COMPROMISO POR LIBERTAD…
-no, no papá.- continua negando Marlene.
-no hay otra opción Marlene, mañana mismo nos mudaremos.- ordena el padre sin escuchar otro pretexto mas por parte de su hija.
A la mañana siguiente fue el entierro, de igual manera todos los acompañantes del velorio, asistieron al entierro, incluyendo a Antonio, Fernando y Álvaro. Antonio solo miraba de forma envidiosa a Álvaro, odiaba ver sus manos tocar a Marlene, la chica sintió la mirada pesada de Antonio, era ahí donde se escondía mas entre los brazos de su novio.
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Skipper miro llegar a sus padres, estaba sentado en la cama de la celda.
-mamá, papá, que bueno que llegaron.
-¿ahora qué tonterías hiciste Skipper?.- pregunta Mariano, su padre, un hombre de alto rango militar, un poco alto, de cabello negro, duro carácter, pero muy apuesto.
-por favor Mariano no te molestes mucho con el niño.- le pide Anabel, su madre, una mujer que a pesar de sus años se lograba conservar joven, de cabello negro, de estatura mediana y muy bonita, era de buena familia, pero el casarse con Mariano, su padre le quito su parte de herencia, ya que Mariano no era de su agrado para ser el marido de su hija, es demasiado sobre protectora y cariñosa con Skipper, que a pesar de verlo ya con la mayoría de edad, lo seguía tratando como a un niño pequeño.
-bien lo dijiste mujer, el niño, porque a pesar de que los años le marcan a Skipper mayoría de edad, el sigue comportándose como un niño, ¿pero cómo se te ocurre poner a otro individuo como responsable de la compra de armas?
-yo creí que Clemson era un hombre de confianza.- responde obteniendo una mirada de enojo por parte de su padre.
-por favor Mariano ya deja de regañarlo.- pide nuevamente la madre.
-bueno, entonces dime, ¿qué solución le encuentras a esto?
-vayan a la base y busquen a Clemson.
-¿qué?
-sí, búsquenlo, díganle de lo mío y pídanle por favor que diga toda la verdad.
-¿y tú crees que Clemson muy amablemente lo ara?, por supuesto que no, a él le valdrá que tu estés aquí y además…
-buenos días.- entra saludando un hombre de estatura mediana, con cabello y bigote castaño, es un político.- me entere de su situación capitán.
-sí, gracias.- agradece sin mirar a una joven que entraba, de estatura mediana, pero se veía alta debido a usar zapatillas de tacón alto, con piel blanca, hermosa, sombras de color cafés, cabello castaño, rizado y un poco largo.
-vaya, ¿qué tenemos aquí?.- pregunta mirando al hombre impresionada.
-nada hija, al parecer culpable de robo y mala compra de armas.- responde el padre.
-interesante.
-pues a mí no me parece interesante… ¿qué pasara con mi hijo?.- pregunta el padre al político.
-hay altas posibilidades de que lo declaren culpable, si es que realmente lo es.
-yo no soy culpable.- se defiende el capitán.
-pues más vale que lo demuestres, ¿tienes personas que declaren tu inocencia?
-no exactamente, pero si conozco a la persona realmente culpable de todo esto.
-entonces más vale ir a buscarla para probar tu inocencia.
-papá, mamá por favor busquen a Clemson, debe estar aun en la base.
-claro que si cielo, ya vamos por el.- le quiere obedecer su madre.
-no, claro que no, este es tu problema, y por lo tanto debes resolverlo tú mismo, debes serle frente a tus problemas Skipper.- le continua regañando su padre, Kitka no dejaba de contemplar a Skipper, le parecía bastante atractivo, comenzó a pensar en una solución que pronto le sería muy útil.
-papá, ¿podemos hablar afuera?.- pregunta a su padre, separándose de la familia, el padre acepta y la sigue.
-Mariano, debemos ayudar y apoyar a tu hijo.
-¿y cómo?, yo no pienso ir a buscar a ese tal Clemson, ni siquiera sé quién es.
-yo tampoco, pero podemos preguntar por él.- trata de convencer la madre.
-por favor mujer, deja de consentir al niño, he dicho que no… conseguiré un abogado Skipper y por favor, compórtate mientras estas en celda.- le pide el padre saliendo del pasillo de las celdas junto con la madre, voltean hacia la izquierda y miran al político junto con su hija.
-ahí están, ¡papá diles!.- exige Kitka jaloneándolo un poco de las mangas de su traje.
-disculpe, señor Mariano.- lo llama en voz alta, el padre voltea su mirada y lo ve haciéndole señas para ir hacia él.
-si dígame.- pide acercándose.
-quisiera hablar con usted sobre el caso de su hijo.- le pide alejándose de las dos mujeres.- debo confesar que he estudiado muy bien el caso de su hijo y puedo decirles que no tiene muchas probabilidades de ganar.
-lo sé…
-pueden condenarlo muchos años en prisión… pero sin duda yo puedo hacer una excepción y puedo liberarlo de toda culpa… si su hijo, compromete a mi hija.
-¿qué?, ¿libertad a cambio de un noviazgo?
-si así lo quiere usted ver, adelante, esa es la única condición que pongo para liberar a su hijo.
-bueno… para mi hijo no será una buena proposición y no lo digo porque su hija no sea hermosa, si no por que Skipper nunca ha sido bueno para llevar relaciones amorosas a cabo.
-bueno, para todo hay una primera vez… ¿hay trato o no?
-… sí, claro que sí, es un trato.- acepta el padre como si él fuera el del compromiso.
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-siéntanse como en su casa.- desea el padre de Antonio a la familia Navarro, mirándolos entrar por la puerta principal.
-gracias Fernando, no tengo como agradecerte por todo lo que haces por mí y mi familia.
-no hay nada de que agradecer amigo, ahora por favor, siéntanse cómodos.- pide seguido de instalarse cada quien en su cuarto, Antonio no podía esperar para aprovechar cualquier momento para estar a solas con Marlene.
-por fin estas aquí.- le habla a la mujer de cabello castaño por detrás.
-aléjate de mi.- le ordena un poco temerosa.
-tu hermano ya no está aquí para defenderte.
-claro, tu ahorita debes estar cantando victoria por eso verdad, ¿pero no creas que te dejare aprovechar la muerte de mi hermano para intimidarme.- se defiende caminando para alejarse de él.
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Al anochecer Skipper pudo obtener su libertad, ¿cómo?, esa era la pregunta que se planteaba, pero no la podía responder por sí solo, al salir del pasillo de celdas miro a su madre y padre esperándolo.
-por fin estas libre hijo.- le habla su madre corriendo hacia él, como una madre que no ha visto a su niño pequeño en el primer día de clases.
-mamá por favor, ya estoy libre… ¿pero como lograron mi libertad?
-obtener tu libertad no fue nada gratis…- se acerca el padre a él.- deberás cumplir un compromiso sentimental con el cual quede de acuerdo para que salieras libre.
-¿qué?, ¿pero por qué…
-Skipper.- lo llama Kitka, caminando hacia el coquetamente.- mi amor.- termina por besarlo con gran entusiasmo, mientras que a este le cuesta para cerrar sus ojos y sumergirse en ese beso con ella.
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Stacy miro por última vez a Marlene sentada en su cama, tenía la luz apagada, solo podía recibir luz de la luna a través de la ventana.
-prima, ¿qué tienes?.- pregunta sentándose en la cama.
-Stacy… no quiero estar aquí, quiero volver a casa, quiero que todo sea como antes.
-no, sabes que eso ya no puede ser posible, con qué derecho regresaremos a la casa si no tenemos para pagarla.
-pues yo puedo trabajar, puedo reunir el dinero suficiente para pagarla.- trata de convencer a la pelirroja.- pero por favor, vámonos de aquí.
-no, entiende que no podemos… y además, ¿qué urgencia tienes por irte de aquí?, ¿te pasa algo o es que algo te molesta?.- las preguntas de Stacy la intimidaron, tenía ganas de contarle lo que paso aquella vez con Antonio, pero no podía, quería desahogarse con alguien, pero tenía miedo de hacerlo porque tal vez llevaría a más problemas, y para la situación en la que estaban, no quería tener más problemas.
-es solo que… extraño todo, extraño la casa… extraño a Marsell.- confiesa recargando su cabeza sobre el pecho de Stacy, comenzando a llorar.
-se que lo extrañas Marlene, todos lo extrañamos… pero debes ser fuerte.
-yo sabía, sabia Stacy que no debía dejarlo irse, que no debía volver a la militarizada… a mi no me convence que haya sido un accidente, algo paso.
-la verdad yo también he llegado a sospechar eso, pero si no tenemos pruebas, no podemos demostrar lo contrario…- la miro acostar su cabeza sobre su almohada y limpiarse las lagrimas.- ya verás que todo saldrá bien.- se despide de ella con un beso en la mejilla y la deja descansar en su recamará, caminando hacia la suya. Marlene solo cerró sus ojos por segundos, ya que sintió como le tapaban la boca bruscamente mientras ella abría sus ojos grandemente por el susto.
-guarda silencio preciosa, nos vayan a oír.- le ordena Antonio, sin destaparle la boca, comenzado a besar su mejilla, Marlene luchaba por zafarse de él, pero era obvio que su fuerza podía mas que la de ella.- por fin Marlene, por fin podemos estar juntos.- termina de hablar comenzado a atacar hacia su cuello, mientras la chica intentaba gritar, sentía ahogarse, pataleaba, trataba de empujarlo pero no podía, parecía que esta vez, Antonio lograría lo que quería con ella.
