Antes de cualquier cosa… ¡discúlpenme! Sé que no tengo perdón. Muchas cosas se han complicado a lo largo de estos meses (¿escuchaste Pocoyo?), y me mantuvieron algo atareada, y cuando por fin tenía tiempo de escribir, la verdad no me sentía nada inspirada. Tuve que volver a leer La mujer de mi hermano para infundirme ánimo (un libro muy recomendable, para mayores de edad, de preferencia). Debo darle ahora gracias al desempleo.

En fin, ojalá me comprendan. Gracias a quienes siguen leyendo y dejan sus reviews: Laura "la de siempre" (te agradezco mucho amiga, te mando un gran abrazo), Inumekag-chan, Ina.M, Paula Elric, aLee preTt, Noah Elric, Alkimista Paula Elric y neko-win.

Como último comentario, cambié el formato de los diálogos, ahora sin negritas. Espero que no represente ninguna complicación.

Pasen unas felices fiestas.

Actualizaré más pronto esta vez, lo prometo.

¡Hasta la próxima!

Capítulo 12- Situaciones complicadas

Poco a poco el sol comenzó a asomarse por el horizonte, anunciando un amanecer nuevo. Edward lo contemplaba desde la ventana situada en la estancia, donde había pasado el resto de la noche. No había podido conciliar el sueño, pero aun así no se sentía cansado.

Bebió un sorbo de café de la taza que sostenía en sus manos, para luego suspirar. Hacía mucho tiempo que no sentía tal serenidad, y hacía aun más que no contemplaba el nacimiento de la mañana.

Después de lo sucedido con Winry la noche anterior el esperaba que el sueño le venciera, pero en lugar de eso, un incontenible deseo de escribir se apoderó de él.

No pudo evitar pensar en que así debían ser las cosas: que aquella repentina inspiración naciera desde lo más profundo de su ser, que le llevara a recrear, con palabras, lo que había en su corazón. Era eso lo que hacía a un escritor, y ahora, después de tanto tiempo volvía a sentirse como uno. Y todo gracias a ella.

El joven sonrió de forma casi imperceptible mientras dejaba su bebida sobre su escritorio, considerando que ya era hora de subir a la habitación.

Entró con sumo cuidado, procurando no despertarla, pero se llevo un fiasco al encontrarla sentada sobre la cama abrazada a sus piernas. Sus ojos estaban enrojecidos, más Ed no supo precisar si era porque había estado llorando o por el poco tiempo que había dormido.

De cualquier modo, en el rostro de Winry se formó extraña una mueca, quizás al querer esbozar una sonrisa.

-Hola.- susurró la muchacha con voz débil.

-¿Qué ocurre Win?- preguntó Edward preocupado, más ella respondió con una leve negación con la cabeza.

-No es nada.- mintió.

-No me tomes por estúpido a estas alturas, por favor Winry.- expresó el joven con la mayor tranquilidad de la que fue capaz.

-Es… solo una tontería.

-Si se tratara solo de una tontería no tendría porque hacerte llorar. Dime, ¿acaso… te he lastimado?- cuestionó él con un rastro de temor en su voz.

-No, ese no es el problema.

Winry seguía renuente a hablar, lo cual quedó constatado al momento de desviar su mirada de la de su ahora amante. No deseaba confesarle nada acerca de los sueños que la habían atormentado esa noche. Había disfrutado mucho del encuentro con Edward, más los problemas surgían cuando la mente de la chica comenzaba a razonar.

Se sentía culpable. Haber llegado hasta ese punto le hacía sentir miserable. Había engañado a Alphonse de una manera que ella no había llegado a imaginar. Una cosa era no amarlo y en su lugar desear a su hermano, más ahora la culpabilidad la azoraba porque no conforme con lo anterior, había hecho el amor con el hermano mayor de su prometido.

Una mezcla de sentimientos se debatía en su interior. Tenía deseos de llorar, y lo que más la había desconcertado segundos antes fue observar el rostro de Ed, pues pudo darse cuenta de que él no compartía su sentir, ya que su rostro irradiaba cierta tranquilidad y confianza.

A pesar de sus esfuerzos, la joven no pudo evitar comenzar a derramar lágrimas. Fue entonces cuando Edward se aproximó y tomó asiento frente a Winry sobre la cama, para después tomar su rostro entre sus manos, haciendo que lo mirara.

Él le dedicó una sonrisa triste mientras limpiaba el llanto de su rostro.

-El… es muy bueno, ¿sabes?- confesó la chica entre sollozos. -Ha hecho mucho por mí… pero yo no he podido hacer nada por el. Solo voy a lastimarlo. Ambos lo haremos.

-Pues yo no me siento culpable, y no voy a cambiar mi decisión.

Winry miró a Edward con perplejidad, sin estar convencida de haber escuchado las palabras pronunciadas por él. Era un tema que ya habían explorado antes, y ambos coincidían en el malestar que les causaba a sus conciencias aquel engaño, pero ahora la determinación de Ed era distinta. Su semblante se mostraba seguro, y eso daba más credibilidad a su respuesta.

-Debes pensar… que soy un ser miserable, que no siente culpa ni dolor.- comenzó a decir el muchacho para dejar en claro su confesión anterior. -Puede que creas que no me importan los demás. Tal vez eso sea verdad, no lo sé. Lo único que me interesa es que te amo, y tu me amas a mi, ¿cierto?

-Si, te amo, pero…-

-Eso es todo lo que necesito. Escucha, yo no he pedido enamorarme de ti. Si esto fuera una elección personal jamás hubiera puesto los ojos en ti, pero así ha sucedido y no quiero ir en contra de lo que siento. Por otro lado, tú me correspondes, y esa es otra de las razones por las que no deseo que permanezcas a lado de mi hermano. No lo hago por él, lo hago por nosotros. Ya estoy cansado de sacrificar mi bienestar por los demás, y creo que yo también merezco una oportunidad para tratar de ser feliz.

Aquello fue algo inesperado, más por un momento permitió que Winry pudiera analizar las cosas desde la perspectiva de Ed. Quizás tenía razón, pero eso no evitaba que hubiera un rastro de culpa en su mente.

-No quiero doblegar mi voluntad solo por temor a herir a alguien más. Ya lo hice una vez.- concluyó Edward.

Ahora que la joven se sentía un poco más tranquila pudo mostrar una leve sonrisa de conformidad.

No estaba sola, y ahora comprendía que era Ed quien arriesgaba más con su relación. No iba a ser fácil, pero si él seguía apoyándola de esa manera, estaba dispuesta a luchar.

-¿Te gustaría… acompañarme a la estancia?- preguntó Ed mientras ayudaba a Winry a incorporarse. -Has resultado ser una preciosa fuente de inspiración, y tengo deseos de escribir algo para ti.

La joven sonrió con más entusiasmo antes de posar sus brazos alrededor del cuello de su amante y sorprenderlo con un apasionado beso.

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Riza giró sobre la cama aun soñolienta. Tuvo un pequeño momento de desconcierto al notar que Roy yacía a su lado. Rápidamente comenzó a hacer un recuento de los hechos, tratando de recordar como era que habían llegado a esa situación.

No le tomó mucho tiempo acordarse de cómo fue que Mustang tocó insistentemente la puerta de entrada a su casa, y cuando ella lo hizo le sorprendió el efusivo beso que él le había dado como saludo.

De forma lenta, ambos se fueron adentrando al hogar de la joven, con sus labios aun unidos. Cuando lograban separarse apenas un poco para tomar aliento, Roy no dejaba escapar la oportunidad de decirle cuanto lo enloquecía.

Ella estaba algo confundida. Si bien había logrado que aquel hombre al que amaba admitiera que tenía un interés por ella, no estaba segura de permitir que la pasión cediera. Aquello podría significar perder el juego.

Podría acceder a sus impulsos y darle la victoria a Roy, ya que sabía que sus relaciones amorosas se daban por terminadas una vez que él pudiera llevarse a la mujer en turno a la cama; o podría arriesgarse, confiando en que tal vez Mustang deseara quedarse a su lado, y quizás más adelante formar con él una familia.

No tenía mucho tiempo para pensarlo, pues el joven iba presuroso con sus intenciones, y sin que ella se hubiese dado cuenta, el ya la había despojado de su blusa. Ante aquel acto, Riza se puso en alerta, y poco a poco comenzó a alejarlo de ella.

-¡Roy, pa…para!

El aludido se limitó a mirarla, en plena conciencia de sus temores. Sabía que no podía culparla, pero, ¿acaso le creería si le explicaba la sospecha de que se había enamorado de ella?

Anteriormente no estaba acostumbrado a que alguna mujer se hiciera la difícil ante sus encantos. Mustang era, en apariencia, una persona muy segura de sí misma. Nunca titubeaba ante una nueva conquista, y siempre conseguía lo que deseaba. Más ella lo cambiaba todo. El había querido intentarlo: conquistar a una mujer que se resistía a lo que el era. Representaba un excitante reto, y el contaba con el empeño para lograrlo.

¿Cuándo fue que las cosas se salieron de su control? Jamás pasaba el tiempo suficiente con alguna chica para llegar a conocerla bien. No se había tomado la molestia de averiguar los gustos de alguna dama para ser detallista con ella. En la vida había considerado centrar su atención en una mujer para conocer todos sus gestos y manías, y saber reconocer su estado de ánimo. ¿Por qué Riza representaba una diferencia?

Si aquello era lo que todos conocían como destino, le agradaba y le maldecía a la vez. Por el momento solo le interesaba saciarse de ella.

-Confía en mí.- susurró Roy mientras los dos intercambiaban miradas. Algo en sus ojos logró convencerla, ya que fue la joven Hawkeye quien inició un nuevo beso, dejándose llevar por sus impulsos.

Tal vez, en esta ocasión podría apostar por su segunda opción.

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Winry abrió la ventanilla del coche, e inmediatamente el suave viento comenzó a alborotar su cabello. Edward la miraba con una sonrisa en el rostro, mientras conducía el vehículo.

Su estancia en la cabaña había terminado, pero había dado paso a una nueva etapa en su relación. Ambos estaban seguros de lo que deseaban y estaban dispuestos a enfrentarse a las adversidades para estar juntos. Ya no habría más culpas ni reproches. Alphonse tendría que entenderlos y superarlo. Confiaban en que él sería lo suficientemente fuerte para soportar la decepción.

El menor de los Elric era a quien tenían más en consideración, lo que el resto del mundo hiciera u opinara les tenía sin cuidado. Cualquier cosa valía la pena si podían amarse libremente.

El trayecto transcurrió en un cómodo silencio, como si representara un pacto de complicidad entre ambos. Cada uno tenía sus propios pensamientos, más cabía la seguridad de que se dirigían al mismo punto.

El primer paradero fue la casa de Winry. Ed se apresuró a bajar las maletas de la chica y llevarlas al interior. Una vez hecho aquello, la joven lo acompaño a la puerta.

-¿Seguro que no puedes quedarte un momento?

-No, ahora no. Deseo llegar pronto a casa y terminar lo antes posible con el sermón del viejo. Te llamaré más tarde.

Se besaron una vez más, con moderada pasión, pues sabían que ya no les sería fácil resistirse a otro encuentro. Después, Edward caminó a paso lento hacia su auto, despidiéndose de la mujer que amaba con una sonrisa en el rostro.

Ella permaneció en el umbral viendo como se marchaba. Suspiró con cierta tristeza una vez que perdió el vehículo de vista. Se encontraba sumida en sus pensamientos, más el sonido del timbre telefónico la sacó de su ensimismamiento. Entró presurosa para atender.

-¿Diga?

-Hola Winry.- se escuchó la voz fatigada de Alphonse al otro lado del auricular.

-Ho…hola.- susurró la joven con cierto nerviosismo. En ese preciso momento se sentía como una niña pequeña atrapada en medio de una fechoría.

-¿Te interrumpo?

-No… es solo que… acabo de regresar y tuve que apresurarme para atender tu llamada.

-Supuse que no habías escuchado los mensajes que deje en la contestadora durante el fin de semana y por eso decidí llamarte ahora.

Winry se paralizó al observar el aparato telefónico, cuya luz roja parpadeaba incesante. "Maldición, Edward. Te equivocaste." Fue lo primero que cruzó por su mente.

-No quise… estar sola todo este fin de semana y prolongue mi horario de visita en el hospital.

-¿Has podido ver a mi hermano? Le hice una llamada ayer, pero la esposa de mi padre dijo que se había marchado y no tenía idea de a donde.

-No… no lo he visto.- respondió la chica mordiéndose el labio. Detestaba mentir.

-En fin, yo solo quería… platicar con alguien. Las cosas no han ido muy bien por aquí.

-¿Hay algún problema, Al?

El aludido guardo silencio. Hubo un lapso se segundos en los que solo pudo escucharse las respiraciones de ambos. Después, el menor de los Elric soltó un suspiro resignado antes de volver a hablar.

-No es nada. Platicaremos sobre esto en cuanto vuelva.

-Pero Alphonse…-

-Por favor, estoy cansado. Te prometo que hablaremos después.

Y sin dar tiempo a nada, el muchacho terminó la llamada, dejando confundida a Winry. ¿Acaso Alphonse ya sospechaba algo de la relación con su hermano?

Se llevó las manos al rostro, aturdida por aquellos pensamientos. Lo mejor sería no especular nada hasta que su prometido regresara, y si sus suposiciones eran ciertas, tendría que prepararse para lo inevitable.

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Alphonse se tiró con desgano sobre uno de los sofás que estaban a su lado en la habitación del hotel. Miraba el teléfono con insistencia, dudando entre volver a llamar o no.

En cuanto el doctor Marco entró en la recamara y vio al joven, supo que este no había podido cumplir su propósito.

-Tal vez, si hubiese podido hablar con Winry o mi hermano hace un par de días, habría tenido el valor para decirles todo.- expresó Al a modo de excusa.

-Las cosas no están saliendo como esperábamos. Deberías… prevenirlos para alguna posible situación en el futuro.

-No me atrevo. Además, comienzo a creer que Winry no debe pasar por este mal rato. Quizás lo mejor sea… romper el compromiso.

-¡Tonterías! Esa chica te ama. Te aseguro que no le importara pasar por todo esto contigo.

Alphonse sonrió con tristeza. Posiblemente en las próximas horas seguiría debatiéndose entre levantar el auricular o no.

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La voz de Winry temblaba al otro lado de la línea. Durante el resto de la tarde no logró quitar de su mente la incertidumbre, y no podía evitar comentárselo a Edward en ese momento.

-Tal vez surgió otra situación y no precisamente lo que tú piensas. Alphonse me comentó que estaría ocupado y no creo que haya llamado sin motivo alguno.- comentó Ed tratando de tranquilizar a la joven.

-De cualquier modo, puede que haya sospechado algo de la repentina ausencia de ambos.

-Vamos a decírselo de todas maneras, ¿qué más da que se entere ahora?

-No quiero tener que enfrentar esta situación de una forma tan… sorpresiva.

-Estoy contigo. No tienes nada de que preocuparte.

Aquello pareció relajar un poco a la chica, pues un "De acuerdo" en tono resignado salió de sus labios.

Comenzaron a charlar animadamente, olvidándose del asunto anterior. Ambos reían durante su conversación, sin imaginarse que alguien más los escuchaba, con furia impregnada en el rostro.