.
Otra gran explosión llamó la atención de los dos bandos, la gran columna de humo se extendía hasta el enrojecido cielo fruto del color de las abundantes llamas.
-¡Strong Hammer!- Un enorme puño de metal se estrelló en el suelo, provocando un gran socavón alrededor de la zona del golpe. El destinatario de ese puño lo había conseguido esquivar y ponerse muy cerca de su dueño.
El enorme encapuchado golpeó fuertemente el pecho de Franky con su monstruoso mazo, consiguiendo que el carpintero y creador del Sunny volara por el aire y se estrellara contra una de las paredes de la muralla.
-¡Franky!- Gritó Robin al ver a su compañero caer de forma tan violenta. Miró seriamente al encapuchado y cruzó sus brazos. - ¡Mil Fleur Gigantesco Mano Stomp!- Dos gigantescas piernas aparecieron detrás de la arqueóloga y se dirigieron apresuradas hacia su enemigo.
Rock alzó su mazo y detuvo el ataque de Robin con una facilidad ridícula. La mujer empujaba con todas sus fuerzas pero aquel hombre no se inmutaba, soportaba la fuerza de sus enormes extremidades casi sin esfuerzo.
-No soy una cucaracha a la que puedas pisotear zorra- Dijo Rock para acto seguido hacer fuerza y sacarse de encima las piernas Fleur de Robin que desaparecieron en una lluvia de pétalos de sakura.
La mujer cayó hacia atrás al recibir el dolor de sus desaparecidas piernas. Se incorporó lo suficiente para ver la sádica sonrisa del encapuchado que se acercaba a ella para destrozarla con su mazo.
-¡Strong Right!- Un puño unido a una cadena impactó de lleno en el costado izquierdo de Rock, que dio con fuerza en otra pared de la muralla.
El hombre se levantó incrédulo, aquel potente ataque había dañado un poco sus costillas y eso le estaba molestando al respirar. "Pero sí le he dado con todo en el cuerpo, tendría que estar partido por la mitad" pensó el encapuchado.
-Vas a necesitar algo más grandullón- Decía Franky mientras se colocaba las gafas de sol con la mano izquierda y con la derecha golpeaba su pecho haciendo un sonido metálico.
-¿Un robot?- Preguntó sorprendido Rock.
-¡Cyborg, soy un cyborg, que manía con lo del robot joder!- Gritó enfurecido Franky, ya tenía suficiente con el "gracioso" de Sanji diciéndole robot a todas horas y comparándole con el Gigante de hierro, para que llegara aquel engendro y también lo llamara así.
-Da igual, morirás de todas formas- Dijo fríamente el encapuchado poniéndose en pie.
-¿Puedes luchar super arqueóloga?- Preguntó esta vez serio Franky a su compañera mientras le tendía una mano para levantarse.
-Por supuesto- Dijo ella sonriendo y aceptando la mano del hombre para volver a ponerse en posición de ataque y reanudar el combate.
.
.
.
-Yohohohoho- La risa de Brook retumbaba por el pasillo que los cuatro mugiwaras recorrían, tres de ellos obligados a realizar una misión; encontrar los tesoros, aunque más bien sería; proteger a la navegante en busca de los tesoros.
-Vamos, estamos muy cerca- Dijo Nami a sus "guarda espaldas".
Después de atravesar el interminable pasillo, llegaron a unas oscuras escaleras que obviamente llevarían hasta las cámaras subterráneas del castillo, es decir, hasta el tesoro. Antes de que Nami pusiera un pie en el primer escalón, unas voces se dejaron oír gracias al eco del subsuelo.
-¡Proteger el oro del Lord con vuestras vidas!-
Nami supuso que seria el líder de una patrulla de guardias que estarían protegiendo SU tesoro. Si bajaban por las escaleras tendrían que enfrentarse a aquellos guardias y era lo último que quería ella. Recapacitó pensando en las posibilidades para bajar sin terminar en una batalla campal.
Los tres acompañantes veían como la navegante daba vueltas de un extremo a otro de la sala justo al comienzo de las escaleras.
-¿Es necesario bajar ahí Nami?, es muy siniestro. Dijo Chopper encima del hombro de Usopp y recibiendo su apoyo en su cuestión.
"Siniestro...¡Eso es!" los ojos de la mujer brillaron ante la idea que se le había formado en la cabeza, ante el miedo de sus compañeros. –Brook- Dijo Nami llamando la atención del esqueleto.
-Dígame Nami-san, pero antes, ¿Podría enseñarme sus...- Una patada en su cabeza no le dejó terminar su pregunta.
-Escúchame y cállate por un momento. Dijo la navegante acercándose a su "oído" o más o menos a la zona donde estaría si todavía conservara su piel y su músculos.
.
.
.
Una escuadra de al menos 20 guardias estaba delante de una cámara acorazada, solo algunas antorchas incrustadas en las columnas de la sala iluminaban un poco el lugar. Los soldados estaban puestos en formación esperando cualquier amenaza bajar por las escaleras, la única forma de llegar hasta allí.
Uno de los guardias creyó ver una sombra que se movió muy rápido, pero no había ni rastro por lo que debía haber sido una alucinación. Sin previo aviso "alguien" empezó a tararear una canción pegadiza.
-Maldita sea, no es el momento para hacer el imbécil- Dijo el capitán de aquella patrulla visiblemente enfadado.
-Señor...no hemos sido nosotros- Respondió pálido uno de sus subordinados.
Cuando el joven dijo eso, todos los soldados se prepararon para el combate, armando sus mosquetes y apuntando hacia la escalera. De nuevo, la canción tarareada volvió a sonar en el interior de aquella oculta sala.
-¡Muéstrate!- Gritó el capitán un poco nervioso al todavía oír la melodía pero no ver a su cantor. Una de las antorchas se apagó, dejando solo dos encendidas y provocando que el miedo y los nervios empezaran a destruir la formación de los guardias.
-Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho- Esta vez una cristalina voz atravesó a cada uno de los presentes, sus manos empezaban a temblar y el ambiente en aquella sala se había vuelto más frío.
La luz de la segunda antorcha desapareció, todos los hombres incluido el capitán estaban temblando y apuntaban en todas direcciones. Uno de los soldados disparó su arma hacia la nada mientras gritaba terriblemente asustado.
-¡Idiota, reserva las balas!- El capitán, al ver las caras pálidas, aterrorizadas y desprovistas de algún sentimiento positivo tragó saliva fuertemente, sea lo que fuese estaba justo detrás de él. Despacio y rezando en su interior, el hombre se dio la vuelta para ver de quien era esa fría presencia.
La figura alta y esquelética de Brook estaba iluminada por la única antorcha que quedaba, sosteniendo su bastón y con pose elegante el músico se encontraba justo enfrente del grupo de soldados. Los mosquetes cayeron uno tras otro al suelo, su dueños no tenían las fuerzas necesarias para sostenerlos.
-Buenas noches, caballeros- Dijo lentamente Brook, las reacciones de los soldados al ver una calavera hablar fueron bastante parecidas.
Los gritos histéricos de los "guardianes del tesoro" estallaron por la sala y por las escaleras hasta llegar a los oídos de Nami, Usopp y Chopper. En menos de tiempo del que tardaría Luffy en comerse un filete, los soldados subieron raudos por las escaleras, pasaron a toda velocidad a los integrantes de la tripulación que los miraban con asombro.
Con el capitán al frente, el grupo de aterrorizados soldados salieron de la vista de los mugiwaras, aunque sus gritos de miedo y palabras sueltas cómo; "fantasma" y "la muerte" se dejaron ir entre aquellos alaridos.
Nami sonrió y se dispuso a bajar las escaleras que la conducían hasta su objetivo.
.
.
.
-¡Weapons Left!- Una ráfaga de balas salió de los nudillos del gran brazo de Franky directas hacia su oponente.
Rock consiguió cubrirse con su mazo, salvo algunas balas que rozaron sus brazos y piernas. Los dos hombres ya estaban un poco heridos y cansados después de intercambiar golpes.
Aunque Franky aguantaba bien los ataques del mazo del encapuchado él tampoco había conseguido dañarle gravemente. La peor que lo estaba pasando era Robin, no podía compararse físicamente al nivel de aquellos dos, pero ella era de lejos la más inteligente de aquel sitio, por lo que pensaba planes y estrategias para acabar de una vez con ese hombre.
De nuevo Rock se lanzó al ataque, alzando su mazo e intentando golpear al cyborg, este lograba esquivar los ataques del encapuchado, bien apartándose de su trayectoria o contrarrestando con sus brazos.
En uno de esos ataques Rock golpeó el suelo, creando otro gran agujero, Franky aprovechó ese momento para contraatacar, realizando su particular modo de boxeo e hiriendo bastante al encapuchado, la arqueóloga había observado esto con gran interés. Sin embargo, Rock consiguió sacar el mazo de la reblandecida tierra para dar un golpe directamente en la barbilla del carpintero.
Ambos contendientes salieron despedidos hacia extremos opuestos del campo de batalla, Robin fue corriendo para ayudar a su compañero que intentaba incorporarse un poco. Franky volvió a colocarse las gafas, aunque el cristal de la derecha estaba un poco resquebrajado por el impacto del mazo, la mitad derecha del cyborg estaba magullada y sangraba un poco en la frente, la sangre se deslizaba por su rostro siguiendo una línea vertical que acababa en la barbilla.
-Dime que se te ha ocurrido algo- Pidió Franky a la morena cuando esta le ayudo a levantarse.
-Creo que si, aunque necesitaré ayuda- Dijo ella sonriéndole, Franky correspondió la sonrisa mientras observaban como poco a poco el monstruoso encapuchado conseguía ponerse en pie.
-Sois unos ilusos... Roronoa jamás podrá con el maestro, cuando llegue el amanecer, vuestras cabezas serán trofeos en nuestra guarida, todo el nuevo mundo sabrá que los cadáveres de la tripulación de los Sombreros de Paja se encuentra en nuestro gran reino.
-¿Has acabado ya?- La voz de Franky sonó extremadamente cerca de Rock, cuando el encapuchado quiso darse cuenta el cyborg estaba casi sobre él. Franky le propinó un puñetazo en el estómago que cortó la respiración del demacrado hombre.
-Es hora de ver la luz pequeño- El cyborg se separó del encapuchado, que intentaba reponerse del fuerte golpe, abrió a un más su camisa hawaiana azul y lanzó su ataque.- ¡Franky`s Nipple Lights!-
El destello espectacular que salía de los pezones de Franky fue suficiente para cegar por completo a Rock. "Acaban de salirle luces en los pezones. ¿En serio?" Pensaba trastornado el encapuchado por lo que acababa de presenciar, más cuando empezaba a recuperar más o menos su visión, localizó a Robin desprotegida. Era su oportunidad perfecta, no lo pensó dos veces, cogió su mazo y se dirigió con ansias hacia la morena.
-¡Muere zorra!- Gritó Rock haciendo caer con toda su fuerza el mazo sobre una sorprendida y asustada Robin.
El hoyo que se creó por el ataque fue mayor que cualquiera de los anteriores, parecía como si un meteorito había caído allí. "Adiós Nico Robin" pensó Rock, pero se sorprendió al verse rodeado por un torbellino de pétalos de sakura. El encapuchado levantó el mazo buscando sangre, vísceras y el cuerpo inerte de la arqueóloga pero no encontró nada.
Atemorizado por lo que podía suponer aquello empezó a ponerse en pie, pero un silbido le llamó la atención justo a su espalda. Franky se encontraba arriba del cráter preparando su ataque más devastador.
-¡Y llegamos al final del show grandullón!- Gritó el cyborg juntando sus manos de una forma extraña.
Cuando el encapuchado se disponía a salir de aquella diana gigante, cientos de brazos salieron del suelo y agarraron sus piernas. Debido a las fuerzas ejercidas por los brazos Fleur y el peso del propio Rock, su cuerpo quedó hundido en la tierra hasta la cintura, dejándole lejos del alcance de su preciado mazo.
Rock buscaba alguna manera de salir pero cuanto más se movía más se enterraba, aquella tierra blanda por culpa de la batalla y de sus propios ataques ahora se había convertido en autenticas arenas movedizas. El encapuchado alzó una vez más la vista para encontrar a Robin al lado de Franky, los dos con las gafas de sol puestas y un brillo muy poco alentador.
-¡Franky Radical Beam!- Un poderoso laser fue directo hacia un desesperado Rock, la explosión creada por el impacto agrandó aun más el cráter. Los dos mugiwaras observaban el gran estallido con el brillo reflejando en sus oscuras gafas sin ni si quiera inmutarse.
Finalmente el humo se disipó, el cuerpo chamuscado e inconsciente de uno de los generales de la orden yacía en el centro de aquel enorme cráter .
-Eso sí que ha sido un super ataque final- Dijo Robin levantando sus gafas y sonriendo al cyborg.
Franky no puedo evitar sonrojarse ante aquella mujer cuando dijo su palabra favorita y en una frase que tarde o temprano diría él. Se alejó intentando ocultar su rostro ante la diversión de la arqueóloga.
Se alejaron de aquel apocalíptico lugar para dirigirse hacia el castillo. Cuando se estaban acercando, una figura mucho más pequeña que Rock pero con la misma siniestra túnica salió del castillo para enfrentarlos.
-Puedes descansar Nico Robin, este no me va a causar muchos problemas- Dijo confiado Franky mientras se acercaba al nuevo oponente. La morena se disponía a recuperar fuerzas, pero sintió una presión extraña en el ambiente, un escalofrió recorrió su cuerpo, aquel nuevo jugador no le gustaba nada, tardó poco en confirmar sus temores.
.
.
.
Nami estaba bañándose, literalmente hablando, en oro. Después de asustar a los guardias y despejar el camino, lo único que separaban el tesoro de su dueña era una puerta de seguridad que fue fácil abrir para una experta ladrona. Y al ver la enorme montaña de tesoros que había guardado allí la navegante casi se pone a llorar de la emoción.
Después de meses en banca rota, al ver aquello fue como morir y despertar en el cielo para Nami, aunque si estuviera en el cielo habría habido algunos cambios; "Principalmente estaría en Cocoyasi, mi madre estaría preparando un pastel de mandarinas y Zoro estaría denud..." los pensamientos felices de la navegante que en segundos se estaban transformando en otro tipo de pensamientos "felices".
-¿Nami estás bien, estás muy roja?- Preguntó inocentemente Chopper.
-Debe haberle dado algo de la emoción- Dijo Usopp.
Nami se incorporó rápidamente intentando ocultar su sonrojo y mandándoles a sus compañeros que recogieran hasta la última moneda, aunque en su cabeza todavía estaba la fantasía de hacerlo con Zoro rodeados de esa montaña de tesoros, cosa que harían, pudo también darse cuenta de que alguien se encontraba en esa sala.
-¡Chicos tenemos compañía!- Gritó la pelinaranja.
Sus compañeros la alcanzaron enseguida para ponerse a su altura y enfrentarse al inminente enemigo. Desde la oscuridad, e iluminada poco a poco por la luz de las recién encendidas antorchas, la silueta de una mujer hermosa y de cabello gris apareció ante ellos.
-¡Tú!- Gritó Nami, aquella mujer era la misma que le había acompañado todas y cada una de las veces que había ido a reunirse con Wingates.
-Si lady Nami, pero lo siento ahora no puedo, ni quiero servirla, prefiero hacerla sufrir un poco- La ansiosa y psicópata mueca de la mujer asustó a los piratas y aún más cuando decenas de espinas salían de su cuerpo.
Al ver aquellas espinas, Nami recordó que una de esas casi mata a Zoro, con la mirada decidida y dejando a los otros tres abrazándose, la navegante se armó con el clima tact y se preparó para combatir ante la sorprendida encapuchada.
-Veremos quien hace sufrir a quien- Respondió Nami mientras pequeños rayos circulaban a su alrededor.
Los otros tres tripulantes observaban asustados la batalla que se avecinaba, Brook fue el único capaz de decir algo.
-Debería estar contento por ver una lucha entre dos hermosas mujeres, pero las dos pueden matarme...aunque yo ya estoy muerto Yohohohoho.
.
.
.
-Este era el último- Con una fuerte patada Sanji acabó con el último de los encapuchados que quedaban en pie.
El trío monstruoso había acabado con cualquier resquicio de seguridad por parte de los encapuchados o de los casacas rojas, medio castillo se encontraba lleno de cuerpos molidos a golpes y cortados sin miramientos.
-Debe ser aquí- Dijo Zoro, enfrente de él se encontraban unas enormes y lujosas puertas, según más de algún guardia, que habían "pedido amablemente" la ubicación de la sala real, detrás de aquellas puertas debía encontrarse Lord Anderson.
-¿Tenemos algún plan?- Preguntó Sanji a sus dos compañeros.
-Entrar, cargarnos al gigante, salir, comer mucha carne, festejar, comer más carne y salir de esta isla. Respondió rápidamente Luffy ante la desesperación del cocinero y del espadachín.
-De acuerdo, vamos a ello- Dijo en un suspiro Zoro abriendo las puertas.
.
.
.
Hasta aquí el capítulo 12, como veis y espero que lo hayáis disfrutado, este tiene mucha más comedia que el resto de los anteriores. Me apetecía escribir un episodio con bastante humor y qué mejor que este con Brook y Franky haciendo el idiota XD. De ahí viene el título, de milagro pongo a Franky diciendo : -Sayonara baby después de cargarse a Rock.
He decidido meter ese momento FrankyxRobin, porque aunque soy firme seguidor del ZoRo, estos dos actúan como una pareja de casados.
Bueno que decir, espero que os guste, que os sigua gustando la historia, ya queda muy poco, el siguiente será las dos luchas secundarias y el 14 si no me equivoco empezara la batalla Anderson vs Trío monstruoso, pero no será el final.
Por cierto, a petición de una amiga, de decidido poner los diálogos entre dos – Espero que así sea más cómodo de leer.
Decirme en los comentarios que tal ha quedado el capítulo, si os ha gustado y os ha hecho reír o por el contrario y ha sido muy cutre, cualquier opinión, crítica, consejo...etc, es bien recibido. De nuevo, Muchas gracias por leer y nos vemos en el siguiente, un abrazo, nos leemos!.
Postdata; Decirme por lo menos en los comentarios si algunos de mis lectores ha visto El Gigante de hierro, y que no soportó el final T_T.
