Durante la semana, vio dos veces más a Draco Malfoy en la mañana, pero ella siempre iba acompañada. Aun así sus ojos siempre, siempre se habían encontrado. No podía descifrar su mirada. Parecía como si todo aquello le importara, pero entonces ¿Por qué no decía nada? ¿Por qué no había intentado recuperarla de alguna forma? ¿Hablar con ella? Quizá fuera por las miradas de odio que ella le lanzaba. Pero no podía evitarlo. Él había hecho que perdiera a Magogris. Él tenía la culpa de todo.

Por eso se sorprendió cuando ese viernes, mientras estaba concentrada redactando el incumplimiento de algunas leyes, le suena el pitido de una conversación. Hacía días que moreno 31 no le hablaba, pues ella había dejado de contestarle, así que sacó el móvil con curiosidad.

Casi se cae de la silla cuando ve que la conversación es de Magogris.

El estómago le empieza a doler, y le tiemblan las manos mientras decide si debe abrir el mensaje. Pero es superior a ella, y lo abre.

Magogris: tengo tu libro de encantamientos, por si quieres recuperarlo. Puedes encontrarme en la sección de pociones medicinales, planta –2.

A Hermione le hierve la sangre. Casi una semana sin hablar y solo se le ocurre devolverle el libro, del cual ni siquiera se acordaba.

Lo que Hermione no sabía, es que Draco había pensado en mil y una forma de hablar con ella, y al final, solo se le había ocurrido usar de excusa el devolverle el libro para volver a escribirle, y a ser posible, verla de nuevo.

Atenea: como te atreves a hablarme, después de todo lo que me has hecho. Después de haberme mentido de esa forma.

Magogris: perdona, pero aquí la única mentirosa que hay eres tú.

Atenea: ¿Qué yo soy una mentirosa? Yo no te he hecho creer que soy de una forma que en realidad no soy, siempre he sido yo misma.

Magogris: ¿Qué sabrás tu como soy yo? Fuiste con el cuento de que no te importaba nada el pasado, y es en lo único en que te basaste al verme.

Magogris: eso se llama, ser una mentirosa.

Magogris: siempre has ido de buena y de víctima, y tienes más prejuicios que nadie.

Hermione no podía creer lo que estaba leyendo. ¿Cómo se atrevía a hablarle así? Osea ¿Qué ahora la culpa de todo la tenía ella?

Se levantó echa una furia y salió de su despacho echando humo. Su rostro era tal, que su secretario no se atrevió a preguntar nada, mientras la veía alejarse con los puños apretados y pose agresiva.

Alcanzó el ascensor, en ese momento completamente vacío (pues cada uno seguía en su puesto de trabajo) y apretó el –2. Como que se llamaba Hermione Granger que no iba a dejar que la insultaran de esa forma. No después de todo lo que lo había aguantado ya en el colegio. Ahora era una mujer adulta, e iba a defenderse.

Draco miraba la pantalla de su móvil, apretándolo con fuerza y rabia, pues ella no le contestaba a su provocación. Se quedó blanco cuando la puerta de su lugar de trabajo se abrió de golpe y la chica que ocupaba sus pensamientos entraba como un torbellino.

Lo primero que hizo al llegar hasta él, fue empujarlo con todas sus fuerzas hacia atrás. Con tanta fuerza, que él incluso se tambaleó.

–Repíteme todo eso a la cara, si te atreves – le gritó ella.

Pero Draco no iba a dejarse amedrentar.

–claro que lo haré. ¡men-ti-ro-sa! – le soltó él recuperándose y enfrentándola cuan alto era – "no busco un príncipe sin defectos ni pasado" – soltó él imitando la voz de ella – pues mira, aquí está el príncipe, y tiene muchos defectos, y un horrible pasado. No es lo que esperabas ¿verdad?

–lo que no esperaba es que fueras capaz de fingir ser quien no eres solo para engañar a alguien, para humillarle ¿acaso sabias desde el principio que era yo? ¿Por eso lo hiciste?

Los dos pararon un segundo de chillarse mientras observaban como el compañero de Draco salía del lugar. Mejor, no necesitaban público.

–Si hubiera sabido que eras tú, jamás te hubiera elegido – le dijo, alzando la voz de nuevo – no soy imbécil, sabía que esto pasaría ¿para qué iba a perder el tiempo? ¡Y jamás fingí ser otra persona!

Hermione sintió que el enfado desaparecía poco a poco, y una enorme pena se apoderaba de ella.

–no puedo creerte – murmuró, mirando al suelo – tú no eres Magogris. Es completamente imposible.

Draco aprovechó su debilidad para cogerla por los hombros y obligarla a mirarle a los ojos.

–no sigas fingiendo que no lo sabes. Magogris soy yo, y yo soy magogris – le dijo, ya en tono normal – tú lo sabes, y yo lo sé.

Hermione le escuchó en silencio, mirándole a los ojos. Era la misma mirada que se ocultaba tras la máscara. Ya no quedaba nada en él del niño malcriado y odioso que fue.

–No eres el Draco que conocí en el colegio – murmuró suplicante, pidiéndole que le dijera que ella tenía razón, y que aquello no estaba bien.

–tienes razón, no lo soy.

Hermione se agarró a su camisa, pues aunque él la sujetaba por los brazos, sentía que iba a desmayarse allí mismo si recuperaba a Magogris.

–pero es imposible. Yo soy Hermione Granger, y tú eres Draco Malfoy.

–si. – reconoció él – y eso es algo que no podemos evitar. Igual que no podemos evitar esto.

Y a continuación la pegó a su cuerpo y la besó, despacio, con calma. Dejando que ella se acostumbrara, que aceptara que el chico que la besaba ahora, y el chico que la besó en la fiesta, eran la misma persona.

Hermione aceptó el beso casi con lágrimas en los ojos. Era él. Sus besos, sus caricias. La forma en que la pegaba contra su cuerpo, encajando perfectamente. Sus manos buscaron su pelo. El mismo pelo fino y sedoso que enredó entre sus dedos el día de la fiesta. La misma respiración cálida cuando se separan y se quedan a escasos centímetros. Los mismos ojos...

–eres tu…

Draco la envolvió en sus brazos, y ella también le abrazó con fuerza.

–Desde que te fuiste del restaurante… es extraño – le dijo sin soltarla – pero nunca me ha importado que fueras Hermione Granger, la chica a la que no soportaba en el colegio. Solo podía pensar en que había perdido a Atenea.

–Va a ser difícil – le recordó ella, apoyada sobre su pecho, y protegida en la calidez de sus brazos, rodeándola con fuerza. Siempre con demasiada fuerza, la presión perfecta, en su opinión.

–No me importa… – murmuró el, contra su pelo, del cual disfrutaba del maravilloso aroma que desprendía. No quería soltarla. – entonces… espero que no hayas venido solo a por tu libro de encantamientos.

Hermione se separó de él lo justo para mirarle a los ojos.

–no. He venido a por ti.


Sé que es corto, de los más cortos de la historia… ¿pero que más iba a poner? Discuten como energúmenos, y acaban arreglándolo todo, no había más que añadir.

Este podría ser el último capítulo, pero los que seguís mis historias, sabéis que me gusta hacer un capítulo más de ellos con el paso del tiempo, de cómo les va y esas cosas, así que todavía falta un capítulo más.

Algunas me habéis dicho que algunos capítulos van como demasiado rápido, pero es que los días que no cuento, los dos están hechos un asco cada uno en su casa, me parece obvio, y por eso voy directa a los días clave.

Espero no haberos defraudado y que os haya gustado este final.

Ya me contáis.

Muchas gracias, como siempre a:

LluviaDeOro, Celevhr, KarlaWinx, .HR (aunque aún está llegando jaja), arovgo, Kattypocket, Xiamara Nott, 14, selegna, johannna, Vigrid, rochylrdm, Celevhr, Annykzhenn, dianetonks (yo creo que sí que me llegan tus reviews, pero estate tranquila, sé que estás ahí ;)), sandralilith, Doristarazona, Parejachyca, artemisa2013.

P.D.: por cierto, todas estabais de acuerdo en defender a Draco y que no se merecía lo que Hermione le estaba haciendo pasar. No será que todas estamos tan enamoradas de Draco que no somos objetivas ¿no? Jajaja. Ahí lo dejo.

Un beso!