Capítulo 12: Castillo Hiryuu

Zeno detuvo su carrera en la cima de una colina desde la que se veía el castillo Hiryuu. Los tres fantasmas que le acompañaban se asomaron por detrás de su espalda para apreciar las vistas.

Era una visión tan nostálgica. Habían pasado más de veinte años desde la última vez que lo vieron. Se sintieron realmente conmovidos por todos los recuerdos que vinieron a su mente, del tiempo que habían vivido ahí felizmente todos juntos, sobre todo de cuando Hiryuu aun vivía.

-Ya era hora de que llegáramos – espetó Shuten con un exagerado gesto de hastío.

Guen y Abi fruncieron el ceño molestos. El dragón verde siempre se las tenía que arreglar para arruinar los buenos momentos con sus comentarios.

-No te quejes, Shuten. Tampoco hemos tardado tanto – le reprendió Guen.

-Apenas es mediodía – señaló Abi, alzando la mirada hacia el sol que estaba en su punto más alto en el cielo -. Han sido solo unas pocas horas, dudo que ni siquiera tú pudieras haber hecho este recorrido en tan poco tiempo.

-¡Cállate cabeza de pájaro! – exclamó el dragón verde, pareciendo ofendido -. No sabes lo que dices. Yo podría haberlo hecho incluso más rápido. Te lo habría demostrado si esta maldita cosa invisible no me impidiera alejarme del inútil.

-Puede que seas algo más rápido – le concedió Guen -. Pero dudo que pudieras haberlo hecho sin ni siquiera detenerte a descansar como lo ha hecho Zeno.

-Eso es mentira. El idiota se ha detenido varias veces – recalcó Shuten.

-Pero solo porque se le había agotado el tiempo de su poder de Ouryuu y necesitaba activarlo otra vez – le recordó Abi, esforzándose por no rememorar cómo lo había hecho el rubio exactamente. No había sido nada agradable -. Pero volvió a emprender camino justo después y en ningún momento ha parecido sentirse fatigado.

-Ventajas del poder de Ouryuu, supongo – añadió el dragón blanco con un ligero tono ácido -. Desde luego a Zeno nunca parecía faltarle la energía, aunque aparentemente fuera débil.

Shuten iba a protestar porque ambos se hubieran aliado para contradecirle, pero antes de que tuviera oportunidad Zeno volvió a emprender su carrera colina abajo, aunque esta vez a una velocidad más moderada.

Pronto llegó a las inmediaciones del poblado que había comenzado a construirse en las faldas de la colina sobre la que se alzaba el castillo Hiryuu, ya incluso desde los tiempos en los que el antiguo dios dragón aún caminaba por el mundo de los vivos.

Zeno se aseguró de colocarse bien la capucha de su capa de viaje para ocultar lo más posible su llamativa melena dorada y su rostro, a la vez que aminoraba el paso y comenzaba a mezclarse con el resto de gente, principalmente comerciantes por sus fachas, que avanzaban por el camino principal que llevaba al portón del poblado.

-Este gran portón es nuevo, ¿no? – inquirió Abi mientras analizaba la enorme estructura con la mirada, la cual parecía estar vigilada por dos guardias que observaban distraídamente a los transeúntes que pasaban.

Por la actitud de los guardias se deducía que los altercados no eran frecuentes, pero confirmaron aún más lo laxa que era la vigilancia cuando su hermano rubio pudo pasar por el portón, con su aspecto encapuchado y claramente sospechoso, sin que nadie ni siquiera se detuviera a fijarse en él detenidamente.

-Par de inútiles – espetó Shuten, mirando a los dos despreocupados guardias con desagrado y dándole a uno de ellos una patada con su pierna de dragón en la espalda cuando pasaron por su lado sin siquiera dudarlo, pero como era de esperar su ataque simplemente le atravesó. El dragón verde bufó claramente molesto -. ¿Qué se suponen que hacen solamente estando aquí de pie con cara de tontos? Se merecerían una buena tunda, por incompetentes.

-Cálmate, Shuten – le reprendió el dragón azul, a pesar de que también tenía un mohín de contrariedad -. No merece la pena que te alteres si no podemos hacer nada al respecto.

-Abi tiene razón – concordó Guen para luego añadir -: Además, tampoco podrían detenerse a registrar a todo el mundo. Por las horas que son y el tránsito de gente que hay todavía se puede deducir que pasan por aquí cientos de personas al día. Seria de locos tener una vigilancia exhaustiva a las horas del mercado. No podrían reunir suficientes hombres para llevarlo a cabo sin que se formara un atasco en la entrada, y aunque pudieran hacerlo sería contraproducente para el comercio de la zona.

-Tonterías – espetó Shuten tercamente -. No hay motivos válidos para justificar semejante inutilidad.

-Seguro que en las entradas del castillo la vigilancia será mucho más rigurosa – señaló Abi, buscando claramente apaciguar a su compañero, pero éste se limitó a volver a bufar disconforme.

Mientras hablaban Zeno había avanzando entre la ruidosa y animada muchedumbre, con tanto sigilo que la gente ni siquiera parecía percatarse de su presencia, y luego se coló por un callejón menos transitado para comenzar a zigzaguear por estrechos callejones por los que casi no pasaba gente.

-Creo que esta zona todavía no estaba construida cuando nosotros vivíamos aquí – habló Guen distraídamente mientras miraba atentamente a su alrededor -. Sin duda las cosas han cambiado mucho durante nuestra ausencia.

-Para peor – declaró el dragón verde totalmente convencido, claramente aún contrariado por los guardias de antes.

Los otros dos dragones suspiraron pesadamente, pero decidieron que no merecía la pena discutir en este momento con su terco hermano y lo dejaron pasar.

-De todos modos, ¿a dónde se dirige Zeno exactamente? – cuestionó Abi, haciendo uso de sus ojos de dragón para examinar mejor la zona, pero no encontró nada que llamara su atención aparte de más y más viviendas.

-Desde luego no a la entrada principal del castillo – aseguró el dragón blanco frunciendo el ceño -. ¿Qué estará planeando ahora?

-Es imposible averiguar lo que este inútil tiene en la cabeza – declaró Shuten convencido -. Bueno, aparte de aire. Estoy seguro de que principalmente está llena de aire, después de todo es un cabeza hueca.

-Ya basta Shuten – le reprendió Guen, harto de oír tantos insultos hacia su hermano de menor de boca de su bruto compañero -. Ya nos ha quedado claro que tú tampoco tienes ninguna idea al respecto.

El dragón verde volvió a bufar molesto, pero por lo menos dejó de hablar, cosa que los otros dos agradecieron.

Finalmente las viviendas se terminaron y llegaron a la zona que estaba justo a las faldas de la colina del castillo. Zeno comenzó a caminar por la zona mirando fijamente los arbustos y las rocas dispersas como si estuviera en busca de algo.

-Espera un momento – habló Abi con una repentina expresión de revelación -. No será que…

No le dio tiempo a concluir su frase antes de que sus sospechas no dichas se confirmaran cuando el rubio apartó un frondoso arbusto para dejar a la vista una trampilla de madera que permanecía hábilmente oculta en el suelo.

-Va a utilizar los pasadizos – señaló Guen sorprendido porque ya casi que se había olvidado de su existencia.

Hiryuu había mandado construir diferentes pasadizos camuflados en la estructura del castillo por si eran necesarios como rutas de escape o para algún otro menester. El antiguo Rey se había asegurado de hacérselo saber a sus cuatro guerreros dragones, pero ellos tres tampoco le habían prestado mucha atención en su momento, ya que habían creído que construir esos pasadizos era un poco paranoico. ¿Quién sería tan loco como para asaltar un castillo con dragones custodiándolo?

Sin embargo su hermano menor sí que parecía estar sacándoles provecho, porque tenía la llave que habría el candado que cerraba el pasadizo y luego caminó confiadamente por los laberinticos pasillos subterráneos alumbrándose con una antorcha que había estado convenientemente colocada en la entrada.

El rubio giró en cada esquina sin detenerse a pensárselo ni por un segundo, a pesar de las numerosas bifurcaciones y que todos los pasillos fueran prácticamente iguales, construidos así de forma premeditada para confundir a los posibles intrusos. Por su actitud quedaba claro que hacía uso de este pasadizo a menudo.

-Es impresionante – exclamó Abi boquiabierto mientras examinaba el trazado de los pasadizos gracias a que sus ojos de dragón podía ver a través de las rocas -. La estructura y distribución de los túneles forman un auténtico laberinto. Incluso a mí, con mis ojos de dragón, me resultaría complicado desentrañarlo sin haber visto antes el plano completo de los mismos.

-Lo que es impresionante es que el idiota haya podido memorizar la ruta tan bien como para poder andar por aquí tan confiadamente. No me extrañaría que se terminara perdiendo aquí abajo – señaló el dragón verde burlón.

-Ya deja de cuestionar la inteligencia nuestro hermano menor, Shuten – le reprendió Guen, mostrándole su garra de dragón apretada en un puño de forma amenazante, para luego añadir burlonamente -: Además, Zeno siempre ha sido superior a ti en lo que a inteligencia se refiere, así que, si le consideras idiota a él, tú eres aún peor.

-¿Qué has dicho? – inquirió el dragón verde cabreado.

A partir de ahí comenzó otra discusión tonta entre los dragones verde y blanco. Abi se limitó a suspirar pesadamente e ignorarles para seguir estudiando la distribución del laberinto para intentar averiguar hacia dónde se dirigían, pero era muy complicado. Si no fuera por sus ojos de dragón ya ni siquiera sabría si estaban caminando hacia el norte o hacia el sur. Todo estaba especialmente construido para hacerte perder la noción de tu posición. Sin duda el arquitecto que lo diseñó había hecho un gran trabajo.

Después de por lo menos veinte minutos de recorrido, finalmente comenzaron a acercarse al final del trayecto.

-Ya dejad de discutir, par de tontos. Estamos a punto de llegar – espetó Abi alzando la voz para interrumpir al dragón verde en mitad de una patada que estaba a punto de impactar contra el costado de Guen.

En medio de su discusión ambos dragones habían terminado envueltos en una batalla campal, como era habitual en ellos, pero por lo menos le obedecieron a la primera y dejaron su disputa de lado como si nada para mirar a su alrededor curiosos.

-¿Estás seguro, Abi-chan? Porque a mí este pasillo me parece exactamente igual que los otros. ¿No te estará fallando la vista con la edad? – le preguntó Shuten burlón.

Abi frunció el ceño molesto y le lanzó una mirada afilada que amenazaba con paralizar a su compañero dragón.

-Mi vista está perfectamente. Después de mi muerte he recuperado completamente el poder de Seiryuu que había ido perdiendo según crecía mi hijo. Al igual que vosotros, supongo – señaló con un tono ácido que no dejaba lugar a réplicas, aunque los otros dos tampoco tenían nada más que añadir porque lo que había dicho era cierto.

Sus poderes habían vuelto a ellos en todo su esplendor tras su muerte. Se sentían tan fuertes como en sus primeros años como guerreros dragones, y sin duda el aspecto joven que habían adoptado en sus formas de fantasma no hacían más que corroborar este hecho.

Zeno llegó a lo que parecía ser un callejón sin salida y miró fijamente el muro de piedra que impedía que siguiera avanzando mientras lo alumbraba con la antorcha desde diferentes ángulos.

-Lo que decía, el idiota se ha perdido – declaró Shuten convencido con un bufido de hastío.

-Siempre tan impaciente – se quejó Abi suspirando pesadamente -. Solo cállate y espera un momento.

Efectivamente poco después Zeno acercó una mano al muro de piedra y presionó una de las numerosas rocas que lo componían. Está se hundió con un chasquido, como si se tratara de un interruptor, y el muro de piedra se desplazó ligeramente para dejar pasar una franja vertical de luz solar al pasadizo.

-¿Decías? – le preguntó Abi al dragón verde, alzando una ceja burlón.

Shuten bufó y apartó la mirada, pero no le replicó. Guen por su parte soltó una leve risita, siempre disfrutaba cuando ponían a su terco hermano en su sitio.

-¿Y tú de qué te ríes, Hakuryuu? – le preguntó el dragón verde con tono despectivo y lanzándole una mirada afilada.

-De nada, de nada – reiteró el dragón blanco haciendo un gesto apaciguador, pero aún tenía una sonrisa en los labios y Shuten hizo un mohín de molestia que dejaba claro que no le creía ni una palabra.

Sin embargo la inminente discusión no pasó a mayores, porque mientras hablaban Zeno había colocado su antorcha en un soporte que había en la pared del pasadizo y había salido fuera de él después de asomarse por la raja que había abierto para comprobar que no había nadie cerca que pudiera verle.

Zeno había cerrado la pared corredera que servía de puerta para el pasadizo detrás de su espalda nada más salir, claramente sin reparar en que aún tenían que pasar aquellos que le seguían. Los tres dragones fantasmas parpadearon sorprendidos al verse envueltos por la oscuridad, y después de una leve vacilación avanzaron hacia delate para traspasar la pared que tenían frente a ellos como si nada, saliendo también al exterior. Aun se sentían incómodos por su naturaleza incorpórea, pero debían reconocer que era práctica en estos casos.

A su vista quedó uno de los pasillos interiores del castillo Hiryuu y frente a ellos había uno de sus frondosos y bien cuidados jardines, pero a pesar de haberse pasado años viviendo en el castillo sus alrededores no les resultaban familiares.

-¿Dónde demonios estamos? – preguntó el dragón verde frunciendo el ceño contrariado en medio de su confusión.

-Nos encontramos cerca del santuario de Hiryuu – habló Abi que seguía valiéndose de sus ojos de dragón para examinar su entorno -. Solo que aparentemente han hecho muchas reformas y cambios en la decoración, puede que sea obra de la nueva reina. Y nosotros tampoco frecuentábamos mucho esta parte del castillo hasta que…

El dragón azul dejó la frase inconclusa con una mueca de pesar, pero los otros dos sabían de sobra lo que quería decir. No tenían por costumbre visitar el santuario hasta que falleció Hiryuu.

-Es de esperar que hayan cambiado las cosas. Después de todo han pasado más de veinte años desde la última vez que estuvimos aquí – señaló Guen, tratando de aligerar el ambiente sombrío que se había creado entre ellos.

-Cierto – concordó Shuten, aunque parecía tener su atención centrada en otra cosa porque en seguida añadió -: Pero, ¿se puede saber qué hace este idiota jugando todavía a ser ninja? – inquirió señalándole con tono de molestia.

Los otros dos dragones se giraron para mirar a su hermano menor. Habían estado siendo arrastrados por la fuerza invisible que les ataba a él sin ni siquiera darse cuenta mientras el dragón amarillo avanzaba sigilosamente por el pasillo. Seguía con la capucha colocada de modo que le ocultara el pelo y la mayor parte del rostro y se deslizaba silenciosamente por las sombras mientras lanzaba constantemente miradas a su alrededor. Claramente estaba intentando pasar desapercibido, o más bien que nadie se percatara de su presencia directamente.

-¿Desde cuándo Zeno tiene que colarse a hurtadillas en el castillo? – inquirió Abi confundido -. ¿Acaso no se supone que vive aquí?

-A lo mejor le echaron a patadas por inútil y ahora tiene que colarse como un vulgar ladrón – sugirió Shuten burlón.

-Ya deja de decir barbaridades, Shuten – le reprendió el dragón blanco molesto -. Yo aún tenía informantes dentro del castillo, y me consta que Zeno sigue siendo el Gran Sacerdote del castillo Hiryuu.

-A menos que el idiota utilizara otro de sus truquitos para mantener engañado a tu contacto – señaló Shuten.

-Eso no tiene sentido. ¿Por qué demonios querría ocultarnos algo así? – inquirió Guen escéptico.

-¿Tal vez por el mismo motivo por el que nos embaucó con todas sus otras mentiras y medias verdades? – le devolvió la pregunta sarcástico, ante lo cual el dragón blanco se quedó sin argumentos y solo pudo morderse la lengua y gruñir molesto.

En ese momento Zeno finalmente pareció llegar a su destino porque se apresuró en abrir una puerta con llave y luego entró dentro para volver a cerrarla inmediatamente detrás de él tras echar un último vistazo a su alrededor para asegurarse de que nadie le había visto.

Los tres dragones fantasmas volvieron a atravesar la pared para seguirle y se encontraron dentro de una habitación de tamaño medio. Tenía pocos muebles, entre ellos una cama, un escritorio, un pequeño tocador con espejo y un armario; y estos eran sencillos y humildes. De hecho, a parte los muebles, la habitación parecía bastante vacía e impersonal. No había ningún tipo de adorno o decoración a la vista, desde luego nada ostentoso; solo había algunos objetos prácticos repartidos descuidadamente por ahí, como documentos y plumas sobre el escritorio, algunos productos de aseo en el tocador y ciertamente poco más.

Mientras los tres examinaban la austera habitación, Zeno avanzó hasta el fondo de la sala, quitándose la capucha de su capa de viaje y luego descolgándose la espada con su vaina que llevaba en la cintura.

El dragón amarillo se quedó mirando el arma con sus ojos azules llenos de pesar durante unos segundos y luego colgó la espada en unos ganchos que había como soporte en la pared. Miró el objeto solo durante un par de segundos más, para después alejarse en dirección al armario y abrirlo.

Los tres dragones se asomaron al armario por detrás de su espalda curiosos. En la parte superior del interior del mueble había un perchero del que había colgado una única percha con una ostentosa túnica sacerdotal. Sin duda esa era la ropa que portaba Zeno cuando ostentaba su cargo, pero eso no fue lo que más sorprendió a los dragones y les hizo parpadear confundidos. En la parte baja del armario se podían ver números conjuntos de ropa cuidadosamente doblados, que eran exactamente iguales a la ropa humilde que le dragón amarillo llevaba puesta ahora. Debía haber por lo menos veinte conjuntos iguales.

-¿Qué demonios? – espetó Shuten, siendo el primero en reaccionar -. ¿Por qué tantos? ¿Acaso ahora se dedica a vender ropa en su tiempo libre?

-Ciertamente es extraño – concordó Abi pensativo -. No recuerdo que Zeno fuera tan específico en sus gustos de ropa. Es cierto que yo le regañaba en su día porque casi siempre tenía puesta la misma ropa humilde, apenas cambiaba de estilo, pero era obvio que era siempre el mismo conjunto con lo desgastado que estaba. Él insistía en que no necesitaba más ropa, que con tener un par de conjuntos tenía suficiente. Con su nuevo cargo puede que se haya visto obligado a cuidar más de su aspecto, pero tantos iguales…

-La respuesta a este misterio es obvia. ¿Acaso no lo veis? – inquirió Guen con el ánimo sombrío y los otros dos dragones se giraron para mirarle curiosos -. Tiene esta ropa aquí reservada para sus salidas al campo de batalla. Con su estilo de lucha, dejándose herir para activar su poder, seguramente la mayor parte de las veces su ropa quede inservible después de un solo uso. Solo recordad el estado en el que se encontraba cuando nos unimos a él después de la batalla, era un auténtico desastre.

Los otros dos dragones hicieron una mueca de desagrado ante el recuerdo, pero no le rebatieron ni añadieron nada más. Era obvio que el dragón blanco había dado con la respuesta correcta y ciertamente preferían no darle más vueltas al asunto. No era un tema agradable.

Mientras ellos hablaban, Zeno se había cambiado de ropa para ponerse la ostentosa túnica de sacerdote. Una vez que terminó se quedó ahí de pie durante unos segundos, como si estuviera dudoso sobre qué debería hacer a continuación, y finalmente retrocedió hacia su cama para sentarse en ella y quedarse ahí quieto con la mirada gacha y pareciendo completamente derrotado y deprimido.

Por un momento los otros dragones temieron que fuera a ponerse a llorar otra vez, pero no fue así. Aunque sus ojos azules estaban apagados y cargados de pesar no derramaron ni una sola lágrima. Pasaron unos cuantos minutos en los que nadie dijo nada ni hizo ningún movimiento, solo permanecieron mirando al deprimido Zeno compartiendo parte de su abatimiento.

-¿Acaso piensa volver a quedarse sentado en el sitio durante quién sabe cuántas horas? Creía que el idiota por lo menos ya había superado esta fase. Es tan inútil – habló finalmente Shuten con hastío sin poder contenerse.

-Cierra tu bocaza, Shuten, o juro que te volveré a matar – le advirtió Guen con una mirada amenazante.

Gracias a los cielos el dragón verde le hizo caso y guardó silencio después de soltar un último bufido de molestia apartando la mirada.

Abi por su parte se entretuvo en analizar más detenidamente la habitación en la que se encontraban, ojeando los documentos que había sobre el escritorio, incluso los que estaban tapados por tener otros papeles encima gracias a sus ojos de dragón, y luego echó una última ojeada al tocador casi vacío y al armario lleno de numerosos conjuntos iguales. Un sentimiento frío y desagradable se agarró a su pecho, sin saber muy bien por qué, pero antes de que se diera cuenta ya estaba hablando:

-Se supone que esta habitación es de Zeno, pero no lo parece – habló el dragón azul en un susurro, como si necesitara poner sus pensamientos en palabras para desentrañar lo que sentía más que por pretender ser escuchado. Pero sus dos compañeros alcanzaron a oírle en medio del silencio que les rodeaba y le miraron curiosos, aceptando gustosos la distracción.

-¿Qué quieres decir? – le preguntó Guen -. Es cierto que ahora está en una habitación distinta a la que tenía antes, menos grande y lujosa, pero seguramente será porque por su cargo de sacerdote necesite estar cerca del santuario y tampoco estaría muy bien visto que él viviera en el lujo.

-No se trata de eso. Sabes que los lujos nunca fueron del agrado de Zeno, más bien le hacía sentirse incómodo verse rodeado de ellos. Yo me refiero a… – Abi hizo una pausa, como si tuviera problemas para encontrar las palabras adecuadas, y finalmente preguntó -: ¿Vosotros llegasteis a entrar en los aposentos privados de Zeno cuando aún vivíamos en el castillo?

-¿Para qué se supone que querría hacer eso? – espetó Shuten arqueando una ceja sarcástico -. El inútil y yo nunca nos llevamos lo suficientemente bien como para que quisiera pasar más tiempo del necesario con su molesta presencia entusiasta y brillante. Me habría estallado la cabeza.

Abi le lanzó una mirada afilada contrariado por sus rudas palabras, pero no se molestó en decirle nada.

-Alguna vez – admitió Guen por su parte, después de un momento de consideración, decidiendo también hacer oídos sordos de lo que dijo su compañero.

-Yo sí que estuve allí bastantes veces. Después de todo, alguien tenía que ir a llamarle la atención cuando descuidaba sus obligaciones por su habitual actitud despreocupada. También pude verla numerosas veces cuando aún tenía problemas para controlar mis ojos de dragón y atravesaba las paredes con la mirada sin pretenderlo al estar en habitaciones contiguas – reconoció Abi con un leve sonrojo, claramente azorado por su admisión. Shuten sonrió ladinamente, dispuesto a sacar provecho de la nueva información para burlarse, pero el dragón azul siguió hablando antes de que tuviera oportunidad de hacerlo -. Por todo eso recuerdo claramente que, aunque sus aposentos tenían una decoración modesta y humilde, a pesar de todo parecía tan colorida y brillante. Tenía numerosos detalles y toques personales por todas partes. Dibujos infantiles colgados en las paredes, piedras de de diferentes colores, varias plantas y muchas más cosas que aparentemente eran inútiles objetos sin valor. Seguramente todas esas cosas fueran regalos que le hacían la gente pobre de las cercanías a las que él ayudaba, y seguramente guardaría todos esos trastos como si se trataran de tesoros. Yo varias veces le reprendí por tener sus aposentos como si se trataran de un trastero, pero él solo sonreía tontamente y le quitaba importancia al asunto. Recuerdo todo eso con tanta claridad, pero ahora…

Abi miró una vez más a su alrededor, hacia la habitación impersonal y falta de color, con obvio pesar.

-Ya entiendo lo que quieres decir – le dijo Guen, dándole a entender que no necesitaba decir más, compartiendo su mirada abatida, pero poco después añadió -: A lo mejor es porque por sus obligaciones no puede pasar mucho tiempo en sus aposentos, o incluso puede que ahora no le consientan tener semejante desorden porque deba mantener una buena imagen.

-Puede ser – le concedió el dragón azul, pero todos ellos sabían que todo eso eran escusas.

Sin duda su hermano menor había cambiado mucho desde la última vez que le vieron, en todos los aspectos, y cada nueva cosa que descubrían no hacía más que aumentar la certeza de que el cambio había sido para peor.

Zeno ya no parecía ser la persona animada y risueña que ellos recordaban, los años solo parecían haber contribuido a apagar el brillo y la calidez que transmitía y siempre le habían hecho tan especial. Ciertamente ya no sabían si podían decir que le conocían.

De repente se escucharon unos golpes en la puerta de la habitación, sobresaltando a los tres fantasmas que salieron de sus pensamientos y se giraron hacia ella.

-Gran Sacerdote, ¿está usted aquí? – se escuchó una voz desde el exterior.

Zeno, que de primeras parecía no haber reaccionado a los golpes, alzó la mirada al oír la voz y miró la puerta indeciso, claramente dudoso sobre si debería responder o no.

-¿Quién es, Abi-chan? – preguntó Shuten.

-Es un hombre alto y de mediana edad – comenzó a explicar el dragón azul valiéndose de sus ojos de dragón para ver a través de la puerta -. Tiene una corona en su cabeza, así que debe ser el actual rey.

-¿Yak-shi? – inquirió Guen, sorprendido pero también un poco ilusionado.

No le habían vuelto a ver en persona desde que se marcharon del castillo, y entonces aún no era más que un niño. Sin duda ahora debía de ser todo un hombre.

-Por favor, respóndame Gran Sacerdote – volvió a hablar el rey desde fuera, claramente preocupado por su tono de voz -. Sé que está ahí. Un sirviente me ha hecho saber que ha oído movimientos en su alcoba. ¿Me permite entrar?

Ante sus palabras el rubio suspiró pesadamente y volvió a bajar la mirada hacia su regazo, claramente resignado.

-No soy nadie para impediros entrar si ese es vuestro deseo, alteza – habló Zeno, lo suficientemente alto como para que le oyera desde fuera, para luego añadir -: La puerta está abierta.

Inmediatamente después la puerta se abrió y el hombre entró apresuradamente volviendo a cerrar a sus espaldas, casi como si temiera que el rubio cambiara de opinión.

Los tres dragones fantasmas se detuvieron en fijarse en el aspecto y porte del recién llegado, tratando de relacionarla con la imagen del niño llorón e inseguro que habían dejado en el castillo veinte años atrás. Sin duda los años habían hecho maravillas en él, se había convertido en un hombre hecho y derecho.

Sin embargo los tres dragones no tuvieron mucho tiempo para perderse en esos pensamientos, porque poco después de entrar Yak-shi comenzó a hablar.

-Estaba preocupado por usted, Gran Sacerdote. Me hicieron saber que no se había presentado para la ceremonia que estaba programada para esta mañana y que no conseguían dar con usted.

Zeno alzó la mirada para encararle, y fue entonces cuando el rey pareció darse cuenta de lo deprimido y abatido que se encontraba el dragón amarillo sin necesidad de que éste dijera nada.

Yak-shi pareció un poco sorprendido e impactado de primeras, pero en seguida se recuperó adoptando una expresión seria y también de ligera preocupación.

-¿Qué os ha pasado, Gran Sacerdote?

ooooooooooooooooooooooooooo

Muchas gracias a todos los que me dejasteis un review mostrándome vuestro apoyo en el anterior capítulo. Sin duda me habéis dado las fuerzas para seguir adelante con este ambicioso fanfic con el que aspiro llegar a alcanzar el manga en algún momento… Bueno, para eso todavía queda mucho, mucho camino por delante, pero dejadme soñar XD

El caso es que finalmente habéis hecho que me decida por el rumbo más largo que me había planteado para este fanfic. Así que, además de relatar los detalles de la vida de Zeno que ya conocemos, trataré de llenar los espacios en blanco con mis propias ideas y teorías sobre lo que pudo pasar o me gustaría que hubiera pasado.

Este capítulo ha sido un poco monótono y con poca actividad, pero en los próximos se vienen cosas muy movidas y reveladoras, os lo aseguro, y los dragones originales descubrirán muchas cosas sobre el tipo de vida que lleva ahora Zeno y lo que ha estado haciendo en los 20 años que han pasado desde que ellos se marcharon.

En cuanto a mis futuras actualizaciones, por ahora solo os puedo prometer que subiré el siguiente capítulo de "Los días borrachos reducen las inhibiciones" el próximo viernes. En esta semana ya concluiré todos mis exámenes, así que espero poder volver a recuperar el ritmo para publicar cosas más seguido pronto, pero por ahora no quiero "pillarme los dedos" prometiendo ninguna actualización más por si acaso hasta que recupere un poco de normalidad.

Nuevamente os agradezco por todos los lindos reviews y me despido. Nos vemos en alguno de mis próximos fanfics o traducciones.