I'm not giving you up
Después de reflexionarlo mucho, Emma decidió permanecer en el cargo que tenía en Gold & Mills, segura de que su ex novia no volvería a ser una piedra en su zapato.
Por otro lado, la ingeniera tenía que lidiar con la indiferencia y la frialdad del amor de su vida, sabiendo, ahora más que nunca, que sus posibilidades de ser perdonada por los errores del pasado eran realmente pocas. Se pasó los días empeñada en buscar una solución para retomar la buena convivencia con Swan. Sin embargo, de la rubia solo recibía dos palabras en las escasas veces en que se cruzó con ella por los pasillos de la empresa. Buenos días, solo eso. Y solo vería a la arquitecta andar por ahí, si ella misma no estuviera fuera, ocupada vigilando de cerca las obras que le fueron adjudicadas por Robert Gold.
A parte de aquello, Regina estaba probando de su mismo veneno, al ver, en esos últimos días, a Swan cercana a Jones, el arquitecto suplente de la empresa. Por más que para la rubia esa relación era estrictamente profesional, Gina comenzaba a imaginar cosas que no le gustaban, basadas en lo que ya había visto, tanto en la fiesta de la boda de Gold como en el despacho de Emma. Sus sospechas se iban confirmando, dejándola aún más aturdida.
En las semanas que se sucedieron, el trabajo en la constructora fue arduo, tanto para Emma como para Regina. Las construcciones iban a buen ritmo así como el número de accionistas e inversores, que iba en aumento. No había descanso, ni los fines de semana, ya que ambas se llevaban trabajo a casa; Emma con sus cartografías; Regina con sus planillas y proyectos. A ese ritmo, pasaron dos meses.
Un día que en Emma tuvo que visitar una de las obras con Jones, regresaron los dos un poco después de la hora de comer. Estaban sentados en la sala de reuniones, uno frente a la otra, almorzando allí para no retrasarse para la próxima reunión.
Mills estaba por ahí cerca, preparada para la reunión cuando decidió encaminarse hacia la sala grande. Al entrar se encontró a los dos, se asustó tanto que casi cayó al suelo. Los vio conversando…Hablaban de algo muy interesante, pues hasta reían mientras se llevaban a la boca bocados de pollo asado y ensalada desde sus platos. La ingeniera observó aquello desde un lado, sintiendo su estómago revolverse de repente, y su almuerzo, que acababa de comerse, subírsele a la garganta. Aquello no significa nada, pero para Regina quiso decir mucho.
Disgustada ante lo que veía, casi estuvo a punto de marcharse por donde había venido, sin embargo, se quedó. Tenía que interrumpirlos. Poniéndose recta, levantó la cara, empinó la nariz, y avanzó por la sala, haciendo ruido con los zapatos al pisar con firmeza en el suelo. Los dos se dieron cuenta y giraron los rostros en su dirección.
«Regina…» dijo Jones, que puso una sonrisa coqueta y se limpió la boca, rápidamente, con la servilleta.
«Disculpadme, no sabía que estabais aquí» la ingeniera puso una voz grave
Swan evitó mirarla. Cogió la servilleta y carraspeó
«Últimamente el ritmo de trabajo es duro. No hay tiempo ni para ir a almorzar. Acabamos de llegar de la isla y ya tenemos otra reunión, almorzar aquí, en la sala de conferencias, fue la mejor alternativa» dijo él
«Es verdad» Regina prestaba atención a Emma
«¿Por qué no se sienta? Le pido al cocinero que prepare un plato para usted. Y aproveche que hoy está inspirado, ¿no, Emma?»
«Sí, el pollo está bueno» respondió la rubia volviendo a comer
«No se preocupe, ya almorcé en mi despacho» continuaba mirando a Swan. La forma en que la rubia la ignoraba la incomodaba «¿Y la isla? ¿Cómo están las obras?»
«Hum, viento en popa» dijo Jones, después de beber un poco de su zumo de naranja «Ahora mismo le estaba contando a Emma sobre los diseños de seguridad del shopping, son exactamente lo que necesitamos»
«Después del incendio del aeropuerto, los empresarios se quedaron asustados, pero fue por la noche, no había tanto movimiento, pero, ¿y si hubiera sido en la hora punta? En el centro comercial, por muy pequeño que sea, es lo mismo» Swan explicó. Aún evitaba mirar hacia donde estaba Regina. Incluso dejó de lado su plato, se le había quitado el hambre ante su presencia.
Al ver aquello, Regina preguntó
«¿No vas a terminar de comer, Emma?»
«No. He perdido el apetito» respondió, secamente, la arquitecta.
Jones soltó una risita mientras se acomodaba en la silla
«Debe ser el estrés. Has trabajado mucho. Muchos problemas dan indigestión»
«Sí. Algunos problemas incluso no acaban» Emma esa vez tuvo coraje de alzar la mirada hacia la morena
«Estoy de acuerdo» Gina respondió asintiendo
Las dos mantenían una lucha particular con el intercambio de miradas. Jones nunca entendería y no entendió, prefirió continuar la conversación que mantenía con Emma antes de Regina entrar.
«Emma, dime, ¿ya escuchaste aquel disco de Elvis que te presté?»
«¿Te puedes creer que todavía lo tengo en el despacho? Ni me lo he llevado a casa…Tengo tantas cosas en la cabeza» Swan volvió a mirar a Jones
«¿No te lo has llevado a casa? No sabes lo que te estás perdiendo»
«Todavía no he tenido tiempo, perdona»
«¿Quieres decir que estoy detrás de ti en esta empresa todos los días, te ayudo y así me lo pagas?» él hablaba con su tono irónico, exactamente lo que Regina odiaba. Por poco la morena no lo mató delante de Emma. No era reciente esa inquina que sentía contra el arquitecto. Desde que era becario, lo encontraba muy impertinente. Si la molestara como Graham había hecho, encontraría una manera de echarlo de la empresa.
«Prometo que te voy a recompensar el tiempo perdido» Swan sonrió, llena de culpa
Él le sonrió
«Cuento con ello, ¿eh?»
La conversación parecía fluir para los dos, y Regina no estaba dispuesta a quedarse allí como una intrusa. Cerró los puños, tragándose su orgullo. Se preguntó qué hacía allí. Se sentía ganada por Emma y por su indiferencia por enésima vez en ese mes.
Cuando iba a decir algo, Robert y su adorable esposa aparecieron en la sala de manos dadas, exhibiendo sonrisas de oreja a oreja. Tenían buen aspecto; él con su impoluto rostro de los cincuenta años, formal, con algún cabello gris demás en su cabellera; ella aún bronceada por el solo de las Bahamas, bonita, con sus brillantes ojos azules.
«Pero, ¿ya están listos para la reunión?» preguntó el jefe
Los tres los miraron al mismo tiempo.
Belle, al lado de su marido, vio a su amiga detrás de Regina, y se soltó de él para ir a abrazarla.
«Ay, ¡cuánto te he echado de menos!» dijo la señora Gold, haciendo que su amiga se levantara de la silla para retribuirle el abrazo.
«Y yo a ti…No parece que hayamos hablado por teléfono anoche» la rubia le dio una amplia sonrisa. Rieron juntas
Regina y Jones asistieron a esa escena de amistad tal y como estaban. Gold arrastró una silla y se sentó en el lugar del presidente en la mesa.
«Vaya, vaya, miren quién vino a visitarnos» dijo Jones. Belle se giró hacia él.
«Vine a ver a mi amiga» Belle cogió una de las manos de Emma entre las suyas «He almorzado con Robert aquí en la ciudad y decidí subir. ¿Estáis bien?»
La ingeniera dijo que sí con la cabeza por ella y por Jones.
«Genial» el tono de voz no coincidía con la respuesta dada por Regina
Emma acarició los brazos de su amiga, feliz por verla. Hacía un tiempo que no hablaban en persona.
Ansiosa por contarle algunas novedades, Belle pidió permiso al marido para hablar a solas.
«Robert, ¿te importa si me llevo a Emma una minutos antes de la reunión? No tardaremos»
«No. Los accionistas aún no han llegado, ni Archie…» miró el reloj de muñeca. Odiaba los atrasos, pero no tenía más remedio que esperar «Voy a esperar unos veinte minutos para comenzar»
Belle y Swan asintieron.
Fueron a conversar al despacho de Emma. Sentadas, principalmente para que Emma no se cayera ante lo que la amiga le iba a decir. Belle le contaba cómo se sentía casada con Gold. La vieja conversación de una mujer enamorada, poniendo las cualidades del marido en primer lugar. De la manara que hablaba, se percibía que estaba encantada con Robert. Y estaba planeando quedarse embarazada.
Emma entonces intervino
«Belle, ¿no crees que es demasiado pronto? Solo llevas casada tres meses»
«No eres la más indicada para decir eso. Cuando te casaste con Neal, ya estabas embarazada de Henry»
«Pero no fue algo planeado. Sucedió y fue idea de él el casarnos»
«Pero no por eso dejaste de ser feliz»
La rubia se calló y reflexionó. Se quedó distante un tiempo. Era cierto que fue feliz en su matrimonio con Neal, aunque nada hubiese sido planeado de antemano como era el caso de Belle. La amiga tenía razón, sin embargo, Emma aún se cuestionaba cómo hubiera sido si no se hubiese quedado embarazada de Henry.
«Ya, pero piensa, podríais aprovechar un poco más. Tener hijos es increíble, claro, solo que en este momento, creo que necesitas esperar a que toda esa ansiedad disminuya»
«Tengo miedo de que se canse de mí. Siento la necesidad de darle esa alegría. Emma, él me da tantas sorpresas, y yo sencillamente las recibo sin saber qué hacer»
«Todavía os estáis conociendo, comenzando a entender cómo es compartir una vida juntos. Va a llegar el momento en que no habrá más novedad. Vas a empezar a amarlo sin sorpresas y con una mayor madurez. En ese momento sí puedes pensar en un hijo»
Belle entendió lo que la amiga quería decirle. Asintió
«Sí, tienes razón. Estoy muy nerviosa»
«Si te ama, no te va a pedir nada más que le correspondas en su cariño»
Emma sonrió, mirando a la amiga. Aunque lista para esa conversación, Swan no pudo esconder a la amiga sus preocupaciones. Se veía en sus ojos. Emma parecía amargada. Aquello llamó la atención de Belle.
«Emma, ¿qué pasa? Te veo abatida» preguntó
«¿Yo? ¿Abatida?» a Swan le extrañó la pregunta
«Sí, tú. Mientras yo hablaba, te quedaste mirando a la nada. Cuando entré en la sala, te encontré triste. ¿Qué sucede?»
La rubia no iba a decir lo que la atormentaba, ni a Belle.
«Nada, yo…Solo estoy cansada por este ritmo de trabajo»
«No mientas, Emma» Belle reconoció la mentira. Movía la cabeza de un lado a otro mientras miraba hacia la mujer que tenía delante
«Hay una cosa incomodándome, sí. Pensé que ya no era un problema, pero me doy cuenta de que todavía lo es»
«¿El qué?»
«No puedo hablar»
«Emma, ¿qué es eso? Soy tu amiga»
«Por favor, Belle, no te preocupes por mí. Soy yo la que tiene que lidiar con ello»
Belle odiaba cuando la amiga se ponía misteriosa sobre su vida. Seguía moviendo negativamente su cabeza.
«Está bien. Si no me lo quieres contar, ok. Pero no pienses que voy a dejar de preocuparme» Swan asintió, forzando una sonrisa. Belle, ahora tenía otro asunto «Mira, sabes que mi cumpleaños es el sábado, pero quería cenar mañana en el Menton. ¿Qué te parece?»
La arquitecta se acordó de la noche en que cenó con Regina en aquel restaurante, sabía qué sitio era. La idea le agradó.
«Sería perfecto»
«¿Vas? ¿Verdad?»
«Claro que voy. ¿Cómo voy dejar de ir a la cena de cumpleaños de mi mejor amiga?»
Se dieron las manos por encima de la mesa y se sonrieron.
«¡Qué bien! Menos mal que ya hice la reserva»
Swan asintió. Una cena sería una oportunidad de distracción. Necesitaba pasar más tiempo con Belle. Ella siempre tenía buenas ideas.
La arquitecta disfrutaría de una buena cena al día siguiente, solo que no contaba con el hecho de que Regina Mills también sería invitada.
Caía una fina lluvia cuando Regina llegó al restaurante. Estaba lleno. Y con razón, era viernes.
El restaurante franco-italiano estaba como siempre, a reventar. Los paneles de madera de las paredes contrastaban con las mesas blancas y negras y las cortinas de encaje. En lo alto, grande lámparas de cristal adornaban el techo, iluminando suavemente el local, creando un tradicional ambiente romántico. Por esa razón y otras, a muchas parejas les gustaba el sitio.
Fue llevada por el maître hacia los Gold, y vio a la pareja y a algunos desconocidos en una gran mesa cerca de las ventanas. Y claro, Emma Swan estaba sentada al lado de ellos. Aun viéndola de espaldas, sabía que era ella. La cabellera rubia era inconfundible. La pareja se levantó para saludar a la morena, de una forma mucho menos formal que la tarde anterior. Además, quien era de la empresa, en ese caso tres personas, vestían sin los trajes, corbatas y chalecos habituales.
Emma estaba bebiendo vino de su copa cuando vio a Regina, se sorprendió al no saber que ella aparecería. No vio cuando Belle la había invitado después de la reunión. Para la pareja Gold, la ingeniera era importante, una amiga además de socia. Swan había olvidado ese detalle. A pesar de la incomodidad, no se abatió, siguió con su vino.
El maître apartó la silla para la ingeniera. Se sentó en un sitio desde el que tenía buen ángulo para poder vigilar a Emma, pero desgraciadamente le pusieron de frente, nada más y nada menos, que a Jones. Justo él.
Sentado al lado de la arquitecta, el inconveniente joven alzó su copa hacia la morena, provocándole repulsión.
«Regina, ya hemos pedido. ¿Quieres dar una ojeada al menú?» preguntó Gold, pasándole la carta
Mientras escogía lo que iba a pedir, Gina observaba a su ex novia por encima del menú. Veía la exagerada aproximación de Jones, que algunas veces pasaba su brazo alrededor de Emma, aprovechándose de la situación y de lo que hablaban. Pero Emma apenas se daba cuenta, conversaba con Belle y otro hombre que Mills no sabía quién era.
Durante todo ese rato, no pudo escoger lo que iba a comer, haciendo que el camarero fuera a la mesa, al menos dos veces, para anotar el pedido. Sin mirar casi, Regina pidió lo primero que vio: ravioli. Y mientras esperaba, le sirvieron el mismo vino que los demás bebían.
Al contrario de lo habitual, Robert decidió no hablar de negocios en la cena. Acompañaba a la esposa en la divertida conversación con los amigos sobre la casa que tenían en la cual se casaron. Hablaron también de su luna de miel en las Bahamas, que aún era tema requerido, y se escuchaba, alguna que otra vez, carcajadas con algunas divertidas anécdotas.
Gina pillo una frase suelta mientras Belle hablaba
«Robert no sabía que era alérgica a las gambas»
«Y tú sin pensar te comiste el plato entero» dijo él a su lado. Todos reían
«Ese es un defecto que Belle nunca ha perdido, la obstinación» completó Emma
«Mira quién habla, no eres tú muy distinta» respondió Belle entre risas, provocando a la rubia «Obstinada y además, perfeccionista»
La rubia estrechó los ojos hacia su mejor amiga.
«Ya me di cuenta de eso» entró Jones en la conversación, pinchando a la colega. Continuaba aprovechándose de la cercanía, juntado cada vez más su rostro al de ella «No paras hasta que las cosas no están de la manera que quieres»
Emma se cruzó de brazos, sin saber para qué lado mirar
«Ah, ¿entonces soy obstinada y perfeccionista? Está bien saberlo» Swan respondió de forma irónica
«Y tienes miedo de las alturas, según Regina» Robert se metió en la conversación
Regina enrojeció al saberse nombrada. Miraba a Emma de soslayo.
«¿En serio, Regina?» preguntó Belle a la ingeniera
«Bueno…No diría miedo…» la morena balbuceó «Diría que es un poco de…»
«¡Pavor!» completó Robert, haciendo que todos rieran
Swan reviró los ojos y decía que no
«Escuchad, el asunto debía ser el cumpleaños, no yo» dijo la rubia un poco a disgusto
«Calma, amiga. Es que te pones muy graciosa cuando bromean contigo» dijo la señora Gold
Después de que la rubia moviera la cabeza otra vez, los platos llegaron. Hicieron un brindis por Belle y comenzaron a comer.
Cada uno pidió un plato diferente, sugerido por Gold. Esa cena era su regaló a su esposa. Regina fue la última en acabar. Hizo un tremendo esfuerzo para acabarse los ravioli. En esa ocasión, fue ella la que se había quedado sin apetito.
Archie, que también estaba allí, fue el único que se atrevió a preguntar cuando ella terminó
«¿Qué te pasa, Regina? Estás tan callada» el resto de la mesa prestó atención. Todos la miraron.
La ingeniera ya había dejado el plato vacío en la mesa cuando respiró profundamente y pensó en una mentira que contar. De repente, se dio cuenta de que toda la mesa se había quedado en silencio y la estaban observando.
Tragó en seco. Estaba comenzando a entrar en pánico.
«Yo…yo…es…» balbuceó de nuevo
Se dio cuenta de que Emma la miraba con aquella mirada curiosa. No consiguió responder. Jones lo hizo por ella.
«Es que tiene muchos problemas, ¿no es así, Regina?»
Gina odió aquello, pero se contuvo de fusilarlo con la mirada
«Sí. Muchos problemas» sonrió débilmente y lo miró de la forma más falsa del mundo.
«Sean cuales sean esos problemas, estoy seguro de que los resolverás tan deprisa como el contrato que te pedí que trajeras de Atlanta» Robert dijo amigablemente. Pero a Emma se le dispararon todas las alarmas.
«No lo hubiese conseguido sin Emma» afirmó ella, conteniendo un poco la voz
Swan no la miró. Se quedó callada en su sitio. La conversación volvió a cambiar de rumbo. Ya se estaba haciendo tarde y los amigos de Belle fueron, poco a poco, abandonando el restaurante. Cuando solo quedó el personal de la empresa, Emma decidió marcharse porque no quería dejar a Henry más tiempo solo en casa. Después de despedirse rápidamente de su amiga y su marido, saludó a Archie e ignoró completamente que Regina estaba ahí. Se fue con Jones.
Regina presenció aquello y pensó lo peor. Imaginó cosas que no debía, atormentándose con la idea de que su ex y el joven irían a algún lado a disfrutar del resto de la noche y hacer cosas bien precisas. Comenzó a tener visiones de los dos juntos, besándose y acariciándose, susurros y sonrisas…Su propia mente la metía en un infierno.
Se marchó algunos minutos después, escondiendo su perturbación.
Condujo desde South Boston hasta su apartamento en shock. Al cruzar la avenida, no se detuvo ante el semáforo, pasando y casi chocando contra un coche que venía de la otra dirección. Aquello la despertó, pero por poco tiempo.
Llegó a casa con una terrible jaqueca. Ni le dio las buenas noches a su madre antes de ir a acostarse. Su hijo ya hacía horas que dormía. No pegó ojo en aquella madrugada lluviosa.
Su tormenta duró todo el fin de semana. Cora se dio cuenta de que su hija estaba enferma.
Para no tener que explicarse, dejó que Roland durmiera en casa de un amiguito y le dio dinero a su madre para que se lo gastara en su mayor vicio, el bingo. Pasó la mayor parte del tiempo encerrada en su cuarto mirando las fotos de Emma que aún tenía guardadas en su caja de recuerdos. Tenía tantas ganas de llamarla, de decirle algo. También sentía la necesidad de un abrazo, pero solo serviría si fuera de ella.
Definitivamente, Regina estaba sintiendo una pequeña porción de lo que Emma sintió al ser traicionada. No se comparaba, pero la sensación era igual de oscura, a pesar de que era pura ilusión de su cabeza.
Lunes por la mañana, la ingeniera llegó como un tornado a la constructora, aún más abatida, marcadas ojeras en su rostro y ojos embargados por la furia. Cruzó los pasillos, llamando la atención.
Entró en el despacho de Emma sin ser sutil, abriendo la puerta con fuerza para empezar a soltar lo que tenía trabado en la garganta desde hacía semanas.
«¡Considero un atrevimiento muy grande que intentes provocarme!» dijo alto y bien claro, apretando los dientes.
Emma estaba de pie tras la mesa. Alzó la mirada hacia ella, sin entender.
«¿Qué dices que he hecho?»
«He dicho que considero un atrevimiento muy grande que intentes provocarme con aquel idiota de Jones»
«¿Ah sí? ¿Es eso lo que piensas?» Emma se quedó mirándola bien. Puso cara extraña
«Lo estás usando para vengarte de mí» parecía una fiera preparada para atacar «¿No te avergüenza? Es tener poco carácter, ¿sabes?»
Emma soltó una carcajada.
«¿Quién eres tú para hablarme de carácter?» Emma empleó el mismo tono que la morena
«No te has cortado en desfilar con él por ahí…»
«¿Y quién te ha dicho que es una venganza?»
«No te interesarías por un tipo como él» Regina casi escupió al hablar
«¿Cómo estás tan segura?»
«Te estás aprovechando de esa situación…»
«¡Estás sacando muchas conclusiones precipitadas!»
El ambiente se calentaba.
«Se va ofender mucho cuando se entere de que todo este tiempo solo has estado utilizándolo»
«Ah, pues creo que le va a encantar saber que en tu cabeza estábamos juntos, porque solo existe en tu cabeza, Regina» Emma salió de detrás de la mesa «Y si de verdad estuviéramos juntos, ¿qué harías?»
Regina tenía los ojos rojos y fijos en Swan.
«¡No intentes inventar! ¡Lo estabas usando para vengarte de mí!»
«Entonces, ¿crees que tengo que vengarme de ti? ¿Has venido hasta aquí para lanzármelo a la cara?» los ojos y las palabras de las rubia estaban igual de exaltados. Caminó hasta acercarse más a la morena.
«Vine a decirte que estaba muy feo por tu parte»
«Muy feo es lo que tú hiciste con alguien que te amaba» Emma decidió tocar en la herida del pasado «¡Tú no tienes derecho a reclamar nada, Regina! El atrevimiento en tuyo por venir hasta aquí. ¡Eres la última persona en el mundo que se merece mis satisfacciones, porque tú no me las diste cuando regresaste con aquel tipo de aquellas vacaciones y cuando te metiste en su cuarto!»
Regina se volvió pura aflicción.
«Emma, estaba confusa. Fue un error, lo sé…»
«¡Un error que podrías haber evitado!» gritó Swan
Gina tragó en seco de miedo. Los labios le temblaban.
«¿Nunca…nunca vas a ser capaz de perdonarme?»
La discusión cesó por un momento. Intercambiaron firmes miradas. Regina ya había perdido todo el fuelle, sin embargo, necesitaba decir lo que quería. Emma estaba pensando en la respuesta a aquella pregunta.
To be completely honest it scares me to imagine
What life would be without you
And for this very reason I ask you to forgive me
For what I'm putting us through
Although there are so many things against us, I've decided
That I'm not giving you up, no…
Swan cerró los ojos, intentando contener un nudo que le subió a la garganta. Visiblemente conmocionada, dijo
«Vete…Por favor, vete»
Thinking back I see what we have is something different
I think we've known all along
So how fair would it be
To divide this love's existence between what's right and what's wrong
And you, always wondering if we'll make it
Time will tell you that I'm not giving you up, no, no…
Gina temblaba, pero no obedecería. Tenía que decirle. Venció su conflicto interno y sacó todo el valor que tenía en el pecho.
«No he terminado…» levantó la cabeza para hablar con bravura «Por más que lo que haya hecho no tenga perdón, ¡lo voy a arreglar! Voy a hacer que entiendas que te amo con todas las fuerzas que hay en mi interior. ¡Voy a hacer que me ames de nuevo! ¡No voy a descansar hasta lograrlo! ¡No voy a desistir de ti, Emma, no lo voy a hacer!
We'll find a way to be together however long it takes, wherever
If it means having you for only a momento, a momento just might be enough
I'm not giving you up, no
No I'm not giving you, uo, no
Emma abrió los ojos: eras dos cascadas de lágrimas verdeazuladas.
Regina avanzó hacia ella como un animal, la agarró por el cuello de la camisa blanca…Le tomó bruscamente su boca con la suya y la obligó a entrar en el beso más desesperado que hubiera vivido.
Sus manos, libres, querían empujarla, pero no lo hizo. En su lugar, ahí se quedó, hundiendo finalmente los dedos entre los cabellos de la morena, entregándose en el osado movimiento de los labios.
El sabor del beso era salado por las lágrimas de Emma. Era una lucha de lenguas para saber quién mandaba. Eran brutas la una con la otra. Voraces como si la vida dependiese de aquel momento.
Screaming in the silence the promises we've spoken come back to haunt me, false and broken
Quiet desesperation to see we're lost forever searching for wáter in this desert
No, I refuse to have to do without your kisses
I'm not giving you up, no, no
Gina la soltó, mirándola con ferocidad. El pecho se llenaba de aire y se vaciaba al mismo tiempo en una respiración jadeante.
Empujándola con el resto de fuerzas que le quedaban, la miró bien antes de agarrarse a la puerta del despacho y salir de allí como había entrado.
Swan se quedó pegada a la pared. Buscando el mismo aire que a Regina le faltaba. Se pasó el dedo por los labios, notando que gran parte del lápiz de labios de la morena se había quedado en su boca.
Fue un tremendo aviso.
