Nota: Los personajes y lugares tan maravillosos son creación del buen profesor Tolkien. Por fin les puedo presentar el nuevo capítulo. No pude antes por cuestiones de trabajo, ya que no hay nada como el trabajo extra para acabar con la imaginación de la gente mal entretenida como yo.

Capítulo 12

Ahora bien, las fiestas de los elfos suelen durar mucho tiempo, y esta fiesta, con Thranduil del mejor humor, duró hasta el alba y todo era alegría en los pasillos del rey del bosque.

–Será mejor que te familiarices con los deberes de los guardias de la frontera –le decía Thranduil a Legolas –¿dónde está el jefe de los guardias? Que venga y llamen también a Galion, mi buen amigo.

Los elfos obedecieron inmediatamente, y se fueron en busca del elfo que seguía durmiendo sobre la mesa.

–Arriba. Se te necesita arriba –dijo uno de los elfos silvanos sacudiendo al jefe de los guardias por los hombros.

–¿Para qué me despertaste? Tenía un hermoso sueño, soñaba que había una fiesta arriba, y Legolas estaba ahí y todos estaban celebrando.

–Sí hay una fiesta y el rey te invita a su mesa –le dijo el mismo elfo y luego observó las copas y la jarra –parece que aquí abajo tampoco la pasaron tan mal.

–Quedarse dormidos con una sola jarra es cosa de humanos –le dijo otro elfo mirando a Galion apoyado sobre la mesa.

–No es cualquier vino, –dijo el jefe de los guardias estirándose como un gato –y no quisiera volver a beber algo así. No me ha sentado bien.

–¿qué hay de Galion?

–El rey también le llama, hay que despertarle.

Y se llevaron a los aturdidos elfos casi arrastrados hasta el salón principal.

–Espero que estén los suficientemente despiertos como llegar a la mesa del rey por sí solo, ya que no le gustaría verles venir tambaleándose –les dijeron los elfos antes de reunirse con otros elfos que también festejaban.

–Por cierto, ya casi es la hora de alimentar a los naugrim –le dijo uno de los guardias –si me das las llaves te ahorraré el trabajo de que vayas hasta abajo nuevamente, pero tienes que darme de ese vino que bebiste anoche.

Y casi por reflejo y sin decir nada el jefe de los guardias le alcanzó las llaves.

Al ver a Thranduil, el mayordomo y el jefe de los guardias ganaron compostura y caminaron lo mejor que pudieron la mesa del rey.

–Aquí estás –le dijo Thranduil al jefe de los guardias –desde hoy Legolas estará a tu cargo y quisiera que no le trates como al príncipe de Mirkwood, sino como a cualquier otro elfo.

–Así lo haré –dijo el jefe de los guardias –sé que es un arquero muy hábil.

Legolas por su parte observaba a Galion y notaba que algo le pasaba.

–¿Estás bien? – Le preguntó disimuladamente mientras sorbía un trago de su copa para no llamar la atención sobre sí –Te ves aturdido.

–Estoy bien, no te preocupes, es solo cansancio –le respondió –por cierto gracias por el vino, estaba delicioso, aunque creo que es algo fuerte para los elfos verdes.

Legolas se atoró con su bebida por el sobresalto. De pronto intuyó que los problemas estaban sobre él nuevamente.

Thranduil le daba palmaditas en la espalda.

–¿Qué te ha ocurrido?

–Es por algo que le dije –dijo Galion que le alcanzaba una servilleta a Greenleaf.

–Sí, fue algo que me pareció gracioso y no pude contener la risa –trató de disimular riendo nerviosamente –Galion tengo que hablar contigo.

–¿No puede ser en otro momento? –tengo mucho sueño y de no ser porque tu padre me mandó llamar ya estaría en mi cama.

Legolas se levantó y se llevó a Galion a un lugar alejado para que Thranduil no pudiera oírles, además el rey estaba muy entretenido conversando con el jefe de los guardias que ponía toda su voluntad para mantenerse despierto y solo atinaba a asentir con la cabeza.

–Galion, creo que los naugrim intentarán escapar esta noche.

–¿Cómo lo sabes? ¿El fantasmita te lo dijo?

Legolas no pudo responder porque en ese momento entraron muy agitados los guardias que fueron a llevarles sus alimentos a los prisioneros.

–¡Los naugrim han escapado!

Hubo silencio instantáneo en el salón y en todo el palacio. Thranduil estaba perplejo y por su parte Legolas solamente bajó la mirada musitando –Es demasiado tarde.

–No es posible –dijo el jefe de los guardias sin saber como escapar del escrutinio de Thranduil que le miraba fijamente –Yo mismo los vi anoche cuando les llevamos su cena.

–Para esta mañana ya no estaban ahí –explicó uno de los elfos –Lo raro es que sus puertas estaban bien cerradas, pero los naugrim simplemente se desvanecieron.

–O atravesaron la paredes –se oyó otra voz –debe ser cosa de magia.

Y las murmuraciones comenzaron a cundirse como un incendio en un pajonal.

–No es cosa de magia –Thranduil los calló en seco –ahora mismo vamos a averiguar lo que ha pasado.

Levantándose de su silla se fue abajo hacia las mazmorras con un séquito de elfos que estaban entre una mezcla de miedo y asombro.

El rey observó de cerca las puertas y estaban bien aseguradas y no había señales de que las cerraduras hubiesen sido forzadas ni nada, por lo que quedaba una conclusión lógica.

–Estás puertas han sido abiertas con las llaves.

–Pero yo nunca me desprendí de las llaves, las tuve conmigo toda la noche, Galion es mi testigo –dijo el Jefe de los guardias como única defensa.

El rey le observaba como un tigre a su presa, escudriñando en lo más profundo de su ser y luego dirigido su mirada hacia Galion que venía con Legolas.

–Es cierto lo que dice –Galion habló –anoche luego de alimentar a los naugrim nos encontramos y conversamos un rato compartiendo una copa de vino, pero el cansancio nos venció y nos quedamos dormidos.

El rey le miró y supo que Galion no mentía, aunque hubiera ocultado parte de la información, parte en la que se incluía a Legolas en el relato, pero el fiel mayordomo no quería inmiscuir al príncipe en un problema del que lo consideraba ajeno.

Legolas vio como Galion quería protegerle, aunque no sabía bien de que. No tardó en darse cuenta de que había sido él mismo el que colaboró con la huída de esos enanos y la culpa recaía ahora en inocentes.

–¿Estás diciendo entonces que es cosa de magia la desaparición de los naugrim?

–Sí, padre, es cosa de magia –por fin habló Hoja verde –pero no magia de los enanos, sino magia de los elfos, la mía.

Thranduil se acercó a Legolas que le miraba desafiante.

–Galion no te dijo que recibió una jarra de vino que tenía el mismo encantamiento del río y que por eso cayeron dormidos él y el jefe de los guardias.

–Legolas no hables –le suplicaba Galion.

–¿quién puso el encantamiento? –preguntó el rey sabiendo la respuesta.

–Fui yo –dijo secamente Legolas –era una trampa, para atrapar al enano sin barba que estaba escondido dentro del palacio, el que tú también notaste, pero al que le diste poca importancia.

Thranduil lo supo, él también había visto a Bilbo con los enanos, y había notado su tenue sombra con la luz de las antorchas, y vio como parecía seguir a Legolas, pero algo tan pequeño e insignificante que no le dio importancia, le preocupaba más el comportamiento poco apropiado de Legolas, cuando en realidad su gran curiosidad por las demás criaturas le había resultado beneficiosa en esta oportunidad.

–Majestad, por favor no destierre a Legolas –le suplicó Galion –él no sabía que colaboraba con los naugrim cuando me envió esta nota–Galion sacó de su bolsillo la nota que Bilbo falsificara.

Thranduil tomó la garrapateada hoja del hobbit y la vio.

–Debemos darnos prisa –dijo Legolas –porque yo creo que se han escapado por el río y si nos damos prisa les alcanzaremos en la aldea antes de que se envíen las almadías a la ciudad del lago.

–Déjales –habló Thranduil todavía mirando la pequeña nota en su mano –no creo que los humanos sean tan tontos como prestarles ayuda para despertar al dragón y que un montón de harapientos enanos logren acabar con esa amenaza que duerme bajo la montaña. Y si pasa alguna desgracia será culpa suya, no nuestra. Vamos Legolas, es tu primer día de guardia, preséntate con el jefe y salgan a patrullar las fronteras.

Legolas volvió la vista hacia Sam que le escuchaba boquiabierto y sin darse cuenta de que el día comenzaba a clarear.

–Creo que es todo por hoy maese Gamyi, pronto nos llamaran para el desayuno y tú no has pegado un ojo en toda la noche.

–Pero y después, ¿Tu padre no te dio un castigo? ¿Lograste ir a la batalla de los Cinco Ejércitos?

–No, mi padre es muy comprensivo –dijo Legolas sonriendo –Lo de la batallas de los Cinco Ejércitos te lo contaré mañana por la noche, una vez que hayas descansado.

Nota Final: Sí, ya sé, quieren asesinarme, pero es porque no me gustaría ser spoiler y porque ando corta de ideas y a lo mejor pude haber logrado un fin menos anticlimático, no lo sé. Probablemtne lograré escribir algo más cuando tenga un poco más de tiempo a mi disposición.