12. Beso
Arthur caminaba con rapidez, a través de la vegetación, examinando los alimentos con los que podían contar para sobrevivir en aquel lugar. Manuel lo seguía en silencio, no era de su agrado seguirlo pero había vivido tanto tiempo junto a Antonio, que ya no recordaba cómo vivir en la naturaleza lejos de las comodidades a las que se había acostumbrado. Si recordara aun como sobrevivir solo de la flora y fauna a la que tenia alcance, no necesitaría seguir a Arthur pero lamentablemente lo necesitaba, y debido a eso mismo, la expresión de su rostro dibujaba una pequeña mueca, que reflejaba lo desagradable que le era esta situación.
— Bien — murmuró Arthur seriamente notando la expresión de Manuel — al parecer tendremos el suficiente alimento mientras vengan a buscarnos.
— ¿Estas seguro que vendrán? — preguntó Manuel con expresión incrédula, porque claro, si no sabían en donde estaban o no sabían siquiera que estaban vivos, las posibilidades se hacían casi nulas.
— A diferencia de ustedes, los europeos somos hombres confiables — respondió en tono ofensivo inmediatamente. No solo por el hecho de ofender a Manuel, aunque le produjo satisfacción ver el rostro de Manuel cuando le dijo esta frase, sino que confiaba plenamente en las capacidades de sus hombres.
Manuel cruzo los brazos molesto y siguió caminando sin mirar a Arthur. No quería que viera como le había molestado aquella frase, así que camino lentamente, mientras Arthur fingía prestarle más atención a los árboles fruteros de los alrededores.
— Más bien son unos abusivos altaneros — agregó sin detenerse ni voltear, a pesar que quería ver si Arthur había dibujado alguna mueca al escuchar esto.
— Pero no unos sucios ignorantes — respondió Arthur molesto, buscando como ofender al joven de cabellos oscuros, observando como Manuel se detuvo y volteo molesto, lo que lo hizo sonreír suavemente.
— Repite eso — exclamo Manuel acercándose lentamente, ya perdiendo la paciencia, su sola mirada reflejaba esto.
— Sucios ignorantes — repitió sonriendo con gesto burlón.
Sin pensarlo dos veces, Manuel se tiro encima botándolo al suelo, a pesar de la resistencia de Arthur, le afirmo las muñecas como pudo dejándolo inmovilizado.
— ¡Repite eso una vez más! — le gritó Manuel considerablemente molesto.
— Sucios ignorantes — respondió Arthur lentamente remarcando la última palabra y terminando con una sonrisa irónica al notar el rostro de Manuel que casi estaba rojo de rabia.
Pero ante la sorpresa del Manuel, el pirata lo agarro de los brazos y con fuerzas lo dio vuelta hacia al suelo, quedando ahora el rubio encima de su cuerpo y lo aprisionó con fuerzas contra la arena.
— Jugar conmigo no es tan fácil jovencito — exclamó sonriendo y se acerco hasta el oído de Manuel —, dejemos este jueguito para después — le susurró, haciendo que el joven se sonrojara al sentir aquella tibieza cerca de su oreja.
Arthur se levanto y siguió caminando, Manuel también se levanto sacudiendo la arena de su ropa, completamente molesto. Observo al inglés caminar con una mirada de rabia, pero su rostro aun sonrojado le daba una expresión extraña.
En medio del Océano se escucho un aullido que rompió la normal serenidad del mar. Un pequeño bote se movía lentamente en son a los movimientos de las olas, que parecía acurrucarlo como si se tratase de la cuna de un bebe dormido. Un joven de cabellos oscuros sonrió con gesto de triunfo, levantando los brazos en señal de victoria.
— ¡Sabia que estábamos cerca! — exclamó sonriendo.
— Al fin, después de tantos días vagando sin rumbo fijo – suspiró otro chico de cabellos oscuros y anteojos – No sé cómo me vi metido en esto.
— ¡No digas eso Gustavo! Debo salvar a Rafa de las garras de ese infeliz — agregó visiblemente molesto —, ¡no dejare que ese tipo le ponga las manos encima! — al decir esto empuño su mano levantándola hacia el cielo.
— Esperemos que ese pirata inglés no lo haya maltratado y….
— ¡No me refiero a ese tipo! Me refiero al idiota de Francisco — señaló cruzando los brazos mientras se sentaba en el bote, con una expresión que reflejaba lo molesto que le resultaba recordar a Francisco, y al inentendible, para él, cariño de Rafa hacia ese tipo.
— Francisco no le haría daño a Rafa, y eso lo sabes perfectamente Juanca — suspiró Gustavo con gesto cansado, como si ya varias veces había tratado de que Juanca entendiera esto.
En eso, chiquita, el perro chihuahua de Francisco, dio un salto tirándose al mar y nadando en dirección hacia una playa, ambos empezaron a remar siguiendo al pequeño perro que nadaba rápidamente. Al llegar a la playa, chiquita corrió a la dirección en que su olfato la llevaba, deteniéndose en un lugar en que una rudimentaria cruz se levantaba y olorosando aquel lugar, empezó a excavar inmediatamente.
Juanca empezó a excavar también, sin detenerse, además que no era difícil, la tierra aun estaba suelta, ya que la sepultura se notaba que había sido hecha recientemente. Excavo sin pensar en lo que podía encontrar, Gustavo lo miraba con expresión preocupada, porque para él era más que obvio que ahí se encontraba un cuerpo sin vida. Pero Juanca seguía excavando junto a Chiquita, quien parecía con ansias de encontrar lo que había olfateado. En eso se encontraron con el cuerpo de Francisco, Juanca lo arrastro fuera de la fosa sin reflejar ninguna expresión en su rostro y empezó a sacudirlo.
— ¡Oye idiota! Déjate de jugar al muerto y levántate — le gritó sin dejar de sacudirlo —, dime ¡¿en donde esta Rafa?! — y seguía sacudiéndolo molesto por su silencio.
— Juanca, creo que Francisco no te responderá, está muerto — señaló Gustavo con angustia.
— ¿Muerto? — Miró a Francisco fijamente. – No está muerto — agrego molesto —, solo se hace el muerto para no decirme en donde tiene a Rafa. — se levanto y lo señalo apuntándolo.
Se acercó y lo miro fijamente sin dejar de estar molesto, pensando que si se acercaba mas sentiría su respiración y descubriría la mentira de Francisco, pero al no sentir respiración alguna, se acerco aun más. No podía creer que estuviera muerto. En eso Chiquita se tiro encima de la cabeza de Juanca haciendo que se acercara tanto a Francisco, que lo besó involuntariamente.
Apenas sintió los labios de Francisco retrocedió inmediatamente. Aquellos labios para su sorpresa levemente aun se mantenían tibios, con lo que confirmó que no estaba muerto, pero el solo hecho de besar a quien menos hubiera querido, hizo que se molestara considerablemente.
— ¡Maldito perro! — Gritó levantándose sonrojado — ¡Maldición! Acabo de besar a este idiota.
— Oye, espera — exclamó Gustavo acercándose a Francisco notando algo extraño, lo levantó e inmediatamente miro a Juanca — tienes razón, respira.
Francisco tosió suavemente y luego con más fuerza, abriendo los ojos asustado, algo perdido, no entendía que pasaba, porque estaba Gustavo y Juanca aquí, aunque no sabía tampoco en donde estaba. Se fijo en Gustavo, quien lo miraba con alivio y en Juanca que lo miraba más molesto que nunca, como si algo le hubiera hecho.
— ¡Rafa! — exclamó tratando de levantarse, pero se detuvo al sentirse mareado.
— Francisco, pensamos que estabas muerto — señaló Gustavo, ayudándolo a levantarse. Y mirándolo sin entender el porqué si estaba vivo, lo habían encontrado sepultado.
— Yo también — habló mirando a su alrededor —, me duele un poco la cabeza y mis heridas — se quejó. — Sentí que había muerto, realmente pensé que había muerto — agregó seriamente mirando hacia el suelo —, pero sentí los tibios labios de mi Rafita y eso me despertó, no sé cómo — al decir esto sonrió suavemente sonrojándose.
— Pues, esos tibios labios precisamente no eran de Rafa — exclamó Gustavo mirando a Juanca con una expresión que daba a entender que los verdaderos labios que había probado pertenecían a Juanca no a Rafa.
Francisco miro a Juanca, ambos se sonrojaron completamente y empezaron a hacer arcadas exageradamente, como si el solo hecho de besarse era lo peor que les podría pasar.
—Bueno, vamos a curar esas heridas — señalo Gustavo, subiéndose las mangas de su camisa, tratando de cambiar el tema. — Tienes suerte — agrego mientras lo examinaba — esa espada paso a centímetros de tu corazón.
— Pensé que me había atravesado el corazón — suspiró sonriendo —, pero al parecer la suerte me acompaña — se rió suavemente.
— Yo te atravesare el corazón, sino me dices en donde esta mi hermano — agregó molesto Juanca con los brazos cruzados apoyado en un árbol, evitando mirar fijamente a Francisco porque él solo mirarlo lo hacía sonrojarse por el recuerdo de aquel reciente beso.
— ¿Me atravesaras el corazón con tu amor? — preguntó con intención de molestarlo, notando claramente que Juanca se molesto aun más, al empuñar ambas manos. — Si debo ir a buscar a Rafa — Agregó al recordar lo que más le estaba preocupando, Francisco trato de levantarse, pero Gustavo lo detuvo mirándolo con gesto serio.
— Primero cura tus heridas ¿además sabes en donde esta Rafael? — Gustavo lo observó seriamente notando la confusión de Francisco, era claro que no sabía exactamente en donde podría encontrarse Rafa.
— No — trató de pensar por sí recordaba algo —, pero si Diego hizo lo que espero, ambos deben estar a salvo, aunque no sé en qué lugar se encuentran exactamente.
— Muy bien, curemos tus heridas y pensemos que haremos para ir a donde están ellos, porque si ambos están a salvo, deben ir en camino a casa y podemos ir hacia la misma dirección que presumimos a la que se dirigen — Gustavo empezó a limpiarle las heridas. — Lo que no entiendo, es como sobreviviste enterrado, además cuando Juanca te saco de ahí estabas bien pálido, estoy seguro que no respirabas.
— No se — respondió Francisco pensando — recuerdo que todo se puso oscuro y escuchaba las voces alejandose mientras caía en lo que pensé era el sueño eterno.
— Si no fuera porque Juanca te beso no hubieras despertado — agregó Gustavo.
— Hubiera preferido un beso de mi Rafa — suspiró Francisco con gesto desalentado.
— ¡¿y tú crees que yo estoy feliz por haberte besado?! — gritó Juanca molesto.
— No sé si tu estas feliz, pero yo tendré pesadillas con ese beso — volvió a suspirar.
— Para mí, que este tipo tiene un pacto con el demonio o algo así — Juanca lo miró fijamente. — Sino es inexplicable que vuelvas del mundo de los muertos…
— Volví por el amor a mi Rafita — respondió sonrojándose.
Gustavo y Juanca se miraron, normalmente Francisco siempre había sido un tipo muy serio y ahora lo veían hablar de una forma tan distinta, que era diferente a como lo recordaban.
Se alejaron un poco para hablar entre ellos, mientras Francisco sentado en la arena jugaba con Chiquita, quien parecía muy alegre de encontrar a su amo.
— Para mí que esta poseído o algo — susurró Juanca. — Podríamos exorcizarlo o quemarlo en una hoguera. — se dibujo una leve expresión maligna en su rostro.
— Tal vez estaba hechizado, ese canto que dice haber escuchado debió ser el causante — murmuró Gustavo.
— Entonces, ¿lo volvemos a matar?
— No, como se te ocurre
— Solo era una idea — suspiró — una buena idea claro...
— Si como no
—Mira lo amarramos y le prendemos fuego, sino se muere entonces esta poseído y si se muere le pedimos perdón a su alma y lo volvemos a enterrar en su fosa...
— A veces puedes parecer realmente muy cruel — murmuró Gustavo mirándolo levemente con expresión preocupada.
— ¿De qué hablan? — preguntó Francisco acercándose lentamente con curiosidad.
— De nada — se rió forzosamente Gustavo.
— Solo de cómo podríamos deshacernos de ti — agregó Juanca con fingido gesto inocente.
— Con otro beso — respondió Francisco fingiendo la misma inocencia.
— ¡Cállate!
— Entonces me ayudaran o no a buscar a mi Rafa — preguntó Pancho sonriendo suavemente.
— ¡No es "tu" Rafa! — contradijo Juanca.
— Claro que te ayudaremos — respondió de inmediato Gustavo. — Porque si vas solo, puede que sea más peligroso.
— Yo iré para que no abuses de mi hermano — exclamó Juanca cerrando los ojos, molesto.
