Me tardé demasiado, lo se, lo siento XS gané un concurso y he estado entretenido preparándome porque quiero ganar la fase regional y avanzar a la estatal hm. Bueno, espero sepan perdonarme con este capítulo.


12. Tiempo.

Todos la miraban, expectantes, curiosos de saber que era lo que quería decir la joven soberana. En los labios de esta se dibujaba una sonrisa burlona y atrevida a la vez, sus ojos destellaban picardía. Allen se pasó a su lado sosteniendo un gran rollo. Otros sirvientes fueron a limpiar un poco la mesa y el rubio extendió el papel. Miriam llevó un frasco con tinta en su interior y una pluma. El rostro de los presentes se tornó confuso, mas el de Gast estaba ansioso.

-Ha pasado un tiempo desde la muerte de mis padres. –Comenzó a decir la Princesa. –Ellos me hicieron prometer que cuidaría del reino y lo mantendría unido, y así también mis descendientes.

Pero algo que la molestó fueron unos aplausos que hicieron en honor a su responsabilidad aceptada. En otras palabras, a que ella hubiera aceptado tal peso sobre sus hombros.

"Falsos", los tachó la pequeña. Era una niña, pero no era tan tonta como para no darse cuenta de que todos a su alrededor la despreciaban. Pero bueno, ese era problema de ellos, no suyo.

Los viroteos cesaron y ella continuó: -Sin embargo, no puedo cumplir esa promesa ¡porque crucé los dedos! –Exclamó infantilmente dejando a todos estupefactos. Los invitados se miraron unos a otros tratando de encontrar alguna respuesta en el rostro de su vecino.

Gast inconscientemente apretó la mano te Teto con emoción.

-Bueno, siento que hacerme cargo de toda la nación de Evillious es mucha responsabilidad para una niñita como yo, así que, aprovechando que toda la "noble" gente de las seis regiones vinieron a felicitarme por mi cumpleaños, y gracias a las súplicas del comandante Gast Venom, están invitados a firmar el Tratado de Liberación Feudal.

Los murmullos comenzaron a surcar el salón, cada uno de ellos menos discreto que el anterior. Que si se había vuelto loca, que si no era tan mala como parecía, si estaba mal de la cabeza, que cómo alguien podría abandonar el deseo de dominación mundial. Rilliane esperó pacientemente a que las quejas cesaran. De hecho, no tendrían que quejarse, eso les convenía.

Liane fijó su vista en cada uno de los invitados; junto con Allen, ambos creyeron que tal vez alguno de ellos pesaría en aprovechar la proclamación para asesinar a la Reina y eso claro que no permitirían. Afortunadamente no hubo necesidad de hacer algo. La gente pasó ordenada y en fila a firmar el tratado. Cuando todos pasaron, la Soberana tuvo nuevamente la palabra.

-También es motivo de regocijarse lo siguiente: Estoy comprometida con el ahora Príncipe de Marlon, Kyle.

El aludido se posó a su lado y depositó un beso en la delicada y pequeña mano de la Princesa, esta se sonrojó por tal gesto y los sirvientes aplaudieron seguidos de la multitud que los acompañaba. Liane estaba por juntar sus palmas, pero tras desviar su vista en el pequeño rubio desistió de la idea. Allen se veía no muy contento con ello y le entró la curiosidad de saber por qué.

Ted, el hermano mayor de Teto, caminaba por los pasillos en un intento de encontrar la siempre esquiva cocina cuando chocó con alguien.

-Disculpe. –Dijo tratando de evitar caerse, seguía algo mareado por el fuerte medicamento que le suministraron hace días. Realmente era fuerte esa droga.

-No hay cuidado. –Fue la respuesta que escapó de aquellos labios rosas.

Y pasadas algunas horas la fiesta llegó a su fin. La gente salía de uno en uno rumbo a sus carrosas y de ahí, quizás, a sus barcos que los llevarían a casa. En cuanto el último invitado traspasó el umbral de las grandes puertas del castillo los sirvientes comenzaron a movilizarse para limpiar todo y dejarlo impecable.

La Princesa estaba cansada así que desapareció del sitio, sin embargo lo ultimo que vieron de ella fue como era llevada a su habitación por Allen cargándola en su espalda.

Liane, Teto y Gast aprovecharon la soledad de la noche para sentarse a platicar en una de las salas del palacio.

-Por fin, hemos logrado nuestro objetivo. –Afirmó el Dirigente con cierto matiz de complacencia.

-Pero tenemos que seguir las órdenes de esa niña a partir de ahora. –Dijo no muy convencida la Capitana.

-Un pequeño precio, pero velo como una fuente de ingresos a Asmodean. –Observó Gast. –La economía del país está demasiado baja, así que nos conviene aprovechar ser de la armada de Lucifenia para algunos acuerdos comerciales.

-¿Favoritismo?

-Bien pensado, Lily. –Le sonrió. Chartette les pasó una taza de té a los tres.

-Disculpen, pero sus cuartos aún no están listos. –Se excusó la muchacha. –Por cierto, ¿gustan cenar con el resto?

-Pues con eso de que estuvimos vigilando no recuerdo haber probado bocado.

-Vamos a la cocina entonces. –Chartette los guió hasta ahí. Claro que ellos se llevaron sus tazas para no desperdiciar nada.

Al interior se encontraban varios empleados, entre ellos Miriam y Allen. Todos ellos conversaron acerca de la velada, platicando desde las vestimentas que portaban los nobles hasta sus modales, estando bastante inconformes con esto último.

-Y nos dicen "marranos" a nosotros, hasta mi hijo de tres años se sabe limpiar la nariz con más discreción que aquel viejo de Levianta. –Se quejó la cocinera de nombre Ann.

-Creo que los más decentes de todos fueron esos comerciantes de Elphegort, ¿cómo se llamaban?

-Me parece que se apellidaban Freesis. –Respondió sonriente Liane.

-¿Y cómo es que lo sabes? –Quiso saber Miriam.

-Pues como vi que Allen estaba haciendo un mejor trabajo que yo, y como me estaba aburriendo, paseé un rato por el pasillo y sin querer tropecé con el señor Freesis, charlamos un rato y entonces me presentó a su esposa.

-Pero niña, tu debías cuidar a la Princesa, no Allen. –Regañó la jefa de servidumbre. La rubia solo se atinó a encoger en su lugar con algo de vergüenza. –Bueno, no dejes que eso vuelva a suceder… ¡Ah, hija!

-¿Hija? –Dijeron los sirvientes al unísono fijando la mirada a donde la tenía puesta la jefa de servidumbre.

Ingresando a la habitación con paso poco apremiante y quedándose al lado de Miriam, posando su mano derecha en el hombro de la fémina, una muchacha de cabello largo y rubio, vistiendo un uniforme de mucama, saludó a todos.

-Mucho gusto, mi nombre es Ney Futapie. Espero llevarme bien con todos. –Sonrió amistosamente.

-Muchachos, ella es mi hija, no de sangre, pero la quiero como si hubiera nacido de mis entrañas. –Comentó la madre de la chica levantándose y abrazándola por los hombros. –Es algo lenta para aprender, pero ténganle paciencia. Se las encargo.

-Jo, madre, no es para que les digas eso. –Ney hizo un puchero y todos rieron por tal comportamiento infantil para alguien de su edad.

Gast sonrió con complicidad hacia Teto, pero ella no entendió el gesto. Lo mismo hizo con Lily y tuvo el mismo resultado. Aún asó, a la Comandante le dejó de inquietar aquel parecido que la recién llegaba compartía con la espía de la Compañía, sabiendo que no eran la misma persona.

El tiempo pasó dentro del país de Lucifenia. Aunque en realidad solo pasaron tres semanas, a Liane se le antojaron como tres meses. Quería regresar rápido a Asmodean, también quería recibir algunas otras instrucciones de Meikai.

-¿A quién engaño? –Se dijo sonriente frente al espejo mientras cepillaba su largo y rubio cabello.

Habían varias cosas que quería volver a ver una vez regresada a su pueblo natal. En primer lugar estaba la lápida de Sateriajis para dejarle un nuevo ramo de flores, después se encontraba Leslie y las demás muchachas del bar; y por último, cierto castaño. Lily se sonrojó un poco de solo recordarlo. Marchó a su cama y se tendió sobre ella abrazando su almohada.

Chartette irrumpió al acto.

-Disculpe la molestia, pero la Princesa requiere verla de inmediato. –Habló cordialmente la mucama.

-Iré en un momento. –En tanto Chartette cerró la puerta, Liane se colocó su capa distintiva y salió de la habitación. Fuera de esta se encontraba Allen, quien la miraba con algo de seriedad, bueno, un tanto más de la habitual.

Caminaron en silencio hacia la habitación de la niña, o eso creía la rubia, pues era la primera vez que recorría aquella parte del castillo, ya que le habían impedido el paso por aquellos lares cuando accidentalmente se extraviaba en algunas ocasiones.

La alfombra era completamente amarilla, sin embargo ellos no la pisaban, solo pasaban a un lado de ella; solo era reservado para la Princesa aquel extraño lujo, quizás. Las paredes de mármol estaban adornadas con chapas de oro con forma de diferentes rosas amarillas, natural por el color del metal y porque eran el símbolo de Lucifenia. Casi cada dos por tres, en aquel largo y ancho corredor, se encontraba una armadura medieval ensamblada; el metal era presumiblemente de plata con ciertas partes de bronce.

-Ney… -Pronunció Allen cuando vio a la nueva empleada asomarse por una puerta de roble. -¡Ney! –Exclamó, haciendo que la nombrada diera un respingo y cerrara la puerta con indiscreción. -¿Qué haces aquí? Esta zona del palacio está prohibida.

-Lo siento… -Susurró quedamente saliendo rápido de ahí. Allen suspiró con pesadez.

-Ojala la Princesa no la haya visto…

-Vamos, no puede ser tan malo. –Sonrió Liane.

-Bueno, mejor no la hacemos esperar. –Dieron unos pasos mas e ingresaron al interior de la habitación que momentos antes Ney estaba espiando.

Lily cayó maravillada ante los lujos de los cuales era dueña la Dueña del mundo, aunque ya no merecía ser llamada así, después de anoche. La cama era enorme, fácilmente el triple de lo que era la suya, y por consiguiente, la habitación era igualmente enorme. Tenía un ropero del tamaño de una pared para ella solita, seguramente lleno de ostentosos vestidos y zapatos; el suelo tenía pequeños adornos de oro como los que estaban en el pasillo y las paredes estaban pintadas en su totalidad de un suave amarillo.

Gast y Teto se encontraban de pie frente al gran ventanal al frente de la puerta de acceso. El Dirigente contemplaba el cielo despejado del día, en tanto Teto miraba impaciente un reloj colgado sobre el marco de la ventanilla.

-¿Su Majestad no ha llegado aún? –Preguntó Allen algo extrañado de no ver a la Princesa en el lugar.

-Desde hace rato está aquí, pero cuando entramos la pequeña pidió un momento y se metió en el armario, y no ha salido de ahí en un rato. –Respondió Gast sonriendo con un deje de burla. –Seguro se perdió en un mundo de nieve.

-Ah estado ahí cerca de veinte minutos, ese lugar no es tan grande, ¿cierto? –Quiso saber Teto.

-Aguarden un momento, por favor. –Dijo Allen y entró por donde había dicho el Dirigente.

Hubo silencio un rato, después se escucharon algunos golpes leves, pasando a que vieron como el armario se movía levemente de un lado a otro, por último resonaron por la habitación quejas y gritillos de jaloneos. Gast notaba eso indiferente, pero con una pequeña sonrisa; Teto estaba extrañada y Liane reía discretamente imaginándose que clase de cosas estarían haciendo ellos dos ahí adentro. Finalmente la Princesa Rilliane salió portando un vestido amarillo de encajes negros, pero además de eso, salió tomando a su sirviente por los cachetes y tirando de ellos.

-¡Aprende a esperar a que una dama se arregle! –Gritó la Princesa visiblemente enfadada.

-L… Lo siento, Alteza… pero me dijeron que ya había tardado un tiempo y me preocupé. –Se excusó el sirviente después de su improvisado castigo, sobándose las mejillas.

-Parecen hermanos. –No pudo evitar argumentar la rubia mayor, sonriéndoles a ambos con dulzura.

-Si, ya nos lo han dicho bastante. –Respondió Rilliane con indiferencia, pero Allen enmudeció con algo de tristeza, aunque muy bien disimulada. –Bueno, ya los hice perder bastante tiempo así que iré directo al grano. –Tosió un poco para aclarar su garganta. –Ya no los necesito, así que pueden regresar a Asmodean.

-¿Disculpe? –Preguntó Teto incrédula.

-Lo que oyeron, pueden partir ahora mismo o esta misma tarde. –Aclaró la Princesa.

-¿Pero por qué? –Preguntó Liane.

-No necesito darles una explicación, solo váyanse.

-No quiera burlarse de mi, Princesa. –Amenazó Gast llevando su mano al mango de la espada que cargaba en su cintura, mas Allen pensaba lo mismo guardando la palma al interior de uno de sus bolsillos, justamente donde guardaba un cuchillo.

-Si los necesito los llamaré, además, soy su jefa ahora y no pueden repelarme, ¿entendido?

Hubo silencio un momento. Teto no quería hablar, Liane no sabía que decir para aminorar la tensión del momento, Allen no tenía voz en esa clase de circunstancias… hasta que el Dirigente salió por la puerta y el sonido de esta cerrándose acabó con el sepulcral mudo.

-¿Y ustedes que hacen todavía aquí? ¿No les dije que se marcharan? ¡Largo! –Y el sirviente se encargó de echarlos de la habitación, pero cortésmente, eso sí.

Por un pequeñísimo instante, mirando por el rabillo del ojo, Liane divisó un par de espejos de marco dorado sobre el buró donde seguramente la Princesa colocaba sus pinturas y maquillajes.

-Los espejos… -Murmuró; memorizando además el camino de regreso. Según Meikai, aún no era tiempo para obtenerlos, o algo así entendió de ella. Pero la conocería, de eso estaba segura.

Salieron del palacio, ahí se encontraron con Leonart, justo en los establos, y Teto se abalanzó sobre él con un fuerte abrazo. El caballero les comentó que iba a acompañarlos en su recorrido de regreso, por lo que tendrían mucho de que hablar ellos dos. Antes, Teto fue volando de regreso al interior del castillo, logrando esquivar a algunos sirvientes que ya no querían permitirle de nueva cuenta el acceso, pero no fueron suficiente para ella y mucho menos teniendo en cuenta que su hermano seguía en el interior; lo había olvidado en su habitación junto con sus demás cosas; incluso Lily las había recogido antes de salir.

-Teto, no esperaba que fueras tan olvidadiza. –Regañó Gast mirando desaprobadoramente a la pelirroja.

-Si, la Teto de siempre. –Se burló el rubio inflando el pecho.

-¡Cállate! ¿No ves que el pobre está durmiendo? –Exigió la capitana cargando a su hermano en la espalda.

-Y luego dicen que los hombres somos los que tienen ese llamado "Complejo de hermanos" –Se burló de nueva cuenta el caballero, ganándose una mirada de odio.

Pero bueno, dejando de lado aquella graciosa escena, el camino pasó entre plática y plática; aunque la mayoría de las conversaciones se mantenía entre la capitana Teto, el caballero Leonart y la comandante Liane. Gast y Ted eran los que mantuvieron completo silencio.

En tanto, en otro lugar. En donde un verde jardín vivía entre las llamas, la Maestra de todas las llaves preparaba su llegada al plano terrenal.


Esto tal vez les sepa a relleno, pero hay que aceptar que en todas las novelas casi todas tienen un momento relleno, en especial las policiacas. Por cierto, le dí esto a una profesora y me lo clasificó como "Novela negra".