Los personajes de esta historia son propiedad de SM yo solo me dedico a fantasear con ellos. Favor de No copiar historia sin mi autorización ...
ADVERTENCIA: Este capítulo Contiene Lemon (escenas de relación sexual); Leen bajo SU responsabilidad.
AeS
Sucumbiendo
*POV-EDWARD*
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Pensaba contenerme tanto como fuera posible. Pensaba dejarla ser feliz como ella quisiera, pero de pronto comencé a ver una expresión en ella que me desconcertaba y comencé a temer a algo desconocido. Era como... era como si pensara que iba a desaparecer en cualquier momento y un miedo irracional se apoderó de mí ante esa extraña sensación.
Pese a ocultar mis propios sentimientos, tenía la satisfacción de poder estar cerca de ella, pero ahora... ya no lo sabía.
Habíamos terminado nuestra hora laboral. Por lo general, espero a que ella se vaya para no presenciar el momento en que Emmett pasa a recogerla y se besan como dos enamorados felices o, en última instancia, me voy antes por el mismo motivo, solo que ahora... Ahora íbamos juntos en el elevador. Un silencio incómodo se instaló en el reducido espacio y miles de deseos se me arremolinaron en todo el cuerpo al verla y tenerla al lado mío... una ansiedad me recorrió por cada centímetro a lo largo de mi espina dorsal, instalándose en lugares inapropiados e incontrolables.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? ¿Por qué no me comentaste acerca de Emmett y tu? —mis palabras salieron sin más ya no podía evitarlo. Tenía que saber.— Yo... realmente, en verdad traté de no decir nada. Me gusta verte sonreír, me gusta que estés feliz... en verdad que amo eso pero... me hubiese gustado ser yo quien te haga feliz. Sé que no soy un buen partido para ti... soy un hombre casado y con hijos que no debería expresarte mis sentimientos tan abiertamente... pero te lo dije una vez, me molesta que otro hombre que no sea yo, te toque, te vea... te bese.
—Señor, yo...
—Tratas a todos con mucha familiaridad —continuo, ignorando lo que iba a decir—, pero a mi solo me dedicas palabras y miradas amables, no como el resto. Eres abierta ante todos y yo... solo soy tu simple jefe a quien debes respetar.
—Señor...
—Me he enamorado de ti Isabella —me atrevo a mirarla y a pesar de que me he repetido y obligado a mantener en silencio todos mis sentimientos hacia ella, estos salieron sin poder contenerlos más.
Las puertas del elevador se abren pero ninguno se mueve siquiera un poco. El silencio se hace presente y observo atento el nerviosismo de Isabella quien luego de un tenso momento se apresura a salir como si estuviera sofocada. Me he descontrolado, mis sentimientos están a flor de piel y no quiero ni puedo callar más. Ahora solo me importa saber que ella está cerca de mi y lo voy a aprovechar.
Camino hasta alcanzarla y agarro su brazo con mi mano, apretando un poco fuerte.
—Suélteme señor. Me lastima —se quejó y trató de zafarse.
—No me digas señor, por favor —pido, casi suplico mientras aflojo un poco el agarre para no lastimarla y algo vio en mí que su expresión se suavizó.
La atraigo a mi cuerpo, quedando centímetros el uno del otro. La desesperación de ser correspondido me hace actuar y la beso. Pienso que me rechazará y aunque al principio lo hace, segundos después se deja llevar y me corresponde, la emoción ante ello es indescriptible. Delineo mi lengua en sus labios y ella me da acceso para profundizar el beso. Nos besamos cada vez con más intensidad, el calor de nuestros cuerpos es abrumador y descontrolado, es como si ambos dejaramos salir nuestros deseos suprimidos
¿Ella también a estado ocultando esto? ¿Acoso no he sido el único que ha guardado silencio? Esas preguntas me hacen gruñir sobre sus labios pues el saber que ella me desea tanto como yo y ambos lo hemos estado ocultando es demasiado para detenerme. La presiono al auto donde ya habíamos llegado y ella rodea mi cuello con sus delicadas manos. Agarro su cintura y la suspendo un poco.
—Edward... —jadea en mi boca y eso me excita aún más de lo que ya estoy.
Abro la puerta de mi auto y la cargo para meterla dentro. Le pongo el cinturón y prácticamente volé al otro lado y me siento. No sé como tengo la fuerza sufiente para separarme de ella pero tampoco quiero hacerlo en un estacionamiento. Pongo en marcha el auto y antes de arrancar la agarro del cuello, pero sin lastimarla, y la beso desesperado.
Nadie dice nada mientras conduzco, el silencio tenso que solemos mantener no es nada comparado con el silencio tan lleno de ese deseo liberador y caliente que nos recorre. Ambos jadeamos y al ver su frente perlada de sudor imagino que el deseo de ambos es tanto porque yo estoy igual y demasiado duro en mi parte baja. Llego a mi casa en un periodo de tiempo más corto que el usual. Afortunadamente la casa está sola ya que Tanya se llevó a los niños a quien sabe donde y la cocinera tiene el día libre.
Salgo del auto y lo rodeo para abrir la puerta y si esperar más, cargo a Isabella y nuestros labios desesperados se buscan para volver a unirse, el fuego del deseo nos recorre a ambos, Bella enrolla sus piernas alrededor de mi cintura lo que me ayuda a mantener el equilibrio y como puedo abro las puertas, llegando a mi habitación.
No sé y poco me importa en qué momento y cómo ambos ya estábamos solo con la ropa interior. No dejo de besarla y aunque no sean sus labios, también me apodero de su piel, su rostro, su cuello, quiero saborearla por completo y esta vez no será mi imaginación, no se quedará en un simple sueño porque esta noche mis deseos los haré realidad. Con la desición y el deseo ardiendo, la agarro de la cintura levantándola nuevamente, Isabella enrolla sus piernas alrededor de mis caderas, lo que causa una fricción deliciosa en nuestras pelvis.
Incluso yo me asombro ante el gruñido que sale de mi garganta pero estoy demasiado excitado como para detenerme y los constantes gemidos de Isabella me ponen aún más al límite. La acuesto en la cama y me enderecé un poco para poder contemplar su exquisita belleza. Realmente ella es lo mas hermoso que he visto jamás. Su piel suave y brillante perlada en sudor, su pecho subiendo y bajando ante la errática respiración y esos cautivadores ojos llenos de indudable deseo, el mismo que yo estoy sintiendo.
Sin esperar más, quito sus bragas y su sostén y quedo aún más maravillado ante la vista tan gloriosa que me regala su desnudez. Ella me observa con un hermoso rubor en sus mejillas pero impaciente y anhelante, lo sé porque técnicamente el calor se ha mezclado así como las sensaciones de ambos. Me quito rápidamente el bóxer posicionándome en un segundo ya en medio de sus piernas y alineando mi miembro imposiblemente más erecto en su entrada. Ambos gritamos jadeantes por la sensación tan placentera que sin necesidad de forzar una dilatación ella estaba más que preparada haciendo el momento exquisito.
Tan perfecto. Tan correcto. Tan nuestro.
Comencé a moverme despacio para poder marcar un ritmo. Al verla noto que tiene los ojos cerrados y al abrirlos, veo fuego en ellos; están oscuros y lleno de deseo, eso me hace sonreír al saber que tanto como yo ella también lo disfruta. Isabella agarra mi cabello y me hala a ella, uniendo nuestros labios en un beso demandante y desesperado el cual le correspondo con la misma ansiedad. Cuando ella comienza a moverse siguiendo mi ritmo la embestidas comienzan a ser más fuertes y rápidas, creando una fricción al estar en la cúspide del orgasmo. La beso una vez más cuando de pronto la tensión es casi insoportable y ambos, como si fuéramos uno solo, nos movemos buscando mas y mas del otro.
—Edward —le ecucho gemir y eso es música para mis oídos— Por favor... por favor...
—¿Qué quieres nena? Dímelo... Dilo y lo tendrás —aseguré a sus súplicas y jadeando también.
—Más... rápido —pide casi desesperada y por supuesto que la complazco.
Me muevo aún más rápido y ella enrolla sus piernas en mi cintura, aprisionandome aún más dejando nada de espacio entre nuestros desnudos y más que sudorosos cuerpos. Muerdo su cuello sin poder evitar clavar mis dientes en su tersa y suave piel y luego subo a sus labios. La beso. La toco. La penetro y cada vez más rápido.
—¡EDWARD!
—¡BELLA!
Nuestros gritos y jadeos se unen cuando el orgasmo de ambos nos golpea con una fuerza tan exquisita. Bella clava sus uñas en mi espalda y yo presionó el colchón con mis puños, no dejando mi peso total sobre ella para no aplastarla. Ella está flácida debajo de mi, dejándome una sensación de infinito placer y gozo. Realmente siento que este momento, este lugar y estar dentro de ella es lo correcto y me niego a que acabe aquí.
Cuando logro controlar mi respiración comienzo a besarla y el deseo regresa, lo que me place más es sentir que el de ella también. Perdí la cuenta de cuantas veces hicimos el amor en toda la noche y la madrugada pero al levantarme, ella ya no estaba. Creí que había sido un sueño pero al día siguiente ella me hizo ver que no lo había soñado. Por más arreglada y por mas que intente ocultarlo, se notaba que había pasado una noche larga y no me daba la cara.
Me evitaba.
—Buen día —saludé al llegar a su escritorio.
—Buen día señor —saludó ella educadamente, levantándose.
La veo de pies a cabeza. Lleva una falda azul marino arriba de la rodilla. Medias negras. Zapatos de tacón fino. Camisa blanca de botones y manga larga dentro de la falda. Su chaqueta en la silla. Su maquillaje; delineador, hacía que sus ojos brillaran aún más. Sus labios con un brillo que provoca mi deseo de besarla.
—Entremos —carraspeé para concentrarme y quitar los pensamientos lujuriosos de mi mente… pero no era tan sencillo, su sola esencia me encendía por completo.
Le abro la puerta para que entre primero, un poco dudosa al fin lo hace pero me muestro paciente y al caminar frente a mí veo su trasero. Respingón. Hermoso. Toda ella lo es. Perfecta. Camino y le señalo la silla para que se siente y yo me siento en mi lugar habitual.
—¿Como amaneció señorita Swan? —pregunté y al morderse los labios me provocó una especie de corriente eléctrica que pasó por todo mi cuerpo.
¡Rayos! ¿Como puede provocarme eso con un solo acto?
—Bien señor. Gracias —contesta.
Parece un angelito. Un bello angelito.
—Me alegro —y vuelve a morderse los labios.
—Isabella, no hagas eso... —coloco mi mano sobre la tela del pantalón, tratando de controlarme, mas no me es posible.
—¿Qué cosa señor? —pregunta de manera inocente, mordiéndose nuevamente el labio inferior.
—¡Carajos! Si te vuelves a morder el labio, juro que no me contendré —advertí, ya al borde de un colapso.
Ella me mira sorprendida y deja de morderse el labio. Baja la mirada a sus manos tratando de ocultar el rubor en sus mejillas.
—Lo siento señor —¡diablos! Se ve tan inocente.
Verla de esa manera ante mí y recordar la noche que tuvimos me volvió a descontrolar. Ya había cerrado con llave la puerta cuando entramos así que decidido me levanté de mi asiento y me acerqué a ella. Ella se sorprendió cuando la agarré del brazo y la obligué, de manera gentil, colocar las manos en el escritorio, haciendo que su trasero se alzará para mi.
—Señor ¿qué hace? —parece asustada. Pero yo ya no puedo contenerme.
Haberla tenido toda la noche después de tanto hacer suprimido mis deseos hacia ella me hacía querer perder el control y dejar escapar cada pensamiento lujurioso en acciones sobre ella.
—Quédate quieta —le ordené y no se movió.
¡Santo cielo! Esto me está excitando aun mas si es posible. El que ella se muestre como una niña obediente, sin importar lo que le diga, aceptarlo, me esta volviendo loco. Puede que lo haga de manera inconsciente pero lo hace.
Levanto su falda y sin miramiento desgarro sus medias sacándole un grito de sorpresa. Intenta incorporarse pero coloco mi mano en su espalda, evitando el movimiento.
—Quédate quieta —repito con voz ronca.
—Esto no está bien, Señor.
—Te he dicho que no me llames señor… di mi nombre.
Bajo sus bragas sin pensarlo y me bajo el pantalón. Con una mano veo que tapa su boca, ahogando un grito una vez meto un dedo en su entrada. Realmente, realmente me encanta las sensaciones que ella me provoca. Cuando noto que su cuerpo se relaja y su trasero se alza buscando más fricción comienzo a hacer un movimiento más rápido, preciso y certero, introduciendo un dedo más en el proceso.
—Edward —jadea desesperada y entiendo a la primera su necesidad que también es la mía.
Bajo mi bóxer y mi duro miembro anticipa por lo que deseamos, saco los dedos y ella se queja pero inmediatamente los reemplazo por mi duro miembro, adentrándome en su apretado, jugoso y delicioso agujero.
—¡Oh, Isabella! —gruño en su cuello— Eres perfecta.
Agarro los botones de su camisa y los arranco. Bajo las copas de su sostén, dejando sus pechos al aire.
—¡Dios! Edward —gime descontrolada.
Se agarra de lo que puede y levanta aún más su trasero dándole a mi miembro mayor acceso a su entrada. La siento temblar y correrse primero y luego de dos estocadas más, me corro dentro de ella. Me preocupé sobre esto pero al ver un parche en su brazo suspiro al saber que ella se cuida. No es que me moleste dejarla embarazada, sería hermoso pero no creo que ella esté muy feliz si eso pasa tan repentinamente.
Espero unos minutos más hasta que mi miembro está totalmente flácido en el interior de Isabella para salir con cuidado de su interior, la agarro de la cintura con delicadeza para no lastimarla. Me siento en mi silla y la llevo conmigo. Yo sin pantalón y ella sin bragas y la camisa rota.
Comienzo a besarla pero ella se levanta de mi regazo y se sienta en el escritorio y de esa forma, justamente así, se convirtió la rutina. Una hermosa rutina. Sexo desenfrenado en mi oficina o en algún lugar en que quedamos para vernos logrando con ello que increíblemente dos semanas pasen en un abrir y cerrar de ojos.
Una exquisita rutina que logramos mantener aún sin descuidar la empresa y justo siendo hoy el gran día decisivo para la misma. Sin duda, muchas cosas más pasarán a partir de ahora.
Capítulo 1/2
Decidí separar estos capítulos para dejar espacio entre este... ¿momento? Bueno, quería que fuera exclusivo. Disculpen el intento de Lemon, trato de mejorar. Espero les haya gustado... Si hay errores haganmelo saber para corregirlos ya que saben que estoy falta de Beta para editar.
Estaba de vacaciones por eso he demorado un par de días y a cambio traigo doble capítulo.
Gracias por leer n_n
