Disclaimer: Lector, yo no soy Rowling.

Este fic participa en el Reto Anual La Agenda del Señor Tenebroso del fórum, el Mapa del Mortífago, y es mi regalo para Jeannine Matweus

¿Y si la gata lo cuenta?

No quería despedirse de ella, pero tampoco podía llevársela. Tendría que dejarla en Hogwarts, sola... Bueno, no del todo sola, pero sentía como si fuera así. Se preguntaba cómo se sentiría ella en su ausencia... Quizás estaba exagerando, sería solo un día, pero no estaba seguro...


Eh... ¿me está diciendo adiós? ¿Se va? ¿En serio? ¿Qué será de mis golosinas? ¡¿QUIÉN ME ACARICIARÁ?! Desde luego no puede abandonarme, ¡somos prácticamente hermanos! O sea, no es que sienta cariño ni nada por el estilo, es tan solo un humano, no está a mi nivel, pero ningún otro me ha salvado la vida, por no hablar de acariciarme o de las chuches... Anda, ¡me está agarrando! ¡Wiiii! ¡Me encanta este tipo! Se sienta en una silla y me acaricia. Sí, creo que es un buen momento para dormirme...

*flashback/sueño*

Se sentía mal, tenía frío, no podía mover la pata, sangraba demasiado... No aguantaría mucho más... Dolía mucho... De repente una sombra se cernió sobre ella. Infinitas sombras como esa habían pasado junto a ella, incluso recordaba con claridad aquella que le había hecho tanto daño... Pero esta no parecía como el resto. Detrás de una máscara de indiferencia, veía cariño, preocupación, compasión... La sombra desapareció. Otra vez se había hecho ilusiones... No, parecía que no. La sombra, que iba atada a un cuerpo sólido y real, la curó con manos dulces y cálidas. Seguía sintiéndose mal, pero ya no sangraba y el frío había desaparecido... Se tranquilizó, y dejó que la criatura la llevara a una... cosa. No sabía qué era, pero estar ahí se sentía bien, y el sol no la atacaba allí. Quién sabe, quizás las sombras no eran todas malas...


Despierto y me encuentro sola. Qué extraño, hacía siglos que no soñaba con aquello... ¡Anda, hay golosinas! Como, quizás demasiadas, pero no importa. Entran la profesora McGonagall (una medio-gata muy maja, la verdad) y el bicho ese de color raro (n/a: por lo visto los gatos no tienen los conos rojos de la vista, así que no perciben demasiado bien el rojo y el rosa) que dice que le encantan los gatos. En serio, esa cosa me da asco. No entiendo gran cosa de lo que dicen, pero por las muchas veces que mencionan a Filch-kun y como gesticulan hacia mí, deduzco que discuten sobre algo relacionado conmigo, probablemente quién me cuidará mientras él no esté. Por favor, la cara de sapo no... A parte de que me resulta insoportable, Minnie me cae mucho mejor, me entiendo con ella, el ser medio gata hace que nos comuniquemos maravillosamente. Al final me hace un gesto para que la acompañe. Caminando por los pasillos recuerdo todos los buenos momentos que he pasado con Filch allí. La atención que me daban todos los gigantes al principio (agradable aunque algo sofocante), la esquina en la que pillé a aquel chico, el orgullo en la mirada de Filch-kun... No puedo creer que ya le eche de menos, aunque claro, tampoco sé cuánto tiempo dormí, y menos cuánto lleva fuera... No tardamos en llegar al despacho de Minnie, donde me instalo cómodamente. Desde luego que estoy cómoda, pero ni de lejos tanto como con mi gigante. Recuerdo la vez que al volver de un paseo empezó a acariciarme y darme chuches sin motivo... Ay, cómo lo aprecio... Puede que me tenga un poquito mimada, pero eso no importa... Minnie me devuelve a la realidad con un fuerte maullido. La ignoro. Vuelve a maullar. Quiere enseñarme algo. La sigo. Me lleva a una habitación llena de fotos. Pero no son fotos mágicas, no se mueven. Son las que nos hemos hecho Filch-kun y yo todos estos años. Wow. Cuántos recuerdos hay en estas fotos... Cuando él no podía moverse y tuve que volar; cuando decidió mi nombre, con aquel aparato; cuando yo estuve enferma... Es increíble, y se lo digo a Minnie. Me explica cómo surgió todo aquello -Filch-kun quería que los recuerdos perduraran por siempre y que yo los tuviera cerca- y siento un enorme cariño. De verdad se preocupa por mí... Pasamos un rato jugando y después me da de comer. Me duermo. Ha sido un buen día...


Me despierta una voz conocida. ¡Es mi gigante! Me lanzo sobre él, le he echado de menos. Además, quiero agradecerle lo de las fotos, y no sé cómo. Me acaricia risueño y cariñoso, ¡me encanta!


Bueno, hasta aquí el fic. En mi opinión no podía faltar algo escrito desde el punto de vista de la Señora Norris, nuestra querida co-protagonista, así que decidí que este sería el último capítulo, como una especie de extra, que espero que les guste. Una vez más me disculpo con Jeannine por todo el retraso, y espero que hayas disfrutado de tu regalo, aunque fuera un poco (bastante) tarde. Saludos! :3