Hola! Hoy traigo un capítulo particularmente largo que espero que les guste. Yo disfruté escribiéndolo. Les cuento que la próxima semana NO voy a subir capítulo de esta historia, pues me dedicaré a trabajar en el one-shot que se ganó AnneLilithHealen por ser el review #200. Espero que también lean esa historia y me dejen sus apreciaciones.

De nuevo las insto a que me dejen sus comentarios, sobre todo si ven oportunidades de mejora en mi escritura. Sin duda escribir es algo que me encanta y que me llena mucho, especialmente porque estoy pasando por ciertas cosas que no vienen al caso, pero que parecen apaciguarse mientras escribo.

Muchas gracias por leer (doble puntaje si comentan!)


Desafío

-Hola, Chico Enamorado- canturretea Johanna con una voz tan falsa que Chaff se ríe, encantando con la burla.- ¿Qué tal el entrenamiento? Me has dejado esperándote en el puesto de lucha libre. He oído que eres letal.

Me encojo de hombros.

-No se me da mal.- admito sin querer darle motivos a Johanna para convertirme en el blanco de sus burlas.

-¿Cuál es tu especialidad?- pregunta interesada- La verdad no me sorprende que seas bueno, estoy segura de que es todo ese ejercicio que haces. Ya sabes, cuando te tumbas y…- ella hace un gesto sugerente con la cadera que hace que mis mejillas se calienten- ..eso hace que pongas un montón de músculos en funcionamiento. Por cierto, ¿en dónde está tu pareja de lucha? - dice mientras mira hacia todas partes buscando a Katniss.- Siendo un peso pluma no creo que te ayude mucho a ponerte a tono. Ya sabes…

Me decido a no darle el gusto de que se burle de nosotros, así que le respondo:

-A decir verdad, Johanna, Katniss es una pareja formidable- hago énfasis en la palabra pareja, para que note que no he dicho oponente- realmente te hace trabajar y tienes que poner muchísimo empeño para poder seguirle el ritmo. Siempre quedo extenuado después de nuestras sesiones de entrenamiento, aunque no es que me queje, a decir verdad, siempre quedo muy satisfecho. - termino la frase con una sonrisa exageradamente lasciva y ella me mira sonriente.

-¿Quién termina satisfecho?- pregunta una voz conocida a mi derecha.

-¡Finnick! - exclama Johanna mientras suelta mi cintura y se cuelga de su brazo. Su paso se ralentiza ligeramente a causa del peso extra de Johanna y yo aprovecho para caminar un poco más rápido, tratando de dejarlos rezagados sin que resulte muy notorio, pero él ajusta su velocidad para igualar la mía y sigue caminando a mi lado. Me rindo con un suspiro.

-Peeta me explicaba que la Chica en Llamas tiene otros talentos además del tiro al arco. Aparentemente realmente es muy fogosa- dice ella con doble intención.

-¡Y que lo digas! Aunque parece ser que no le agrado ni un poquito- se queja él mientras finge un puchero.

-No sufras. La chica tiene mal gusto. No te ofendas Peeta- dice mientras cae al suelo con agilidad y me da una palmadita en el brazo. La ignoro. - ¿Has visto con quien ha pasado la última hora?

Finnick esboza una sonrisa que parece iluminar todo su rostro y niega con la cabeza.

-¡Majara y Voltios! -gime ella- Debe ser un chiste. ¿Los habrá buscado a propósito para fastidiar a los demás? Creo que hasta los adictos del Seis habrían sido una mejor opción.

En ese momento los dos Tributos de Seis, aún cubiertos de pintura de colores, pasan corriendo a nuestro lado con lo que parece ser una colección nada despreciable de pinceles y espátulas para pintar mientras uno de los ayudantes del Capitolio, con el rostro completamente rojo, los persigue.

-¡Hey!- les grita- ¡Ya les dije que los artículos de entrenamiento deben quedarse en el Centro!

Ellos hacen oídos sordos y continúan corriendo con los brazos llenos, zigzagueando entre los otros tributos que se dirigen hacia el comedor, ganándose la mirada reprobadora de Cashmere y Gloss e incluso una mirada asesina por parte de Brutus.

Johanna rueda los ojos y me mira intencionadamente.

-Bueno, al menos debes reconocer que son muy rápidos. - le digo.

-Que no sea como escudos humanos, no creo que vayan a ser de utilidad en la Arena- masculla Johanna mientras ve como el ayudante se detiene para recuperar el aliento antes de seguir persiguiéndolos.- aunque en ese caso seguro que terminan siendo mejores compañeros que Majara y Voltios.

-¿Por qué crees que son inútiles? Si están aquí es porque algo deben haber hecho bien en sus propios juegos. ¿No?- le pregunto con la intención de defender el criterio de Katniss, aunque he de admitir que Beetee y Wiress son muy raros- Mira a Beetee por ejemplo. Eso de la trampa con que ganó sus juegos no es algo que cualquiera con un poco de suerte podría hacer. Debe ser listo de verdad.

Ella agita la mano como descartándolo y me replica:

-Voltios no tiene cabeza más que para sus estúpidos planes y juguetes y Majara está como una cabra. ¿Has intentado hablar con ella?

Niego con la cabeza.

-Inténtalo y entonces dime si me equivoco.

-Majara y Voltios- repito- ¿Se te han ocurrido a ti esos apodos?

-¡Qué va!- replica Finnick mientras se aparta un rizo que le ha caído sobre la frente en un gesto que se ve muy natural pero que ha de volver locas a las chicas. - Creo que esos llevan unos ocho o nueve años circulando. Para cuando Johanna se nos unió ya eran bastante conocidos.

-Ya. - digo finalmente.

Llegamos a la zona del comedor y me dirijo a una de las mesas centrales, feliz de que solo haya espacio para cuatro tributos por mesa. Espero realmente poder sentarme con Katniss, con Chaff y con Seeder, o con los adictos del Seis, o con quien sea menos con Finnick y Johanna, que parecen haberse convertido en mis nuevas sombras.

Mis esperanzas se van al traste cuando Chaff arrastra ruidosamente una de las mesas con su única mano para pegarla a otra.

-Excelente idea, colega- aprueba Finnick mientras levanta con facilidad otra de las mesas para comenzar a formar una larga hilera. - ¿Para qué comer en estas cosas diminutas y morirnos de aburrimiento cuando fácilmente podemos disfrutar de nuestra mutua compañía?

De reojo veo como Katniss entra al Comedor y frunce el ceño al ver que están juntando mesas para que comamos todos juntos. La veo ir por una bandeja para recorrer los carros cargados de comida distribuidos alrededor de la habitación.

No me disculpo con mis acompañantes antes de seguirla.

-Oye Chico Enamorado- me grita Johanna- ¿Vas por uno rápido antes de que empiece la segunda parte del entrenamiento?- siento mis orejas calentarse cuando los demás comienzan a reírse, pero no me giro. Sigo caminando hacia Katniss hasta que la alcanzo junto al estofado. La tomo del codo.

-¿Cómo te va? - le pregunto despreocupadamente.

- Bien. No está mal- Me gustan los vencedores del Distrito 3. Wiress y Beetee- responde ella.

-¿De verdad? - le pregunto sin ocultar mi sorpresa, recordando la apreciación de Johanna- Los otros parecen tomárselos un poco a broma.

-¿Por qué será que no me sorprende?- responde secamente con el ceño completamente fruncido mientras se deshace de mi mano, que aún rodeaba suavemente su brazo.

Finjo no sentirme dolido por su rechazo cuando le contesto.

-Johanna los ha apodado Majara y Voltios. Creo que ella es Majara y él es Voltios.

-Así que yo soy estúpida por pensar que podrían sernos útiles. Y todo por algo que ha dicho Johanna Mason mientras se untaba de aceite los pechos.- me dice subiendo amenazadoramente el tono.

-Lo cierto es que el apodo lleva circulando muchos años, y no lo he dicho como un insulto. Sólo comparto la información- le respondo sorprendido por su explosiva reacción mientras ella revuelve con el cucharón el contenido de la olla.

-Bueno, Wiress y Beetee son listos, inventan cosas. Con sólo mirar supieron que han puesto un campo de fuerza entre los Vigilantes y nosotros. Y si necesitamos aliados, los quiero a ellos.- me escupe mientras deja caer el cucharón dentro de la olla salpicándonos a ambos de salsa.

Oh, oh. Esto es más malo de lo que pensaba. Pero aquí se acaba. Si no quiere tener aliados no me importa, pero no voy a permitir que me aparte a mí también. Aún si me toca disculparme por algo que no fue mi culpa.

-¿Por qué estás tan enfadada?- le digo esforzándome por mantener la calma mientras limpio el estropicio que es mi camisa por culpa de la pegajosa salsa- ¿Porque me metí contigo en el ascensor? Lo siento, creía que te haría gracia.

-Olvídalo- responde ella mientras sacude la cabeza y respira profundamente- Es solo que… Son muchas cosas.

-Darius- le digo.

-Darius.- asiente ella- Pero también los juegos y Haymitch obligándonos a formar equipo con los otros. - dice con la voz quebrada y por un momento creo que va a comenzar a llorar.

-Podemos hacerlo los dos solos, ya lo sabes. Le digo mientras coloco, tentativamente, mi mano sobre su hombro. Me animo un poco cuando no me aparta de inmediato.

-Lo sé- replica más tranquila- pero quizá Haymitch tenga razón. No se lo digas, pero suele tenerla en lo que respecta a los juegos- me dice en tono confidente.

-Bueno, puedes tener la última palabra sobre nuestros aliados, aunque, ahora mismo, me inclino hacia Chaff y Seeder - jamás se me ocurriría meter a Finnick y a Johanna en el paquete.

-Seeder me parece bien, Chaff no- replica mientras voltea a verlos- Al menos todavía no- agrega con suavidad un segundo después.

-Ven a comer con él- le digo mientras la tomo de la mano y tiro suavemente para conducirla hacia la larga mesa en la que ya se han sentado la mayoría de los otros. Veo dos espacios justo en el centro de la mesa, junto a Seeder y frente a Chaff. - Prometo que no le dejaré besarte otra vez- agrego juguetón.

Mi corazón se salta un latido cuando ella entrelaza sus dedos con los míos y suelta una risita.

-De acuerdo- susurra mientras equilibra su bandeja con una sola mano. Se la quito y me las arreglo para llevarla hasta la mesa sin soltar su mano. Coloco su bandeja en uno de los puestos vacíos. el que se encuentra junto a Seeder, y abro la silla para ella. Afortunadamente Johanna, que está sentada a la izquierda de Chaff, no hace ningún comentario mordaz.

-¿Quieres algo más? - le pregunto antes de ir por mi propia comida. Ella niega con la cabeza.

-Solo date prisa- susurra tan bajo que hasta yo tengo problemas para escucharla.

Lleno mi bandeja en tiempo record y regreso a la mesa, donde Finnick y Chaff están en lo que parece ser una divertida conversación donde el tributo del Once es el principal motivo de burla. Me siento en mi lugar y la mano de Katniss busca la mía bajo la mesa. Me da un ligero apretón, que yo me apresuro a devolver y una parte de mí se pregunta si esta es parte de su actuación para cumplir con la primera orden de Haymitch: lucir enamorados.

Me las arreglo para comer usando únicamente mi mano izquierda porque Katniss retiene la derecha durante toda la comida. La siento relajarse conforme pasa el tiempo. Chaff se comporta bastante bien durante la comida, haciendo un montón de bromas tontas donde él es el principal sujeto de burla.

Veo a Katniss esforzarse ser sociable, no solo con Chaff sino también con todos los demás tributos. Volvemos tomados de la mano a la Sala de Entrenamiento y el ambiente se siente menos tenso cuando volvemos a separarnos.

Katniss camina hacia el puesto de insectos comestibles y yo pruebo suerte en el de nudos y trampas. Me entretengo un buen rato haciendo y deshaciendo nudos en trozos de cuerda de todos los tamaños. Afortunadamente ni Finnick ni Johanna se acercan a mí. Gloss y Cashmere, del Uno, sí lo hacen.

Ambos tienen el cabello rubio, un par de tonos más oscuros que el mío y sus ojos son una mezcla indefinida entre azul y verde. Están en los inicios de sus treintas y se comportan con bastante rectitud. Siempre dicen "por favor" y "gracias" cuando van a utilizar alguno de los materiales que estamos compartiendo en este momento, aunque hay algo en el brillo de sus ojos que me recuerda a un perro antes de atacar. Pienso en nuestras probabilidades de poder luchar juntos y me doy cuenta de que ellos, como hermanos, posiblemente estén velando uno por el otro o cada quien por sí mismo, así que descarto la posibilidad de que me ayuden a salvar la vida de Katniss.

No, definitivamente Cashmere y Gloss no serán mis aliados en estos Juegos.

En cuanto terminamos la trampa en la que estamos trabajando ambos se ponen de pie, sonriéndome con cortesía y se mueven hacia el siguiente puesto. Los veo llamar a Katniss y ella se levanta del lugar en que había estado conversando con Cecelia, la madre que dejó a sus tres niños en casa, y con Woof, tan anciano que tienes que hablarle a gritos para que se dé una idea de la conversación que supuestamente estás sosteniendo con él.

Observo atentamente el intercambio entre Katniss y los tributos del Uno, deseando secretamente que ella tampoco conecte con ellos porque me preocupa la posibilidad de que si establecemos esa alianza, ellos terminen traicionándonos.

Me relajo cuando veo que a pesar de los esfuerzos por ambas partes, la conversación no parece fluir en lo absoluto.

Sigo mi recorrido por los puestos hasta que llego al de lucha cuerpo a cuerpo, donde Brutus me reta a un combate "amistoso".

Empezamos a fintar sobre la lona hasta que, finalmente, él se arroja sobre mí y me derriba sacándome el aire. Inhalo profundamente un par de veces antes de anclar mi pie en la parte trasera de su rodilla y lo obligo a liberar un poco la presión que está ejerciendo sobre mis hombros para mantener mi cuerpo pegado al suelo. El resopla y emplea su peso para mantenerme tumbado. Sus dedos se clavan dolorosamente en la piel de mis brazos y veo el brillo demente de sus ojos.

Esto no es entrenamiento, no está jugando. Está tratando de hacerme daño deliberadamente, intenta incapacitarme o tal vez incluso matarme antes de que entre a la Arena y lo mate yo a él.

Giro mi rostro hacia un lado y veo como uno de los ayudantes del Capitolio, un chico de unos dieciocho o diecinueve años nos mira atentamente, obviamente disfrutando del entretenimiento de dos tributos bien entrenados luchando entre ellos. No hace nada por separarnos aunque en teoría no podemos atacarnos los unos a los otros hasta que entremos a la Arena.

Sea como sea estoy solo, con un asesino experimentado que me tiene inmovilizado. Pero no le permitiré ganarme. No lo haré.

Me obligo a respirar pausadamente mientras él apoya su codo sobre mi pecho y presiona con él mi esternón. Cuando la sangre ha dejado de rugir en mis oídos tomo aire y proyecto mi rodilla para golpear su pierna. No se quita de encima, pero se distrae lo suficiente como para que yo pueda tomar impulso e impactar su nariz con mi frente en un golpe que genera un ligero ¡crack!

Él se quita de encima y se lleva ambas manos al rostro. Entre sus dedos empieza a manar la sangre y el ayudante del Capitolio se acerca a nosotros con el horror pintado en el rostro. No se suponía que nos dejara llegar a tanto.

Brutus descarta su ayuda con un gesto. Cuando lo hace, aparta una de sus manos y veo que su nariz tiene un ángulo extraño. Él sujeta entre sus dedos y escucho un segundo ¡crack! cuando la devuelve a su lugar.

Me levando del suelo y sacudo mis ropas. Cuando me mira, algo en él ha cambiado. Ya no me ve como si fuera un cachorro pateado o algo así. No. Ahora veo un completo recelo en su mirada y, tal vez, una pizca de respeto.

Me la paso el resto de la tarde guarecido en el puesto de camuflaje, donde han devuelto todo el equipo que se llevaron los adictos a la morflina, o tal vez simplemente colocaron equipo nuevo.

Me dedico a convertir mi cuerpo en imitaciones de las más variadas texturas: una roca en medio de un paisaje escarpado, un montón de nieve, la corteza cubierta de musgo de un árbol…

De vez en cuando busco a Katniss con la mirada. La encuentro con Gloss y Cashmere haciendo hamacas, con Enobaria en lucha con espada y, un rato más tarde, con Finnick y Mags en el puesto de pesca con anzuelo. La veo sonreír en repetidas ocasiones cuando mira a Mags y me pregunto si estará pensando en incorporar a la anciana en nuestra lista de aliados potenciales.

Un rato después ella se levanta y se dirige con paso seguro al puesto de arco. Dejo lo que estaba haciendo y me dispongo a observarla con atención, porque ver a Katniss con un arco en sus manos siempre resulta una experiencia increíble.

Primero se dedica a disparar contra los objetivos fijos, pero cuando el entrenador se da cuenta de que no le supone ningún reto, se retira un momento y vuelve con un montón de pollos de goma que empieza a tirar al aire para que ella les dispare.

Al principio va de uno en uno. El entrenador los lanza al aire con toda su fuerza y ella los atraviesa limpiamente con sus flechas. Su rostro cambia cuando lo hace. Sus facciones se suavizan y veo en su semblante una paz que solo he visto en ella cuando duerme. La imagen me parece abrumadoramente hermosa. Bella y letal, justo como en la ceremonia de apertura, solo que esta vez no hay maquillaje ni trajes teatrales, solo Katniss…

El entrenador empieza a aumentar la cantidad de pájaros en el aire hasta que finalmente lanza cinco a la vez y ella atraviesa limpiamente cada uno de ellos.

No me doy cuenta de que todos en la sala la estamos observando hasta que ella se gira, con el arco aún en la mano y recorre con la mirada el salón entero. Su ceño vuelve a endurecerse mientras clava la mirada en cada uno de los otros vencedores, hasta que sus ojos se encuentran con los míos y suelta un suspiro.

Al final soy yo quien rompe el contacto visual para evaluar el efecto que ha tenido Katniss sobre su audiencia. Hay todo tipo de reacciones, desde el abierto odio que demuestran Brutus y Enobaria, pasando por la envidia en el rostro de Johanna, Cashmere y Gloss, la sorpresa en la cara de Finnick y Mags y la evidente admiración por parte de los adictos del Seis.

Ella deja el arco en el soporte en la pared y camina hacia mí ignorando las miradas que nos rodean.

-¿Listo para irnos?- pregunta lacónica mientras me tiende una mano para ayudarme a levantarme.

-Claro- susurro mientras acepto su ayuda y me incorporo con facilidad.

Rodeo su cintura con el brazo y ella se pega, muy ligeramente, a mi cuerpo, buscando mi protección ante las penetrantes miradas de quienes en este momento podrían ser amigos y enemigos por igual.

Llegamos a nuestro piso y esperamos en la sala de la televisión a que aparezcan Effie y Haymitch para la cena.

Esta vez Katniss no se sienta en el sofá más lejano al mío, sino que apoya su espalda en mis piernas dobladas mientras abraza sus rodillas y mira a ningún lugar en especial. Jugueteo con la punta de su trenza durante un rato hasta que aparece uno de los ayudantes del Capitolio para llamarnos a cenar.

En cuanto entramos al comedor Haymitch se abalanza sobre nosotros:

-Bueno, al menos la mitad de los vencedores ha pedido a sus mentores que te soliciten como aliada. Estoy seguro de que no ha sido por tu alegre personalidad.

Katniss arruga la nariz en un gesto de desdén que a mí me parece adorable.

-La han visto disparar- le explico a Haymitch con una sonrisa- La verdad es que es la primera vez que la he visto disparar de verdad. También estoy pensando en hacer una solicitud formal.

-¿Tan buena eres?- le pregunta Haymitch- ¿tan buena para que te quiera Brutus?

Arrugo la frente. ¿Brutus? ¿Brutus ha hecho una solicitud por Katniss? Mi cuerpo se tensa.

-Pero yo no quiero a Brutus- responde ella mientras se encoge de hombros- Quiero a Mags y al Distrito 3.

-Claro que sí- responde Haymitch con un suspiro mientras pide una botella de vino, claramente decepcionado con la selección que ha realizado Katniss. -Les diré a todos que todavía te lo estás pensando.

Ella asiente y se retira a su habitación. Yo estoy a punto de hacer lo mismo cuando Haymitch me toma por el hombro.

-No tan rápido, chico. También he recibido algunas solicitudes formales para ti.

-¿Ah sí? - le digo francamente aburrido.

-Al parecer has sorprendido a Chaff con tu puntería.

-Ajá- respondo lacónico.

-Y el Uno te ha solicitado como aliado. Al parecer se sorprendieron de que fueras capaz de patearle el trasero a Brutus.

Enarco las cejas, pero no digo ni mu.

-Eso me lleva al hecho de que escuché el rumor de que rompiste las reglas dentro del Centro de Entrenamiento y agrediste a otro tributo.

-Si estás esperando a que me disculpe, no lo haré. Se lo merecía. El muy bastardo estaba tratando de matarme.

-¿Ahora dices palabrotras?- pregunta divertido- No espero que lo hagas. De hecho corre el rumor de que el Dos también te quiere a ti y a Preciosa en su equipo.

Por segunda vez en dos días miro a Haymitch esperando a que se ría y me diga que es una broma. No lo hace. Me mira muy serio.

-Sí… eso no pasará- le digo muy seguro. No hay fuerza humana que haga que yo permita que Brutus esté a menos de veinte metros de Katniss.

-Concuerdo contigo.- asiente Haymitch- Pero te recomiendo que tengas cuidado. Puede que Brutus no vaya abiertamente contra ti, pero ten por seguro de que hará lo que tenga que hacer, antes o después, para hacerte pagar el hecho de que lo avergonzaras.

-Entonces el Presidente Snow deberá sentirse orgulloso. Su plan está funcionando perfectamente. Básicamente tengo una gran diana sobre la cabeza. ¿No es así?

Haymitch me mira con la boca ligeramente abierta. Sorprendido porque no haya cuidado mis palabras y dijera tan abiertamente lo mucho que desprecio a nuestro Presidente.

Lo miro desafiante por un segundo antes de irme a grandes zancadas a mi alcoba.

Los siguientes días pasan en un borrón de armas de todas las clases imaginables.

Nadie vuelve a burlarse abiertamente de Katniss, exceptuando quizá a Johanna y a Finnick que de vez en cuando nos pican a ambos. De cualquier manera el círculo de vencedores se abre ante nosotros.

Mi momento favorito es cuando, con ayuda de los adictos del seis, camuflamos a Katniss en un campo de flores amarillas.

Pinto su rostro primero con los delicados pinceles y, al final, con mis propios dedos. Un ligero cosquilleo se extiende desde el punto en que mi piel toca la suya hasta un lugar muy profundo en mi interior. Siento sus ojos clavados en mí mientras pinto los delicados pétalos y mis mejillas se calientan ante su escrutinio. Me recuerda los días en que dibujaba las plantas en el libro de su familia.

Escucho el estridente sonido de mi sangre latiendo furiosa en mis oídos. De manera muy lejana puedo oír las pullas de Johanna. No me importa. El momento es tan íntimo… tan real…

Le pido que cierre los ojos para que el camuflaje quede completo. Ella lo hace y yo toco, tan delicadamente como puedo, la suave piel de sus párpados extendiendo la suave pintura sobre su piel.

Me sorprende el sonido de su risa. Así que me detengo y ella abre los ojos:

-Hace cosquillas- me explica y mi rostro arde ante la intensidad de su mirada.

El deseo de besarla me asalta y me deja completamente desarmado. No quiero besarla para las cámaras. No quiero besarla para mantener nuestra fachada de trágicos amantes. Simplemente quiero besarla.

Me inclino muy ligeramente y ella me mira sorprendida. Me freno en seco.

-L-lo siento- me disculpo torpemente.

Curiosamente ella me sonríe. Su mirada plateada atrapa la mía y me siento preso del mismo hechizo. Se endereza a medias, apoyándose en sus codos y nuestros rostros quedan a unos centímetros uno del otro. Su respiración se mezcla con la mía y yo cierro los ojos porque las sensaciones son abrumadoras.

-No tienes por qué sentirlo- me susurra con voz suave- se siente bien.

Su rostro se acerca centímetro a centímetro al mío y por un momento creo que va a besarme. Me pierdo en sus ojos, cuyas pupilas se han ampliado hasta hacerlos parecer casi negros. Cierro los ojos y espero a que sus labios hagan contacto con los míos, pero ella simplemente pega su frente en la mía y cierra los ojos.

El aire sale de mis pulmones en un jadeo y deseo que este momento dure por siempre, pero ese es justo el momento en que nos interrumpen:

-Oye Katniss me preguntaba si estarías interesada en cambiar una lección de tridente a cambio de una de…

Ella se aleja de mí como si la hubieran electrocutado y yo lo miro él deseando que se electrocute.

-¡Oh! Lo siento- dice Finnick- no sabía que estaba interrumpiendo- y realmente parece arrepentido- Puedo venir después.

-No- susurra Katniss.- está bien. No estas interrumpiendo nada- ouch, ¡eso dolió!- Dame un segundo para quitarme toda esta pintura de encima y estoy contigo.

Toma uno de los trapos llenos de un disolvente suave que arranca con facilidad la pintura y te deja la piel con un agradable aroma a limón y empieza a frotarse el cuerpo sin mirarme mientras yo la observo sentado en el suelo, apoyándome en ambos brazos.

-¿Necesitas ayuda con eso? - pregunta Finnick con un tono fingidamente seductor, o al menos espero que sea fingido.

Ella rueda los ojos y se frota el rostro con el trapo hasta que se quita la mayor parte de la pintura de encima.

-Nos vemos para la comida- susurra aún sin mirarme, con indiferencia, pero veo como sus mejillas han adquirido un tono rosa brillante y parte del dolor en mi interior se calma.

-Espera un segundo- le digo mientras me levanto de mi posición en el suelo- olvidas algo.

Ella me mira confundida

-¿Ah, sí?

-Oh, sí.

-¿Qué?

-Esto- le digo mientras acuno su rostro entre mis manos y acerco su rostro al mío con deliberada lentitud. Siento, más que veo como ella cierra sus ojos cuando mis labios rozan los suyos, muy suavemente al principio, y luego con más fuerza.

Es toda una declaración de intenciones y ella lo sabe, es por eso que no me golpea ni me aparta. Al contrario, sus manos se enroscan en mi cabello y es ella y no yo, quien se encarga de profundizar el beso. Un beso que no siente en lo absoluto. Al menos eso es lo que creo. Cuando nos separamos, sus mejillas se sienten calientes bajo mis manos y ella jadea muy suavemente, tratando de recuperar el aliento. Sus ojos permanecen cerrados por otros dos segundos hasta que Finnick se aclara la garganta.

-De verdad puedo venir en otro momento.

-Está bien- dice Katniss en un susurro bajo mientras retira con suavidad mis manos de su rostro- vamos ya. Nos vemos en la noche, querido.

Intento no reflejar ninguna emoción ante el apelativo cariñoso, pues lejos de hacerme sentir feliz me hace darme cuenta de que Katniss ha entrado de nuevo a representar su papel.

-Ten cuidado- le digo con suavidad mientras acaricio su mejilla con los nudillos- Odair, hazle un rasguño e iré tras de ti- le digo en lo que espero parezca una broma y no una amenaza. Aunque si que trataría de patear su trasero si tuviera la oportunidad.

Él suelta una pequeña risa y sigue a Katniss hacia el puesto donde se encuentran los tridentes.

El último día de entrenamiento termina con las sesiones privadas, donde a cada uno de nosotros se nos dan quince minutos para impresionar a los Vigilantes de los Juegos con nuestras habilidades.

Basándose en lo que suceda ahora, sumado a lo que han visto de nosotros en los últimos días, nos asignarán una nota del 1 al 12, según nuestro desempeño.

No tengo ni idea de que mostrarles. ¿Qué soy fuerte? Eso ya lo saben ¿Qué puedo camuflarme? Eso también lo saben ¿Mi habilidad con los cuchillos? Tal vez… simplemente nada parece correcto.

Chaff y algunos de los otros tributos bromean mucho durante la comida sobre lo que haremos durante las sesiones individuales: cantar, contar chistes, bailar, desnudarnos… eso último lo dijo Johanna, por supuesto. Mags, que habla con un acento extrañísimo y una terrible pronunciación, posiblemente debido a algún padecimiento, dice algo ininteligible para mí, pero que hace que Katniss sonría. Cuando le pregunto al respecto ella me dice:

-Dijo que tal vez aprovechará el tiempo para tomar una siesta.

El comedor se vacía poco a poco hasta que solo quedamos Katniss y yo. La escucho suspirar y de alguna manera sé que piensa en que nos quedan pocos días de vida. Pongo la mano sobre la mesa buscando la suya. Ella entrelaza sus dedos con los míos y ambos contemplamos nuestras manos unidas por unos segundos.

Me siento muy melancólico en estos momentos, pero no hay forma de que me eche atrás en mis planes, así que me aclaro la garganta y le digo:

-¿Sabes ya lo que vas a hacer para ellos?

-Este año no puedo usarlos como blancos de tiro- responde mientras sacude la cabeza, haciendo que su larga trenza oscile de un lado al otro-. Por lo del campo de fuerza. Es posible que me ponga a fabricar anzuelos. ¿Y tú?- pregunta mientras juguetea nerviosamente con mis dedos.

- Ni idea- le respondo sincero- Ojalá pudiera hacerles una tarta o algo así- aunque tomando en cuenta el límite de tiempo, tampoco parece una idea muy factible.

-Pues camúflate- sugiere ella.

-Si es que los adictos me han dejado algo para trabajar- le contesto mientras pienso en cómo ha disfrutado la pareja del Seis con la pintura- Llevan pegados a ese puesto desde que empezó el entrenamiento.

Ella no tiene nada que decir al respecto, así que nos quedamos en silencio durante unos minutos, demasiado preocupados por nuestro futuro como para hablar. Empiezo a contar sus respiraciones, suaves y lentas. Cuando he contado unas cuatrocientas ella me dice:

-¿Cómo vamos a matar a estas personas, Peeta?

Mi mirada se encuentra con la suya y me doy cuenta de que le ha pasado lo mismo que a mí: ha descubierto que ninguno de ellos es precisamente odiable, excepto quizá Brutus. Algunos resultan algo molestos, como Finnick con sus constantes coqueteos o Johanna con sus recurrentes comentarios sobre las actividades nocturnas de Katniss y mías; pero definitivamente no los odio y en este momento, no sé si sea capaz de matar a ninguno de ellos, especialmente si empezamos a pelear como equipo dentro de la Arena.

Inclino la cabeza y apoyo la frente en nuestras manos entrelazadas.

-No lo sé- le digo con pesar.- De verdad que no lo sé, Katniss.

- No los quiero de aliados. ¿Por qué nos ha obligado Haymitch a conocerlos mejor? Hace que todo sea mucho más difícil que la última vez, salvo quizá por Rue. Pero supongo que, de todos modos, nunca habría podido matarla. Era demasiado parecida a Prim.

Pienso en la niña de piel oscura y rizos negros. Pienso una y otra vez en la escena de su muerte en las repeticiones del Capitolio. En su carita suave y diminuta. En el hecho de que parecía dormida cuando Katniss la cubrió de flores. De pronto pienso en Prim, y en que seguramente esa habría sido su suerte si Katniss no se hubiese ofrecido voluntaria para ir en su lugar.

¿Alguien habría cubierto a la diminuta Prim con flores después de alguna muerte violenta y cruel? ¿Quién habrá secado las lágrimas del rostro de la madre de Rue cuando la niña murió atravesada por la lanza de Marvel? ¿Quién le habrá explicado a sus hermanos menores que ella no volvería nunca a casa?

-Su muerte fue la más despreciable, ¿no?- le pregunto con el ceño fruncido mientras la veo a los ojos. Ella me mira curiosa, entornando los ojos como si quisiera saber lo que estoy pensando.

-Ninguna fue bonita- responde finalmente mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

Pienso en Glimmer, picada cientos de veces por las rastrevíspulas. En Cato con el cuerpo destrozado por los dientes de los mutos, en la niña a la que le sostuve la mano hasta que murió después de que Cato la atravesara con una espada.

Sí, ella tiene razón. Ninguna fue bonita. Nada respecto a los juegos lo es nunca.

Tomo la decisión un segundo antes de que me llamen. Beso la mano de Katniss y me levanto para ingresar a la sala en la que me examinarán.

La puerta se abre automáticamente cuando camino hacia ella. Miro hacia arriba y veo a todos los Vigilantes charlando entre ellos despreocupadamente. La última en entrar antes de mí ha sido Seeder y supongo que no hizo nada particular, o al menos nada lo suficientemente memorable como para cambiar las expresiones socarronas en todas estas personas que ni siquiera se dignan a mirarme. Excepto uno: Plutarch Heavensbee que finge indiferencia, pero puedo ver cómo me sigue discretamente con la mirada mientras camino resueltamente hacia el puesto en que se encuentran las pinturas para el camuflaje.

Una buena parte de los botes están volcados y algunos colores se han acabado, posiblemente los adictos del Seis han tenido algo que ver con ello pero de cualquier manera tomo las brochas, arrastro la mayor parte de lo que queda de las pinturas y, sin voltear a verlos siquiera, empiezo a pintar.

Comienzo con un esbozo del cuerpo. La pequeña cabeza, los brazos cuidadosamente colocados sobre el pecho. Las piernas extendidas… Luego continúo con su rostro. La boca sin expresión, ni sonríe ni parece triste. La diminuta nariz, el rizado cabello. Y luego sus ojos… Están cerrados, como si durmieran, aunque no lo hace. Los párpados están rematados por docenas de rizadas pestañas.

Cuando su cuerpo está terminado sé que me quedan unos pocos minutos. No necesito voltear para saber que ahora cada par de ojos está encima de mí, y de mi obra. Uso los dedos para pintar las flores. Flores de todos los colores, como si estuviera recostada en una pradera. Como si esto no fuera una tumba… pero lo es.

La alarma que anuncia el final de mis quince minutos suena justo cuando termino de dibujar la última flor que la pequeña Rue sostiene entre sus manos. Me levanto con las manos cubiertas de pintura de colores y encaro a los Vigilantes solo por unos segundos.

Todos están horrorizados, por supuesto. No está permitido que pensemos de esta manera. Los Juegos del Hambre nunca han sido percibidos como una barbarie en el Capitolio. Son solo eso… Juegos. Para ellos la mayor parte de nosotros no somos humanos, no somos personas… Solo somos el entretenimiento.

-Gracias por su atención- susurro antes de caminar hacia la puerta de salida.

Escucho los jadeos y las exclamaciones de sorpresa justo antes de que la puerta se cierre detrás de mí, y sonrío.

Nuestro piso está desierto cuando llego. No falta mucho antes de que llegue Katniss, pues ya le deben quedar solo 10 minutos antes de que su tiempo se acabe, así que me apresuro a ir hacia mi habitación antes de que ella llegue para darme una ducha.

Necesito quitarme de encima el aroma a sudor y la mezcla ligeramente aceitosa de la pintura.

Me quito la ropa y observo mi rostro en el espejo, esperando notar algún cambio en mí.

Sé que lo que acabo de hacer es una franca bofetada hacia los Juegos y todo lo que estos representan, pero curiosamente no siento miedo ni arrepentimiento. Mis ojos brillan en desafío y la adrenalina fluye por mis venas en un subidón que sé que dentro de poco me dejará agotado.

Tampoco es como si ellos pudieran castigarme directamente por lo que he hecho. Lo que sucede durante el entrenamiento es un secreto, así que el Capitolio tendrá que ponerse creativo para hacérmelo pagar. Aunque en cuanto entre en la Arena les será muy sencillo acabar conmigo…

Me meto a la ducha y programa un ciclo fuerte, lleno de jabón con un fragante aroma a jazmín y una espuma llena de un montón de granitos que se supone tienen que arrancar profundamente la suciedad de mi piel. Miro mis manos manchadas de pintura y puedo ver claramente el rostro tranquilo y sosegado de Rue.

Lavo mi cuerpo usando una de las esponjas que cuelgan de la pared, pero no me esfuerzo en arrancar los restos de pintura de mis manos. Serán un recordatorio de lo que perdió la familia de esa niñita, igual que han perdido tantas otras.

Cierro las manos formando puños y juro que haré lo que esté a mi alcance para vengar su muerte. Aún y cuando sé que dentro de unos días tendré que entrar en la arena y ya no podré hacer nada contra todos esos seres despreciables que se esconden entre las sombras y causan tanto daño a aquellos que consideran inferiores.

Salgo del baño y dejo que la alfombrilla se active para que lance aire caliente a mi piel para secarme. Camino desnudo hasta mi habitación y contemplo con gesto ausente las ropas pulcramente dobladas dentro del armario. En alguna parte del Distrito 8 alguien trabajó horas y horas en alguna de las fábricas para que yo pudiese vestirme hoy, posiblemente hambriento y mal pagado, como el resto de nosotros.

Con eso en mente selecciono unos pantalones y una camisa al azar y me visto para la cena, donde tendré que enfrentarme a Katniss y confesar que posiblemente lo he empeorado todo… y que no me arrepiento en lo más mínimo.

Effie toca mi puerta con energía y me recuerda que la cena será servida en unos minutos, así que respiro profundamente un par de veces y camino hacia el comedor. Llego con unos minutos de diferencia a Katniss y cuando ella entra en la habitación su mirada se desplaza hacia mis manos, las cuales siguen manchadas con pintura de todos los colores.

Entrelazo los dedos y ella me mira enarcando una ceja pero sin decir nada. Haymitch espera a que sirvan la sopa para empezar a hablar, aunque no se anda con rodeos y nos dice:

-Bueno, ¿cómo les ha ido en las sesiones privadas?

Busco los ojos de Katniss con la mirada, ella hace lo mismo y se remueve inquieta en su silla, visiblemente incómoda. Eso pica mi curiosidad ¿qué habrá hecho? ¿Habrá vuelto a disparar contra los Vigilantes? ¿Dio de lleno contra el campo de fuerza?

El silencio resulta atronador por momentos, ninguno de los dos se anima a contar lo que ha hecho, pero Katniss me dedica una sonrisa y me apunta con la barbilla cuando dice:

-Tú primero. Tiene que haber sido algo especial porque tuve que esperar cuarenta minutos para entrar.

Imagino a los ayudantes del Capitolio intentando fregar la pintura que he hecho y lo furiosos que estaban los Vigilantes ante mi acto de rebeldía. Demonios, realmente la he hecho esta vez.

-Bueno,- le digo con desgano- hice… hice lo del camuflaje, como me sugeriste, Katniss- bueno, al menos usé la pintura para el camuflaje.- Aunque no del todo el camuflaje. Es decir, usé los tintes.

A mi derecha, Portia se inclina hacia adelante y entrelaza sus dedos.

-¿Para hacer qué? - pregunta curiosa.

-Pintaste algo, ¿verdad?- dice Katniss mientras me mira con los ojos ligeramente entrecerrados- Un cuadro.

¿Lo dejaron? ¿Dejaron la pintura de Rue, muerta, para descontrolar a Katniss antes de su demostración?

- ¿Lo viste? - pregunto intentando controlar mi preocupación.

Ella parpadea un par de veces antes de responderme.

-No, pero intentaron taparlo con todas sus fuerzas.

-Bueno, es la norma, no pueden dejar que un tributo sepa lo que ha hecho otro tributo- comenta Effie petulante- ¿Qué pintaste, Peeta?- me pregunta con ojos llorosos- ¿Era un retrato de Katniss?

¿Qué?

-¿Por qué iba a pintar un retrato mío, Effie? - replica ella molesta.

-Para demostrar que va a hacer todo lo que pueda por defenderte.- obviamente- Eso es lo que esperan todos en el Capitolio. ¿Acaso no se presentó voluntario para ir contigo?

Veo a Katniss fulminar a Effie con la mirada y me apresuro a intervenir antes de que llegue a las manos.

-En realidad pinté a Rue. La pinté con el aspecto que tenía cuando Katniss la cubrió de Flores.

El silencio que se apodera de la mesa es opresivo.

Sí, ya lo sé. Nos he metido en una buena.

Haymitch me mira con el ceño fruncido desde la cabecera de la mesa, posiblemente controlándose para no darme un puñetazo.

-¿Y qué pretendías con eso, exactamente?- me dice con una voz contenida.

-No estoy seguro- empiezo y Haymitch me mira como si reconsiderara la posibilidad de golpearme- Sólo quería hacerlos responsables, aunque fuese por un momento. Responsable de la muerte de esa niñita- y de todos los cientos de niños que han muerto en 74 ediciones de juegos hasta ahora.

Y ahora sí que parece que Effie va a llorar en serio:

-Eso es terrible- exclama ella con la voz rota- Pensar así… está prohibido, Peeta. Del todo. Sólo te buscarás más problemas para ti y para Katniss.

Sí, ya me di cuenta.

-Ahí tengo que darle la razón a Effie- añade Haymitch mientras me mira con el ceño fruncido.

Recorro la mesa con la vista y veo los rostros serios de Portia y Cinna, la cara cubierta de lágrimas de Effie y la evidente molestia de Haymitch, hasta que llego al único rostro que me importa y me hago de piedra. Porque su mirada no es, para nada, lo que esperaba encontrar.

Su rostro parece estar iluminado por algo así como una mezcla de admiración, respeto y algo que no consigo identificar. Sus ojos grises parecen anclarse a los míos cuando dice:

-Supongo que no es el mejor momento para mencionar que colgué un muñeco y le pinté el nombre de Seneca Crane- comenta como si no fuera la gran cosa. De inmediato todas las miradas de pánico y reprobación dejan de estar sobre mí para recaer en ella como una lluvia de ladrillos.

-¿Qué… colgaste… a Seneca Crane? - repite Cinna entrecortadamente.

-Sí- dice ella mientras se echa el cabello hacia atrás despreocupadamente.- Estaba demostrando mis nuevas habilidades con los nudos y, de algún modo, él acabó colgando de la soga.

-Oh Katniss- gime Effie en voz muy muy baja. ¿Cómo te has enterado de eso?

-¿Era un secreto? -pregunta Katniss con estudiada inocencia- El presidente Snow no actuaba como si lo fuera. De hecho- dice como si se lo pensara- parecía haber estado deseando contármelo.

Eso es demasiado para Effie, que se levanta de la mesa tambaleándose un poco en sus zapatos de tacón y tapándose el rostro con una servilleta.

Katniss la mira ligeramente compungida. ¿La habremos metido a ella también en un lío?

-Ahora he molestado a Effie. Tendría que haber mentido y contarles que había estado disparando flechas.

Su comentario me hace sonreír. Tal vez yo debí mentir también y decirles que estuve haciéndome pasar por un árbol o algo así.

-Ni que lo hubiéramos planeado- digo en un susurro que resuena en todas partes a causa del silencio.

-¿No lo hicieron? - pregunta Portia mientras se mancha los dedos de sombra para ojos al apretarse los párpados.

-No- responde Katniss y me mira con una sonrisa imposiblemente brillante- Antes de entrar, ni siquiera sabíamos lo que íbamos a hacer.

Sostengo su mirada por un segundo más para infundirme valor.

- Y otra cosa, Haymitch- le digo con seguridad- Hemos decidido que no queremos otros aliados en la arena.

Él me mira y suelta un largo suspiro.

-De acuerdo, así no seré responsable de la muerte de mis amigos cuando empiecen a hacer estupideces.

-Justo lo que estábamos pensando- asiente Katniss.

Terminamos la cena en silencio, Cinna, Portia y Haymitch sin poder mirarnos. Katniss y yo compartiendo miradas cómplices. Intento ignorar el aleteo en mi corazón, pero resulta simplemente imposible. Cuando nos levantamos para ir al salón a esperar el irremediable resultado de nuestra actuación de hoy camino hacia Katniss con el objetivo de sujetar su mano, pero antes de que llegue a ella Cinna la rodea con el brazo y le da un apretón en el hombro.

Le susurra algo y ella siente mientras camina hacia la sala del televisor. Effie se une a nosotros, con los ojos aún rojos.

Empiezan a aparecer las fotografías de los tributos. A nadie le sorprende que Cashmere, Gloss, Brutus, Enobaria, Finnick y Johanna obtengan puntuaciones altas, entre los nueve y los once puntos. Los tributos restantes obtienen puntuaciones entre los cuatros y los sietes. Katniss se remueve incómoda en su asiento cuando presentan al tributo femenino del diez, porque significa que es casi nuestro turno.

-¿Alguna vez han dado un cero? - pregunta ella.

-No- responde Cinna tenso- pero siempre hay una primera vez para todo.

El tiempo parece detenerse cuando aparece, primero mi rostro y luego el de Katniss… cada uno con un enorme doce a su lado.

Ya está. Lo han hecho. Nos han marcado como los tributos a vencer este año. Imagino a los profesionales poniéndose de acuerdo para eliminarnos.

Hemos hecho historia en los juegos. Nunca dos tributos de un solo distrito han recibido puntuaciones tan altas. Nunca había aparecido el brillante doce en la pantalla.

No tiene importancia, porque todos están demasiado alterados como para celebrarlo.

-¿Por qué lo han hecho?- pregunta Katniss evidentemente confundida.

-Para que los demás no tengan más remedio que ir por ustedes- responde Haymitch sin endulzar sus palabras- Váyanse a la cama, no puedo ni mirarlos a la cara.

Katniss y yo nos levantamos y dejamos a los adultos en la sala. Ella me sorprende cuando estira la mano y entrelaza sus dedos con los míos. La acompaño en silencio hasta su habitación.

El corazón me late rápidamente dentro del pecho. Estoy preocupado por lo que esto significa. Lo harán. Nos matarán a ambos. Ahora no solo debemos prepararnos para lo que el Capitolio haya preparado dentro de la arena, las trampas y los mutos, sino que también tendremos que cuidarnos las espaldas de todos los tributos que entraran con nosotros porque somos su prioridad número 1.

Hemos llegado a la habitación de Katniss. Estamos parados frente a la puerta y estoy a punto de inclinarme hacia ella para besarla en la mejilla y darle las buenas noches cuando ella vuelve a tomarme por asalto rodeándome con sus esbeltos brazos y apoyando su rostro en mi pecho.

Dudo, solo por un segundo, antes de recorrer su espalda con las manos y descansar mi mejilla en su cabello. Su aroma me envuelve y apacigua el torbellino que tengo en mi interior.

-Si he empeorado las cosas, lo siento mucho- dice ella, su voz amortiguada por la tela de mi camisa.

-No las has empeorado más que yo. De todos modos, ¿por qué lo has hecho?- le pregunto intrigado.

-No lo sé- empieza ella- Tal vez para demostrarles que soy algo más que una pieza de sus juegos, ¿no?

Me río al reconocer la frase que le dije hace casi un año. La última noche antes de los Juegos, cuando estábamos cansados y sin poder dormir. Pienso que describe bastante bien lo que hice y el por qué lo hice.

-Yo también- admito- Y eso no quiere decir que no vaya a intentarlo. Me refiero a intentar devolverte a casa. Pero, para ser del todo sincero...

-Para ser del todo sincero, crees que el presidente Snow ha dado órdenes directas para asegurarse de que muramos en la arena. - completa ella con simplicidad.

-Se me ha pasado por la cabeza, sí- admito yo.

Ella mira hacia arriba, su mirada atrapa la mía y veo la determinación brillando en sus ojos. La misma determinación y desafío que había en mis ojos.

Me aclaro la garganta para disipar el nudo que se ha formado cuando pienso en la posibilidad de que esa mirada gris se apague para siempre.

-De todos modos, aunque eso ocurra, todos sabrán que hemos muerto luchando, ¿verdad?

-Lo sabrán- asiente ella y sus ojos vuelven a encenderse con furia, tal vez recordando todas las injusticias que hemos presenciado hasta ahora.

Pienso en que Katniss y yo desafiamos al Capitolio por el simple hecho de pensar en salvar no nuestras propias vidas, sino la vida del otro. Caigo en cuenta entonces de la infinita tristeza que me aguardaría si fallo en mi objetivo y Katniss logra cumplir el suyo.

No me espera nada en casa si ella muere aquí.

La abrazo más fuerte. Tratando de cerciorarme de que está viva. De que respira… No. No hay forma de que me convierta en el trágico rostro de la revolución. No lo haré. No permitiré que Katniss muera en la Arena.

Pienso en los pocos días que me quedan a su lado y suspiro contra su cabello. Falta tan poco…

-Entonces ¿qué hacemos con los pocos días que nos quedan? - pregunta ella mientras acerca más su cuerpo al mío, como si eso fuera posible.

-Sólo quiero pasar cada minuto del resto de mis días contigo- le digo mientras aspiro con fuerza su aroma, tratando de grabarlo a fuego en mi mente antes de que me aparte.

No lo hace.

-Pues vamos- acepta ella, mientras tira de mi brazo para meterme en su habitación.