Disclaimer: Los personajes pertenecen exclusivamente de Suzanne Collins, yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento y porque me gusta compartirlo con ustedes.
N/A I: Mi imaginación está al flote así que ya está terminado el siguiente capítulo.
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Peeta se quedó observando a la sala de estar; a esas horas los hombres de Katniss debían encontrase ahí sentados, bebiendo de una deliciosa taza de chocolate, preparada por él, y cinco minutos más tarde debían levantarse, coger sus armas y regresar a su trabajo como guardias de la aldea. Katniss habría recogido las tazas y las llevaría al fregadero donde ella se encargaba de lavarlas, mientras tanto Peeta sacaba del horno bollos de queso, quién recientemente descubrió que eran los favoritos de ella.
Pero no hubo nada de eso.
Todo estaba vacío, la sala estaba limpia, el silencio era terrible.
Diez días pasaron desde ese abrupto cambio, iba a pasar mucho tiempo antes de que volviera a ver tanta actividad como antes. ¿Te preguntas por qué? Todos regresaron al Capitolio, la labor de Katniss terminó dos días después de que Thread llegará al doce y pusiera el orden que nunca hubo en realidad. Él era el nuevo Jefe de los Agentes, él tenía el permiso del Capitolio para hacer lo que se le viniera en gana, siempre y cuando hubiera una razón. Todos temían de él, no tenía piedad por nadie.
Nadie lo desobedecía y aquellos pocos que se atrevieron a salir después del toque de queda o enfrentarlo, fueron castigados y sentenciados, algunos incluso desaparecieron. Peeta tuvo la sospecha de que fueron enviados al Capitolio, y sabía lo que pasaba a todos aquellos que desobedecieran, lo descubrió cuando fue seleccionado tributo del Distrito doce.
Romulus no dejo que nadie se librará e inicio hacer rondas con sus agentes, saqueaba las casas de los habitantes, los muebles eran lanzados a la calle al salir de cada casa siempre llevaba una sonrisa socarrona y decía que de momento se encontraban libres de ser arrestados. Lo único que quedaba era revisar la Aldea de Vencedores, encontrar lo más mínimo para castigarlos, pero el tiro le salió por la culata y no encontró nada. Fue como si los rebeldes hubiesen desaparecido de la noche a la mañana.
Aún recordaba aquel día en que dieron una transmisión especial de los Capitolinos hablando de sus vencedores, sus palabras fueron;
Confianza ellos nos dan.
Orgullosos estamos de ellos.
No más ataques a los Vencedores.
Y Peeta por primera vez desde que regresó de los Juegos reía con ironía ante esas palabras.
Sus reuniones con Haymitch iniciaron a ser más frecuentes y las pesadillas volvieron con mucha más fuerza de lo que recordaba.
—¡Peeta, ayúdame! ¡Por favor, no me dejes! —Chillaba con furia el tributo del distrito nueve, quién se movía con fuerza, pero de nada le servían, estaba perdido y era una muerte segura.
Peeta se arriesgó, pero estuvo a punto de caer que no pudo alcanzar la mano. Y él no tenía mucho conocimiento sobre arenas movedizas, fue un truco muy bajo sacado del haz de la manga, toda la temática de ese año en los Juegos fue de puro Bosque. ¿Cómo sospecharlo? La expresión de error le molestaba en pesadillas, no había tenido una cuerda a la mano para sujetarse y poder salvarlo. Su frente sudaba, se movía con furia en su cama, lo último que vio en hundirse fue la mano, esperando que de última instancia le salvara.
—Perdóname —Peeta lloraba cuando vio que la arena regresaba a su lugar. Tragaba en seco y sollozaba con fuerza y luego escuchaba el sonido del cañón.
Peeta abrió los ojos, la oscuridad de su habitación le envolvió y le quito el sueño por completo. Retiro la sabana y se fue al baño para darse una ducha. Una vez que se cambió, se peinó y bajo hasta su estudio. Se mordió el labio cuando entro a la puerta y la cerró, miro a los lugares, dónde recientemente descubrió, en que se encontraban las cámaras que le miraban. Peeta coloco las cosas en su lugar y se sentó en el lugar en que se ponía a dibujar.
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Peeta camino hasta dónde estaba la veta. Reconoció a lo lejos la vieja casa en que vivían aquellos niños que fueron atacados con él; Bel y Mane. Toco a la vieja puerta y fue recibido con una sonrisa por el pequeño Mane, gritó su nombre, y como era aún pequeño, le paso los brazos por la cintura.
—Hola —Su mano le acarició su cabello de color azabache—. ¿Estás solo?
—Papá ha tenido que ir a las minas —dijo con una sonrisa triste—. Mamá ha ido a lavar y se llevó a Mel.
—¿Y qué haces tú aquí solito?
—He enfermado y mamá creyó que era mejor que yo me quedará aquí. Ya me he recuperado de aquella explosión, mamá lloró durante mucho tiempo y los primeros días me dijo que durmiera con ella, dado que tenía mucho miedo de despertar y que yo no me encontrará, me asusto mucho.
—Es normal, lamento haberlos puesto en peligro —Peeta le sonrió al niño de once años—. He traído unos panecillos para ti y tú familia.
—Gracias —Sus ojos brillaron cuando sostuvo la gran bolsa en color negro que no visualizaba su contenido—. ¿Nos seguirás dando clases?
—De momento no —Se agacho hasta quedar a la altura de él—. Pero pronto vamos a reanudar con nuestro deber.
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Peeta vio que los mismos habitantes del doce retiraban los restos quemados del Mercado Negro. Después de mantenerse clausurado en los últimos días. Los agentes de la paz solamente estaban preparados ahí y observando que nadie hiciera lo que no.
Peeta fue hasta ellos.
—Soy un vencedor —Su voz sonó firmemente—. Y quiero estar ahí ayudando.
—Usted no debe estar aquí.
—Probablemente el Presidente Snow no se encuentre complacido con tu compartimiento al desobedecer a un superior tuyo. Mucho más superior que todos los de aquí.
Peeta quiso ver la reacción del Agente pero no se interpuso y le dejo pasar. A las mujeres le quito las cosas más pesabas que ellas trataban de retirar.
—Muchos… muchos se quedaron sin casa —dijo un minero, quién temblaba por todo su cuerpo—, yo…, yo fui uno de ellos. Podía dormir aquí en el Quemador.
—Lo lamentó —murmuró.
—Quie-quieren armar una revuelta —susurró—. ¿Participaría usted?
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—¿Qué consejos me das para ser un buen mentor? —Peeta le preguntó cuándo regreso a casa, invitó a Haymitch a cenar.
—¿Yo te di algún buen consejo? —Haymitch tomó un sorbo de la taza de café, que recientemente le hecho una cantidad de alcohol—. Solamente da consejos sobre cómo sobreviviste y ya. Me da gusto no tener que volver a repetir el mismo proceso.
—No puedes dejarme hacer esto solo, quedan cuatro meses para los siguientes Juegos.
—Pues lo haré, chico. Este año voy a evitar ir al Capitolio, me quedaré en casa, beberé hasta perder la consciencia y tendré apagado todo para evitar la temporada de Juegos.
—¿Es por el Vasallaje, verdad?
—No sigas —Haymitch se recargó en su asiento—. Es la temporada en que más vuelven mis pesadillas. ¿Te has mantenido en contacto con la chica sin emociones? —Peeta frunció el ceño—. Katniss. K-A-T-N-I-S-S
—¡Ya entendí! Y no, no me interesa. Supongo que ha regresado a su extravagante vida en el Capitolio.
—Lo dices con tanto desdén. ¿Acaso te molesta la relación de Katniss con Finnick?
—¿Cómo sabes eso? —Peeta mantenía el ceño fruncido y Haymitch continuo riendo.
—No deberías temer que Finnick te baje a la chica —le guiño el ojo—. Pronto vas a saberlo, no estés celoso.
—No lo estoy.
—Ni disimularlo puedes. ¿Por qué no le escribes? Y que de paso te de noticias del Capitolio…
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Estimado Señor Mellark:
Muy pronto la nueva edición de los Juegos del Hambre se van a llevar a cabo, y como es una costumbre, el Capitolio realiza una extravagante fiesta para conocer la situación de todos los Vencedores. Y para que ellos pasen de momentos agradables con sus antiguos patrocinadores.
Los Capitolinos se encuentran muy entusiasmados de poder verlos a todos reunidos, dado que en su fiesta no pudieron tomar "la foto del recuerdo", su presencia es requerida para el sábado 7 de Mayo. Un aerodeslizador pasará por ustedes, serán escoltados por los agentes de la paz, que pasarán por ustedes temprano.
Asistente del Presidente Snow.
En dos días iban a pasar por él, paso a darle la noticia a Haymitch, pero él ya se encontraba malhumorado y no dejaba de tirar cosas de su casa al verse obligado a tener que asistir.
—Es solo una fiesta —Habló Peeta cuando finalmente Haymitch se tiró sobre el sillón—. Vas a poder emborracharte y…
—¡Es más que eso! —Gruño—. ¿Sabes cuál es el número de edición? Septuagésimos Quintos Juegos del Hambre. Tercer Vasallaje de los Veinticinco. ¿Recuerdas que edición yo gané? Fotos, entrevistas, recuerdos, vídeos. Va a ser la peor noche de mi vida desde que gané los juegos.
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N/A II: Ya está. Ya nos estamos acercando a otro punto importante, pero el siguiente capítulo es antes de la tormenta. ¿Y bien? ¿Qué les ha parecido esté capítulo? Una pregunta:
¿Tienen problemas o siento que voy muy lenta? Personalmente yo me siento a gusto escribiendo así. A veces yo misma me pongo un límite hasta dónde llegará el capítulo. Me gustaría saber si les agrada…
¡Muchas gracias por todos sus reviews, lectoras!
L: Hola nena. Lamento no responder tu comentario en el capítulo pasado, no lo llegué a ver. Y sí, ya veremos que sucede con ella.
Carla: Sí así es. Pero gracias a eso, evitaré no pasar ningún detalle con algunas preguntas. Bueno, esperemos que no tengamos que acostumbrarnos a este nuevo Peeta…
