¡Llegó el capítulo! Quería transcribirlo y subirlo lo más pronto posible, pero debía hacer entrega de informes en mi trabajo.
¡Muchas gracias por sus comentarios! Me alegró mucho leerlos y saber que el capítulo pasado les gustó. ¡Gracias, gracias totales!
Y dejo leer, esperando que les guste :)
Contigo
Capítulo XII
Pensaba que era la primera vez que pisaba la casa de Harry Potter. Apenas y había logrado echarle un ojo desde la puerta, un par de veces, cuando volvieron a compartir la cena a base de unos sándwiches de pavo y té helado. No había notado que aquellos actos, aquellas pequeñas cenas compartidas, se habían convertido en rutina desde los perritos calientes, y se dio tan pronto como para sentirlo natural. No obstante, así lo apreciaba, bien natural. Veía increíble el hecho de que algo, en tan corto tiempo, se hiciera tan importante.
Miró la biblioteca repleta de un montón de libros, algunos viejos, otros no tanto. Lazarillo estaba ya abierto sobre su cama, en la habitación de huéspedes. Su familia se había apoderado, literalmente, de su enorme colchón matrimonial. En las repisas de las paredes había pocas fotos, en comparación con las de ella. Harry colgó sobre las paredes de la chimenea un par de portarretratos, la foto de Katherine y una de sus padres. Ginevra las observó con tanto detenimiento que pudo incluso quedarse bizca. Katherine fue muy hermosa, y los padres de Harry, los señores Potter, se veían muy guapos y felices. En la repisa sobre la chimenea había unas tres fotos más, no tuvo que preguntar quién era Sirius Black. Con las revelaciones que Harry le había dado con anticipación, pudo reconocerlo de inmediato. Era alto, con el pelo prácticamente blanco en su totalidad que le llegaba casi por los hombros, formando ondas que en la imagen se veían bien definidas. Era un hombretón de casi sesenta años, y tal como Harry le había comentado, parecía creerse aún un adolescente.
- Aunque no le queda del todo mal el estilo, ¿no crees? – tomó la foto de Sirius, examinándola más de cerca. Harry había llegado a su lado. – No se ve tan ridículo como mencionaste.
- Lleva la onda con tal seguridad que es capaz de convencer a cualquiera de que se ve bien – Ginny rió un poco antes de mirarlo, dejando la fotografía en su lugar.
- ¿Listo?
- No encontraba la hielera – señaló una pequeña hielera cuadrada de color azul, que cargaba en una mano.
- Compraremos hielo y bebida en el pueblo, antes de tomar camino.
- ¿No les molesta a tu familia que yo...?
- ¡Nada! Queremos que vengas con nosotros – sonrió, tomándole la mano libre. Consciente o inconsciente, buscaba cualquier oportunidad para tocarlo.
Después del beso, hacia tan solo unas dieciseises horas atrás, poco hablaron. ¿Poco? Fueron inexistentes las palabras. Un intercambio mudo de algo que no pudieron concretar de inmediato, y nada más. Pero no se complicaron la vida. Aquel día se saludaron como era habitual, y ella lo invitó al lago a compartir un rato. No era de adultos postergar la charla de algo que, de una u otra forma, los había movido de lugar. Al menos para ella era de esa manera. ¿Y para Harry? ¿No fue nada significativo? Podría preguntarle, ¿por qué no lo hacía? Conversarlo y listo. Pero de su boca no quería salir nada referente a lo que pasó. Ni a Hermione quiso comentarle, guardando aquel momento como un lindo secreto.
- Y tu sedan es necesario – comentó, saliendo ya de la casa. Harry había dejado las luces encendidas, como siempre.
- Todo acto, sea de quien sea, tiene su ración de interés.
- Tienes toda la razón – le sonrió anchamente.
- ¡Enhorabuena, Harry! – Ronald lo saludó desde el camino de entrada, se había rasurado la barba.
- ¡Venga! ¿Acaso no se ve un poco mejor? – habló Ginny. – Había llegado como el hombre de las cavernas.
- Todo es parte del estilo, Ginevra – respondió el hombre.
- Me dejaste el lavamanos lleno de pelos – dijo ella, y a Harry le vinieron ganas de reír.
- ¿Estamos listos? – Hermione bajaba del pórtico. Un enorme sombrero cubría su cabeza, tan parecido al que solía utilizar Ginny cuando trabajaba en el jardín. - ¡Rosie, Hugo! – llamó. – ¡Harry! ¿Cómo estás? ¡Qué bueno que vengas con nosotros! – Harry le sonrió.
- Gracias por invitarme.
- Cualquier amigo de Ginny es nuestro amigo – se acomodó el sombrero. – ¡Rosie, Hugo!
- ¡No encontraba mis lentes de agua! – el niño salió corriendo de la casa.
- ¿El lago es seguro para nadar?
- Completamente – respondió Harry. – Y hay que aprovecharlo, estando ya a finales de verano.
- ¿Guardaste el bloqueador, Ronald? – Hermione se disponía a sacar todo lo que estaba en el enorme bolso, solo para asegurarse de llevar todo lo necesario.
- Sí, cariño. Deja eso, está todo listo.
- ¡Metiste un montón de botanas!
- Solo un pequeño refrigerio.
- ¿Pequeño? ¿Y dónde está el bloqueador?
- ¡Ahí lo guardé!
Harry guardaba en su maletero la hielera y un pequeño morral que Hugo le tendió. Escuchaba la "pelea" de Ron y de Hermione y aquello le hacía recordar las propias con Katherine. ¿Por qué reñían? Estupideces, casi siempre; su manía por los dulces y el tocino en el desayuno. Que debía cuidar de su salud y blablablá…
Miró al pelirrojo, más divertido que enojado ante los reclamos de Hermione, y creyó que todos los matrimonios en algo se parecían mucho.
- Estamos perdiendo el tiempo, ¡vayámonos ya! Rosie, ¿dónde estás?
Ginevra apresuró a todos. Como el día anterior, hubo que hacer la distribución en ambos autos. Ron y Hugo volvieron a irse con Harry en el sedan, y Hermione y Rose con Ginny en el Volkswagen. Ronald aceptó a buen grado, demostrando cierta empatía por el vecino de su hermana. Y además, Harry tenía el aire acondicionado. Prendieron la radio a un volumen bajo y los dos hombres, sin decir nada, fijaron sus ojos en la carretera.
- Se me olvidó mi cámara fotográfica – comentó Hugo después de un rato, solo para decir algo. Aunque realmente, lamentaba haber olvidado su cámara.
- Estoy seguro de que Ginny trae la suya – dijo Ron.
- Yo quería la mía.
- ¿Te gusta la fotografía, Hugo? – preguntó Harry, observando al niño por el espejo retrovisor.
- Con mi tía sacamos muchas fotos.
- Ginny ama las fotografías – habló Ron, y Harry ya lo sabía. La mujer tenía tantas fotos en su casa que bien pudiese pasar por una galería. – Nos enceguecerá esa mujer con su flash disparando a cada rato.
- Una vez entró a un concurso – continuó Hugo – pero no ganó, ella…
- Quedó en segundo lugar – completó Harry, dándoles a entender de que conocía la historia. La misma Ginny se la había contado en una de sus tantísimas chácharas.
- Sí – el niño se recostó en el asiento, doblando la pierna derecha para apoyar el tobillo sobre la rodilla izquierda. – Ganó la foto de una mujer en tetas – se expresó con seriedad, soltando aquel hecho con naturalidad. Ronald rió con ganas al escucharlo y Harry no tardó en hacer lo propio.
- Que tu madre no te escuche hablando así – dijo el pelirrojo, aún riendo.
- Eso lo dijo tía Ginny.
- Sí, porque tú no sabes lo que es una mujer en tetas – Ron volvió a reír. Se volteó sobre su asiento y estiró un brazo, despeinándole el pelo a Hugo. – Muchachito… – volvió hacia el frente. – Pronto querrá él tomar ese tipo de fotos. ¡Hey! Cuidado sino ahora – dijo a Harry. – Está creciendo rápido el condenado.
Estando en el pueblo compraron lo necesario. Ron y Harry consintieron adquirir un montón de chocolates de más, y a Hermione casi le da un infarto al ver las bolsas. Ginny y Rosie lo aceptaron de buena gana, pues ellas también amaban el chocolate.
- Y debo ser yo quien lo atienda cuando muge por sus dolores de barriga – le murmuró Hermione, bajando del Volkswagen. – ¡Ese hermano tuyo, Ginevra!
- Lo adoras.
- Cómo no, lo adoro. Pero es… – se puso el sombrero y miró en derredor. - ¡Qué precioso lugar! – el estacionamiento quedaba a unos diez metros del muelle.
El lago se mostraba muy azul. Pequeños botes y lanchas se disponían a lo largo de la orilla. Dos yates muy lujosos flotaban un poco lejos. Había muchas familias y parejas paseando. El viento del día era fresco y traía consigo el aroma de pescado frito.
- ¡Pescado frito! - bramó Ron. – Pescado frito, podemos comer pescado frito. – Miró a su mujer.
- Traje una ensalada. Ayer comiste demasiado y estabas…
- ¡Es pescado, cariño! El pescado es muy sano y nutritivo.
- ¡Es frito!
- Por favor, cielo. No todos los días podemos comer pescado frito a la orilla de un lago como este.
- Eres imposible, Ronald – Hermione tomó el bolso de Hugo del maletero de Harry. – Imposible.
- Es divertido escucharlos, ¿verdad? – Ginny le ayudó con el hielo.
- ¿Tantas diferencias tienen?
- Ideales el uno para el otro – lo miró, Harry no levantó la vista. Se mantuvo atento a las bolsas de hielo ya guardadas en su hielera.
- Cabe una botella de gaseosa – Ginny le tendió la botella de Pepsi cola. – Bien, estamos listos.
- ¡Empecemos ya! – dijo Rose. Harry la vio con la cara totalmente llena de bloqueador. – Es mamá – aclaró ella, señalándose. – Es un poco… preocupada.
- ¡Deja que te tome una foto! – exclamó Ginny, buscando la cámara en el morral que colgaba de su hombro.
- ¡Por favor, tía! Ya no tengo dos años. Con la cara así parezco…
- Anda, una foto para tu tía.
- ¡Nada que ver!
- ¡Vamos, Rosie! Compláceme – la chica resopló. - ¡Por favor! Ponte con tu hermano. ¡Huguito, ven!
- Mamá está terminando de embadurnarlo.
- ¡Dios, Hermione! Sí que exageras – dijo a su cuñada, viendo al niño lleno de bloqueador.
- No me vas a decir que el sol no está fuerte.
- Déjala – habló Hugo. – Ya se quitará con el agua. ¡Toma la foto, tía! Quiero nadar.
Rose chasqueó la lengua, sintiéndose muy tonta para ese tipo de cosas. Sin embargo, rió con ganas al sentir a su hermano colgarse en su espalda como si fuese un mono. Ella se inclinó hacia adelante, sosteniéndolo mejor, y Ginny capturó una hermosa foto digna para la posteridad.
- ¿No son hermosos? – la mujer observó la fotografía reciente. – Irá directo a mi pared – mostró la cámara a Harry.
- Una muy buena foto, sí. Hugo comentó lo del concurso. ¿Recuerdas?
- Sí – chasqueó la lengua, tal cual lo hacía su sobrina. – La próxima trataré el tema de hombres en bolas. ¡Tal cual!
- ¿Alquilaremos un bote? – Hugo se veía impaciente. – Quedan pocas vacaciones y quiero contar algo genial a mis amigos de la escuela.
- Ir en bote no es algo tan genial, Hugo – dijo Rose.
- Quiero hacer esquí acuático.
- ¡Una gran idea, campeón! – Ron llegó junto a ellos, con bloqueador en las mejillas y sobre su larga nariz. Harry sentía curiosidad por saber quién había ganado la batalla sobre el pescado frito.
- ¿No es muy peligroso?
- En lo absoluto – convino Ginny. - ¡Mira! – señaló a un par de chicos sobre un bote, dando vueltas más allá del centro del lago. Un joven esquiaba con gran agilidad, sosteniendo una gruesa soga que se adhería a la lancha a través de un fuerte nudo. – ¡Yo también quiero hacerlo! ¡Vamos, Hermione!
- No lo creo.
- ¡Anda, mamá!
- Confiaré en tu tía y te dejaré hacerlo, pero yo paso. Ron, ve con él, ¡y que ajusten bien esas sogas!
- ¡Vamos, vamos! Antes de que cambie de opinión – Ron tomó a Hugo de un costado y corrieron como dos locos hacia el muelle. Ginny dejó la cámara en manos de Harry y los siguió, corriendo también como una loca.
- Así son los Weasley – dijo Hermione. – Ven, busquemos un lugar para instalarnos. Tesoro, ¿no quieres ir?
- Yo paso igual.
Buscaron un sitio no muy lejos de la orilla. El moreno dio la cámara a Rose para que tomara fotos a su hermano, padre y tía mientras esquiaban. Hermione pegó un par de saltos ante la impresión de que Hugo podría caerse y Harry los detallaba con una sonrisa. La mirada, más nítida tras sus lentes ahora con una gorra que se compró y que le protegía del sol, se fijaba en Ginevra un poco más de la cuenta. No era del todo consciente de la potente atención que le prestaba a la figura de la mujer, vestida con tan solo uno de sus shorts cortos de tela ligera y la parte superior de un bañador verde oscuro. Se lo había dicho ya, y se lo reiteraba sin ningún tipo de remordimiento; Ginevra era una mujer hermosa, y no tenía que sentirse culpable por creerlo así. No es malo aceptar la belleza de una mujer, sin pensar en dobles intenciones.
Y en realidad, ¿no pensada en esas dobles intenciones?
Sintió el súbito aumento de su temperatura corporal. Se quitó la gorra, se echó el pelo hacia atrás y volvió a colocársela. Viró la cara y notó a Rose observándolo con evidente atención. ¿Era muy obvia su atracción hacia Ginevra? ¿Y desde cuando le llamaba "atracción"? apenas y acababa de pensar en eso.
- ¿Todo bien, Rose? – preguntó, como quien no quiere la cosa.
- Todo bien, señor Potter.
- ¡Señor! ¡No estoy tan viejo! – la niña sonrió y se alzó de hombros.
- No me ha dicho que puedo llamarlo por su nombre.
- Puedes llamarme por mi nombre.
- Bien – volvió a sonreír, ahora viendo hacia el lago. Su padre y Ginny corrían hacia ellos, mojados de pies a cabeza. El pelo rojo les brillaba y desde las puntas les caían gotitas de agua. Hermione se había desplazado hacia la orilla, pendiente de Hugo.
- ¡Estará bien, cariño!
- Igual, Ron. Quiero verlo – la mujer se sujetó el sombrero con una mano. Miraba al niño nadar en el lago, cerca de la lancha encargaba de los esquís.
- ¡Excelente! ¿Seguro no lo quieres intentar, cielo? – preguntó Ginny a Rose. La chica negó con la cabeza.
- No, en un momento iré a nadar.
- Yo iré a comprar mi pescado frito.
- ¿A esta hora? ¿Y en qué fue que quedamos? – Hermione giró hacia su marido. – ¡Ronald! – el hombre pelirrojo trotaba hacia los puestos de comida. Harry no tardó en ver a Hermione correr tras él.
- Si preguntan, no son mis padres – Rose se levantó, sacudiendo la arenilla de su vestido floreado. De un movimiento se lo sacó por encima de su cabeza, quedándose en bañador. – Iré a nadar.
- Con cuidado, estaré atenta – dijo Ginny. Miró a la jovencita trotar hasta el lago y de un salto, zambullirse en el agua. – Aplaudo a George por las lecciones de natación – se sentó junto a Harry. Las piernas se les llenaron de arena al extenderlas al frente.
El hombre apreció el frío de su piel húmeda al sentir su brazo desnudo tocar el suyo, medio mojándole la manga de la camisa. Sus ojos se movieron de hito en hito por encima de sus piernas blancas, dándose cuenta de una que otra peca dispersa por ahí y por allá, como puntos de canela. Preciosas, pensó de inmediato. El calor aumentó otro poco, concentrándose en ciertos puntos que empezaban a alterarse. Se detuvo en sus pies, buscando calmarse, y detalló las uñas ahora pintadas de un rosa pastel.
- Rosie nos hizo la pedicure anoche – dijo ella, pillándolo.
Harry la observó, los ojos de Ginny se veían más claros de lo habitual ante el sol de ese día, sus mejillas estaban cubiertas por gotitas de agua y sus pestañas rojizas brillaban. Era un gesto implícito el roce de sus hombros, la caricia de los dedos de sus manos, apoyadas sobre la toalla en la que estaban sentados. Ginny levantó un brazo y le sacó la gorra, pasándole la mano por sobre la mata azabache, aplastándola bajo su palma para que, al dejarla, volviera a levantarse.
- Parece peluca – rió. – Oye, ¿no te piensas rasurar tú también? – pasó los dedos por su mejilla derecha, sobre su vello facial un poco más pronunciado. – ¿O quieres ser otro hombre de las cavernas?
- ¿Cómo me vería?
- No tan mal, creo.
- Quizá pruebe el estilo – presintió el movimiento de Ginny para apartar su mano y velozmente se lo impidió, colando la suya.
Era absurdo tanto análisis para algo que resultaba ser muy obvio. Harry sabía lo que quería; besarla. Nada más y nada menos. Quería volver a besarla, como el día anterior en su puerta y un poquito más. Quería besarla, ¿era eso malo? Ginevra lo miraba con enmudecida expresión. Quería besarla. Y sí, así empezaba todo. ¿Se estaba enamorando, o apenas la estaba deseando? No estaba del todo seguro, pero quería besarla. Llevó la mano libre a su cuello, deslizándola cautamente por su nuca, y la atrajo hacia sí sin recibir resistencia alguna. Ella quería ser besada también. Y de igual manera, como pasó en su puerta, y un poquito más. La mano que mantenía la caricia en su mejilla pasó a estar sobre su hombro, atrayéndola hacia sí.
Ginny flexionó las piernas, buscando más comodidad, y se dejó hacer. La boca de Harry le aclaró las dudas que pudiesen aún estar pugnando en su cabeza. Si se sentía feliz y en paz besándolo, estaba entonces en lo correcto.
Si estás en paz y feliz, pisas sobre tierra buena. ¿Era así como decía su madre? Pisaba tierra buena y el paisaje era prometedor. Los labios de Harry, al inicio un poco resecos y ahora suaves sobre los suyos, se abrieron para ella, ampliándole el panorama de algo que prometía ser estupendo.
- Hey… – apenas susurró, recuperando el aliento cuando él se retiró unos centímetros.
- Quería besarte – dijo sin pensarlo. – No tenemos que hablarlo, solo quería besarte. – Estaban tan cerca que Ginny aspiraba su aliento al él hablar. Harry se alejó un poco, sin aparta su mano de la nuca bajo su largo pelo rojo.
- ¿Querrás repetirlo?
- Voy a querer – volvió a hablar sin estudiar sus palabras. - ¿Podré?
- Cuantas veces quieras – tomó su muñeca y le apartó la mano del cuello para entrelazar sus dedos. – Cuantas veces quieras – repitió.
- ¿Quieres nadar? Hace calor – él sonreía como un niño, simple y sin complicaciones. Y que su mente no molestara, por los momentos se sentía de maravilla.
No quería pasar la visita de Ron y de Hermione por debajo de la mesa, por eso el capítulo en sí va un poco a la familia.
Solo quedan tres capítulos para terminar, centrados en quienes nos importan, por supuesto ¡Aclarando algunos puntitos!... y espero me acompañen con sus opiniones hasta el final.
¡Un abrazo, gente hermosa! Y feliz inicio de Diciembre.
Nos leeremos pronto..
Yani.!
