A/N: Jejeje.. hola! Les traigo actualización :DD y bueno, la mayoría de este capítulo es más que nada el punto de vista de Levi acerca de Eren, con todo lo que pasó en el cap pasado. Peeeero al final pasan cosas nuevas, y pues... intensas XD -no diré para que sufran y tengan que leer ewe-
Por cierto, en el cap pasado dije que el fic ya estaba por terminar y que le quedaban pocos capítulos, pero como tengo lap nueva creo que me jugó una mala pasada y sin querer decía que sólo le quedaba un cap a la historia, cuando en realidad yo había puesto que le faltaban uno (bueno, ahora uno XD) sólo aclaro para que no se saquen de onda. La historia ya está por acabar, pero todavía quedan algunas cosas que resolver :)
Bueno, les dejo el cap. La canción es de mis bebés de My Chemical Romance que siempre estaran en mi corazón! XD :3
Capítulo 11. Sleep
Levi's POV
Mi precario sueño fue interrumpido cuando escuché ruido en la habitación. Mi primera reacción fue de alerta, mas pronto me di cuenta de que era solo Eren, porque no estaba a mi lado y no había gritos ni señales de forcejeo. Apenas y podía distinguir su silueta, pero noté que estaba buscando algo en mi mochila frenéticamente. Entrecerré los ojos. Una silenciosa furia recorrió mis venas, ¿no se supone que trataríamos de mejorar? No pude evitar sentirme algo traicionado. Me paré sigilosamente y me crucé de brazos detrás de él, escuchándolo refunfuñar.
"¿Qué putas estás buscando?"
"¡Levi!" dijo. Escuché como volteó, y aunque no podía verme con claridad —ni yo a él— le lancé una mirada acusadora. Suspiró derrotado. "Me atrapaste. Pero es que Levi... ¡ya no puedo más! Necesito algo, cualquier cosa, ¡o me voy a volver loco!" lloriqueó con impaciencia.
"No es fácil para mí tampoco, ¿sabes?" espeté, enojado. Era cierto. La cabeza me dolía y no estaba de mi mejor humor, pero trataba de ignorarlo.
"¡Entonces debes entender!" reclamó él, zarandeándome. Lo empujé con algo de brusquedad, no quería que me tocara.
"Lo que entiendo es que te vale una mierda nuestra relación," dije con dureza. Parecía que todo mi maldito esfuerzo por buscarlo no había tenido sentido, porque Eren ni siquiera estaba intentando.
"Oh, vamos, Levi, ¡sólo esta noche y ya!" rogó Eren. Podía sentir la agonía en su voz. "Velo como la última oportunidad de pecar antes de volver a Trost."
No respondí, meditando por un momento. Era increíble, pero me dolía el comportamiento de Eren. Me dolía escuchar la ansiedad que invadía sus palabras, como si se le acabara el mundo. Como un adicto.
Me senté en la cama y exhalé audiblemente. Tal vez estaba siendo demasiado duro. Tal vez había sido demasiado optimista y poco realista anteriormente, porque al parecer y por lo que comprendía ahora, Eren y yo necesitaríamos ayuda si queríamos salir adelante. Teníamos un problema, aunque quizá era más grave para Eren que para mí. Así que tenía que apoyarlo y ser comprensivo con él, al menos hasta que descubriera cómo resolver esto desde la raíz.
"Bueno," concedí por el momento. "Pero, ¿de dónde piensas sacarlas? Yo ya no tengo nada."
Eren encendió la luz. Su sonrisa me asustó un poco, y más las palabras que le siguieron.
"No te preocupes por eso, yo sé dónde."
"Está bien. Vamos."
Eren hizo un mohín. Entrecerré los ojos, ¿desde cuándo le molestaba que estuviera a su lado?
"No te preocupes. Yo puedo ir solo."
Sacudí la cabeza lentamente. Esto no olía nada bien.
"No. Iré," insistí. Eren finalmente aceptó, aunque pude notar por su rostro que la idea no le agradaba nada, y eso me sabía bastante agrio. Apenas salimos de la posada lo bombardeé con preguntas, tratando de obtener más información acerca del turbio tema de cómo había pasado Eren los días de nuestra separación. Pero él se rehusaba a cooperar en demasía.
"Mocoso... ¿A dónde vamos?"
"Con unos amigos," contestó cortante. Levanté una ceja y Eren suspiró. "Se llaman Marco y Jean," dijo de mala gana. "Estuve con ellos mientras tú no estabas."
Asentí, digiriendo la información, pero no podía criticarlo. Yo había sido el culpable de nuestra separación y no tenía cara para reclamarle por algo que yo mismo había causado.
"Supongo que venden drogas," conjeturé después de un momento. Eren se encogió de hombros. Su nerviosismo era notorio.
"Eh, no exactamente. Eran miembros de una pandilla. Pero no te preocupes," agregó apresuradamente, antes de que pudiera condenar lo que me decía. "Son mis... amigos, supongo. Y han cambiado. Al menos ya no son miembros de esa horrorosa pandilla."
"Ya veo," dije con simpleza, aún sin saber cómo responder.
"Sí. Ah, por cierto," añadió; "uno de ellos, Marco... pasó por un horrible accidente. Tiene cicatrices en la mitad del cuerpo, así que no te sorprendas cuando lo veas."
Abrí los ojos como platos y lo miré como si estuviera loco. ¡¿Con qué clase de sociópatas se había juntado mi Eren?!
"Eren, ¿qué mierda?"
Eren se encogió de hombros. Podía notar que trataba de parecer calmado, pero no lo estaba. "No sé, no me preguntes. Nunca quisieron decirme qué pasó."
Bufé y pateé una piedra en el camino.
"Sólo espero que no nos estemos metiendo con asesinos o algo así. En serio, mocoso estúpido, te metes en cada jodido problema..." rezongué. Bueno, al menos ya tenía un poco más de información, aunque ahora que sabía lo que sabía no estaba seguro de haberla querido.
Eren no dijo nada más. Caminamos en silencio hasta detenernos en un edificio horrible, viejo y abandonado; y para mi desgracia, Eren anunció:
"Llegamos."
"¿Aquí?" inquirí, haciendo una mueca de horror.
Eren evitó mi mirada, incómodo. Suspiré y me froté la frente, resignado. Ya estábamos aquí, ya no había otra cosa qué hacer.
"Bueno. ¿Dónde demonios estamos?"
"Solía ser el Hospital Civil. Papá trabajaba aquí antes de que todo se fuera a la mierda. En fin, vamos adentro," farfulló rápidamente para evitar el tema de sus padres. Me sentí mal por él, pero no dije nada. Entramos y lo primero que pude notar fue el olor a viejo, humedad, gente apestosa y deshechos humanos. Arrugué la nariz y me cubrí con la mano.
"Ugh, apesta. Joder, Eren, en serio. ¿En qué diablos te metiste mientras no estaba?" pregunté con la vaga esperanza de que Eren me diera una respuesta y se explicara más al respecto, cosa que obviamente no hizo. No insistí más al respecto; estaba demasiado ocupado tratando de esquivar a las escorias de la humanidad que habitaban esa pocilga. Y para colmo, los desgraciados nos fulminaban con la mirada cuando pasábamos, ¡ni siquiera tenían un gramo de vergüenza!
Cada vez que nos miraban, yo devolvía el gesto con dos veces más intensidad y maldecía en voz baja. Intimidé a unos cuantos, pero había otros que no eran tan miedosos y me sostenían la mirada.
"Shhh," susurró Eren después de una de tantas maldiciones. Tomó mi mano para tranquilizarme; quizá porque sabía que yo era capaz de iniciar un pleito si alguien se metía con nosotros. Gruñí por lo bajo, pero me contuve.
Subimos al segundo piso. Había menos escorias humanas. Caminamos un poco más hasta detenernos frente a una pieza donde había dos jóvenes, acurrucados en el piso con una cobija que dejaba bastante que desear. Estaban despiertos y murmuraban frenéticamente entre ellos. Eren los llamó en voz baja, "Jean y Marco." Ambos voltearon a vernos. Había un tipo con parche cuyos ojos se iluminaron al ver a Eren y sonrió con calidez. El otro desvió la mirada.
"¡Eren!" exclamó el del parche. Vino hacia nosotros para darle un abrazo que Eren devolvió con entusiasmo. El otro se quedó parado a su lado, y ahora que estábamos más cerca, por alguna razón sus facciones me recordaban a un caballo.
"Hey," saludó.
"¡Qué bueno que estás bien! Nos preocupaste cuando te fuiste así como así. Sobre todo a Jean, no dejaba de preguntarse cómo estarías," dijo el otro. Pude notar las cicatrices de las que Eren me había advertido. Eran horrendas, y cubrían gran parte de su cuerpo. ¿Qué clase de accidente habría tenido?
"¡M-Marco! Claro que no," refutó el tal Jean, aunque era más que obvio que mentía. "Jamás me preocuparía por alguien como tú."
"Me tenías con el pendiente, cara de caballo."
"¡Hey! Cállate, maldito bastardo suicida—"
"¿Y quién es él?" interrumpió Marco, fijando sus ojos oscuros en mí y sonriéndome cordialmente. Esperé a que Eren nos presentara de manera oficial.
"Oh, lo siento, él es Levi, mi novio."
"¿El que te engañó y después huist—" comenzó a decir Jean, pero se detuvo cuando aclaré mi garganta y me acerqué a forma de amenaza. Eren me tomó por la muñeca y me atrajo de vuelta hacia él. "Olvídalo, no importa," se retractó Jean, probablemente intimidado.
"Ehh... sí, pero ya resolvimos eso," aclaró Eren nerviosamente. Me sorprendió un poco el hecho de que les hubiera contado. "De hecho, mañana nos regresamos a Trost juntos, pero... primero queríamos algo con qué pasar la noche, ya saben," implicó.
Marco asintió.
"Vinieron en el momento exacto. Jean y yo justo íbamos a conseguir más. Ya casi no tenemos nada."
"Oh," soltó Eren con obvia decepción. "Bueno..."
"Pueden acompañarnos, si quieren," agregó Marco. Eren me miró y pareció dudar por mi ceño fruncido, a lo que Marco continuó: "Tranquilos. La persona es de nuestra confianza."
No, no, y no. Esto no estaba nada bien. Una cosa era ir con directos conocidos de Eren, "amigos", y otra cosa era seguirlos con una persona que ni siquiera podíamos estar seguros de que en verdad existiera, o qué tipo de persona sería... Negué con la cabeza. "Eren—"
"Pues... Supongo que está bien, entonces," dijo Eren antes de permitirme expresarme. Fruncí el ceño, obviamente en desacuerdo.
"Vamos," dijo Marco. Jean y él se fueron primero, supuse que para guiarnos. Eren me ignoraba mientras yo lo fulminaba con la mirada, hasta que al fin estuvo demasiado incómodo como para seguir pretendiendo no notarme.
"Oh, vamos, Levi," murmuró. Sus ojos verdes reflejaban infinita tristeza y ansiedad, removiendo algo dentro de mí. "En verdad lo necesito."
No respondí. Bajé la mirada, melancólico y angustiado. Todo esto estaba pasando por mí...
Caminé con Eren, asumiendo mi responsabilidad. Si ya estábamos metidos en esto, lo menos que podía hacer era asegurarme de que él estuviera a salvo y cuidarlo. Él suspiró y no dijo nada al respecto.
Llegamos a una casita sencilla después de un rato. Los amigos de Eren se detuvieron y voltearon a vernos.
"Aquí es," anunció Marco. Eren asintió y apretó mi mano. Tenía un mal presentimiento.
"Cómo odio esto, maldita sea," dije entre dientes. Creo que Eren me ignoró. Jean y Marco escudriñaron el área con la mirada. Entonces me percaté de que...
"La puerta está abierta," Jean se me adelantó. Marco y él intercambiaron miradas y entraron escurridizamente. Eren trató de seguirlos, pero lo detuve. La corazonada de que algo malo pasaría se hacía más fuerte al grado de que apenas y me dejaba respirar. Él volteó a verme, incómodo.
"Vámonos," siseé. "Algo no anda bien."
"Pero Levi, si ya estamos aquí," se quejó Eren, como si fuera un niño haciendo berrinche. Arrugué el ceño. Sí, confiaba en él y lo apoyaba, pero no a los demás. Esto era demasiado sospechoso.
"Eren, no."
Eren hizo algo que jamás pensé que haría. Se soltó de mi mano con brusquedad y rezongó cortante:
"Entonces vete. Al rato te alcanzo."
"¡¿Estás jodidamente loco?!" le reclamé en voz baja. Eren no me hizo caso y se encaminó a la casa. Bufé, gruñí y maldije furioso, y me molesté todavía más porque a pesar de lo pésimo e imprudente que era esto, no podía dejar a Eren solo; así que lo seguí en contra de mi voluntad.
"Me las vas a pagar después, maldito mocoso imprudente..."
De repente, tuve que detenerme abruptamente al notar que Eren se había quedado inmóvil. Me preocupé.
"¿Eren?" inquirí, esperando una reacción que no llegó. Eren estaba temblando. "¿Qué...?"
Fue cuando el olor de la sangre me llegó. Mi estómago dio un vuelco y tuve verdadero miedo por un momento; lo que sea que hubiese pasado en esa casa había sido reciente. Había cosas tiradas y destruidas por todos lados.
Jean y Marco, que se habían ausentado para registrar las demás habitaciones, aparecieron de repente. "Vámonos," advirtió Jean con expresión sombría. "Alguien lo mató."
Jadeé. Era obvio, pero la confirmación fue aún más temible. Puta madre, ¡sabía que algo saldría terriblemente mal!
Le di un jalón a Eren para que reaccionara. Estaba pálido y su mirada ausente. Me pregunté en qué diablos estaría pensando, aunque creía saber la respuesta. Pero ya habría tiempo para hablar de eso después. Lo importante en ese momento era irnos antes de que pasara algo lamentable. Me siguió, ensimismado, y los cuatro estábamos a nada de atravesar el umbral de la casa cuando se escuchó un disparo y Jean cayó al suelo con un alarido.
"¡Agh!"
Lo habían herido en el hombro. Mi cuerpo reaccionó por sí mismo y tiré a Eren al suelo, refugiándolo debajo de mí. Marco se arrojó hacia Jean, desesperado; sacó su pistola y disparó de vuelta.
"Mierda," siseé cuando se desencadenó una balacera dentro de la casa. Eran tres chicos: una castaña con cola de caballo, una pelinegra con dos coletas y un muchacho rubio. Por si el escándalo de los disparos no fuera suficiente, discutían a gritos con Jean y Marco. Alcancé a notar que tenían tatuajes en los brazos y supuse que eran pandilleros.
"Tenemos que irnos," susurré al oído de Eren. Aunque un poco más consciente, todavía parecía algo perdido ante lo que sucedía, pero el miedo era evidente en sus facciones. Asintió frenéticamente. Me moví para que pudiéramos arrastrarnos fuera de la casa y alcancé a escuchar un golpe sordo, seguido por el sonido de alguien vomitando y un grito que me puso la piel de gallina.
Era Eren.
Volteé. Marco había caído. Estaba rodeado de un charco de sangre que crecía rápidamente. La escena me impresionó, había visto muchas cosas en mi vida en los bajos mundos pero eso era algo que no importaba cuántas veces lo vieras, nunca podrías acostumbrarte realmente a la muerte. Jean seguía luchando por defenderse, y me sentí terrible por él, pero mi prioridad, mi mocoso...
Eren gritaba sin control. Lo jalé fuera de la casa bruscamente y traté de calmarlo, pero no me respondía. Era como si no pudiera verme. Sus pupilas estaban dilatadas y sus ojos vidriosos, perdidos en otros recuerdos...
El día en que asesinaron a sus padres.
Resignándome a que no me respondería, lo eché sobre mi hombro y eché a correr lo más rápido que pude. Ya llevaba un buen tramo mientras Eren lloraba escandalosamente y mis piernas se movían en automático tratando de correr a un lugar seguro, aunque ya habíamos dejado el siniestro atrás. Los balbuceos de Eren cobraron sentido de pronto: "¡SUÉLTAME! ¡SUÉLTAME! ¡SUÉLTAME!" exigió mientras golpeaba mi espalda y se retorcía entre mis brazos. Supuse que había vuelto a la realidad y, alterado, lo tiré sobre la calle.
"Mierda Eren, ¡¿qué chingados te pasa?!" exploté, aunque realmente no estaba enojado con él. Estaba preocupado, triste, y de nervios.
Eren me miró. Su estado era lamentable. Su cuerpo temblaba sin control.
"Levi... ¡¿Qué tal si ellos fueron los que mataron a mis padres?!" profirió aterrorizado. Se puso de pie, me tomó por los hombros y me sacudió violentamente ante mi perplejidad. "¡¿Qué tal si vienen por mí?! ¡Van a matarnos, Levi! ¡VAN A MATAR—!"
Mi mano se estrelló contra su mejilla y Eren cayó. Se veía tan pequeño, tan vulnerable, tan asustado...
Tenía ganas de matar a los desgraciados que le habían generado tal trauma.
Me hinqué y toqué su mejilla, sintiéndome como un maldito por haberle hecho daño, sobre todo cuando dio un respingo.
"Lo siento," me disculpé de corazón. No había querido lastimarlo, pero había sido la única forma de hacerlo reaccionar. Los ojos de Eren se llenaron de lágrimas una vez más y me abrazó repentinamente, haciendo que se me escapara un grito ahogado ante la sorpresa. Sentí su calor y la humedad de su llanto cuando se escondió en mi hombro y sollozó con toda su energía. Tragué grueso y lo abracé de vuelta, acariciando su cabello castaño.
"Shhh... vamos a estar bien," traté de consolarlo. "Mañana a primera hora nos vamos a Trost, donde nadie se meterá con nosotros. Te lo prometo," juré; "vamos a estar bien."
Eren me apretó más contra sí y sus sollozos se hicieron más altos. Y así estuvimos un buen rato, mi corazón rompiéndose en pequeños pedazos cada vez que Eren derramaba una lágrima desesperada y yo no podía hacer nada por evitarlo; hasta que su llanto fue menguando y su abrazo perdió fuerza. Lo moví cuidadosamente y noté que se había quedado dormido.
Acongojado, lo cargué hasta la posada. Lo deposité en la cama con delicadeza, enjugando algunas de las lágrimas que se habían quedado en su rostro y en sus pestañas húmedas. Tomé un duchazo rápido antes de acostarme, tenía que aprovechar ahora que Eren estaba dormido; porque no sabía cómo iba a reaccionar cuando despertara. Mientras el agua resbalaba sobre mi cuerpo no pude evitar pensar cómo demonios íbamos a salir de todo esto. A pesar de nuestra disposición, requeriríamos más ayuda de la que pensaba; mas no tenía idea de cómo le íbamos a hacer si es que la rehabilitación requería dinero, y después estaba lo de la Universidad de Eren...
Salí del baño y me acosté al lado de Eren. Lo miré con remordimiento, todo lo que estaba pasando era mi culpa. Si no hubiera traicionado a Eren él no hubiera escapado. Si no hubiera cedido ante sus caprichos, los eventos de la noche no hubieran pasado. Si no hubiera conocido a Eren, seguiría siendo un niño bueno e inocente, con un futuro brillante; y no un joven luchando contra una asquerosa adicción...
Estaba preocupado por Eren, por los hábitos que había adquirido y por la crisis nerviosa que acababa de sufrir. No sabía cómo tratarla. Qué va, ni siquiera sabía a ciencia cierta qué pasaba por esa cabecita suya, sólo podía conjeturar e inferir que tenía que ver con el asesinato de sus padres, con su adicción y su abstinencia; y que algo le estaba pasando justo enfrente de mis narices, algo que no podía entender a ciencia cierta. Entonces...
¿Qué se suponía que debía hacer?
Desperté de madrugada. Ni siquiera había amanecido.
Eren seguía dormido a mi lado. Decidí no despertarlo todavía y besé su frente. Me metí a bañar y recapitulé todo lo que nos había pasado la fatídica noche anterior. Ahora que ya estaba un poco más tranquilo, podía ver todo con más claridad, y mi sed de respuestas se hizo más intensa.
¿Quiénes eran los que nos habían atacado ayer?
¿Quién era el tipo al que habían asesinado?
¿Qué había pasado con Jean y Marco? ¿Qué habían hecho?
No podía evitar pensar que si descubría la respuesta a esas preguntas, tal vez descubriría algo más sobre el pasado de Eren, o sobre sus acciones durante nuestra corta separación. Y quizás si encontraba algo sabría cómo actuar...
Cuando salí, Eren seguía dormido. Lo observé por un instante, decidido. Conseguiría esas respuestas para ayudarlo. Pero, ¿dónde?
Marco de seguro estaba muerto, o herido fatalmente. Y Jean... su destino era desconocido para mí, pero algo era cierto, y es que llevaba desventaja hasta donde había visto...
Igual, valía la pena arriesgarse.
Sin embargo, de no haber muerto, ¿dónde podría estar? ¿Habría regresado a su guarida?
Decidí intentar. Si no lo encontraba, me resignaría. Mas ahora y por mientras, debía de aprovechar que Eren aún estaba profundamente dormido y exhausto. Tenía que ser rápido y regresar para antes de que despertara, además de que teníamos que partir urgentemente de vuelta a Trost.
Fui al jodido edificio que Eren me había mostrado la noche anterior, aunque conocía las probabilidades casi nulas de encontrar a quien buscaba ahí. Sin embargo, a pesar de lo que creí, entré al cuarto y me encontré con Jean.
Estaba solo y se sobresaltó al verme.
"¡Ah! Eres tú," dijo aliviado. Su pecho estaba descubierto y su camiseta, roída y ensangrentada estaba atada a forma de 'venda' en su hombro herido. Cuando me acerqué más, me di cuenta de que sus ojos estaban rojos y llorosos.
Me senté a su lado.
"Está muerto," susurró, triste. Supe que se refería a Marco y asumí que, desgraciadamente, mis suposiciones con respecto a él no habían sido erróneas. "Esos malditos bastardos lo mataron."
Fruncí el ceño.
"¿Quiénes?" aproveché para preguntarle.
Se movió ligeramente para mostrarme su hombro herido. Alcancé a ver una parte de un tatuaje, probablemente igual a los de los chicos que nos habían atacado anoche.
"Los 104. Supongo que Eren no te dijo nada," cuando lo miré sin ninguna pista, me explicó. "Marco y yo éramos parte de una pandilla, la misma que nos atacó ayer."
Desvié la vista con desaprobación.
"Eso explica."
Jean negó con la cabeza. "No, eso no es todo. Teníamos otro amigo, Connie, que también se salió poco tiempo después de nosotros. Pero Connie era más imprudente que Marco y yo. En lugar de ocultarse de los 104 les robaba dinero y drogas, porque ya sabía cómo se movía la pandilla. Pero al final..." bajó la voz, triste; "supongo que era muy obvio que algo así le iba a pasar. Estaba jugando con fuego."
"Su amigo. El que dijeron que estaba muerto," até cabos, recordando cuando Marco y Jean habían anunciado un asesinato en la casa de la noche anterior.
Jean asintió.
"Sí, él. Él nos ayudaba y nos daba buenos precios, pero al fin se lo echaron ayer," me contó con tristeza. "Los 104 son crueles y vengativos, no tienen escrúpulos. Imagínate lo encabronados que deberían haber estado por lo que hizo Connie," me explicó. "Les pagó con su misma moneda, pero le costó la vida."
Lo miré con compasión.
"Lo lamento."
Jean soltó un ruidoso suspiro y dejó sus hombros caer. El gesto fue resignado y melancólico.
"Algún día iba a pasar. Igual que lo de nosotros," pude ver el gran dolor que lo invadía al pensar en Marco, y no podía evitar sentirme mal por él. Si a Eren le pasara algo así, me destrozaría. "Sabíamos que nos llegaría el día desde el momento en que decidimos salirnos de los 104. Tan sólo me hubiera gustado... que me mataran a mí también," susurró en voz muy baja, sonriendo amargamente y con los ojos acuosos. "Si no hubiera sido porque llegó la jodida policía, ¡maldita sea!"
Golpeó el piso y se cubrió la cara, llorando en silencio por un instante. Me mantuve en silencio, respetuoso a su luto. Entonces me miró con expresión llena de angustia y ojos rojos, y me dijo:
"Al menos ya no está sufriendo, ¿sabes?" me dedicó una sonrisa rota que hizo que sintiera un nudo en la garganta. "Sufría mucho. Hace poco incluso dijo que le gustaría haber muerto desde la explosión," murmuró. Sus ojos se llenaron de lágrimas una vez más cuando añadió:
"Pues, Marco, ya se te cumplió."
Coloqué una mano en su hombro en un intento de consuelo. Jean suspiró y se enjugó las lágrimas con fiereza.
"Espero que regresen por mí pronto," me dijo con tanta sinceridad y tanto vacío que me dio escalofríos. Fruncí el ceño. ¿En verdad su vida ya no tenía ningún sentido, ahora que Marco no estaba con él?
"¿Por qué no te vas?" sugerí. Cualquiera en sus cinco sentidos escaparía de esta ciudad, más aun estando en tanto peligro como Jean. Él soltó una carcajada amarga que sonó como un tosido.
"¿A dónde?" respondió.
Torcí los labios, disgustado: tenía razón. Incluso aunque tuviera la motivación para irse, dudaba mucho que tuviera un lugar a dónde llegar o siquiera algo de dinero. Estaba jodido: corazón destrozado, cuerpo herido y tiempo contado. Parecía resignado a ello. Después de un silencio, suspiró, me miró y me advirtió sinceramente:
"Eren y tú tienen que irse pronto. Shinganshina ya no es seguro, ahora es zona de guerra."
Asentí. Por lo poco que había visto, la inseguridad en la ciudad era terrible. Probablemente a Eren le habían tocado mejores tiempos, porque nunca se había quejado en demasía por algo así. Pero ahora me daba cuenta de que Shinganshina se había vuelto una ciudad controlada por las pandillas dominantes. Ja, y yo que me quejaba de lo pútrido que era Trost. Shinganshina estaba mil veces peor. Lo que me preocupaba era que esta ola de violencia seguramente se extendería a mi ciudad vecina tarde o temprano, mas lo urgente por el momento era escapar de aquí y poner nuestros traseros a salvo. Ya después tendríamos tiempo de pensar en lo demás.
"Lo sé. De hecho hoy nos iremos..." comenté, cuando de pronto sonó mi celular. Era Eren. Miré a Jean con urgencia, como disculpándome y contesté.
"¿Eren?"
Nadie respondió por unos segundos. Sentí el pánico abrazar mi pecho, y se me puso la piel de gallina cuando escuché sollozos apenas audibles del otro lado de la línea.
"¿Bueno?" exigí, comenzando a desesperarme.
"Levi, ¡¿dónde estás?! ¡Regresa!" clamó Eren con voz ansiosa. Entonces se deshizo en un ruidoso llanto que me puso de nervios. ¡¿Acaso algo había pasado?!
"Eren, ¡¿qué pasó?!" inquirí. Eren lloró más fuerte, totalmente histérico. "¡Responde, maldita sea!" golpeé el piso, frustrado. Jean pegó un respingo y me dirigió una mirada de consternación. Eren jadeó varias veces, tratando de calmarse lo suficiente al menos para hablar.
"Tengo miedo..." dijo en voz muy baja. Un sollozo lo interrumpió. "N-no quiero estar solo, por favor..." rogó. "¿Y si vienen por mí? Levi, ¡no quiero estar solo! ¡No quiero que vengan por mí!"
Eren sonaba completamente paranoico, invadido por miedos que habían crecido demasiado y ahora no lo dejaban pensar en otra cosa. Hasta ahora notaba el inmenso daño que le había causado el asesinato de sus padres, y odié todavía más a los bastardos que lo habían hecho. No sólo habían asesinado a un matrimonio; también habían matado a una parte de Eren que jamás volvería a ser la misma. Y aunque lo había visto deprimirse ante el tema de sus padres, nunca lo había visto tan alterado, y me preocupaba no saber cómo manejarlo. Me sentía tan impotente, y eso me causaba furia...
"Tranquilízate, ¡mierda!" maldije, dando otro golpe al piso para desahogarme. "Eren, nadie va a ir por ti. Estás a salvo. Hoy mismo nos regresamos—"
"Por favor, Levi," me interrumpió Eren. Sonaba como un niño asustado de los monstruos debajo de la cama. "No quiero que me hagan lo que le hicieron a mis padres," sollozó; "¡No quiero morir! ¡No quiero que nos maten! ¡POR FAVOR—!"
"Eren, Eren, ¡EREN!" vociferé para detener sus alterados balbuceos. Podía entender que su experiencia traumática le hubiera generado un miedo irracional, y que presenciar el asesinato de Marco frente a sus ojos hubiera sido un detonante; pero esto se estaba saliendo de control. Eren estaba francamente paranoico. "Mocoso, ¡tienes que calmarte! ¡Nada de lo que dices tiene sentido!"
"¡Ya no puedo Levi! ¡Ya no puedo vivir así! ¡Ya no puedo!" bramó sin escucharme, completamente histérico. "¡Por favor ven! ¡No quiero estar solo!"
Rompió en llanto. Balbució algunas cosas más en voz aguda y entrecortada, pero fui incapaz de entenderle. Un sentimiento amargo y pesado se asentó en mi estómago. Tenía miedo. Me sentía como si yo fuera el culpable, y aunque cualquiera que escuchara nuestra historia probablemente diría que no es así y que esto debía pasar tarde o temprano, yo no lo sentía así. Sabía que estas eran las consecuencias de mis actos, mi maldito karma por todo lo malo que había hecho en mi vida; y tenía miedo de no ser lo suficientemente capaz para manejarlo de la forma correcta.
¿Cómo manejabas el hecho de que tu novio estuviera sufriendo una crisis nerviosa?
"Voy para allá," dije después de un momento, con los labios temblorosos. "No vayas a hacer alguna pendejada, ¿sí? Ya voy," reiteré. Eren seguía llorando, pero al menos sonaba como que estaba intentando calmarse. "Todo va a estar bien," aseguré; "no te voy a dejar solo."
Eren sorbió la nariz. "Ven pronto," dijo en tono contenido, y colgó. Exhalé y maldije por lo bajo, liberando la tensión que se había construido por la llamada. Me pude imaginar el pánico que Eren había sentido al despertar y no encontrarme a su lado, y sólo sirvió para hacerme sentir peor. No pensé que se despertaría antes de que yo regresara, pero de igual forma, no debí dejarlo solo sabiendo que estaba tan inestable.
Jean fijó sus ojos en mí. Su semblante era lúgubre.
"¿Qué pasó?" preguntó. Lo miré con la misma expresión severa y vacía.
"Eren está muy alterado. Sabía que no debía dejarlo, pero no pensé que fuera a despertar antes de que regresara. Tengo que irme," me disculpé. Suavicé el tono de mi voz cuando añadí: "Y lo siento mucho."
Jean bajó la mirada, aun visiblemente triste por sus circunstancias.
"Está bien," murmuró mientras me ponía de pie para irme. Entonces levantó la vista y pude leer sincera preocupación en su rostro cuando añadió:
"Hey... cuida bien a ese bastardo."
Asentí ya de salida.
"Sobrevive," fue lo último que le deseé antes de irme.
"¿Eren?"
Abrí la puerta del cuarto, aún agitado por correr a máxima velocidad desde el Hospital Civil. Nadie respondió. Un grito ahogado dejó mis labios ante la terrible escena que me encontré.
Eren estaba colgado con las cortinas alrededor de su cuello. Su rostro estaba pálido y sus ojos abultados y llenos de lágrimas, su boca abierta en un instintivo reflejo de tomar aire. Su cuerpo se retorcía, luchando por respirar. Y entonces vi el justo momento en que la chispa de sus ojos se apagó y su cuerpo quedó flácido e inconsciente.
"¡EREN!" grité. Corrí hacia él y tiré las cortinas con toda mi fuerza. El cuerpo de Eren se desplomó y deshice el nudo alrededor de su cuello antes de que fuera demasiado tarde. Respiró, su corazón seguía latiendo. Gracias al cielo aún estaba vivo.
Tomé el teléfono y marqué el número de emergencias. No quería arriesgarme a perderlo. Mientras les explicaba lo que había pasado en un estado de completa desesperación y entrelazaba mis dedos con los de Eren, rogando porque todo estuviera bien, sentí mis ojos escocer y derramar una o dos lágrimas.
"¿Estoy llorando?" pregunté perplejo una vez que colgué y esperaba en agonía a que llegaran. Hacía años, literalmente años que no lloraba... y entonces me di cuenta de la influencia que Eren tenía sobre mí. Eren era lo único que me dolía.
Una oleada de rabia me invadió al verlo ahí, inconsciente, con el cuello enrojecido y marcado.
"Maldito mocoso... ¡¿por qué harías algo así?!" le reclamé. "¡¿Quieres matarme a mí también?!"
Rogando y rezando silenciosamente, descubriendo que súbitamente me había convertido en un creyente, me encontré con la respuesta a mi pregunta. Había estado tan impactado y concentrado en rescatar a Eren antes de que fuera demasiado tarde que no noté el estado de la habitación hasta ese entonces: la cama estaba destendida y las pocas pertenencias que teníamos y los accesorios de la posada estaban regados por el cuarto: cosas rotas, ropa tirada. Mi mochila estaba abierta, señal de que Eren había esculcado mis cosas... otra vez. Había una nota tirada y arrugada cerca de la ventana. La tomé y reconocí de inmediato la caligrafía de Eren. El papel estaba algo mojado, manchado por lo que identifiqué como lágrimas.
Lo siento, Levi. Te amo, pero en verdad ya no puedo vivir así. Tardaste mucho. No llores por mí.
Siempre tuyo, Eren.
Era todo. Apreté los ojos y unas cuantas lágrimas más rodaron por mis mejillas. Apreté los puños y golpeé la alfombra, sabiéndome inútil, impotente, egoísta y estúpido.
Y sobre todo, culpable.
