Hoy simplemente digo; nuevo capi ;P!

Los personajes de OUAT no me pertenecen. Gracias por leer y espero vuestras opiniones :)!


Emma no entendía que había pasado, no sabía exactamente qué era lo que había molestado a Regina, así que se pasó por la mansión para intentar aclarar lo que fuese que había que aclarar, pero nadie abrió la puerta por mucho que insistió. Fue directamente al apartamento de sus padres sin pasar por los muelles, contenta al ver que la maldición de Ingrid no parecía haber afectado al resto del pueblo.

- Dios mío, ¿qué te ha pasado?

Preguntó su madre nada más abrir la puerta y ver que llegaba toda magullada. Emma respondió con un resoplido a la vez que giraba los ojos. Se dejó caer en la primera silla que encontró, agotada.

- Mamá ¿qué te ha pasado?

Preguntó también Henry dejando su comic a un lado para levantarse a ver a su madre.

- Regina. – Respondió Emma con agotamiento. – De alguna manera estaba bajo el la maldición de Ingrid y….me atacó.

- ¿Estás bien?

Dijo algo asustada Mary Margaret mientras corría a buscar el botiquín.

- Pero si estaba bajo algún tipo de hechizo no era ella en realidad. Seguro que no quería hacerlo.

Comentó Henry ayudando a su madre a quitarse la cazadora chamuscada, dejando más a la vista el hombro herido. Emma rio un poquito.

- Lo sé chico, no te preocupes, sé que no era ella.

- ¿Y dónde está Regina ahora? Si ha vuelto a ser la Reina Malvada…

Empezó Mary Margaret, seguramente pensando en llamar a David que en aquel momento estaba de patrulla.

- No, no. No pasa nada. Se le pasó el efecto del hechizo.

- ¿Y dónde está?

Preguntó Henry extrañado de que su madre no estuviese allí, y más aun de que no hubiese curado ella misma a Emma cuando volvió a la normalidad.

- No tengo ni idea, estábamos hablando tranquilamente y de repente…no sé, se enfadó o molestó o algo, y se fue.

Explicó la rubia con un encogimiento de hombros que le costó un pinchazo de dolor en uno de ellos. Su madre la pidió que se estuviese quieta mientras la curaba.

- ¿Por qué se enfadó? ¿Qué pasó?

Dijo su hijo curándole la frente con mucho menos tacto que su abuela. Cuando Emma les contó lo que había pasado en el bosque, su conversación con Regina, tanto su madre como su hijo dejaron de curarla por un momento, debido a la impresión, la miraban sorprendidos.

- Sí, yo tampoco lo entiendo.

Dijo la rubia un poco incomoda porque los dos solo la miraban sin decir nada.

- ¿La dijiste eso?

Preguntó Henry, cuando su madre asintió se llevó una mano a la frente con un resoplido, negando un poco con la cabeza.

- ¿Enserio?

Emma volvió a asentir.

- Emma, creo que Regina esperaba…otro tipo de respuesta.

Dijo Mary Margaret con cautela, volviendo a curarla el hombro.

- ¿Qué quieres decir? ¿Qué respuesta?

- Yo creía que tu sentías lo mismo, y me parece que mamá también. – Emma frunció un poco el ceño, confusa. - ¿Por qué te crees que siempre le decía a mamá que te invitase a comer o a venir, o te lo decía a ti cuando estaba en tu piso? Y luego yo estaba casi todo el rato con Elsa.

Dijo el chico echándola una significativa mirada, Emma seguía sin saber a qué se estaba refiriendo exactamente.

- Creía que a ti también te gustaba mamá.

- Me…gusta Regina. - Contestó Emma sonrojándose un poco por tener que decir esas palabras en voz alta. – Somos amigas.

Mary Margaret rio un poquito.

- No creo que Henry se refiera a eso. Él se refiere a gustarte como algo más que una amiga.

Henry asintió como si fuese la cosa más obvia del mundo.

- Ella no…Regina no…quiero decir, ella y yo no….estoy con Hook, y ella no…creo que estáis equivocados.

Balbuceaba Emma tratando de ordenar sus ideas, procesando información.

- Conozco a mi madre, no estoy equivocado.

- Cariño, todos pensábamos que entre Reagina y tú había algo. O al menos que iba a haberlo.

Dijo Mary Margaret intercambiando una mirada con Henry. Aplicó una pomada para las quemaduras en el hombro de su hija y empezó a vendárselo.

- ¿Por qué pensabais eso? ¿Ella ha dicho algo?

Preguntó Emma mirando tan fijamente a su madre que podría haberle atravesado el cráneo solo con el poder de su mirada. Mary Margaret rio un poquito.

- No ha hecho falta que diga nada, igual que no ha hecho falta que lo digas tú.

Emma miraba alternativamente a su madre y su hijo como si esperase que en cualquier momento se echaran a reír dejando claro que estaban de broma, pero los dos la miraban a ella esperando que en cualquier momento se diese cuenta de que tenían razón.

- Es imposible. Regina no…siente nada por mí. – Soltó una risita nerviosa, como si esa idea fuese absurda. – Es imposible.

Repitió. Henry la dio un golpecito en la frente, cerca de su herida, y Emma se quejó de dolor, mirando al chico sin saber porque había hecho eso.

- Pues es posible, y todos creíamos que tú también. Elsa piensa como yo. Me parece que mamá estaba intentando reunir valor o…no sé, algo. Y ahora… Tengo que ir a verla.

Dijo subiendo a buscar su chaqueta. Emma miró a su madre, que terminó de vendarle el hombro y retomó la curación de la frente que Henry había dejado a medias.

- Eso no es posible ¿verdad?

Preguntó la rubia, impaciente por la respuesta.

- Regina es una mujer muy reservada, Emma. La cuesta mucho mostrar sus sentimientos, y más aún confesarlos. Pero contigo, bueno, es difícil no verlo.

En ese momento Henry volvió a bajar con el abrigo y la bufanda puestos, listo para salir, pero Emma le llamó.

- ¿Estás seguro de lo que dices? ¿O solo es algo que tú crees?

Su hijo giró los ojos de esa manera tan propia de Regina. Era increíble que no fuese hijo biológico de la morena con todo lo que se parecían, incluso el color de sus ojos era más parecido al de Regina que al de Emma.

- Claro que estoy seguro, creía que tu sentías lo mismo, que todavía ninguna se había atrevido a confesarlo, pero que las dos lo sabíais.

Emma parecía estar dándose cuenta de algo, llegando a sus propias conclusiones, atando cabos.

- ¿Me estás diciendo que Regina también…?

Se calló de golpe mirando de reojo a su madre, quien soltó una risita haciendo un gesto despreocupado con la mano, con la vista centrada en la frente de su hija.

- Ya te he dicho que lo sé desde hace tiempo, y pensaba que tu sentías lo mismo. Regina es capaz de ser muy testaruda y negar durante mucho tiempo sus sentimientos, como tú, pero a pesar de haber sido durante tantos años la Reina Malvada, siempre ha sido una mujer llena de sentimientos, y ya fueran amor o venganza, todo lo que siente lo siente intensamente. Así que si siente algo por ti, créeme que merece la pena. Y no seremos ni yo ni tu padre quienes se opongan a ello.

Dijo Mary Margaret dejando de curarla por un momento para mirarla a los ojos, igual que estaba haciendo Henry, los dos esperado que reaccionase de alguna manera.

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Volvían a aporrear la puerta blanca del 108 de Mifflin Street y Regina seguía sin tener intenciones de abrir.

- ¡Abre la puerta! ¡Sé que estás ahí dentro y no me iré hasta que abras! – No hubo respuesta. - ¡Echaré la puerta abajo, sabes que lo haré!

Emma podía ser muy insistente. Pero la verdadera razón por la que Regina no abría la puerta no era porque estuviese enfadada, el momento de ira se le había pasado nada más llegar a casa y notar los ojos húmedos. Se sentía estúpida, absurda, patética, avergonzada, había confundido todas las señales, o más bien se las había inventado. No sabía cómo algún rincón de su cabeza había podido pensar en algún momento que Emma Swan podría sentir por ella algo más que una amistad, Emma estaba con el pirata y ella… bueno, ella era la mujer a quien tenía que soportar si o si porque era la otra madre de Henry, era un milagro que hubiesen llegado a poder considerarse amigas. Regina se sentía estúpida y ya ni siquiera podía sentirse estúpida en secreto porque había tenido ese estúpido momento de rabia delante de Emma. En algún momento tendría que abrir la puerta y enfrentarse a ella, y lo mejor era hacerlo con la cara más neutral que tuviese, si Emma podía hacer como que no pasaba nada, Regina también.

Al abrir, Emma dejó de gritar y se la quedó mirando un momento que pareció eterno, ahora que Regina por fin le daba la cara no sabía que decir o como empezar.

- ¿Puedo saber a qué se debe tanto grito? Si no fuese porque básicamente tú eres el departamento de policía, los vecinos ya habrían llamado para denunciarte.

Emma seguía mirándola y ahora la miraba con otros ojos, ahora no podía evitar pensar en lo que le había dicho Henry. Regina iba a hablar otra vez, pero no la dejó, ya había encontrado las palabras.

- Nunca. Dijiste. Nada. ¡Nuca dijiste nada!

Estalló por fin la sheriff, no podía creerse que hubiesen pasado por tanto juntas, tantas peleas entre ellas y batallas contra lo demás, que hubiesen superado tantas crisis y baches, que hubiesen construido confianza y buenos momentos, y que Regina nunca hubiese dicho nada, o que ella no se hubiese dado cuenta.

La morena levantó una ceja sin comprender y Emma entró a la casa sin esperar invitación.

- ¿Por qué nunca dijiste nada, Regina?

Preguntó la rubia con más tristeza que enfado.

- ¿Sobre qué se supone que tenía que decir algo?

- Sobre lo que sentías.

Regina se tensó al momento, notando como algo frio le subía por la columna. No podía ser que Emma de verdad hubiese ido hasta allí para tener esa conversación, casi prefería que siguiese con la venda puesta.

- No entiendo a qué te refieres.

Dijo la morena con mucha calma, Emma la miró de forma extraña, ahora, viendo a Regina, conociéndola como la conocía, se arrepentía de haber estado tan ciega, se arrepentía de lo que había dicho en el bosque, eso solo había hecho que Regina se cerrase del todo, seguramente ahora iba a negarlo todo y Emma no podía permitirlo, no ahora que lo sabía.

- Pensaba que éramos amigas, solo amigas, porque nunca creí que entre nosotras pudiese haber…algo más.

Empezó la Salvadora con un impotente gesto de las manos. Regina la miraba escuchando atentamente, pero con las defensas preparadas, no sabía cómo podía terminar esa conversación, pero después de lo del bosque, sospechaba que no muy bien.

- Yo no sabía nada, tú no dijiste nada. ¿Nunca pensaste en intentarlo? ¿En darme alguna señal?

Por supuesto Regina no era precisamente el tipo de personas que daban señales claras, ella mandaba señales sutiles, tanteaba terreno, siempre preparada a dar un paso atrás y salvarse antes de quedar demasiado expuesta.

- ¡Yo creía que me odiabas! – Gritó Emma ya que Regina seguía sin decir nada. – Creía que me odiabas. Pensaba que todo lo que querías era que yo desapareciese, que querías matarme.

Regina no pudo seguir manteniendo la boca cerrada ante eso, bajó la vista mordiéndose un poco el interior del moflete antes de hablar.

- Yo no quería matarte. Dormirte, quizá envenenarte, echarte, a lo mejor hacerte desaparecer, mandarte lejos…pero no exactamente matarte. Y eso fue hace mucho tiempo.

Emma no sabía si quería abrazarla o pegarla.

- Pero yo siempre he pensado así. Y cada vez que parecía que podíamos acercarnos la una a la otra tu dabas un paso atrás, y luego Henry yo tuvimos que irnos y después tu empezaste a salir con Robín Hood y Neal murió y Hook dio su barco por mí y tu volvías a odiarme a muerte por lo de Marian y…todo volvía a ser un desastre y…Así que intenté ser tu amiga, al menos eso, al menos quería tener eso. Y ahora tienes… ¿sientes algo por mí?

La rubia esperaba algún tipo de respuesta, aunque fuese una cabreada, aunque lo negase, pero esperaba algún tipo de reacción y no el silencio que seguía manteniendo Regina. Había subestimado la capacidad de la morena para guardarse sus sentimientos.

- ¿Sientes algo por mí? – Repitió la sheriff. – Porque yo sí. – Regina levantó la vista del suelo tan rápido que tuvo que hacerse daño. – Yo hace tiempo que sí, que siento…que me siento atraída por ti y… - Emma miró a la morena con cierta tristeza. - ¿Por qué nunca dijiste nada?

Regina la sostuvo la mirada sin saber exactamente cómo reaccionar.

- Tú tampoco dijiste nunca nada.

Emma rio nerviosamente, sin ningún asomo de gracia en esa risa.

- Tu misión en la vida era destruir mi felicidad ¿recuerdas?

Esta vez la reina si se enfadó.

- No utilices eso como excusa, eso fue hace mucho tiempo y lo sabes, nos acabábamos de conocer. Te di un final feliz, con Henry, sin magia ni peligros, hasta que llegó el pirata a estropearlo. Te lo di sin dudarlo, aunque por ello tuviese que perderos a ti y a Henry, así que no digas que mi "misión en la vida" era destruir tu felicidad, porque sabes que eso no es verdad, es una excusa.

Miraba a Emma con el ceño fruncido, intentando controlarse, pero a la rubia le daba igual, al menos por fin había reaccionado, por fin estaba hablando, estaba expresándose.

- Es tu excusa para justificar que tenías tanto miedo como yo, y que por eso nunca dijiste nada, porque era mucho más cómodo y mucho más seguro seguir calladas, seguir como estábamos, nuestra amistad estaba bien mientras pensásemos que no teníamos ninguna posibilidad con la otra. ¿O me equivoco?

Emma negó con la cabeza para decirla que no se equivocaba, eso era justo lo que la había pasado, había tenido miedo al rechazo, eso era algo muy humano, y más en alguien a quien habían rechazado tan a menudo y de tantas maneras diferentes, simplemente no había querido que Regina también la rechazase, que la abandonase, era más seguro observarla en la sombra. Aunque ahora sabía que la morena había sentido exactamente lo mismo.

- Si yo no hubiese….estallado así en el bosque, seguiríamos igual.

Concluyó Regina, y Emma no entendía como aun podía parecer triste, ¿acaso no acababan de confesarse sus sentimientos?

- Entonces me alegro de que lo hicieses.

Dijo Emma dando un paso hacia ella.

- Yo no, ninguna tuvimos el valor, tu ni siquiera sabes lo que sientes, no lo has sabido hasta que alguien más te lo ha dicho. Sospecho que Henry, es más observador de lo que debería.

La rubia dio otro paso hacia ella, no entendía dónde estaba el problema, ella no lo veía por ninguna parte si las dos sentían los mismo.

- Ahora mismo ni siquiera deberíamos estar pensando en esto, una heladera loca quiere que nos matemos entre nosotros y la chica hielo tiene que encontrar a su hermana. Deberíamos centrarnos en lo importante.

- ¿Y qué pasa con nosotras?

Regina dio también un paso hacía la rubia y la cogió las manos.

- Con nosotras no pasa nada. Si hay algo que Robin me enseñó es que hay que hacer lo correcto.

Emma frunció un poco el ceño intentando encontrarle el sentido a ese ejemplo.

- Pero él no hizo lo correcto.

- Por eso.

Respondió la morena sin poder evitar reírse un poco. Emma y ella no podían estar juntas, ya había tenido mucho tiempo para pensarlo y aceptar esa realidad, sería un desastre, sería como sujetar una granada sin seguro, ella era la Reina Malvada y Emma la Salvadora, era imposible que saliese bien. Además ni siquiera estaba segura de que Emma sintiese lo que creía estar sintiendo, hasta ese mismo día no parecía haberse dado cuenta de ello, y además aún seguía con el capitán sin mano.

- Centrémonos en vencer a esa mujer ¿vale?

Dijo Regina con toda la firmeza de la que fue capaz, soltando las manos de Emma. La rubia se la quedó mirando un momento, pensativa.

- Vale. Pero eso no evitará que yo intente hacerte cambiar de opinión. – Regina levanto una ceja. – Sé qué crees que seriamos un gran error o algo así, te conozco bien, lo suficientemente bien como para saber que enterrarás tus sentimientos para no salir herida. – La rubia se encogió de hombros. – Supongo que tendré que demostrarte que mi intención no es herirte, si no lo contrario.

Regina volvió a reír un poco, ahora era un reto para Emma, por suerte seguramente se cansaría cuando se le pusiese delante un reto más interesante y ambas podría volver a sus vidas.