Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es de shasta53, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora. Thank you, Shanda, for letting me share this in Spanish.

Link de la historia original: www fanfiction net/ s/ 7360793/ 1/ Stolen-Dreams


Capítulo beteado por Sarai GN, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


Capítulo 12

El fin de semana pasó lentamente. Mi vida nunca había dependido de un hombre, y todavía no lo hacía. Simplemente la vida era un poco más dulce cuando él estaba cerca. Por fin había encontrado la verdadera felicidad, y estar sin la fuente de ella era deprimente.

Charlie llamó brevemente el sábado a la tarde para hacerme saber que oficialmente habían puesto a Bob Gerandy en custodia con cargos de secuestro y tráfico humano. Estaba detenido en la cárcel de Forks hasta que los federales pudieran trasladarlo a sus propias instalaciones. El Departamento de Justicia había autorizado una orden judicial para revisar todos los expedientes de obstetricia en Forks General para asegurarse que no había otras madres por ahí cuyos niños habían sido robados. Ni siquiera podía comprender esa idea.

El sábado, un sobre amarillo de aspecto oficial llegó con el correo de la tarde. La dirección de retorno lo anunciaba como proveniente de un laboratorio de genética. Lo puse sobre la mesa y simplemente lo miré fijamente.

—Oye, ¿llegó mi Cosmo? —preguntó Alice cuando se me unió en la cocina. Rebuscó en la típica mezcla de cupones, ofertas de tarjetas de créditos y cuentas antes de darse cuenta que no había respondido. Me observó por un minuto—. ¿Qué es eso?

—Es... —Me aclaré la garganta—. Son los resultados de la prueba de ADN con Ryan —respondí. Mi voz estaba temblando tanto como mis manos.

—¿Vas a abrirlo?

Negué con la cabeza.

—No, creo que debería esperar a Edward. De todos los fines de semana para que él tuviera que entrenar, tenía que ser éste.

—No bromees —murmuró ella—. ¿Puedes resistir tanto tiempo? Porque yo no creo que pudiera.

—No sé. Quiero decir, solo quiero rasgarlo y ver las palabras que confirman lo que ya sé. Pero entonces, ¿qué si no dice lo que creo que dirá, y estoy devastada? Voy a necesitarlo a él aquí. ¿Por qué no pudo haber esperado hasta el lunes? —gemí, golpeándome la cabeza contra la mesa.

Alice suspiró y me puso una mano en el hombro.

—Esto es lo que vamos a hacer. Esta tarde vamos a ir a la tienda y nos vamos a vestir con los atuendos más extravagantes que se nos puedan ocurrir. Después, te voy a llevar a cenar. Antes de que volvamos a casa, iremos a la de Edward y recogeremos su correo. Cuando hables con él, le puedes decir que venga directamente aquí. Mañana en la mañana, tú y yo nos dirigiremos hacia el mercado de Pike Place, recogeremos algunos ingredientes, y después le puedes hacer a Edward una cena especial. Haré planes con Jasper así ambos no los molestamos.

—Gracias, Alice —susurré. Ella sabía exactamente lo que necesitaba para abstener mi mente de obsesionarse con este sobre toda la noche. Habíamos tenido un número de noches a lo largo de los años en que habíamos invadido su tienda y jugado a vestirnos. Algunas de nuestras creaciones incluso habían terminado sobre los maniquís. Siempre era divertido y desenfadado, justo lo que necesitaba esta noche.

Había algunas piezas feas en la tienda de Alice. Tristemente, se vendían bien en la población con demasiada-riqueza-pero-no-suficiente-gusto. Tratamos de combinarlas para hacerlas aceptables y terminamos riéndonos en una pila en el piso, rodeadas por bufandas y camisas. Para cuando el sol se había puesto, habíamos vuelto a vestir dos maniquís tres veces cada uno y armado un perchero con atuendos sugeridos.

La carta en casa nunca estuvo lejos de mi mente, pero en mi corazón sabía lo que decía, y su presencia solo me consolaba. Contenía la verdad y el camino que juntaría a mi familia de nuevo. Quizás, pensé, mientras Alice y yo rebuscábamos en el buzón de Edward, que incluso sería un camino para traer a Edward y a sus padres un poco de sanación y cierre.

Edward tenía un sobre a juego en su buzón, y lo metí en mi bolso antes de dejar el resto de su correo en una pila ordenada en la mesa de la cocina. Todo lo demás estaba como debía estar, así que cerramos y nos fuimos. En el camino a casa, Alice condujo hacia RedBox y alquiló una película que en realidad no vimos. Edward y Jasper llamaron justo después de que presionáramos reproducir. La película fue olvidada por mucho tiempo cuando nos retiramos a nuestras habitaciones separadas para hablar con los hombres en nuestras vidas.

No le mencioné las pruebas de ADN a Edward. Él todavía tenía entrenamiento en la mañana, y no quería que se desconcentrara mientras lidiaba con munición real. Yo estaba lo suficientemente preocupada por los dos.

La mañana siguiente, Alice y yo conseguimos bagels y café de una de las muchas panaderías en el mercado. Por un antojo, agarré una hogaza de pan recién hecha y un pastel de ángel que lucía delicioso en mi camino a la salida. Con todos los vendedores en Pike Place, era una cosa buena que ambas trajéramos nuestras bolsas reutilizables grandes. A este ritmo, íbamos a necesitarlas.

Alice adquirió unas flores frescas, mientras yo compré brócoli en Lee's. Las frutillas frescas en Hayton Farms eran muy tentadoras, conseguimos dos paquetes, uno para comer en ese momento, y uno para postre después. Don y Joe's tenían unos bistecs excelentes, así que añadí esos a mi bolsa, y rematé nuestra comida con algo de arroz salvaje de una de las tiendas de comestibles. Alice con entusiasmo aprobó mi plan de comida, pero me animó a parar en una de las lecherías por crema batida fresca y helado de vainilla.

Era después de la una cuando finalizamos nuestras compras. Ya que los chicos nos habían enviado mensajes que regresarían alrededor de las cuatro de la tarde, Alice y yo nos apresuramos a casa para limpiar y tener lista la cena que había planeado para Edward y para mí. Jasper le había prometido a Alice una primera cita real, así que estarían fuera la mayor parte de la noche.

Los bistecs se estaban marinando en una fuente de horno, y justo había terminado de cortar el brócoli cuando la puerta del departamento se abrió.

—Cariño, estoy en casa —dijo Edward juguetonamente desde la puerta principal.

Corrí a saludarlo.

Me agarró con seguridad y me abrazó con fuerza.

—Mmm, te extrañé —murmuró en mi cabello.

Me incliné hacia atrás y lo besé con fuerza en la boca.

—Al menos has tenido algo para mantenerte ocupado —le dije cuando nos separamos por aire.

—Sí, me mantuvieron ocupado —afirmó—. ¿Te importaría si tomo una ducha rápida? No he tenido una oportunidad desde que corrimos dieciséis kilómetros esta mañana. Estoy seguro que huelo muy bien.

Francamente, en realidad no me importaba. Podía detectar un indicio de su colonia, pero el almizcle natural de él era una especie de afrodisíaco. Dicho esto, si quería acercarme a él más tarde, preferiría que estuviera limpio.

—Claro. Empezaré la cena.

Me besó ligeramente de nuevo, levantando su bolso de lona sobre su hombro, y marchando por el pasillo.

Rápidamente vertí el arroz salvaje en la vaporera, poniéndolo de acuerdo a las instrucciones impresas, y puse el brócoli en la bandeja humeante sobre ésta. Los vegetales estarían antes que el arroz, pero eso no podía ser evitado. Corté las frutillas y las cubrí con azúcar antes de meterlas en el refrigerador, y después corté el pastel en porciones. Los bistecs solo requerirían unos minutos en la parrilla, pero la precalenté mientras esperaba.

La ducha se detuvo, y deslicé los bistecs en el horno para cocinarlos. Con suerte, todo estaría listo aproximadamente al mismo tiempo y no mucho después de que Edward viniera a la cocina. El tener comida para concentrarnos podría hacer la apertura de los sobres mucho menos aterradora.

Mi suerte, sin embargo, no era tan buena. Los bistecs no habían estado en el horno por más de cinco minutos cuando Edward entró a la cocina con una camiseta negra ajustada y vaqueros bajos. Si no hubiera estado tan distraída por su apariencia, podría haber notado que su mirada había cambiado de mí a los brillantes sobres amarillos en la mesa.

—¿Qué son estos? —preguntó con un poco de sospecha en su voz, como si supiera que había estado ocultándole algo.

Enfrenté el horno y comprobé la cocción de la carne.

—Llegaron por correo ayer. Pensé que debíamos abrirlos juntos —respondí.

—Bella, estas son las pruebas de ADN que tomamos con Ryan —dijo con dureza—. ¿Por qué no los abriste y me dijiste lo que decían?

Mis hombros de desplomaron. Había creído que él estaría ansioso como yo estaba, no enojado.

—Tenía miedo —susurré hacia la vaporera. No podía enfrentarlo.

Sus brazos se envolvieron alrededor de mi cintura, y salté. No lo había escuchado acercarse a mí.

—¿Por qué tenías miedo, nena? —inquirió, su voz ya no dura sino calmante.

—Porque esto es todo; esta es la prueba de que él es nuestro hijo. ¿Qué si estamos equivocados? No podría enfrentarlo sola. Y no quería preocuparte con esto mientras estabas disparando cosas, así que pensé en hacer la cena, y que lo podríamos hacer juntos —divagué.

—Está bien —convino simplemente, alejándose de mí—. Prepara la cena, y los abriremos juntos.

Ese fue todo el estímulo que necesité. El brócoli salió de la vaporera unos minutos después, y los bistecs lo siguieron. Metí el pan en el horno para calentarlo mientras el arroz estaba listo, y pronto, estábamos sentado ante un festín. Edward se sentó a mi lado y me pasó mi sobre.

—Sabes, si esto dice que tú eres su madre y que yo no soy su padre, vas a tener que dar algunas explicaciones —bromeó.

Lo golpeé en el hombro.

—Sí, porque era una zorra —dije con una sonrisa y puse los ojos en blanco. Edward y yo habíamos sido los primeros del otro, y no había habido nadie más para mí hasta Garrett.

Resopló y rasgó su sobre. Observé mientras sus ojos escrudiñaban la página, consumiendo toda la información en ella. Contuve el aliento.

Tragó tres veces, antes de girarse hacia mí con humedad en sus ojos.

—Es nuestro —susurró—. Ryan Cullen es nuestro hijo.

Sin perder tiempo, rasgué mi sobre y escrudiñé la información confirmándome como la madre del niño. El miedo que había estado albergando durante un día entero parecía ridículo en este momento, como si nunca debería haber dudado lo que mi corazón había sabido todo el tiempo.

Edward me tomó en sus brazos, a pesar de lo incómodo de ello.

—Nuestro hijo está vivo —murmuró en mi cabello.

—Te amo —me ahogué por las lágrimas que caían libremente de mis ojos—. Te amo mucho.

—También te amo, nena.

La cena fue un asunto alegre después de eso. Nos reímos, bromeamos, y soñamos sobre nuestro futuro y lo que podíamos tener ahora que sabíamos que nuestro hijo había sobrevivido.

Edward le hizo una llamada a papá mientras yo cargaba el lavavajillas, poniéndolo en altavoz así podía escuchar la conversación.

—Hola, Charlie —saludó Edward en tono familiar después de que papá contestara—. Somos Edward y Bella.

Hola. ¿Qué puedo hacer por ustedes esta noche? Normalmente no merezco una llamada a las siete de la noche del domingo —bromeó él.

—Con lo hablador que eres, papá, no mereces una llamada ningún día de la semana —bromeé de regreso.

—Eso duele, Bella. Duele justo en el alma —se burló—. En serio, sin embargo, ¿qué pasa?

—Recibimos los resultados de las pruebas, y eres el orgulloso abuelo de un niño de diez años —le informó Edward. No podía borrar la sonrisa de su cara mientras decía las palabras.

Charlie estuvo sin palabras por varios segundos, y después dijo con asombro:

—Bueno, demonios, ¿quién lo diría? Felicitaciones, chicos.

—Gracias, papi —susurré, llorando de nuevo. Sabía que estaba genuinamente feliz por nosotros y por él mismo.

Edward sacó el altavoz y entró a la sala para finalizar la conversación. Minutos después regresó, deslizando mi teléfono en la encimera.

—Quiere que le envíe por fax los resultados en la mañana para el expediente del caso —dijo Edward—. También tendremos que enviárselos a Aron.

—Llamaré en la mañana y te conseguiré su número de fax —ofrecí.

Edward me sonrió. La felicidad en sus ojos verdes me atrajo, y antes de que lo supiera, nuestras bocas se encontraron en un beso apasionado.

—Una semana es demasiado tiempo sin ti —gimió. Sabía lo que quería decir. Todo mi cuerpo estaba zumbando con deseo por él—. Y ahora tengo que mostrarte que eres una sexy mamacita. —Meneó sus cejas y me reí ante sus payasadas.

—Vamos, papi, muéstrame lo que tienes —desafié, guiándolo de regreso a mi habitación.

Lo hizo. Repetidamente. Durante toda la noche.

La mañana siguiente, estaba desnuda y más que un poco dolorida por nuestras actividades de anoche. Cinco orgasmos tenían una forma de agotar el cuerpo. Sin embargo, solo el recuerdo de la forma en que su lengua y dedos me habían llevado a nuevas alturas mientras él se recuperaba lo suficiente, envió calor rápidamente a través de mi cuerpo de nuevo. Mi pezón se endureció bajo la mano de Edward.

Gimió.

—Nena, aunque me encantaría justo ahora, creo que voy a necesitar unas horas más. Francamente, no estoy seguro de poder moverme.

Me reí.

—Pensé que todavía estabas durmiendo.

—Joder —gimió—. Desearía estarlo, pero entre tu cuerpo frotándose contra el mío y mi maldita alarma interna, he estado despierto por casi treinta minutos.

—¿No vas a correr hoy? —pregunté.

Pocas veces se lo saltaba, pero ya era un poco más tarde de lo que normalmente se permitía estar en cama.

—Hermosa, si estoy demasiado cansado para cogerte, estoy demasiado cansado para correr —respondió Edward. Se puso de espaldas y se estiró—. Jasper y yo tendremos que inspeccionar todo lo que hizo Ben durante el fin de semana, así que probablemente llegaré tarde esta noche.

—¿Quieres que te guarde algo de cena? —pregunté.

—Si tienes ganas. Si no, conseguiré algo de camino a casa.

Miré hacia su cara y me reí de su expresión decepcionada.

—Te tienes que levantar ahora, ¿verdad?

—Sí —se quejó. Con un fuerte suspiro, se sentó, balanceando sus piernas por el borde de la cama.

Lo observé vestirse desde debajo de las mantas y con entusiasmo acepté su beso de despedida. No fue hasta que escuché la puerta exterior cerrarse detrás de él que salí de la cama para prepararme para mi día.

Resultó que, Aron ya había recibido una copia de los reportes directamente del laboratorio. También ya había recibido una llamada de Tia Stefano, la abogada de los Cullen. Con nuestro permiso, él iba a tantear lo que ellos estaban dispuestos a ofrecer y tratar de solidificar nuestra posición desde allí. De inmediato se lo concedí.

Mis primeros dos pacientes no eran muy destacados. John estaba trabajando conmigo en control de la ira y lo había estado por seis meses. Al final de la semana anterior, había sido suspendido por pelear y se negaba a explicar sus acciones o sus sentimientos sobre el tema. Pasamos la mayor parte de la hora conmigo haciendo preguntas y John o ignorándome o gruñendo sus respuestas. Sospechaba que una chica estaba involucrada.

Lani, una chica dulce con TOC, había caído en algunos de sus comportamientos más extremos durante el fin de semana después de una pelea con su mejor amiga. Ella estaba tan frustrada por su incapacidad para dejar de cepillarse el cabello que rompía en llanto cada vez que se tocaba la cabeza con las manos.

Decir que estaba aliviada cuando Lani dejó mi oficina sería un eufemismo. Saqué mi teléfono del cajón para llamar a Edward por una dosis de cordura, cuando noté la luz de mensaje. Era de Alice.

Tienes planes esta noche. Angie estará aquí a las 6. Encuéntrame en su casa.

La idea de ver a mi vieja amiga de nuevo puso una gran sonrisa en mi cara. De repente, el resto de mi día no parecía tan arduo. Ni siquiera cuando Kate me pidió verme antes de que me fuera.

—Hola, Bella —saludó ella cuando entré en su oficina—. Tengo que pedirte un favor.

—Dispara —dije felizmente, dejándome caer en el sillón.

—Tengo una paciente que me gustaría transferirte. Tiene diecinueve años, pero recientemente tuvo una niña y la dio en adopción. Ahora está luchando con depresión postparto y sintiendo como que cometió un error al dar a su hija. Sé que tu situación ha cambiado, pero ¿crees que podrías encargarte de ella? —preguntó Kate.

Pensé mucho en lo que me estaba pidiendo. Sería difícil sacar mis sentimientos personales del caso, pero yo, mejor que nadie, podría entenderla y ofrecerle una perspectiva diferente.

—Podemos intentarlo. ¿Por qué no me siento en una de tus sesiones y veo cómo va?

Kate sonrió.

—Esa es una idea maravillosa. Tendré a Chelsea arreglándolo. ¿Algunos grandes planes esta semana?

—¿Aparte de trabajar? No realmente. Una de mis mejores amigas de la secundaria se va a mudar a la ciudad esta noche, así que voy a ayudarla. Edward y yo puede que tengamos que hacer otro viaje a Forks este fin de semana, pero tengo que esperar a tener noticias de Aron Michaels antes de que lo planifiquemos —informé.

—¿Así que él está trabajando? —preguntó ella.

—Sí, él ha sido excelente. Gracias por la referencia.

Kate se puso de pie, y estaba claro que me estaba dando la salida que necesitaba para irme.

—Estoy segura que estás más emocionada por llegar a la casa de tu amiga. Gracias por ayudarme.

—De nada. —Le di una sonrisa y me fui, sorprendida de no encontrarme en absoluto preocupada por mi nueva paciente y su efecto en mi propio bienestar.

Alice estaba esperándome cuando entré por la puerta de Angela. Había puesto algunas serpentinas de papel crepe y un cartel de "Bienvenida a casa". No podía decir quién estaba más emocionada por la vuelta a casa de Angela, Alice o yo. Ella prácticamente estaba vibrando.

—Ang estará aquí en unos quince minutos —me contó con los ojos brillantes—. ¿Crees que le gustará?

Pensaba que le gustaría, pero incluso si no lo hacía, Angela nunca lo diría. Esa era su forma.

—Le encantará —tranquilicé a mi amiga—. ¿Cuándo se supone que sus cosas estén aquí?

—Cuando ella se estacione en el camino de entrada. Por alguna razón, decidió conducir el camión de mudanza. Dijo que no tenía mucho y que su auto no haría el viaje. —Los ojos de Alice vagaron sobre mi ropa de vestir—. Te traje un cambio de ropa en caso de que ella quiera ayuda desempacando.

—Realmente piensas en todo —medité con una sacudida de cabeza. Sin embrago, ya no tuve tiempo para considerar el misterio que era Alice, cuando el ruido de una furgoneta en movimiento encontró nuestros oídos. Angela venía por la calle, casi diez minutos antes.

Alice y yo esperamos en silencio mientras el pesado camión se estacionaba en el camino de entrada, y después se detenía. Suaves pasos, apenas audibles, subieron los escalones de madera del frente y llaves repiquetearon en el picaporte. Segundos después, la puerta se abrió rápidamente, revelando una cansada y un poco desaliñada versión de mi segunda mejor amiga en el mundo.

—¡Bienvenida a casa! —gritamos Alice y yo juntas al unísono.

Los ojos de Angela se ampliaron cómicamente, y se puso una mano sobre el corazón.

—¡Oh, Dios mío! ¡Qué comité de bienvenida! —Las lágrimas pincharon sus ojos—. ¡Gracias, chicas!

Corrimos hacia ella y la abrazamos. Por varios minutos, fuimos solo una masa de rientes y felices chicas, finalmente reunidas después de mucho tiempo separadas.

—¿Les importaría ayudarme a descargar el camión? Sé que es tarde y han estado trabajando todo el día, pero no quiero dejar mis cosas ahí toda la noche —pidió Angela.

Le sonreí.

—Es por eso que estamos aquí. Déjame conseguir las llaves de Alice y cambiarme.

—Gracias —dijo Angela con gratitud—. Pediré unas pizzas. Supongo que las cosas pesadas se pueden quedar ahí por ahora, pero sería lindo tener ropa y champú mañana.

—¿Por qué no llamo a Edward y veo si él y Jasper pueden venir una vez que terminen de trabajar esta noche? Me dijo que llegaría tarde, pero mejor tarde que nunca, ¿verdad? —ofrecí.

—Y yo le daré el tour mientras lo haces —interrumpió Alice.

Angela solo asintió, abrumada.

Quince minutos, un mensaje a Edward, y un cambio de ropa después, me reuní con Alice y Angela en la cocina. Angela estaba hablando con entusiasmo sobre cuánto amaba lo que Alice había hecho y cómo sus cosas encajarían perfectamente en el nuevo espacio.

Mientras esperábamos a que llegara la pizza, Angela, Alice y yo nos subimos a la parte trasera del camión y movimos las piezas de muebles más pesadas a un lado para sacar las cajas. Como yo, Angela tenía muchos libros y los había empacado en cajas pequeñas para evitar que fueran demasiado pesados para cargar. Durante nuestro tercer viaje a la casa, el repartidor apareció con tres pizzas.

—¿Una para cada una, Ang? —bromeé.

Se sonrojó.

—Bueno, no. Pensé que tal vez si los chicos venían, también estarían hambrientos. ¿Debería haber pedido más?

Alice se rio.

—No, eso es suficiente. Ellos tienen que mantener sus figuras de niña de alguna forma.

—Oye, ¿a quién le estás llamando niña? —inquirió Edward, fingiendo estar ofendido mientras se acercaba sigilosamente por detrás de Alice. Un chico flaco y más bajo con lentes venía detrás de él.

Alice se rio y retorció cuando él le hizo cosquillas. Saludó a Angela con un abrazo, y después camino hacia mí, me besó, y extendió una mano para señalar a su compañero.

—Este es Ben Cheney. Es nuestro chico nuevo. Jasper estaba terminando algunas cosas del fin de semana, así que Ben aceptó venir a ayudarme a cargar cosas.

Todos nos saludamos amablemente, pero secretamente me pregunté cómo ese hombre flaco iba a cargar la muy pesada cama de roble de Angela.

No necesitaba haberme preocupado. Después de llenarse con pizza, Edward y Ben se subieron a la parte trasera del camión y terminaron rápidamente de descargar la cama, la cómoda, la biblioteca, y el escritorio. Se sacaron las camisetas mientras nosotras observábamos y llevábamos cada pieza a la casa. Los años en el ejército debieron haber hecho algo por Ben, ya que le siguió el ritmo a Edward pieza por pieza y paso por paso.

Era todo lo que podíamos hacer a través de nuestro babeo para sacar las cajas y ponerlas en las habitaciones adecuadas. Noté a Angela echándole un vistazo a Ben, a pesar de los quince centímetros de altura de diferencia, casi tanto como yo estaba apreciando el cuerpo delgado y musculoso de Edward.

—Bueno, señoritas, si ya se han saciado —ironizó Edward con una sonrisa mientras se ponía la camiseta por la cabeza—, hemos terminado. Ben, agarra esas dos últimas cajas, y podemos cerrar el camión.

Angela y yo nos sonrojamos profundamente al ser descubiertas. Edward me sonrió burlonamente cuando se acercó e inclinó para susurrarme así solo yo podía escucharlo.

—No me importa que mires, pero ¿por qué no lo reservamos para algún lugar más privado así puedo devolverte el favor?

Lo golpeé en el brazo, pero no pude dejar de sonreír.

—Muy bien —anunció Alice—. Me voy. Tengo que estar en la tienda temprano en la mañana, y necesito mi sueño de belleza.

—Muchas gracias por todo lo que has hecho, Alice. Este lugar luce hermoso. Edward, Bella, Ben, gracias por ayudarme a mudarme. Tan pronto como encuentre todos mis platos, los invitaré a una cena apropiada. —Angela nos dio a cada uno un abrazo y nos acompañó a los autos.

—No fue problema, Ang. Estoy feliz de tenerte cerca de nuevo —dije sinceramente. La había extrañado más de lo que me había dado cuenta.

Nos abrazamos de nuevo, y me metí a mi auto. Edward tenía que llevar a Ben a la oficina para que consiguiera su auto, y después estaría libre, así que lo seguí fuera del camino; Angela nos despidió con la mano desde el porche. Tenía la extraña sensación de que los seis pasaríamos mucho tiempo juntos.


Gracias por leer. Bueno, ahora sí llegó la confirmación que esperaban. ¿Qué les pareció el capítulo?

Gracias por las alertas, los favoritos, y sobre todo por los reviews, los aprecio mucho: Itzel Lightwood, Saratrucha, rosy canul, cavendano13, tulgarita, Annie Cullen Swan-Tudor Boleyn, Tata XOXO, LeslieeMariia, liduvina, freedom2604, MoN cArTeR, cary, IngridMMP, y Anastacia T. Crawford.