Disclaimer: Naruto no me pertenece.

―Dialogo de los personajes―

Pensamientos de los Personajes

Voz de Kurama

Jutsu

Capítulo 12: Palabras

―Paso antes de lo que predijimos.

―Naruto-kun tiene un alma apasionada, teniendo en cuenta nuestra situación ya estaba en desbalance.

― ¿Qué opinas tú, Gyuuki?

Isobu pregunta, en medio del sagrado link mental que los une, por la opinión del Hachibi. Todos reunidos, en ese enigmático lugar con espacio infinito, bijuus y jinchurikis mantienen platica sobre el incidente ocurrido con el mayor en jerarquía de los hermanos con cola.

Gyuuki se queda en silencio, pensando, analizando que decir.

Está estupefacto.

Uzumaki Naruto es el hijo de la profecía, el jinchuriki que rescato países, aquel que logro unir por primera vez a todos los bijuu bajo una misma doctrina. Y ahora, ese joven, tan energético y positivo ha tenido el primer episodio de muchos.

Aquel mal que los corroe desde la desaparición del Juubi.

―Era cuestión de tiempo ―comenta Kokuo ―.El alberga ahora toda la entidad de Kurama que antes fue separada, el balance entre su Ying y Yang es frágil sin importar su entrenamiento.

Choumei, bate sus alas y ladea la cabeza ― ¿Y el modo ermitaño? No ha tenido los resultados esperados.

― ¡Es verdad! ¡¿Qué pasó con el jutsu de los sapos?! ― exclama contrariado Saiken.

―El modo ermitaño solo sirve cuando la meditación es perfecta y Naruto ha pasado por fuertes cambios de ánimo.

Los ojos de todos las bestias se asoman hacia la palma de Shukaku, la arena del tanuki se dispersa pronto para mostrar la figura de su jinchuriki, Sabaku no Gaara.

―La situación ahora es determinar cómo apoyar a Naruto desde nuestras posiciones ― aclaró el Kazekage―. Además, Bee-san.

El rapero levanto la quijada hacia el líder de la arena ―. ¿Huh?

Cruzado de brazos, bajo la protección de su bijuu y el respaldo de muchos otros, Gaara continúo su pedido.

―Cuéntanos más sobre ese sujeto, Mazune Kaito.

De la calma nace la tensión, todas las vistas fijas en la respuesta del Hachibi y su compañero. El lugar donde se encuentran no da lugar a mentiras ni engaños, es el templo de quién fue en vida el Sabio de los Seis Caminos.

El lugar donde inicio la historia ninja.

Gaara recalco ―. Estamos esperando, Bee-san.

No existe tiempo para un rap que aminore la situación, solo la tensión rondando entre las grandes bestias. Gyuuki en sí mismo le mira con cierta pena. Un vínculo de alma, de cuerpo los une, une sus emociones, su juicio y lealtad.

Pero… ¿Dónde yace tu lealtad, Bee?

―Kaito es un monstruo renegado de la guerra.

Vagas palabras, desconfianza, sospecha.

―Tendrás que ser más específico, Bee ― exigió Son Goku, caminando en su solemne apariencia hacia el grupo reunido de bijuu ―. Acabo de tener una agradable charla con Kurama, me ha contado cosas muy interesantes… ¿Qué te parece si aclaras la duda?

Saiken saltó en tono de voz, aguda y frenética ― ¡¿Kurama?! ¡¿Cómo está Kurama, Son?!

Son nueve partes de uno mismo, son hermanos, familia. Con preocupación palpable en el aire se remueven todos entre el grupo, preguntas volando y aires airándose Son Goku se acomoda al lado de los demás de una sentada y continua la charla.

―Cansado, pero está bien. Aunque no nos desviemos, hey humano, empieza a escupir la verdad. Todos aquí queremos saber. ¿Qué es ese hombre?


Oficina principal, Torre del Hokage, Konoha

― ¿Qué planea hacer, Hokage-sama?

La rubia alza la vista hacia el Nara, arrugando más el comunicado entre sus manos. Ya devuelta a su oficina, la soberana está más que irritada.

―Vamos a interceptar al Raikage ― aclaró, dando un giro a su silla para mirar hacia el exterior a través de la ventana ―. Le tomara seis días más en llegar aquí, será uno de los ninjas más rápidos del mundo pero debe ser cuidadoso de no dejarse notar entre las aldeas de las fronteras.

Shikamaru asintió, con la lógica de lado, el Raikage no es un hombre de bajo perfil, siempre resalta desde su robusta contextura física hasta su imponente actitud.

―Me sorprende que Suna lograra dar con su ubicación ― comentó despreocupado.

La quinta se guardó una respuesta, concretando el pedido al sucesor de que se apresure con el equipo lo antes posible.

―Debes averiguar que quiere, también necesito saber quiénes vienen con él. Deberías poder identificar a varios conocidos de los batallones de la alianza.

El varón asintió ―. Eso creo, pero ¿qué planea hacer cuando lleguen? Estamos casi seguros de que vienen por el prisionero y Sakura.

Dejándose caer sobre el respaldo de la silla, la Hokage suspiro profundo ―.Te lo diré cuando me traigas el informe de la caravana que viene con el Raikage, puedes retirarte.

El silencio de la sala aumenta el nivel de estrés de la Senju, quién relee de nuevo el mensaje de Suna dirigido hacia ella.

―Fue buena idea pedirle al Kazekage que vigile a Kumo ― menciona en voz baja Shizune, rompiendo su usual calma con un tono más alegre que no llega a reflejarse en sus ojos ― ¿Tsunade-sama?

Su maestra se cubre el rostro con las manos, tirando de sus cabellos. Perdida y agobiada por segundos.

―Debemos aclarar puntos con el Raikage, debo hablar con el consejo ahora mismo, convoca a una reunión de urgencia ― ordenó agotada.

― ¿Va a decirles… sobre el trabajo de Sakura?

Ojos miel dejan caer su vista sobre los papeles en la mesa, sin hallar respuesta.

―Diremos lo necesario, no quiero embarrar a Sakura más de lo que está. Luego nos reuniremos con ella.

Shizune asiente y deja al cerdo mascota sobre el suelo antes de salir. Tonton corre y da un salto al regazo de su dueña, tratando de aminorar la carga emocional con su compañía. La Hokage se hunde de nuevo en el respaldo de la silla, juntando ideas para enfrentarse al consejo.

―Es por eso que no quería ser Hokage, idiota.

Palabras dirigidas a un viejo amigo ya fallecido, junta fuerza y enfrenta de nuevo la pila de documentos e informes en su escritorio, la compañía de Tonton y dos botellas de sake brindando porras de energía ante la difícil tarea que se avecina.


Recostada sobre una camilla del hospital, la médico ve pasar las nubes del atardecer por la ventana del hospital. Una vía intravenosa conectada a su brazo izquierdo con un líquido amarillo naranja goteando por la bolsa es puesta en su sitio por una enfermera, quién nerviosa ve a la ninja sentarse sobre la cama, jalando mantas para cubrirse.

― ¿Necesita algo más, Sakura-san? ― pregunta amable.

Sakura la voltea a ver, con una sonrisa de agradecimiento ―. Es todo, muchas gracias por ayudarme, Mayu.

La enfermera contesta el gesto, tomando de la mano a la Haruno ―. Es un placer, después de todo lo que hizo por mi familia y por mí, no dude en llamarme si necesita ayuda.

―Claro.

Y Mayu, la enfermera de ojos y cabello castaño se encamina a la puerta, sonriente y tranquila.

―Mayu.

Se detiene al escuchar el llamado.

―Guárdalo en secreto, por favor ―pidió, señalando hacia la intravenosa.

Con un "seguro", la enfermera deja a solas a la kunoichi. La quietud del silencio se confunde con el bullicio regular del hospital. Sakura se mantiene en su posición, la ventana abierta y en espera de su usual visitante, quién entra sigiloso por la apertura y se pone de cuclillas sobre el final de la camilla, una cara divertida adornando su rostro.

―Tuve suerte.

Kai asiente en concordancia ―. Muchísima.

Suerte de que existieran esos pacientes y amigos que no hacen caso a los rumores. Ingenuos o creyentes de la mujer que conocieron en Konoha, desconocidos de la persona que se marchó hacía cuatro caños. Mayu era de esos, que tuvo familia muy enferma en hospital por mucho tiempo y gracias a sus habilidades pudieron sanar. De amigos y hermanos que salvaron de morir en la guerra ya sea por su trabajo o la colaboración de muchos medico ninja más; pero que igual le agradecen. Suerte de que realizara cada acción con precisión y sin cuestionar nada, con el recuerdo de la Sakura Haruno que se quedó en la aldea, entrenando para proteger. Nostalgia olvidada, el anochecer por llegar y el cuerpo rogando por el definitivo descanso.

―No hagas alborotos ― pide, antes de cerrar los ojos y sumirse en el sueño.

Kai se baja de la cama para pararse a su lado, vigilante como siempre le ha tocado, observa como con el pasar de los segundos la piel con olor a desinfectante se marca con líneas sonrosadas de cortes y quemaduras, marcas que se muestran ante sus ojos por el caer del chakra de la Haruno.

Marcas hechas por su mano, por la de los enemigos, por festivales, por muertos y vivos.

Cicatrices que se tatúan sobre otras viejas, delinea con la yema de sus dedos una en particular, justo sobre donde está el hígado, una mancha más rosa se torna, y en su mente, cree que le hace buena compañía a aquella que obtuvo Sakura contra el Akatsuki marionetista.

―Juguemos más, hasta que llegue la hora, tienes que mostrarme más cosas divertidas.

Hundido sobre una silla al lado del regazo de la Haruno, Kai duerme también, la mente alerta y el corazón agitado por el porvenir.


Flor, baila, deslumbra, en medio de este azabache infernal.


El suave movimiento de su respiración le tranquiliza, es casi como un distractor que le desconecta un poco de su ambiente, en completa paz se acomoda más sobre el borde la cama, la enfermera Mayu había regresado hacia poco a la habitación para un chequeo, y escondido entre la oscuridad de la entrante noche en una esquina observo la felicidad de aquella simple señorita al ver a su superior en mejor estado.

La picazón en sus dedos se desvaneció bajo la convicción de que Sakura la necesitaba. Buscaría otro para estrangular luego.

Aunque ahora su curiosidad se concentra en la sombra borrosa que se esconde tras la puerta de la habitación.

―No muerdo, pasa a verla de una vez ― exclamo en voz alta, escuchando el tronar de la cerradura. Se da vuelta en la silla, presenciando a la visita con interés y diversión.

Podría matar tiempo con ella.

Sonríe ―. Sakura estaría feliz de hablar contigo, pero como ves, mi querida jefa está demasiado exhausta como para charlar.

Puede ver preocupación, ignorancia y frustración. Es la invitación a jugar que tanto espero. Sakura lo dijo, que no hiciera locuras, pero si se juega las cartas como sabe muy bien, tendrían un títere más entre sus manos.

―Te contaré con detalles si gustas ―siseo amigable ―, conversemos Ino-san.

Chasqueo la lengua al mencionar su nombre, la rubia pasa a pasos suaves en la oscura habitación que es iluminada por la luna justo por donde está la Haruno descansando. Kai la alienta con un movimiento de mano a continuar si camino hacia su mejor amiga, como para inspeccionar su estado. Después de todo, ella también es médica.

Ino alargo la mano hacia la manta que cubre casi todo el cuerpo de su amiga, y al tocar sus dedos con las sabanas, la voz del pelirrojo lanza una advertencia filosa.

―Debo aclarar, que no puedes examinarla de ninguna forma ―. Ella lo mira, y él continua ―, porque si lo haces me veré en la obligación de asesinarte, y no queremos eso ¿verdad?

La pasividad en las facciones de Ino se tensiono, retrayendo su mano en puro reflejo.

―Me alegro que Inoichi-san te hablara de mí, tuvimos un encuentro muy divertido. Incluso le ofrecí invitarte la próxima vez ―comento, como un niño contando sus experiencias del día a un amigo, la infaltable sonrisa hipócrita y juguetona siempre en su rostro.

La Yamanaka arrugo el ceño, su padre solo le había soltado una advertencia seria, jamás le dijo que exactamente le inspiraba peligro del prisionero. Pero en ocasiones solo se necesita el tono de voz adecuado para remarcar la importancia de lo dicho.

― ¿Quién eres?

Kai levanto una ceja hacia ella. La mejor amiga tenía mucha más resistencia mental que su progenitor. Interesante.

―Soy Kai.

Ino apretó los puños, la ira rozando la tensión de su ceño fruncido; él maldito quería fastidiarla.

Dos podrían jugar ese juego.

―No me tomes por idiota.

―No lo estaba haciendo, princesa.

Gruño ―. Puedes reservarte tus halagos, no los necesito.

―Pareciera que los necesitas ¿sabes? ― comentó él, sarcástico ―, con una rata de novio, te ha de hacer falta cariño.

La vena palpitando de ira, observando esa sonrisa de mofa y saber que del prisionero poco de importancia iba a obtener le desespera. Ella solo quería una tranquila charla con su mejor amiga, quería recuperar todos esos años que debió reservar su secretos y cuchicheos para su almohada y explotarlos junto a esa pelirosa tan especial.

―Eh, ¿no quieres seguir charlando? Te has quedado mirando a Sakura un buen rato.

Ino le miró, analizando cada facción de aquel tipo que su amiga llama "ayudante". ¿Qué le pasaba a la frente? Estaba loca, en definitiva, el hombre tiene su atractivo, eso puede verlo; pero Sakura jamás se volvió a interesar por esas cosas desde la partida de Sasuke. Era como un tabú fijarse en lo atractivo de los varones.

Entonces ¿qué? ¿Qué tenía ese prisionero de especial? Información imposible, siendo un convicto su contacto con la realidad estaba cortado, más aun considerando que Kai tenía muchísimos años dentro de Gomi. Siguiente alternativa es que la estuviera chantajeando, pero lo crucial sería con qué tipo de cosa. Para mal de males, conoce a la Haruno como la palma de su mano ―o eso ella cree ― y sabe que el chantaje jamás la ha detenido de sus objetivos. Quizás por ninjutsu.

¡Espera! El equipo siete tiene a maestros en cada arte, ¡¿Qué ninjutsu le haría falta a la frente de marquesina?!

Susurro, despacio, con paciencia y diversión. La velocidad de la trama le es muy lenta, y él solo quiere pisar el acelerador a fondo ― ¿Aún no encuentras nada? ― consultó.

La rubia le vio, desconfiada ―. Vamos, sé que estás pensando. Y créeme, estás feliz de que este al lado de Sakura.

― ¿Qué te hace pensar tal estupidez? ― soltó con veneno en las silabas.

Kai se levantó grácil de su asiento, dando una vuelta alrededor de la cama para quedarse de pie junto a la ventana. Por fin, una pieza de elegancia como el marfil y maleable como cera.

Debiste hacerme caso Sakura, te dije que debíamos salir de aquí en vez de esperar.

―Porque conoces a la mujer que yo conocí hace cuatro años. Al menos, la mayor parte de ella.

Puso una mano sobre las sabanas del borde de la cama, el olor húmedo de la lluvia y los suaves golpeteos contra el cristal de la ventana comienzan a sonar. Se viene una tormenta.

―La cruel realidad es que la mujer que yace en esta cama, frente a ti, es una total desconocida.

Fiereza, verdad, crueldad, sobriedad y dominación pintan sus palabras, con el brillo del fuego de su mirada encendiendo una nueva herida. Ino se mordió la lengua para no gritar antes de defenderse.

―El que está equivocado eres tú. Eres un intruso, un don nadie, solo porque Sakura te haya recogido de tu agujero no asumas que la conoces mejor que sus verdaderos amigos.

―En eso estás en lo cierto ― comentó, bordeando la cama para quedar frente a ella ―. Yo no soy su amigo. Soy más que simple "amistad", yo soy "necesidad".

Los labios se le sellaron ante la omnipotencia de su sola presencia, como si el mirarlo tan fijamente le hubiera dejado muda por completo. Temor, indecisión; cual fuera, los ojos le ardían de rabia. Kai agravo el tono, delineando su cruenta confesión con la cereza del secreto.

―Sí de verdad le conocieras, como no lo haces. Como su mejor amiga no deberías haber pensado que se podría marchar.

Cierto. Ellas eran amigas, de las mejores, desde pequeñas.

― ¿Por qué no lo supiste? Tú la viste ¿no? La visitaste. Entonces… ¿Por qué, Ino-san? ¿Porque fuiste incapaz de predecir sus movimientos?

¿Qué estuvo haciendo? La había ido a ver, por supuesto, ¿Qué había pasado? ¿Qué hizo hace cuatro años? Se estuvo repasando esa escena miles de noches, extrañando, culpando, ¿Por qué no lo recuerda ahora? ¿Por qué esos ojos… tan vivaces y a la vez gélidos, la han hecho olvidar?

―Fuiste tan buena, tan amable que cuando Sakura te dijo que estaba bien la dejaste ser. Te preocupaba más tu clan, tus actividades y tu trabajo que no lo viste.

Rencor, remordimiento, frustración. Aflorando como espinas en sus ojos.

― ¡No sabes de lo que hablas! ― gritó casi a reflejo. Quiere protegerse, no sentir culpa.

El pelirrojo cruzo los brazos, sin dejar de mostrar esa autoconfianza y poderío que le caracteriza.

―Oh, créeme que sé. Porque conozco a los seres como tú, seguro estabas tan preocupada por tus asuntos que le olvidaste. Creíste que como ella había pasado por peor que estaría bien dejarla sola.

Por supuesto. Cuando le visito solo quería verificar su salud, con el hospital estallando de pacientes no podía tomarse minutos libres, su tiempo libre eran vidas sin poder salvarse. Era el llamado del deber. ¿Qué otra cosa tendría en la cabeza? Sakura estaba sana, tranquila, seguro volvería a tratar tan pronto como se recuperara por completo.

―Sin embargo, la dejaste sin saber que sus padres estaban muertos. Sin tener idea que tu "mejor amiga", se quedó sin padres en un cerrar de ojos.

Sí…

La había dejado.

¡Lo siento frente! ¡El hospital va a explotar de heridos, tengo que volver! ¡Te visitare pronto!

―Sigamos hablando, Ino-san. Déjame contarte, porque sé todo.

Déjame contarte, como te reemplace en su vida.

Como he reemplazado a todos sus seres queridos…

Y soy su todo, ahora y hasta que de su último aliento.


¿Sabes? ¿Te dijeron?

La muerte está disfrazada.

Se ha camuflado.

En la carne de un ser vivo viene… viene por un fugitivo.

Sí… la muerte viene… viene por un alma.

Viene en piel de animal y humano, viene por quién resembla las flores.


―Disculpe, ¿ha visto a Ino por aquí?

― ¡Nara-san, que sorpresa! Yamanaka-chan está en el tercer piso, fue a visitar a Haruno―san. Por el pasillo, la última habitación a la derecha.

Shikamaru siguió las indicaciones con aire de pereza, tenía que cumplir el favor, Sai estaba muy ocupado con el desastre en el bosque como para venir. El veterano de Root tenía más trabajo que el suyo con todo el drama de su equipo, mucho, pero se acordaba que tenía una "novia" muy preocupada como para olvidarla así nada más. Solo espera no ser samaqueado a muerte por una exagerada Ino.

―Tiene agallas para estar con ella ― admitió en voz baja, pasando de los pasillos a las escaleras.

Cómodo con la poca iluminación del pasillo siguió su ruta hacia la dirección indicada. Rayos, que problemático tener que buscar a Ino.

― ¡CALLATE!

Sus pasos tranquilos se aceleraron, un reflejo de temor, de adrenalina.

Ino, su compañera, sonaba aterrada.

Abrió la puerta a la fuerza, estampando todo su hombro derecho y con un kunai en mano para arremeter contra el atacante.

― ¡NO ES CIERTO! ¡MIENTES! ¡ESTÁS MINTIENDO!

Ino está de pie, temblorosa, de rabia y tristeza puede decir, en medio de la habitación, apuntado con la mano al cruel pelirrojo de Kumogakure. Kai solo sonreía, directo hacia él, exponiendo un sadismo puro ante la desesperada actitud de la Yamanaka.

Siseo sus palabras con seriedad, manteniendo su postura de calma contra la de nervios de la rubia ― ¿Qué está pasando aquí? ―revotaron como un grito ante el ruido de la lluvia torrencial del exterior.

Ino le volteó a ver, el labio mordido entre temblores y con lágrimas resbalando por las mejillas.

Se veía… tan destrozada.

Shikamaru la jalo hacia su lado, resguardando a su casi hermana bajo su propia sombra, bajo su protección y la mantuvo allí, transmitiendo calma, serenidad ante el errático estado anímico en que la ve.

― ¿Qué le hiciste? ―acuso de frente.

Kai levanto los brazos en señal de inocencia ―. Oye, tranquilo Nara. Todo lo que hice fue charlar, ni la he tocado. Promesa de amigos ― dijo gracioso.

Shikamaru sabe que no le ha tocado, Ino no es tonta como para ignorar una advertencia, que sabe de lleno, ya recibió. Aun así, con solo palabras ¿Qué rayos podría él para dejarla en llanto?

Kai se cruzó de brazos, sereno y juguetón.

El juego aún no ha empezado.

No, esto era solo los toques preliminares.

―La verdad duele, ¿Qué opinas de ese dicho, Ino-san?

Tuvo que alzar el brazo en reflejo para evitar que su compañera se le tirara encima como fiera enardecida.

Con los dedos delineando el contorno de la figura de la Haruno dormida en la camilla, Kai hizo el ademan con la mano de botarlos.

―Es tarde, las visitas están prohibidas a esta hora, regresen mañana si quieren.

Arrastró entre empujones a Ino fuera de la habitación, es peligroso seguir con el tipo sin tener detalles de lo que pudo decir. Al llegar a la puerta y salir, puede sentir su brazo arder ante el apretón de su amiga por las palabras de despedida del pelirrojo.

―Hablemos pronto, mejor amiga.

Y cerro de un portazo, sin saber muy bien que es adecuado decir. Caminaron en silencio, negó decirle sobre Sai por el momento, mejor esperar a que estuviera más calmada. Al bajar por las escaleras ella se detuvo.

― ¿Tienes tiempo para charlar, Shikamaru?

Asiente, más relajado ―. Ah, ¿A dónde vamos?

Ino se restriega las lágrimas con las mangas de su ropa y respira profundo, dando una larga mirada densa de vuelta al corredor del piso.

Se decide por el lugar ―. A un bar, necesito alcohol para contarte lo que pasó.


La fría brisa de tormenta mengua con los tímidos rayos solares que se asoman por entre las espesas nubes, es la misma tenue luz la que ilumina golpea los cansados ojos de Sakura Haruno, quién está de pie, con una bata de paciente y el cabello tendido al aire, pies envueltos en cálidas sandalias, soltando suaves palabras al escenario que se ve desde el techo del hospital.

Le arde el pecho, y no precisamente de dolor físico. Es más emocional, más tétrico.

Culpa al espejo del baño de hospital, su organismo se levantó temprano, regresando toda la comida que ingirió en los últimos días tan rápido como pudo abrir la boca. Kaito ya no estaba en la habitación, solo la nota de que iría por medicinas y ropa nueva. El agrio y fuerte sabor del vomito se borró entre mucha agua caliente de la ducha y tragos profundos de enjuague bucal.

Bajo el contacto del agua caliente, la ducha se sintió larga, hasta que el agua se tornó fría.

Recostada sobre las baldosas del baño y con una toalla rodeando su cuerpo, enfrento la fealdad del espejo.

No hacían falta ojos para notar el deplorable estado de su piel.

Los jutsus no hacen milagros, al menos no los suyos, solo postergan lo inevitable. La hacen más ciega.

Estuvo orgullosa de las cicatrices de batalla, pero jamás creyó tener tantas y tan diferentes, quemaduras, mordiscos, cortes, pinchazos y demás llenan su piel como las letras a crucigramas. Muchas no tan visibles, otras más notarias, son un variopinto recuerdo de su vida. Con la bata puesta, la mente confusa y el deseo de calmarse llego hasta el techo, se paró en medio de este y solo vio el cielo, pensando, rememorando, suspirando preguntas que tienen respuestas y otras que simplemente se cruzaron en el camino.

―Deberías esperar en la habitación.

Se gira a Kai, lentamente, aun cansada.

Siente que los labios se le destrozan al sonreír en complacencia ―.Estoy bien.

El pelirrojo se acerca, la rodea con una bata larga. Cubre las cicatrices, casi todas. Por eso la ha escogido.

―Volvamos a tu habitación, debes dormir más.

Sakura niega con la cabeza―. Quiero verlos.

No es tonto, se pone rígido al instante y la toma de los hombros, con seriedad―. No en este estado.

―Kai.

―Debes descansar más.

―Lo sé, pero necesito aclarar este embrollo primero. Antes de que Tsunade―sama u otros arriesguen más nuestra situación.

Los dedos del prisionero se hunden bajo sus hombros, preocupado.

―¿Qué sucede?

Guardas silencio y avanzas a las escaleras, sin mirar atrás. Confiesas, con aire calmado, sereno y a entero conocimiento de tus palabras.

―El tiempo se agota.


Marioneta, no te rompas.

La obra no ha terminado todavía.


La acompaña en silencio, bajando por las escaleras hasta aquella silenciosa sección donde abundan los miembros del ANBU, todos de pie en frígida postura. Mascaras de animales se giran al verla caminar al lugar, susurros, comandos, muchos a cada paso que da hacia la susodicha habitación. Kai se detiene, este es el límite que deja marcado.

―Ya fui interrogado, puedo huir aun ahora, pero debes decirme si he de dejarte aquí con la plaga.

Sakura aprieta su mano, se ve segura, al menos lo parece.

―No seas tonto, estaré bien. Está mi aldea después de todo. No es como si me fueran a ejecutar.

La vez directo, ¿era tonta? Tú puedes sentir el miedo, la inseguridad, sabes que ella no desea pasar por esto. Que quiere correr, esconderse en un lugar oscuro y gritar.

Sin embargo…

No le das ese placer.

―Sakura.

Te acercas a ella, delineas con tus dedos el borde de su cuello hasta enterrar tus dedos sobre su largo cabello rosa y jalarla sin cuidado hacia ti. Ella emite un sonido de molestia, muy bajo, suena como un gemido. Susurras con cuidado de no ser escuchado por el ANBU que se acerca a grandes zancadas hacia ustedes, tu voz suena rasposa y temible.

Quieres que capte el mensaje.

―Tu muerte me pertenece, ese es mi derecho ― dejas un suave beso en el borde de la comisura de sus labios, mirándola a los ojos, con esa pasión torcida que solo tú conoces ―, no se te olvide.

Te apartas rápido para correr a la ventana y saltar fuera, eres una bestia, eres el lobo. Paredes y humanos no te detendría. No está para sentimentalismos, tampoco para ver a ese equipo que le enerva tanto.

Iría a jugar. Sí, a jugar.

El tiempo se agota, deben mover más rápido más piezas. Deben dejar todo antes de que sea muy tarde.

El ANBU toma a Sakura de ambos brazos, murmurando palabras sobre el fugitivo prisionero que escapo sobre sus narices. No tienen delicadeza al jalarte por los brazos, un poco más y podrían arrancártelos de un tirón.

Estás cansada, exhausta todavía, pero tienes fuerza para empujar con fuerza a los dos agentes y alzar la voz con autoridad.

― ¡Aprendan a tratar a una dama, imbéciles! No soy un muñeco de trapo, ahora exijo saber a donde pretenden llevarme.

Ha de ser por los dos hombres de la elite shinobi tirados en el suelo, por las miradas impresionadas de la gente del hospital o la poderosa postura con la que proteges tu posición que el líder, o él que parece dirigir se acerca y te hace reverencia.

―Lo sentimos mucho, Haruno-san. Tendremos más cuidado en el futuro.

Te cruzas de brazos, no toleras la falta de respeto ― ¿Qué quieren? ¿Hokage-sama los mando?

El líder se alza, la máscara de un ave hace difícil ver su expresión ―. Hemos sido ordenados de escoltarte.

― ¿Escoltarme? Yo le llamo arrastrar ― alzas la voz, no te dejaras menospreciar ―, ¿quién los manda? Sé que la Hokage no lo ha hecho, es incapaz de exigir ver a un médico luego de doce horas seguidas de turno.

Son seis ANBU, es fácil identificar a dos del clan Aburame, pero los demás son completos desconocidos. Un segundo se acerca un poco, es el idiota que tiraste al suelo de un empujón.

―Reitero mis disculpas, creímos que escaparías como el prisionero de Kumo.

Te rodean cautelosamente, no opones resistencia, hay demasiados problemas aún.

― ¿Qué necesitan de mí?

El líder saca unas esposas, identificas al instante los símbolos de un sello de chakra. Serás prisionera.

―Venga con nosotros, Haruno-san.

Escapar es imposible, tu cuerpo no resistirá ni un impulso de chakra, sería como mandarte a dormir de un golpe a la cabeza. Las consecuencias del jutsu son en extremo fuertes, no podrás levantar la mano en defensa por algunos días más.

― ¿Quién los ha mandado?

El tronar de las esposas te alerta del paso que da el ANBU hacía ti, del sonido de las tanto siendo desenvainadas, de la fuerza de respiración con la que planean atacarte.

―Huir es inútil. Venga con nosotros, Haruno-san. Es por su propio bien.

La puerta se abre y ella retrocede en el acto. Ese cabello platinado con el que soñó de niña protegiéndola como un segundo padre, esa juventud eterna que se pierde cuando su voz suena cada vez más grave y profunda, casi lejana, se asoma por la puerta. Con esas sonrisas.

Esas sonrisas. Ese todo está bien.

Es ese Kakashi.

Ese maestro despreocupado. Ese mismo hombre de cuando eras gennin.

¿No es reconfortante? ¿No trae recuerdos? Míralo, es él mismo, viene a hacerte sentir segura.

Míralo, Sakura.

Viene a quitar la debilidad que sabes que todavía existe.

―Te están esperando.

Con esa actitud de padre. Pero tu padre ya está muerto. Mamá también. Hey, ¿entramos?

― ¿C-Como se siente? ― titubea al principio, los brazos alrededor del cuerpo, camuflando su nerviosismo, encerrándose en su cuerpo como un escudo.

¿Cómo se sentirá cuando seas tú sincera?

―He tenido peores ― bromea.

Ríes un poco, muy bajo ―. Es mentira, se ve fatal.

Kakashi se hace un lado de puerta, saliendo con una muleta bajo el brazo y te tomas la paciencia de evaluar su estado. Su cercanía te hace sentir ese aire viejo de chakra curativo emitido hacia un cuerpo por mucho tiempo. Ves raspones, ves vendas, ves manchitas pequeñas de sangre aquí y allá. Por momentos parece una momia y no evitas pensar que el blanco de las gasas combina bien con su peculiar cabello y la máscara ancestral.

―Las enfermeras exageraron ― dice él, tú asientes y sonríes para el interior. Kakashi siempre era mimado en el hospital, todas esas damas aprovechando una oportunidad con tu ex sensei ―. Te ves pálida, ¿trabajando de nuevo?

―Uhm, no pude quedarme de brazos cruzados, ya me conoce.

Bajas la mirada, verificando si las cicatrices se han mimetizado de nuevo con tu piel. Bien, ya no se ven. Se han ido. Ocultas de nuevo bajo tu chakra.

―Lo sé…

Su cálida mano, tan grande y callosa como la memoria de tu padre. Esos vagos recuerdos de aquel chistoso hombre que se volvió civil por ti, un mercader, un padre allegado. Los ojos te arden. Solo por sentir su tono de voz más confortable, más paternal. Te ve como una hija, como la que nunca tuvo.

―Siempre ayudas a quién te necesita, eres ese tipo de persona.

Hebras se remueven bajo el masaje de su mano en su cabeza. Se siente calma, orgullo, cariño… te sientes amada.

Abres la boca, el llanto quiere escapar.

―Oh, ANBU-san creo que se equivocó de persona. Sakura-chan ha venido a visitarme, ¿pueden irse por favor?

Él no es leyenda por gusto. El ANBU se inclina al instante sobre el suelo y se aparta de la joven kunoichi, no es posible ir contra Hatake Kakashi, no si quieres seguir en tu puesto de trabajo.

―Has que pase de una vez, Kakashi.

Sasuke.

Viene de adentro de la habitación. Kakashi se despide y te empuja dentro con palabras de ánimo. No sabes que mirada responder primero. Si ese azabache oscuro, o el azul cielo brillante. Mejor ir de frente al punto.

―Tenemos que hablar.


Fronteras del País del Rayo

―Es tan raro, nos está llamando mucho antes de lo planeado.

Fuertes corrientes de aire caliente se desprende del suelo, fuentes térmicas crean una neblina de vapor que por momentos deja ciegos a los soldados.

―Estoy seguro que Kaito-dono fue quién nos mandó llamar.

― ¡Argh! ¡Sí hay algo que me molesta es servirle a ese! ¡Un traidor de su especie! ―grita frustrado un tercer personaje, arrastrando dos pesados cuerpos con una de sus manos.

Detrás de ellos, la figura a cargo comenta con voz neutral ante el espectáculo de sus compañeros ―.Cállate y haz el trabajo. Estás notician tardaran en llegar, debemos movernos fuera de aquí.

Los tres sueltan un sí es sus diferentes muecas, apilando cuerpos uno sobre otro en un montículo de muerte y peste que sucumbe entre el ardor del ardiente fuego, una columna de humo se alza entre el turbio cielo oscuro del bosque.

―Pongámonos en marcha, queda mucho trabajo que hacer.

El calor del fuego entre las ennegrecidas nubes llama a la tormenta, una potente lluvia cae como llamada por el pecado presenciado, inundando aquella peculiar pila de cuerpos descompuestos y trayendo un río de sangre sobre la tierra del bosque. Simula un lamento sobre la masacre ocurrida, entre el fluido carmesí que parece nunca acabar, las sombras de los perpetradores dejan solo a la vista el símbolo de un tatuaje marcado sobre la infinidad de cadáveres.

El susurro del líder que cubre su rostro tras el genocidio espanta las aves con un estridente chirrido de terror.

―Dios está de nuestro lado.


Bosque de Konoha, sección Noroeste

― ¿Por qué has venido? ― pregunta de mala gana.

El visitante no hace caso a sus palabras y pasa dentro.

―Hinata está preocupada por ti.

―Se ocupa de Naruto y luego se acuerda de mí, puedes decirle que me morí para lo que me importa.

Shino se mantiene impasible, simplemente observando a su mejor amigo entre la jauría de perros ninja. Es la primera vez que lo ve tan salvaje y rebelde. Tsume le dijo que había desaparecido de la casa, que ni bien le vieron las heridas se fue a quién sabe dónde, llevándose consigo a todos los ninken del clan sin decir nada. Encontrarlo entre el bosque, rodeado de canes que lo ven con filosos colmillos y un gruñido insistente lo pone alerta. El instinto de lucha lo sobrecoge, puede saber que si deja libre a sus insectos se retraerán de temor hacia él de nuevo.

Este Kiba no es su mejor amigo.

Esa batalla le ha dado el derecho de reclamar su posición como sucesor del clan, los ninken lo saben y por eso le han seguido.

― ¿Qué haces en el bosque?

Kiba lanza un bufido ―.No quiero ir a la aldea, estaré aquí un tiempo, tengo todo lo que necesito así que regresa a tu casa Shino.

―Estás huyendo de los problemas.

Kiba se levanta, el gruñido de violencia aumenta entre la jauría Inuzuka y sin voltearse es Kiba quién lanza su amenaza contra Shino tras un simple movimiento de su pie derecho.

Dolor.

El sucesor Aburame cae hecho un saco de plomo sobre el suelo, rodeado de decenas de ninken que se lo llevan con el agarre de sus fauces de vuelta a la aldea. Akamaru es el primero en acercarse al alfa del clan, Kiba le sonríe más relajado, restregando con el dorso de su mano su propio ojo derecho.

―Kaito tuvo razón, el sacrificio sí que valió la pena.

Akamaru lamió su rostro, emitiendo un gemido de lastima hacia su compañero de batallas.

Se lamenta en su propio lenguaje, la visión sacrificada del ojo derecho.


Habitación de reposo, Hospital de Konoha

― ¿Estás seguro que fue una buena idea?

―Quién sabe.

― ¡Deberías tomarte esto más en serio, Kakashi!

―Mah, relájate un poco Kurenai, no es como si se fueran a matar dentro del hospital.

La especialista ilusoria soltó un bufido ―. La última vez terminamos con casi diez kilómetros de deforestación, perdona por estar preocupada ― soltó a puro sarcasmo.

La discusión de los jounin que acompañan a Kakashi en su recuperación de hospital se acalla ante el sonido de la puerta, sin permiso alguno entran los consejeros de la aldea. Shikaku junto a Choza se disculpan con la interrupción, una mirada seria y fría dirigida en directo al Hatake.

―El consejo exige tu inmediata presencia Kakashi.

― ¿Por qué motivo?

Shikaku se cruza de brazos―. Están discutiendo sobre la libertad de tu alumna, Haruno Sakura.

Kakashi entrecerró los ojos ― ¿Bajo qué cargos?

Choza intervino esta vez ―. Por conspiración contra Konoha.


Tomo una silla de la habitación, la arrastro al medio y se sentó en ella con gracia, el silencio sobrecogido entre todos la pone más tranquila, con los brazos cruzados y bajo una prudente distancia, comenzó a hablar.

―La técnica no controla al bijuu, solo se come el yang más superficial de la criatura contra la que va en lucha.

Sus palabras, lejos de traer tranquilidad al rubio jinchuriki, solo parecer enervar la desconfianza entre los tres.

― ¿Desde hace cuánto sabes de su habilidad?― preguntó desconfiado el Uzumaki.

―Bee―san fue contenido por la misma habilidad hace cuatro años, cuando entrene con él. Desde entonces estoy consciente del poder que tiene con los bijuu, sin embargo es un secreto que Kumo me ha confiado.

Sasuke alzo la voz―. Tu suposición implica que Kumo posee un arma contra los bijuu de otras naciones.

―No es una técnica que se use a placer. Tiene un precio que no se cumple sin el consentimiento del que la realiza ―retó.

Naruto no se siente tan reconfortado con la respuesta. Puede descubrir mentiras, y sabe que Sakura dice la verdad, sin embargo, el sentimiento de desconfianza sigue latiendo en su pecho, advirtiéndole que algo malo se escabulle dentro de la confesión de la pelirosa.

― ¿Qué precio? ―sentencio el moreno.

Sakura cerró los ojos con pesar ―.Diez años de vida.

Arrugo las sabanas bajo sus dedos, la mala sensación solo se agrava desde el fondo donde Kurama descansa.

―Kaito entrega diez años de vida cada vez que usa esa técnica, debe hacerlo en completa voluntad o no funciona. Sus invocaciones son parte de un jutsu prohibido que se creó en las tierras bajas de Iwa hacia milenios, él las adquirió por mano del ultimo portador antes de ser encarcelado y oculto su poder gracias a que los prisioneros de Gobi no tienen contacto con el mundo de afuera.

―Entonces, ¿Cómo sabía que podía usarlas contra Killer Bee? ―cuestiono Sasuke.

―Cuatro atrás, cuando llegue a Kumo, le pedí a Bee―san entrenarme. Durante ese tiempo, siempre hubo ocasiones donde tenía fuertes dolores de cabeza y malestares, como su médico fue fácil notar que provenían del chakra de su bijuu, el Hachibi. Un día me atacó fuera de control, estaba desangrándome cuando Kai apareció a mi lado y por instinto retuvo al bijuu. Fue pura coincidencia.

Gruño confuso―. No esperas que te crea eso.

―Cree lo que prefieras, Sasuke. Es la verdad. Podrás escucharla de boca del propio Raikage cuando llegue a la aldea.

― ¿Raikage? ¡¿Por qué está ese viejo viniendo?! ― exclamo preocupado Naruto.

Sakura giró la vista levemente hacia él ―. Planeo venir desde que me envió aquí, asuntos políticos entre ambas aldeas ―giró su vista hacia Sasuke, remarcando su punto con un tono más alto de voz ―, lo sé porque lo escribió en código dentro del pedido de nacionalización, si es que te lo preguntas.

El Uzumaki se giró confundido a su mejor amigo. ¿Nacionalización? ¿Qué se traían esos dos? Le estaban guardando un secreto…

―Naruto.

Sus ojos jade brillaban, serios, tranquilos.

―No planeaba decirte esto, pero lo escucharas en el consejo después así que te lo diré de frente ― apretó las manos sobre su regazo, preparada para sus palabras ―. La razón que estoy aquí es porque Tsunade-sama me ha otorgado un plazo para tomar una decisión.

No comprende, porque aún esta aturdido por la magnitud de sus actos. Apenas había despertado y escucho a Sakura hablando con Kakashi en la entrada. Su cuerpo le ardía, los músculos están agarrotados y siente un pesar en el alma que no cesó por nada. Esta agitado, espiritualmente. Flashes del desastre ocasionado flotaron de repente en su cabeza al abrir los ojos, una fuerte pesadilla hecha realidad. Se veía así mismo como un zorro enloquecido, destrozando árboles y ninjas con la fuerza de sus garras.

Y, entre lo más claro que tiene, justo antes de caer en la oscura inconsciencia, está la textura de la sangre entre sus dedos, escurriéndose.

Podía verla aún, escarbada entre el borde de sus uñas.

La sangre de Sakura, bañando sus dedos.

―Me iré de Konoha, permanentemente.

― ¿Qué? ¿Qué acabas de decir? ― repitió, perdido en su propio limbo mental.

Sakura se acercó un par de pasos, sin perder la solemnidad de su temperamento.

―Kumogakure me ofreció la nacionalidad. Y la he aceptado. La razón de mi estadía en la aldea es porque Lady Hokage piensa que me hará cambiar de opinión.

Traga duró.

―Me estás jodiendo…―susurra, la cabeza gacha, los ojos perdidos entre largas mechas rubias. Tenía que ser mentira ―. Todo este tiempo… ¿por qué?

Sí quieres saber cómo se siente arrancar la esperanza de alguien que se aferra a ella con desesperación, debes hacerlo tú misma. Ver directo a sus ojos y quitársela.

Aguanto las ganas de acercarse a la cama del rubio, estrechando sus brazos contra su cuerpo.

―No tengo razones que me aten a Konoha, eso es todo.

Crack.

Duele.

Duele… Sakura.

¿No te duele? Acabas de destrozar un corazón… ¿no te lo duele?

Cristales volaron de la mesa de medicamentos al suelo. El estridente sonido del choque trae dentro a los Anbu, quiénes de inmediato toman a la Haruno por los brazos, dispuestos a sacarla de la habitación.

― ¡LARGUENSE!

Gotas de nerviosismo, miedo y respeto.

― ¡P-pero Uzumaki-sama!

― ¡QUE SE VAYAN HE DICHO! ― gritó.

Sasuke se pone de pie, evadiendo los cristales e instrumentos médicos que rodean el suelo.

―Váyanse.

Los ANBU no se retraen como con Kakashi, por el contrario, aprietan más los brazos del médico sin cuidado e intentan sacarla de la habitación a rastras. El gemido de dolor que emite Sakura al ser jalada sin discreción alguna no ayuda a disminuir su furia. El remolino de su fuero interno está activo de nuevo, un huracán, un tifón; se siente fuera de su propio control.

Se lanza contra los tres miembros enmascarados que sujetan a su amiga, porque sigue siendo su preciada mejor amiga, y evade el corte de un cuarto Anbu que se pone al frente para evitar que libere a la médico. No cuesta nada mandarlo volar de un golpe contra el pared, puedes oír que le quitaste el aire. Con los vidrios tronando bajo tus pies, te mantienes quieto.

―Suéltenla, ahora mismo ―demandas.

El líder del grupo hace una señal inhóspita al grupo y uno de ellos suelta a la chica, solo para ponerse a la defensiva.

―Uzumaki-sama, retroceda. Nuestra orden fue llevarnos a Haruno-san, ya le hemos dado suficiente tiempo.

El Uchiha se acerca apenas un paso― ¿Quién les ha ordenado tal cosa? ¿Quién tiene una orden superior a la de tu superior directo? No olvides tu posición.

El líder asiente ―. Uchiha-san tiene razón, sin embargo, se nos ordenó llevarla a toda costa. Nuestra posición como ANBU es obedecer las órdenes.

Naruto gruñe, siendo acallado por una mirada de su compañero de equipo.

― ¿A dónde se la llevan? ― cuestionó Sasuke.

―No podemos darle esa información.

La respuesta es clara, no dirán ni una palabra.

―Hablaremos con la Hokage para aclarar la situación, dejadla ir.

El líder niega, sin perder su posición de alerta ―. Me temo que no es posible, puesto que la orden no fue dada por Hokage-sama, ella no tiene jurisdicción en nuestra captura.

El rubio alza la voz, indignado ― ¡Suelta a Sakura-chan o no respondo!

Sakura estaba lastimada. Habían peleado por casi una semana, apenas y estaba despierto pero puede decir que el cansancio es notorio en sus facciones. El, siendo poseedor de un bijuu con alta habilidad de recuperación, se sentía como una pieza de plomo, atado al suelo.

―Iré con ustedes.

Una ráfaga de emoción la remece.

Son los restos de un adormilado bijuu, remeciéndose sobre su sueño ante la ira de su contenedor. Dejó la resistencia al instante, su presencia no debe perjudicar al Uzumaki, al menos no en el aspecto político.

Con la voz calmada, intento tranquilizar al ojiazul ―. Está bien, podemos conversar después. Cálmate, solo harás que se te abran las heridas.

Sonrío como recordaba hacer cada vez que le curaba las heridas hacia años. Es hipócrita, le acababa de apuñalar por la espalda al confesar la nacionalidad con Kumo, y ahora, ahora tenía el descarado de querer detenerlo de ayudarla. Qué asco. No sabe ni que expresión poner para evitar más riñas.

―Síganos, Haruno-san ― indico uno de ellos.

Los segundos de paz que siguen a sus pasos rumbo a la puerta se ven llenos de una aplastante aura. El aire se le atasca en la garganta, sofocada por la omnipresencia del jinchuriki en un solo pestañeo. Un grito, un ANBU caído sobre el suelo, la muñeca notablemente fracturada; iris rojizos, una fina línea horizontal cruzada por otra perpendicular. Los ojos de un sabio, los ojos de un bijuu. La mezcla de las dos habilidades del shinobi más fuerte del mundo ninja.

Son los ojos que salvaron al mundo.

― ¡RETENGANLO!

Se vio impulsada hacia la puerta con suma rapidez, intento resistirse para calmar a su mejor amigo. No podía dejarlo así, hundido en confusión, tenía que calmarse. Tenía que hacerlo ver, que el monstruo dibujado ante los shinobi que la apresan es solo una mezcla de emociones, un error momentáneo. Por el rabillo del ojo ve a Sasuke retroceder, impotente por su estado físico. La presencia de más ninjas es captada por sus adormilados sentidos, intenta razonar entre miradas al ver a cada ninja caer ante los pies del Uzumaki como moscas.

― ¡Deja de atacarlo, solo lo alteras más! ― le gritó al líder del grupo, quién está más cerca a su posición.

La máscara de pájaro le ve, impasible, analizando la situación.

―Llévensela de aquí ― ordeno.

No alcanza a soltar palabra cuando le cubren la boca con la palma y un golpe firme en la espalda logra encarecer su salud. Busca con la vista perdida a Naruto, a Sasuke; a sus chicos. Oye vagamente la voz de Naruto en la lejanía, ve sombras que asemejan mucho a los miembros de su generación corriendo por el pasillo del hospital. Qué pena, hacer tremendo espectáculo frente a los pacientes y aldeanos. Pensarían que Naruto es una bestia, no digno de confianza, que es muy blando con ella, que no es capaz de mantener un juicio objetivo ante las sospechas que la rodean.

Ser Hokage se ve más negro ahora.

¡No!

Impulsada por el negativo pensamiento de ver el sueño de Naruto destrozado utilizo lo mínimo de chakra en su cuerpo para zafarse de sus captores e ir hacia su equipo. Que nostálgico. Ella corriendo hacia ellos. Intentando detenerlos.

Como ese día en la azotea.

Subestima a creces la debilidad de su cuerpo ante el uso de más chakra. Se descompone mientras otras máscaras vuelven a tomarla para llevársela, supone a prisión o a un extenso interrogatorio. Estira la mano hacia el rubio, quiero detener su desenfreno, quiere decir déjalo ya, esto es mi culpa. Yo me hice esto. No te conviertas en el villano, tonto.

Déjalos llevarme, déjalos cumplir su justicia. No manches tu ser por mi culpa.

Gritos de enfermeras, de pacientes, de niños y adultos llenan el pasillo ante el creciente número de jounin y ANBU que intentan en vano poder detener al hijo del cuarto. Sasuke hace un esfuerzo por retener a su compañero, pero sus esfuerzos terminan en simples empujones y gruñidos que no hacen más que enervar más las ansias. Su chakra está dormido también, el Susanno lo ha dejado exhausto, no puede siquiera imponer un genjutsu o truco ocular para detener al futuro Hokage.

Susurro, con la voz agotada por la resistencia ―. Detengan esta locura… ―porque es una locura que se presencie tal desastre. Logra ver las posiciones de manos que realiza el ANBU frente a ella.

Lucha más fuerte.

No ese sello.

No usen eso sobre su cuerpo.

De su garganta no salen nada, solo gira la cabeza a un lado y espera la incontenible ola de sufrimiento envolverla. Aprieta los dientes más que puede al sentir la corriente de aire pasar sobre su rostro, es incalculable saber cuánto ha de resistir.

―Estás a salvo.

Como magia, el ardor de sus brazos y muñecas por el agarre se ha ido. Su cuerpo no está más presionado contra el suelo para someterla, el dolor se ha ido, por unos segundos, dejando una cálida corriente envolverla con caricias. Tantea con las manos identificar que la sostiene de forma tan protectora, los iris jade tiemblan de emoción al reconocer el añorante calor del Uzumaki sobre su piel, su pecho junto al suyo, espirando paz y armonía. El azul cielo sonreírle a través de su mirada, una sonrisa confiada y la delicadeza al tocarle que recuerda desde su infancia.

―No te dejaré ir tan fácilmente.

El corazón le salta del pecho, sin expresión posible se deja proteger por el hombre que la sostiene. Todo está bien, todo está bien.

Naruto es Naruto. No importa que haga.

―Me pregunte porque tardaron tanto, debí suponer que sería obra tuyo, mocoso.

Aquella longeva voz que aprendió a relacionar con estrés y fastidio se dejó escuchar entre los quejidos de los caídos sobre el piso del hospital.

― ¿A qué se debe la interferencia, Uzumaki Naruto?

De pie, tan fríos y calculadores como siempre están Koharu Utatane y Homura Mitokado, los vivientes miembros del consejo de la villa de la hoja manifiestan sus preguntas al rubio. Siente ser levantada hasta ponerse de pie gracias al apoyo que tiene por el brazo de Naruto alrededor de su cintura, confronta la vista de ambos consejeros con el respeto que le inculco su fallecida familia, pues aunque le repulsan, siguen siendo lo último de una era de ideales y lucha.

―Ustedes dieron las ordenes ― dijo Naruto, más como un hecho que una consulta hacia los ancianos.

Homura levanto la voz ―. En efecto, tenemos fuertes razones para interrogar a la muchacha, no hagas esto más difícil y entrégala.

―No.

Koharu golpeo su bastón de madera contra el suelo, causando un eco intimidante ante los presentes― ¿Tenemos que recordarte tu posición, jinchuriki? Danos a la chica en este instante.

Aprieta los dedos sobre su palma al ver la gran bola de nieve que comienza a formarse debido a su causa. Discutir contra los consejeros es como nadar contra la corriente y esperar no ahogarte en el intento.

―Confía en mí, Sakura-chan.

Las palabras se curvaron sobre sus oídos en un bajo suspiro, volteo a ver de frente al muchacho, su rostro sereno y tranquilo. Tan maduro y confiado, tan sabio de sus propias palabras. El Uzumaki no la suelta, tampoco cede ante los acusadores rostros de los miembros del consejo.

―Haruno Sakura enfrenta cargos por conspiración y traición, debe ser juzgada en este instante. Entrégala y no hagas peor tu situación, Uzumaki.

Homura espera ver indecisión por parte del príncipe Uzumaki, sin embargo una sonrisa zorruna es la respuesta a sus predicciones.

―Sí la quieres ven por ella, anciano ― tentó el rubio ―. No intentes esconderte tras tus oficiales, ni usar a mis compañeros contra mí. No estás en posición de detenerme si te enfrentas a mí, Homura.

Koharu alzó la voz, contrariada ― ¡¿Cómo te atreves?! ¡¿A quién crees que le hablas niñato?!

― ¡ESO TE PREGUNTO YO A TI, VIEJA! ― Exclamó enfadado ― ¿Quién te crees que eres para demandar acciones sin la aprobación del consejo de los clanes? ¡Que no se te olvide que tu autoridad ya no es la misma que hacia una década!

Ambos ancianos se quedan en silencio, rechinando los dientes ante la altanería sustentada del futuro Hokage.

―Sí quieres llevártela trae al consejo aquí, cuando todos estén de acuerdo podrás interrogar a Sakura, con la supervisión de la Hokage y no bajo tus métodos privados, Koharu ―siseo seguro Sasuke ―. Pero no olvides, que quienes manejamos la decisión final somos Naruto y yo.

Sakura tarda en notar el momento en que Sasuke se posiciona a su lado, al opuesto de Naruto, y manifiesta su apoyo con clara convicción.

―Si quieres ponerle un dedo encima, pasarás por nosotros primero.

Los papeles revertidos. Las palabras usadas en diferentes contextos. Ella siendo protegida de un posible inferno dentro de su propia aldea. Resguardada bajo el velo de los herederos de los dos clanes con más influencia en toda Konoha.

Uzumaki y Uchiha.

Protegiendo a una ninja como ella.

Aún después de las palabras que dijo en contra de Naruto. De lo ataques que le propino a Sasuke en batalla.

Cerró los ojos con fuerza para aguantar el escozor que nació desde su estómago antes de dejarse ir por su propia debilidad.

¿Qué he hecho para merecer su apoyo?

―Naruto tiene razón, lo mejor es que regresen por donde vinieron.

Tsunade se abre paso entre los shinobi hasta llegar al lado de los miembros del consejo, dando una ojeada larga a los ninjas repartidos en el suelo.

Se cruzó de brazos ―. No recuerdo darles autoridad sobre mis subordinados, así que antes que los procese por abuso de autoridad desaparezcan de mi vista.

Si las miradas matasen. Los ofendidos ancianos partieron indignados del lugar, seguidos por las curiosas miradas de la gente dentro del hospital.

― ¡El show término! ¡Sigan con sus obligaciones!― exclamó en alto la Hokage ―. Y ustedes ― dijo, apuntándolos con la mano ―, a mi oficina ahora.

Se ve fastidiada, pero alegre de que los chicos estén por fin despiertos y, aparentemente saludables.

―Si pueden causar tantos problemas pueden explicarme el desastre del duelo, síganme.

Caminaron detrás de ella, preferible conversar con la presencia mediadora de Tsunade antes que colisionar de frente con los caracteres de ambos herederos. Siguen a Tsunade hasta la salida del hospital, pasando rápido y sin detenerse a responder las valientes preguntas de algunos aldeanos o negar las acusaciones negativas que se escuchan en contra de la fémina del equipo siete. Sakura sigue siendo sostenida por Naruto, con Sasuke a su lado opuesto. Esta aún agotada como para rechazar la ayuda.

Sus pasos, en un momento de la caminata, se detienen al lado de los del rubio.

Tsunade y Sasuke avanzan un poco sin notarlo, pero con la voz de Naruto ambos giran hacia ellos.

―Tendrá que ser más tarde, baa-chan ― dice en dirección a la Hokage. Sasuke, con las manos en los bolsillos levanta una ceja ante la excusa de su mejor amigo, ¿qué estaba haciendo? ―, vendré a recogerte después.

Sasuke asiente y cuando la Haruno abre la boca para pronunciar palabra, la visión del camino de la aldea se ha ido. Solo ve una amplia habitación de piedra, el kunai del cuarto colgado sobre el símbolo de Uzhiogakure en una pared, muebles de una sala de estar y ninguna puerta en la basta amplitud del lugar.

Naruto la llevo hasta un sofá y la empujo para que tomara asiento, con los ojos escaneando cada rincón del desconocido lugar pasa por desapercibido cuando Naruto toma una silla de un lado del espacio y se sienta muy cerca, frente a ella.

―Sakura.

Reencuentra su mirada, fuerte y decidida.

―La única forma de entrar y salir es con mi Hiraishin.

Analizas la posibilidad de romper los muros, pero no estás segura de que tan profundo dentro de tierra o si siquiera estas bajo ella. Sientes un cosquilleo entre tus dedos, Naruto tiene sus manos entre las suyas.

―Estamos bajo el agua, te ahogarías antes de llegar a la superficie.

Bajas la mirada un poco, intimidada por el firme tono que tiene su voz al hablarte.

―Mírame, Sakura.

No lo haces, intentas ponerte de pie de un salto pero sus manos te regresan con fuerza al sofá, ahogas un gemido de sorpresa solo para reencontrar sus ojos escaneándote, viendo dentro de ti, de tus intenciones.

Viendo la verdadera tú.

―Nos quedaremos aquí hasta que me digas toda la verdad.

Te ha atrapado. Con esa actitud de ayudarte, de brindarte apoyo, te quito de las fauces del consejo para tenerte entre las suyas.

―Habla Sakura.

Aprietas los labios, nerviosa.

―Intenta engañarme, sabré si me mientes ― es una amenaza con doble filo, suena tan pretenciosa y mortal.

Lo sé. Tú… odias a quienes se engañan a sí mismos.

―Naruto, yo…

Traga duro, juntando aire para hablar. Lo tienes tan cerca, sin posibilidad de escapar de su ingenio. Sus dedos surcan el borde de tu rostro tan despacio, como una caricia, como queriendo calmar tus ansias. Se enredan como hierro caliente entre tu cabello y tu mejilla.

El aire tenso se desvanece, solo queda una expresión de profundo dolor por parte del ojiazul, te susurra, con la voz ronca y el alma al borde de la pérdida.

― ¿Por qué te fuiste?


NA:De nuevo, ha pasado tantísimo tiempo.

Puedo decir que muchas cosas afectan la falta de actualización, pero eso ya lo deducen por ustedes mismos. Ahora estoy en medio de mis parciales de ciclo y decidí dejar este texto como un recordatorio de que no dejare el fic, solo que me demoro demasiado en actualizar.

Con respecto al capitulo este es más de transición, revelando cosas nuevas aquí y allá y con muchos cambios de escenario, asi como el añadido de unas palabras que son dichas por un personaje desconocido hasta el momento. Una aclaración más es que cambie la ultima linea del capitulo porque me parecio un poco , por no decir, de mas melodramatica. Antes decía ¿Por que me abandonaste?, con el enfasis en el dolor propio de Naruto. Pero pense dejar eso para más adelante ;)

Sasuke tendra mas relieve en el sguiente capitulo, asi como mas de Team seven drama. Kaito va de aquí y allá por sus propias tareas especificas, no me crean que anda vagando. Aunque siendo su personalidad no me sorprendería ¿a ustedes sí?. Prometo que este OC tendrá su pisca de diversión y malicia acostumbrada más adelante. Deje un misterio desenvuelto en la preocupación de Akamaru, Ino tendra sus propias luces que darle a Shikamaru antes de irse a buscar al Raikage, y conoceremos más sobre la autoridad de Naruto y Sasuke más adelante.

¿A alguien más le emociona el poder politico dentro de Naruto? A mi me encanta.

Quiero darle ese toque de realeza shinobi que ambos personajes representan.

Sakura seguira con secuelas del uso constante de sus jutsus medicos por un poco más. especificaciones a futuro. ¿Qué les parecio la intervencion de los bijuu? Siempre quise escribirlos e hice su dialogo en la semana que salio el capitulo del anime donde todos se juntan a hablar con Naruto. Sí, hace tantas semanas .

Espero les haya gustado, y si tienen criticas constructivas son bien recibidas. :)

Dejen un review para conocer sus opiniones :D