Lugares en el tiempo

Capítulo 12. Lo que eres, lo que fue.

________________________________________________________________________________________________

- ¿A dónde vamos?

- No te llevaré lejos, ya has venido por aquí.

- Sí, vine con Jacob, un amigo de la reserva, un día antes de empezar las clases.

- Hoy vienes conmigo – dijo Edward mientras me tomaba de la mano.

Caminamos unos 200 metros hasta encontrarnos rodeados de árboles. Un trozo de tronco caído me sirvió de asiento. Edward se sentó en el suelo frente a mi recargado en un tronco con una pierna flexionada.

- ¿No prefieres sentarte cerca de mí? – le sugerí.

- Así es mejor para ti y tal vez también para mí – respondió.

- Hice lo que me dijiste, lo estuve pensando bien. Estoy advertida y preparada.

- Quiero creer eso.

Se hizo un silencio incómodo como los que hacía buen tiempo no había entre nosotros, la última vez que recordaba fue hace más de una semana. Su rostro se convirtió en una mascara.

- ¿Recuerdas cuando estabas buscando algo en la biblioteca? – inició.

- Sí, fue la primera vez que me hablaste fuera de clase.

- Sabía que buscabas algo, pero no pensé que estuvieras tan cerca hasta ese momento en que te vi entre los libros sobre los quileute. ¿Sabes algo sobre las leyendas ahora? – me preguntó

- No. Supe que te llevaste los libros y entendí que no querías que supiera lo que sea que hubiera en ellos. Después empezaste a hablarme y me invitaste a sentarme contigo, de modo que no insistí para que no te enfadaras conmigo. Lo más que llegué a saber es que por alguna razón a los quileutes no les gusta tu familia.

- Ellos no nos quieren cerca porque se supone que somos peligrosos o más bien, porque lo somos. Más peligrosos de lo que crees, es algo que está en nuestra naturaleza, podemos controlarnos pero es algo que nunca eliminaremos por completo. Las leyendas quileutes nos nombran y describen haciendo referencia a nuestra piel helada. Nos llaman los fríos y nos describen como criaturas despreciables de hermoso camuflaje. – En este punto echó la cabeza un poco para atrás y continuó hablando con la vista hacia el cielo en medio de la burbuja verde en que estábamos sentados. Viendo hacia arriba no se podía ver nada más que texturas de gris coronando espesos tonos de verde -. Estamos diseñados para atraer con todo, con nuestra apariencia, nuestra voz e incluso nuestro aroma, pero solo es una carnada. Nuestra necesidad primaria implica la muerte de personas – hizo una pausa en espera algo-. Nosotros evitamos hacer eso o lo intentamos, por eso es que los quileutes aceptaron hacer un acuerdo con nosotros a pesar de ser nuestros enemigos. Ellos no contarían nada mientras nosotros nos mantuviéramos fuera de la reserva y así lo hemos hecho. Somos fáciles de reconocer si sabes que ver- Calló por un momento y bajo la vista hasta mí para ver como reaccionaba. Yo intenté seguir su ejemplo de rostro inamovible pero el mío no era tan bueno como él, por supuesto-. Somos superiores en fuerza, en velocidad, no necesitamos respirar, nuestros sentidos son superiores y nunca cambiamos de apariencia – hizo una pequeña pausa antes de preguntar -. ¿Tienes idea de lo que estoy diciendo?

- Que no son humanos – respondí tranquila. Le había vueltas al asunto más de una ocasión, pero aún así era diferente a decirlo, además que nunca lo había si quiera pensado con esas palabras, fue extraño oírlo en mi voz y debería sorprenderme escucharme decirlo con tanta tranquilidad, pero no fue así. - ¿Nunca cambian de apariencia sin importar el tiempo que pase? – pregunté y él negó con la cabeza.

- ¿Te veías igual hace once años a como te ves ahora? – inquirí.

- Sí.

- ¿Exactamente igual?

- Sí. - Después de sus respuesta desviaba la mirada un momento, así él sabría que mediaba lo que me decía, y luego volvía a verlo a los ojos.

- Dijiste que su apariencia es una carnada, ¿cuál es su necesidad primaria?

- Alimentarnos, saciar nuestra sed – dijo con voz tensa.

Edward tenía razón, necesitaría tiempo para asimilar aquello. De cualquier modo no quería que se fuera, sabía que si le pedía tiempo para pensar en lo que me estaba diciendo me lo daría, pero también sabía lo que podía significar para él. Tenía que obligarme a seguir la conversación con normalidad.

- Dijiste que ustedes lo evitaban. ¿Cómo?

- Nos alimentamos de animales solamente – me explicó.

- ¿Su sangre? – quería dejarlo en claro.

- Sí.

- ¿Lo necesitan para vivir?– pregunté tratando de dejar espacio suficiente entre cada respuesta y la pregunta siguiente.

- No. Teóricamente podríamos sobrevivir de cierta manera sin beber sangre, pero solo conseguiríamos llevar nuestra sed al extremo. Tarde o temprano caeríamos sin ser capaces de retenernos o de hacer distinción entre animales o humanos.

- ¿Porqué no se alimentan de humanos?

- Porque intentamos ser humanos. Carlisle fue el primero en transformarse y desde el principio eligió este estilo de vida, después fui yo, la familia fue creciendo y nos gusta la vida que tenemos. No nos gusta la vida nómada y salvaje de la mayoría.

- ¿Porqué no te alimentas de humanos? – fui directa y me respondió con otra pregunta.

- ¿Porqué no lo harías tu? – era claro lo que quería decirme y en realidad era lo que tenía esperanza de escuchar, no quería creer que evitar una vida "nómada y salvaje" fuera su razón.

- Lo llamaste sed, ¿es así, como cuando uno tiene sed?

- Sí, después de todo la sangre es líquida, pero es diferente por la intensidad con que la sentimos. No recuerdo mucho de mi vida anterior, pero dudo que alguno recuerde haber tenido durante su vida humana tanta sed como para compararlo con lo que sentimos. Es muy diferente a su experiencia de beber agua, según recuerdo, puedes beber mucha agua por sentir la sed en la boca o la garganta aunque tu estómago ya no quiera más o incluso cuando tu cuerpo ya no es capaz de asimilarla en ese momento, respondes a una necesidad pero dejas de disfarla. Para nosotros es diferente, después de beber ... se distribuye por nuestro cuerpo, podría decirse que la degustamos con todo el cuerpo, es delirante.

- ¿Cómo lo soportas?

- Aceptando el precio por lo que he elegido. No lo cambiaría y mucho menos ahora. Además la experiencia proporciona autocontrol aunque no significa que sea fácil.

- ¿Te disgusta... – me tropecé al querer formular la pregunta – quiero decir, creo que si, pero...

Edward ladeó la cabeza, pero sin perder la compostura al ver mi titubeo, pero yo sabía o me imaginaba lo que podría estar pasando detrás de su expresión así que me esforcé y después de respirar formulé otra pregunta.

- ¿Tienen una forma para llamarse? Me dijiste que los quileutes los llaman fríos, pero ¿cómo se llaman ustedes mismos?

- Vampiros – contestó haciendo un además con la mano como si fuera lo más natural porque en realidad la respuesta era obvia.

- Quería asegurarme, no sabía si la palabra te desagradaría y no quería... pero lo que inicialmente quería preguntarte era si te disgusta ... ser vampiro, si es un hecho que en sí te disguste. – Sentí que sonaba extraña la palabra, como si metiera una palabra de fantasía en una conversación terrena.

- A excepción de la sed, lo demás está bien, pero no es así como funciona, es el paquete completo, lo aceptas todo o lo niegas y no siempre significa lo mismo para todos – respondió. Sentí curiosidad por lo que dijo al final, pero pensé que sería mejor no preguntar de momento -. Podría decirte que preferiría ser humano, pero por ahora estoy dividido, hay cosas que no podría haber hecho como humano, en este momento no podría estar contigo.

Sentí que aquello me llegó hondo y bajé la mirada, me recliné y flexioné el cuerpo para poder quedar acostada sobre un costado en aquel pedazo de tronco y cerré los ojos, abracé mis piernas y me quedé inmóvil. Tenía la esperanza de que él no hubiera notado nada, pero sabía que la posibilidad no podía ser grande. Sentía que no lo merecía y que había llegado a complicar su vida más de lo que ya era. Después de varios minutos, no sé cuantos porque ahí no podía medir bien el tiempo, abrí los ojos y vi como Edward me observaba con ojos dolidos y eso me resultaba demasiado difícil de soportar. Me incorporé rápidamente y me quedé viéndolo también, tratando de encontrar algo que decir.

- ¿Quieres volver a casa?- me ofreció levantándose.

- ¡No! – dije aferrándome a mi asiento con las manos y recargando la barbilla sobre las rodillas.

- ¿No? – preguntó sorprendido y no lo dejé continuar.

- ¿Porqué quieres llevarme de regreso? Yo no quiero irme, quiero estar aquí contigo. - Edward no dijo nada, solo me observó intentando descifrar algo. – Lamento la impresión que pude haberte dado, no tiene que ver contigo o con lo que eres, sino conmigo y lo que te hago.

Se volvió a sentar más tranquilo, pero confundido.

- Dijiste que preferirías ser humano y esa ha sido tu opinión por mucho tiempo, ¿verdad? – él asintió en respuesta y yo seguí con el reproche en la voz, reproche contra mí misma – Has tratado siempre de ser humano porque lo consideras mejor a ser vampiro, pero ahora estás dividido y yo empeoro las cosas, ¿no? Porque ahora tendrías que pensar que no es tan malo lo que toda tu vida te has negado a ser – sentí que mis ojos se humedecían.

Su rostro mostraba desaprobación y consternación.

- Empeorar las cosas – dijo con indignación y luego respiró hondo -. ¿Cómo puedes pensar eso? Tengo suficientes testigos para negar eso y cada uno podría darte suficiente evidencia. Bella, tu no solo me has hecho sentir más humano que nunca, me has hecho sentir vivo.

Yo no supe que contestar ante eso. Edward se había acercado a mí inconscientemente, o al menos eso creía yo, estaba de rodillas frente a mí y cuando estaba a punto de alejarse de nuevo se lo impedí.

- ¿Puedo tomar tu mano? - le pedí - Me haría sentir bien.

Edward extendió su mano como si me ofreciera un pañuelo solo que con mucha cautela y yo acuné mi mejilla en ella.

- Me siento bien aquí – declaré, porque no intentaba asegurarle, demostrarle ni convencerlo de nada, simplemente le decía algo que era cierto y sentí que relajó la mano.

- No me vas a dejar, ¿verdad?

- No. No si tu me quieres cerca – dijo mientras limpiaba con su otra mano la ligera humedad de las lágrimas que no se habían alcanzado a formar de debajo mis ojos.

- Te quiero cerca. – Eso también era verdad, aunque esta vez si quería que me creyera y se lo dije mirándolo a los ojos. Su mirada era ternura.

No dijimos nada por un buen rato.

- Te voy a congelar el rostro – me dijo – moviendo un poco la mano.

- Tu nunca te has quejado de mis manos frías – le rebatí.

- Supongo que nadie te ha dicho nunca que tienes una peculiar forma de asimilar lo raro.

- Supones bien, pero yo no le veo nada de malo – no quería que me interrumpiera como sabía que iba a hacer por lo que continué rápido -. El odio es algo común, pero eso no lo hace bueno. Lo raro no define si algo es bueno o malo, es solo estadística, cuestión de probabilidades, no indican que un comportamiento sea lógico o natural.

Se me quedó viendo con una ceja levantada.

- No soy buena con la estadística – dije sonriendo presumida.

- Te daré clases – dijo bromeando Edward, me gustó que lo hiciera.

- Otro pretexto para que vengas a mi casa, aunque no servirán de nada. Estoy segura de que seré una pésima estudiante.

Levanté la cara y tomé sus manos con las mías.

- Me gustan tus manos frías, así no sientes tanta diferencia con las mías.

- Yo las siento cálidas de todos modos – repuso él.

- No tan cálidas como las de alguien más- repliqué.

- No me interesan las manos de alguien más.

- A mí tampoco.

- ¿Qué se supone que haga contigo Bella? – suspiró Edward.

- Ayer dijiste que me ibas a llevar a algún lugar – contesté.

- Es el lugar que habías estado buscando. Si aún quieres.

- Si. Al menos no es a una fiesta . . .

- No – dijo y se rió -, algo tan espantoso podría hacerte huir.

- Por eso estoy feliz de tener un novio tan comprensivo – dije.

- Vamos – dijo levantándose y ofreciéndome su mano – tu novio te llevará. Iré despacio.

- Se puso de espaldas a mi indicándome que subiera.

- ¿Me vas a llevar en tu espalda?

- Sí – dijo mientras me acomodaba los brazos alrededor de su cuello y yo terminé de acomodarme.

- ¿No estoy pesada? – pregunté y eso provocó que se riera.

- Bella, tu aroma me indica mejor que estás en mi espalda que tu peso.

- No seas presumido y empieza a caminar. Estos hombres. Una no puede intentar ser considerada.

Un minuto y quince segundos tardamos en llegar. Y se suponía que eso era despacio, iba a la velocidad de un corredor, pero entre árboles. Edward me bajó sin decir nada y me dejó observar el lugar. En medio del bosque había una montículo de rocas de unos cuatro de altura por quince de largo, estaba cubierto de musgo y rodeado de pequeñas plantas que crecían alrededor y algunas que crecían sobre la pared enraizadas en alguna grieta. Empecé a rodearla buscando, con Edward a unos cuantos metros a mis espaldas.

- Esto es lo que buscabas – dijo al tiempo que retiraba una roca de metro y medio de diámetro, después de lo cual arrancó las hierbas que la habían estado rodeando.

El orificio que quedaba expuesto era de la misma altura de la roca, metro y medio de alto por un metro de ancho más o menos y al asomarme alcancé a ver que se extendía unos 4 metros hacia adentro de la roca sólida. No era fácil de ver, en realidad no era una cueva propiamente, sino un agujero que sería bastante visible de no haber estado tapado. Edward había estado conmigo hace once años y por eso sabía que no podría asustarme tanto, que no tendría la reacción que Charlie y Reneé pensaban si sabía lo que había ocurrido. A fin de cuentas las cosas habían salido bien o no tan mal, ambos estábamos aquí, juntos otra vez y yo confiaba en él. Me acerqué y coloqué sus brazos a mi alrededor.

- ¿No te es desagradable el lugar? – me preguntó

- No. Contigo me siento segura, me siento bien.

Sin darme tiempo a nada me cargó y caminó conmigo algunos metros, me dejó en un lugar el cual era evidente habría acondicionado con anterioridad. No había nada que no debiera estar ahí, pero estaba acomodado demasiado bien como para ser casualidad, se quitó su chaqueta y la extendió antes de sentarme. Edward se sentó a mi lado y yo me recargué en su hombro, inclinó su cabeza y empezó a tararear. No reconocí la tonada, pero me parecía familiar. Me quedé un rato escuchándola, me dejé llevar y abrí los ojos hasta unos segundos después de que él terminara.

- ¿Tienes sueño? – inquirió.

- No. Lo siento. Es que ... es tu culpa. Me haces sentir demasiado bien – contesté.

- Tendré que soportarlo – dijo -. Siempre te gustó tarareara para ti.

- ¿Siempre?

- Sí, lo hacía cuando eras pequeña. Te dije que tenías una peculiar forma de asimilar lo raro. Nunca te asustaste conmigo, aunque no me veías, solo me escuchabas.

- ¿Porqué no dejabas que te viera? – pregunté.

- Porque no era correcto. Tampoco debía acercarme a ti, pero aún me cuestiono si tal vez fue lo mejor después de todo.

- Yo creo que sí lo fue.

- Aún no lo entiendes. Aún no sabes el peligro que soy para ti, más allá de lo que ya te dije. Siempre lo supe y quise cambiarlo, desde que te conocí. Charlie y tu iban saliendo de su trabajo, tu acababas de llegar y él había pedido sus vacaciones para estar contigo y ese era el último día que iba, en realidad había solo estaba de paso y estaba aprovechando para presumirte. Charlie te ama en verdad – dijo para sí mismo y luego continuó - . Yo estaba a punto a alejarme cuando ... percibí tu aroma y ... me alejé de ahí inmediatamente, ni siquiera me detuve a verte, pero no tardé en ir a tu casa.

"Estaba aquí porque Carlisle estaba planeando que volviéramos y yo tenía que averiguar si era seguro. Había pasado apenas cincuenta años desde la última vez que estuvimos aquí, aún podría haber gente que nos recordara. Si todo salía bien a finales de ese año estaríamos volviendo a Forks. Tenía tres días que había llegado y tenía que empezar con quien pudiera tener algún tipo de registro. Por eso estaba cerca de la comisaría ese día. Yo no estaba tan cerca en ese momento, pero aún si pude sentir que eras muy ... muy atrayente y me alejé, si me atraías tanto a esa distancia no sabía como sería si te tenía cerca. Eso fue precisamente lo que después me llevó a tu casa. Soy orgulloso y no podía aceptar que hubiera alguien que me hiciera perder mi autocontrol. Sabía que era imposible que me hubiera inventado aquello, no podía ser producto de la imaginación, pero quería negarlo. Regresé a la comisaría y supe que habías sido tu, la hija de Swan, quien había estado ahí esa mañana y fui a casa de tu padre. ¡Tan solo eras una niña! Te vi dentro de la casa de Charlie, estabas sentada en la mesa de la cocina contándole a Charlie algo que habías hecho con Reneé mientras él intentaba cocinar, pero te aburriste y saliste. Me alejé un poco antes de que estuvieras afuera, me preparé para sentir tu aroma de nuevo y fue igual que antes. Te vi en la distancia y no podía concebir como es que tú podrías ser tan... tentadora. No hice el intento de acercarme porque sabía que sería más fuerte y eso me enfadaría aún más. Una criatura tan pequeña e inocente, apenas tenías seis años, no podía tentarme tanto. Además fue hasta esta primera vez que te vi que supe que... que no podía leer tus pensamientos.

- ¿Leer mis pensamientos? ¿Quieres decir que tu ... tu lees la mente? – pregunté.

- Sí – dijo y luego me tranquilizó-. Excepto la tuya.

- Ah.

- ¿Estás bien?

- Sí, pero cuando dices que era atrayente, te refieres a atrayente para ustedes, ¿verdad?

- En particular para mí. Nuestro sentido del olfato está mucho más desarrollado y podemos percibir el aroma de alguien a mucha distancia y reconocerlo, diferenciarlo.- luego siguió pronunciando las palabras lentamente- Nunca, en toda mi existencia había percibido algo tan apetecible. La sangre humana es a que más deseamos, es delirante y provoca un deseo irracional, como una droga, pero...

- No estoy asustada.

- Tu eres mucho más que eso, si hubiera tenido que elegir una sangre, solo una en toda mi existencia, esa hubiera sido la tuya. Pero tu eres más que eso para mí. Te prefiero a ti sobre todo, incluso sobre tu sangre.

Bueno, ese no era un cumplido que escuchara cualquier mujer. Lo medité unos segundos.

- ¿Ya no te molesta?

- Estoy bajo control.

- Eso ya lo se. Me refería a que tan molesto es ahora tener que soportar eso, a como te sientes.

- Ya te lo dije, humano y vivo. ¿Y tú? O no me crees o no tienes instinto de supervivencia.

- Confío en ti.

- Dime cuando ya no.

- Mejor continúa. Te diste cuenta que no podías leer mi mente.

- Fue en la comisaría, cuando te "vi" por primera vez en su mente, también supe que acabas de cumplir los 6 años. Había pasado tantos años sin perder mi control, no solo en cuanto a esto, y de pronto tu me demostrabas que no era tan fuerte como pensaba. Lastimaste mi orgullo y me alejé de tu casa incrédulo y enojado. Tuve que aceptar mi debilidad, pero no quería contárselo a nadie porque era vergonzoso y porque de todos modos tu te irías, nadie tenia porque saberlo. Aún así quería eliminarla y decidí que me acercaría a ti poco a poco hasta que fuera soportable. Dos semanas después, cuando le hablé a Carlisle para decirle que podríamos volver también le dije que quería pasar un tiempo solo aquí antes de volver. Así que pasé mucho tiempo rondándote y como esperaba pude ir acercándome más y más. Acostumbrabas salir sola a caminar y yo te seguía, en la copa de los árboles para que no me vieras, pero después de varias veces de seguirte supe que te dabas cuanta de mi presencia.

-¿Cómo? ¿Qué hacía?

- A veces te dejaba avanzar antes de empezar a seguirte entre los árboles y tu te detenías hasta que yo empezaba a acompañarte de nuevo. En ocasiones, incluso me esperabas. Estabas en el patio sentada y no empezabas a jugar hasta que yo llegaba.

- ¿A qué jugaba? No recuerdo eso.

- Casi no utilizabas juguetes, hacías ciudades y pueblos en el patio e inventabas historias- contestó y yo fruncí el ceño tratándome de concentrar -. ¿No me crees?

- Sí, en realidad suena a mí, creo, pero no lo recuerdo, es frustrante.

- Tendrás que hacerte a la idea, como yo. Para mi es frustrante no saber que piensas.

- Ahora que sé que lees mentes, para mi es un alivio. ¿También eso te frustró entonces?

- Más bien me intrigó. A Carlisle le hubiera causado mucha curiosidad, pero no se lo dije - respondió.

- ¿Y no sospechó nada él cuando le dijiste que querías pasar más tiempo aquí?

- No – contestó -. Es bastante entendible. No tienes muchos momentos de silencio cuando puedes escuchar la mente de todos los que te rodean. Es como si la gente pensara en voz alto todo el tiempo, aunque no te concentres en lo que dicen puedes oírlos y la gente suele gritar más en su cabeza de lo que lo hace con la boca. – me quedé imaginando lo que decía, pero él continuó y me sacó de mi meditación -. Pero Alice siempre lo supo, no había forma de que se lo ocultara.- Yo solo lo miré con mirada inquisitiva.

- Verás, Alice tiene también un don – me explicó -. Ella puede ver el futuro, le llegan visiones. Me habló cuando me vio en tu casa.

- ¿Entraste?

- No al principio. Me quedaba afuera, sentado fuera de tu ventana, ahí fue donde ella me vio, le conté todo y le pedí guardar el secreto. Tu también sabías que estaba ahí porque me leías. Algo extraño, ¿no? La niña le lee cuentos al monstruo antes de irse a dormir.

- No vueltas a decir eso – lo interrumpí enfadada -. No vuelvas a llamarte así.

- Solo es la verdad.

- No para mí. No vuelvas a hacerlo – después más calmada le pedí que continuara -. Dijiste que no entraste al principio.

- Sí. Ya no tenía problema con estar cerca de ti, pero yo también me había acostumbrado a ti igual que tu a mí. Pensaba en ti más de lo que debería, me preguntaba estabas bien y me preocupaba por ti. Te veía dormir en las noches, era interesante, siempre quise saber que soñabas y que imaginabas que era yo, además verte dormir me proporcionaba mucha paz. También cantaba para ti o más bien tarareaba melodías y a veces me acompañabas. – recordé lo que había dicho Rachel sobre que yo cantaba – No lo entendía, no era un cariño paternal exactamente, según puedo compararlo. Creo que era más bien como si me sintiera tu protector o... es difícil decirlo, nunca he había relacionado con nadie de esa manera. Esa debía ser la razón por la que no lo entendía, solo sabía que me preocupaba por ti y me inspirabas ternura. Además todo se complicaba porque eras humana. Una vez te caíste y sentí el impulso de querer levantarte, pero me retuve. Estuve a punto de tocarte. Fue cuando supe que esto estaba demasiado mal. No debía sentirme así. Había superado una debilidad para entrar en otra. Tu no deberías importarme y era tiempo de irme.

Me dolió oírle decir aquello, pero me mordí el labio y lo seguí escuchando. Había empezado a llover ligeramente, pero a nosotros no nos caía agua.

- Pero no me fui - continuó-. Recibí una llamada de Carlisle diciéndome que Alice había visto que tendría problemas con un nómada, un vampiro que no sigue nuestra dieta, que atacaría a alguien cerca de aquí. Alice me dio algunas señas con las que pude localizar el lugar donde ocurriría y yo intentaría hablar con él pacíficamente. Inmediatamente pensé en ti, pero como Alice no lo vio cerca de tu casa me tranquilicé. También vio que yo no corría peligro, pero de cualquier manera Jasper, Carlisle y ella vinieron por si había algún cambio. Alice puede ver el futuro mientras siga un curso, pero alguien puede tomar una decisión que lo cambie, ellos prefirieron estar cerca por si el nómada cambiaba de parecer. Yo le expliqué al nómada que mi familia y yo habitábamos este territorio y que teníamos un trato con la tribu quileute, que nos provocaría problemas si cazaba en Forks. No estaba hambriento y no quiso meterse en problemas. Yo solo iba a esperar a que se fuera para encontrarme con los de mi familia e irnos de nuevo. Ya estaba oscuro y quería verte una última vez. Me dirigí a tu casa, cuando de pronto lo escuché, - los ojos de Edward ardían y se puso rígido, yo también me tensé

" Peter había decidido irse, pero percibió mi aroma, por él supo que frecuentaba tu casa y sintió curiosidad, se acercó bastante hasta percibir el tuyo también y ... me maldije por mi estupidez. Yo había sido quien lo había guiado hasta ti. No era lo mismo para él que para mí, pero aún así fue por ti y... pude verte a través de sus ojos, indefensa y confiada, de nuevo por mi culpa. – en este momento yo ya estaba fuertemente abrazada de Edward con la cabeza en su pecho - Peter había decidido tomarte y llevarte fuera de Forks, para que no te hallaran, pero no tuvo que llevarte, te despertaste y se dio cuenta lo fácil que sería convencerte de que salieras por voluntad propia. Cada cosa que había hecho desde que te vi fue para perjuicio tuyo. Ni si quiera lo pensé. Fui tras de ustedes y lo alcancé. Estaba desesperado. No podría atacarlo directamente porque te tenía con él. Tú, mi pequeña, entre los brazos de ese monstruo. Estabas asustada, porque ya sabías que ese no era yo, el que te cuidaba, el que nunca te haría daño. Le ordené que te dejara, pero no hizo caso. Incluso le ofrecí mi consentimiento para llevarse a alguien más o a varios si te entregaba. Todo lo que quería en ese momento era que te soltara. Vi en su mente que tal vez hubiera estado dispuesto a hacerlo, no le eras tan ... tan apetecible, como para envolverse en una pelea por ti, pero creía que de todos modos lo atacaría. Le di mi palabra de dejarlo ir, le expliqué lo pacífica que era mi familia y que solo quería que te dejara, pero no confiaba en mí. Fue horrible cada segundo que te vi entre sus manos, espantada y llorando. Entonces escuchamos a Carlisle, Alice y Jasper que venían, ya sabían lo que estaba pasando y no tardarían en llegar. Peter sabía que estaba superado en número y quiso huir. Le dije que si te entregaba lo dejaríamos ir, pero que si te hacía algo, por más mínimo que fuera lo seguiríamos, si no mi familia, yo y nunca lo dejaría en paz. Temía que te hiciera daño para que me tuviera que ocupar ti en vez de seguirlo. Supo que no mentía. Lo dudó un momento, pero al final decidió. Se paró allá arriba – me señaló la cima del montículo de cuatro metros –, dijo que te dejaría, pero que lo tenía que hacer así porque no confiaba en mí y te dejó caer. Te detuve, él sabía que lo haría y le daría tiempo, pero yo sabía lo que iba a hacer después y te dejé en el suelo para alcanzar a alejarme. Quería por lo menos herirme antes de irse para darse más tiempo para huir y se abalanzó sobre mí. Era muy fuerte, pero no me importó. Tu estabas a salvo y era lo que me importaba; además sabía que no quería matarme. Con lo que no conté ni tomé precaución para ello fue Peter calculó mal, era la primera vez que se topaba con vampiros como nosotros. La sangre humana hace más fuerte a los vampiros que la sangre animal así que atacó con más fuerza que la necesaria y yo no había previsto tener que defenderme de eso.

Tuve que morderme el labio fuertemente para no gritar y apreté más fuerte mi cara contra su cuerpo, sin importarme lo duro que era y él acarició mi espalda y mi cabello para tranquilizarme.

- Shhh... tranquila. Aquí estoy. ¿Prefieres que no continúe?

- Sigue – susurré contra su suéter después de pasar saliva y respirar profundo.

- Me lastimó en serio y tu gritaste, pero él se fue. Alice llegó conmigo, pero le dije que me dejara, que se ocupara de ti y te abrazó, pero tu seguías llorando viéndome horrorizada. Jasper y Carlisle interceptaron a Peter para advertirlo, pero él no esperó y los atacó sin dejarlos hablar, pensaba que lo iban a matar a pesar de mi promesa y los atacó ferozmente, al final no les quedó más remedio que ... destruirlo cuando él ya no estuvo dispuesto a ninguna tregua. Como pude me levanté y fui contigo, te aseguré que estaba bien y tu me abrazaste. Era la primera vez que me veías y en medio de aquello, aún así tu me abrazaste. Logré calmarte y te cargué, seguías llorando en silencio sobre mi hombro. Quería alejarte de ahí, llevarte de nuevo a casa, pero Jasper sugirió que debíamos asegurarnos sobre lo que podrías decir y no era el momento para decirles que no podía leer tu mente. Carlisle y Jasper estaban terminando de...

- De hacerse cargo de Peter – concluí por él.

- Sí, no quería que vieras aquello y te metí ahí conmigo y con Alice – dijo señalando con la cabeza hacia donde estaba el agujero en el montículo de piedra -. Era más pequeña, la agrandé para que no escucharas tanto. Cada vez que se oía a Peter tu me abrazabas más fuerte intentando protegerme. Era irónico. Mientras se suponía que veía en tu mente le conté a Alice mi versión de los hechos, una no tan detallada, para que no me delatara accidentalmente. Sabía que tendría que decírselo a Carlisle algún día, pero no ahora y Alice me apoyaba. Les dije que estabas en shock y que tus pensamientos eran incoherentes, que no sabías que había pasado así que de momento no podrías decir nada y probablemente tus recuerdos serían confusos. Alice y yo te llevamos de regreso, pero ya te estaban buscando y decidimos dejarte en su camino, empezaste a llorar fuertemente de nuevo, pero tenía que hacerlo. Nos tuvimos que ir de ahí, pero le pedí a Alice que te mantuviera vigilada – dijo señalando su frente con el dedo – . Físicamente estabas bien, no sufriste ninguna herida, pero me era demasiado difícil controlarme entre ellos, Alice me ayudó y sugirió que fuéramos a vigilarte. Carlisle y Jasper estuvieron de acuerdo, dijeron que tal vez tus ideas se empezaran a aclarar, pero yo lo que quería era verte y Alice lo sabía, además con Jasper tan cerca... hmmm. Ellos fueron a hablar con Billy, fue la única vez que se alejó de tu casa. Billy confiaba en Carlisle, pero tenía sospechas sobre lo que en realidad, había pasado, le contaron la versión que Alice y yo le habíamos dado y al día siguiente fueron los otros dos miembros de su tribu que lo acompañaban a verificar al lugar la veracidad de lo que habíamos dicho y terminaron por creernos. De todos modos Billy estuvo cerca de Charlie todo el tiempo hasta que te regresaste con Reneé.

" yo me mantenía vigilando todo, lo que pensaba Billy, a tus padres y a ti. Eso servía muy bien a mi propósito de no separarme de ti, al menos hasta que estuviera tranquilo de que estabas bien. No me gustaba para nada la idea de que ahora tuvieras miedo de mí aunque no lo creía probable. Alice dijo que probablemente tu no te tranquilizabas porque estabas esperando por mí, así que volví a tu la cuarta noche, fue difícil porque no te dejaban sola. Me encargué de que te dieras cuenta de mi presencia en una u otra forma, hasta que Reneé te llevó. Quería ir contigo, pero no podía ir a Phoenix, además de que era lo mejor para ti. Alice vio que te pondrías bien y regresé con mi familia. Alice te veía de vez en cuando, pero nunca en mi presencia. Llegamos al acuerdo de que me ocultaría lo que veía a menos que fuera una emergencia, aunque era difícil e resistir las ganas de querer que tuviera un "accidente" y algo se les escapará. Tu lograste seguir con tu vida y yo con la mía. Era lo mejor porque así debían ser las cosas.

"Con todo lo que había pasado Carlisle decidió que sería mejor posponer nuestro regreso. Los quileutes pensaban que si nos quedábamos aquí atraeríamos más nómadas y por eso volvimos hasta ahora.

- Por mi culpa.

- Tu no tienes la culpa de nada. ¿Escuchaste si quiera la mitad de lo que te dije? Puse tu vida en peligro, por mi sola presencia y por atraer a seres peores hasta ti. Toda la culpa es mía – se recriminó.

- No toda, soy yo la que huelo así. Además escuché mejor la otra mitad, en la que me cuidas, me salvas, me cantas y me haces feliz – lo corregí.

- Nunca dije que te hiciera feliz.

- Eso yo lo sé y tengo una testigo- repliqué segura que tu mismo ya la escuchaste, me dijo que ese año había sido el más feliz de las veces que estado aquí.

- Si supiera toda la verdad no diría que fue algo maravilloso - dijo.

- Algún día irás conmigo a verla.

- Sí, quisiera agradecerle. Tampoco he podido darle el pésame por su esposo.

No respondí y me quedé observándolo. Después de un rato de que el único sonido fuera el del agua que caía a nuestro alrededor su curiosidad pudo más.

- ¿Te dije que era frustrante no saber que piensas? - preguntó

- Sí. Lo cual es bastante curioso porque estaba tratando de entender como funciona tu mente, como es que puedes verte como dijiste. Ahora que me has dicho lo que eres y lo que pasó no logro verte diferente a como lo hacía antes. Para mi sigues siendo tu. Bueno tal vez la única diferencia es que ahora te veo más hermoso - dije esperando que viera la sinceridad de lo que decía -.

- ¿En realidad creías que ... te iba a tener miedo o algo así? - pregunté ahora yo.

- Estaba preparado para eso, miedo y repulsión. - dijo y yo torcí la cara.

- Entonces, ¿porqué me pediste antes que fuera tu novia, si creías que después te iba a rechazar después?

- Aún conservo rasgos humanos. Sé como uno es capaz de engañarse sí mismo, de engañar a su mente, yo mismo lo he experimentado – dijo sonriendo -, aún con las ventajas que tengo. Aunque en esto no hubo engaño. Todo el tiempo fui conciente de porque lo hacía. Quería saber, tener de consuelo, de que si no fuera por lo que soy me querrías y permanecerías conmigo.

- Eso ya no debe preocuparte – le aseguré.

- En un rato empezará a llover más fuerte, es mejor que te lleve a casa. – dijo para cortar el tema. Sabía que eso iba a tardar tiempo en resolverse entre nosotros.

De nuevo me puso sobre su espalda.

- Quisiera llevarte a mi velocidad normal – me dijo.

- ¿Qué tan diferente es de la velocidad a la que me trajiste?

- Lo soportarás.

- Bien.

Me sujeté con toda la fuerza que pude y me llevó de nuevo a casa. Esta vez no pude cronometrar la carrera, escondí la cara en su cuello hasta que llegamos.

- Ya estamos aquí – anunció y saqué la cabeza, sí, estábamos en mi casa.

- Espero que mi lentitud no te exaspere, porque voy a tardar en acostumbrarme a esto – le advertí.

- No me exasperas y tengo todo el tiempo.

- Vamos adentro – dije y me trajo a la mente otra cosa.

- Sigues viniendo por las noches, ¿verdad? Por eso sabes si duermo – sugerí mientras abría puerta trasera de la casa.

- Sí, pero no te preocupes, desde que regresaste no había entrado hasta hace dos semanas. No me atreví hasta que me lo permitieras – dijo y no se lo discutí, así era él y la verdad lo adoraba.

- Pero habías venido antes, ¿no? Antes de esa noche.

- Sí.

Entramos a la cocina.

- ¿Dónde? – pregunté aunque presentía que lo sabía.

- Fuera de tu ventana. – respondió.

- Toda la noche – quise confirmar y él simplemente asintió y yo respiré hondo.

- En el frío y con la lluvia – lo miré con mirada acusativa, luego terminé de abrir la puerta.

- No tienes que preocuparte por mi con cosas como esas. Créeme, no me voy a enfermar.

- ¿Y qué? Quizás eso no haga que tu te enfermes, pero si me hace sentir mal a mí – dije molesta, me lo imaginé fuera de mi ventana mojado mientras yo descansaba caliente y sin preocupaciones – Lo siento, te ...

- Es lo que sientes. Quiero que me lo digas. La razón porque quiero saber lo que piensas no es únicamente porque no puedo leerlo yo mismo.

Ay, nunca antes había tenido un novio, así que no podía dejar de preguntarme si así era para todas o si realmente este hombre era demasiado maravilloso para ser de este mundo.

- ¿Puedo abrazarte?

En respuesta abrió sus brazos, pero me detuve después del primer paso.

- ¿No te molesta? Ya sabes, por ... mi olor.

Entonces él se acercó y me rodeó con sus brazos.

- ¿Qué crees tú? Podría estar así el resto de mi vida.

Yo lo abracé también y apoyó su mejilla sobre mi cabeza. Estuvimos así por un buen rato.

____________________________________________________________________________________________________________

Al fín aqui está y al fin ya Bella sabe lo que pasó.

Por favor dejenme saber que les pareció.

Batallé para actualizar porque mi compu se enfermó y se la llevaron varios días y en papel es bastante lento esto.

Besos y que se la pasen bien.