Descargo de responsabilidad en el primer capítulo.
Nota: Bueno, bueno... Dado que la historia va subiendo de tono, en este capítulo cambia la calificación de K+ a T ;)
Nota2: El capítulo 13 se publicará el sábado 13 de julio.
Capítulo 12
Emma era toda felicidad cuando volvió a su casa después de dejar a Leroy en su apartamento. La evidencia de la tarde con Regina aún seguía allí en forma de recuerdos y cacharros sin lavar.
"Me ha besado", recordó Emma apoyándose en la encimera de la cocina para revivir las últimas tres horas con vívido detalle. "Regina Mills, la Reina de Hielo, la implacable alcaldesa de Storybrooke, me ha besado".
Eufórica, Emma se quitó los tacones y, decidiendo que los platos podían esperar a lavarse mañana, subió las escaleras y se echó en su cama.
Lo había conseguido. Había salido con Regina sin que la velada hubiese acabado en pelea. Y la había besado. ¡Madre mía! Ése sí que se convertiría en uno de los momentos más memorables de su vida.
Echó un vistazo al reloj para ver que habían pasado las diez. Puso un dedo en su barbilla con expresión pensativa y se levantó para alcanzar el bolso de mano y sacar su teléfono. No estaba siendo obsesiva. Sólo quería decir buenas noches, eso era todo.
Hey.
Menos de un minuto más tarde, su móvil se encendió y un mensaje de Regina apareció en la pantalla. Emma sonrió.
Me está acosando, señorita Swan.
¿No será que tú tienes el síndrome de Estocolmo?
Todavía tienes que trabajar en esas bromas.
Ha estado bien la tarde. Me ha gustado.
Podría haber estado peor.
¿Tan difícil se te hace admitir de vez en cuando que estás feliz y contenta?
¿No crees que te estás arriesgando demasiado? Si sigues así, puede que no consigas una segunda cita.
Así que se habla ya de una segunda cita. Tú dirás.
¿Vas a dejar que haga yo todo el trabajo?
No sé, ¿fuiste tú la que se pasó todo el último mes escondiendo notas por todas partes? Tuve que hacer la colada durante una semana para convencer a Mary Margaret de hacerlo.
Pobre Emma con su confusión de género.
Nunca me voy a quitar el estigma, ¿verdad?
No si quieres una segunda cita.
Ya lo has mencionado dos veces. Parece que usted es la más ansiosa, señora alcaldesa.
Quizá sea porque quiero comprobar si finalmente te atreverás a dar el primer paso.
Estaba a punto de hacerlo.
Claro que no, me hubiera dado tiempo a ponerme el camisón y meterme en la cama para cuando te hubieras atrevido. Al final tuve que acercarme y hacerlo yo. Como siempre.
Mmmm. ¿Te importaría describir tu camisón?
No es nada del otro mundo. Quizá si me hubieras besado, habrías tenido la oportunidad de verlo.
Buenas noches, sheriff.
Emma se quedó mirando el móvil con la boca abierta. ¿Cómo lo había hecho? ¿Cómo había conseguido esta mujer meterse en su cabeza y saber exactamente lo que estaba pensando? Se quedó mirando el mensaje de texto y se echó mentalmente la bronca. Tenía que haberla besado.
-Asumo que la cita fue bien -dijo Kathryn dando un codazo amistoso a su amiga la mañana siguiente. Acababa de traer a Henry, que se había quedado a dormir en su casa la noche anterior.
-¿Cómo fue? -preguntó Henry levantando la vista con ojos curiosos-. ¿Emma está todavía aquí?
Los ojos de Kathryn destellearon ante la implicación inadvertida de Henry. La morena se puso colorada y llevó a Henry a la cocina para tomar el desayuno.
-No, Henry, Emma está en su apartamento con Mary Margaret.
El niño pareció decepcionado, pero se sentó en la mesa al momento.
-¿Qué hicisteis?
Regina se contuvo de poner los ojos en blanco ante la curiosidad de su hijo. En vez de eso, puso unos gofres y fruta en un plato y se los sirvió a su hijo para desayunar.
-Come. ¿Has dado ya las gracias a la señora Nolan por dejarte pasar la noche en su casa?
Henry asintió mientras pegaba un gran mordisco al gofre con sirope. Regina se quedó un momento observándole. No había acusación en sus ojos, ni rastro de miedo o desdén. Sólo esperanza. En un impulso, la morena acarició uno de los mechones rebeldes de su hijo quien, como buen pre adolescente, gruñó y soltó un quejido sacudiéndose su muestra de afecto, aunque no parecía molesto.
Sin embargo, Regina sonrió felizmente, contenta de que Henry no se hubiera puesto tenso y caminó hacia Kathryn, que estaba esperando apoyada en la nevera.
-¿Y bien? -la apremió su amiga con tono ansioso esperando más detalles de la noche anterior.
Regina se tensó. No estaba acostumbrada a las "charlas de chicas".
-¿Adónde fuisteis? -quiso saber la rubia-. ¡Oh! ¿Cenasteis en La Nuit Blanche? He oído que es casi imposible hacer reservación allí.
La alcaldesa frunció el ceño, pero no pudo evitar que una sonrisa se asomara a su rostro al recordar los acontecimientos de la noche pasada.
-Acordamos cenar en su apartamento. Cocinó ella.
-¿Dejaste que cocinara para ti? -preguntó Kathryn, sorprendida.
Regina simplemente se encogió de hombros.
-Bien -dijo Kathryn-. ¿Para cuándo la siguiente cita?
Regina se sonrió mientras cambiaba el peso de un pie a otro recordando su intercambio de mensajes post cita.
-Imagino que muy pronto.
Regina daba golpecitos con el bolígrafo en el escritorio mientras veía girar las manecillas del reloj. Comprobó su teléfono, su bandeja de entrada e incluso el chat que había instalado recientemente en el portátil que utilizaba para trabajar para comprobar si Emma estaba conectada.
Llevaban una semana saliendo -ya habían tenido tres citas- y ya era una costumbre casi diaria que la rubia le mandara un mensaje para preguntarle cómo había ido el día o para contarle alguna anécdota que le había pasado a ella.
Era casi mediodía y no había señales de Emma. Regina se regañó a sí misma. La dependencia de una persona siempre causa problemas.
Contrariamente a lo que su mente había decidido, su cuerpo alcanzó automáticamente el teléfono cuando vibró dos veces encima de su escritorio.
¿Qué haces?
Trabajando, señorita Swan.
¿Así que estás libre?
Creo que no tienes muy claro lo que significa el verbo "trabajar". Tú lo relacionas con garras de oso, chocolate caliente y baloncesto con bolas de papel arrugado.
Casi: dardos.
Eres consciente de que soy tu jefa, ¿verdad?
Sacando a relucir esa fantasía otra vez, ¿eh?
Vuelva al trabajo, sheriff. Estoy ocupada.
Lo dudo mucho. Abre.
¿Perdón?
Regina levantó la vista cuando escuchó un golpe en la puerta de su oficina. Se quedó boquiabierta sin poder creer lo que estaba sospechando antes de levantarse y abrir la puerta para confirmarlo.
Allí estaba Emma apoyada en el marco con una sonrisa fanfarrona y una bolsa de comida para llevar.
El teléfono de Regina, todavía firmemente sujeto en su mano, vibró y la morena bajo la mirada para leer el mensaje entrante:
Sorpresa.
-Te crees irresistible, ¿eh? -se burló Regina haciendo un esfuerzo por cruzar los brazos y parecer enfadada.
-Te he traído el almuerzo -contestó la sheriff sosteniendo la bolsa en una especie de muestra de son de paz. La morena le señaló el camino hasta su escritorio, donde Emma comenzó a sacar el contenido de la bolsa.
-Te he dicho que estaba trabajando -le recordó Regina desde la puerta.
-Claro, esa enorme montaña de documentos necesita tu inmediata atención -dijo Emma en tono de burla señalando el escritorio casi vacío.
Regina sacudió la cabeza y cerró la puerta antes de sentarse en una silla vacía al lado de la rubia.
Emma sonrió ante su elección de asiento, pero no dijo nada. En vez de eso, colocó un panini enfrente de la otra mujer y una ensalada para ella.
-¿Se ha congelado el infierno? -bromeó Regina señalando el almuerzo de Emma.
-Quizá quiera vivir más allá de los cuarenta -respondió ella. Después, apartó la ensalada y sacó una hamburguesa doble con queso.
Regina soltó una carcajada.
-Sigue intentándolo, querida.
La morena pegó un mordisco a su sándwich.
-Todavía sigues ocultándome información.
-¿Después de 147 notas? Eso es imposible -respondió la rubia clavando el tenedor de plástico en una hoja de lechuga.
-¿Las has contado?
-Como que tú no lo has hecho.
Regina la ignoró y continuó.
-¿Cuál es el error del que más te arrepientes?
Emma contestó con otra pregunta.
-¿Cuál es tu posición favorita?
-No es mi intención recrear esa conversación -dijo Regina algo irritada.
-Pero reconocerás que fue bastante divertida -señaló Emma.
Regina bajó la voz y se inclinó ligeramente hacia delante.
-Sólo quieres oírme decir eso.
Emma se quedó mirándola unos momentos, feliz de estar siendo seducida. Sacudiéndose la idea de la cabeza, dejó por un momento su ensalada y volvió a coger la hamburguesa.
-La verdad, hay otras cosas que preferiría que salieran de tu boca.
Regina resopló y tomó un sorbo de su café.
-No has contestado la pregunta.
-Tampoco es que sea un asunto de Estado -prometió Emma-, pero creo que mantenerlo en secreto ayudará a que sigas altamente interesada en mí.
-Me habré aburrido de ti para final de mes -comentó Regina casualmente.
-Eres demasiado adicta -dijo Emma desestimando el comentario de Regina antes de dar otro mordisco a su hamburguesa-. ¿Y qué hay de ti? ¿Tu mayor error?
-Ésa es una historia para otro momento -contestó la alcaldesa aún riéndose por el comentario anterior de la rubia.
-¡Venga ya! -la incitó Emma-. Quiero escuchar una historia de Regina Mills contada por Regina Mills.
-No hay nada que contar -dijo Regina sintiéndose incómoda.
-¿Qué hay de esa relación que escondiste a tus padres? -preguntó Emma-. ¿Alguien que yo conozca?
Los ojos de Regina se oscurecieron casi imperceptiblemente cuando se giró para sentarse totalmente de cara a la rubia y se inclinó para dejar una cálida mano en su pierna.
-¿Era el almuerzo todo lo que querías, sheriff? -dejó caer la alcaldesa.
Emma era perfectamente consciente de la mano en su muslo. Sí, se había imaginado a la alcaldesa en un sinfín de escandalosas posiciones desde mucho antes de empezar a salir con ella. Pero tener a la Regina de carne y hueso acercándose a ella de esa manera… era mucho mejor que todas sus fantasías juntas.
-¿Por qué? ¿Tenías alguna otra cosa planeada? -preguntó Emma esperanzada.
Regina acortó aún más la distancia que las separaba hasta que su cara estuvo a escasos centímetros de la de Emma.
La rubia cerró los ojos y clavó las uñas en la parte inferior de sus reposabrazos.
-¿Señora alcaldesa? -llamó en ese momento el interfono.
Emma abrió los ojos de golpe para encontrarse con una Regina pagada de sí misma que no parecía arrepentirse de nada en absoluto.
-Quizá en otro momento -dijo la alcaldesa antes de levantarse y responder al aparato.
-No es justo -se quejó Emma poniéndose también de pie.
-Al contrario. Hoy he tenido almuerzo gratis. Gracias, sheriff -A pesar de su tono sarcástico, Emma pudo percibir que su agradecimiento era sincero.
La rubia tomó aire y empezó a recoger los restos de su almuerzo del escritorio. Regina ya se había vuelto a sumergir en sus papeles, así que Emma fue rápida quitando todos los envases y tirándolos a la basura.
Con un gesto de la cabeza, anunció que se iba y se dirigió hacia la puerta antes de parase en seco. Volvió sobre sus talones y caminó hacia la alcaldesa, que levantó la mirada y se quedó mirándola, confusa.
Emma llevó su dedo a la barbilla de Regina y levantó su cabeza para depositar un dulce beso en sus labios, gesto que dejó a la morena brevemente sin respiración.
-Olvidaba que ahora tengo permitido hacer eso.
Regina emitió un sonido de satisfacción contra los labios de Emma antes de que la sheriff sonriera y se alejara de nuevo para abandonar -esta vez sí- la oficina.
-Me alegra saber que sigues viva -bromeó Mary Margaret después de decir el nombre de Emma unas cuantas veces en vano al ver que la rubia había bajado de su cuarto.
Emma ni siquiera levantó la cabeza y siguió tecleando enérgicamente en su móvil.
-Hace una semana que no cenamos juntas -comentó la morena.
Emma se sentó en la encimera, por fin atenta a su compañera de piso mientras una sonrisa traviesa en su rostro delataba en tono de la conversación que estaba manteniendo en su teléfono.
-Perdón, ¿qué decías?
La pequeña profesora entornó los ojos.
-¿Hay algún momento del día en que dejes de mandarte mensajes con Regina?
-Sí -se defendió Emma bajando la mirada para leer un nuevo mensaje en su teléfono.
-Las horas de sueño no cuentan -suspiró Mary Margaret dando la batalla por perdida y volviendo a la cocina para hacer la cena.
Emma asintió y siguió haciendo comentarios en el momento apropiado cuando su compañera de piso empezó a hablarle de su día, pero su mente estaba inevitablemente centrada en la conversación que estaba teniendo con la alcaldesa.
Para nadie era un secreto que las dos mujeres eran ampliamente conocidas por sus eufemismos y su fuente inagotable de indirectas subidas de tono y, en múltiples ocasiones, disfrutaban de calientes sesiones de besos como dos adolescentes con las hormonas alborotadas. Pero el tono de la conversación de aquella noche había dado un giro bastante interesante. Emma estaba emocionada -e indudablemente excitada- cuando respondió al mensaje de Regina.
Es fácil, es como contar una de tus fantasías pero de manera deliciosamente gráfica y detallada.
¿Y cómo puede ser eso estimulante?
Lo es si cierras los ojos, escuchas mi voz y sientes mis dedos trazar una línea en tus piernas y rozar ligeramente tus muslos.
Mmmm, no creo que eso sea suficiente.
En este momento te tiro sobre mi cama. Chirría, así que tenemos que tener cuidado de no hacer mucho ruido para no despertar a nadie. Presiono mis labios ligeramente contra tu garganta, que vibra cuando sueltas un gemido. Recorro tu cuello arriba y abajo con mi lengua para aliviar la tensión.
Va mejorando.
Mientras te distraigo con eso, mi mano, todavía sobre la piel desnuda de tu muslo, va subiendo más y más acercándose a tu ropa interior de seda. No necesito tocar para saber que está húmeda.
Toca.
Oh, lo haré, lo prometo. Pero, en vez de eso, uso mi mano libre para tirar de tu camisón hacia arriba mientras mis labios dejan marca en el hueco de tu garganta, y tus manos se enredan en mi pelo para acercarme más. Estoy tan cerca que muerdo tu cuello haciéndote gemir por segunda vez.
Mi mano sube por tu abdomen y puedo notar tus pezones erectos. Suelto un gruñido mientras mi boca desciende para saborearlos, lamerlos, provocarlos. ¿Se siente bien?
Muy bien, más abajo
Me río entre dientes con mi boca todavía contra tus pechos mientras te oigo jadear y siento tu corazón latir a mil por hora. Estás desesperada, pero me tomo mi tiempo. Mi mano aún juega con la goma de tu ropa interior. Unos cuantos dedos se deslizan dentro de la banda, pero nunca lo suficientemente lejos.
Emma
Me aparto. Tú protestas e intentas atraerme nuevamente hacia ti, pero yo me muevo entre tus piernas abiertas y me cierno sobre ti, depositando un beso justo encima de la goma de tu ropa interior. Tú empujas hacia arriba para encontrarte conmigo y puedes sentirme sonreír contra tu vientre desnudo.
Deja de provocar
Mis dedos ascienden por tus caderas y, en un movimiento rápido, bajo tu ropa interior húmeda mientras voy besando tus piernas por el camino. Me quedo mirándote por unos instantes. Ahora estás completamente desnuda y no puedo esperar.
-¡Emma! -gritó Mary Margaret antes de arrebatar el móvil a su compañera de piso con un movimiento rápido.
-¡No! -exclamó Emma mientras sus ojos se agrandaban, horrorizados. No dudó en lanzarse sobre la encimera en un desesperado intento por recuperar el dispositivo y continuar su importantísima conversación, pero fue en vano.
La maestra de escuela simplemente sacudió la cabeza y tiró el móvil al cubo de la basura.
-Regina puede esperar. No quiero tenerte andando en el móvil mientras estamos cenando.
-Mary Margaret, realmente necesito que me devuelvas el móvil -suplicó la rubia intentando apartar a la sorprendentemente robusta mujer que bloqueaba su camino hasta la basura.
-Puedes tenerlo cuando terminemos de comer -comunicó la morena con voz firme.
Emma se mordió el labio y se quedó mirándola con las mejillas sonrosadas y los ojos vidriosos. Luego, tomó rápidamente dos platos y, llenándolos de todo lo que pilló, extendió uno a Mary Margaret.
Sin esperar ni sentarse, Emma empezó a engullir el contenido de su plato apoyada en la encimera para disgusto de su compañera de piso.
Quince minutos más tarde, Emma salió a la escalera de incendios y se enfrentó a una enfadadísima Regina al otro lado del teléfono.
-¿Qué demonios ha sido eso? -espetó la morena.
-¡Yo no quería parar! -se defendió Emma-. Mary Margaret me robó el móvil porque piensa que te mando demasiados mensajes.
-Bueno, pues dile a tu "madre" que puede…
-Regina.
Emma pudo escuchar a la morena respirar profundamente antes de calmarse un poco.
-Y bieeeen… -comenzó Emma alargando seductoramente la segunda palabra-, ¿te gustaría continuar donde lo dejamos?
La alcaldesa soltó una carcajada.
-Con que sintiéndonos juguetonas, ¿eh, sheriff?
-No lo sabes tú bien… -respondió Emma con una sonrisa burlona mientras entraba a su habitación y se preparaba para meterse a la cama.
-Perfecto.
Todo lo que pudo escuchar Emma fue el pitido de la línea comunicando.
Nota 3: La escena de la conversación telefónica ha sido complicada de traducir por obvias razones xD Tampoco es para tanto, pero nunca había traducido smut y, creedme, no es fácil, así que se agradecen comentarios y valoraciones al respecto :)
