Capítulo 12: Cerrando ciclos
Orihime llevó su mano hasta su pecho en un intento por normalizar su respiración. Los había visto y poco faltó para que la vieran a ella. No sabía qué podrían hacer dos shinigamis en Karakura y eso le preocupaba. A pesar de tratarse de una zona en donde ocurrían muchas anormalidades, los últimos días habían sido tranquilos, motivo por el que Orihime había bajado la guarda.
"¿Debería regresar?", se preguntó mentalmente. Si la pregunta hubiera sido "¿Quiero regresar?", la respuesta hubiera sido más sencilla. No quería hacerlo, deseaba poder pasar más tiempo con su hermano y con Ichigo, fue tan divertido estar con él y con sus amigos. Orihime sabía que lo correcto sería regresar, con Renji y Rukia cerca, su secreto corría peligro y no tenía motivos para quedarse. Sora había aprendido a lidiar con su perdida y estaba segura de que no la necesitaba. Solo tendría que romper su contrato con Urahara y podría continuar siendo un ángel, como si nada hubiera pasado.
Se apresuró en correr hasta la tienda de Urahara. No tenía motivos para creer que la estuvieran siguiendo, pero tenía mucho de lo que podría pasar si era descubierta, temía que provocaran que todos la olvidaran y que Sora volviera a hundirse en la depresión o lo severo que sería su castigo. Los rumores que había escuchado hablaban acerca de lo severos que solían ser en esos casos.
—¿Sucede algo? —le preguntó Urahara, su rostro permanecía oculto detrás de su abanico.
—No, nada —se apresuró en responder, quiso aparentar normalidad, pero los movimientos exagerados de sus manos le restaron credibilidad.
—Hay unas cajas en la bodega que necesitan ser acomodadas —si Urahara no le creyó, no dijo nada sobre ello.
—No deberías tener miedo —le dijo al alma de la niña que vagaba cerca de la tienda de Urahara —, no irás al infierno, los niños nunca lo hacen, sus almas son demasiado puras.
—¿En serio? —preguntó la niña.
—Sí —respondió Orihime mientras limpiaba las lágrimas que caían por sus mejillas —, todos los niños son ángeles.
—Me gustaría ser un ángel, así podría proteger a mi mamá —comentó la niña ilusionada.
Orihime acarició el cabello de la niña de forma maternal.
—Hay un shinigami cerca —le dijo Orihime —, vendrá por ti y te llevará a la sociedad de almas…sé fuerte.
Orihime se alejó de inmediato, sabiendo que la probabilidad de que el shinigami la descubriera era muy alta, su aura angelical la delataba. Confiaba en que la niña estuviera segura. No había percibido ninguna presencia extraña cerca ni la había sentido en los últimos días, algo extraño tomando en cuenta que Karakura era un imán para anormalidades especialmente si se tomaba en cuenta el atentado de la escuela. Fue una batalla perdida de la cual muchos no habían terminado de reponerse.
Si lo hubiera sabido quizás las cosas pudieron ser diferentes.
Se presentó en el lugar donde Sora trabajaba. Antes había pasado por una panadería, ABCoockies y se aseguró de comprar suficiente pan para los dos, algo en lo que se excedió. Varias veces había pasado por ese lugar y en todas ellas había deseado poder probar el pan que veía. Después de decidir que debía partir, llegó a la conclusión de que no podía solo desaparecer, probablemente era lo que debía hacer, pretender que nada había ocurrido, pero no tenía la capacidad para hacerlo.
—¿Qué te trae tan temprano? —le preguntó Sora, se le veía tranquilo, sin esa mirada cargada de depresión que solía tener y que tanto daño le había causado.
Hubiera querido quedarse más tiempo, poder irse con la seguridad de que Sora había superado su muerte, pero con los acontecimientos de los últimos días le resultaba imposible, especialmente por el hecho de que el shinigami que buscó a la niña no era ninguno de los dos que había percibido cuando salió con Ichigo y sus amigos.
Un sentimiento cálido surgió en su pecho cuando pensó en el joven de cabellos naranjas. Algo que lamentaba era no poder pasar más tiempo con él, se había divertido tanto cuando salió con él y sus amigos, pese a lo excéntricos que podían llegar a ser logró sentir que podía formar parte de algo, que quería estar junto a Ichigo.
Y ese sentimiento la asustaba. Era un motivo más por el que debía irse cuanto antes. Un ángel no tenía permitido enamorarse, menos de un humano. Si bien el amor era uno de los sentimientos más hermosos para un ángel no lo era. Muchos ángeles habían hecho grandes locuras para estar con quienes amaban y todas esas historias terminaban en tragedia. No siempre eran castigados por sus acciones, en ocasiones eran consecuencias de sus actos, ángeles que caían en las garras de ellos y eran devorados, algunos que daban sus vidas por las de sus protegidos o que preferían morir al saber que nunca tendrían una vida al lado de quienes amaban.
—Traje pan —Orihime le mostró a su hermano la bolsa que cargaba.
—Tienes suerte de que no tenga ningún cliente de momento —comentó Sora después de una pausa, pese a sus palabras, no estaba molesto.
Orihime asintió avergonzada, sabía que llegar en horario laboral no había sido la mejor de las ideas, pero si era sincera, debía admitir que fue poco o nada lo que pensó en ello, más que pensar, lo que la impulsó fue su corazón.
—Es solo que quería pasar tiempo contigo… antes de irme —lo último fue una de las cosas que más le había costado decir a Orihime.
—¿A dónde vas? —preguntó Sora, se notaba preocupado.
—Debo retomar mis deberes —respondió Orihime, incapaz de mentir, no consideró necesario ni prudente mencionar su entrenamiento como ángel guardián.
—¿Volverás algún día?
—Espero que sí.
—Muchos éxitos —Sora tomó una pieza de pan, sin prestar realmente atención a la misma.
Los siguientes minutos fueron tensos para ambos, ninguno sabía qué decir, pero tampoco deseaba que ese silencio durara por más tiempo. La llegada de un cliente fue lo que acabó con ello. Hizo una compra rápida y se marchó con la misma velocidad con la que llegó, parecía tener prisa.
—A Orihime le encantaba el pan —comentó Sora de pronto, Orihime notó nostalgia en su voz, pero no el sentimiento que tanto temía —, también prepararlo, casi siempre que llegaba del trabajo me recibía con una sonrisa y pan con mantequilla.
Orihime sabía de qué hablaba su hermano. En aquel entonces le hubiera gustado poder prepararle algo más elaborado, incluso había buscado varias recetas de pasteles, pero siempre le faltaba algo. Sentía que era lo menos que podía hacer por la persona a la que le debía tanto.
—Debí ser un mejor hermano mayor. Recuerdo que ese día discutimos. Le había comprado unos pasadores para el cabello, debí haberme dado cuenta que ella estaba creciendo, pero era incapaz de verla como algo diferente a una niña, para mí seguía siendo mi hermanita bebé. Cuando regresé del trabajo, no noté que había un carro cerca. Orihime no debía estar allí, sigo sin saber cómo llegó, pero ella me empujó… la llevé a la clínica más cercana… no pudieron salvarla… debí ser yo quien muriera en esa ocasión… ella tenía tanto porque vivir.
Orihime rodeó con sus brazos a su hermano mayor, sabía que Sora no necesitaba de palabras de consuelo que le sonarían vacías ni promesas de que todo estaría bien, sabía que lo que necesitaba era sacar la culpa de su cuerpo y desahogarse sin temor a ser juzgado. Recordaba lo que había pasado ese día. Quiso decirle que no era su culpa, que fue ella quien fue cruel al rechazar tan noble regalo y que se arrepentía de su decisión, incluso que esos pasadores se convirtieron en su tesoro más valioso y que nunca se los quitaba, pero sabía que no sería lo correcto.
En esa ocasión ella debía estar haciendo la tarea con Tatsuki, pero había olvidado uno de los cuadernos que necesitaba y regresó a su casa. En cuanto vio el peligro en el que su hermano se encontraba, no dudó en correr para tratar de ponerlo en un lugar seguro. No se arrepentía de ello y sabía que volvería a hacerlo.
—Tu vida ya no te pertenece solo a ti. Vive por ella, vive por ti y hazlo sin arrepentimientos.
