Renuncia: Ni South Park, ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Trey Parker y Matt Stone.
PanzerKinder: Me alegra que sea esto lo que leas al despertar, por raro que suene. Gracias por tu review.
Capítulo 12. Súper mejores amigos.
— ¿Se fue? – Parpadeó Kyle sorprendido. Craig le dedicó una mirada significativa, una mezcla entre la burla y la sorpresa. Se aclaró la garganta tratando de aparentar que en verdad no se había sorprendido tanto y buscando retomar la conversación de la forma más natural que se le ocurrió – Seguro se metió en algún problema estúpido de nuevo.
Farfulló algunas frases más al tiempo en que sacaba su libro de matemáticas del casillero y lo metía a su mochila con poco cuidado ¡Quién en su sano juicio daba matemáticas al final de la jornada! Mataría al imbécil que propuso el horario de ese año si pudiera. Observó a Kenny negar con la cabeza e intentando reprimir una sonrisa, cuánto odiaba lo poco disimulados que solían ser sus amigos y en ese momento agradeció al cielo y a todos los dioses que el casillero de Stan fuera uno de los de la fila de abajo o se habría percatado de su descarado interés por Eric Cartman.
— En realidad, dijo sentirse enfermo – Craig continuó el relato, colgando su mochila en los hombros.
— ¿Seguro que no fingió estar enfermo? – Cuestionó Kenny en un suspiro.
— Pues fue una buena actuación entonces – Se encogió de hombros – El caso es que fue a la enfermería y parece que le permitieron irse a casa.
— A una hora de salir ¿y no pudo esperar? – Bufó Stan, cerrando el casillero y poniéndose en pie.
— Ya sabes cómo es el culo gordo – Recordó Kenny – Seguramente haya estado planeando algo otra vez.
— O se sentía solo – La voz de Craig sonó a un insinuante siseo que acompañó con una ceja bien alzada. Los otros tres no pudieron evitar retroceder asombrados.
A Kyle le tomó unos instantes recomponerse ante la idea de Cartman – Eric Cartman, antisemita, bastardo cruel, egocéntrico y narcisista – saltándose las clases porque se sentía solo. Y no lo creyó, al menos no por un momento, pero Craig nunca había visto necesario mentir de ninguna manera y por ningún motivo, acostumbraba a decirlo todo de forma tosca y sincera, hasta su opinión más osada. No sabía si se trataba de una broma y si al segundo siguiente Craig comenzaría a reírse por las caras estúpidas que se les había quedado, pero no podía importarle menos. Lo normal era preocuparse por la salud y bienestar de sus amigos, aunque ese amigo tuviera delirios de grandeza e ínsulas de amo y señor.
Aunque la verdadera razón fuera que gustaba de ese amigo.
— ¿Estamos hablando del mismo Cartman? – Stan sacudió la cabeza, contrariado. La mirada que le dirigió a Craig había sido fría, como quien no se cree el cuento de que un monstruo vive debajo de la cama para asustar niños, quizá fue lo suficientemente fría como para hacerle sentir amenazado porque Tucker le mostró el dedo medio con sumo desprecio.
A Kyle le tomaría años de trabajo emocional intenso hacer que esos dos acabaran por llevarse bien, aunque, por el momento, podía conformarse con que soportaran vivir en el mismo espacio durante algunas horas.
— Piénsalo, Kyle – Siguió diciendo Craig – Llevan sin hablar desde el almuerzo y lo sé porque Clyde te vio salir corriendo del comedor. Ya todos saben que se han peleado, podrían actuar como amigos de una puta vez y arreglar sus diferencias.
Broflovski enrojeció considerablemente, por nada en el mundo se habría esperado eso, aunque se lo hubiesen escrito en una pancarta, con letras fluorescentes y en mayúsculas, Craig le estaba pidiendo que hablara con Cartman. No, no sólo eso. Maldijo el día en que aprendió a leer entre líneas porque no pasó mucho tiempo hasta que comprendió que en verdad le pedía que fuera sincero con él. ¡Demonios! Se reprendió el ser tan expresivo, de otra forma se habría ahorrado la cara confundida que le dedicó Stan.
— Cartman me odia – Fue lo que se le ocurrió decir y al sentir la mano amistosa de Kenny en su hombro, supo que debía evitar su cháchara sobre tener oportunidades con el castaño a como diera lugar. Ni Craig ni Kenny parecían entender que Stan no tenía idea de lo que hablaban, así que continuó antes de que alguien más lo hiciera – Si supiera que es otro de sus berrinches infantiles, ya habría hablado con él.
— Ya se le pasará – Concilió Stan, provocando en Craig el resoplar fastidiado.
— ¡Craig! – La voz aguda de Tweek atravesó el pasillo y el aludido se giró para observar el momento en que el tembloroso rubio se acercaba al grupo a pasos agigantados, intentando que la mochila no se resbalara de su hombro, pero fallando estrepitosamente. Kyle fue testigo de la ligera curvatura en los labios de Craig y por algunos segundos se sintió plenamente feliz sólo con ver el amor que desprendían esos ojos.
— Hey, Tweekie – Saludó Kenny, con una voz tan dulce que habría pensado que era otra persona de no ser porque Tweek le devolvió un "Hola, Kenny" a media voz y con la respiración agitada por haber corrido hasta ahí.
— ¿Qué sucede? – Cuestionó Craig.
Tweek estuvo a punto de decir algo, pero repentinamente reparó en la presencia de los demás, tres pares de ojos más observándole a la expectativa de lo que sea que fuera a decir. Llevó ambas manos a su camisa y comenzó a jugar con los botones verdes al tiempo en que sus ojos viajaban sobre Craig y el suelo. Kenny rio por lo bajo y Kyle habría soltado algún sonido como respuesta a la aparente ternura que le provocaba el rubio de no ser porque, antes de hacerlo, sus ojos cayeron en la presencia de Stan que observaba impasible la escena. No supo qué significaba aquella mirada tan vacía, como si estuviera viendo a la parejita, pero sin verles realmente. Así que cualquier intento de habla, murió en ese momento.
Craig, por su parte, se inclinó hacia Tweek, indicándole que podía hablarle al oído en caso de que prefiriera no ser escuchado y este accedió a juntar sus manos alrededor de sus labios para generar la mayor cantidad de intimidad posible y susurrar aquello que aparentaba ser importante.
— Ya veo – Dijo Craig justo en el momento en que Tweek se separó para observarle suplicante, con esos grandes e inquietos ojos azules de alguien que vivía en su propio universo con sus propias reglas.
— ¿Noche apasionada? ¿Craig, no olvides tus condones? – Decía Kenny imitando un tono de voz muy sugerente y tratando de adivinar las palabras de Tweek y este soltó un chillido histérico.
— ¡Jesús, no! ¡No es…! – Balbuceó, agitando las manos y buscando por todos los medios huir de la mirada provocativa de McCormick.
Craig suspiró agobiado y Kyle no daba crédito de lo bien que se le daba al moreno el reprimir la vergüenza en sus expresiones faciales, ni siquiera él había sido capaz de evitar que sus mejillas se calentaran. Se mordió el labio inferior, apartando la vista de la pareja y reprendiéndose internamente por imaginar ese tipo de cosas bien subidas de tono sobre esos dos. Se prometió a sí mismo dejar de pasar tiempo con Kenny, sólo un segundo junto a él bastaba para corromper lo que le quedaba de ingenuidad y decencia. Era eso o realmente había escogido el camino impuro de caer en situaciones vulgares e indecorosas.
Craig tomó a Tweek de la mano y tras un par de insultos hacia el de parka naranja, emprendió su viaje por el pasillo con un andar flojo y aburrido, con su novio intentando seguirle el paso. Kyle observó aquellas manos que permanecieron unidas hasta que se perdieron entre los demás estudiantes. Manos entrelazadas, dedos ejerciendo presión sobre el dorso ajeno, con fuerza gentil, con calidez agradable. Manos unidas de sentimientos unidos, amor mutuo, confianza ciega.
Stan agitaba su mano frente a sus ojos, aquello le había hecho reaccionar casi al instante. Observó a sus amigos que le observaban curiosos y Kyle tuvo que sacudir la cabeza cerrando los ojos para remover aquellos pensamientos de nostalgia inducida, de imágenes proyectadas de lo que realmente deseaba.
— ¿Estás bien? – Preguntó Stan frunciendo el ceño hacia arriba en señal de preocupación. El pelirrojo asintió con la cabeza, sonriendo despreocupado – Estaba diciendo que nos vemos en clase.
— ¿A dónde vas? – Indagó Kyle volviendo en sí y como si fuera su única oportunidad, estiró el brazo con la clara intención de tomarle la mano, pero Stan había sido más rápido al apartarla, alzándola para llevarla tras la nuca, fallando al disimular un movimiento natural.
Y no esperaba que aquella forma no muy sutil de rechazarlo le asustara tanto, había sentido un vuelco en el estómago y su pecho casi hundiéndose ante el inesperado retroceso. Se observaron durante unos tortuosos segundos de completa incomodidad en los que Kyle no supo qué hacer con las manos, así que las frotó en sus vaqueros como si estuviera limpiándolas de algo.
— Tengo algo que hacer antes de clase – Anunció Marsh dándose la vuelta para irse y se habría visto confiado de no ser porque hasta un ciego podría haber visto lo incómodo que estaba.
— ¿Qué fue eso? – Bufó Kenny, frunciendo el ceño hacia la dirección donde Stan había desaparecido.
— Stan es un cretino como novio – Resopló con desdén, uniendo sus pelirrojas cejas tanto como le fuera posible.
Pero Cartman también sería una cretino, se decía a sí mismo, Cartman es un cretino por defecto. Un cretino que era en verdad amable y atento cuando se lo proponía, cuando había algo que le interesara conseguir. Suspiró, alejándose con Kenny rumbo al salón de clases, sin ser capaz de dejar de pensar en que, a lo mejor, todos esos rollos amorosos en los que estaba metido – aun sin quererlo – habían terminado por ahuyentar al castaño y no estaba exagerando, no había nada peor que un grupo de mejores amigos siendo separados por el amor estúpido de corazones idiotas fijándose en la persona menos indicada en el peor de los momentos.
Kyle quería a Cartman, se moría por una oportunidad, si quiera porque mostrara un atisbo de interés por él más allá de la manía con su religión. El tema ni siquiera debería estar en discusión, era un joven de trece años que comprendía exactamente cómo se sentía, con necesidades básicas y no tan básicas como ser amado por alguien. Pero no. Tenía que haber nacido con la fortuna de tener amigos imbéciles que no eran capaces de sobrevivir por sí mismos ni una semana. Stan ya debería saber si Wendy es el amor de su vida o no, pensaba con obstinación. A él le bastó una tarde para darse cuenta de que veía a Eric Cartman con otros ojos, unos con tintes románticos y desde entonces había intentado lidiar con la situación como buenamente podía. Evaluando las probabilidades y su propio corazón. Pasar tanto tiempo con una persona porque alguna vez le había dado por intentar algo más, por las risas, por haberse dejado llevar por un momento de locura y arrebato, sólo para que mantuvieran una relación inestable y malsana, le parecía hasta ofensivo. Tomarse tanto tiempo para seguir confundido no debió haberle parecido una buena idea a su súper mejor amigo, en primer lugar.
Kyle había jurado ser racional para cuando tuviera que enfrentarse a las emociones que traía consigo el amor, si fue sólo porque en ese preciso momento tenía miedo de confirmar sus sentimientos por el mayor hijo de puta del pueblo, no importaba. Al final se lo había jurado de cualquier forma.
Por todos los dioses, cuánto se arrepentía de haber flaqueado ante los ojos tristones y abatidos de Stan, de haber accedido a las demandas de Wendy y su forma de ser tan políticamente correcta. En comparación con lo que esos dos tenían que arreglar, su amor por el Señor Huesos Fuertes no era más que un chiste mal contado. Y, con un demonio ¿por qué todo tenía que ser todo tan complejo?
Había perdido la cuenta ya de todas las veces en las que suspiró fastidiado durante la última hora de clases, maldiciendo por lo bajo y murmurando que todo era un sinsentido tras otro y que él no debió haber hecho las cosas que hizo, tomado las decisiones que tomó.
Para cuando el timbre que anunciaba el final de la jornada resonó por las instalaciones, ya había perdido de vista a Stan.
Capítulo 13. Y el ganador es…
