Aclaraciones: Estos personajes bonitos no son míos, excepto mi malvada Kekai X3 y la maléfica trama.
Epilogo
I: Perdida
El sol se asomó de lleno por su ventana. Tenía que levantarse temprano para ir a su trabajo. Aunque no quería levantarse, tuvo qué.
Hinata se puso el vestido negro que le llegaba a las rodillas junto al mandil blanco. Se recogió el cabello con pasadores y se dejó el flequillo suelto y se sonrió a sí misma en el espejo, pero su sonrisa no duró mucho cuando se acordó de él.
Cada vez que sentía que estaba feliz, el recuerdo de un hombre de cabello plateado se le venía a la mente, y se decía a sí misma que cómo podía sonreír sabiendo que Kakashi murió para salvarla a ella.
Era imposible mantener la sonrisa por más de tres segundos.
La joven salió del pequeño departamento de no más de tres habitaciones que rentaba a buen precio. Los dueños le habían dicho que si lo limpiaba le dejarían los primeros tres meses gratis, así que Hinata limpio todo muy bien. Y tres meses gratis se le hizo poco para lo extremadamente descuidado que estaba el departamento, pero Hinata no dijo nada, simplemente se aclimató a la situación.
Le habían dado trabajo en una cafetería cercana donde trabajaba de mesera. El pueblo era muy tranquilo y desde que había llegado no había ocurrido ningún accidente o algún desfiguro. Parecía ser un pueblo de gente mayor, pues había muy pocos jóvenes como Hinata. Aquél pueblo abandonado en la nada, silencioso y lleno de casas tradicionales algo viejas, le había gustado mucho, pues podía vivir allí sin ninguna preocupación. Al menos no una preocupación física.
— Hina, que temprano llegas, como siempre. –la saludó su jefa. Hinata simplemente le sonrió y fue a su puesto.
Hina Hatake.
Así se había presentado ante el pueblo, escondiendo su nombre verdadero, escondiendo todo su pasado.
— Que lo disfruten. –les dijo amablemente a un par de clientes a los que les había dejado servido el desayuno. Aquél par de ancianos le agradecieron enseguida. Antes de irse de la mesa, Hinata se quedó viendo por la gran ventana del local hacia la calle.
— ¿Qué es lo que ves, Hina? –le preguntó la abuelita, quien ya la conocía.
Lo que Hinata veía era lo mismo de siempre. Lo de todos los días. Veía a Itachi afuera, esperándola, mirándola como lo hace un depredador a su presa. El joven siempre llevaba puesta una gabardina negra que le llegaba hasta los pies y tenía las manos metidas en los bolsillos.
Hinata sabía que solo era una alucinación más. Se había acostumbrado a ello.
Se preguntaba por qué en vez de la alucinación de Itachi, no aparecía mejor Kakashi.
Ella lo llamaba con la mente, a veces mientras estaba sola en su departamento, se concentraba lo más que podía y trataba de imaginar a Kakashi al lado de ella, pero nunca le había funcionado.
— ¿Hina? –la llamó la abuelita de nuevo al ver que Hinata seguía ida y no le contestaba.
— Nada, abuela. No veo nada. –le aseguró sin dejar de ver hacia afuera.
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II: Los últimos segundos de vida
Kurenai lloraba y Asuma se hacía el fuerte y la abrazaba. Ambos tenían tantos planes para el futuro. Y ahora ese futuro no existía más.
Shikamaru se mantenía al margen de todo. Estaba preparado para morir, después de todo, él no tenía ataduras en el mundo terrenal. Sus padres no estaban así que para él, la muerte ya no daba miedo.
Para Kakashi, los últimos segundos de su vida pasaban eternamente. Vio su vida frente a sus ojos. Se vio de pequeño, vio a su padre con sangre, vio a su madre asustada con un arma en la mano después de haberla disparado sin pensarlo bien, se vio a sí mismo en un cuarto blanco, atado de manos y pies a una cama y luego, la vio a ella. A su luz. La luz que iluminaba su oscuridad, una luz que se alejaba para siempre.
Cerró los ojos para no mirar a sus compañeros. No podía verlos después de que él mismo los iba a matar antes. Le regaló un plan de supervivencia a Hinata, un plan suicida para él y un plan homicida para Asuma, Kurenai y Shikamaru.
Él quería derramar lágrimas, dejar que el dolor saliera de su cuerpo porque era letal para él, era veneno, el dolor lo rompía salvajemente… perderla, estar sin ella era insoportable. Hinata era demasiado importante para él… pero prefería verla a salvo, con una vida normal, lejos de él. Porque él significaba dolor, oscuro pasado.
— Vivirás por mí, querida, vivirás por mí. –murmuró para sí mismo con la mandíbula tensa, los ojos cerrados con fuerza para evitar dejar salir la debilidad.
Al poco tiempo escuchó un barullo que le hizo comprender que Hinata ya estaba obedeciendo sus órdenes. Cuando escuchó una explosión supo que su muerte estaba cerca. Moriría. No cabía duda de ello.
Decidió pasar los últimos segundos de su vida pensando en ella.
El humo negro empezó a meterse por cualquier rendija que hubiera; por la puerta y por el conducto de ventilación. Sus compañeros empezaron a toser y a preguntarse qué estaba sucediendo. Sin embargo, él no les respondió sus dudas.
Solo se dejó morir.
Pero antes de que casi perdiera la consciencia, la puerta del almacén fue derribada y vio a un bombero entrar a por él y los demás.
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III: Remembranzas
Kekai recuerda y no puede evitar que una minúscula sonrisa le aparezca en su rostro triste mientras disfruta del sol sentada desde la azotea del edificio donde renta. Recuerda todo de aquél día, recuerda cada segundo como si acabara de pasar.
Recuerda ese pequeño dolor que sintió cuando vio a su único hijo apresado. Aquella debilidad no dejó que nadie más que ella la viera, que nadie la notara, de lo contrario estaría acabada. Las personas usualmente ocultan sus debilidades para que no les hagan daño y ella era experta en eso. Profesional.
Ella se encontraba en la segunda planta, tomando té tranquilamente cuando de repente hubo un alboroto en la planta de arriba. Escuchó a varias personas corriendo por el pasillo así que salió de la habitación para averiguar qué pasaba. Le contestó un Blanco que el tercer piso estaba en llamas por alguna extraña razón y que intentaban controlar el fuego.
Kekai no apeteció más té y mejor bajó a la primera planta para buscar algo qué leer en una de las bibliotecas que había en la mansión. Bien, no era tanto que quisiera leer, era simplemente que tenía la curiosidad de estar en el mismo piso que su hijo Kakashi. Mientras leía en la biblioteca sin ninguna concentración, se devanaba los sesos constantemente entre quedarse allí o ir al área de almacén que había en la mansión donde se guardaban cosas valiosas de la familia.
De pronto escuchó otro alboroto salió para ver qué pasaba. Una cocinera le había dicho que la segunda planta estaba incendiándose y que por lo tanto no podían apagar el fuego de la tercer planta. Aquello puso a pensar a Kekai. Dos incendios en menos de quince minutos era bastante extraño.
Sin más, Kekai salió de la mansión e hizo como si fuera al cementerio de la familia mientras volteaba hacia atrás, viendo el tercer y segundo piso en busca de información. Ella no sabía lo que pasaría a continuación. Un estallido fuerte en la primer planta. El fuego salió disparado por las ventanas, dejando a Kekai con los ojos saltones y la boca abierta.
Su primer pensamiento fue Kakashi.
Sintió su cuerpo demasiado ligero, con ganas de desmayarse. El fuego se expandió más y los Uchiha's restantes tuvieron que salir para resguardarse. Los vecinos aledaños a la mansión empezaron a salir y curiosear mientras llamaban a los bomberos y ambulancias. La estación de bomberos estaba al lado del edificio policial y éste al enterarse que los Uchiha's estaban en problemas, corrieron para ver cómo podían ayudar.
Kekai se quedó en su lugar hasta que el sonido de las sirenas le taladró los oídos. Corrió hasta llegar frente a la mansión y vio que la joven de cabello berenjena había salido viva y sin un rasguño, así que se quedó observando desde lo lejos, esperando a que su hijo saliera… pero no salió.
No salió y la chica Hyuga se marchó de allí antes de que la vieran.
No había esperanza.
Destrozada, Kekai empezó a acercarse a la mansión, pensó en entregarse, en decir la verdad; que posiblemente había unos cadáveres quemados hasta los huesos en algún lugar del primer piso pero… de repente una cabellera plateada salió de la mansión siendo ayudado por dos paramédicos y el mundo volvió a girar lentamente para Kekai.
— ¿Kakashi? –llegó ella hasta él.
— ¿Madre? –la vio Kakashi. Su rostro blanco estaba sucio y al parecer estaba intoxicado de tanto humo. – ¿Dónde está ella?
Kekasi sabía a quién se refería.
— Se fue hace unos minutos, caminando. –le contestó mientras veía cómo le ponían oxígeno a Kakashi y éste se sentaba en la orilla de la ambulancia.
Kakashi sonrió con alivio. Ella estaba bien, había salido sana y salva.
— Que bien. –se alegró Kakashi y él no sabía por qué pero tenía ganas de llorar. Se sentía sensible. –Quiero que hagas algo por mí. ¿Puedes? ¿Puedes ser buena conmigo al menos una vez en la vida?
Kekai observó a su hijo detenidamente y vio sinceridad en sus ojos bicolor, luego asintió enseguida, mirando a su hijo con atención. No le costaba nada cumplirle un deseo a su hijo, no tenía nada que perder después de todo, ya que todo lo había perdido; el amor de un esposo y un hijo, una familia, un hogar… todo.
— Sácala de Lobo, por favor. Llévala a un lugar seguro lejos de nosotros. –le pidió Kakashi.
— Pero… -Kekai se hallaba desconcertada por aquél favor que pedía su hijo. – Tú la amas, ¿no?
— Sí. Y por eso quiero alejarla de todos sus males; de esta ciudad, de ti, de mí… de cualquier cosa que le recuerde a un Uchiha.
La mujer bajó la mirada al suelo, incapaz de ver la mirada rota de Kakashi.
— Está bien, hijo, haré lo que me pides.
Y lo hizo. La llevó a un pueblo tranquilo muy muy lejos de la mítica ciudad de Lobo.
Después de que la dejó, Kekai siguió manejando su auto, sin detenerse, mientras se sentía feliz por haberle cumplido aquella promesa a su hijo y a la vez triste porque ella sabía lo mucho que su hijo amaba a esa chica. Ella no podía hacer nada por su hijo, realmente estaba convencida de ello, nunca había sido una buena madre ni esperaba serlo, ni quería serlo tampoco.
Ahora manejaba rumbo a su futuro incierto, dejando atrás todo; familia, tragedias, dolor, sufrimiento, Kakashi, corrupción, todo. Aún le quedaba algo de remordimiento, pero sabía que aquello desaparecería con el tiempo.
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IV: El lugar más lógico y a la vez ilógico
Shikamaru Nara jamás comprendió la excentricidad de sus padres a la hora de ocultar cosas.
Después de que pasara aquél poderoso incendio de la mansión Uchiha las cosas empezaron a tomar su rumbo y las aguas se empezaron a calmar notablemente.
Primero apareció un video en internet que mostraba unos crueles asesinatos, donde las caras de las víctimas aparecían difuminadas, más no las del homicida y su cómplice. Gracias a ese video y a Kurenai, la ciudad de Lobo se enteró de quién era en realidad Madara Uchiha y conocieron a Itachi Uchiha.
La policía al principio no hizo nada, pero los reclamos de los ciudadanos hicieron que la policía de más alto grado llegara a la ciudad de Lobo para apaciguar la ira de las personas. La prensa empezó a hablar, y los Uchihas junto al incendio de la mansión, empezó a salir en todos los periódicos y noticieros tanto de la ciudad como del país. El jefe policía que estaba fue encarcelado por el delito de complicidad al igual que el único protagonista vivo del sangriento video. En el lugar del antiguo jefe policía quedó un tal Ibiki Morino.
Después, absolutamente todo el territorio Uchiha fue censurado por la policía y cercado para que nadie pasara. Hasta se hizo una ley que consideraba delito entrar a aquél territorio Uchiha.
Ahora Madara ya estaba encarcelado, sin embargo, Shikamaru aun quería encontrar esas pruebas perdidas que tanto habían protegido sus padres.
— ¿Shikamaru? –lo llamó Asuma al ver que el joven no se movía de su lugar, mirando concentradamente la fachada de su casa, donde había empezado su pesadilla personal. — ¡Vamos, Shikamaru! ¡Nos perderemos el spaghetti súper especial de Kurenai! –rogaba Asuma.
— Ya voy. –asintió Shikamaru mientras avanzaba hasta poder estar frente a la puerta. Aunque Madara ya estuviera preso, él quería mostrarle a la ciudad las pruebas que con tanto trabajo recabaron sus padres. Iba a abrir la puerta finalmente pero luego desistió y se alejó de la casa, volviéndola a mirar de lejos, escudriñándola con la mirada. –Ya sé dónde están las pruebas. –sonrió de medio lado.
Y las encontró en el lugar más ilógico y a la vez lógico.
Shikaku y Hoshino sabían que estaban siendo seguidos. Sabían que su casa ya no era un lugar seguro y por eso estaban planeando mudarse pronto. Pero mientras tanto, el maletín lleno de pruebas que inculpaban a Madara Uchiha por fraudes millonarios siempre al llegar de la oficina lo ocultaban en donde nadie lo pudiera encontrar.
Cuando Itachi llegó, por más que volteó la casa al revés no encontró el dichoso maletín de pruebas.
— Y jamás lo encontraría. –susurró Shikamaru para sí mismo mientras Asuma lo esperaba dentro del auto. –Porque los viejos no lo escondieron en la casa. –sonrió de medio lado. –Sino en la estúpida azotea del vecino de al lado. – y luego rió porque aquél lugar era precisamente un lugar ilógico y a la vez lógico.
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V: Hilo rojo
Ni él sabe cómo es que ha sobrevivido medio año él solo. Sus ojos lloran pero no derraman lágrimas. El corazón se le detiene a veces pero no es un infarto. Siente que sus poros sangran pero no se desangra. Siente frío pero la verdad es que el verano está a la mitad. Siente heridas en todo el cuerpo pero no son más que cicatrices con el nombre de una chica del pasado.
Y pese a que ha decidido quedarse solo, Kakashi intenta seguir con su vida. Ha seguido trabajando en Kuroshinzou. Es ahora el psiquiatra personal de Karin Uzumaki y justo esa mañana le tocaba verla.
— Hola, ¿cómo estás hoy, Karin? –la saludó cuando ingresó al cuarto acolchado de ella.
— Regular. ¿Y usted, doctor? –exclamó cortésmente.
Todo Kuroshinzou había estado sorprendido ese mes, pues Kakashi estaba logrando rehabilitar a una paciente que se pensaba jamás se curaría, lo cierto es que estaba a solo dos semanas más; posiblemente, de que saliera de su celda acolchada y socializara con los demás pacientes.
— Regular, también. –contesta él.
— ¿Pensando en ella? En Hinata, me refiero. La de la historia que me contó ayer. Es verdad, ¿no? ¿La historia es verdadera?
Kakashi se tomó su tiempo para pensar una repuesta inteligente.
— Puede que sí, puede que no. –se encogió de hombros.
— Yo sé que sí. –sonríe Karin confiando en sí misma.
Kakashi terminó de platicar con ella y hacer que le respondiera algunos tests, después salió, anunciándole que mañana vendría a verla.
Caminó a paso lento mientras sale del hospital. Su andar era pasivo, un tanto aburrido. Su cubre bocas blanco seguía en su lugar, ocultándole al mundo su verdadero rostro. Ya era la hora de comida y la mayoría de sus compañeros de trabajo salía del hospital para comer en algún restaurant, pero él prefería ir a la cafetería del lugar.
Curiosamente no había nadie ese día, estaba completamente solo. Algunos días comía con Shiho, otros con Genma o Kotetsu, pero parecía que hoy todos o estaban ocupados con sus pacientes o se habían ido a comer. Ni siquiera la cocinera de la cafetería estaba, lo que lo hacía sentirse aún más solo.
Se felicitó deprimentemente por haber traído una manzana al menos y, sentado, empezó a comerla.
Y se sintió patéticamente solo.
Pero no solo en el lugar… sino solo en la vida.
Él pensaba que tal vez en otra vida él había sido demasiado feliz y que el karma estaba equilibrando todo. A veces pensaba que en sus otras vidas todo con Hinata había terminado bien, que se habían casado, que ella estaba embarazada, que sus padres -Sakumo y Kekai- eran dos personas felices que se amaban. Sonrió de solo pensarlo, pero luego se dijo que solo eran estupideces con las qué matar el tiempo.
— Ojalá estuviera ella aquí. –susurró mientras veía la manzana mordida. –No había manera de terminar juntos… ¿no es cierto?
Y el silencio le contestó que sí. Pero ella contestó que no.
— No. –dijo una voz dulce y suave.
Kakashi se quedó detenido, sus músculos se quedaron tiesos, no podía moverse. Aquella voz había hecho que se le estremeciera hasta el más recóndito lugar de su cuerpo. Él quería girar la cabeza hacia atrás y ver quién era, pero era inútil, todo él estaba convertido en estatua.
Unos pasos lentos y delicados avanzaron hasta detenerse detrás de él.
Y el corazón de Kakashi se detuvo por culpa del suspenso.
— Kakashi… estas vivo. –musitó la voz, diciendo lo último con un nudo en la garganta, aguantándose el llanto.
— ¿Hi…?
Y lo interrumpió su presencia. Ella caminó más y se puso a un lado de él. La observó. Su piel blanca, su rostro delicadamente perfilado, sus ojos inocentemente lilas y su largo cabello. Era ella.
— Hinata… -exclamó mientras abría los ojos a su máxima expresión. –P-pero… cómo… ¿cómo es que estás aquí?
— Lo mismo te pregunto. –Fue entonces que Kakashi cayó en la cuenta de que ella estaba sumamente sorprendida y en shock a la vez. –Tú… moriste en… ¿eres una alucinación? –Puede que haya deseado con todas sus fuerzas la alucinación de Kakashi, pero eso no quitaba la sorpresa que sentía al verlo ahora frente a ella, parecía tan real que tuvo miedo del poder de su mente así que mejor dio media vuelta e intentó regresar por donde vino, buscar ayuda de inmediato.
— ¿Eh? No, no, no. –Kakashi se levantó enseguida y corrió hacia ella para detenerla por los brazos.
Hinata al sentir las manos de él sobre ella, dio un enorme grito de damisela en peligro, y se alejó un poco de él, mirándolo con horror.
— ¡Me tocaste!
— ¡Disculpa mi atrevimiento! –se disculpó Kakashi nerviosamente.
Estaban viviendo una hilarante situación.
— ¿Eres real? –inquirió ella con el rostro crispado de horror.
— Lo soy. –confesó Kakashi mientras tenía los brazos arriba, como quien se rinde ante un policía.
— Un momento… -intentó tranquilizarse. Durante medio año estuvo cargando con el luto de Kakashi, se vestía de negro todos los días, oraba en la noche por su alma, le había llorado los primeros dos meses hasta el cansancio y, ¿ahora aparecía frente a ella? No podía procesarlo de ninguna manera. Con miedo, Hinata alargó su brazo y con su dedo índice picó la costilla de Kakashi para ver si era real y, al sentirlo, se alejó de él nuevamente. –No, no… ¡tú estás muerto! –gritó y se fue corriendo.
— ¡Hinata, espera!
Kakashi le dio alcance a la mitad de un pasillo y logró atraparla en un abrazo fuerte. Al principio Hinata se resistió, pero finalmente, aún sin comprenderlo del todo, lo abrazó con mucha fuerza, con tanta fuerza como para amarlo y matarlo a la vez por aparecer vivo de repente sin siquiera haberle dicho la verdad desde hace meses. Tanto sufrimiento que ella se hubiera ahorrado si él la hubiese buscado. Dejó salir sus lágrimas más continuamente mientras sollozaba con fuerza aferrada a él.
Mientras tanto, la felicidad no cabía en el cuerpo de Kakashi. Él no sabía si llorar o reír abiertamente. La tenía de vuelta. El destino y la coincidencia los habían reunido de nuevo, como la primera vez que se conocieron.
— Te quiero. –le dijo él mientras apoyaba su mentón sobre la cabeza de ella.
— Mentiroso. –lo acusó Hinata entre sollozos.
Kakashi sonrió de medio lado.
— Te amo.
Hinata sintió que su corazón se convertía en lava cuando escuchó esas palabras.
— Eso… eso sí te lo creo. -se separó lentamente de él y los dos se vieron a los ojos. Hinata empezó a limpiarse las lágrimas con el dorso de la mano. –Vine aquí porque sigo enferma. –le comentó.
— ¿Enferma?
— Las alucinaciones no se han ido. –se explicó.
— Te recomendaré un hospital muy bueno…
— Yo quiero estar en Kuroshinzou, y si se puede, quiero ser tu paciente. –musitó firmemente, mirándolo a los ojos.
Kakashi la observó unos segundos silenciosamente. Hinata, aunque había hablado decididamente, se notaba nerviosa, mordiendo su labio inferior mientras esperaba una respuesta de él.
— Te… te advierto que no me iré sin un sí. –lo amenazó Hinata intentando sonar ruda, y fallando terriblemente en el proceso, cosa que hizo sonreír a Kakashi.
— De todas formas no creo que pueda dejarte ir una segunda vez.
Aquella respuesta hizo que Hinata le sonriera levemente mientras sus mejillas se ponían rojas.
— Claro, si es que tú aceptas a este psiquiatra loco y atrevido. Te advierto que decir las cosas en doble sentido es mi especialidad.
— Te acepto así, desde siempre. –respondió, dejando a Kakashi mudo. –Y te amo. Te cuidaré siempre. Estaré contigo siempre. No te dejaré solo nunca más. Si estás herido por alguna razón, voy a curarte, haré mi mayor esfuerzo por hacerte feliz. Si yo te lastimé en el pasado intentaré remediarlo. Te hice daño con lo de tú sabes quién.
— Mi familia te hizo más daño. –dijo él como justificándola.
— Por mucho tiempo temí que me odiaras.
— ¿Odiarte? –aquello le dio risa a Kakashi. –Jamás podría odiarte.
Hinata sonrió aliviada. Después, ambos se quedaron en silencio sin saber qué más decir y en sus rostros se hallaba la pregunta de: ¿Y ahora qué?
— Bueno, vamos a la oficina de Hashirama. –sugirió mientras le ofrecía su brazo a Hinata como un caballero y ella aceptaba, empezaron a caminar juntos por el pasillo.
— ¿Hashirama regresó? –inquirió contenta de oír eso.
— Sí, es un buen tipo. Por cierto, ayer te perdiste la clase de artes, fue un total desastre. –rió Kakashi.
— Me hubiera gustado llegar antes. –sonrió. –Lo hubiera hecho si… si tú no estuvieras haciéndote el muerto.
— ¡Hinata, enserio lo siento! –se disculpó casi en depresión.
— E… era broma. –confesó sonrojada.
— ¿Eh? Oye, ya estoy conociendo a la verdadera Hinata. No sabía que eras bromista.
— No lo soy.
— Antes de que Hashirama te lo diga o antes de que cualquier enfermero o enfermera quiera que pienses mal de mí, debo advertirte que soy psiquiatra de alguien más… diablos, me siento como un infiel… -dijo lo último más para sí mismo.
— Está bien.
— ¿Está bien? ¿No estás un poco celosa?
— No.
— ¡Deberías estarlo! Ella es muy bonita.
— Me pregunto si debería elegir a otro psiquiatra… -pensó Hinata en voz alta.
Kakashi ahogó un grito de sorpresa y Hinata dejó escapar una risa ligera.
Los días pasaron rápidamente. Dicen que los días pasan volando cuando te diviertes, y en ese hospital psiquiátrico, a pesar del estresante color blanco, a pesar de la comida de extraño sabor… bueno, vamos, casi no había cosas malas en ese hospital, a pesar de cualquier cosa, Kakashi y Hinata se divertían todos los días.
No tiene caso mencionar que Kakashi puso todo su esfuerzo por curar la mente de Hinata. Ella jamás tuvo que huir de su realidad, Hirusagari dejó de existir para siempre, hubo necesidad de regresiones, solo de un poco de medicamento y largas sesiones con Shiho. Hinata le contó absolutamente todo con lujo de detalles a Kakashi y Shiho sobre lo que pasó en lo que ella tituló "El día rojo". Fue entonces que Kakashi conoció la crueldad a la que podía llegar su familia y sintió deseos de olvidarse que tenía esa familia. Pero no podía. No podía olvidar sus raíces porque eran eso, raíces que eran sus cimientos, su base, su "a partir de aquí".
Hinata tardó un año y medio en curarse, en salir de Kuroshinzou con nostalgia, pues allí había hecho verdaderos amigos.
Y finalmente tuvo una vida normal.
Cuando salió del hospital, se mudó al departamento de Kakashi. Luego se matriculó en un instituto para continuar con sus estudios.
Su primer día la tenía aterrada, sin embargo, en la entrada la estaba esperando Shikamaru; su mejor amigo, pues él haría de su guía en el instituto ya que él estaba un año adelantado que ella, al menos tendría a alguien conocido en ese lugar, aunque no estaría en la misma carrera que había elegido Hinata, pues él estudiaba Criminología y ella ingresaría a la facultad de Psiquiatría y salud mental.
— ¿Lista? –le preguntó el joven con su típico rostro aburrido cuando ella bajó del auto.
— Nerviosa pero lista. –asintió ella con una sonrisa.
Ella volteó hacia atrás para ver a Kakashi a la distancia y así poder decirle adiós con la mano. Él le sonrió y le devolvió el gesto.
— Vamos, o llegaremos tarde. –le advirtió Shikamaru.
Kakashi observó cómo Hinata y Shikamaru ingresaban al instituto. Sonrió al verlos. Los tres; Kakashi, Shikamaru y Hinata, compartían un pasado similar marcado por la familia Uchiha, marcado por la muerte, el miedo y el dolor. Pudieron oscurecer sus almas, pudieron volverse fríos como el enemigo como normalmente pasaba con las víctimas, pero ellos eligieron otro camino.
Eligieron luchar.
Eligieron un nuevo comienzo.
Shikamaru formó una nueva familia con Asuma y Kurenai como sus nuevos padres adoptivos.
Kakashi y Hinata, solitarios en el mundo y sin ningún lazo del pasado como Shikamaru, decidieron estar juntos. Caminar de la mano juntos en aquél misterioso camino de la vida llamado destino.
Hinata dejó de ser mutismo, vacío y psicosis, dejó de ser ese insípido color blanco.
Kakashi enterró sus demonios del pasado y se concentró en el presente, en su luz llamada Hinata.
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FIN
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¡Estoy llorando! He acabado otro fanfic, pero lo que más me emociona es que es mi primer KakaHina de varios capítulos. ¡Me muero de los nervios por saber si les gustó el epilogo!
No demoro más en responder sus adorables reviews:
RukiaNeechan: Por favor no cortes mi cabeza, aún tengo muchos fics que publicar! jaja Me da mucho gusto leer tu review, querida! Muchas gracias por el apoyo a lo largo de este fanfic! Te adoro! Y espero que este humilde fanfic haya podido ser de tu agrado! Tqm y te mando unos abrazos asfixiantemente largos!
Ninde Elhenair: Hola, Ninde querida! Muchas gracias por comentar! Me dio risa tu reacción jaja. Precisamente lo del principio fue para sacarlos de onda :D Me gusta revolver la mente de la gente! Espero que el epilogo te haya dejado ver lo que querías y que te haya gustado. Muchas gracias por estar conmigo a lo largo del fanfic! Gracias por todo Ninde! Te adoro mucho! X3
KattytoNebel: Hola querida Kattyto! Muchas gracias comentar! X3 Que bien que te hiciste de una cuenta en Fanfiction! :D Ahora podré acosarte! :D Jaja, no es verdad. Pues espero que el epilogo haya sido de tu agrado y que el fanfic te haya entretenido un poquito. Gracias por tus palabras y por todos tus reviews que siempre me ayudaron a seguir escribiendo. Espero que estés muy bien y que nos encontremos en algún otro fic KakaHinesco, ya sea tuyo o mío. X3 love you!
Orkidea16: Hola mi querida Orkidea! Muchas gracias por el kilométrico y genial review! Lo adoré! Así como todos los que me has mandado! Disculpa por hacerte sufrir por la supuesta muerte de ciertos personajes, pero ya están bien! :) Espero que el epilogo haya sido de tu agrado y que te haya resuelto las dudas que pudieras tener. Quiero agradecerte todo tu apoyo, toda tu suerte y toda la inspiración que me has mandado! Te quiero enormemente! Y espero que nos volvamos a leer en algún otro fic! n_n
Violetamonster: Hola querida Violeta! Muchas gracias por comentar! Y también gracias por tus buenos deseos! Qué bueno que te gustó el capítulo, espero que también el epilogo te guste aunque sea un poquito! n_n Muchas gracias por tu apoyo a este fanfic! En verdad te lo agradezco X3 Lo del principio del cap 11 cumplió su objetivo, jaja, quería shockearlos poquito XD Y pues me despido ya, espero que estés excelentemente bien! Te mando muchos abrazos y besos tronados!
AndrewHatake: Mi adorado Andrew, hola! Me da mucho gusto leer un review tuyo! Espero que el epilogo te haya gustado. A mí en lo personal me gustan más los finales trágicos pero sé que a la mayoría le gustan los finales felices, además pensé que Kakashi y Hinata ya habían sufrido demasiado como para terminar muertos o separados, jaja. Lamento haberte puesto sensible! No sabía que yo podía hacer eso! Siento que mi narración no transmite sentimientos, vaya, que es muy... ¿ruda? jaja En fin, muchas gracias por todo tu apoyo, por todas tus palabras y halagos, en verdad muchas gracias! Me alegra mucho haberte conocido a través de este fanfic! Y te amo mucho, amigo! X3 En fin, nos leemos en tu fanfic! Cuídate mucho!
Ahh~ me siento desfallecer! No me quiero despedir! ToT
Siento que suena una musiquita nostálgica de violín, jaja.
Les agradezco de todo corazón a todos los que estuvieron conmigo en este fanfic, apoyando con sus reviews, en verdad gracias, por ustedes este fanfic está completo. Así también gracias a los Favs y Follows!
Quienes me dejen review les responderé por MP.
¡Los amo salvajemente!
