Tras el camino.
Por Alisse


XII. Confrontaciones.


Misao se revolvía las manos, nerviosa. Aún no podía creer todo lo que había pasado con ella los últimos días. No sólo estaba el hecho que por fin su príncipe le había hablado, aquel que iba a verla siempre cuando la hacía de estatua en la plaza, sino que habían avanzado en su relación, ahora estaban juntos, eran novios. Misao se sentía feliz por eso.

Aoshi era un tanto callado y serio, pero eso era lo que justamente la desarmaba de él. Eran tan distintos los dos que sentía que él le daba el lado racional que necesitaba. Definitivamente los dos se complementaban… pero eso no quitaba que se sintiera nerviosa porque él la llevaba a su casa ese día. ¡Conocería a su suegra!

Saber eso hacía que su estómago se retorciera, a pesar que él trataba siempre de tranquilizarla durante el camino a su casa. La ponía nerviosa el hecho de que él era de una familia importante de Japón, y ella una chica normal, que tenía que trabajar para poder pagarse sus estudios porque a sus abuelos no les alcanzaba para hacerlo. ¿De qué manera podía plantarse en frente de esa familia? ¿Cómo irían a reaccionar ellos al conocer su historia?

Pero bueno, lo que en parte la tranquilizaba es que sólo estaría en la casa durante un rato, ya que esa noche saldrían con la hermana de Aoshi, a un pub o algo así. No lo tenía muy claro, y no tenía deseos de preguntar.

Cuando por fin llegaron, la chica sintió que su estómago se retorcía, sobre todo cuando ambos bajaron del automóvil y ella podía ver la casa en que él vivía. Había pensado en que sería un lugar impresionante, pero definitivamente superaba su imaginación. Si la casa en sí ya podía considerarse grande, junto con el jardín Misao no era capaz de calcular de qué porte sería. Se sentía pequeña en ese lugar.

Aoshi, que la miraba sonriendo, se acercó a ella y tomó su mano, guiándola a través del jardín para llegar a la casa, que era de estilo occidental. El joven sonreía con cierta diversión al ver la cara de ella, que tenía la boca abierta mirando las plantas y flores que ahí había.

-Este jardín es espectacular- murmuró Misao, viendo a sus lados, tratando de abarcar todo mientras caminaban. –No puedo creer que en lugares así viva sólo una familia, es tan grande…- la chica sonrió. –Tienes mucha suerte, Aoshi… jamás hubiera pensado que un lugar así quedara en la ciudad.

Por respuesta, Aoshi sólo sonrió. No podía extrañarse de la reacción de Misao al ver el lugar en que vivía, pero para él no representaba mucho. Sólo que su familia tenía dinero, pero nada más. También podía tomarse como la prueba del poder de su familia, que fue lo suficientemente grande como para separar a su tía Ikumatsu de Katsura, sólo porque él no era de familia renombrada… llegado a ese punto su pensamiento, sus ojos se volvieron un poco más serios.

Conociendo a su madre, seguramente tendría una mala reacción al conocer a Misao. Ella siempre había esperado que la chica que estuviera con él fuera de su misma clase, que tuviera dinero y, en lo posible, su padre tuviera alguna empresa que le daría por herencia. Todo eso junto lo tenía Mizuki, por eso su madre estaba con ataque cuando se enteró que él había terminado con su relación.

No quería ni pensar en lo que haría cuando lo viera llegar con Misao. En un primer momento había pensado en llevarla directamente al pub, pero después de pensarlo mejor, decidió que no, de esa manera se aseguraría que el tema de Mizuki no volviera a ellos, al menos estando él presente… sabía que su madre no se rendiría tan fácil respecto a eso.

Entraron a la mansión y se dirigieron hacia la sala. Misao sólo se dedicaba a mirar a su alrededor, nerviosa y sin tener deseos de moverse siquiera, conociendo la mala suerte que tenía seguramente rompería uno que otro objeto de lo más valioso. Lo mejor para ella sería quedarse quieta en un lugar específico, por mucho que su curiosidad quisiera tocar todo lo que había a su alrededor.

Al llegar a la sala, Misao pudo ver que tres jóvenes estaban sentados en los sofás, conversando tranquilamente. En un primer momento no los reconoció, de lo nerviosa que estaba, pero después de una segunda mirada, estaba segura que la cabellera pelirroja le era de lo más conocida.

-Hola a todos- dijo Aoshi, a la vez que Misao quedaba viendo a Kenshin con la boca abierta, y éste la miraba con espanto poco disimulado a esas alturas. –Espero que no hayamos llegado tarde.

-Por supuesto que no- contestó Kaoru, sonriendo y acercándose a ellos, ignorando completamente lo que ocurría entre los otros dos. –Para variar, Sanosuke está retrasado, así que no te preocupes- la chica quedó mirando a la acompañante de su hermano, y le costó unos momentos recordar dónde había visto su rostro. –Creo que… te he visto antes, ¿no?

Aún sorprendida por encontrarse a Kenshin ahí, Misao volvió su rostro hacia Kaoru. La quedó mirando unos momentos, y luego se acordó.

-Ah, sí, recuerdo… nos vimos en el dojo, ¿te acuerdas?- le preguntó Misao, aún sin reaccionar del todo. Kaoru sonrió y asintió.

-¡Sí, ya me acordé!- asintió Kaoru. -¡No puedo creer que seas justamente esa Misao!- la chica sonreía ampliamente, y luego miró con burla a su hermano, completamente segura que no dejaría pasar ninguna oportunidad para molestarlo esa noche, aunque fuera el más mínimo detalle. –Que pequeño es el mundo, ¿no lo crees, Aoshi?

-Hum…- por supuesto que Aoshi no hizo caso de las burlas de su hermana. –Veo que ya la conoces, pero aún así…- suspiró y quedó mirando a Misao. –Es mi hermana menor, su nombre es Kaoru- dijo de forma cortante, luego mirando a la tercera persona que estaba ahí cuando llegaron. –Ella es amiga de Kaoru, se llama Megumi. Y él se llama Himura Kenshin, trabaja con nosotros en estos momentos.

Misao volvió sus ojos hacia Kenshin, y lo miró con desconfianza. Lo único que coincidía con lo que conocía de su amigo era el nombre, no el apellido y mucho menos la ocupación. Se dio cuenta, eso sí, que por la mirada que el pelirrojo le daba le pedía que no hablara. Para la suerte de Kenshin, ni Kaoru ni Aoshi se dieron cuenta de ese intercambio de miradas.

-Mucho gusto- saludó Misao a los dos recién presentados. –Soy Makimachi Misao.

-Mucho gusto- sonrió Megumi, entretenida en observar a la muchacha.

Para suerte de todos, en esos momentos Sanosuke llegó con ellos, a penas respirando por lo apurado que estaba. Llegó a apoyarse en una de las paredes, intentando recuperar el aliento.

-Tarde, como siempre- dijo Megumi, mirándolo con desaprobación y cruzándose de brazos. -¿Por qué no me sorprende viniendo de ti?

-No molestes, Megumi- gruñó Sanosuke, recobrando el aliento y volviendo su mirada hacia los presentes, en un gesto de "completa" madurez. –Sólo llegué diez minutos tardes, nada más…

-Todo un récord, viniendo de ti- agregó con ironía Aoshi, y sólo cuando lo vio, Sanosuke vio quien lo acompañaba: era su amiga Misao, que lo observaba con una cara de no entender qué estaba haciendo él ahí.

-¿Misao? ¿Qué haces aquí?- le preguntó Sanosuke, sorprendido. Luego miró levemente a Kenshin, que con sólo un pequeño gesto con la cabeza le indicó que guardara silencio. Luego volvió la mirada a Aoshi y a Misao, y sonrió con burla. –Ah, entiendo, con que tú eres la nueva novia de mi primo, ¿eh?- soltó una risita. –De verdad que me sorprendiste- agregó, aún riendo.

-¿Primo?- preguntó Misao, todavía sorprendida de encontrarlo ahí. Quedó viéndolos a ambos, completamente confusa.

-Por supuesto- dijo Sanosuke, pasando un brazo por sus hombros con total confianza. Aoshi simplemente enarcó una ceja. -¿De qué te sorprendes? Siempre que te contaba que mi familia nos detestaba a mi padre y a mí, se trata de esta… no sé si estar contento por ti, o compadecerte…

-¿A qué te refieres?- dijo Misao, frunciendo el cejo. Sabía que Sanosuke solía darle algunas bromas pesadas de vez en cuando, pero esperaba que la advertencia fuera sólo eso, una broma…

-No tienes idea a la familia que te viniste a meter…- le dijo Sanosuke, con un evidente tono de compasión. Antes que Misao alcanzara a hacer otra pregunta o comentario, Aoshi quitó a su primo de un empujón, dejándolo prácticamente estampado en la pared.

-No tenías por qué hacer eso, Aoshi- le dijo Sanosuke, Kaoru y Megumi rieron.

Yumi, después que logró hacer dormir a Yahiko, bajó hacia la sala. Sabía que sus hijos mayores saldrían durante la noche con Megumi y Kenshin, por lo que deseaba despedirse de ellos antes que se fueran. Lo que no se esperaba, eso sí, era que Aoshi llevara a una chica a la casa, presentándola como su novia.

-¿Cuál es tú nombre?- preguntó Yumi, tratando de disimular la primera mala impresión que le dio ella. Misao, sintiéndose intimidada por su presencia y por su manera de actuar, demoró un poco en contestar.

-Soy… Makimachi Misao- contestó, notándose insegura, a pesar de la pequeña sonrisa de Yumi. Por supuesto que Aoshi y Kaoru sabían que ésta no era del todo sincera, no por nada era su madre y la conocían bastante bien. –Un gusto conocerla.

-Igual, querida…- dijo Yumi, amablemente, y luego volvió sus ojos hacia Aoshi, notándose la crítica en su mirada. -¿Puedes acompañarme unos momentos, Aoshi querido?

Sin esperar respuesta, dejó la sala, seguido de cerca por un disconforme Aoshi. Sabía muy bien qué era lo que venía ahora, después de presentarle a Misao. En parte se sentía sorprendido de que ella no hubiera explotado en la misma sala, en frente de todos; debía reconocer que tenía clase, a pesar de todo.

-¿Así que por ella dejaste a Mizuki?- preguntó con desdén Yumi, una vez que estuvieron lo bastante distanciados como para que nadie más escuchara. -¿Por una chiquilla corriente, sin profesión ni futuro?

-¿Y qué sabes tú de ella para hablar de esa manera?- replicó Aoshi, tratando de no verse molesto por lo que ella decía.

-Es imposible que con sólo su nombre sepas cómo es ella- replicó el joven, hablando con tranquilidad fingida.

-Sólo necesito ver sus fachas para saber eso- dijo Yumi, enojándose más y levantando un poco más la voz. –Y no me respondas, jovencito, que sigo siendo tú madre. No puedo creer que hayas sido capaz de dejar a una niña tan linda y amable, como Mizuki, por esa chica, que se nota que no tiene modales ni nada de eso. ¿De dónde la sacaste?

-Eso no te importa- dijo el otro, aguantando a duras penas la tentación de levantar la voz. –Conténtate con saber que Misao es mi novia, y que estoy feliz por ello. ¿Escuchaste?

-No puedo entender cómo la prefieres a ella- dijo la mujer, apretando los puños de rabia. -¿Por qué no puedes creer que es mal partido para ti? Puedes elegir a tantas niñas como nosotros…

-Estoy harto de la gente que es como nosotros- la interrumpió Aoshi, enojado y notándose en su voz que no había cabida para más discusión. –Y si tú crees que ella no es buena para mí, no me interesa mayormente. Aunque te cueste creerlo y aceptarlo, quiero a Misao, mucho más de lo que quería a Mizuki, así que espero que lo entiendas y lo aceptes.

-¡Por supuesto que nunca voy a aceptar que un hijo mío arruine su vida con una mujer como esa!- gritó Yumi, perdiendo la paciencia. Aoshi la quedó mirando, inexpresivo. –Así que espero que seas capaz de pensar con la cabeza y que termines de una vez por todas esta insensatez.

-¿Y si no, qué?- preguntó Aoshi, extremadamente serio y cruzándose de brazos. De los tres hermanos, el que siempre tuvo "problemas con la autoridad" fue Aoshi, y lo demostraba en esos momentos. -¿Vas a hacer con nosotros lo mismo que con la tía Ikumatsu y Katsura?- palideciendo, Yumi lo quedó mirando, entre sorprendida y asustada.

-Pero, ¿qué…?- comenzó a decir Yumi, pero fue interrumpida por Aoshi, que no se vio afectado por su reacción.

-No me creas tan tonto como ellos para permitir que interfieras de esa manera con mi vida, ni tú ni nadie. Espero que te haya quedado claro.

Sin decir ni una palabra más, Aoshi dejó el cuarto, dejando a una angustiada Yumi, que trataba de entender por qué Aoshi sabía lo de Ikumatsu y Katsura ¿Es que su padre se lo había contado? Eso era imposible, siendo que él mismo andaba como desesperado buscando alguna manera de separarlos…

Tenía que hablar de eso con Makoto, tenía que saberlo… y de paso le contaría que, al parecer, la historia volvía a repetirse.


Hoji siempre había tenido la impresión que Shishio Makoto tenía sólo la imagen de ser uno de los mejores empresarios del país. Una vez que había logrado ser su mano derecha, él mismo pudo comprobarlo, comenzando con pequeñas manipulaciones para probar. Siempre lo había hecho con mucho cuidado, para que nadie sospechara. Obviamente con segundas intenciones.

Intenciones mucho más beneficiosas para él mismo, que para la empresa en sí. Además, Shishio confiaba tanto en él que le daba ciertas libertades, lo que le permitía mucho más poder entrar en aquellos negocios turbios, pero con grandes beneficios.

Lo mejor de todo, pensaba, que si ocurría algo, lo lógico sería que culparían a Shishio, por ser dueño de todo. Así que no corría peligro.

O al menos, eso era lo que pensaba, porque el equipo de Saito ya le había puesto el ojo, siguiendo de cerca sus movimientos.


Una vez que Aoshi volvió con ellos, se dirigieron hacia un pub que quedaba en el centro de la ciudad. No quiso contarle a Kaoru qué fue lo que habló con su madre, a pesar que esta insistió un poco en el tema. Muy pronto lo dejó tranquilo, al darse cuenta que no hablaría. Conocía a su hermano.

Por otra parte, ni Kenshin ni Sanosuke se sentían del todo tranquilos. Podían sentir sobre ellos la mirada de Misao, ansiosa de tener las explicaciones correspondientes a las mentiras que ella sabía, habían dicho los otros dos en esa familia. Mientras iban hacia allá, Misao pensaba en sus adentros que tendría una larga conversación con sus dos amigos.

Kenshin ya no podía creer la mala suerte que tenía.

Pensaba que a esas alturas, la única persona que estaba faltando saber la verdad sobre el trabajo que tenía, era su hermana Tomoe. Y ese ya sería el colmo de su mala suerte… aunque sabiendo cómo estaba ésta los últimos meses, desde que había comenzado a ser Kenshin Himura, no se extrañaría que así fuera…


Es por hoy. Espero que les haya gustado.
Mañana regreso a trabajar después de dos semanas de vacaciones, una parte de mí está con depresión.

Saludos!