Amar a un extraño


Aclaración: los personajes son del grandioso grupo de Clamp, y la historia tampoco es mía, si no de Connie Mason, yo solo tengo el papel de adaptadora con el fin de poder entretenerlos un momento.


Summary:

Con una bala alojada en la espalda y una partida de vigilantes siguiéndole el rastro, Syaoran Li se esconde en el primer sitio que encuentra antes de perder el conocimiento: un destartalado rancho en medio de la nada. Cuando se despierta está siendo atendido por una hermosa mujer. Aunque siempre ha sabido que no se puede confiar en el género femenino, cuando aquel ángel castaño le propone un matrimonio de conveniencia —por un corto plazo de tiempo, a cambio de seguir ocultándole de sus perseguidores—, él sólo puede pensar en cómo hacerla suya para siempre.

Sakura Kinomoto necesita un marido… y lo necesita rápido. De otra manera perderá su rancho a manos de un malvado banquero. El desconocido que aparece en su sótano es como un regalo caído del cielo. Aunque Syaoran le asegura que seguirá su camino después de cumplir con su papel, Sakura siente un profundo deseo en su interior cada vez que la besa y se promete a sí misma que él no se irá a ningún lado sin que ella le acompañe.


Capítulo 12

Sakura se sentía absolutamente derrotada después de visitar a Cora Lee. Seguía sin solucionar el problema y lo único que había conseguido era que Hal Doolittle estuviera todavía más resentido, si es que eso era posible. Evidentemente, Takashi y Eriol estaban tan preocupados como ella y el estado de ánimo de los tres, sentados a la mesa para cenar, era de lo más deplorable.

Takashi había oído en la ciudad que se esperaba la llegada del juez Walters en cualquier momento, y compartió la deprimente noticia con Eriol y Sakura.

—Espero que el juez tenga un buen día —dijo Eriol con la mirada clavada en el plato—. Aunque suele ser un hombre justo la mayoría de las veces, se ha ganado el apodo a pulso.

Sakura le miró de reojo.

—¿Qué apodo tiene, Eriol?

—La gente le llama el Juez de la Horca.

—Maldita sea, Eriol, ¡no deberías habérselo dicho!

Eriol le dirigió una mirada avergonzada.

—Lo siento.

—Sin embargo, es evidente que los cargos que le imputan a Syaoran no son tan graves como para colgarle —dijo Sakura.

—Lo serán si el juez los considera así —aclaró Eriol—, pero no creo que ocurra. Syaoran no ha hecho nada para merecer que le cuelguen y creo que Walters se mostrará de acuerdo.

Sakura se levantó bruscamente de la mesa con expresión sombría.

—Por favor, disculpadme.

—¡Eriol!, la has puesto nerviosa —dijo Takashi.

—Sakura debe estar preparada para lo peor, por si acaso el juez dicta sentencia de muerte contra Syaoran. ¿Qué haremos si ocurre eso?

—Ya lo he pensado —dijo Takashi en voz baja—. Si el juez es demasiado estricto con Syaoran, le rescataremos de ese apestoso agujero que llaman cárcel.

—Espero que no sea necesario. Si nos vemos forzados a infringir la ley, los tres nos convertiremos en fugitivos.

Eriol y Takashi intercambiaron unas miradas de preocupación, pero los dos sabían que harían cualquier cosa para salvar a su hermano.

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Sakura visitó a Syaoran al día siguiente, intentando en todo momento mantener una fachada alegre. Le llevó una deliciosa y tentadora comida, preparada por el cocinero del rancho, que le pasó a través de la ventana enrejada, pero él no se mostró demasiado interesado en comer y dejó los alimentos en el suelo sin probarlos.

—¿Por qué estás todavía aquí, Sakura?

Sakura le dirigió una mirada llena de exasperación. Si no lo sabía, se lo iba a decir.

—Soy tu mujer.

—Puede que pronto seas mi viuda.

—¡No digas eso!

—Seguro que ya te han dicho que al juez Walters se le conoce como el Juez de la Horca.

—Lo he oído, sí. Pero no puede colgar a un hombre inocente.

—Me temo que las cosas no funcionan así.

—Ningún juez va a ahorcarte por algo que no deja de ser una ofensa menor — insistió Sakura.

—¿Significa eso que no regresarás a casa?

—¡Por supuesto!

Él la miró fijamente a través de la reja de la ventana con un ardor tan perceptible que ella notó que se le derretían los huesos. Entonces, Syaoran sacó un brazo por los barrotes y le acarició la mejilla y el cuello con el dorso de la mano.

—Eres demasiado terca para tu bien, Sakura Li. No es fácil olvidarte porque eres apasionada y leal. Pero ¿es posible que pueda confiar en ti? Si me dejo llevar por mis sentimientos, estoy seguro de que acabaré sufriendo, lo nuestro se acabaría convirtiendo en un absoluto desastre. En cuanto una mujer piensa que ha pescado a un hombre, en cuanto le tiene en sus manos, le utiliza hasta que ya no sirve a sus propósitos y busca una nueva víctima. No podría soportar que me pasara eso contigo.

Aquella retorcida opinión sobre las mujeres la dejó sin palabras; aunque no podía culparle. Sus experiencias le habían dejado una profunda huella. Primero le había traicionado su madre y luego su esposa; más tarde, Cora Lee había asestado la puñalada definitiva. Así que no era de extrañar que temiera involucrarse con una más.

Aún así, Sakura no era otra más, era la que le amaba de verdad.

—Lamento que opines así, Syaoran. Sin embargo soy distinta a las demás, sé que no he hecho nada para ganarme tu confianza, pero te aseguro que si me quedo aquí es sólo para ayudarte. Si eso te hace sentir mejor, iré hoy mismo a ver al abogado para arreglar el divorcio.

El tono decidido de sus palabras hizo que Syaoran diera un respingo. Era lo que quería, ¿no? Cerró los ojos e imaginó a la dulce Sakura apretada contra su cuerpo, desnuda y húmeda para él, respondiendo a sus caricias con aquella ansia inocente que le volvía loco y hacía que sólo pensara en poseerla. Se había propuesto seducirla, pero ella se entregó voluntaria y generosamente y él tomó todo lo que le ofreció.

«Sin embargo, te obligó a casarte con ella», argumentó la parte más cruel de la mente de Syaoran.

—Syaoran, ¿estás bien? —Llevaba tanto tiempo con los ojos cerrados que Sakura había comenzado a preocuparse.

Los abrió de repente.

—Estoy bien. El abogado se llama Chambers. Explícale todo lo ocurrido, él se ocupará del resto.

Sakura se tragó el nudo que tenía en la garganta y asintió con la cabeza antes de darse la vuelta. No quería que Syaoran fuera testigo de lo mucho que le habían dolido sus palabras. Él quería ser libre y, si eso hacía que se sintiera mejor, ella accedería gustosa.

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Al día siguiente, mientras estaban desayunando y discutiendo los planes de la jornada, llegaron al rancho Li las últimas personas que Sakura esperaba ver allí.

Un sonoro golpe en la puerta principal hizo que Eriol se pusiera de pie.

—Yo abriré —dijo, empujando la silla hacia atrás.

Sakura y Takashi miraron sorprendidos a los visitantes y tampoco Eriol parecía demasiado complacido cuando los hizo pasar a la cocina.

—¿A qué habéis venido? —preguntó Takashi de malas maneras—. ¿A regodearos en el sufrimiento de esta familia?

—No te pongas así —dijo Hal Doolittle, que sin esperar invitación le indicó a su hermana que se sentara en una silla vacía—. Cora Lee y yo hemos venido a haceros una proposición que lo solucionará todo.

—No queremos oír nada —gruñó Eriol.

—Dejadle hablar —intervino Sakura—. Tengo interés en escuchar lo que se le ha ocurrido.

—Haced caso a la señora. Queréis sacar a vuestro hermano de este apuro, ¿verdad?

Desconcertado, Takashi clavó la mirada en Cora Lee.

—¿Tu hermana ha recuperado la cordura? ¿Va a decir la verdad?

Algo brilló en las profundidades de los ojos de la joven antes de ocultarlo bajando la mirada.

—No saquéis conclusiones precipitadas —les advirtió Hal—. Mi hermana no ha mentido. Pero está dispuesta a cambiar su historia para salvar a Syaoran. Dirá que estaba tan afectada que confundió la realidad con la fantasía. Ya sabéis lo soñadoras que pueden llegar a ser las mujeres y siempre ha ansiado casarse con un Li.

—Y mi hermano ha resultado el chivo expiatorio oportuno —observó Takashi secamente—. ¿Cuál es tu propuesta, Doolittle?

—Como Syaoran ya está casado —dijo, lanzando a Sakura una mirada de desagrado —, no tiene sentido esperar que recapacite y se case con Cora Lee. —Miró entonces a Takashi, con una taimada sonrisa en los labios—. Cora Lee desea con todas sus fuerzas casarse con un Li, así que la he convencido para que se conforme con uno de vosotros dos. —No esperó a ver la sorpresa que causaban sus palabras antes de continuar—. Eriol es todavía un crío, pero tú, Takashi, tienes la edad adecuada.

Como los dos Li parecían demasiado aturdidos para hablar, fue Sakura quién tomó la palabra:

—Está loco. Takashi jamás aceptará una propuesta tan estúpida.

—No le corresponde a usted tomar la decisión, señora. Cora Lee está dispuesta a decirle a Touya Amamiya y al juez que Syaoran es inocente. Asegurará que se encontraba confusa por lo ocurrido, pero que ahora recuerda claramente que llegó un desconocido al rancho buscando trabajo cuando yo no estaba. Al encontrarla sola, éste la atacó y violó y, cuando ella le amenazó con avisar a los vigilantes, la golpeó duramente. Dirá que se inventó esa historia sobre Syaoran porque se sentía demasiado avergonzada para admitir lo que ocurrió en realidad. Pero claro, sólo contará esa historia si Takashi está dispuesto a casarse con ella.

Takashi observó a Cora Lee, que todavía no había levantado la mirada y seguía sentada en la silla mientras retorcía sin cesar un pañuelo entre las manos.

—¿Es cierto eso, Cora Lee?

Todavía manteniendo la vista baja, la joven respondió.

—Hal dice la verdad.

—Lo único cierto aquí es que Syaoran sedujo a mi hermana, la dejó embarazada y la golpeó cuando ella le exigió que se casaran —dijo él con acritud—. Pero Cora Lee está dispuesta a mentir con tal de que uno de los Li dé su apellido al bebé, sin importar qué hermano sea. Ya que Syaoran está casado, Takashi servirá perfectamente.

—¿Y si le cuento al juez todo lo que me acabáis de decir? —exigió Takashi.

Hal no pareció preocupado.

—Cora Lee lo negará, por supuesto, y se ceñirá de nuevo a la historia original. Piénsalo si quieres, Takashi, aunque no queda demasiado tiempo. Ten en cuenta que si te casas con mi hermana, Syaoran quedará libre. Por supuesto, el matrimonio tendrá que celebrarse antes de decir nada.

—Jamás había visto una mente tan diabólica —le acusó Eriol, cerrando los puños para contener el evidente deseo de golpear a Hal—. ¿Qué esperas ganar con esto? Seguro que ya has maquinado algo al respecto.

—Por supuesto, espero que Takashi comparta parte del dinero con su esposa. Que ella, por supuesto, repartirá con su cariñoso hermano. —De repente, la expresión de Hal pasó de desagradable a interesada—. Por cierto, necesito cinco mil dólares de inmediato para pagar algunas deudas.

—Entonces —se burló Takashi—, todo se reduce a un tema económico ¿verdad? Y si te pago pero no me caso con Cora Lee. ¿No sería suficiente?

Hal frunció el ceño.

—No. Mi hermana necesita que alguien reconozca a su bastardo. Y sólo se conformará con un Li.

—¡No puedes estar dispuesto a ceder a esta farsa, Takashi! —gritó Sakura indignada —. Es un chantaje.

Notó que se ruborizaba al hacer la acusación; ella misma había chantajeado a Syaoran para que se casara. Aunque había actuado movida por la desesperación, había hecho lo mismo que los Doolittle. Lo que Hal requería de Takashi no era peor que lo que ella le había exigido a Syaoran. Aquel pensamiento la hizo comprender con claridad por qué Syaoran odiaba la idea de seguir casado: lo había coaccionado y se encontraba en una situación que no podía tolerar.

—¿Me juras que liberarás a Syaoran si me caso con Cora Lee? —preguntó Takashi. Su voz sonaba demasiado tranquila y controlada para pertenecer a un hombre conocido por su volátil carácter, y Sakura supo que explotaría en cualquier momento.

—¡Maldita sea, Takashi! ¡Te has vuelto loco! —estalló Eriol—. Syaoran no querría que te sacrificaras por él. Odiaría esa idea con toda su alma y tú lo sabes.

—Syaoran no está aquí —dijo Takashi con los dientes apretados.

—Eres muy listo, Li —dijo Hal con una sonrisa burlona.

—¿Cuánto tiempo tendríamos que permanecer casados? —quiso saber Takashi.

—Si de mí dependiera, para siempre. Pero me siento magnánimo, lo único que quiero es que sigas casado con ella hasta que dé a luz para que el niño tenga un apellido. En la familia Doolittle no hay bastardos, y así seguirán las cosas. Y, si os divorciáis, Cora Lee espera conseguir un provechoso acuerdo, por supuesto.

—Te equivocas, Doolittle —gritó Eriol—. Ya hay un bastardo en la familia Doolittle. Se llama Hal.

A Hal no pareció afectarle el insulto.

Sakura miró a Cora Lee y decidió abordar el problema desde otro ángulo. La joven había oído todo lo que allí se decía sin abandonar aquella actitud sumisa, sin mostrar el más leve desacuerdo con su hermano. Decidió que sería mejor intentar hacer razonar a la muchacha.

—Cora Lee, ¿no tienes nada que decir al respecto? —preguntó Sakura, inclinándose para mirar a la pálida mujer—. ¿Deseas realmente tener un marido que no te quiere?

—Mi bebé necesita un apellido —dijo en voz baja y lanzando una cautelosa mirada a su hermano antes de continuar—. Hal me quiere, desea lo mejor para mí.

—Pero lo cierto es que te violó y golpeó un desconocido, ¿verdad? —la desafió Sakura, yendo directa al grano.

—No... no ocurrió eso. Por favor, no me haga más preguntas.

—¡Cobarde! —gritó Sakura.

—Deje de acosar a mi hermana —le advirtió Hal—. Como pueden observar se encuentra en un estado delicado. —Se volvió hacia Takashi—. ¿Qué, Li? ¿Cerramos el trato?

—A Syaoran no le gustaría —dijo Sakura.

—¡No aceptes, Takashi! —intervino Eriol airadamente—. Este bastardo piensa que estamos en sus manos, pero no es cierto. El juez nos dará la razón.

—Claro, esperad —les sugirió Hal taimadamente—. Corre el rumor de que Touya Amamiya ha convencido a los vigilantes para linchar a Syaoran antes de que llegue el juez. Piensan tomar la cárcel mañana por la noche.

Sakura soltó un gemido.

—¡Tenemos que impedirlo!

—No podréis evitarlo —dijo Hal—. La gente del pueblo apoya a Amamiya y en el rancho no tenéis hombres suficientes para detenerles.

—Tiene razón —admitió Eriol a regañadientes—. Amamiya le odia desde que Kaho... —Lanzó una mirada avergonzada a Sakura—. Desde que Kaho le prefirió antes que a él. Amamiya sabe de sobra que el juez se limitará a multar a Syaoran o a sentenciarle a una pena leve y no puede aceptarlo. Walters puede ser conocido como el Juez de la Horca, pero no colgará a un hombre inocente.

—¿Estás diciendo que no podemos impedir de ninguna manera un linchamiento ilegal? ¡Menuda parodia de justicia! —Sakura estaba tan agitada que apenas podía hablar.

—Sí, podemos hacer algo —dijo Takashi, en tono de resignación—. Eriol, vete al pueblo y trae contigo al reverendo.

Eriol palideció.

—¡No puedes!

—Haz-lo-que-te-he-dicho —pronunció Takashi en tono firme y decidido.

Eriol pudo leer en el implacable tono de su hermano y en la expresión de su rostro que estaba totalmente dispuesto a llevar a cabo esa insensatez. Nada de lo que él le dijera o hiciera le haría cambiar de idea. Pero, a pesar de todo, tenía que intentarlo.

—¿Estás seguro, Takashi?

—Hazlo, Eriol.

El joven dio un portazo al salir. Takashi esperó a que Eriol estuviera camino del establo antes de hablar.

—No esperes que viva con tu hermana, Doolittle. No insultaré a mi familia trayéndola a casa. Le daré mi nombre y el dinero que quieres, pero nada más. Es la única condición que pongo, pero si no estás de acuerdo, no me casaré.

Hal miró a Takashi con los ojos entrecerrados, luego se volvió hacia Cora Lee.

—¿Qué opinas?

Como si le sorprendiera ser incluida en la decisión, la joven levantó la cabeza de golpe.

—¿Debo aceptar, Hal?

—Por supuesto, querida. —Su voz tenía un tono amenazador—. Es lo más correcto, ya no puedes tener a Syaoran, pero Takashi también es un Li y en ciertos aspectos, incluso es una elección mejor. Tu bebé tendrá un apellido.

—Eres tan corrupta como tu hermano, Cora Lee —la acusó Sakura—. Todos sabemos que Syaoran jamás golpearía a una mujer. —Sin embargo no aseguró que no era el padre de ese niño pues, aunque intentaba con todas sus fuerzas no pensar que él podría haber seducido a Cora Lee, era demasiado diestro en esas cuestiones.

—Bueno, hermanita —aguijoneó Hal—, ¿aceptas los términos? ¿Te conformas con Takashi en vez de Syaoran?

Cora Lee miró a Takashi. Su expresión la asustó y pensó que era bueno no tener que vivir bajo el mismo techo que un hombre tan enfadado, sin embargo no le sorprendía que estuviera molesto. Hal también se comportaba así en algunas ocasiones; aunque solía mantener bajo control su brutalidad, a veces, cuando... Negó con la cabeza sin permitir que aquellos desagradables pensamientos inundaran su mente. Si se negaba a pensar en ello, casi podía llegar a creer que Syaoran Li era realmente el padre de su hijo.

—No me importa que Takashi no quiera vivir conmigo. Mi bebé tendrá el apellido igualmente. —Miró a Hal como si buscara su aprobación, que él le ofreció con una amplia sonrisa.

—Bueno, ahora nos quedaremos aquí sentados a esperar al reverendo. La señora Li y Eriol serán los testigos y yo entregaré a mi hermana en ausencia de mi padre.

—¿Qué opina tu padre de todo esto? —preguntó Takashi con curiosidad—. Se tiene que haber dado cuenta de que Cora Lee está en estado.

—El viejo está demasiado débil para darse cuenta de nada —se burló Hal—. Se cree todo lo que le decimos. Ayer le mencioné que Cora Lee pronto obtendrá un padre para su hijo y pareció quedar conforme.

—Qué conveniente para ti, ¿verdad?

—¡Maldita sea! Los Li os consideráis mejores que los demás ¿verdad? Pero da igual, de cualquier manera, mi hermana llevará vuestro apellido. Y, si yo fuera tú, me quedaría con ella. Una vez que nazca su pequeño bastardo, podrías encontrarle alguna utilidad.

—Si no estuviera en juego la vida de Syaoran, os echaría de aquí a patadas —gruñó Takashi, conteniendo por los pelos su temperamento. Estaba a punto de volverse loco y no sabía cuánto tiempo lograría mantener los puños alejados de la cara de Hal.

Procurando relajar un poco la explosiva atmósfera, Sakura intentó que Takashi se sentara y se relajara. Pasarían por lo menos dos horas antes de que Eriol regresara con el reverendo.

—Tengo cosas que hacer —dijo Takashi, dirigiéndose a la puerta—. Atiende a nuestros invitados, Sakura.

—¡No se te ocurra largarte de aquí! —le gritó Hal.

—No irá a ningún sitio si es la vida de su hermano lo que corre peligro —dijo Sakura—. Será mejor que tomemos un café mientras esperamos.

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Dos horas después, Eriol regresó con el reverendo Purdy, un hombrecillo medio calvo con pequeños ojos redondos y la nariz bulbosa. Venían acompañados de otro hombre.

Al reverendo Purdy le esperaban todos, a Touya Amamiya, no.

—Quería que Amamiya oyera la verdadera historia de una vez por todas, así que lo he traído para que escuchara lo que tenía que decir Cora Lee —dijo Eriol tras invitar a los hombres a entrar en la casa.

—No hasta después de la boda —recordó Hal—. Vamos, no perdamos más tiempo, ¿reverendo?

—¿Dónde está el novio? —preguntó Purdy con ansiedad. Eriol Li le había pagado en efectivo para que no hiciera preguntas sobre aquella extraña petición. Y era más dinero del que había visto en mucho tiempo. No imaginaba por qué Cora Lee había cambiado de hermano, pero le habían pagado y él mantendría la boca cerrada. Su trabajo era salvar almas, incluso aunque éstas estuvieran más allá de la redención divina.

—Aquí estoy, reverendo —dijo Takashi, entrando en la sala—. ¿Comenzamos?

El reverendo Purdy miró el semblante de Takashi y se puso pálido. Se aclaró la garganta ruidosamente.

—Si la novia y el novio se acercan a la chimenea, empezaré de inmediato. ¿Quiénes son los testigos?

—Yo —dijo Eriol, dando un paso al frente—. Mi cuñada y yo actuaremos como testigos.

—Y yo entregaré a la novia —añadió Hal.

Todo terminó en menos de cinco minutos. Takashi pronunció los votos en tono frío y calmado y a Cora Lee le tembló la voz, aunque tampoco vaciló.

Tanto los novios como los testigos firmaron los documentos y el reverendo Purdy salió de allí con cien dólares más en el bolsillo.

—Ahora que la boda ha terminado ¿por qué no me contáis qué demonios ocurre? —preguntó Amamiya—. Sé que no me habéis traído aquí para asistir a la ceremonia. Esto tiene visos de ser un casamiento forzado. ¿Acaso tengo en prisión al hermano equivocado?

—Siéntate, Amamiya —le invitó Takashi—. Mi mujercita tiene que hacerte una confesión. Ven, querida, acércate y cuéntale todo.

Cora Lee le lanzó tal mirada de terror a Takashi, que Sakura casi sintió lástima por ella.

—Adelante, Cora Lee —la urgió Hal—. Ahora ya estás casada y puedes contar la verdad.

Durante un momento, Cora Lee pareció confundida.

—¿La verdad, Hal?

—Ya sabes a qué me refiero —dijo Hal secamente—. Cuéntale a Amamiya lo que hablamos antes, justo antes de que Takashi se ofreciera a casarse contigo.

El mencionado soltó un poco elegante bufido.

—Syaoran no hizo las cosas de las que le acusé —dijo Cora Lee, mirando a Hal en busca de apoyo. Entonces, procedió a exponer ante Amamiya la historia que su hermano había ideado sobre un violador que la había golpeado y por qué había mentido sobre Syaoran—. Me siento avergonzada —dijo al terminar—. Cuando ese extraño abusó de mí y me golpeó, debí quedar conmocionada y... y pensé que había sido Syaoran.

—En cuanto me lo contó —añadió Hal—, vinimos a aclarar el error con Takashi y Eriol. Entonces, Takashi se ofreció caballerosamente a casarse con Cora Lee y ella aceptó.

—Si pensáis que me voy a tragar ese cuento chino, es que estáis más locos de lo que pensaba —exclamó Amamiya.

—No tienes otra alternativa —dijo Eriol—. Cora Lee repetirá la historia ante el juez si es necesario. Sea el Juez de la Horca o no, Walters no colgará a un hombre inocente y tú lo sabes. Será mejor que vayamos al pueblo y liberemos a Syaoran.

—A la gente no le va a gustar nada la idea —les advirtió Amamiya—. Maldita sea, llevo mucho tiempo esperando poder vengarme de Syaoran Li y al final me encuentro con esto.

—Habéis sido Hal y tú los que exaltasteis los ánimos de la gente —acusó Takashi—. Pero cambiarán de idea cuando Cora Lee les cuente su historia.

La joven palideció.

—¿Tengo que hacerlo?

—Sí —dijo Zoey sin sentir piedad por ella—. Tendrás que hacerlo.

Amamiya, impotente, notó que la furia le poseía. No debería haber esperado tanto para linchar a Syaoran. Por desgracia, algunos hombres se habían negado a ahorcarle y parecía que la gente se empezaba a cansar de escuchar cómo Syaoran había seducido a Cora Lee. Maldita fuera, si incluso algunos de sus hombres habían expresado sus dudas, pues también habían seducido algunas mujeres. Por eso había hecho planes para llevar a cabo un linchamiento secreto aquella misma noche. Nada estaba saliendo cómo esperaba. Si no supiera que era imposible, pensaría que Syaoran Li estaba compinchado con el mismo demonio.

—¿Preparado para ir al pueblo, Amamiya? —preguntó Takashi. La dureza en su voz advirtió a Touya que como no hiciera lo que querían, sufriría las consecuencias, y uno no debía enfrentarse a los Li cuando estaban enfadados.

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A Sakura le brincaba el corazón de alegría mientras se dirigían al pueblo. «Syaoran es libre, Syaoran es libre», repetía una y otra vez para sí misma. Lamentaba la manera en que habían obtenido su libertad y compadecía a Takashi con todas sus fuerzas, pero no podía evitar la alegría. Incluso aunque aquello quisiera decir que ya no tenía ninguna razón para quedarse en Dry Gulch.

Syaoran no quería una esposa y ella no le impondría su presencia. Había hablado con el abogado el día antes y éste, después de escuchar la inusual historia, se había mostrado de acuerdo en preparar los documentos de divorcio que presentarían ante el juez. Aquel inesperado giro en los acontecimientos la había convencido de que sería mejor someterse a los deseos de Syaoran y regresar a casa en un par de días.

Todavía seguía dándole vueltas a todos esos pensamientos cuando llegaron al pueblo. Se dirigieron directamente a la cárcel con intención de que Amamiya dejara a Syaoran en libertad.

Cuando se asomó por la ventana enrejada del calabozo, a Syaoran le bajó un escalofrío de aprensión por la espalda; toda su familia estaba reunida frente al edificio.

—¿Qué ha pasado? —preguntó, clavando los ojos en Sakura, que formaba parte de aquel insólito grupo de personas que incluían a los Doolittle y a Touya Amamiya—. ¿Ha llegado el juez? ¿O se trata de un linchamiento?

Sakura le brindó una brillante sonrisa y Syaoran se asombró por lo feliz que parecía. Había ocurrido algo que la hacía flotar en una nube de felicidad. Entonces, buscó a Takashi con la mirada y el corazón se le cayó a los pies. Conocía a su hermano tan bien como a sí mismo y su expresión era absolutamente sombría. Observó luego a Eriol y pensó lo raro que era que sus dos hermanos tuvieran el ceño fruncido y que Sakura estuviera radiante de alegría.

—Eres libre, Syaoran —dijo Takashi mientras esperaban a que Amamiya abriera la puerta.

Pero éste no parecía tener ganas de meter la llave en el cerrojo, así que le empujó a un lado y fue él mismo quién introdujo la llave en el oxidado agujero y la giró.

Syaoran atravesó el umbral y parpadeó por culpa de la brillante luz del sol.

—¿Alguien puede explicarme qué ha sucedido?

Esperando evitar una escena cuando su marido descubriera lo que Takashi había hecho, Sakura se adelantó tirando del caballo que habían llevado para él. Alrededor de la cárcel había comenzado a congregarse una multitud de curiosos.

—Será mejor dejar las explicaciones para cuando regresemos a casa —dijo Sakura, mirando a la gente con nerviosismo.

Syaoran se acercó al caballo. No le gustaba nada todo aquello; estaba seguro de que había pasado algo. Su mirada cayó sobre Hal y Cora Lee mientras arrancaba las riendas de la mano de Sakura.

—¿Qué hacen ellos aquí?

Hal atravesó la multitud, arrastrando a su hermana y se detuvo ante él.

—Felicita a mi hermana, Syaoran —le dijo, muy satisfecho de sí mismo—. Se ha casado hoy mismo con tu hermano Takashi. Cora Lee se sintió tan embargada por la felicidad que, de repente, recordó que no eras el responsable de lo que le ocurrió. Le debes tu libertad.

Syaoran se giró hacia Takashi con una expresión de furia.

—¿Te has vuelto loco? ¿Qué te ha llevado a cometer semejante locura?

Su hermano le sostuvo la mirada.

—Lo hice por ti. Pensaban lincharte antes de que llegara el juez y no podía quedarme de brazos cruzados sin hacer nada.

—Así que te has casado con esta perra intrigante para salvarme la vida.

—Tú habrías hecho lo mismo.

—¿Es que todas las mujeres son capaces de cualquier cosa con tal de conseguir lo que quieren? —exclamó Syaoran mirando a Sakura como incluyéndola en su condena al sexo débil.

Con el corazón en un puño, Sakura sintió el abrasador calor de su mirada y la animosidad que transmitía. Era casi como si él la culpara a ella del aciago destino de Takashi.

Conteniendo un sollozo, dio la espalda a aquel oscuro y hostil resentimiento. Sin defenderse de nada, se subió al caballo y se dirigió al rancho Li. Quizá le diera tiempo a hacer el equipaje y marcharse antes de que él llegara. Le ahorraría tener que echarla.

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Continued...


Notas: Antes que nada... perdón. Se supone que debía de haber actualizado el jueves, pero me he encontrado muy ocupada toda esta semana y apenas me da tiempo.

Vieron, digo, leyeron... ¡Syaoran ya es libre! lo único que no me gusto fue que Takashi se tuviera que casar con Cora Lee... Y ahora que hablamos de ella... Didi, beabi y CCH.91226, ya han hecho sus propias conclusiones respecto a su embarazo, ¿ustedes de quien creen que sea ese bebe? bueno, eso pronto lo sabremos.

Gracias por seguir agregando esta historia a favoritos y por los reviews.

Daanyehla!~

PD: actualizare el martes, pero después seguiré actualizando los jueves y domingos.

¡Cuidense!