Disclaimer: El único consuelo que me queda, es que hayan creado una historia muy bonita. Lo que reconozcan no tiene mi nombre plasmado.
Aclaraciones/advertencias: Post-Frozen. Espérense cualquier cosa de mí.
Indulto
(Epílogo)
Donde la vida continúa
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Elsa observó con detenimiento el retrato de Hans y ella, pintado un mes después de su boda. Detalló las facciones del pelirrojo ataviado en un traje real azul, con condecoraciones de Arendelle.
Sus ojos verdes brillantes, sus pecas, esas patillas alargadas que estuvieron muy a la moda en ese entonces, la falsa sonrisa engreída en su rostro, mientras miraba al pintor y la sostenía a ella por la cintura. Parpadeó cuando sus ojos se tornaron acuosos, y se vio en la imagen, resplandeciente de felicidad, ajena a las vicisitudes de meses más tarde. Habían durado tan poco tiempo juntos.
Pero los habían aprovechado al máximo.
Sonrió con melancolía y se aproximó a las puertas del vidrio que llevaban al balcón, para mirar a las personas que atravesaban la entrada del castillo, tal como lo hizo el día de su coronación. Sólo que ahora estaban a finales de otoño y no en pleno verano.
Volteó al escuchar que la puerta se abría, encontrándose con la figura de Georg, apoyado en el marco.
Él estaba próximo a la adolescencia, pronto cumpliría sus doce años, y quizá luciría más como su padre. Ahora los Andersen vivían en Arendelle, en una casa en el pueblo, muy cerca de ellos. Su tiempo en el Nuevo Continente había sido corto y, tras pensarlo, decidieron hacerle compañía en el lugar que traía muchos recuerdos de Hans, con las personas que más le hacían tenerlo presente.
-Tía Elsa, todo está listo -anunció él sonriendo, pues era el bautizo de su pequeña hermana Elizabeth-. La ceremonia está a punto de comenzar -asintió y dirigió una última mirada al retrato, como lo hacía cuando visitaba esa habitación, a pesar de los años transcurridos. Lo haría hasta el día en que ya no fuera tan ágil como para trasladarse allí, cuando supiera que ya estuviera cerca a reunirse con él.
-Vamos entonces, Georg. ¿Dónde está Emerald? -dijo, refiriéndose a su pequeña niña. La personita que mayor fuerza le daba día tras día, a pesar que temió perderla como lo hizo con Hans, en los meses que siguieron a su muerte.
-Recogiendo flores con Olaf, para dármelas -respondió sonrojado el ojiazul, revolviendo sus cabellos castaños, incómodo. Desde hacía unos meses, su hija tenía un ligero enamoramiento por el chico, porque éste último era quien convivía mucho con ella. Protegiéndola y cuidándola.
No obstante, era curioso que no la tratara como una prima, pese a dirigirse a ella misma como 'tía'. No quería pensar que las tiernas palabras de Georg, "me casaré con ella", pronunciadas al conocerla, cuando tenía siete, se cumplirían.
De cualquier forma, Emerald sólo era una chiquilla y parte la atención de Georg había disminuido tras el nacimiento de su hermanita. Ahora su pequeña quería recuperar a su 'príncipe'. Todavía restaba mucho tiempo en que tuviera que preocuparse porque apartaran a su hija de ella.
Rió negando y juntos se encaminaron a la capilla.
Sostuvo en brazos a su ahijada, recordando lo que era tener un bebé en brazos. Tras el último embarazo de Anna, tres años atrás, ya no había más retoños en la cercanía.
Acarició con ternura el rostro de la pequeña Lizzie, pensando en los momentos que vivió con su hija al nacer. Tenía tanto temor porque alguien se acercara, por hacerle daño con sus poderes, por no ser capaz de cuidarla como era debido. Seguía dolida por la pérdida de su esposo y fue un martirio tener que separarse de su bebé un solo instante.
Quiso protegerla de todos, porque no veía su vida sin el único pedacito que le quedaba de ella y Hans.
Sufrió los primeros meses, pero, eventualmente, salió adelante. Con la ayuda de sus seres queridos. Principalmente de esa diminuta criatura que tanto amaba. Cada risa, cada palabra, cada gesto, todo le había hecho querer seguir viviendo, porque no debía dejarla desamparada. Así Hans lo habría querido.
Seguía extrañando la presencia de su esposo, más que nada estar entre sus brazos, escuchar su voz, sus consejos, sus besos.
La herida por su partida seguía, pero ya no como antes. El viejo Birdy había dejado de nombrarle continuamente, ya no era incómodo pronunciar su nombre en una conversación con ella, ya podía reír con la mención de los sucesos del pasado.
Hans ya no estaba presente físicamente, seguía en su memoria y en la de los que le querían. Sólo quedaban los recuerdos. Bellos. Y una persona que hacía que dejó su huella. Su pequeña Emerald.
Sólo habían transcurrido cinco años, y con fortaleza enfrentaría los próximos.
Sintió que tiraban levemente de la manga de su vestido. Bajó la mirada y se encontró con los ojos verdes de su hija, vivo retrato de su padre. Cabello castaño rojizo con destellos rubios, pequeñas pecas en sus pómulos, una naricita respingada.
Colocó su mano sobre la cabellera larga de Emerald y juntas caminaron hasta la banca de piedra del jardín, ella resguardando a la bebé del frío con la manta, pues ni ella o su hija tenían problemas con él.
Los ojos de su hija se enfocaron en la pequeña Elizabeth, nacida precisamente cinco años después de la muerte de Hans, exactamente el mismo día.
-Mami, ¿papi va a cuidar de Lizzie como lo hace con todos nosotros?, ¿cómo lo hacen los abuelos Idun y Adgar? -preguntó su hija con voz suave y la inocencia de una niña de cuatro años, siempre cuidando de los otros. Preocupándose por todo el mundo.
Se inclinó y besó la cabeza de Emerald, mientras ella le abrazaba con fuerza con sus diminutos brazos.
-¿Tú qué crees, corazón? -murmuró cerca de su oído. Ella se separó y esbozó una sonrisa engreída, que le recordó demasiado a su difunto esposo.
-Papi siempre estará cuidándonos -manifestó con firmeza, extendiendo su brazo y dejando escapar un brillo azul.
Emerald se levantó para abrazar a Olaf, que salía a disfrutar de la nevada, junto a los demás invitados al bautizo.
Devolvió a Lizzie a su madre, mientras su hija y sobrinos jugaban en la nieve. Volteó a su derecha cuando sintió a alguien aproximarse, era Henrich Westerguard, que arribó en la mañana con su familia, de improviso.
-¿Fue feliz? -susurró el mayor de los Westerguard restantes, el único que volvió al saber el destino de su familia, aún cinco años más tarde-. Después de todo, ¿lo fue? -quizá Hans fue tan pequeño cuando este hermano partió, porque su carácter y palabras demostraban que era diferente a los otros.
-Obtuvo tanta felicidad como la que dio -musitó siguiendo a su bebé con la mirada, Emerald realizaba círculos y su vestido azul parecía un borrón en medio de la pequeña nevada-. Lo extraño y sé que, dondequiera que esté, algún día me reuniré con él, cuando sea el momento. Hasta entonces, mi vida aquí continúa, con todos ellos-. Hizo una breve pausa y suspiró, mirando al único Westerguard que sí habría sido un verdadero cuñado. -Henrich, todo ocurrió por una razón, y hasta el día de hoy agradezco haberlo conocido.
-Y sé que fuiste lo mejor que pudo haberle pasado -concluyó el pelirrojo, con la vista fija en el cielo.
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Hola
¡He regresado! -pero eso no significa que su odio hacia mí haya disminuido :(-.
Supongo que no esperaban que así fuera el final, pero ¡ése es el factor sorpresa!, ya tenía planeado que así concluyera la historia, me dije que debía ser el turno de Hans, leyendo otras de mis historias sabrán el porqué.
Espero que con el fic pudiera resaltar algunos puntos importantes para que le perdonaran (y también mezclar el Helsa, ¿por qué no?) y se perdonara. Hay miles de maneras de hacer un post-movie y quise intentar otra cosa jejeje, resaltando que un final completamente feliz sólo es de Disney (Anna y Eugene estarían muertos de no ser ese imperio que amamos xD).
Agradezco a quienes leyeron este fic y que me acompañan de principio a fin en las locuras que se meten en mi cabecita ;), aquí estoy para servirles, cualquier reclamo sean libres de dármelo (y posible compensación, también). Por supuesto, no olvido a quienes agregan a favs/follows, o dejan reviews. Igualmente están invitados a comentar :P
Por último, sigan el consejo del título, ¡la vida continúa! ¡Ya vendrán más Helsas por leer! (se los garantizo)
Un enorme abrazo Olaf (marca registrada), cuídense mucho y tengan una buena vida.
Ya saben, pásense por mi extensas historias si no se han animado ;)
HoeLittleDuck
