DISCLAIMER: Himaruya Hidekaz es dueño de Hetalia y todos sus personajes. Latin Hetalia pertenece a la comunidad latinohetaliana y es libre como sus países.
ADVERTENCIAS: Insultos, nombres de personajes, luchas históricas, saltos futuristas, OoC y +18 (tal vez).
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Narración normal.
Cursiva corresponde al cambio de Idioma.
Negrita y cursiva corresponde a persona del otro lado del teléfono.
"Cursiva entre comillas corresponde a pensamientos"
― Guion alto, abre conversaciones.
"Cartas narradas"
*O*O*O*O*
Capítulo 12: El revoloteo del águila Imperial.
― Re… ― La llamó.
― ¡Tú! ― Ella corrió internándose en el bosque.
― Re… ― Volvió a decir.
― ¡España! ― Lo derribó. ― ¡¿Qué haces en mis dominios?! Te dije que, si te volvía a ver en este lugar, te mataría.
― Eh, calma, calma fierecilla, puedo explicarte porque estoy aquí.
― ¡No explicarás! ¡Aquí vas a morir…!
― ¡Tengo a Chile! ― Gritó el español deteniendo momentáneamente a la mujer, levantándose y aprisionándola en sus brazos con suma fuerza ― Tengo que decirle en dónde está su madre…
― ¡Defendiendo a su pueblo como el guerrero que sin duda es! ― Rugió la mapuche intentando soltarse.
El español, sin ningún impedimento, la aprisionó contra sí.
Una cosa era una lucha… Otra cosa era la fuerza.
En ese momento, España era la potencia más grande del mundo, sólo igualado a su hermano Portugal, el diablo blanco, a quien vio una vez en sueños acorralar a Iracena y a Senaqué. Le bastaba para saber mucho de él, incluso el parentesco con aquél que tenía en frente.
España era cientos de veces más fuerte que ReChe. ¿Por qué nunca logró dominarla entonces? Ni él mismo lo sabía bien.
― ¿El guerrero que sin duda sois? ― Le habló cerca del oído ― Pues me han contado que te han visto paseando con cierto rubio neerlandés.
― ¿Rubio neerlandés? ― Parecía confundida ― ¿Qué es eso?
― Tiene los cabellos como el sol ― Fue calmando su agarre ― …Y los ojos verdes como las pampas, parecen almíbar. Viene de un país europeo, su casa queda cerca de la mía ― Ella hacia la relación y se sorprendía, pero no quería que él lo supiera ― Netherlands… Vuestro amiguito ha profanado todo ¡Se ha metido en nuestros dominios con toda voluntad colonizadora! ¿Y vos no te has dado cuenta acaso?
― Mientes ― Ella sólo estaba molesta. Pero tenía desconfianza y sospechas.
― ¿Miento? ― Sonrió ― ¿Creéis que miento?
― Es lo único que sabes hacer ¿Por qué habría de creerte?
Él la soltó, cosa que sorprendió a la mapuche que ya estaba pensando en morder sus brazos hasta que la soltara y golpearle la cabeza hasta hacerlo más idiota y estúpido de lo que era. No fue necesario, el español dio muestra de buena voluntad al soltarla, pero no se alejó de ella, sólo la soltó, pero su presencia era notoria.
"En cualquier momento puede dañarme, sabe que lo sé, sabe que no tengo la fuerza… Lo sabe, por eso me suelta" El miedo, que claramente siempre había tenido, no la hizo bajar la mirada, todo lo contrario, le enfrentó.
― ¿Por qué le defendéis?
― ¡No defiendo invasores!
― ¿Y cómo podéis confiar tanto en él? ― Parecía absorto ― ¡Sólo quiere molestarme! Hace solo un parpadeo dejó mi casa e intenta ponerse en mi contra. Intenta no pregonarlo, pero lo sé. No soy idiota. No quiero que mi mujer se haga ilusiones con otro, él no tiene sentimiento alguno por vos.
― ¡¿Tu mujer?! ¡Prefiero ser la mujer de la serpiente!
― ¡Sois tan arisca! Justo lo que me gusta ― Le cerró un ojo sonriendo, luego se le acercó más ― Es verdad, créeme… Sólo quiere aprovecharse de vos.
― ¿Y eso en qué se diferencia de ti?
― Es enserio ReChe. Yo soy un gran tipo comparado con él ― Se puso un poco más serio ― Le defiendes, pero no erres de esta manera, tus ojos no me mienten, desconfiáis de él ¿No te ha preguntado acaso? ¿No te ha hecho llevarlo a tu ruka? ¿No jugó también con las niñas?
― Eso no tiene que ver, es sólo…
― ¿Sólo? ― Ella le dio la espalda, él la abrazó por detrás ― ¿No te ha preguntado ya si hay oro?
― ¡NO ME TOQUES! ― Lo apartó de un empujón.
― No te equivoques ― España suspiró y frunció el ceño ― A diferencia de ti, yo me preocupo por nuestra hija.
― ¡Esa niña es un…!
― ¡Un regalo del cielo! ― Gritó cortando sus palabras ― ¡Y no dejaré que Vincent le ponga las manos encima!
― ¿Qué? ― Eso sorprendió a ReChe y le contuvo.
― Vos creéis en él, allá tú, si logra domarte, yo le detendré. Pero, ¿No te has puesto a pensar en qué sucederá con Chile si eso pasa? ― Tomó una rama y la quebró por la mitad ― Piénsalo. Netherlands matará a mi pequeña capitanía, a mi Chile, a mi querida hija.
― Vete.
― ¿Me vais a dejar ir, así como así?
― ¡Que te largues!
Se fue y desapareció en medio de la maleza. La mapuche se quedó en silencio, sólo en silencio meditativa. No confiaba en España, en él nunca, pero el Imperio más grande que ha existido jamás, no tenía razones para mentir. Países Bajos estaba teniendo un aceleramiento a nivel mundial, crecía con su nuevo sistema económico, pero eso ReChe no lo sabía.
¿Y si de verdad Chile estaba en peligro cerca de Netherlands?
Él… le había mentido al decir que no era igual a España.
¡Chile corría peligro!
Su mente vagaba difusa hasta escuchar aquello…
― ¡No lo acepto!
Golpe de realidad para ReChe.
― Ya te dije que no es lo que estás pensando.
― ¡Aléjate de mi querida sobrinita!
― ¡Yo solo…! ― Un latino se sobaba la nariz ― ¡A su puta madre! ¡¿Me rompiste la nariz cabrón?!
― Jah, más debería romperte a vos hijo de la grandísima… ― Alguien sonaba molesto tronando sus nudillos ― Salí del medio ¡Mexicano puto!
― Mein gott! Mi pequeña sobrinita, el grandioso tío Prusia ya está aquí para ser genial y brillar para ti ― El albino levantaba a la chica del suelo y se la llevaba cargada.
― ¡Me quieres dejar como tu chingada nariz deforme y gigante! ― El Mexicano se levanta y le devuelve el golpe ― Toma eso mal teñido de mierda.
― ¡Italia! Tanto tiempo ¿Por qué te ves tan femenino? ― Uruguay abrazaba a Itzel ― Y tan pequeño bo' ¿Siguiendo alguna dieta?
― ¡Corre Estados Unidos, corre! ― Gritaba Prusia.
― ¡Soy Canadá! ― Corría el norteamericano al lado de Prusia, que llevaba en brazos a Chile.
― ¿Qué? ¿Cuándo pasó todo esto? ― ReChe estaba en medio del desastre.
― ¡Pinche narigón todo esto es tu culpa! ― México hacia fuerza con Argentina ― ¡Eh cabrón, tú, suelta a mi hermana!
Resulta que estaban tomando once, o merendando. Chile estaba en medio de Canadá y México, e Itzel hablaba hasta por los codos. Sin ser invitados, llegó Argentina tirando del brazo a Uruguay que parecía bastante "distraído", si es que se le puede llamar así, los ojos rojos y la sonrisa extraña lo acusaban de algo que olía a ilegal.
A Argentina le entraron los celos cuando vio que Chilecita le daba un trozo de galleta con mermelada en la boca a México del Norte. En ese momento llamó a Prusia que estuvo en 15 minutos, apareciendo justo cuando Argentina pateaba un adorno de yeso a la cara del mexicano, con toda la intención de romperle la nariz. Así comenzaron a pelear, viendo la discusión, Prusia tomó a Chile que estaba en el suelo buscando uno de los aros que le había regalado Canadá hace poco. Fue tomada por sorpresa y el rubio de ojos azules malva y el albino, corrieron con la chica en brazos. Mientras Uruguay, en su "estado" confundió a Itzel con Italia por razones desconocidas.
― ¡Bilué! ― Tomó a Sebastián del cuello de la camiseta ― ¡Bilué, reacciona!
― ¡Ya wey! Quítese cabrón ― Itzel estaba avergonzadísima.
― Pero Italia bo'… ¡Antes eras re-franela! ― Uruguay apretó más a Itzel.
― ¡Kyaaaa! ― la mexicana ya no lo resistía.
― ¡Mal parido! ― Le gritaba Argentina haciendo fuerza también.
― ¡Bilué, Sebastián! ― ReChe insistía ― ¡¿Dónde está Chile?! ¡URUGUAY!
― ¿Abuelo sos vos? ― El rubio castaño comenzó a buscar con la mirada.
― Está re-colgado che ― Dijo Martin, haciendo tregua momentánea con el mexicano ― No tiene caso tía Re.
Argentina logró que Sebastián soltara a Itzel, sólo para que cuando se viera libre, la mexicana le diera un manotazo en toda su bella y uruguaya cara. Los lentes volaron, pero Sebastián soltó los brillitos locos y la encandilaron. En ese momento Pedro tomó a su hermana, que caía desmayada muy al estilo telenovela…
En otra parte de un lugar similar, Chile se había zafado de los musculosos brazos de Prusia y de la linda y hermosa… mirada de Canadá.
Rondaba sola, esperando que sus pies la llevaran a cualquier lugar, pero nunca esperó que la llevaran a esa parte en específico. Sólo ver la puerta, le pareció algo muy extraño. No había carabineros apostados en los pasillos y era uno de las secciones históricas que estaba cerrada a los visitantes y al público, la curiosidad innata la guiaba a abrir las puertas…
…La guiaba a caminar por el pasillo oculto tras ellas…
La llevaba a cerrar tras de sí, la llevaba a descubrir un frío estudio abandonado. Le gritaba para encender las luces, para abrir el gas y encender la calefacción. La guiaban para sentarse en la silla del escritorio.
― Mamá… ― Dijo sin percatarse aún que la sentía tan presente allí.
No sabía que era el escritorio personal de su madre, que la última vez que había estado allí, había sido sólo un poco antes que ella naciera. Esas mesas de viejo roble austral, y esas librerías enormes, eternas y repletas de libros… El mismo escritorio, hecho de alerce milenario con una enorme plancha de mañío, como la silla, forrada en terciopelo rojo.
Era esa extraña sensación de saber en dónde estaba y qué hacer, pero nunca había estado en ese lugar. A excepción de cuando estaba dentro del vientre de Manuela, pero eso no contaba en si ¿Alguien recuerda su vida nadando al interior del útero de su madre?
Pero estas cosas ya le habían sucedido antes. Cómo si guardara el conocimiento de las cosas, cosas, por otro lado, que jamás había visto. Como si se sintiera muy cómoda, como si supiera que esos libros habían sido leídos, que había un libro boca abajo en la segunda sección del tercer estante, que en su tapa tenía la llave que abría el compartimiento dentro del escritorio accesible por uno de los cajones.
Metió las manos y tanteó, era suave, y un poco más al fondo, encontró algo duro, comenzó a jalarlo. Un libro.
Sudaba, en sus manos tenía un libro muy viejo, no tan gordo, pero de unas hojas delgadas y delicadas al comienzo, en su parte final parecía tener hojas blancas agregadas.
La tapa estaba hecha de una encuadernación de cuero, y al pie, cercano a los bordes, estaban tatuadas las iniciales en fina caligrafía el nombre de su mamacita. J.M.G. Rodríguez.
Lentamente soltó las amarras de un fino lazo y abrió la encuadernación, un olor extraño inundó sus fosas nasales… Era un olor que ella conocía, pero que en ese momento no recordaba del todo bien.
Hojeó rápido, parecía que era un diario atemporal, que pertenecía a la anterior entidad chilena, comenzaba a mediados del siglo XVI con una escritura un poco más formada que las primeras.
"Nueva Imperial, marzo del año 15XX de nuestro señor Jesucristo.
¡Realmente odio hacer esto! Escribir no es algo que me apasione. Admito que es una buena distracción. España sigue siendo un idiota.
Sé que soy una capitanía general, un lugar de avanzada militar, pero me aburro de sobremanera estando sola. Odio haber nacido mujer entre un nido de varones… Ah, España estará de espanto si logra leer esta hoja, no estoy escribiendo como se supone debería, con todos esos adornitos en las frases… Bien, aquí voy… Al despertar el medio día y con una vanagloriada misteriosa en la mirada, bajo el cielo de nuestro dios… (Verdad que va en mayúscula Dios), mi humilde persona cabalgaba… No, no puedo… De todas formas, ni él ni Virreinato lograrán leer esto jamás.
Hoy…
El viento era manso. Se había aburrido de permanecer en dónde le había dejado España, así que como la buena niña desobediente que era, apenas el español se marchó, ella arrancó a jugar por ahí, de una forma u otra llegó a orillas de la playa. Si ninguno de los otros niños quería jugar con ella ¡Pues jugaba sola! ¿Qué importa?
El estúpido de Perú, que había nacido en cuna de oro, literalmente, ahora había crecido mucho, y se podía ensuciar el vestido si es que estaba allí, con eso que ahora se creía príncipe, el favorito del idiota de Antonio ¿Qué le había visto su madre a ese estúpido? Pues inteligencia no fue, de eso seguro. ¡A quién le importa!
Ella podía jugar solitariamente… No es como si importara realmente… Hasta los pescaditos andan en grupos, pero ella estaba aislada, sola. ¿Y quién la culpaba? Ella había ido a nacer allí, prácticamente en tierras australes que colgaban del resto del mundo.
Sus ojitos como el oro sobre el cobre se aguaron un poco ¡Sólo un poco! Pero algo la guiaba a no soltar siquiera una lagrima, se pasó la mano por la cara.
Estúpido Martín que se fue a su casa con sus hermanos… Ella no lo extrañaba ¡Mejor que se fue! Así tuvo tiempo a que le cortaran el cabello que ya le estorbaba. Martín creció un poco más que ella, así que en su última visita le había llevado de regalo su vieja ropa que le quedaba pequeña. Manu agradeció el gesto, pero mucha de las vestimentas del trasandino eran extrañas para ella… al menos se contentaba con las camisas y las botas, que, aunque calzaba un poco más, ella se ponía medias y le entraban perfectamente, mejor que sobre a que falte, pensaba tranquila.
Así que así era su vida ¡Gracias Martín por las camisas! Que suerte.
Manu era una niña, pero… Vestía como un varón. España insistió en que la vistieran como una damita de las cortes, cuando sus intentos no dieron resultado, él mismo intentó colocarle un vestido, y en el forcejeo, el español había terminado con un ojo morado de la súper patada que ella le había dado. Como resultado, el resto de los castigos fueron encerrarla en la cárcel y… ¡Que la dejara en paz con esa ropa! Ella no iba a cambiar.
Era todo un tema de comodidad. Hasta había cortado sus largas trenzas, y se preguntaba por qué es que les tenía tanto afecto, si en la práctica sólo eran un estorbo. Había olvidado, gracias a Antonio, mucha de su crianza mapuche, a veces parecía que se iba a olvidar hasta de cómo hablar con su madre…
¿Y qué importa? Todos la abandonaban, sólo la volvería abandonar una vez más. Al caso… Ya le había dado la espalda anteriormente, nada le impedía volver a hacerlo ahora ¿Verdad?
Claro, en ese momento le daba igual que creyeran que era un chico, ella no le daba el valor a la diferencia ¿Qué importa? Pensaba.
― Estúpido Miguel… Estúpido Martín ¡Claro que pueden irse con sus hermanitos preferidos! Yo… No tengo hermanos ¡Y no es cómo si los quisiera tener alguna vez!
― Los hermanos son como bestias esperando destrozarte ― Escuchó de pronto a otra voz.
Ella no se movió de su posición, sólo giró la cabeza, y a su lado, muy cerca de ella, había un muchacho, que vestía de forma extraña, muy extravagante, además traía un trapo en la cabeza ¡Y vaya que sable tan enorme llevaba colgado en el cinturón! Era tan genial.
― No lo sé…
El joven estaba riendo malévolamente hasta que escuchó la respuesta, del que él creía el niño. Detuvo abruptamente las carcajadas y levantó una ceja, estaba bastante curioso.
― Supongo que tienes razón ― Sonrió la niña.
― Oye… ¿No tienes miedo?
― No ¿Por qué? ― Ella parpadeó confundida ― ¿Debería tener miedo?
― Ehhh… No sé, supongo… Bueno, algunos estarían aterrados de tenerme a su lado… ¿Es que no sabes quién soy?
Se quitó el sombrero y el trapo, dejando ver un espeso y enmarañado cabello rubio. Combinaba perfectamente con la piel blancuzca, pero la niña era poco impresionable, además, seguía molesta y de mal humor.
― No. Ni idea.
― Holy shit! ¡¿Acaso tus padres no te enseñaron a desconfiar de los desconocidos?! ― Parecía que se arrancaría todo el cabello.
― Mi madre me dejó al cuidado de Antonio, y Antonio se fue… Tiene más hijos regados por todas partes…
― ¿Abandonado? ― Susurró pensando para si el rubio ― ¿Y quién te está creciendo entonces? Ya sabes… ¿Hay alguien cuidándote?
― ¿Cuidar? ― negó con un gesto ― ¿A qué te refieres con crecer? ¿Cómo Miguel y Martín? Pues… Yo… ¿Supongo que nadie?
― ¿Nadie? ― Levantó una pesada ceja ― ¿Te sustentas por ti mismo?
― Claro que si, en mi casita ― Sonrió, llamando la atención del joven.
― Tu casita… ― Algo no parecía bien en todo esto / ¿Aló, servicio de menores? / ― No deberías darles información a las personas, y mucho menos a un completo desconocido.
― ¿No?
― No ― El rubio de ojos verdes miró al horizonte mientras contuvo un suspiro pesado, eso no estaba en sus planes, pero ¿Ya qué? ― Yo soy Inglaterra ¿Tú eres la capitanía general de Chile, ¿no?
― Sí… Al menos eso creo.
― Bien pequeño Chile ¿Quisieras ser mi colonia? Yo te trataría muy bien, y jamás te abandonaría.
― No gracias.
― ¿Seguro?
― Si ― Lanzó una piedra al agua ― España me dijo lo mismo, y lo primero que hizo cuando encontró Oro, fue largarse.
― ¿A Perú?
― Si ― Contestó sin darse cuenta de la información ― Ustedes tienen una enfermedad que sólo el Oro los cura y al mismo tiempo, los enferma más… ¿Qué es el oro realmente? A mí me parece sólo una piedra, ni siquiera sirve para comer.
― Es complicado de explicar ― Sonrió ― ¿Qué idioma estás hablando? Suena simple de entender…
― ¡Ahhh! ¡No me vayas a acusar con España! Es que su idioma es tan extraño, todo suena como un gran siseo y le agrega los "éis" a las frases "¿Entendéis?" ― Ambos se pusieron a reír, luego la niña sonrió ― No quiero ser tu colonia, aunque suena interesante.
― Ya veo ― El rubio le acarició el cabello ― No te preocupes
― ¡Por cierto! ― Ella se paró sorprendiéndolo ― ¿Quién es que eras?
― Soy Arthur Kirkland, Inglaterra.
― Bueno… Inglaterra, debo irme… Tengo hambre. Te invitaría a cenar, pero dijiste que no debo confiar en desconocidos.
― Oh, está bien… ¡Al menos aprendiste algo!
― ¡Sí!
― ¿Podrías mantener mi visita en silencio? Sería problemático que Antonio se enterara que estuve aquí, él no quiere que haga amigos.
― Hummmm ¡Bueno! De todas formas, no pensaba decírselo.
El inglés, muy confundido sobre lo que había sucedido, se rascó la nuca y sonrió, se ató el trapo a la cabeza y se puso su gorro. Internamente estaba preocupado que un niño tan simpático y pequeño fuera tan vulnerable. ¡Enserio que nunca entendería a Antonio! Dejaba abandonadas sus colonias, cuando podría ser tan fácil secuestrarles. Subirle a un bote y arrebatarlo del cuidado de España… Aunque pensándolo bien… España no le daba cuidado alguno, así que daba igual.
Sí que era… Inocente.
… a los lejos pude ver como Inglaterra remaba solo en un pequeño bote, hacia un enorme barco que le esperaba ¡Que genial! Espero que pronto vuelva, le daré una gran sorpresa.
J.M.G. Rodríguez"
Siguió hojeando… El encuentro de sus padres le causaba escalofríos. Ella sabía muy bien que Arthur no era su papá biológico, que solo la había criado y la había crecido protegida hasta que ya fue mayor. Una cosa era crecer y proteger, que puede hacerlo cualquiera con un mínimo de interés, y otra cosa es criarle, y Arthur lo hizo muy bien, con ayuda de todos, claro, pero fue bastante bueno, cómo si ya tuviera la experiencia, claro… Había crecido a Estados Unidos y a… Ca-canadá.
Su madre no escribió en un largo tiempo, porque la siguiente página…
"Valdivia, diciembre del año 160X de nuestro de Señor Jesucristo.
¡Mi ñuke me regaló un vestido! Resulta que el rubio alto de la pipa, ha estado aquí por bastante tiempo, y sus camisas se apolillaron, cuando comenzó a quemarlas y deshacerse de ellas, ReChe le detuvo y se quedó con tres, a cambio le dio un poncho de lana. Él no entendía para qué quería esas cosas tan viejas, y sinceramente, yo tampoco (Por cierto, me volví a escapar de Santiago, espero que esta vez España no se entere). Pero mi mamá hizo de las camisas un vestido ligero de verano para ella, remendándolo con lanas de colores, y también hizo un vestido ligero de verano para mí, similar al de ella. Y me gusta mucho.
¡Hoy jugábamos en la playa los tres! Bueno, el señor Netherlands sólo estaba parado allí mirando. Me pregunto si así se siente… ser parte de una familia.
PD. Mi mamá luce más feliz que de costumbre.
J.M.G, Rodríguez"
Javi cerró el diario y lo mantuvo cerca de su pecho. Ella, que siempre buscaba a su madre… Pero cada vez intentaba huir de Manuela. Se contentaba con saber sus historias, las cosas que había hecho, y simplemente tomarla como una persona más… Pero no puede evitar ignorar sus retratos. Arthur le dio una fotografía especial de Manuela ¿Por qué tenía él algo así? A ella le dieron celos y la rompió.
Sí… Tenía celos de su madre, por eso la evitaba. Quería que Arthur la mirase sólo a ella, que el mundo al fin sepa que ella era Chile. Manuela estaba muerta, no volvería, ¡Ella estaba allí y aún no tenía el titulo definitivo de ser Chile! Incluso cuando la estaban hostigando tanto en el congreso, incluso cuando la obligaban a hacer ciertas cosas, no podía contra ellos y ellos no podían con ella.
Pero Manuela tenía más años que ella, y había vivido todo con ellos. Javi era sólo un parpadeo.
Manuela tenía sentimientos… que ella no podía entender.
Manuela estaba presente allí mismo en todo, incluso en ella.
Pero Ella era la única que no la podía encontrar. ¡Y era quien más la necesitaba!
Salió de allí y se fue a su habitación.
― Javi, al fin te encuentro, México se…
La chica se abalanzó a los brazos del canadiense, éste, de la impresión, se quedó como un palo tieso, sin saber que decir o qué hacer, sólo le acarició los hombros… Lentamente la fue abrazando y calmando.
― Los países no son personas ― Repitió la chica ― Se supone que sienten como ellas, que sufren como ellas, y se enferman como ellas… Pero por diferentes formas, otras situaciones… Y yo… Si es que siento algo en este momento, ¿Cómo sabré a qué se debe?
― Sólo… ― Él no lo sabía bien… Con la interacción ¿Quizás?
― Yo no los puedo sentir del todo… ― Dijo cerrando los ojos ― ¡Por eso creo que necesito sentir a Manuela para entenderlos!
― ¿A Manu? ― Eso sorprendió a la nación cercana al polo Norte.
― Si… Creo que por su cabeza pasaban más cosas, creo que ella sentía más, porque ahora mismo me embarga una gran melancolía ¿Y si es eso mismo lo que ella sentía? El hecho de no conocer a mi madre… Yo…
― Calma ― Él le puso la mano en la mejilla y sonrió ― No te fuerces… Yo… sólo… No necesitas comprender todo ahora.
― Matt… ― Ella le soltó lentamente y sonrió ― Me agrada pasar el tiempo contigo. Además, siento que tu presencia me calma mucho. Gracias por escucharme. Creo que te voy a extrañar…
― Nosotros también te extrañaremos ― Sonrió, recordando al señor Kumajirou, y soltó su agarre ― México está preparado para marcharnos.
― ¿Y mi chuchu? ― Preguntó tranquila.
― Intentando que Uruguay vuelva en sí ― Sonrió apenado el canadiense.
― Ya veo…
Y el franco-anglo-americano sintió pena ajena ¿Por qué los latinoamericanos se tomaban el tema tan a la ligera? Si Uruguay intentara cruzar su frontera, sería el banco fácil de las autoridades para impedirle el paso. Si él fuera tan abierto como todo el mundo cree, horribles cosas pasarían en su casa, en especial por cierto vecino loco que tiene.
A veces tiene que presenciar cada caso…
Al final del día, Canadá dio por finalizada su labor como profesor de Chile. Él y los hermanos México subieron a un avión que los llevaría en escalas hacia Norteamérica. Argentina estaba al lado de Chile cuando ocurrieron estos antecedentes. Él no sabía cómo actuar del todo, tenía esas ganas de acercarse, pero al mismo tiempo algo le impedía estar cerca.
ReChe veía la situación, mientras a su lado, comportándose como un caballero, se encontraba Uruguay. El marco de sus lentes se había roto, y ahora sólo ostentaban una pata, pero seguía soltando sus brillitos locos y todas su característico sex-appeal. Claro, tenía del brazo a su tía Re, era el mínimo de cortesía.
Argentina rodó los ojos, su hermano era tan… Él. Le escondería la pipa, los papelillos y sus plantitas uno de estos días.
Eso no significaba que la mapuche estuviera muy concentrada… Su mente estaba en los sucesos ocurridos a principios del siglo XVII al sur del actual País.
*O*O*O* Omake. Gilbert y la filosofía moderna.
― El grandioso yo es tan asombroso, el grandioso yo es tan asombroso ― Cantaba mientras preparaba un kuchen de nueces.
Estaba retirando del horno su kuchen, pensando que le había quedado majestuoso, obvio, y que lo cortaría a la mitad para ponerle miel y un poco de crema dulce de almendras y algunos frutos secos. De pronto, en la ventana apareció un ente espectral con mala cara que le miraba directamente.
― Mein Gott! ― Dijo, tomando su kuchen y echándolo por la ventana cual proyectil.
― Humm... Delicioso ¡Tío, es que te ha quedado tan espectacular! ― Le gritó el ser, entrando por la ventana.
― ¡Existen las puertas! ¿¡Que forma de aparecer es esa!?
― ¿Te asusté?
― ¡NEIN! ― Se cruzó de brazos y sonrió ― ¿Entiendes? Nunca podrías asustarme, ya sabes, el asombroso es genial. ¿Qué quieres españolete? Estoy ocupado, ya que te has comido el kuchen que estaba preparando para la hermanita de Zwingli.
― ¿Por qué?
― Eh... ― Pensó en la niña que le había pedido el postre con ojitos esperanzadores... Esos ojitos tan kawaii, esas cosas kawaii a las que él no podía resistirse y por las que él y Alemania no se entendían... Comenzó a sudar ― Nada importante. Mejor dimer por qué estás aquí y qué puede hacer el más increíble de todos para ayudarte.
― ¡Es que tío! ¿Por dónde empiezo? ― Se sentó dispuesto a empezar de dónde sea.
― ¿Desde el principio, quizás?
― ¡Es que allá ves tú! Mi linda nieta es tan hermosa y tan parecida a mí, pero ahí va el inglés y dice "Oh no, is my baby", pero Gilbo, ¿Qué harías tú con ese? EH... Que no me da la cara el muy inglés, y lo que va peor, va y le pone "Elizabeth", como su infame reina colorina... Y también tienes a ReChe con el maldito holandés... ¿Me vas a creer que al parecer andan flirteando? Si, fijate que yo creo que está sumamente mal, después de todo, ReChe y yo nunca nos separamos... Aunque no hay papeles de por medio ¿Eh, macho, me estás escuchando?
3 horas de tal tortura le hizo pensar a Gilbert que las experiencias no dan el conocimiento completo, que el conocimiento y la razón darán la clave a la sabiduría... ¡Pero con Antonio, el razonamiento poco contaba!
1 hora más de las chismosa, y Gilbert juraba que se sacaría los oídos.
¡Actualización bastante seguida! Increíble ¿No? Hay tantas preguntas que me hago... ¿Por qué Neth no volvió por ReChe? ¿Qué pasará con Javi? ¿Podrá internacionalizar a su gente? ¿Aparecerá Canadá otra vez para calmarla? ¿Podrá Martín acercarse a ella sin ese sentimiento que lo embarga? ¿Aparecerá otra vez la patota de latinos?
¡Nos leemos el próximo mes! ajajaj Okey no, intentaré actualizar antes y escribir cuando tenga tiempo. Creo que este capitulo quedó muy largo. Sólo queda un recuerdo más para entender la historia entre Neth y Reche, y es más o menos crucial.
Atte. Reino Inquieto.
