Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama es propiedad de una Musa que le encanta hacer líos.


Capitulo 11. Desesperanza

Alice Pov.

Un relámpago estalló ante mis ojos, justo en ese segundo las nubes descargaron todo su contenido sobre la ciudad. Mi reacción automática fue llevar las dos manos a mi boca y gritar…

— ¡Nooo! —y enseguida eché a correr hacia la puerta.

— Alice, Alice… ¡Espera! —Rosalie me detuvo del brazo y yo me zarandeé como fiera.

— ¡Suéltame! —le grité.

— No. Alice, escucha. Así no solucionarás nada… Tranquilízate primero…

— Es que tu no entiendes Rose, tu no comprendes…

— ¿Qué? ¿Qué no comprendo?

— Jasper teme a las tormentas—grité—. Si se asusta va a echar a correr, y ahí si no lo vamos a encontrar… ¡No lo vamos a encontrar! —gemí. Rosalie aflojó su agarre y me zafé.

Salí directamente a buscarlo. No podía estar lejos, no podía estar tan lejos… lo tenía que encontrar.

Rosalie y Yessenia salieron detrás de mí y juntas comenzamos a buscarlo… recorrimos la plaza, el callejón, el parque… ¡Todo! Pero no lo encontramos…

Se comenzó a hacer tarde y nosotras, mojadas, titiritando y asustadas, comenzamos a perder la esperanza de encontrarlo. Cada vez estaba más oscuro y nos sería imposible verlo. Entonces ocurrió algo que jamás creí llegar a ver… Rosalie; la de carácter duro, la ecuánime, la que era más sencillo verla golpear a alguien que derrumbarse… Echó a llorar.

Su llanto era infinito, nunca llegué a verla así, ni siquiera cuando nos dijeron que el avión se cayó. Ella siempre se mostraba firme, sin dejar que nadie viera las emociones que escondía tras esa mascara de dureza. Siempre había sido la que levantaba a quien se derrumbara… Pero ahora lloraba como una niña desamparada.

— Rose, tranquila… —le dije.

— No Alice… No puedo… Ya me cansé… esto parece que nunca va a parar—sollozó contra sus manos—. Primero lo perdí a él, luego a mi papá, luego mi… —omitió algo allí y sacudió la cabeza…—. ¡No quiero perderlo de nuevo Alice, no quiero!

Mi curiosidad me llamó a preguntarle que había omitido, pero en esa situación lo menos prudente era interrogarla. En lugar de eso la abracé y froté su espalda reconfortándola.

— Tranquila Rose, lo vamos a encontrar. Te lo aseguro… —le dije. Entonces a mi me alcanzó la realidad. Era tan tarde que justo ahora solo nos podríamos perder también nosotras, o lastimarnos. En este momento lo más prudente era volver a casa y descansar. Mañana podríamos buscarlo.

— Debemos ir a casa… —dije.

— Podemos quedarnos contigo—preguntó ella.

— Si, quédense—dije.

Caminamos hasta mi casa. Tomamos una ducha caliente por turnos y nos dormimos las tres amontonadas en mi cama. Tardé bastante rato en conciliar el sueño. Yessenia dio varias vueltas en la cama, pero como se tomó una pastilla, pronto cayó rendida. Y Rosalie lloró hasta que se quedó dormida. Yo me quedé adormecida pasada la una de la mañana. Mi mente solo pensaba ¿Dónde está Jasper?

Jasper Pov.

¡Definitivamente era un idiota! No era posible que me hubiera pasado esto. Lo peor de todo es que directamente, era mi culpa. ¿Cómo se me había ocurrido salir así? Parecía una mala broma del destino que después de pasar una semana completamente feliz y protegido, en compañía de las personas que me querían y que yo quería, volviera al punto en el que inicié… vagando sin rumbo por las calles de una ciudad enorme.

Cruce los brazos sobre el pecho y me apreté fuertemente, en un intento de entrar en calor y de apaciguar mi miedo. La temperatura había ido bajando conforme pasaba el tiempo y mis ánimos estaban decayendo.

Le había dicho a mi mamá que saldría, solo a la entrada de la casa. Necesitaba tomar un poco de aire, porque no me creía capaz de soportar toda la semana encerrado. Me senté en las escaleras de la puerta, allí donde me había hecho un ovillo y quedado dormido, la noche que Alice me encontró.

Me encontraba allí, cuando comencé a observar todo el paisaje. Ese lugar me parecía desconocido y conocido a la vez. Como si lo hubiera visto en un sueño…

Un sonido llamó mi atención. Un sonido suave, lejano me parecía conocido, me despertaba algo en la mente, pero no había ni una imagen vivida, solo flashes de algo que no alcanzaba a identificar.

Sin saber muy bien lo que hacía, me levanté de allí y comencé a caminar buscando aquel sonido. Me llamaba de una manera tan poderosa que mis pies se movían por inercia.

Llegué a una plaza en la que se encontraban varias personas, niños y jóvenes corriendo y jugando. En una esquina de la plaza, había gente reunida en círculo. Me acerqué despacio siguiendo mi oído pues el sonido venia de allí. Me escabullí entre la gente y descubrí de que se trataba, a la vez que un nuevo recuerdo afloraba a mi mente.

Estaba en un salón sentado en la alfombra. Debía tener unos seis años y jugaba con y jugaba con algunos carritos. Esperaba algo expectante. En eso entró alguien mucho mayor. Pasó junto a mí y me acarició la cabeza alborotando mi cabello.

Le miré, tenía unos ojos azules que me daban tranquilidad, cabello castaño y muy rizado, como el mío… Era mi padre.

En la mano traía una guitarra, yo me senté en la alfombra y lo observé. Sabía que, cuando terminara de mover las clavijas, comenzaría la magia.

Él se sentó en el sillón tranquilamente y comenzó a afinar la guitarra. Yo no le sacaba los ojos de encima, él estaba completamente abstraído en su trabajo. Terminó y se acomodó listo para tocar. Yo también me acomodé, apretando mis piernas contra mi pecho y envolviéndolas con mis brazos.

Lo volví a mirar al tiempo que sus dedos se acomodaban y comenzaban a tocar. Yo solo lo veía maravillado.

Parpadeé seguidamente enfocándome en el muchacho que tocaba en medio de toda esa gente. Sonreí al darme cuenta de que algunas letras de canciones con sus acordes venían a mi mente. Inconscientemente mis manos comenzaron a moverse sobre los trastes y las cuerdas de una guitarra invisible.

Cuando el muchacho dejo de tocar, yo me di cuenta de lo que había hecho y que no sabía dónde me encontraba.

Trate de mantenerme tranquilo y comencé a caminar hacia de donde yo recordaba haber llegado a la placita.

Caminé por varias horas pero no encontré nada familiar, nada que reconociera. Entonces me asusté, pero mantuve el paso pensando que llegaría pronto. Finalmente salí hacia un parque muy grande… y me rendí. Tuve que admitirlo, no encontraría el camino de regreso. Solo me quedaba esperar.

Hacía bastante frio y los vellos de mis brazos comenzaron a erizarse. Me adentré en el parque mientras pensaba que hacer. En ese momento levante la vista al cielo y vi un relámpago que iluminó el parque entero por un escaso segundo. Contuve la respiración hasta que el trueno retumbo a lo largo y ancho de la ciudad, en ese instante eché a correr aterrado. Mi corazón palpitaba con fuerza sobrenatural en el pecho y yo solo deseaba alejarme de allí. Tenía miedo y estaba desesperado.

El cielo descargó su llanto sobre mí y comencé a sentir más frío. Me calaba hasta lo más profundo de mi cuerpo, haciéndome temblar. Quería encontrar a Alice, quería encontrar a mi madre, a Rosalie, pero más que nada, deseaba un abrazo.

Dejé de correr temblando, de frio y de miedo, y me abracé a mi mismo intentando recuperar el calor y seguí caminando hasta llegar al otro lado del extremo del parque. Cuando llegué allí estaba completamente desolado. Me recargué en la barda y me deje caer poco a poco sobre la acera húmeda. A final de cuentas llovía a cantaros y yo ya estaba empapado.

Sentí que un gran hueco se abría paso a través de mi pecho, me sentí más débil. Un recuerdo acudió a mi mente…

Estaba caminando por una calle oscura, tenía seis o siete años y me encontraba solo. Tenía miedo, tenía mucho miedo y quería llorar. Pensaba cosas como "¿Dónde está mamá?" "¿Dónde está papá?" y "¿Por qué me alejé de ellos?" Y me senté en el suelo a llorar.

En medio de las sombras surgió una figura alta. Yo alce la vista y le observé. Aquel hombre me sonrió y yo salté a sus brazos.

¡Papá! —grite sollozando. Lo abrace con fuerza.

Mi padre. Muchos recuerdos de mi padre se abrieron paso entre la maraña de recuerdos oscuros en mi mente, pero no quise detenerme a analizarlos. En lugar de eso me aferré a su imagen saliendo de entre las sombras a rescatarme.

Me sentía tan vulnerable como en aquella ocasión en la que me perdí de niño. Me mantuve abrazado a mi mismo hasta que, en la misma posición, me quede dormido. Quería que alguien me rescatara ahora.

Bella Pov.

Aquella mañana al llegar al estudio lo primero que escuché fue a Mikel discutir con alguien por teléfono. Como Nessie ya se había ido corriendo en busca de Jacob yo me quedé a escuchar.

— Hace una semana llegaron tarde Alice…— ¿Alice? ¿Qué había pasado con Alice que deseaba volver a llegar tarde? —… No, no puedo consentirlo… Tendrás que venir a trabajar… No, no puedes, apenas estamos arrancando la producción y ustedes dos están dejando el trabajo botado… No me importa Alice…—Me alejé de allí porque no quería seguir escuchando. A veces Mikel podía ser bastante desesperante. Me preocupé por lo que fuera que le hubiese pasado a Alice. Quizá algo le paso a Jasper…

Pensaba en eso y en que si Alice no venia, yo no podía irme a trabajar, pues ella era la que me cuidaba a Nessie mientras yo estaba en el Instituto. Y en caso de que viniera, lo menos prudente sería agobiarla con el cuidado de la niña.

No quería llamar al Instituto porque me daba pena pedir permiso, pero lo tendría que hacer. Estaba en eso cuando tropecé con alguien.

— Lo siento… —dije sonrojándome. Cuando miré vi que era Edward con el que había tropezado.

— ¿Estás bien? —me preguntó.

— Si, si estoy bien—intente mentir, pero me salía fatal. Me miró con una ceja alzada y me rendí—. No es nada. Solo que creo que Alice no vendrá y no sé quien me pueda cuidar a la niña. Además si viene, creo que tiene problemas, y no quiero darle una preocupación más.

Él frunció el ceño en señal de consternación y yo desvié la mirada. Resultaba bastante incómodo estar juntos últimamente.

— Yo puedo hacerme cargo de ella si quieres.

— No, no es necesario. Hablare al Instituto para pedir disculpa—comencé a decir y él me miro extrañado—. De verdad

— No sería la primera vez que me quedo al cuidado de un niño, Bella. Además es mi hija y si yo puedo cuidarla mientras tu trabajas, me parece que es lo justo ¿no crees?

— De acuerdo—dije aun no muy convencida.

— Bueno, yo buscare a Nessie.

— Yo me iré ya, entonces—respondí y di media vuelta para encaminarme a la salida—… y gracias—dije sin volverme. Me resultaba incomodo mirarlo, la tensión era casi palpable cuando nuestros ojos se cruzaban.

— De nada—dijo y yo me fui.

En el taxi mi mente no dejaba de pasar de un lado a otro en lo que ocurría entre Edward y yo. Me sentía tan tristemente miserable que tenía muchas ganas de arrojarme de cabeza en un pozo, a ver si así mi mente se olvidaba de toda la vergüenza y mi corazón se olvidaba de él.

Pasé algunas horas en el Instituto. Tenía clases de las ocho a las dos con tres grupos diferentes. Me encantaba dar clase, no era mucho mayor que los jóvenes estudiantes de allí, pero obviamente tenía muchos conocimientos que ellos ignoraban. Gran parte era por ser adicta a los libros, lo otro porque la carrera la saqué lo más rápidamente posible cuando regresé a Phoenix con mi madre y Phil. Termine el Instituto antes de que naciera Nessie y la carrera la hice en dos años.

Estaba en el patio durante el descanso, revisando algunos trabajos que me habían entregado cuando a mí se acercó alguien. Pensé que era un alumno y no hice demasiado caso, estaba fascinada con el trabajo que estaba leyendo cuando…

— Isabella Swan—dijo una voz que me resultó extrañamente familiar.

Me volví para mirarle y me encontré con uno de mis amigos del Instituto de Forks. Mike Newton, un chico un poco pretensioso, pero realmente apuesto y, cuando lo conocías bien, bastante buena onda.

— ¿Mike? —estaba cambiado, llevaba el cabello un poco más corto y sus facciones habían madurado.

— Sí, soy yo—me dijo. Me levanté contenta y le di un abrazo— ¿Qué haces en Los Ángeles? —pregunté consternada.

— Estudio la Universidad en este campus.

El Instituto y la Universidad estaban conectados en el mismo campus. Solo estaban separados por un edificio en el que había un pequeño callejón que conectaba ambas. Los alumnos de la Universidad podían pasar al Instituto y viceversa durante los descansos.

— Mira que genial—le dije.

— ¿Y tú? —me preguntó.

— Soy maestra de Literatura aquí—le respondí.

— Wow. Creo que he perdido demasiado mi tiempo a comparación de ti—me dijo. Yo reí. La verdad este chico era bastante agradable.

— ¿Has sabido de Ángela o Jessica?

— De Ángela no demasiado, está en Harvard.

— Claro. Me imagine que ella iría a una Universidad así—respondí entusiasmada.

— Jessica está aquí, pero ella está entrenando vóley bol justo ahora—me dijo—. Tu eres la única que no había visto.

— Si. Lo sé. Tampoco volví a saber nada de ustedes.

— ¿Y porque desapareciste de Forks tan de repente?

¡Uy! Tema espinoso que no deseaba tocar. Pero como no había podido despedirme de nadie, pues decidí ser sincera.

— Mi padre me mando de regreso con mi mamá a Phoenix.

— ¿Y eso por qué? —me preguntó extrañado. Era de esperarse, mi padre disfrutaba mucho de mi compañía.

— ¿Quieres que diga la verdad? —él asintió—. Me embaracé—dije. Enseguida me sonrojé. ¿Cómo es que lo decía tan descaradamente?

Él se quedó anonadado y me miró como si fuera un extraterrestre.

— ¿Te embarazaste? —preguntó. Asentí— ¡Vaya! ¿Y se puede saber de quién? —preguntó con tono cauteloso.

— De Edward Cullen—dije.

— Él y toda su familia también desapareció de pronto—pensó en voz alta.

— Si. No se lo pude decir antes de que se fueran. Después se lo dije a mi papá y me mandó de regreso a casa.

— Que mal—dijo—. Y lo tuviste.

— Por supuesto que sí—dije molesta, luego me tranquilicé. Él no tenía la culpa—. Es una niña y se llama Renesmee. Tiene cuatro años—le dije sonriendo.

— Pues que cosa. La verdad no me esperaba enterarme de todo eso ¿Y qué haces viviendo en Los Ángeles?

— La verdad vine buscando a Edward. Él trabaja aquí, es actor. Mi hija está trabajando con él en una película.

— ¿Y lo sabe?

— Si. Bueno se lo dije a Edward y Nessie lo reconoció y supo inmediatamente. Culpa de mi madre que le mostró una foto a la niña—me reí.

— ¿Y han vuelto?

— No. Edward está comprometido con alguien más.

— Claro—dijo Mike como si eso fuera algo imposible. En ese segundo sonó la campanada de las clases—.Bueno, creo que debes ir a seguir inculcando la lectura—dijo y me hizo reír—. Si un día deseas salir, bueno, me encantaría platicar contigo.

— Lo pensaré—dije.

— Bueno, adiós. Un gusto volver a verte, Bella.

— Igual—dije y él echo a correr. Me fui al aula deseando que terminara pronto. Quería ver a mi hija y saber que le había pasado a mi amiga.

Rosalie Pov.

¡Mikel era un maldito! Oficialmente lo odiaba. Después de que Alice intentará hablar con él yo le había marcado, pero él no me permitió siquiera explicarle. En teoría debíamos ir al maldito estudio.

Mi mamá se quedó en el departamento de Alice. Ella se quedaría allí y esperaría, quizá mi hermano lograba encontrar el camino de regreso. Habíamos querido salir dos a buscarlo y una se quedaría a ver si regresaba, pero con la situación consideramos mejor que mamá se quedará a esperar mientras nosotras íbamos (obligadas) a trabajar. Cuando regresáramos, si no volvía lo saldríamos a buscar.

Yo me sentía muy mal. Me sentía perdida y (por qué negarlo) estaba algo enojada con mi madre. En realidad no era su culpa, pero quería estar enojada con alguien y bueno, ella había dejado que se saliera.

Me puse unos lentes oscuros porque había llorado casi toda la noche y mis ojos estaban estúpida y terriblemente rojos. Me sentía tan mal, sentía que me faltaba algo, me faltaba algo en mi pecho y me dolía. Necesitaba a mi hermano.

En el taxi llevaba la cabeza recostada contra el cristal y pensaba en algunos momentos que habíamos pasado juntos. Mi hermano siempre me había protegido, aunque solo me llevara tres minutos de diferencia en edad.

Recordé una ocasión en la que lo castigaron por mi culpa. Bueno en teoría lo fue.

Acababa de terminar con mi novio, era una niña de catorce años, a pesar de que me sentía lo suficientemente grandecita. Llegué llorando junto a mi hermano que jugaba baloncesto con unos amigos.

Cuando me vio así, suspendió el juego para saber que me pasaba. Le conté que había encontrado a mi novio besándose con otra chica y que lo había terminado. Además de que me había intentado pegar el muy imbécil y me había dejado sus dedos marcados en el brazo.

Jasper se enojó tanto que salió corriendo en busca de él. Yo corrí detrás de él intentando detenerlo, pero no había manera de hacerlo.

Llegó hasta donde estaba mi ex novio junto a la tipa aquella y le gritó.

Oye tú, ¿Cómo te atreves a hacerle esto a mi hermana?

Él se volvió y en el momento menos esperado, Jasper le estampó un puñetazo en la cara. Se pelearon hasta que los profesores llegaron y los separaron. Llamaron a mis padres y todo mundo le echó la culpa a Jasper.

Mis padres se molestaron tanto que le retiraron todos los permisos. En especial el del Torne o de Baloncesto. Yo me sentía culpable y aquella tarde fui a su habitación. Lo encontré sentado en su cama con la guitarra en sus piernas. Dejó de tocar en cuanto entré y me sonrió.

Lo siento—le dije sentándome en su cama.

¿Por qué? —me preguntó.

Te han retirado el permiso del torneo por mi culpa. No debí decirte nada…

No te preocupes. Prefiero perderme diez mil torneos a que me escondas algo Rose. Somos uno ¿recuerdas? —le sonreí. Definitivamente tenía el mejor hermano del mundo—. Además, fue muchísimo más divertido darle en la cara a ese idiota que cualquier partido de baloncesto—me dijo riendo. Yo me reí con él.

¿Qué tocabas? —pregunte mirando la guitarra.

Estaba sacando una canción nueva. Una de un grupo latino, en español—dije.

¡Tú y los idiomas! —dije sarcástica. Él estaba fascinado por las lenguas romance.

Se llama Hermanos. ¿Quieres oírla?

Si— él comenzó a tocar y a cantar en español, pero yo no entendía mucho. Él me señaló con la mirada una hoja con la traducción y la leí. Mis ojos se llenaron de lágrimas al entender la letra. Mi hermano era maravilloso.*

Cuando llegamos al estudio me sentía más sensible que antes. Había venido a mi mente aquel recuerdo porque el taxista traía una radiodifusora de música latina y estaban pasando esa canción.

Entré y me fui directamente a mi camerino, deseando evitar todo contacto humano en aquel segundo. Emmett estaba cerca, pero ni siquiera lo mire.

— Rose…—me intentó llamar.

— Déjame sola—grité. La canción, el recuerdo y la situación me tenían estúpidamente sensible.

Me metí en mi camerino y, por costumbre, no cerré la puerta. Una vez allí me quite los lentes oscuros y miré…

En la mesa del centro, había un enorme ramo de rosas y orquídeas. La respiración se me cortó. Lo que menos me esperaba en un momento de crisis como este, era un ramo de flores. Seguro era el Admirador Secreto. Me acerque despacio a las flores y aspire su aroma. Busqué la tarjeta entre los tallos y la leí:

"Por una mirada, un mundo;

Por una sonrisa, un cielo;

Por un beso… ¡yo no sé

que te diera por un beso!*"

Tu admirador secreto.

En este momento, sentía un poco fuera de lugar que alguien se acercara a decirme cosas bonitas y a la vez sentí un poco de tranquilidad. Necesitaba tanto cariño en este momento, necesitaba a mi hermano que era una gran parte de mi fuerza.

Me sentía mucho peor que cuando nos avisaron que el avión se había caído y él había muerto. Pero es que en aquel momento pude ponerme mi coraza y dejar que el mundo se cayera mientras yo me hacía la fuerte. Después de eso pasaron muchas cosas más… la muerte de mi padre era una de las que más débil me habían dejado y la otra era lo sucedido en mi última relación.

Justo en este segundo me sentí tan vulnerable que solo pude llorar. Llorar de nuevo y con más fuerza que nunca. Mis sollozos llenaron el silencio que había creado y me arrepentí de no haber cerrado mi puerta.

Quise caminar a hacerlo, pero las piernas me fallaron y caí al suelo, apoyándome en mis manos para no darme un golpe en la cabeza. Mi mano derecha quedó sobre la tarjeta que venía con mis flores.

— Rosalie—escuché a lo lejos la voz de Emmett… "No Dios, por favor él no" rogué internamente, pero el cielo no escuchó mis plegarias. Yo seguía sollozando en el suelo, cuando sentí un par de brazos que me tomaban por la cintura y me levantaban del suelo.

— Déjame—dije, pero se escuchó como el quejido de una niña.

— Tranquila—dijo tomándome en brazos y llevándome al sofá en mi camerino— ¿Te sientes bien?

Aquel gesto de preocupación me hizo sentirme vulnerable y en ese momento, consciente o inconscientemente, me abracé a él y llore amargamente mojando su camisa con mis lágrimas. Sentía que en mi corazón había un ciclón de sentimientos encontrados, amor, tranquilidad, agradecimiento hacia aquel chico que se preocupaba por mí en este momento… confusión, cariño, enamoramiento hacia aquel que mandaba las flores… y más que nada, soledad. Necesitaba a mi familia tanto como cuando pasó lo de Royce y justo ahora, no la tenía.

Edward Pov.

Me costó bastante trabajo encontrar a mi hija. La encontré jugando con el pequeño Jacob y su hermanito Seth. Cuando me vio, me sonrió y dijo:

— ¿Qué haces espiándonos, papá?

— No los espío—replique.

— Claro que si—rebatió Nessie—. Si no nos espiaras estarías jugando con nosotros, o al menos me habrías hablado. Pero estas medio escondido en la esquina de la pared y nos miras desde ahí sospechosamente. Eso es espiar.

Me reí de las ocurrencias de la niña. Claro que no podía ganarle, ella tenía la misma perspicacia de Bella y más que nada, y eso lo saco a Reneé, tenía la facilidad de armar argumentos de la nada y acorralarte con ellos.

— Bueno hija, es que no quería interrumpirlos—dije acercándome a ellos.

— ¿Qué pasa?

Ella sabía que no la miraba porque si. Era tan obvio.

— Bueno, solo te iba a decir que hoy no te va a cuidar Alice, te cuidaré yo…

— ¿Por qué? ¿No vino mi tía Alice?

— No sé si venga o no. Quizá sí, pero ella no podrá cuidarte. Tiene problemas.

— ¡¿Mi tía Alice tiene problemas?!

— Eso es lo que cree tu mamá—le dije.

En ese momento ella miró y yo por inercia también, el estudio de Vestuario. La luz estaba encendida y allí en el vidrio ahumado se distinguía la figura diminuta de Alice.

— Ahorita vengo—dijo y salió corriendo hacia allá. Quise detenerla pero Jacob se abrazó a mi pierna.

— ¿Qué haces?

— Dijo que ahorita viene. Eso significa que no la sigan. No voy a dejar que la siga.

Quería sacármelo de encima, pero claro que sería difícil. Me pasé una mano por el cabello desesperado.

Nessie Pov.

Cuando vi luz en la oficina de mi tía Alice, supe que ella estaba allí. Eche a correr hacia allá. Si mi tía tenía problemas, yo la ayudaría.

Entré en el lugar y la encontré sentada en un banquito mirando un dibujo muy bonito, pero no era de un vestido, sino de Jasper, su novio.

— Tía Alice, ¿estás bien? —le pregunté. Me miró como si no se hubiera dado cuenta de que estaba allí. Se pasó la mano por los ojos y me di cuenta de que secaba sus lágrimas. Mi tía Alice estaba llorando.

— Hola Nessie—me dijo y su voz estaba rara—. Si estoy bien, ¿Qué pasa?

— Estabas llorando—le dije.

— No es nada, nena. No pasa nada.

— No mientas, tía. ¿Quién te hizo llorar?

— Nadie, nena. De verdad no pasa nada.

— ¡No es cierto!

Ella sonrió, pero no era una sonrisa feliz, era una sonrisa que daban ganas de abrazarla.

— Son cosas de adultos, Nessie.

— Yo se dé cosas de adultos—le dije molesta. No era una tonta, podía entender cosas de adultos, porque los adultos se complican la vida.

— No lo entenderías—me dijo. Entonces pensé que Jasper le había hecho algo.

— ¡Jasper se portó mal contigo! —dije.

— No, Nessie. Él me quiere mucho, nunca me habría nada. Solo…

— ¿Qué? ¡¿Qué?! —pregunte impaciente.

— Mira Nessie. A veces las personas se pegan muy fuerte en la cabeza y se les olvida toda su vida—eso ya lo sabía. Asentí esperando que me contara lo que pasaba—. Y se les olvida todo de todo. En especial como llegar a algunos lugares.

— Si, si… ya lo sé…

—Bueno, eso le pasó a Jasper hace mucho. Y todavía no recuerda muchas cosas. Y ayer se salió de casa…

— Se perdió—dije entendiendo.

Ella me miró como si hubiera dicho algo sorprendente. Luego agacho la cabeza y dijo:

— Si. Se perdió y no lo encontramos. Rose también esta triste por eso. Rose es hermana de Jasper.

Me sentí triste. A veces ser tan curiosa era malo y yo había cometido un error grande. Había puesto triste a Alice, quien se puso a llorar sin hacer ruido.

Me baje de un banquito y la abracé. Ella me abrazó muy suavecito.

— No te preocupes… —le dije queriendo que ya no llorara—. Lo encontraran, enserio. Hace mucho Nieve se perdió y yo estaba muy triste. Luego lo encontré y me puse muy feliz. Ustedes también encontraran a Jasper. No creo que sea más difícil encontrar a una persona que a un peluche.

Ella rió muy bajito y me sonrió muy bonito y yo me sentí mejor.

— Gracias Nessie—me dijo y me dio un besito en la frente—. Ahora vete a cambiar, que Mikel no tarda en llamar a ensayar—me dijo.

Yo me fui corriendo, sintiéndome muy feliz de haberla hecho reír. Me metí en mi camerino y me puse el vestido que tocaba para el ensayo de ese día.

Pobrecito Jasper, ojala lo encontraran pronto.


(*) La canción es Hermanos de Pimpinela. Me encanta, escuchenla de verdad... :)

(*) Rima XXIII de Gustavo Adolfo Bécquer


:( Estoy de acuerdo con Nessie! Si lo se soy mala.

Hola ¿como estan? yo muy bien, me encanta haber podido actualizar pronto. Xanat esta muy activa... pero tambien quiere que me asesinen jajajaja xD Por favor no me maten! Les prometo que lo van a encontrar.. pero no pronto.

Les agradezco a quienes dejaron reviews en el ultimo capitulo. Ya saben que para mi significan mucho los reviews, asi que por favor regalenme uno el dia de hoy que estan leyendo esto. Me siento un poco sensible ultimamente :(

En fin, no las agobio mas con mi parloteo que me tengo que ir a la psicologa.

Petonets

Nos leemos pronto.

Klau :D