Capítulo 11

Ustedes dos

La lluvia caía abrumadoramente en las afueras de Tomoeda. Siendo verano era extraño, pero la ciudad sabía que este fenómeno ocurría de vez en cuando. Por lo tanto, se lo tomaban de la manera más natural, pero para Hien Li, quien manejaba apresuradamente su automóvil temía por su vida y no por el clima precisamente.

Veía a través del espejo retrovisor las brillantes luces de alguien que lo ha estado siguiendo durante todo el recorrido hacia Tokio. Y él tenía sus sospechas sobre de quién se trataba. No en vano sabía que tenía enemigos que se los había ganado por hacer las cosas bien. No era de jugar ni hacer tratos sucios.

Y eso lo había descubierto con su mayor socio. Un tipo japonés llamado Hisao Maki.

Esa noche ocurrió todo de forma rápida. El auto seguía avanzando, cuando encontró el servicentro pensó que dejarían de seguirlo, así que giró hasta allí. Grave error. Hien se sorprendió que el camión lo siguiera incluso y arrasara con un par de vehículos hasta chocar con el auto de Li. El error de Hien fue andar sin cinturón de seguridad, por lo que el golpe fue duro en su cuerpo. Gruñó del dolor e intentó moverse cuando divisó que el camión volvía en su dirección. Entendió que volvía para aplastarlo literalmente.

La escena se repetía. Por suerte Hien había escapado del automóvil a duras penas cuando el más grande chocó con la bencinera y todo empezaba a explotar. Allí sintió el sollozo de alguien más. Caminó apenas unos pasos para abrir el auto volcado y ayudar a quien estuviese dentro, pero difícilmente se podía su cuerpo. Cuando lo logró cayó al suelo de rodillas y se desplomó.

Hien vio como una mujer intentaba salir del auto, pidiendo ayuda. Él se lamentaba de no poder hacerlo. Estaba atontado, mareado, con dolores. Todo se volvía más pesado y le costaba respirar ¿Era ese su fin?

Ieran… Hijas… Xiao Lang… tu cumpleaños...

Sakura

Sakura se encontraba en completo silencio escuchando las palabras de Hien. Un nudo en su garganta se hacía presente y las lágrimas comenzaban a recorrer sus mejillas puesto que sabía que se trataba de su madre. Miró a Shaoran quien se veía algo preocupado. Sakura decidió limpiar sus lágrimas y le comentó lo que Hien le había narrado después de que ambos supieran que Hisao Maki era el causante de las desgracias de Shaoran.

—Tu papá ayudó a mi mamá a salir de aquel auto. De ahí dice que imágenes venían a su cabeza, de ustedes, de tu familia Li. Y luego escuchó apenas el llanto de un bebé…

—De ahí recuerdo todo blanco. Alguien me llamaba, pero no quise ir —terminó de decir Hien.

Shaoran escuchaba con atención. Y Sakura se sentía cansada porque sus ojos comenzaban a pesar.

—Creo que ya es tarde… Debo irme a casa o mi papá se preocupará —observó la hora en su celular.

—Te llevo —se apresuró en decir Shaoran.

Sakura quería evitarle molestias a Li, pero él insistió en ir a dejarla a casa. Agradeció el gesto. Luego miró a Hien quien le sonreía y le daba las gracias nuevamente por contarle todo a su hijo.

Cuando bajaron del edificio, Shaoran fue en busca de su automóvil. Sakura se quedó esperando en la vereda a que apareciera el chico. Se sentía desanimada y sin energía y tenía leves molestias en su cuello. En ese momento recordó algunas palabras de su padre.

"Ella venía de vuelta de la casa de tu abuelo. Inuki fue el chofer que la traía y vio todo lo que sucedió"

El bocinazo la despertó de sus pensamientos y vio como Li estaba esperando a que subiese al auto. Pestañeó unos segundos y entró rápidamente al vehículo.

—No tenías para que molestarte, podría haber tomado un taxi a casa —decía apenada Sakura—. Sabes, mi papá me comentó hace un tiempo que el chofer que llevó a mi madre aún vive con mi abuelito.

—¿Y eso qué? —habló Shaoran.

—Él iba manejando el auto ese día.

Shaoran miró de reojo a Sakura. Ella esperó que dijera algo, pero no mencionó nada, pensó que quizás tendría la intención de querer hablar con él. Ni siquiera se inmutó en seguir la conversa y eso entristeció un poco a Sakura, después de todo, pensó que se estaba ganando un poco la confianza del chico.

Habían llegado a casa de ella. El viaje era corto en vehículo, así que ésta agradeció la marcha de todos modos.

—Entonces… —meditó—, bueno. Gracias. Nos vemos —ingresó a su casa.

—Oye —la llamó de repente. Sakura se volteó a ver a Li—. Me gustaría… hablar con ese tipo.

—Está bien —habló despacito Sakura—, podríamos ir a verlo personalmente… —Shaoran asintió sin mirarla—. Bien. Te aviso. Aún tengo tu tarjeta —sonrió—. Buenas noches Li. Gracias por todo.

—Buenas noches —susurró.

Y así vio como el chico se marchaba de aquel lugar.

Shaoran

Todo el trayecto de ir a dejarla a su casa fue de absoluto silencio en su cabeza y él se había percatado de que ella intentaba amenizar ese momento.

Eran pasadas las once de la noche y decidió ir nuevamente hasta el lugar del accidente. El servicentro funcionaba las veinticuatro horas, por lo que las luces estaban encendidas, pero todo era un completo silencio. Él era el único automóvil en el lugar. Decidió moverse un poco más y estacionar donde pudiera estar completamente solo en la oscuridad de la noche. Además tenía deseos de fumar y al lado de la gasolinera era algo complicado de hacer.

Encendió entonces su cigarrillo y pasó sus manos a través de su cabello. Suspiraba cada tantos segundos. Aun no entendía como todo esto era real.

—¿Qué tengo que ver yo con ese sujeto? —se preguntaba Shaoran.

Su celular comenzó a sonar en ese momento indicando que había un mensaje entrante y cuando vio que se trataba de ella, una sonrisa algo torcida apareció en su rostro.

"El domingo tengo libre ¿Podríamos ir ese día?..."

—Atentamente Sakura… —terminó de leer el mensaje en voz alta.

Sintió un leve escalofrío al pronunciar su nombre nuevamente echándole la culpa a la brisa nocturna de la noche, así que decidió responderle con un breve "Ok" y luego seguir fumándose su cigarro tranquilamente para luego irse hasta su casa a descansar.

El trayecto de vuelta fue tranquilo y reconfortante así que al llegar a su hogar caminó directamente hasta su habitación y se lanzó de una sola vez a su cama. Allí con ropa y todo se quedó profundamente dormido.

. . .

Despertó a eso de las nueve de la mañana. El sol estaba entrando fuerte por la ventana y llegaba directamente a su cara. Se estiró perezosamente hasta poder despertar mejor. Una vez en pie fue directamente hacia el baño para darse una buena ducha. Durante el proceso y mientras disfrutaba de la calidez del agua, pensó en qué sería bueno para desayunar y recordó que aún no iba de compras y el refrigerador lo tenía casi vacío —salvo algunas botellas con agua—. Su hábito alimenticio estaba siendo bastante desordenado desde que llegó a Japón, por lo que optó por ir a desayunar algo en algún lugar. Luego de eso iría de compras. Tenía que sí o sí ordenarse.

Salió del baño entonces con una toalla envuelta en su cintura, se sentó a la orilla de la cama y mediante su celular comenzó a buscar opciones para desayunar. Desde locales con servicio delivery hasta cafeterías con desayunos occidentales. Ese último le tentó bastante así que guardó la dirección —que era bastante cerca de su apartamento— y luego de vestirse con una tenida simple de jeans y polera, salió en busca del lugar.

Sakura

Cuando se miró al espejo antes de partir a su trabajo, notó como su cuello había quedado con unos leves moretones y no quería preocupar a su padre con eso, ya que nunca antes había tenido un ataque de ese estilo con algún fantasma —de hecho era la primera vez que veía uno de esos—. Y aunque a lo largo de sus veintiocho años ha divisado desde niños a abuelos, no había presenciado algo tan oscuro como el de la noche anterior.

Buscó entre sus vestimentas algún pañuelo que pudiera cubrir su cuello y que a la vez combinaran con su vestimenta.

—¿Estás bien Sakura? —preguntó Maaya.

—Estoy un poco asustada… —suspiró— por lo que pasó anoche…

Sakura observó a la fantasma y no dijo nada más. Bajó entonces con calma las escalas para llegar a la cocina y poder desayunar con su padre, quien la recibió con su clásica sonrisa. Ella intentó disimular bien, pero él la conocía a la perfección, sabía que algo le sucedía, así que su hija sólo le dijo que no había tenido una buena noche y que se encontraba con algo de pereza.

La llegada al Sweet Amai fue tranquila, había hecho todo con absoluta calma y los clientes poco a poco llegaban para servirse algún postre o beber algo de té o café. Y con todo lo sucedido, ni siquiera había tenido tiempo de contarle a Tomoyo lo que le había acontecido, así que apenas tuvo tiempo le mandó un mensaje para pedirle verse esa misma tarde si era posible. Por ende recibió la llamada de su amiga unos minutos más tarde.

Claro Sakura, el punto es que estoy trabajando en el vestido de Chiharu ¿Por qué no vienes a casa? —hablaba por teléfono Tomoyo.

—¿Estás donde Tía Sonomi? —preguntó la castaña.

Sí, ya sabes. Con tanto viaje, no quise arrendar un departamento y opté por venir a mi antiguo hogar y pasar tiempo con mi madre.

—Bien, entonces voy para allá apenas salga del turno.

Te espero Sakurita.

Las campanillas del lugar volvieron a sonar y cuando Sakura iba a darle la bienvenida al cliente que acababa de entrar se sorprendió de ver quien estaba allí.

—¿Trabajas acá? —preguntó el chico.

—Sí —estaba algo desconcertada—. Pasa… bienvenido.

Sakura observaba como él la miraba con sorpresa y como de un momento a otro él bajaba su vista a la vitrina de los postres para captar qué tenían para ofrecer. Sakura prestaba atención y decidió ofrecerle un desayuno especial de la tienda, que incluye huevo con tocino, tostadas, té o café.

—Es algo occidental, pero hay gente que lo prefiere así porque es más rápido. Aunque nuestra especialidad son los dulces y tortas.

—Dame el desayuno entonces… —luego apuntó con un dedo a la vitrina— y un trozo del pastel de chocolate con manjar.

Sakura sonrió y le indicó que podía tomar asiento en algún puesto, que ella le llevaría el pedido a su mesa. Pero él se quedó ahí plantado observándola.

—¿Qué sucede? —preguntó Sakura.

—El pañuelo —hizo el gesto con sus manos.

Sakura tragó saliva y con un movimiento de cabeza le indicó que la siguiera. Se ubicaron al lado de la puerta que lleva a la cocina y le mostró los leves moretones que le habían quedado de la noche anterior.

—No quería preocupar a mi papá así que no le conté nada —decía mientras se volvía a cubrir el cuello— además no podía salir así a la calle.

—Aplícale calor y listo —recetó Shaoran—, no está inflamado ni nada.

Asintió con un movimiento y luego volvió a hacer lo suyo. Tenía que preparar el pedido del chico.

Shaoran

Cuando la aplicación le había recomendado este lugar, nunca imaginó que se encontraría con Sakura trabajando allí. Pensó en devolverse, pero ahí estaba ella saludándolo, además los pasteles que estaban en vitrina estaban causando revolución en el estómago de Shaoran.

Tampoco quiso preocuparse más, pero había notado una leve molestia de la chica en su cuello, y según lo acontecido anoche, supuso que se trataba de eso, por algo estaba usando un pañuelo, cuando claramente el clima estaba siendo bastante primaveral con toques veraniegos.

Sintió algo de pena cuando ella le mostró aquellas marcas. Impotencia tal vez. ¿Algo parecido a lo sucedido con Xiu Mei y la silla de ruedas? Lo pensó rápidamente y decidió sacudir su cabeza y caminar hasta un puesto desocupado, casi al fondo del local, para distraerse de lo que estaba pensando, sacó su celular y revisó uno por uno los correos que Igarashi le había mandado, las cuentas de la tienda de su hermana mayor en China, uno que otro spam y desocupar la papelera de reciclaje.

—Disfruta tu desayuno —dijo de pronto Sakura quien había dejado todo listo en su mesa.

—Gracias —pronunció sin mirarla.

Shaoran sin duda estaba deleitándose con lo que comía, en especial la torta de chocolate que era simplemente un placer culinario para su paladar.

Rara vez observaba a Sakura qué hacía, cómo se movía, puesto que este era su lugar de trabajo y atendía a las personas con una gran sonrisa, cómo las saludabas y se despedía de ellas. Y cuando los clientes iban a pagar se comportaba totalmente seria y hasta a veces fruncía un poco el ceño.

—¿Qué demonios? — pensó asustado volviendo a lo suyo.

Terminó de hacer tiempo en su puesto y se levantó rápidamente para ir a pagarle a Sakura.

—¿Todo bien? —preguntó ella y Shaoran sólo asintió con la cabeza evitando mirarla.

Al entregarle el dinero, nuevamente se fijó en esa expresión que descubrió hace un rato y le causó algo de gracia.

—Gracias —comentó él.

—Oye Li —lo llamó antes de que saliera del local— ¿Vas a querer ir el domingo?

—Sí —respondió tajante—. Me entró la curiosidad con el chofer ese que dices.

—Te llamaré entonces para avisarte bien a qué hora.

Luego de eso, Shaoran le hizo una seña con la mano y se despidió de la chica. Al salir del local sintió que su corazón se aceleraba. Apretó sus manos, respiró y se fue caminando lo más rápido de ahí.

Sakura

Cuando vio que Shaoran se marchó así de repente, pensó que algo podría haberle molestado, pero en ningún momento cruzaron más de algunas palabras, salvo para efectuar lo que ya habían planeado para el día domingo.

Siguió con su rutina, aún faltaban varías horas para salir de allí e ir a visitar a Tomoyo.

. . .

Al finalizar la jornada, Sakura se despidió de todos y subiendo a su bicicleta pedaleó con entusiasmo hasta la casa de Tomoyo, quien vivía en el sector alto de Tomoeda. A parte de eso, el lugar era precioso puesto que todo era sumamente tranquilo, con muchas áreas verdes y poco ruido. Le tomaría unos treinta minutos en llegar. Para ella eso no era nada, estaba acostumbrada al ritmo y llevaba una vida bastante saludable en cuanto a deportes.

Cuando llegó —muerta de sed— tocó el timbre de la residencia, dio su nombre y enseguida le abrieron las rejas. Para Sakura, la casa de Tomoyo era un verdadero palacio.

Uno de los empleados la dirigió hasta el jardín principal, donde estaba su amiga tomando y anotando las medidas de Chiharu. Ambas chicas se alegraron de ver a la castaña.

—Iré el fin de semana a visitar al abuelo —comentaba mientras bebía té— ¿Quieres acompañarme Tomoyo?

Sakura se percató del rostro triste de su prima.

—Lo lamento, quedamos con Chiharu en ir a comprar las telas para su vestido —decía con mucha pena.

—Pero vayan, dejamos la salida para otro día ¿No?

—Claro que no señorita —decía Daidouji seriamente—. Ese día tú tienes disponible y no podemos desaprovecharlo —luego observó a su prima—. Lo lamento mucho Sakurita.

—Está bien no hay problema, de todos modos no iré sola… —dijo bajando el volumen de su voz.

Tomoyo se percató de lo que dijo y dejó todo de lado para sentarse frente a la castaña obligándola a decir todo.

—¡Cuéntame! ¡Todo! —Chiharu también se había unido a la conversación— ¡¿Irás con Shouji!?

Sakura se avergonzó cuando escuchó el nombre del chico, pero no precisamente por él, sino por la cercanía de su prima y por las ideas que podías estar pasando en su mente, además de eso, porque hace ya bastante tiempo que no sabía nada de él. Desde que quedaron como amigos.

—No, te equivocas. No he vuelto a verlo —suspiró—. Iré con Li —esta vez sí sintió que algo en su estómago se removía.

—¿QUÉ? —se paró rápidamente de su lugar con entusiasmo— ¡Yo sabía! ¿Te gusta Li Xiao Lang, verdad Sakura?

Sakura escupió todo el té que estaba bebiendo en ese preciso momento provocando que manchara su ropa.

—¿Qué mierda estás diciendo Tomoyo? —sintió su cara arder.

—Cuidado con esa boquita —se burlaba— ¿No es cierto lo que digo? Pregunto porque te vi muy preocupada por él el día de la inauguración del pub.

Mientras Chiharu preguntaba de quién se trataba el chico y Tomoyo le mostraba un par de fotos de Facebook de él, Sakura las observaba y pensaba en las palabras de su amiga. ¡Y claro que no había interés! Era netamente porque Hien Li le pidió algo acerca de él y una cosa llevó a otra. No eran amigos, no, pero si era un tipo muy preocupado.

—¡Sakura, es un chico muy apuesto! —decía emocionada Chiharu.

—¡Ya basta!

. . .

Cuando llegó a su casa se aventó en su cama mirando hacia el techo. La visita a Tomoyo había resultado ser más estresante que de costumbre, con esas ideas locas que metió en su cabeza. Al final, terminó con un fuerte dolor de cabeza y ni siquiera pudo contarle todo lo sucedido la noche anterior. Se sentó en su cama para recomponerse un poco y buscar en sus pertenencias alguna pastilla para el dolor, obteniendo malos resultados. Así que decidió darse una ducha mejor y luego ir a acostarse, pero antes de eso tenía que llamar a su abuelo para poder avisarle y preguntarle si no había drama en ir a visitarlo y si es que Inuki, el chofer, se encontraba allí esos días.

—¡Abuelito! ¿Cómo estás?

Sakura, me alegra mucho oír tu voz. Este viejo se encuentra bien ¿y tú mi querida nieta?

—Muy bien gracias. También me alegra mucho oírte.

La conversación fluía mientras que Sakura daba vueltas en su habitación, preparando su vestimenta para el día de mañana y ordenaba sus accesorios de baño, e incluso dejar la cama lista para llegar a acostarse después de la ducha. Su abuelo le respondía todo con mucho amor, eso ella siempre lo sintió con él en sus palabras.

—El día domingo pensaba ir a visitarte ¿Estará Inuki también en casa?

Me alegra mucho saber que vienes Sakura, pero Inuki tiene libre ese día. Pero estará el sábado ¿Por qué no vienes ese día y pasas la noche acá en casa?

—Por mí no hay problema abuelito, es sólo que… —debía decirle que iría acompañada de alguien más. Sakura sintió como le sudaban las manos ¿qué le diría su abuelo?

¿Qué sucede Sakura, no puedes?

—Sí, sí puedo, es sólo que… voy con un amigo —hubo un momento de silencio—. ¡Es sólo un amigo! y además es socio de Tomoyo —dijo titubeante— y quiere, bueno, más bien necesita conversar con Inuki —suspiró—, es sobre el accidente abuelito… —esto lo dijo con algo de tristeza.

Está bien querida Sakura. No tengo problema en recibir a un amigo tuyo.

—Muchas gracias. Bien tengo que cortar. Nos vemos el sábado entonces. A eso de las seis estaré por allá.

Acá te espero. Buenas noches Sakura. Que descanses, saludos a Touya —nuevamente hubo una pausa—. Mándale saludos a tu padre.

Sakura sonrió y cortó el teléfono. Sabía que ambos no se llevaban bien. El hecho de haberse casado con Nadeshiko, siendo ella tan joven, para la familia Amamiya —apellido de soltera de Nadeshiko—, había sido un duro golpe.

Pero antes de irse a la bendita ducha —que estaba anhelando hace minutos— decidió ver si él se encontraba conectado. No tenía la intención de llamarlo, puesto que se pondría nerviosa y no quería sonar apresurada o atolondrada. Por eso encendió el notebook, esperó unos minutos, ingresó a Facebook y vio que sí se encontraba disponible.

—Hola Li. Hablé con mi abuelo. Le informé que iría a visitarlo el fin de semana, pero Inuki se encontrará sólo el día sábado en casa, así que le dije que iría ese día ¿Podrás? Por favor avísame si tiene algún inconveniente —hizo sonar sus dedos antes de seguir escribiendo—. Yo me quedaré hasta el domingo, porque el viaje de vuelta es algo pesado (son dos horas de trayecto en el bus que sale del paradero de Tomoeda) —y presionó enter.

Shaoran

Después de todo, el día había sido demasiado productivo. Fue de compras, le hicieron rebaja. Llegó a su casa, la luz funcionaba bien. Llenó el refrigerador con bastante comida y pudo cocinar sin que nada se le quemara, el gas tampoco nunca se acabó.

Así que aprovechando esa "extraña suerte" de la que no estaba costumbrado y que lo estaba acompañando, encendió su televisor y pasó toda la tarde viendo películas.

Y en la noche, mientras seguía buscando que otra cosa por ver —para maratonear por horas— le llegó un mensaje a su celular, pero era un mensaje por Facebook. Cuando vio el nombre de Sakura otra vez se espantó y una vez leído el mensaje respondió nervioso.

—Está bien, por mí no hay problema. Pero vámonos en mi auto —y envió.


Hola que tal mi gente.

Acá un nuevo episodio, algo más calmado. El próximo episodio se viene en casa del abuelito! Jajaja.

Gracias a todos por los reviews que siempre respondo por mps a mis chicas lindas. A los nuevos fav y follow que me han dado también.

Eso. Cualquier duda, sugerencia, reclamo, espero me lo hagan saber en un sabroso review.

Besos y abrazos!