Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es nuestra.

.

Capítulo beteado por Flor Carrizo, Betas FFAD.

groups / betasffaddiction /

Gracias a nuestra beta Flor Carrizo por corregir nuestra historia.

FELIZ AÑO 2014… LES DESEAMOS QUE SEA UN AÑO LLENO DE BENDICIONES.

.

La maldición de la marioneta

.

Capítulo 10

.

El juicio final está por ser expedido

Ninguno podrá escaparse del pecado que corre por sus venas

frases de la canción, one winged bird.

De Akiko Shikata…

.

La noche había sido bastante intensa para Esme, se sentía tan extraña.

Había tenido novios antes pero siempre todo había sido tan normal, a diferencia de lo que había vivido la noche anterior, sus ex novios era insignificantes.

Había tenido sexo con un chico que podía tener la edad de su hermano y lo había disfrutado tanto que no se arrepentía de nada.

Con el solo recuerdo de sus embestidas, hacía que volviera a humedecerse, su cuerpo se sentía un poco adolorido por toda la actividad física que habían tenido. Sus senos estaban sensibles, al igual que su vagina, no sabía cuántas veces se había corrido, ella sólo había sido consciente del placer que él le daba, de ahí lo demás no importaba.

Cuando abre sus ojos se da cuenta de que está sola. Alec no se encuentra por ningún lugar, ella se levanta del piso de madera y, cuando fija su mirada en el sofá, se encuentra con su ropa. Rápidamente la agarra y se la comienza a poner.

Unos minutos después, camina por la casa tratando de encontrar algún teléfono aunque fuera viejo, pero la casa no tiene ninguno.

Al volver a la pequeña sala, se sienta para ponerse los zapatos. Al mover un poco la sábana blanca, algo cae de ella y Esme lo recoge, es una nota, la desdobla y comienza a leer:

Creo que aún tenemos algo pendiente, yo aún no te he dicho lo que quiero de ti. Sabes lo que significa.

En el momento en que menos te lo esperes estaré frente a ti, reclamando lo que me pertenece desde anoche.

Las palabras de Alec hacen que el cuerpo de Esme se estremezca de placer, pero el sonido de una bocina hace que vuelva a la realidad.

Esme se apresura a llegar a la puerta y, cuando la abre, se sorprende al ver un taxi esperándola. Ella, obviamente, no lo había llamado, así que sólo puede ser una persona: Alec.

.

.

La cabeza de Edward da vueltas, hace unas horas había despertado y, desde ese momento, siente una parte de su cara tan adolorida que llega a pensar que había sido golpeado con un bate en vez de un puño.

La habitación está a oscuras, hasta que siente como abren la puerta y la luz se enciende haciendo que sus ojos se cierren instintivamente.

Cuando sus ojos se acostumbran a la luz, él mira a su alrededor para ver a la persona que ha entrado en la habitación. Primero no ve a nadie, pero cuando su mirada llega a una esquina, ve una figura que, por lo que sus ojos pueden distinguir, se trata de una mujer.

— ¿Quién está ahí? —Edward pregunta con impaciencia.

La figura sale de la esquina donde la oscuridad aún está presente, al llegar a la luz Edward sabe quién ha sido la desgraciada que lo ha traído a ese lugar.

—Tanya —dice él con desprecio.

Ella se acerca, quedando a sólo unos centímetros de donde él se encuentra.

—Cariño, no es para que me veas así —ella pronuncia las palabras mientras intenta poner su dedo índice en los labios de Edward.

Él mueve la cabeza impidiendo que ella lo toque, pero Tanya no cede y termina poniendo su dedo en su cuello, deslizándolo suavemente por su piel, haciéndolo sentir sucio.

—Aléjate de mí —Edward exige con brusquedad.

Tanya ríe, luego agarra a Edward por el cuello, con la misma mano que su dedo había acariciado su piel anteriormente.

Sus uñas arañan suavemente su piel.

—Sabes que agradable se sentiría si yo arañara tu espalda mientras me embistes. Dime… esa imagen de tú y yo juntos, desnudos, teniendo sexo, ¿te excita?

—No.

La sincera respuesta de Edward la hace retroceder un poco, para verlo a los ojos, esos ojos verdes que tanto la han atraído desde el primer momento en que lo vio.

—No entiendo, ¿cómo puedes comportarte de una manera tan fría conmigo?, ¿no ves cuánto te deseo, Edward? —Tanya pregunta con una voz dolida por su rechazo.

— ¡Ja!, Tanya deja de fingir y libérame de una maldita vez. —La voz de Edward es cada vez más mordaz.

—Es verdad, Edward, yo siempre te he deseado, ¿por qué no me crees? —La falsa incredulidad de Tanya hace que Edward ría un poco.

—Si tú me deseas o no, a mí no me importa, lo que yo no entiendo es que tú te hagas la estúpida. Entiéndelo Tanya, tú no me gustas, en realidad… me das asco.

Las palabras de Edward hacen que Tanya se congele por un momento, pero después ella reacciona con una carcajada que sorprende a Edward.

— ¡Te vas a arrepentir, maldito desgraciado! —Tanya dice con un desprecio y resentimiento que Edward jamás había escuchado en ella.

Y, sin esperárselo, Tanya deja ir una cachetada, sin pegarle, pero haciendo que sus uñas lo arañen. El ardor que Edward siente a un lado de su mandíbula y cuello hace que tenga ganas de pegarle a Tanya.

Ella se aleja de él, pero minutos después regresa con compañía. Dos hombres se ponen a cada lado de Tanya.

— ¡Enséñenle a Edward una lección!

Los dos hombres obedecen acercándose a Edward. El primero forma un puño, para luego estamparlo sobre el estómago de Edward, él deja escapar el aire y queda jadeando, pero, antes de que pueda componerse, siente como otro golpe le vuelve a sacar el aire. Su costado derecho comienza a doler con fuerza, él trata de seguir respirando, pero más golpes le siguen a los primeros, y él siente como una costilla se le rompe y su labio inferior comienza a sangrar.

Los golpes son fuertes y, en poco tiempo, hacen que su respiración sea costosa. Él no puede mover sus manos para defenderse porque las tiene amarradas atrás de su espalda.

Cuando levanta la vista, ve la sonrisa de satisfacción que Tanya tiene, mientras lo golpean sin piedad.

.

.

—Es bueno verte, Alec, dime… ¿cómo te fue? —Isabella está frente a su hermano.

—Esme hará lo que quiera. —Alec esboza una sonrisa engreída.

— ¿Dónde está? —Isabella pregunta.

—Debe estar en camino —Alec contesta.

En ese momento son interrumpidos por el timbre de la puerta, Rosalie se adelanta y abre.

Un joven está frente a ella, viéndola confundido.

—Eh, disculpa, ¿aquí vive Edward Cullen?

—Sí —Rosalie responde con tono aburrido.

Al ver que ella no dice nada más, Emmett pregunta:

— ¿Puedo pasar?

—No —Rosalie dice, intentando cerrar la puerta.

—Mira, no estoy para juegos contigo, así que si me disculpas —Emmett responde molesto, poniendo una mano en la puerta para evitar que ella la cierre. Al ver su actitud, se pone más cerca para pasar dentro.

Rosalie le lanza una mirada fría que, por un momento, Emmett piensa que esos ojos azules lo miran como si quisieran congelarlo.

Isabella se acerca y se pone a un lado de Rosalie, ella le hace un gesto a su hermana para que lo deje pasar y, con disgusto, la joven se aparta, dejando entrar a Emmett.

Emmett entra, pero se detiene al ver a cuatro personas que jamás había visto.

— ¿Podrían llamar a Edward? —él pregunta con cautela.

—Él no ha llegado —Isabella es quien responde su pregunta.

Emmett se sorprende con su respuesta porque Edward es de esos chicos solitarios que siempre iban de la universidad a la casa, Edward prefería estar en su computadora que salir de fiesta con ellos, y siempre era muy puntual, habían acordado hacer el trabajo en su casa.

—Es raro, porque después de salir de la universidad acordamos que yo vendría a su casa para terminar el proyecto del señor Banner.

Al escuchar la respuesta de Emmett, Isabella se sorprende y a la vez se asusta. Es extraño que Edward se demore porque nunca lo hace. Su mirada viaja hacia Alec y este le indica que algo malo ha sucedido.

La mente de Alec comienza a trabajar, buscando alguna pista que pudiera decirle dónde se encuentra Edward.

Él se concentra en escuchar lo que las mentes de las personas que pasan dicen, pero nada de eso le sirve, él necesita algo más concreto.

De repente, un pensamiento llama su atención. El hombre repite una y otra vez una escena que había presenciado anteriormente. La imagen muestra a Edward pasando a su lado y luego dos hombres haciéndole una seña mientras pasaban. El hombre, que es policía, hizo un asentimiento de cabeza y comenzó a poner señales en la avenida de Paulsborner Strabe, Edward había dado vuelta a la izquierda, y los dos hombres que le había hecho una seña, también lo hicieron. Luego ve como una camioneta negra salía de la misma calle que Edward había tomado.

—Lo han capturado —Alec anuncia.

— ¿Quiénes? —Isabella pregunta.

—Vamos —Alec contesta, mientras camina hacia la puerta.

Isabella lo sigue al igual que Alice. Rosalie regresa a la sala para sentarse y retomar el libro que estaba leyendo antes de que su hermano llegara.

Cuando los tres se van, Emmett, que aún está parado cerca de la puerta principal, reacciona y camina hasta donde esta Rosalie.

— ¿Cómo que capturaron a Edward? —él pregunta.

Rosalie no le contesta.

Ella lo ignora y Emmett se molesta y, de un solo movimiento, le quita el libro que Rosalie tiene en sus manos.

Ella, por primera vez desde que él llegó a donde ella está sentada, dirige su mirada a él.

— ¡Qué bien, ya tengo tu atención!, ahora… ¿podrías explicarme qué diablos está sucediendo con Edward? —Emmett dice exaltado.

Al escuchar su exigencia, Rosalie se levanta sin dejar de mirarlo y dice:

—Devuélveme el libro.

Emmett se acerca un poco más a ella y con seriedad le contesta:

—No, hasta que tú me respondas.

.

.

El cuerpo del policía es tirado contra la pared de un callejón sin salida.

— ¿Qui-quiénes son us-ustedes?, ¿qué es lo que qui-quieren de mí?

— ¿Adónde se llevaron al chico que tú ayudaste a capturar? —Isabella pregunta mientras camina hacia el hombre.

— ¡No sé de qué ha-hablan!

— ¿Vas a seguir con eso? —dice ella.

Isabella se detiene a sólo unos centímetros de él, el policía con dificultad se para y, al verla a ella, levanta sus manos asegurándole que no piensa hacer nada estúpido en contra de ella.

—Yo le di-diré, si pro-promete no ma-matarme.

—Comienza a hablar —contesta Isabella.

—A mí me ordenaron evitar que alguien pasara por la calle de Paulsborner Strabe mientras hacían su trabajo, no sé por qué se lo llevaron, pero los hombres eran de la familia Swan.

Al escuchar su respuesta, Isabella da media vuelta, cuando va caminando hacia sus hermanos, el hombre la llama.

—Disculpe, pero creo que se lo llevaron al edificio abandonado que está a cinco cuadras de aquí —él dice por agradecimiento al ver que no van a matarlo.

—Le agradezco su información. —Isabella se detiene a la par de Alec—. Encárgate de él.

Él policía escucha sus palabras y rápidamente le dice confundido:

—Pero usted prometió que si yo le daba la información no me mataría.

—Yo nunca prometí nada —Isabella contesta.

Alice sigue a su hermana, mientras Alec se dirige hacia el hombre.

—No… no, por fa-favor —el hombre suplica, cuando Alec está cerca.

Alec saca su Danzai y, con un solo movimiento de su muñeca, corta el cuello del hombre. La sangre corre por el cuerpo mientras cae al frío suelo, los ojos de la víctima miran por última vez, como Alec guarda la tijera y se marcha.

.

.

Las puertas del viejo edificio se abren, e Isabella y Alice caminan por el piso de madera lleno de polvo. La furia que en este momento invade a Isabella está por consumirla. Malditos Denali, voy a acabar con ustedes primero, piensa mientras se acercan a dos hombres que obstaculizan su paso.

— ¿Qué hacen ustedes aquí? —uno de ellos pregunta molesto.

— ¡Ustedes no estorben! —Isabella contesta al tiempo que sus dagas son liberadas para introducirse en el cuerpo de los hombres.

Ambos no tienen tiempo de sacar sus armas, sorprendidos por el ataque. Por acto reflejo, bajan sus cabezas y miran las pequeñas dagas de quince centímetros y su sangre saliendo y manchando su ropa. Ellos intentan hacer un último esfuerzo y llevan sus manos hacia su costado derecho, donde está el arma.

—Alice, termínalos.

Alice asiente con su cabeza y una sonrisa adorna su cara de porcelana. Ella detiene los movimientos de las manos de ellos y las alza para arriba.

Isabella pasa a un lado de los hombres sin prestar mucha atención al juego que Alice está haciendo con ellos. La última cosa que escucha, es el crujir de los huesos de los brazos rompiéndose.

La joven morena baja unas escaleras hasta el sótano, ahora ella puede escuchar con más claridad como unos puños golpean el cuerpo de Edward. La rabia aumenta al imaginar cómo debía estar su cuerpo.

Al abrir la puerta, lo primero que sus ojos ven es el cuerpo de Edward amarrado y sentado en una silla, su cabeza está inclinada hacia adelante. Él deja salir un poco de sangre de su boca. Al levantar la cabeza Isabella puede ver su rostro, está lleno de moretones e tiene inflamados su mejilla y su ojo derecho. Su respiración es agitada y a la vez cansada.

—Eres una maldita, Tanya. —Las palabras de él salen con brusquedad.

Isabella sitúa a la perra a quien Edward se ha referido.

Es la hija menor de los Denali y ahora sería la primera en eliminar.

Sin que nadie notara su presencia, Isabella comienza a caminar acercándose más a donde ellos estaban.

—Veo que se están divirtiendo.

Todos se giran a verla y agrandan sus ojos por su inesperada presencia.

— ¿Tú? ¿Cómo llegaste aquí? —Tanya dice dejando notar su impresión.

—Tú cállate, perra —Isabella le responde con todo el desprecio que siente en ese momento.

Ella se acerca a dónde está Edward, los hombres se interponen y Tanya les ordena:

—Maten a esa maldita estúpida.

Una carcajada de Tanya retumba en toda la habitación, pero Isabella no le hace caso. Los hombres le sonríen.

—Nos vamos a divertir mucho contigo, muñeca —dice uno de ellos.

Isabella les devuelve la sonrisa, pero cuando da un paso más cerca de ellos, los agarra a los dos del cuello con sus manos. La presión que ejerce es tan fuerte que ellos se comienzan a poner rojos.

Ella los avienta a un extremo de la pared más cercana. Luego acerca su mano a la mejilla de Edward y con sus dedos lo acaricia. Él tiene una mirada de sorpresa, entonces Isabella se inclina hasta poner sus labios sobre su oreja.

—Todo va a estar bien —le dice.

—Aléjate de él —Tanya grita como loca, al mismo tiempo que agarra a Isabella del brazo y la gira para que esté frente a ella.

— ¿Cómo te atreves a tocarme? —De un solo empujón Isabella quita la mano de Tanya.

Los hombres se levantan, pero para Isabella sólo son un estorbo, así que levanta su mano izquierda y deja ir las dagas.

Las dagas llueven sobre los hombres, dejando sus cuerpos llenos de agujeros e, instantáneamente, sin vida.

Tanya retrocede asustada y con miedo.

— ¿Tú e-eres un mo-monstruo?

Tanya sale corriendo hacia la puerta, pero no puede llegar porque Isabella agarra su cabello rubio rojizo y la jala hacia atrás con tanta fuerza que termina chocando en la pared. Isabella camina hacia ella y Tanya se levanta como puede, ya que, el impacto la ha dejado algo mareada, se esfuerza por alejarse.

Isabella saca una de sus dagas y deja que Tanya llegue nuevamente a la puerta. Cuando ella pone una mano en el pomo, Isabella deja ir su daga.

La daga hace un corte en una de sus piernas superficialmente, Isabella no quiere matarla, no aún.

.

.

.

Hola chicas, bueno aquí está un nuevo capítulo, nos disculpamos por la tardanza pero tuvimos unos problemas. Pero ya estamos aquí.

Me gustaría invitarlas a que juguemos un juego, de adivinanza ¿Quién creen que será la próxima persona en morir? Les doy una pista "no es ningún miembro de las 5 familias"

Por cierto aviso que en el próximo cap, conocerán que fue lo que sucedió con la creadora de los hermanos Masen….

Hasta pronto chicas…