XI
El tiempo es ahora… Desde aquel día, aquellas palabras cobraron sentido. Realmente empecé a comprenderlas. Supe que debía sobreponerme, si mi reina lo había logrado luego de casi mil años, yo también debía hacerlo.
No fue fácil. Aún me sentía abatida, pero aquellas palabras grabadas en el respaldo del trono se convirtieron en mi emblema, mi medicina… Siempre que me sentía a desfallecer, las repetía una y otra vez hasta recuperar los ánimos.
Traté de volver a conseguir empleo, pero me fue imposible encontrar uno bien pago que no me separara de Windy durante todo el día. Aún conservaba un poco de oro, pero no lo podía usar para pagar la universidad de Ditzy, y definitivamente no me podía arriesgar a morir en el bosque tratando de saquear más oro.
Afortunadamente, el ayuntamiento lanzó un programa de becas al cual se postuló Ditzy, y ayer recibimos la respuesta. Pasó con puntaje casi perfecto. Estaba tan feliz. No puede evitar pensar en ti, hubieses estado tan orgulloso. Tal vez ella nunca te lo dijo y aún le cueste aceptarlo, pero fuiste un verdadero padre para ella.
Por eso estoy aquí… Bueno, por todo en realidad. Te lo debía. Nunca había venido a visitarte ni a traerte flores. Sé que lo considerabas una trivialidad, pero me gusta pensar que es una señal de respeto y amor para ti. Espero que no te molestes, estés donde estés. Me avergüenza venir ante ti y decir que soy tu esposa, luego de todo lo que hice. No lo merecías. Siempre fuiste considerado conmigo y me amaste. Yo lo único que he hecho es renegar de ti. Te lo pido, si puedes oírme, por favor perdóname.
Aquella realidad que nunca te dije, fue que cambiaste mi vida. Hiciste mucho por mí. Me enseñaste que era hermosa a pesar de mis cicatrices, que soy valiosa a pesar de mis prejuicios, y que vivir tiene sentido a pesar del dolor. Me encargaré de enseñárselo a Windy. Sé que así lo hubieses deseado.
