Beso N°12- En la nariz

Irritante, fastidiante, engreído. Esas eran las palabras más adecuadas para definir a ese tipo, incluyendo también todos sus sinónimos. ¿Quien se creía que era para acercarse a ella?

Parecía que lo estaba desafiando. Ah, pero eso no era lo peor. Para mejorar la situación, irónicamente, claro, ella parecía estar muy a gusto hablando con ese... ¡Ese desgraciado! ¡Si le había hasta sonreído!

Eran en situaciones como esas cuando su instinto asesino se disparaba hasta límites insospechados incluso para él. Dios, daría lo que fuera por quitarle esa maldita sonrisa del rostro a aquel intento de ser humano. Eso era lo que le llevaba a su pregunta anterior. ¿Quien se creía que era para acercarse a su chica?

Vale, no era suya, eso era verdad. Pero igualmente ese tipo no debería de acercarse a su amiga ni siquiera para pedirle un borrador.

Era evidente su molestia. Muy evidente. En aquella excursión, y para mala suerte suya, a Ran le había tocado por sorteo con aquel al que quería eliminar en esos precisos instantes. Sus compañeros le miraban con miedo, asustados por la mala leche que llevaba encima.

Pero a aquel rubio de ojos verdes no parecía aterrarle en lo absoluto las ganas del joven por matarle, y los demás adolescentes le admiraban en cierto modo por ser capaz de enfrentarse a Kudo Shinichi cuando estaba Mouri Ran de por medio.

Todos sabían que no era bueno para su bienestar físico que intentaran conquistar a la karateca. Aun recordaban a un antiguo alumno que se encapricho con la joven de ojos violetas. Ninguno supo por qué, pero de la noche a la mañana se cambió de instituto, aunque se hacían una gran idea al ver la cara sonriente del joven de ojos azules cuando el profesor notificó el traslado por "causas personales" de su compañero.

-Daisuke-kun, no te lo aconsejo- Advirtió Sonoko cuando la maestra anuncio las parejas- Tu no sabes como es Kudo cuando se acercan a Ran con tus intenciones

El de ojos verdes le dedicó una sonrisa confiada.

-Tranquila Suzuki, no me pasara nada- Dijo con seguridad- Pienso conquistar a Ran-chan cueste lo que cueste y esta es mi oportunidad

-Allá tú, yo te lo advertí- Replicó, sabiendo que no iba a convencerle.

Ahora todo el alumnado estaba esperando que el de ojos azules explotara. Parecía estar a punto, pues miraba con clara molestia a los dos jóvenes que charlaban agradablemente en uno de los bancos de aquel parque. Ran no parecía darse cuenta de los celos que provocaba en su amigo de la infancia, y si lo sabía pues lo disimulaba demasiado bien.

La profesora no sabía la que había montado, y menos cuando les dejo una hora libre. A los alumnos se les ocurrió una idea para distraer a Shinichi y que no se produjera un asesinato ahi mismo.

-¡Eh Kudo!- Exclamó un chico, atrayendo la atención del aludido- ¡Vamos a jugar un partido! ¿Te vienes?

El detective vaciló, era buena idea para despejarse un poco. La verdad es que estaba muy enfadado, demasiado. Pero no eran celos, que conste.

Con un suspiro, se levantó del banco donde había permanecido sentado, observando atentamente a la pareja que seguía riéndose, alegres de la vida.

Si, mejor jugaba al fútbol o acabaría pateando la cabeza de ese tipejo en vez de darle al balon.

Los chicos vieron con alivio como el joven se acercaba a ellos, aceptando la propuesta del partido. Fueron a un campo cercano e hicieron los equipos rapidamente. Lo único malo era que no había rejas y tenían que ir a por el balón cada vez que alguien sacaba la pelota fuera. Aunque para Shinichi era muy conveniente, pues podía observar a ese par mientras jugaba.

El inconveniente era que no podía darle un buen balonazo pues corría el riesgo de darle a la joven de ojos violetas.

Pensaba eso mientras seguía corriendo a portería contraria, a la par de su compañero que tenía el balón. Pero su mente no estaba en el partido, y sus ojos tampoco, solo veía a ese tipo que... Un momento... ¡¿Le estaba cogiendo la mano?!

-¡Kudo! ¡Tuya!- Exclamó alguien al que vagamente pudo escuchar. Giró su rostro al escucharlo, y el balón se dirigía a él a toda velocidad. No le dio tiempo a reaccionar y el objeto impactó contra él, concretamente en su nariz, y lo echo para atrás, cayendo en el césped artificial.

-¡Kudo!- Exclamaron los jóvenes, rodeando al detective, que se había sentado y se frotaba la nariz con gesto de dolor.

-¡Shinichi!- Una voz femenina se oyó en el campo, haciendo que los adolescentes dejaran paso a una chica de cabellos castaños y preocupados orbes violáceos quien al escuchar el unísono grito de sus compañeros, supo que algo le había pasado a su amigo de la infancia.

Se arrodillo junto a él, con preocupación, y le apartó la mano de la herida, examinandola y viendo con alivio que no parecía nada grave.

-Tonto... ¿Como se te ocurre distraerte mientras juegas?- Preguntó, reprochandole su descuido

Shinichi no respondió, sus compañeros lo hicieron en su lugar.

-Es que estaba viendo como matar a Tomoya por acercarse a ti, Mouri- Dijo divertido uno de los chicos, siendo secundado por los demás

Ran se sonrojo ante sus palabras, comprendiendo lo que su compañero quería decir. Shinichi les dedicó su mejor mirada fulminante.

-¿Estabas... celoso, Shinichi?- Preguntó, con curiosidad y claramente ruborizada.

-Yo...- El joven detective no estaba muy diferente a la karateca, su cara estaba roja como un tomate- ¡E-Eso no es verdad!

Su grito tan solo dejaba más claro que si lo estaba. Ran sonrió levemente y se acercó a él, dándole un pequeño beso en la nariz. Shinichi enrojecio aún más si se podía.

De repente su herida ya no dolía tanto.

-Eres un tonto... No tenias por qué estarlo- El chico se derritio ante la dulzura de aquella sonrisa- Siempre serás mi mejor amigo

-"No es por eso"- Pensó el detective, pero no lo expresó en voz alta. Se quedaron mirándose unos instantes, sonriendo ambos. Ninguno de los presentes se atrevió a interrumpir aquella escena que parecía mágica...

-¡Ran-chan! ¡Nos llama la profe!- El grito de Daisuke terminó con aquel momento entre ambos jóvenes. La chica volteo su cabeza para ver al muchacho de verdes orbes y asintio, se levantó y se dirigió hacia el aún sonriente.

Todos miraron como la muchacha se iba con el rubio, que no parecía ser consciente de lo que había hecho. Volvieron a mirar al de ojos azules, quien aún desde el suelo le dedicaba una mirada asesina al de ojos verdes, y se temieron lo peor.

Se encargaría personalmente de que ese tipo no volviera a acercarse a Ran en su vida