Los Personajes de este fic no me pertenecen a excepción de uno o dos que saldrán posteriormente en esta historia. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

Como siempre antes que nada me doy el lujo de recordar lo siguiente:

Las escenas están separadas por una rayita_ y puede haber alteraciones cronológicas entre cada una de estas, los pensamientos están entre "comillas", las notas de la Autora, están puestas en N.A. al final del cada capítulo e indicadas con un * en el intertexto. Finalmente las referencias a frases u otras cosas estarán en "cursiva y con comillas". Los recuerdos siempre estarán en cursiva y pueden aparecen en cualquier punto del texto sin previo aviso.

Comentarios sobre el capítulo al final porque así es más cómodo xD


Capítulo 11: En el Templo de las Estaciones.

-Mira Zelda- pronuncio en voz silenciosa

Lo seguí de manera obediente hasta lo más profundo de la biblioteca, poso su mano contra una de las paredes y ahí se abrió una puerta oculta.

Mire con fascinación lo sucedido. Él saco un extraño objeto, algo que no podía distinguir porque estaba cubierto con una ligera tela. Camino unos cuantos pasos y deposito aquello sobre una de las mesas.

-¿Qué es eso papá?- pregunte con algo de ansias.

Él sonrió y con un hábil movimiento descubrió aquello que había permanecido escondido.

-Es…- dijo con tono de respeto- un cristal mágico Zelda.. es, un regalo.

-¿Un regalo?

Asintió con la cabeza.

-Con él puedes comunicarte con los oráculos elegidos por las Diosas. Pero ten cuidado no dejes que nadie se entere.

-¿Porque?

-Porque los oráculos comúnmente suelen pedirle su ayuda a Hyrule, pero si los países vecinos se enteran de que nos metemos en asuntos políticos ajenos, eso podría causar un gran conflicto. Por eso debes guardar el secreto.

-¿No puedo decírselo a nadie?

-No- negó con tristeza.- Pero puedes hablarle de esto a Impa ella ya lo sabe todo.

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-¿Puedes sentirla?- me pregunto Link de manera queda….

Mis ojos se posaron en la increíble estructura del templo. Había escuchado hablar de él en las leyendas pero nunca pensé que de verdad algún día lo vería.

-Si- susurre

El suave viento ondeo sobre nuestras capas, remolineo sobre el suelo haciendo que las hojas de los árboles bailaran alrededor nuestro.

-¿Una invitación?- profirió Ralph

Asentí sin duda alguna. Algo muy dentro del templo me estaba llamando, camine con cierta parsimonia hasta la entrada y pose mi mano sobre la imperante puerta, ésta se abrió al contacto.

Link y los otros se quedaron mirando de modo sorprendido.

-Vamos- proferí sin resquicios de miedo a pesar de que el interior se veía tenebroso y oscuro.

Camine unos cuantos pasos tomando la delantera, era como si una fuerte magia de atracción me estuviera empujando, sentí un roce cálido y cuando desperté de mis ensoñaciones Link me tomaba la mano.

Le sonreí y él también me sonrió.

-No camines sola- me dijo muy quedito.

Quise saber porque, en mi interior algo me decía que el instinto sobreprotector de Link se había activado. Mugetsu avanzo unos pasos y arrojo una piedra, el piso vibro de mala manera y de repente todo se llenó de pinchos.

-Parece que aquí hay muchas trampas- murmuro Sir Raven.

Negué con la cabeza y avance con parsimonia, Link me siguió muy de cerca y me retuvo cerca de los pinchos.

-Son para los intrusos- le dije sabiendo de antemano que nada nos pasaría. Me miro con preocupación y lo tome de la mano para que me acompañara.

Tres pasos más… los pinchos desaparecieron. Mugetsu miro con asombro y comprendió a lo que me refería.

-Todos con la princesa Zelda- ordeno.

Ralph y Sir Raven captaron el mensaje y después todos caminamos en bolita.

Atravesamos varias salas pero ninguna de las trampas que ahí había se activó. Finalmente llegamos a al final del templo, era una sala cuadrada y sin mucho chiste, las paredes estaban derrumbadas como si algo o más bien alguien les hubiera tirado un bombachu o bombazo, mire atentamente… marcas de garras y paredes quemadas, seguramente los monstruos enemigos.

-No parece haber nada- dijo Link con algo de tristeza- ¿Qué le habrá pasado a la señorita Din?

-Está ahí- le dije con una gran sonrisa.

A simple vista era algo que no podía verse, pero el muro que estaba justo enfrente de nosotros irradiaba magia y no era una magia cualquiera, era una magia que yo bien conocía.

Avance nuevamente a paso lento y toque la pared como lo había hecho con la puerta de la entrada. Los muros vibraron y la pared se dividió en dos dejando al descubierto una nueva sala.

Los caballeros avanzaron detrás de mí con cierta cautela, la nueva estancia parecía estar vacía, al centro había un pedestal con un objeto que me era familiar, sonreí la verlo, era un cristal mágico exactamente igual al que tenía en Hyrule solo que este en lugar de ser ámbar era de un color rojo fuego intenso.

Pose mi mano delicadamente sobre el cristal y recorrí la suave superficie de su caprichosa forma. De repente la atmosfera se volvió un poco pesada haciendo que mi acompañantes se crisparan un poco.

Nuevamente volví a menear la cabeza de lado a lado.

-"Esa personalidad"- pensé de manera alegre.

Una sombra apareció al final de la estancia, estaba oscuro y no podía distinguirse claramente. Link y Sir Raven sacaron instintivamente las espadas y nuevamente tuve que adelantarme unos cuantos pasos para mostrarles que no había peligro.

Sus pasos hicieron un eco sordo en el silencio de la estancia. Era la primera vez que nos veíamos frente a frente pero aun así pude reconocerla de inmediato, esos ojos rojos penetrantes, un cabello escarlata largo y muy brillante y una ropa exótica que dejaba ver su buena forma atlética.

Mis acompañantes parpadearon un par de veces y después se inclinaron muy avergonzados.

Ella irguió una sonrisa y después de dedicarme una mirada fue ella quien me hizo reverencia arrodillándose en el suelo.

-Levante- dije sin dudarlo.

Irguió una traviesa sonrisa y se levantó de un solo golpe.

-Princesa Zelda- saludo con voz armoniosa.

-Din- proferí acercándome.- que gusto verte en persona.

-Lo mismo digo.- clamo en un tono un tanto catarin.

La abrace con entusiasmo y después ella me devolvió el gesto.

-Que gusto que estés sana y salva.- le dije

-Sabía que vendrías. Te he estado esperando pero no sabía que traerías a tantos acompañantes- agrego riendo por lo bajo.

Me vire unos instantes, los caballeros, el guardián y el mago seguían arrodillados en el suelo.

-Arriba- les dije de manera feliz y todos obedecieron de inmediato.

-¡Valla!- agrego Din con voz juguetona- que buen dominio tiene sobre ellos princesa.

-Gracias- conteste en el mismo tono.

-Ustedes dos- llamo a Ralph y a Link- Parece que lo pequeños mocosos han crecido un poco.

A Ralph se le dibujo una venita en la frente pero desapareció de inmediato, Link solo se sonrojo un poco por la vergüenza.

-También nos da mucho gusto verla señorita Din- agrego Link.

Se notaba que se conocían aunque si lo pensaba un poco era lógico ya que ambos eran amigos de Nayru el otro oráculo que había sido secuestrado.

-Pero…- agrego ella- No puedo decir lo mismo de ti Mugetsu. Todavía sigues siendo un crio.

-Ya soy bastante anciano, de hecho debería de tenerme un poco de respeto señorita.

-JA!, no creo que seas lo suficientemente alto para pedirme algo como eso- le dijo burlonamente al tiempo que ponía una mano sobre su cabeza y revolvía su cabello.

Mugetsu bufo por lo bajo y después se llevó las manos a su cabello color Zafiro para tratar de reacomodarlo.

-Ese carácter- le dije sin más remedio.

Ella irguió una sonrisa de oreja a oreja.

-Mira nada más- volví a hablar – si no te conociera, también me habría asustado con esa densa atmosfera que esparciste.

-Bueno, bueno… es que no pude leer sus presencias de inmediato. Zelda, tienes un aura demasiado pegajosa, no sabía si tu compañía era alguien de fiar, pero me alegro que sean ellos y no otras personas.

-Creíste que era una carnada.

-Sinceramente sí.

-Que poco confías en mí.

Y entonces lanzo una carcajada.

-No entiendo- dijo Link de manera ingenua.

Mugestu rodo los ojos y después le dio unas palmaditas.

-Es muy simple. Din no podía vernos claramente porque estábamos rodeados por el aura de la princesa Zelda. De hecho bien podríamos haber sido Monstruos y por eso ella tomó sus precauciones.

-Por eso hace unos instantes sentimos esa energía amenazante- término de explicar Ralph.

-Exacto- dijo Din con tono alegre- La verdad es que lo hice con intenciones de asustarlos.

-Que cruel eres- añadió Mugetsu.- pero cambiando de tema ¿Por qué has estado todo el tiempo oculta?

-Porque no soy idiota. Tengo mis cualidades pero contra hordas de monstruos, ¡No señor! A eso sí que no le entro. Además si me capturaban quien iba a decirles el paradero de Farore.

-¿Farore?- preguntaron los cuatro al unísono.

-Ella lo sabe perfectamente. Ella sabe quiénes son los responsables de todo esto. Hace algunas semanas cuando secuestraron a Nayru de inmediato supe que tenía que ocultarme, destartalaron un poco el templo pero como era de esperarse jamás pudieron encontrar esta sala. Después trate de comunicarme a Hyrule pero la princesa Zelda ya no respondía así que temí que también la hubieran capturado.

-Así fue- le dije seriamente.

Parpadeó un par de veces y me miro de manera asombrada.

-¿¡Y cómo te escapaste!?

-Link fue a rescatarme- añadí alegremente mientras lo tomaba de la mano.

-Link? ? ?

Nuevamente parpadeo.

-Oye pero….¿Tú?, ¿Qué no se supone que..?¿Entrenabas? ¿Eso significa..?...¿desertaste?. Allá en la cima…?

-¿¡Qué!?, de que habla- clamo con él con la cara pálida, - yo sigo entrenando ¿¡Verdad que si maestros!?.

-¡Ah!.. si, si así es- Advirtió Sir Raven.- Señorita Din usted debe de confundirse.- lo secundo con cierto nerviosismo.

Mugetsu negó con la cabeza. Y muy dentro de mi yo también lo hice.

-"Ay Link"- pensé con tristeza.- "Creo que de verdad nunca piensas decirme"

-Pero…

-"Esta bien Din después te explico"- le dije mentalmente a través de nuestra magia. Ella escuchó claro y fuerte mi mensaje y desistió de aquellas complicadas explicaciones.

-En fin- agrego dirigiéndome una mirada.- El punto es que después de eso recibí una llamada de Farore, ella solo me dijo Zelda va a buscarte, cuando llegue a tu lado envíala conmigo, tengo algo importante que decirle.

-¿Y porque no te lo dijo?, Si sabía que venía ¿No hubiera sido eso más conveniente?

-También lo pensé pero…- corto su frase mirando hacia el cristal mágico.- creo algo tiene que ver con la habilidad de nuestro enemigo.

-Entiendo.

Nuestras miradas se quedaron posadas en aquel objeto lo cual llamo la atención de cierto dragón metiche..

-Valla- clamo Mugetsu al observar con más detenimiento el cristal mágico- parece que Hyrule si había estado metiendo sus narices en donde no le importaba. Qué curioso Óculo, jamás había visto uno que tuviera una forma tan… caprichosa

Din lo miro fríamente y de un momento a otro lo amenazo con la mirada.

-Querido amigo, si se te ocurre decir algo de eso, ten por seguro que no vivirás demasiado tiempo.

-De todas formas no viviré mucho. Pero tampoco creas que quiero sumir al mundo en el caos, he visto como ese país ha sido el pilar de estas tierras durante siglos.

-Como sea- añadió ella con algo de indiferencia.-Cuando Farore me dijo que venias lo primero que se me vino a la mente fue que habías huido durante el ataque. Igual que en aquella ocasión, ya sabes, cuando me contaste lo de Ganondorf.

-Aquella vez tuve suerte. Bueno digamos que… Impa estaba en sus cinco sentidos y logro rescatarme. Pero esta vez fue diferente, ellos sabían que tenía a mi lado a una Sheikah, quien sabe cómo fue que se enteraron….

-Si- añadió ella con algo de zozobra.- tampoco sabía que Link y tú se conocían.

-Él es mi mejor amigo, Din ¡Que despistada soy! Te he contado muchas cosas pero creo que nunca te dije el nombre del héroe del Tiempo.

-¡Él es el héroe del Tiempo!,- clamo virándose hacia él- ¡Link! ¿Por qué nunca me lo comentaste?

El pobre de Link se puso algo pálido ante aquel regaño.

-No creí que fuera necesario, después de todo las únicas personas que recordamos somos yo y la princesa Zelda e Impa a través de la magia de la princesa. También Raven y Mugetsu lo saben pero solo porque ambos confían en mis palabras.

-Si?. ¿Qué es eso del héroe del Tiempo?- clamo Ralph- Otra vez me están ocultado cosas.

-No es algo de lo que debas de estar enterado- Le volvió a repetir Sir Raven.

-¿Igual que el poder dorado?¿Verdad?, ustedes me menosprecian- añadió haciendo berrinche.

-No Ralph, no digas eso- le hablo Link mientras una gotita de sudor frio escurría sobre su rostro- te contare en el camino, lo prometo.

Entonces el guardián puso buena cara.

-Valla forma de exigir las cosas- clamo Din- especialmente viniendo de ti, ¡Ralph inútil! ¿Cómo rayos permitiste que se llevaran a mi hermana?

-No fue su culpa- intervino Link de inmediato.

-De todas maneras, merece un buen castigo ¡qué clase de hombre deja que le quiten a la mujer que ama!

-¡Din!- clamo Ralph completamente avergonzado, no esperaba que el oráculo revelara así como así su secreto. Aunque… de todas formas ya todos lo sabíamos pero de igual manera eso había sido demasiado rudo.

Suspire un poco. Llevaba años conociendo su carácter tan endemoniado, una vez que se enfadaba no tenía compasión por nadie.

-Por favor basta- le pedí.

Refunfuño un poco pero acepto mi petición, se viro hacia Link y le pico las costillas.

-Auch…¿Y eso?- gruño ante el inesperado castigo

-Por no contarme que Zelda era tu mejor amiga, esa persona de la que tanto me platicabas y también porque si lo hubiera sabido yo no me hubiera quedado callada, aunque Zelda tampoco me dijo que tú eras ese chico.

-Ese chico- repitió sobándose todavía.

-"Mi mejor amigo me dejo", me decía. Tampoco eres un buen hombre, sabes que la hiciste llorar durante muchos años.

-Bueno yo. ..yo..

-"Din. Por favor detente"- le volví a hablar a través de nuestros pensamientos.

Se viro un poco enfadada para enfrentarme.

-"No entiendes.. Link también ha sufrido, si lo deseas te lo explicare todo, pero por favor deja de torturarlo".

Me miro un tanto a regañadientes, pero cambio su postura al ver el dolor reflejado en aquellos azules ojos.

-No, no entiendo.- dijo finalmente- vamos Zelda, ¿tanto deseas hablar en privado?- me dijo casi a modo de gruñido al ver que no pensaba seguirle diciendo nada en voz alta.

-Sí. Lo deseo.- hable con la firmeza y la autoridad que se requería.

Mis acompañantes se miraron entre si confundidos.

-Espérenme afuera- les pedí de manera firme.

Link dudo por unos instantes pero finalmente siguió al resto.

-Desactivare las trampas-agrego el oráculo antes de verlos cruzar el umbral de aquella habitación secreta.


-Entiendo- me dijo de manera un poco triste- No sabía que Link….- suspiro de manera pesada.- creo que soy una chica muy cruel. Tampoco creí que Sir Raven le siguiera el juego.

-Por el momento no hay mucho que podamos hacer respecto a eso. Aunque de todas formas ya debería de decírselo. No importa lo que pase….. él va a quedarse a mi lado en Hyrule. Aun así, quisiera intentar una última cosa.

-No creo que ese vejete te hagan caso, ni si quiera por ser gobernante de Hyrule.

-Tengo que probar- le dije con una sonrisa.

-Anda vamos, que se nos acaba el tiempo.

Asentí de manera rápida, salimos de El Templo de las Estaciones y afuera nos encontramos con mis caballeros.

Link se acercó de manera cautelosa y después de verificar que Din no seguía enfadada se acomodó a mi lado.

-Suertudo- le dijo con algo de cizaña.

-¿Qué?- soltó confundido arqueando una ceja

-¡Din!- la regañe de manera amistosa y ella soltó una carcajada.

-Ven Zelda- me dijo con la mano- ya es hora de que prosigan su viaje.

Me coloque enfrente de ella para que colocara una mano sobre mi cabeza. Una brillante luz emano de su palma y cerré los ojos con algo de fuerza. En mi mente aparecieron algunas imágenes.

-Mira con atención- escuche que me decía- entre las grandes montañas, atravesando los senderos de la Cordillera Ondulada, más allá del valle del otoño y de los pasajes custodiados por los guardianes de piedra, se encuentra el lugar en donde reside el último de los oráculos. Sigue el pasaje de los secretos, encuentra a Farore, ella sabrá guiarte en esta difícil tarea.

Mientras hablaba el camino se dibujó en mi cabeza, cuando abrí lo ojos ella nuevamente dibujo una sonrisa.

-No puedo acompañarte. Lo siento.

-Lo sé. Tu deber es velar por Holodrum, si te marchas ahora pondríamos en peligro a mucha gente. No debemos permitir que la ciudad termine como Labrynna.

Ella asintió con firmeza. Nos despedimos en un cálido abrazo y mientras yo y mis caballeros no alejábamos de El Templo de las Estaciones me comencé a preguntar ¿Qué habría sido de mi cristal mágico?¿seguiría intacto o los monstruos lo habrían destruido?, balancee un poco la cabeza, no era el momento para pensar en ese tipo de cosas a pesar de que para mí aquel objeto era tan importante, me lo había regalado mi padre y después cuando Link se marchó me había servido de consuelo, ser princesa siempre había sido difícil porque mis únicas y verdaderas amigas a lo largo de los años habían sido Impa y los tres oráculos.

Siempre que estuve triste el cristal estuvo ahí para mí, bastaba con susurrarle unas cuantas palabras para que al otro lado alguien me respondiera.

-"Din. Siempre dándome buenos consejos. Nayru, tu siempre me escuchaste con paciencia y Farore tu siempre supiste como guiarme"- pensé mientras el majestuoso templo ya se perdía a la distancia.

-Está un poco pensativa princesa..

-Eh?, ah lo siento Link, es solo que pensaba.

-Ya veo- me dijo mientras me ayudaba a subir a Epona.

Monto de manera ágil y se colocó justo detrás de mí para pasar sus manos sobre mi cintura.

-Link- lo llame- te lo suplico, no pongas esa cara triste.

-¿Qué?

Estaba sentada de lado en la montura así que podía fácilmente verlo.

-También estás pensando en lo que te dijo Din. Pero ella no puede saberlo todo, por eso mismo vamos con Farore.

-Si- agrego con nostalgia- pero lo que ella dijo es cierto. No soy un buen hombre. ¿De verdad te hice llorar Zelda?- me susurro junto al oído.

-Si…pero fue porque te quiero y también porque te extrañaba mucho. Tampoco estuvo bien de mi parte ir a llorar con los oráculos.

-Lo siento- me dijo mientras recargaba su cabeza en mi hombro.

-No te disculpes- le dije mientras lo abrazaba- yo sé… yo sé que no quisiste hacerlo y también ¿Me quieres tanto como yo lo hago?- le pregunte. Aunque sabía lo mucho que me amaba deseaba escucharlo de sus labios.

-Si, más que a nada en el mundo- me susurro al oído mientras me estrujaba.

-Entonces te perdono. ¿También me perdonas?

-¿Porque?

-Por haberte dado un montón de cachetadas, por haberte dicho que me abandonaste y también por haberte abandonado en la plaza cuando llegamos a Holodrum. Eso, no estuvo nada bien.

-Bueno, tenías tus razones y además yo soy un tonto que siempre te lastima. A veces pienso...si de verdad merezco estar a tu lado- me dijo en un tono sumamente triste.

-Claro que si- le susurre mientras me aferraba a su pecho.

El suave trote de Epona me arrullo por un rato.

-Link… ¿me perdonas?- volví a preguntar porque a pesar de todo todavía no me había dado una respuesta.

-Si. Zelda. Aunque no tengo nada porque hacerlo.

-Claro que si…

Me sentía un poco somnolienta, cerré los ojos y escuche su respiración, estaba un poco agitada.

-Deja de pensar en eso.- esta vez era una orden

-Eh?

-Déjalo- le volví a repetir mientras lo atrapaba con mis brazos- Lo importante es que aquí y ahora estas a mi lado.

Abrí por un momento los ojos y me encontré con su mirada cristalina, todavía había un resquicio de duda.

-Ya te dije que te quiero, y también que te vas a quedar conmigo en Hyrule, no voy a dejar que me dejes nunca más, por lo menos no por un tiempo tan largo- le dije sonriendo.

-Zelda…- me susurro con una voz tierna.

La duda había desaparecido de sus ojos.

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Continuara…

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Comentarios del capítulo:

Pobrecito Link le dieron una buena regañada, ya se acerca el día en el que tenga que decirle la verdad a Zelda aunque ella ya la sepa por boca de Mugetsu, ¿Qué pasara entonces? ¿Y a que se refería Din con la "habilidad de su enemigo"?