CAPÍTULO 12

Confidencias a media noche

-¿Se puede saber dónde te has metido?.- la pregunta de Albus la alcanzó apenas puso un pie en el Gran Comedor. Su moreno primo la miraba desde el otro lado de la mesa, con los ojos verdes esperando algún tipo de explicación, escudriñando el rostro surcado de pecas de Rose.

-Fui a dar una vuelta.- se excusó ella lo mejor que pudo, lo cierto era que no tenía ni idea de que decir. No podía alegar que estaba con Emily, ya que ella había pasado el día con Luis, y además, estaba sentada a la mesa para confirmarlo.- me apetecía estar sola.

Tanto Emily como el joven Potter se miraron extrañados, poco o nada convencidos de la atropellada explicación de la Gryffindor. Tenía las mejillas encendidas y ahora se concentraba en su plato de comida, evitando mirarles directamente a los ojos. Todo era demasiado raro.

-¿No te habrá hecho nada ese imbécil de Malfoy, no?.- preguntó Albus de repente, lo que hizo que Rose se atragantara con el trozo de filete que acababa de llevarse a la boca. Le miró de hito en hito, ¿Cómo demonios había llegado a la conclusión de que había estado con Malfoy?. No lo había asegurado, pero por su expresión podía ver que lo creía firmemente. Terminó de pasar por su garganta el trozo de carne y se apresuró a contestar.

-¿Por qué dices eso?.- adoptó una simulada mueca de extrañeza y desconcierto, haciendo ver que no tenía ni idea de a lo que se refería.

-No sé.- su primo se encogió de hombros.- parecías realmente enfadada cuando esa serpiente chocó contigo, y luego desapareciste.

Rose suspiró aliviada, Albus no sospechaba nada, sólo hacía cavilaciones porque odiaba a Malfoy, y le gustaba culparle de cualquier cosa en cuanto tenía oportunidad.

-Ese retorcido Slytherin no va a amargarme, eso te lo aseguro.- afirmó Rose algo más tranquila, y dio por zanjada la conversación sobre su desaparición de esa tarde.

Que Albus nombrara a Malfoy le hizo acordarse automáticamente de él y mirar en dirección a la mesa de los Slytherins. Fijó su vista en Scorpius, que ahora comía con Charlie al lado y parecía relajado, ya que se reía con ganas de algo que había dicho uno de sus compañeros.

¿Qué había ocurrido en el baño? Rose no podía dejar de preguntárselo, intentando que su cabeza y su, normalmente, ágil mente encontrara una explicación para todo aquello. Había descubierto una cicatriz en el torso del platino, pero ¿Y qué? Ella misma tenía una en la pierna derecha, consecuencia de una caída de la escoba cuando tenía siete años.

No. Aquella marca tenía que significar algo más. Si no, no se explicaba el repentino nerviosismo de Malfoy por esconderla, y lo atropelladamente que salió del baño y la dejó sola.

El corazón le dio un vuelco cuando los ojos grises de Scorpius repararon en ella, y arquearon las cejas en señal de sorpresa al percatarse de que Rose le miraba tan fijamente. Ninguno de los dos apartó la mirada, aunque la Gryffindor pudo notar como la sangre se le subía a las mejillas. El rostro de él, sin embargo, permanecía con su habitual palidez y no denotaba ninguna expresión. Se había puesto tenso y serio de repente, porque ya no reía ante las bromas de Charlie, y se limitaba a comer moderadamente.

La pelirroja apartó la mirada de Malfoy y se esforzó por concentrarse en la conversación que mantenían los compañeros de su mesa, sólo faltaba que la descubrieran mirando al Slytherin, ahí sí que sospecharían.

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Todo el colegio estaba eufórico por el reciente partido de Quidditch. Hacía tiempo que los alumnos no disfrutaban de uno, y el tiempo parecía haberse puesto de acuerdo para que aquella mañana de sábado fuera perfecta. Hacía frío, dado que estaban próximos al invierno, pero un sol se alzaba alto en el cielo y no llovía, lo cual era más que suficiente.

Gryffindor y Ravenclaw se enfrentaban en ese encuentro, y la grada estaba teñida por una mole de escarlatas y azules que se movían como una ola gigantesca. Ambos equipos salieron al campo entre vítores y atronadores aplausos, sobre todo por parte de sus casas. Los Slytherin se mantenían más comedidos, y sólo algunos aplaudían ligeramente.

Rose se colocó en fila junto con sus compañeros, escuchando las últimas indicaciones que les daba la entrenadora antes de comenzar el partido. Después, todo dependió de su juego. El comentarista, Keith Stuart, anunció a voces el comienzo del encuentro y todos se pusieron manos a la obra. Pronto las bludgers y la quaflle volaban por todo el campo como poseídas, y la snitch había desaparecido como por arte de magia, los buscadores tardarían un tiempo en verla surcando el cielo.

Rose apuntó varios tantos metiendo la Quaffle en una de las porterías. Llevaban una ventaja de 30 puntos sobre Ravenclaw, y tal como se desarrollaban los acontecimientos parecía que tenían la victoria casi asegurada. El equipo azul y plateado parecía más lento de lo habitual, y aunque sus jugadores eran buenos, les era difícil superar a los ávidos leones que conseguían acaparar las bolas durante casi todo el tiempo.

Mientras tanto, en la grada, Malfoy seguía fijamente los movimientos rápidos de cierta pelirroja. Tenía que reconocer que no jugaba mal, no al nivel que él, eso estaba claro, pero poseía facilidad para meter goles y agilidad para esquivar las bludgers. Aunque, obviamente, eso nunca se lo diría a ella.

-Ese Potter tiene demasiada suerte.- se quejaba Edward Nott a su lado.- una de las bludgers a alcanzado varias veces al buscador de Ravenclaw, pero a él ni le ha rozado.

-Espera a que se enfrente a mi en el próximo partido, las cosas no le resultarán tan fáciles.- esbozó una sonrisa burlona y apartó momentáneamente las ojos de Rose para fijarse en Albus, que ahora enfilaba hacia un lugar derecho de campo, parecía haber visto la snitch. Scorpius observó el marcador, 90-70, si Potter atrapaba la bola dorada Gryffindor ganaría. No sabía si eso era bueno o malo, porque aunque odiaba a esos leones presumidos deseaba enfrentarse a ellos en la final, era algo demasiado divertido como para perdérselo.

-¡ALBUS POTTER ATRAPA LA SNITCH!.- Keith Stuart, acompañado de los grititos de Luna Luc., gritó con fuerza por el micrófono la victoria del equipo escarlata. La grada de los Gryffindor estalló en aplausos y palabras de aliento, mientras todos se levantaban agitando sus banderas y bufandas.

Malfoy se limitó a cruzarse de brazos y mantener el semblante serio, sin atisbo de emoción o alegría, ni siquiera enfado. Algunos de sus compañeros mandaban maldiciones por lo bajo, insultando a la casa de Gryffindor. Pero él no, si tenía que jugar con alguien en la final que fuera con ellos, no quería perderse un enfrentamiento con Albus por nada de mundo.

Observó como toda la grada escarlata saltaba y reía de alegría, y como en el campo los jugadores se abrazaban aún en el aire y se felicitaban por la victoria, dando también la enhorabuena al equipo de Ravenclaw. Malfoy esbozó una mueca de asco, esos leones siempre tan honrados.

Pero, sin previo aviso, todo el estadio quedó suspendido en el silencio, y Malfoy sintió que se le helaba la sangre y se le paraba el corazón de golpe, provocándole daño en el pecho. Una bludger que había quedado suelta aún danzaba por el campo, y acababa de golpear a Rose en un hombro, haciendo que esta se cayera de su escoba y diera con sus huesos en el suelo de hierba. La mirada metálica del platino, y la de todo el campo, observaba como la pelirroja quedaba semiinconsciente y tendida en el césped, cuando pronto todos su compañeros y algunos profesores se acercaron a socorrerla.

-¿Qué ha pasado?.- preguntó uno de los Slytherin sentado tras de él. El platino negó con la cabeza, haciendo serios esfuerzos por no levantarse para ver un poco y mejor y por no correr hacia el centro del campo a ver qué demonios había ocurrido. En el momento de la caída, Rose no se encontraba muy lejos del suelo, pero la bludger había colisionado con fuerza contra su brazo y eso le había hecho perder el equilibrio.

Un escalofrío le recorrió solo de pensar que le había ocurrido algo, aunque fuera mínimamente, y se sorprendió con la mandíbula tensa y los ojos fijos en el campo, sin tener tiempo para pestañear o tragar saliva.

-Vamos, Scor.- Charlie le tocó un hombro, ya estaba levantado y algunos de sus compañeros se marchaban ya.- aquí ya no hay nada divertido que ver. Bueno, según se mire…- esbozó una mueca burlona y rio junto con otros Slytherins, a los que Malfoy tuvo ganas de cerrarles la boca de un puñetazo.

Ahora trasladaban a Rose en una camilla flotante hacia le enfermería, donde la señora Pomfrey le atendería rápidamente. Albus, Emily y todos los compañeros de su equipo seguían detrás con cara de preocupación, mientras el director daba indicaciones por el altavoz para que los alumnos se marcharan ya a sus respectivas habitaciones y salas comunes.

Finalmente, Malfoy aceptó y se levantó con desgana, mirando de reojo el campo y como Rose desaparecía tras los soportales de colegio. Hubiera deseado acercarse hasta allí, necesitaba saber cómo estaba, maldita sea. Pero no podía. Simplemente era demasiado extraño que él se preocupara por ella, y más a ojos de todos los Slytherins.

Bueno, a ojos de todo Hogwarts.

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Rose parpadeó varias veces antes de abrir los ojos por completo. Su vista estaba algo nublada y sintió un pinchazo al contemplar la habitación demasiado iluminada en la que se encontraba, le costó acostumbrarse a esa luz. Observó que todos hacían un círculo en torno a su cama, mirándola expectantes. Estaban Albus y Emily, pero también su hermano Hugo, sus primos James y Lily, y varios integrantes del equipo de Gryffindor.

-¿Cómo te encuentras?.- preguntó Lily con voz suave, mientras le tomaba de la mano.

La pelirroja se limitó a asentir levemente, agradeciéndole con una sonrisa. No sabía qué había tomado, pero la boca estaba pastosa y le sabía a rayos. Emitió una mueca de asco y repulsión, cuando madame Pomfrey apareció sonriente con su unfiorme blanco. Portaba una bandeja de plata con un frasquito lleno de un líquido verde.

-Tendrás que tomarte esto.- la dijo haciendo que se incorporase y acercando aquello que sabia tan endemoniadamente mal. Rose hizo un serio esfuerzo y sin respirar, se bebió aquello de un trago, pidiendo al instante un poco de agua, dado que aquel líquido le había abrasado los labios y ahora le ardían.

-¿Qué ha pasado? Sólo recuerdo haberme caído de la escoba.- se llevó la mano al hombro derecho, que le dolía horrores y emitió un quejido de dolor.

-Una bludger te golpeó en el brazo y te derribó, suerte que no estabas a mucha distancia del suelo.- le explicó su primo Albus, que aún permanecía con el uniforme del equipo, al igual que todos sus compañeros y ella misma.

-Pero ganamos ¿verdad?.- preguntó Rose con el rostro iluminado, de aquello sí se acordaba, pero a lo mejor su mente la estaba jugando una mala pasada.

-Claro.- sonrió James rodeando con los brazos a su hermano.

-Venga, dejadla descansar.- les indicó madame Pomfrey apareciendo de nuevo por allí.- tienes que dormir y te recuperarás.

Todos asintieron a regañadientes y se despidieron de Rose, mientras Emily y Albus le prometían que volverían esa misma tarde después de comer a visitarla.

-¿No hay nada para el dolor?.- preguntó la Gryffindor que sentía su brazo atravesado por miles de agujas.

-La bludger te golpeó muy fuerte, y has sufrido varias contusiones. Ya sabes que la poción crece huesos tarda unas horas en actuar y es dolorosa, pero no queda más que aguantar. Después estarás como nueva.- la entrañable enfermera le dirigió una sonrisa cálida y pronto la dejó sola.

Rose se mantuvo varios minutos despierta, hasta que, viendo que no tenía nada mejor que hacer, se recostó sobre su cama y cerró los ojos, quedándose dormida al instante.

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Malfoy caminaba con aire distraído por la sala común de Slytherin, haciendo caso omiso a sus amigos, que le miraban extrañados y preguntándose a qué se debía el nerviosismo del platino. Que ellos recordaran, no había pasado nada reseñable ese día, es más, lo habían pasado juntos y se habían limitado a volar con sus escobas y charlar.

-Scor, ¿Qué te ocurre?.- una melosa Cynthia se acercaba a él con ojos ensoñadores, interponiéndose en el camino de Malfoy y cortándole el paso, lo que le hizo enfurecer aún más. En esos momentos no quería hablar con nadie, y menos soportarla a ella.

No. Ella no le interesaba ahora. Le interesaba otra.

-Apártate.- rugió el rubio con la mirada clavada en su compañera, que rápidamente se retiró hacia su habitación con el semblante serio y lloroso.

Aquella misma tarde había escuchado a Potter y la insulsa de Emily hablar sobre Rose, y al parecer se encontraba bien. La habían proporcionado una poción crece huesos y tendría que pasar la noche en enfermería, dado que era dolorosa y tardaba en hacer efecto, tal y como Malfoy había experimentado varias veces a lo largo de su etapa como jugador. Aún así, el Slytherin no se encontraba tranquilo, y la imposibilidad de verla, aunque fuera un instante, le desesperaba.

-Nos vamos a dormir, Scor.- le anunció su amigo Charlie, que ya se marchaba con Nott en dirección a las escaleras que subían a las habitaciones.- ¿Vienes?

-No.- contestó él apenas con un murmuro.- no tengo sueño, aún.

Lo cierto era que no lo tenía, pero esa no era la principal razón por la que no había acompañado a sus amigos. Desde el momento que supo que Weasley estaría durmiendo en la enfermería, se planteó ir a verla de madrugada. En esos momentos nadie estaría por los pasillos ni le vigilaría, así que era libre de verla. Pero tendría que tener cuidado si no quería que le castigasen de nuevo por andar a deshoras fuera de su Sala Común.

Se ajustó la corbata y se abrochó la negra túnica hasta el cuello, para después franquear la puerta y salir a los pasillos de las mazmorras. Pronto, se encontraba en las puertas de la enfermería, mirando para uno y otro lado por si alguien estaba por allí haciendo guardia. Pero no veía ni escuchaba nada, al parecer estaba solo, dado que madame Pomfrey dormía apaciblemente en la habitación contigua, y su sueño era demasiado pesado como para que un mínimo ruido la despertara.

No había nadie en la enfermería, sólo la pequeña figura de Rose se distinguía al final de la estancia, envuelta entre sábanas y almohadones blancos e iluminada por la pálida luz de la luna que se colaba por la ventana. Se acercó hasta su cama con los pasos sigilosos de un felino en mitad de la oscuridad, y la observó. Yacía profundamente dormida y con la cabeza ligeramente ladeada, con un mechón de pelo rojizo cayéndole suavemente sobre el rostro surcado de pecas. Scorpius, como por instinto, alargó una mano para apartárselo, y se lo colocó con suavidad detrás de la oreja, sin que ella se percatara ni hiciera el más mínimo movimiento.

Se fijó en su brazo, ahora inmovilizado tras una venda y estirado ligeramente para que el peso del cuerpo no pudiera caer sobre él. Sabía perfectamente que la poción crece huesos dolía, pero con suerte a esas horas ya habría surtido efecto, y Rose no parecía tener mala cara. Más bien todo lo contrario.

Malfoy pensó que, sin lugar a dudas, la Weasley parecía otra persona distinta cuando dormía. Con el rostro relajado sin atisbo de muecas, ya fuera de alegría o de enfado. No era la misma cuando estaba callada, dado que raras veces lo hacía. El Slytherin sonrió para sus adentros, pensando en lo que aquella muchacha pecosa y charlatana estaría soñando en esos momentos.

Satisfecho con su visita nocturna, se dispuso a irse, pero cuando dio media vuelta una voz aniñada y adormecida le detuvo.

-¿Malfoy?.- susurró Rose abriendo los ojos despacio, e intentando incorporarse para ver un poco mejor. El platino se dio la vuelta y ella pudo observar su semblante serio y tenso a un tiempo, pero con los ojos grises fulgurantes. Sintió enrojecer hasta las orejas, y se tapó en vano con las sábanas. Apenas llevaba un camisón de tirantes y estaba medio tumbada en la cama, en una posición totalmente indefensa.

-Ya me iba, Weasley.- contestó él con sequedad, no parecía tan incómodo como ella, pero sí algo reticente.

¿Desde cuándo estaba allí?, pensó Rose para sus adentros, apenas sin poder respirar. ¿Desde cuándo estaba mirándola dormir?. Nunca en su vida había sentido tanta vergüenza como en ese momento, pero entremezclada con una extraña sensación.

-¿Debo considerar esto una visita?.- se atrevió a preguntar ella, a pesar de que el rubor de las mejillas la delataba. El Slyhterin esbozó una sonrisa de medio lado y se acercó un poco más, colocándose al lado derecho de la inmaculada cama blanca.

-Podrías. Pero no tenía la intención de despertarte. Sólo quería saber cómo estabas.

-Estoy bien, gracias.- asintió Rose profundamente sorprendida ¿De veras Malfoy, el mismísimo Malfoy, se había acercado en mitad de la noche para ver cómo se encontraba?. Insólito se viera como se viera.

-La poción ya ha hecho efecto.-. explicó tocándose el brazo, que aunque lo tenía ligeramente dolorido, no era nada en comparación con lo que había sentido esa mañana. Scorpius asintió brevemente.

-Te dejaré descansar.- dijo él.

-No.- se apresuró a contestar la pelirroja, tal vez demasiado deprisa. Pero no le importaba, en esos momentos no quería que él se fuera. No después de que un escalofrío le recorriera el cuerpo al sentir su mirada metálica sobre ella, sin titubear.- lo cierto es que no tengo sueño.- sonrió ligeramente, tratando de sonar firme, aunque por dentro se estuviera derrumbando poco a poco.

El platino asintió haciendo un amago de sonrisa, y tomó asiento en una de las sillas de terciopelo verde que se encontraba al lado de la cama. Ya que se había tomado las molestias y se había arriesgado a que le pillarán, no se iba a ir tan rápidamente de allí, y menos cuando sabía que Weasley deseaba tenerle cerca.

Porque lo sabía.

-Querría preguntarte algo…- musitó Rose, y Scorpius pudo ver un destello de temor en sus ojos. Temía saber cuál era esa cuestión, pero que ella lo abordara de golpe le asustaba aún más.- el otro dia… en el baño…

-La cicatriz.- terminó él por ella.- ¿verdad?

-Sí.- asintió la pelirroja algo cohibida, debido al repentino nerviosismo de Malfoy y la rudeza en sus palabras. Sabía que le incomodaba ese tema, pero necesitaba saber qué ocurría allí.

-No me gusta hablar de ello.- ahora había agachado la cabeza y curvaba los labios en una sonrisa amarga. No parecía tan confiado y decidido como siempre, y sus muros de piedra que siempre le rodeaban se derrumbaban poco a poco.

-Tal vez ayude el que me lo cuentes.- y tal vez ella se estuviera arriesgando demasiado al hacerle esas preguntas tan comprometedoras, pero sentía que el Slytherin la había dado una tregua, aunque fuera mínima, y podía invadir un poco su terreno. Se incorporó un poco más hasta sentarse en su totalidad y le miró con ojos expectantes, alentándole a que dejara escapar ese miedo que parecía devorarle.

-Fue hace tiempo…- comenzó a decir, fijando por primera vez en varios minutos la vista en los ojos cálidos de Rose.- apenas tenía seis años, pero lo recuerdo como si fuera ayer.- la Gryffindor tragó saliva con dificultad, pero no se movió ni un ápice ni apartó la vista de él, quería demostrarle que podía confiar en ella.

-¿Cómo te la hiciste?.- preguntó con suavidad.

-No fui yo. En realidad… nos atacaron.- cerró un instante los ojos y los apretó con fuerza, como si el solo recuerdo de lo ocurrido le provocara dolor.- a mi y a mis padres.

Rose contuvo la respiración unos instantes, no tenía ni idea de aquél suceso, y eso que su padre hablaba con frecuencia de la familia Malfoy. Pero nunca le contó que fueran atacados, y en el profeta no había salido ninguna noticia. La pelirroja sonrió amargamente para sus adentros, estaba claro que ese periódico no iba a publicar nada sobre una familia que consideraban de mortífagos.

-¿Quién?

-Eran dos magos. No sé cómo, pero burlaron las medidas de seguridad de nuestra casa y entraron a la fuerza, llevándose todo por delante. Recuerdo que mantenían sus varitas en alto y reían de forma estridente, con una cara demencial.- se pasó la mano por la cara y suspiró ampliamente.- primero fueron a por mi madre, que estaba sentada en el sofá. La arrojaron un Petrificus Totalus, tal vez porque consideraban que ella no era culpable de nada, y querían dejarla al margen.

-¿Culpable? No entiendo.

-Esos dos locos eran personas que habían perdido familiares en la guerra contra Voldemort, Rose, y estaban desquiciados.- explicó Malfoy con tono frío, pero menos de habitual.- en seguida fueron a por mi, y me lanzaron un hechizo que ahora no alcanzo a identificar. Me golpeó de lleno y me dejó semiinconsciente, pero apenas me dejó esa cicatriz que viste.- se llevó la mano al torso, tocando la marca por encima de la camisa.

Mi padre se interpuso entre ellos y yo, que, aún así, estaba lo suficientemente despierto como para ver lo que le hacían.- ahora sus palabras destilaban un toque amargo, y le costaba continuar.

Flashback

-Maldito mortífago.- escupió con desprecio uno de los dos magos.- ahora vas a sufrir todo lo que gente inocente sufrieron, por tu culpa y la de tus rastreros compañeros.

Draco Malfoy mantenía la varita en alto sin dejar de apuntar a los dos, pero estaba en clara desventaja, dado que era sólo uno y además vigilaba a su hijo Scorpius, que yacía tirado en el suelo pero con los ojos abiertos.

-Maldito chiflado.- rugió Draco con rabia, adelantándose un paso y plantándoles cara.- vas a arrepentirte de lo que le has hecho a mi familia.

-La semilla de los mortífagos debe ser erradicada.- bramó, furioso.- y esto no ha hecho más que empezar.- el otro mago esbozó una sonrisa macabra, totalmente horrible y petrificadora. Pero el ex Slytherin no les temía, era un buen mago y sabía los suficientes hechizos como para hacer retroceder a esos locos. Y no dudaría en utilizar una imperdonable si la integridad de su mujer e hijo estaban en peligro.

.¡Crucio! – gritó el mago más alto y desgarbado, haciendo que Draco se cayera automáticamente al suelo y se retorciera de dolor. - ¡Crucio!- siguió vociferando él, acompañado por las risas demenciales de su compañero.

Malfoy emitió un gritó de dolor agudo e intenso, sintiendo como aquella maldición se le clavaba en las entrañas, ardiéndole.

-Nunca pensé que disfrutaría tanto haciendo daño a un mortífago.

Draco les dirigió una mirada de profundo odio, sintiendo como la cólera estallaba en su interior al tiempo que el dolor. Colocó una mano el suelo de madera e hizo amago de levantarse, pero una nueva maldición se lo impidió.

-No te atrevas a defenderte, sucio y traidor.- gritó un mago con furia, totalmente fuera de sus casillas y dispuesto a seguir con la tortura.- ¡Crucio!.

Fin flashback

Rose se quedó muda, sin saber que decir para apaciguar algo ese doloroso recuerdo que parecía torturar a Malfoy, aún después de tantos años.

-Después llegaron los aurores y los pararon, pero consiguieron escapar. No sé ni cómo se llamaban, ni si siguen vivos.- explicó Malfoy con la voz rota.

-Debió de ser horrible…- dijo de corazón la pelirroja, pudiendo sentir la amargura de Malfoy como si fuera propia. Alargó una mano fría y temblorosa y tomó la pálida de él. Scorpius no hizo nada, se limitó a mirarla y mantenerse quieto, pero no se apartó.

-Si les hubiera sucedido algo a mis padres, yo…- alcanzó a decir con un hilo de voz, pero Rose no le dejó continuar. No quería que siguiera torturándose de aquella manera y dándole vueltas a la cabeza con lo que podría haber ocurrido.

-No va a ocurrirles nada. Ya ha pasado mucho tiempo desde la guerra.- le animó ella, entrelazando sus dedos con los suyos, en señal de confianza.

El Slytherin asintió brevemente y le brindó una sonrisa algo triste, pero satisfactoria.

-Nunca le he contado esto a nadie, excepto a Charlie.- dijo él aún aturdido por el recuerdo.

-Gracias.- Rose se ruborizó un instante, al darse cuenta de la situación en la que se encontraban. Solos en mitad de la noche, con las manos entrelazadas y manteniendo confidencias.

-¿Por qué?.- Malfoy la miró sin comprender.

-Por haber confiado en mi.- contestó ella con una sonrisa tímida en los labios.

Para su sorpresa, Scorpius apretó un poco más su diminuta mano, y mantuvo sus dedos fuertemente aferrados a los de ella, como si con aquél gesto quisiera expresar lo que no decía con palabras. Era cierto que se había desahogado con ella, pero al fin y al cabo era un Malfoy, y no iba a cambiar tanto como para expresar todos sus sentimientos de golpe.

-Tengo que irme.- dijo por fin, tras un silencio sosegado. Separó lentamente su brazo de el de ella y se levantó, apartando la silla y colocándola apoyada contra la pared. La miró un instante con la mirada gris otra vez fría, pero más limpia que minutos atrás, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.

-Buenas noches.- se despidió Rose con algo de dificultad para pronunciar las palabras, dado que se le había formado un nudo en la garganta.

El Slytherin titubeó un instante, pero después se aproximó al rostro de la pelirroja y le brindó un beso en los labios. Suave, sin pretensiones de ir más allá, simplemente un leve roce que la agradecía el haberle escuchado.

-Buenas noches.- y se marchó como había venido. Rápido y sigiloso, perdiéndose entre las sombras de la enfermería, esquivando los rayos de luna y desapareciendo por los largos pasillos.

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Siiiiiii lo se, he tardado mucho, demasiado, en publicar! pero tengo excusa, lo juro! xD. Estoy con los exámenes finales de la universidad y claro, no tengo tanto tiempo como el que desearía para poder escribir. Así que tendréis que perdonarme si estos días tardo un poco más, aunque intentaré ser rápida ^^

Respecto al capítulo ¿Qué os parece?. Parece que Malfoy va abriendo poco a poco su corazoncito, aunque aún está algo reticente y creo que nunca terminará de expresar sus sentimientos del todo, al fin y al cabo es un Malfoy! xD. Bueno guapas, un besoo y muuchisimas gracias por leer y por los reviews! Nos vemos =)