Dos semanas habían pasado desde aquel enfrentamiento, dos semanas en que muchos alumnos comenzaban a estar totalmente de acuerdo con la medida tomada por el colegio, ya que los ataques a aquel pueblo eran prácticamente todos los días. Muchos sentían miedo, otros alumnos habían sido retirados del colegio al ver cómo avanzaba Voldemort en su búsqueda de poder.
En parte, Harry sentía que estaba ocurriendo lo mismo que en su época cuando se enteraron del regreso de Voldemort. A veces leía el Profeta y veía atroces crímenes, como familias completas asesinadas en sus casas, leía las desapariciones y escuchaba los llantos de algunos alumnos por sufrir la pérdida de alguien cercano; no era algo aislado, era bastante común escuchar algo así en la semana.
Los Merodeadores parecían incómodos por las noches a medida que se acercaba la luna llena, pero esa tarde estaban totalmente nerviosos. Sirius cada cierto tiempo lanzaba cosas como "¡Verdad que hoy debemos ir a detención!", como cada vez en que se acercaba la luna, así intentaba lograr que Harry y Ron no se enteraran de la licantropía de Remus. Ambos fingían creerles, como era obvio.
Aquella tarde, Remus estaba más preocupado de lo normal. Suspiraba cada cierto tiempo y se acercaba a charlar con Hermione en un intento de poder relajarse. Ella obviamente que intentaba hacerlo sentir mejor, sabía el porqué de su preocupación, por lo que le hacía reír con alguna que otra ocurrencia.
—Debería hacer mi tarea de mañana —murmuró Remus sentado en los sillones junto a Hermione. Ambos dejaron su libro al lado—. Ya terminé este libro, sólo lo estoy releyendo.
—Igual deberías ya haberla hecho —le regañó la castaña, provocando la risa en el licántropo, quien la miró directamente a los ojos y sólo desvió la mirada cuando escuchó risas provenientes de las escaleras.
—Vienen los chicos —dijo éste mientras se recostaba contra el respaldar del sillón—. Ellos son los culpables de que no hiciera la tarea, así que no andes de reprochadora.
Hermione rió mientras Ron llegaba a escena, sentándose entre ambos jóvenes y rompiendo el momento en el que se encontraban. Además, éste pidió a Harry que se sentara a su lado, entre Remus y él, comenzando a correrse poco a poco y obligando a Hermione a hacerlo también. Sin embargo, ninguno se percató de las intenciones, sólo pensaron que era un distraído o bastante inoportuno.
—Deberíamos ir a dormir ya —murmuró el pelirrojo fingiendo un bostezo.
Por la noche, Harry y Ron estaban acostados en la oscuridad, solamente una tenue luz blanca, proveniente de la luna llena, alumbraba el dormitorio. Los Merodeadores no estaban en sus camas, como era obvio. Y Harry no podía dormir. Se giraba una y otra vez en la cama mientras en su mente pasaba la idea de ver a su padre como animago, era una ferviente curiosidad el que lo invadía.
Se sentó en la cama y buscó sus lentes en la cómoda. Se vistió con ropa más o menos abrigadora para aquel invierno y se acercó a su mejor amigo para constatar que éste dormía plácidamente, luego caminó hasta la salida de la habitación procurando no hacer mucho ruido al caminar. Le molestó bastante el rechinido que las escaleras soltaban con cada paso que daba el bajarlas.
Salió del castillo tan fácilmente como cuando salió de la Sala Común. No se había topado ni con Filch ni con su molesta gata. Su caminar era parsimonioso mientras sentía un escalofrío recorrer su nuca. Escondió sus manos en los bolsillos de su chaqueta mientras ingresaba al Bosque Prohibido, sintiendo cómo todo se oscurecía de un momento a otro; era tan tétrico aquel sitio.
—¿Dónde estarán? —se preguntó mientras se sobresaltaba al escuchar un sonido muy similar al de una rama quebrarse. Rió al notar que se había asustado sólo por sus propias pisadas poco calculadas.
Hermione subió las escaleras de los hombres y abrió la puerta de aquella habitación con bastante seguridad. Prendió las luces con un solo movimiento de varita y buscó al pelinegro en el lugar. Al no encontrarlo en su cama, suspiró ruidosamente y llevó ambas manos a la cintura. Posó sus ojos en Ron, aquel que sonreía en sueños y soltaba pequeñas risitas, como si nada sucediera.
Se acercó hasta él y le movió por los hombros para despertarlo. El chico abrió los ojos unos segundos, la miró confuso y volvió a dormirse. Hermione alzó una ceja antes de volver a moverlo.
—¡Ron!
—Ya, estoy despierto, mamá —musitó el joven girando en su cama hasta quedar de costado. Hermione lo volvió a mover, esta vez comenzando a perder la paciencia—. Mamá…
—¡Despiértate, Ronald! —exclamó la castaña dándole en la cabeza con una cabecera. Eso hizo que su amigo se sentara en la cama enojado y la mirara—. Harry no está en su cama. ¡Sabía que esto pasaría!
—¿Y dónde está? —preguntó Ron aún somnoliento. Refregó sus ojos intentando ver con más claridad.
—¡En el bosque, ¿dónde más podría estar?
Harry caminaba alumbrando con la varita, sabía que su padre estaría ahí. Debía encontrar a un ciervo con cornamentas muy grandes, el mismo de su patronus, o a un perro negro y grande; dudaba lograr enfocar a un animal tan chico como una rata, aunque ésta fuera más grande de lo normal. Sabía que si sus amigos se enteraban, o si los Merodeadores lo veían, estaría en problemas, pero no podía evitar esa curiosidad.
Cuando la luna llena estaba justo sobre su cabeza, escuchó un ruido que lo distrajo de su camino, pasando a tropezar con una raíz de árbol, pero antes de caer al logró recuperar el equilibrio afirmándose con la mano en el suelo. Alzó la vista y limpió la tierra de su mano en su pantalón antes de retomar el rumbo. Se detuvo de golpe al sentir una presión en su hombro.
—¿Qué crees que haces, Harry? —inquirió la mandona voz de Hermione.
El anteojudo maldijo y no giró inmediatamente. Cerró sus ojos y respiró lento, para luego finalmente encarar a Hermione. Quería decirle que no podía detenerlo, que ella no entendería jamás el porqué se era tan asiduo con el tema de averiguar más de su padre, de su madre y padrino, de Remus también. Sin embargo, sus ojos se dilataron al mirar sobre los hombros de su amiga, detrás de Ron.
—¡Cuidado!
Tanto Ron como Hermione giraron rápidamente para ver la causa de la exclamación de su amigo. Ahí, entre unos árboles gigantes y sucios, un lobo se acercaba cautelosamente, olfateándolos y mirándolos como una presa más. No alcanzó a dar otro paso para cuando el perro y el ciervo cerraron su camino; pero éste ya se sentía hambriento.
—Harry, vámonos —pidió Ron dando un paso hacia atrás, tropezando con la misma raíz que había tropezado su amigo, pero éste alcanzó a afirmarlo—. Vámonos, vámonos ya.
El aludido había asentido, no quería que su padre y Sirius se expusieran a un peligro sólo por intentar salvarlo, pero no alcanzaron a dar muchos pasos para cuando escucharon el alarido de un perro herido y el gruñido de un lobo enojado. Los tres miraron con consternación cómo Sirius estaba apegado a un árbol, aún convertido en perro, pero bastante malherido… y James estaba solo contra ese monstruo.
No habían dado más pasos. La rata igual intentaba hacer lo posible por ayudar a sus amigos, pero ningunos de sus intentos sirvió; era muy pequeña. El perro se sacudió levemente intentando ponerse de pie, no dejaría a su mejor amigo solo. Se precipitó hasta subirse al lomo del lobo para mordisquearle el cuello, como hacía cada vez que su amigo perdía el control, pero no resultó. De un manotazo el licántropo lo apartó.
James ocupaba sus grandes cornamentas para hacerlo retroceder, pero al ver que Sirius se transformaba nuevamente en un humano al haber caído varios metros atrás, perdió la concentración y cedió ante un zarpazo del hombre lobo, pero volvió a levantarse y a interponerse entre el trío y su amigo.
—Sirius —exclamó Harry antes de correr hacia donde su padrino estaba intentando ponerse de pie nuevamente, pero no tenía fuerzas ya para transformarse.
—Váyanse de aquí —pidió el chico al tomarse el brazo herido con su mano.
—¡HARRY!
Miró hacia donde Hermione había gritado. La vio sacar su varita asustada mientras el licántropo se acercaba a él, ya que el ciervo estaba completamente herido en el suelo, exhausto. El hechizo aturdidor de su amiga no había servido, tampoco el suyo ni el de Ron. Sintió miedo, retrocedió unos pasos y cubrió a su padrino con su cuerpo.
—¡Vete, Harry! —volvió a pedir Sirius antes de volver a transformarse en un perro negro y saltar hacia el licántropo.
A la lejanía se escuchaban los gritos de dolor del perro y del casi aturdido ciervo al pelear contra un hombre lobo como ése. Los pájaros se espantaban y se distanciaban lo máximo posible del lugar mientras la lluvia comenzaba a caer. La luna no alumbraba mucho, ya que las nubes la estaban cubriendo. Nada iba bien para aquellos jóvenes. Muy pronto se quedaron a oscuras.
Harry estaba completamente enojado consigo mismo al no poder ayudar más a su padre y a su padrino. Peter incluso intentaba hacerlo, pero si se acercaba como humano simplemente complicaría las cosas. Veía las infinitas heridas en los cuerpos de aquellos animales, y las casi inexistentes en el cuerpo del hombre lobo. Sólo pudo acercarse a Hermione para verificar que ésta pensara en algo.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó Harry preocupado.
Otro grito se escuchó a varios metros. Los tres animagos terminaron esparcidos en el suelo, todos convertidos en humanos, con la sangre tibia llamando al apetito frenético del hombre lobo que esa noche gobernaba el Bosque Prohibido.
Chicos, disculpen no poder subir ayer, pero por problemas de fuerza mayor no pude hacerlo. Tampoco podré actualizar el Domingo, por lo que lo haré el Lunes. Luego de eso, volveré al Jueves y Domingos.
Gracias por los comentarios *-*
Saludos
B!
