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Pss... Esto fue lo que salió xD. Espero que sea de su agrado.
Spotify, Glee Cast y pensamientos random no se llevan bien xD ya lo verán cuando lean (?)
Capítulo XII:
Momentos parecidos, sentimientos desiguales
Los hermanos se fueron rumbo al callejón con una sensación de extrañeza. Entre ellos ya no se encontraban las travesuras de pequeños, Choromatsu ya no era el niño que a todo le buscaba pleito y de comentarios irónicos. La madurez lo volvió precavido y a la vez, un poco ingenuo y algo testarudo como para soportar la irreverencia de Osomatsu. Y allí estaba, a unos cuantos pasos de él, con un mal presentimiento que le palpitaba en la memoria. Pero siempre habían sido ellos dos para cualquier cosa, desde cuidar a un pequeño con un mal despertar hasta quedarse en casa a espantar a un ladrón; cosas de dos, como si el destino los hubiese casado.
—¿Escuchaste lo que me dijo Karamatsu antes de que se fueran de la casa?— dijo Osomatsu al detenerse al inicio del callejón.
Apenas una farola iluminaba el camino y por ratos parpadeaba como un cíclope con sueño. ¿Qué hora sería? ¿Siete u ocho? Apenas caía la noche y todo se veía demasiado oscuro. Los iba a tragar la vacuidad.
—No— Choromatsu respondió.
—¿Quiéres saber que me dijo?
—No... Digo, sí.
—"No te arruines la vida confesando tus sentimientos"— Osomatsu se introdujo en la parte más profunda del callejón hasta que su silueta se fundió con las sombras.
Choromatsu no supo que hacer con el significado de aquellas palabras, y prefirió traducir las acciones de su hermano en lugar de calentarse con las expresiones de Karamatsu. Tragó saliva y lo siguió con el engaño de que todavía confiaba en él. Se implantó en un recuerdo de hace años, cuando entraban y salían por ese mismo callejón para asustar a mamá cuando regresaba de comprar la cena. Primero salía él y hacía gestos; y cuando todo se calmaba, Osomatsu atacaba con cosquillas. Cuanto extrañó la época en que todos eran niños, donde los problemas se solucionaban prestándose los juguetes o cambiándose los nombres para confundir a los padres "¡Osomatsu es él!, o corriendo por toda la casa o simplemente, a la hora de la merienda, todos compartiendo sus galletas, sin la necesidad de verse más allá de ser hermanos. Un amor que no necesitaba de celos y privilegios, uno verdadero, el que sólo puede nacer dentro de la familia.
—¿Sabes lo que significa?— Choromatsu se atrevió a preguntar mientras que sus dedos se mantenían inquietos.
—Sí, o al menos tengo una leve deducción— Osomatsu se paró frente a Choromatsu, la oscuridad los volvía un cúmulo negro, que no se podían intercambiar miradas, volviendo a la plática de lo más molesta.
—¿Por qué todo lo tenemos que hacer a tu modo? No pudimos ir a un café o hablar en el mismo puente. En esos sitios te vería a los ojos y sabría si no estás jugando. De todos, soy él que mejor te conoce, Osomatsu— Choromatsu alzó su voz, con ese tono suyo para sonar desesperado. No tenía tanta paciencia como deseaba aparentar. —¿Deducción? ¡Oe! ¿Desde cuándo usas palabras de ese tipo?
—Pajamatsu, no te desesperes— Osomatsu le apretó los hombros. De nuevo el egoísmo al sentir que todos sus hermanos lo dejaban atrás. No podía aceptar la realidad de las cosas como un buen hermano mayor y enfrentarse a los problemas. No, nunca podría ir contra la corriente de las emociones de Karamatsu c, ni enfrentar la individualidad e iniciativa de Todomatsu al buscar un empleo y hacer cosas por sí sólo sin tener que recurrir a él o al resto, ni tampoco estar a la par de la alegría de Jyushi y su forma tan extraña de solucionar sus problemas, y lo que más le dolía y le reventaba, era saber que Choromatsu se alejaba de él, que tomaba su propio camino, sin invitarlo a dar una vuelta.
—¿Cómo no quieres que me desespere? ¡Actúas muy raro! E-Eres terco, irresponsable y no te preocupas por nadie. Y ahora quieres solucionar las cosas en un callejón oscuro donde no puede ver ni la punta de tu nariz.
—¡Y ahora tú no me dejas hablar, idiota!
—¿Y de qué vamos a hablar? ¿Dime?— Choromatsu se liberó de su hermano al extender los brazos. —Sí salimos de este sitio, escucharé todo lo que tengas que decirme... Sino... Sino, me iré. Si, eso, me iré.
—¡No voy a dejar que te vayas!— Osomatsu tanteó la oscuridad hasta que encontró un brazo de Choromatsu y lo sujetó.
—¿Qué haces?
—Tratando de hablar ¡Demostrarte que no soy un terco! ¡Pero estoy muy enojado! ¡Contigo y Karamatsu¡ Hasta con Ichimatsu que ni me importa que es lo que haga de su vida, hasta con Totty y Jyushimatsu que no han tenido nada que ver en lo que ocurre. De paso con mamá y papá, ¡Es como si los odiase a todos! Me siento como cuando eramos niño y ese hombre me llevó. Me siento sólo, y sobretodo, con las manos atadas por que no puedo hacer nada. Choromatsu, ya sabía lo de ellos dos, pero creí que eran tonterías de Karamatsu y no me importó.
—¿Qué...?— si la oscuridad le diera permiso a Choromatsu, se mostraría sin color y perplejo. Estaba asombrado por lo que escuchó, pero aún más, por que estaba al tanto de la "relación" de sus otros hermanos.
—¡Je! ¿Ahoras te haces al sordo?
Choromatsu tardó en responder y negó por costumbre, ignorando que la oscuridad los rodeaba. —Este no es el lugar para está clase de charlas, vayamos al local de los fideos... Hay luz.
—No, Choromatsu, este lugar está bien...— Osomatsu se encogió de hombros y se llevó un dedo a la nariz. Usaba su máscara de chico despreocupado, cuando su interior era tan caotico como Ichimatsu: estaba el peso de cuidar a cinco hermanos y no poder hacerlo, los recuerdos de un ladrón que se lo llevó lejos del hogar y lo amenazaba con matar a su familia y más complicaciones que sólo él entendía porque pertenecían a su vida.
—Vale... — Choromatsu se resignó a quedarse en el callejón.
—Ya que estamos de acuerdo en algo, te diré mi deducción.
Choromatsu apretó los labios y sus manos le sudaron por los nervios.
—Me pasó igual que a Karamatsu y no lo quería aceptar. Y eso me enojó mucho. Yo vi a Cacamatsu e Ichimatsu besarse en el techo. Me levanté para ir al baño y al asomarme por la ventana ocurrió, no sé que más pasó por que me metí corriendo al futón cuando uno de ellos regresó y no me fijé quien. Después vi más cosas y me aguantaba la ira y las ganas de acusarlos con papá y mamá, pero no lo hice, porque no quería llegar a lo que pasó el día que se fueron. Parte de mí no estaba de acuerdo y otra me mandaba a callarme para que todos estuvieramos en casa por siempre. Pero todo se dificultó cuando tú empezaste a estar mucho tiempo con Karamatsu.
—¿Qué...?
—¿No escuchas lo que te digo?
—T-Te estoy escuchando, Osomatsu.
El beso terminó cuando ya no pudieron respirar. Sin embargo, seguían abrazados, encajando como dos piezas de rompecabezas que le han modificado las puntas para crear una figura sin forma. Ichimatsu tragó saliva y se ocultó en el pecho de su hermano, temblaba por el frío que sólo el podía sentir.
Karamatsu lo apretó y esperó pacientemente a que se tranquilizase. Algo había aprendido de tratar con él y era a no apresurarlo a nada, a darle su tiempo para que pensase en su actuar. No todos podían ser como él y aventarse a la vida sin pensar en el fracaso. No cualquiera salía a luchar sin miedo.
—¿Quién te lastimó?— preguntó Karamatsu unos minutos después.
Ichimatsu se tocó el ojo, la inflamación ya no era tan severa, pero dolía por momentos y el exceso de luz le hacía lagrimear. Ahora que lo pensaba, ir a buscar trabajo con esas fachas si lo clasificaba como un desperdicio de persona. —Me caí... — respondió acostumbrado a mentir sobre sus emociones y su vista se mantuvo en la tumba de uno de sus mejores amigos. Debieron cambiar de lugar, él no tenía talento para salir adelante; los gatos saben como adaptarse a cualquier obstáculo.
—Don't lie— Karamatsu buscó el rostro de su hermano y no le permitió que le huyera a su mirada ni que le diera la espalda, todo de frente. Aunque duela, como los gatos al pelear por su territorio.
Ichimatsu perdió el control de sus emociones y la boca le tembló como si fuera a expulsar la historia de su vida: "Me llamo Ichimatsu, soy el cuarto hijo de seis. Me gusta estar sólo y si no tengo trabajo es por que no sé expresarme y me cuesta hacer amigos..." Pero no pasó nada de eso, el labio se le estiró y la lengua vibró sin pronunciar sonido.
—Please, Ichimatsu, dime que te pasó— Karamatsu le sonrió sin excentricidades. Le hablaba como un amante, con ese tono de voz que eriza la nuca y trae consigo a la verdad sin importar el costo. Esa intimidad que sólo una vez en la vida se logra.
—Fue papá... — Ichimatsu tembló como si el mundo se destruyera debajo de él y se mordió los labios para aguantarse nuevamente el llanto. Pero no iba a soltar ninguna lágrima, ya no le quedaban para seguir sufriendo. En cambio, fue diferente, temblaba por hacer algo nuevo, sin llegar a causar problemas: decir la verdad sin causar más dolor.
Karamatsu balbuceó alguna tontería que se perdió en el viento, y se dedicó a palpar el rostro de su hermano, sintió el relieve de sus labios y la costra naciendo en el inferior, al ir subiendo por su mejilla izquierda, Ichimatsu agachó el cuello, allí, un moretón le cambiaba el color a la palidez natural de su piel. Karamatsu no quería tocarlo para investigar el daño en su cuerpo, necesitaba tocarlo para saber que existe y que jamás se iba a apartar. Pero sentía en sus dedos un ojo inflamado que apenas se abría y por debajo de la nuca las marcas de una fila de heridas. —¿Qué más te duele, buraza?— preguntó con miedo de saber la respuesta y por averiguar que su padre contenía una violencia que nadie conocía.
—Aquí...— Ichimatsu le tomó de la mano y la metió debajo de la camisa que le prestaron. Su piel era un relieve de costras y moretones, que no se veían por la iluminación pero bastaba con sentirlas.
—Oe, Ichimatsu, vamos a casa. Tengo que curarte...
—No parece que me escuches, por que no entiendes a lo que me refiero a que me pasó igual que a Karamatsu— dijo Osomatsu algo inquieto.
—A Karamatsu le pasan muchas cosas...
—Como enamorarse de su hermano...
—No juegues, no te aproveches de la situación para tus bromas— Choromatsu se agitó tanto que el mundo le giró cuatro veces más rápido.
—¿No me crees?
—¡Esta vez no te creo nada! ¡Por qué te conozco y sé que eres un aprovechado!— mentía.
—¡Confesar lo que sientes siempre trae problemas, Pajamatsu! ¡Y yo lo hago porque mi vida de por sí ya es un gran problema! ¡Me gustas! ¡Mucho! ¡Más que el Pachinko y Totoko! ¡Más que muchas cosas! ¡Más que tener la casa sola para ver porno! ¡Me gustas más que todo eso junto si es posible!
—¡Deja de jugar, Osomatsu!— Choromatsu retrocedió unos cuantos pasos, y se topó con pared.
—No juego— Osomatsu se guió por el sonido de sus pasos y lo aplastó con su cuerpo.
—¿Qué crees que haces, eh?— Choromatsu se desesperaba por que no aceptaba que en el tono de su hermano no encontraba ni el más mínimo rastro de mentira. El corazón era una bomba a punto de explotar y agradeció que no hubiera luz para que no notase el rubor de sus mejillas y la extraña emoción que le recorría por la piel.
—Me gustas, Choromatsu, por favor, sal conmigo— Osomatsu sintió alivio por sus palabras, ya no estaba siendo cabezota, sino el mismo idiota de toda la vida.
—¡Qué te pasa, no estamos en la secundaria!— Choromatsu le gritó y le puso la mano en la cara ya que lo sentía muy cerca y eso le causaba histeria.
—Cierto, cierto, ¿vamos a un love hotel?— El cinismo ante todo, Osomatsu.
—¿¡Qué?! ¡NO! ¡No! ¡NO!— Choromatsu lo empujó con más violencia y esquivaba los besos que su hermano le tiraba como si estuviera urgido de algo más que bromearle.
—¿Y un beso?— Osomatsu dejó de jugar y habló con seriedad.
Choromatsu le retiró la mano. Le habían dejado la mente en blanco. Osomatsu sonrió, y acercó sus labios, su hermano no retiró el rostro y tomó a eso como que le daban permiso.
—Será mi primer beso, Pajamatsu...— Osomatsu le susurró en la oscuridad.
—El mío t-también...— A Choromatsu le hervía el cuerpo y estaba a un punto de desmayarse por tanta ansiedad acumulada.
