XI
(NARRADOR EXTERNO)
- No sé, Rika… yo elegiría algo menos complejo para trabajar… - opinó Maia, enrollando en uno de sus dedos un mechón del sedoso cabello rojo de su amiga.
- He leído un par de libros interesantes acerca de ese tema. No me resultó para nada complicado… - meditó Rika en voz alta.
- A vos nada te parece complicado… ¡hasta inventaste mejores refutaciones que Aristóteles para los sofistas! ¡Y encima, interpretaste tan maravillosamente bien a Zenón de Elea que te invitaron a darles charlas a los propios profesores y a los alumnos más avanzados! Con esas referencias, nada me extraña de vos… ¡pero tenenos un poco de piedad a tus amigas!- suplicó Natasha, postrándose frente a la joven.
- No seas chota…- murmuró la aludida.
- ¿Y dónde es que están esos libros que leíste tú? Porque yo no he encontrado casi nada… Y no he parado de revolver la biblioteca… Tan sólo hallé un par de referencias indirectas en Ferrater Mora… - añadió Alejandra.
- Alguien tenía esos libros… - musitó Rika, sobándose la cabeza mientras pensaba.
- ¿No sería tu ex? Él siempre tenía esos libracos inútiles… - opinó Natasha.
- ¿Inútiles dices? Yo creo que no demasiado inútiles. Los libros que tiene son de lo mejor que hay. Los de Gredos los tiene a todos… son los mejores libros de filosofía que existen en nuestra lengua.
- Ah, sí, que admirable – dijo la gorda Roberta con su voz apagada de fumadora, quien como buena alumna adorno de la clase no entendía ni medio de todo el asunto.
- Creo que sí, que esos libros los tiene él – confirmó Rika, tratando de sonar dubitativa, haciendo oídos sordos a los comentarios previos de sus amigas.
- Pídeselos entonces – sugirió Maia, en el tono de voz más natural que pudo.
- No… no puedo…
- ¿Y por qué no?
- Estoy tratando de no hablar con él… hasta hace muy poco estaba dolido por lo que pasó… no quiero que piense que estoy aprovechándome de él.
- Entonces pedile a Ernesto que se los pida – sugirió Alejandra, apelando a la aguda suspicacia e intuición femenina de Rika.
- ¿Por qué a Ernesto? – indagó ella, mordida inexplicablemente por una gran curiosidad, pero poniendo su empeño en no demostrarlo - ¿Es que acaso Ernesto conoce a Ryo?
- Parece que sí… al menos eso fue lo que vimos con Roberta… pero no creo que sea algo lo suficientemente sugestivo como para despertar interés en ti… - añadió Alejandra riendo por dentro, presuponiendo la reacción de su amiga.
- No la tortures y contale. Es obvio que no va a preguntarte nada y va a averiguar en otro lado sino… - intervino Maia seriamente.
- Aguafiestas… - reprochó Alejandra – Contale vos, Robi.
- ¡Dale! – añadió la gorda ilusionada – Lo que vimos fue que… el otro día, ¿viste? Estábamos en la cantina… y vos también estabas en la cantina, pero con Ernesto. Y nosotras íbamos llegando. Y Ryo estaba en la cantina. Y todos tomaban café. Y yo no tomaba café, ¡qué desgraciada soy! Pero no tomé café porque compré un paquete de adherentes para la vecina de mi prima. Y vos te fuiste. No tenía plata. Ah! Antes estabas tomando un submarino me parece. Y yo me dije qué rico, que de seguro no ibas a poder sola y que estaba bueno que lo compartas conmigo. Pero vos te fuiste y te tomaste todo antes de irte. No nos viste, pero nosotras sí. Ni siquiera esa tarta de peras y ricotta me dejaste porque te la comiste toda. Vos te habías ido y Ernesto habló con Ryo que estaba solo hasta que llegó Javier y tomaron café. Sin azúcar, porque tu ex o es diabético o es un asqueroso. Pero tá. Eso fue.
Rika abrió mucho sus ojos felinos, dando a entender que no había comprendido nada de lo que había oído.
- Sos horrible, gorda – reprochó Natasha – Peor que un niño… explicá vos, Ale.
- Sí, será mejor. Traduzco lo que acabamos de oír: fue hace un par de semanas. Tú y Ernesto estaban en la cantina. Ryo también estaba allí, pero en otra mesa, observando desde lejos. Cuando tú te fuiste Ernesto se acercó a él y hablaron unos minutos.
- Así que hablaron… ¿De qué hablaron?
- Y… ¡qué sé yo!
- Lo más seguro que de la vida de la langosta, que es lo "único" que tienen en común – agregó Maia con un tono exageradamente irónico, dándole a entender a Rika la obviedad del tópico.
- ¿Crees que hablaban de mí? – inquirió la muy ingenua.
- Sí, lela. Es obvio. Un metro noventa de cosa en común no es poco…
- Ahora ya estoy segura de que te refieres a mí…
- La verdad es que están fuertes… cualquiera de los dos… - murmuró Roberta, rememorando la fantasía que había cruzado su mente al ver a ambos hombres hablando días atrás.
- Suficiente – replicó Rika seriamente, comenzando a enojarse.
- Perdón Rika. Pero no entiendo porqué te molesta… - admitió la gorda.
- Muy fácil – intercedió Maia - porque uno es su actual y otro su ex.
- Del actual lo entendería – opinó Roberta – ¿pero del ex…?
- Quizás Rika aún tiene algún tipo de fantasía con él… viste que todo el mundo fantasea sexualmente con sus anteriores parejas… - comentó Natasha, mirando a la aludida a los ojos.
- Esa es una elucubración tuya, absolutamente infundada – espetó la pelirroja, a quien siempre ponía incómoda ese tipo de conversaciones.
- Es cierto. Son tan solo elucubraciones. Dejen a Rika tranquila, por favor – pidió Maia, notando lo perturbada que habían dejado a la joven, quien no volvió a articular palabra hasta despedirse de sus amigas un par de horas después.
