No puede evitarlo, observa a su alrededor, intentando adivinar si Heda está ahí.

- Mira, tu madre está ahí - le avisa Octavia.

Y aunque no es exactamente a quién está buscando, se gira hacia la dirección del dedo estirado de su amiga.

- ¡Abby! -la llama al ver que, efectivamente, su madre está tras la barra, hablando con uno de los camareros, y buscando a quien la llama al oírla.

- ¡Clarke, hey! Has venido -le sonríe, moviéndose lpara salir de la barra y pararse frente a ellas-. Gracias, a las dos.

- No es ningún problema -dice Octavia, haciéndose con dos copas de champán de una camarera que pasa junto a ella.

- Habéis aprovechado el espacio, por lo que veo -comenta Clarke, quitándole una copa a Octavia (acto que esta le reprocha con un "¡hey!"), y aprovechando para echar un vistazo a las caras de los que han venido a la fiesta de apertura.

¿Será una invitada? ¿Una camarera?

Bueno, una camarera tal vez no. Al fin y al cabo, Velour no es precisamente barato, y Heda habló de un ascenso en su última llamada.

- Venid, os llevo a vuestra mesa -les avisa Abby, poniéndose en marcha sin mirar atrás, sabiendo que la van a seguir sin pensarlo.

Y es cuando Abby se ha girado, que Octavia decide susurrarle:

- Tía, disimula más. Que estás estirando el cuello de tal forma que pareces una padaung.

- ¿Una qué? -le pregunta, mirándola como si estuviese loca.

- Padaung, la tribu africana en la que las mujeres se estiran el cuello a base de anillos.

En momentos como este, Clarke recuerda que no es la única en estar pagándose los estudios con Velour. Aunque siempre le sorprenderá que Octavia estudie Antropología.

- Cuidado, se te nota el frikismo -le avisa Clarke, consiguiendo que Octavia le saque la lengua.

- Y aquí os sentáis -les indica Abby, parándose junto a una mesa cercana a los malabaristas.

- ¡Perfecto! Gracias, ¿te puedo pedir otra copa? -le pregunta Octavia a Abby, sentándose y terminándose lo que le queda de champán de un trago.

- Puedes y debes, te la traen ahora. Disfrutad.

Clarke la ve dudar, mirándola como queriendo darle un abrazo antes de ir a retomar su papel de co-propietaria del restaurante. Pero no se lo da (y lo agradece, no están aún en ese punto) y la ve alejarse de nuevo hacia la barra.

Suspira, antes de sentarse junto a la loca de su amiga, echando un último vistazo a su madre antes de hacer una última búsqueda rápida entre la gente del local.

- Pues no está mal el sitio -comenta su amiga, con la mirada clavada en el techo-. Es como bohemio y moderno. Me gusta lo de pintar un cielo con estrellas en el techo.

No puede evitar levantar la mirada y, sí, ahí está, un cielo estrellado.

Es más, juraría que es el mismo cielo estrellado de ese lago al que su madre la llevó hace tanto, y junto al cual le contó historias de lejanas constelaciones y viejos mitos.

Baja la mirada, incapaz de seguir mirando, bebiendo de su copa. Ese viaje fue justo después de...

- Tu madre tiene buen culo -la voz de su amiga interrumpe sus pensamientos.

Y el champán se fue de marcha por sus pulmones.

- ¡Octavia! -le grita a su amiga entre tosas (aunque suena más a un "¡Ojtafia!" por culpa de la tos)

- Ea, ea, ya está. Que no me hacías ni puto caso y me parece muy fuerte. Me invitas a cenar para ignorarme, sigue así y la que pide el divorcio soy yo.

Oye un gritito de sorpresa al otro lado de la mesa, y es cuando descubre que comparten mesa con un hombre y una mujer de unos ciencuentaytantos. Por como se tapa la boca y les mira con medio espanto medio asombro, la del gritito ha sido la mujer.

- ¡No es lo que...! No me va a pedir el divorcio -intenta explicar Clarke, señalándolas a ambas para que quede claro-. No estamos juntas.

- Porque no paras de ponerme los cuernos -añade una para nada colaboradora Octavia, provocando otra exclamación de sorpresa por parte de la mujer-. Y encima estás obsesionada con la últim...

Le tapa la boca con ambas manos, poniendo cara de asco cuando nota la lengua de Octavia en la palma de su mano.

- Sólo somos y seremos amigas, en serio. Bonito local, ¿eh? ¿Habéis observado lo elegante de las lampase de techo?

Y cuando la pareja de cincuentaytantos mira hacia arriba, Clarke le quita las manos de la boca para, uno, darle una colleja a Octavia y, dos, limpiar la mano babeada en el vestido de la morena.

- Que asco, joder -susurra.

- No te quejaste mucho aquella vez -se mete con ella.

- Para decir que no volverá a ocurrir, no paras de mencionar esa noche -le devuelve Clarke.

- Pffffff -le responde Octavia.

Bueno, pues una victoria para Clarke, quien retira su servilleta del plato al ver acercarse a su mesa a un camarero con cuatro platos.

- Como primero, ensalada de tomate con espinacas fritas y queso de cabra templado -anuncia dicho camarero, poniéndoles un plato delante.

Si es sincera, no sabía exactamente qué tipo de cocina iban a hacer en el restaurante de su madre y su amiga, pero no se esperaba ese tipo de platos. Por la impresión que le había dado Raven, le pegaba más un menú a base de hamburguesas, perritos y alitas. No ensaladas, y menos de ese tipo.

Y por el gemido de Octavia, que ha vuelto a escandalizar a la mujer con la que comparten mesa, parece que está igual de bien que la pinta que tiene.

- Me tienes que presentar a Raven.

- Ni de coña -responde, antes de meterse el tenedor con un poco de todo en la boca.

Y sí, sí, entiende el gemido de su amiga.

Entre otras cosas porque ella suelta uno igual, y a la mujer parece que le va a dar un infarto.

Aunque es el hombre el que carraspea y les pide:

- Disculpen. ¿Podrían... moderarse un poco?

Clarke levanta la mano, a modo de disculpa, agradeciendo que su amiga ha conseguido nueva copa de champán, y sigue engullendo la ensalada.

Y parece que la cosa se calma momentáneamente. Ayuda que Octavia esté entretenida, y que la pareja con la que comparten mesa empiecen a quejarse de los malabaristas. Por lo que aprovecha para observar de nuevo el restaurante y, sí, volver a observar a la gente, intentando adivinar si alguna de las mujeres del local es la dueña de la voz de Heda.

No puede evitarlo, y la mini Clarke a cargo de la lógica de su cabeza ya ha mandado todo a la mierda y se ha tirado en bomba a la piscina de la obsesión.

No sabe si la imagen preconcebida en su cabeza se parecerá en algo a la Lexa de verdad, y pese a ello busca a alguna mujer profesional, elegante, aunque tímida (dios esa timidez le encanta). No sabe porqué pero se la imagina con traje masculino pero de corte femenino (porque se lo dijo en una llamada y es cierto, le encanta una buena corbata). ¿Morena? El color de pelo y ojos le da más igual, aunque tiene la sensación de que sea cual sea el pantone de la mirada que tenga, será intensa, de las que se clavan en el alma.

- Vuelves a parecer una paranoide -le indica Octavia a su lado.

- Tengo la sensación de que está aquí. No sé.

- ¿Qué tienes? ¿Un sexto sentido para localizar en la vida real a clientas que se dejan la pasta para hablar contigo?

El sonido del golpe que le da en el muslo a Octavia consigue alzar la ceja del hombre frente a ella (y parece que es la gota que colma su vaso, porque este se levanta y lo ve ir directo a hablar con su madre).

- Joder, como pica, cabrona. Fijo me has dejado tu marca- se queja Octavia.

- Pues no digas en voz alta nada acerca del curro, no me jodas.

- Tssss, que poco orgullosa del buen trabajo que haces. Con el bien que hacemos en la sociedad, ayudando a los más necesitados.

- Necesitados -repite Clarke.

- De bolsillo lleno, pero necesitados, de un buen orgasm... ¡Eh!

Esta vez no le tapa la boca, directamente se levanta y la arrastra hacia dónde cree que están los baños, alejándola de la señora que ya no sabe dónde mirar y cuyo tono de rojo se asemeja demasiado al de los tomates de la ensalada.

- ¿Vamos a los baños? Ah, genial -oye a Octavia, mientras evita a los camareros y, vaya, una contorsionista.

Cuando llega junto a los baños y ve a la chica esperando, se gira hacia su amiga, quien simplemente la adelanta para ponerse junto a la chica. Y, vale, es incapaz de aprovechar estar en otra zona del restaurante, con otra perspectiva, para ignorar a su amiga y mirar hacia el gentío.

- Tía, me estoy meando -comenta Octavia- Vaya, ¿llevas mucho esperando? -le pregunta su amiga a la chica, y l respuesta debe ser negativa porque Octavia sigue- Pues a ver si no tarda. ¿Y tú quieres dejar de mirar a todos lados cual paranoide? ¿Te has parado a pensar que tal vez no haya venido? Tal vez fueran imaginaciones tuyas y Raven no conozca a tu querida Heda.

Se gira hacia Octavia porque ¿qué cojones?

- En serio, Clarke, esta obsesión no es nada sana.

Abre la boca, dispuesta a mandarla a la mierda, cuando el baño se abre y una mujer de mediana edad sale muy digna, con un trozo de papel higiénico pegado al zapato de tacón izquierdo.

- Por fin se ha quedado libre el baño. ¿Vas a entrar? -le pregunta Octavia a la chica morena que las observa con los ojos como platos, y negando ligeramente con la cabeza- ¡Perfecto! -exclama Octavia antes de arrastrarla al interior.

Una vez dentro y a puerta cerrada, su amiga no pierde el tiempo en sentarse en el inodoro y, por ponerlo fino, aliviarse.

Clarke, por su parte, tranquilamente, abre el grifo del lavabo y hace cuento con las manos, llenándolas de agua antes de lanzársela a la indefensa de Octavia.

- ¡Ah, joder! ¡Qué coño te pasa!

- ¿Se te ha pirado o qué? ¡Porqué coño no pillas un megáfono y gritas su nombre!

- Va, no me jodas. Ya sería puta casualidad que la chavala esa conociese a Heda.

Vuelve a acumular agua en sus manos, y al verla, Octavia se queja:

- Joder, Clarke, ¡para! Va, si por puta casualidad esa conoce a Heda, te invito a cenar en el sitio más pijo que conozcas.

- ¿Vas a parar? ¿A ser más disimulada?

- Sí, suelta el agua.

Un mississipi.

Dos mississipi.

Tres mississipi.

- Clarke, prometido.

Suelta el agua y cierra el grifo.

- Salgo ya, nos vemos en la mesa -dice, señalando a una Octavia que la mira sin fiarse aún, antes de , efectivamente, salir.

Y se encuentra cara a cara con la señora de la mesa, que la mira frunciendo el ceño, y aún más cuando la mujer da un paso al baño y Clarke le cierra la puerta.

- Ocupado -sonríe, pasando ya de dar explicaciones y decidiendo ir a su mesa, en la que ve cómo un camarero cambia los platos de sus compañeros de mesa.

- ¿Ocurre algo? -le pregunta al camarero.

- Les han cambiado de acompañantes, preferían estar lejos de los malabaristas.

Mini Clarke en su cerebro, al menos no es por ellas.

- Ah, bien. Bien. Sí.

Y se sienta.

- ¿Me puede traer un whisky? Con hielo.

- Enseguida.

Lo ve alejarse, y cuando pasa junto a la barra, es cuando ve como su madre se acerca a ella, seguida de la chica que esperaba junto a la puerta del baño, que se queda clavada al verla.

Y la mini Clarke de su cerebro parece intentar decirle algo, pero no sabe qué es.

- Clarke, espero que no os importe. Resulta que por una casualidad incómoda, unas amigas de Raven estaban sentadas con quien no debían y, para no amargarles la noche, las he cambiado de sitio con los que se sentaban con vosotras.

- ¿Te quieres mover? -oye a una chica tras la morena paralizada.

- ¿Clarke?

- ¿Qué? -se gira hacia su madre- ¡Ah! No, no. Sin problema, no.

Abby le sonríe.

- Estupendo. En ese caso, os presento. Ellas son Lexa -señala a la chica paralizada que empieza a enrojecer- y a Anya -ahora a la chica tras Lexa, que evita a a esta para tenderle la mano-. Chicas, ella es mi hija, Clarke. Lo que no sé es dónde está Octavia.

- En el baño -le responde Clarke, aceptando la mano de la tal Anya-, no debería de tardar muchoZ y encantada de conoceros.

- Un placer -le responde la morena de ojos rasgados, girándose hacia la otra-. ¿Te vas a quedar ahí parada o...?

- Yo... ah... ¡NECESITOAIRE! -grita de repente la morena, antes de salir, literalmente, corriendo hacia la puerta.

Oh...

No le jo...

- ¿Qué le pasa a esa? -pregunta Octavia, volviendo a la mesa.

Clarke no responde, sólo acepta el whisky que, menos mal, le entrega justo en ese momento el camarero, para bebérselo de dos tragos.