Disclaimer: Los personajes pertenecen a SM, la historia es de LyricalKris, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


El primero fue Marcus.

Él era frágil. Más joven de lo que parecía. Tenía sólo cuarenta y cinco. Su cara era indolente, y sus ojos sin brillo. Bella no sabía lo que esperaba, pero Marcus no lo era.

Ella estaba, por supuesto, perfectamente segura. Incluso si Marcus no hubiera sido benigno como un gato doméstico. Estaban en una habitación que contenía sólo dos sillas y una mesa atornillada al suelo. Marcus estaba en una silla. Estaba esposado y sus piernas habían sido encadenadas tanto a la mesa como entre sí. Había dos policías en la puerta por donde ella había entrado y dos en la puerta por donde lo hizo él.

Cuando estuvieron uno frente al otro, Bella sonrió, sobre todo porque era lo que siempre hacía. Ella no quería perder de vista el hecho de que estos hombres, estos asesinos, aún eran gente, y merecedores de mucho respeto.

Pero eran personas tortuosas. El especialista con el que había trabajado para prepararse para estas entrevistas se había asegurado de que ella entendiera lo manipuladores que podrían ser este tipo de asesinos.

Así que ella sonrió. Marcus le devolvió la sonrisa de un modo extraño, como un niño que imita el comportamiento, no la suya propia.

—Hola, señor Betaluci. Mi nombre es Bella. ¿Ellos le dijeron que vendría?

—¿Ellos? —Marcus rio—. ¿Cree que hay voces en mi cabeza?

—No, quiero decir, ¿sabe por qué estoy aquí?

—Quiere hablar acerca de las chicas que he matado. Ellos siempre quieren hablar de las chicas que he matado. —Él parecía apagado por eso.

—Sí y no —explicó Bella—. Estoy más interesada en hablar de su tatuaje.

—Oh. —Se acarició la parte superior de la pierna y ladeó la cabeza, mirándola con curiosidad—. ¿Quiere decir el verdadero?

—¿Cree que los otros no son reales?

La expresión de Marcus se endureció.

—Esas chicas... me engañaron. —Sus ojos se empañaron—. Y consiguieron lo que las chicas merecen cuando mienten.

Un escalofrío recorrió la espalda de Bella. Ella tragó saliva.

—Entonces, ¿enamorarse de ellas fue culpa de ellas?

Él inclinó la cabeza, mirándola.

—Mire lo que hicieron. —El tintineo metálico de sus cadenas arrastrándose a través de la mesa de metal era fuerte en la habitación pequeña. Le dio la vuelta a sus brazos, y Bella cubrió un jadeo.

En su brazo había dos tatuajes. O bien, habían sido dos tatuajes alguna vez. Ahora, eran un desastre destrozado de piel con cicatrices. «Quemaduras», pensó Bella. ¿Auto infligidas? Ella lo miró.

—¿Esas chicas hicieron esto?

Marcus bajó la cabeza.

—Bueno. No podía solo tener sus huellas en mí, ¿cierto? Es una maldita mentira. Sólo he tenido un verdadero amor, no importa lo que diga mi piel.

—Ya veo. —Bella se aseguró de mantener la voz firme—. ¿Quiere contarme de ella? ¿Tal vez la forma en que se enamoró?

Una sonrisa afectuosa vino a su rostro.

—¿Cómo se enamora cualquiera? Éramos adolescentes. Un adolescente se enamorará de cualquiera que esté dispuesta a dejarle tocar sus pechos. —Sonrió, pero con la misma rapidez, su sonrisa desapareció—. Pero se puso más serio que eso. Oh, sí, lo hizo. ¿No es así siempre?

Él suspiró.

»Ella era inteligente, y divertida, y amable. Fue una de esas cosas. Éramos, simplemente, uno para el otro.

—Mmhmm. Veo que su primer arresto fue por acoso. Acechando a la chica que afirma es su verdadero amor.

Sus rasgos se oscurecieron. Luego se encogió de hombros con indiferencia fingida.

—Como ya he dicho, éramos adolescentes. Ella estaba jugando juegos tontos y pretendiendo tener miedo de mí. Lo llevó demasiado lejos. Traté de decirle que la perdonaba, pero ya sabe cuán sensibles pueden ser las chicas. Creo que ella pensó que yo estaba enojado.

—Y luego la mató.

Dio un puñetazo en la mesa. Bella saltó.

—No —espetó, su voz áspera y fuerte. Ella se encogió.

—Oye. —Uno de los guardias dio un paso adelante, la mano en su arma—. Calma el culo, Betaluci.

Marcus levantó las manos y asintió. Respiró hondo e hizo un esfuerzo por sonreírle a Bella.

—No —dijo con más calma—. Por supuesto que no maté a mi amada. ¿Cómo podría? Si ama a una persona, no puede matarla, ¿verdad? Usted no podría hacerle daño.

Sacudió la cabeza.

»Sé que dicen que yo la maté, pero eso no es cierto. Sólo no es cierto. Ella todavía está ahí afuera, y todavía la amo. Yo nunca le haría daño.

—¿Y las otras chicas?

Sus ojos se volvieron duros y fríos como el hielo otra vez.

—Como ya he dicho. Ellas tienen lo que se merecen.

~ 0 ~

—La locura del amor —dijo Bella, sentándose frente al escritorio de su jefe—. Estoy empezando a ver a tu ángulo desde aquí.

Eric sonrió y extendió una mano a lo ancho.

—En base a toda la transcripción que pude leer, habría pensado que irían con una defensa por demencia.

—Él sabe lo que hizo. Al menos cuando se trata de todas las demás, menos la primera. —La mandíbula de Bella se tensó—. Y realmente, realmente se cree incapaz de hacerle daño, porque tiene pruebas de que la amó.

Eric asintió.

—Pruebas de amor han librado a una gran cantidad de personas con el argumento correcto.

Bella lo consideró por un momento, mordiéndose el labio inferior entre sus dientes.

—¿Estás bien, Bella? —preguntó Eric.

—Sí, sólo he estado pensando en lo que dijo sobre el amor. —Se estremeció—. Es sólo que... lo entendí.

—¿Cómo es eso?

—Habló de lo que era estar enamorado de esta mujer que mató. —Ella respiró hondo—. Entendí lo que quería decir. La enormidad del mismo. Cómo te conduce hasta el borde de la razón.

Hubo un tiempo, cuando Bella estaba desesperadamente enamorada de Edward y la situación era imposible, que consideró cosas locas. Si Tanya no hubiese sido su amiga, su mentora, ¿qué habría hecho? A ella le gustaría creer que se hubiera mantenido firme a pesar de todo, sufriendo en silencio.

—El amor no es fácil. —Eric se echó hacia atrás, con una expresión melancólica en el rostro—. Y no te convierte en la persona que debes ser ni por asomo. Aunque, me gusta pensar que la mayoría de nosotros no llegamos al asesinato y otras formas de destrucción.

—Sí. Sin embargo, no es cómodo darse cuenta de que tienes algo en común con un asesino.

—Nos gusta pensar en estas personas como monstruos. Etiquetarlos como monstruos es nuestro intento de distanciarnos, pero son de nuestra especie.

Bella frunció los labios, considerándolo.

—Este va a ser un artículo interesante.

~ Edward ~

Medio dormido, Edward se dio la vuelta, estirándose de forma automática por Bella. Ella no estaba allí, y eso lo despertó un poco. Parpadeó, desorientado, y trató de recordar si sabía por qué su novia embarazada no estaba en la cama a las —echó un vistazo al reloj— dos de la mañana.

Edward se levantó de la cama y se dirigió a la sala de estar. No encontró a Bella ahí sino en la mesa de la cocina. Estaba inclinada sobre su ordenador portátil, documentos y carpetas se extendían por todas partes. Bostezó, rascándose la parte posterior de la cabeza.

Ver a Bella trabajar por lo general lo hacía sonreír. Ella era una mujer apasionada, brillante. Además, tenía la más linda arruga entre sus cejas cuando estaba concentrada.

El problema era el número de noches esta semana que había estado levantada hasta tan tarde. Esta historia la estaba consumiendo. Era lo que hacía todo el día en el trabajo, y de lo que hablaba en la mesa durante la cena.

Él comprobó la lógica tres veces. Ella no estaba bajo una fecha límite. Estaba en la etapa de investigación para su segunda entrevista. No había ninguna razón por la que tuviera que trabajar toda la noche a este punto.

Edward dio un paso adelante. Ella ni siquiera miró hacia arriba. Él se apoyó en la pared y se cruzó de brazos.

—Bella.

—¿Hmm? —preguntó, sin apartar la vista de la pantalla.

—Son las dos de la mañana.

Casi un minuto pasó mientras escribía.

—Oh, um. Sí, estaré allí en un minuto, cariño.

Él no se movió. Volvió a respirar profundamente, preparándose para una discusión.

—Bella —dijo de nuevo.

—Edward, yo…

—Bella. —No levantó la voz pero dijo su nombre con severidad.

Finalmente ella alzó la vista, claramente molesta. Abrió la boca, pero luego la cerró, recordando, pensó, su promesa de dejarle cuidar de ella. Sin embargo, estaba en guerra consigo misma, con los ojos como dardos entre él y su ordenador.

—Te prometo que va a estar allí por la mañana. —Él extendió una mano.

La forma en que cerró lentamente su portátil, mirándolo con una expresión triste, le encantó. Ella suspiró y tomó su mano, dejando que tirara de ella contra él. La besó en la frente, deteniéndose un momento antes de llevarla a su dormitorio.

Bella comenzó a charlar casi al instante.

—No era mi intención exagerar. Es sólo que quiero estar realmente preparada. La última entrevista me afectó de una manera que no esperaba. No quería sentir ningún tipo de simpatía por él en absoluto. Me molestó, ¿sabes?

Él lo sabía. Ella había tenido un par de pesadillas —vagas y leves como eran estas cosas—inmediatamente después de la entrevista. A él no le gustaba la idea de estos maníacos dando vueltas fuera de control en la cabeza de Bella.

En su habitación, él se sentó en la cama, con la espalda contra la cabecera y la tomó en sus brazos. Ella siguió en piloto automático, hablando de James Hunter.

Edward apretó la mandíbula. Marcus Betaluci había sido bastante malo. James Hunter era otro nivel de psicópata completamente. Sus escenas del crimen eran francamente brutales, y Bella había estado viviendo y respirando sus viles actos durante toda la semana.

—A él le gusta meterse debajo de la piel de las personas, así que tengo que estar lista —dijo Bella, acomodándose entre sus piernas abiertas con la espalda contra su pecho—. No puedo dejar que me sorprenda.

Él tarareó en respuesta mientras tomaba las manos de ella y las guiaba a la curva de su vientre. Ella dejó de hablar casi al instante. La envolvió fuertemente en sus brazos, moviendo sus manos para cubrir más.

A ella ya se le notaba, la redondez, orgullosa y cada vez más grande cada día.

—Es un mundo oscuro en el que has caminado esta noche —murmuró en su oído. La deseaba con él por un rato—. ¿Por qué no me cuentas lo que hizo nuestro chico hoy?

Ella resopló, pero era un ruido encantador. Hacía poco se había suscrito a uno de esos sitios que siguen el embarazo semana a semana detallando el desarrollo.

—Todavía no se me notaba, pero te puedo decir algo. El niño ama los melocotones. Debo haber comido diez de ellos, y eso sin contar la pequeña lata. Ya sabes, ¿esos que vienen en jarabe de azúcar, lo que anula todo el valor nutricional?

—Odias lo melocotones.

—No era yo. Era el bebé. Tu hijo es un bicho raro.

—Bueno, eso era inevitable. Mira quién es su madre.

Ella se burló e inclinó la cabeza para besarlo.

—Eso es todo de ti. Bicho raro.

~ Bella ~

James Hunter le dio mala vibra a Bella al instante en que entró en la habitación. A diferencia de Marcus, que se había visto bastante patético mientras arrastraba los pies, con las cadenas haciendo ruido, James parecía simplemente peligroso.

Eran los ojos, Bella decidió. Eran azules fríos y perforantes. Como un elegante gato salvaje en cautiverio, ella tenía la sensación de que sólo sus cadenas y restricciones lo contenían de devorarla. La miró a los ojos en el momento que entró por la puerta, todo macho alfa. Él era letal. Era algo que simplemente sabía hasta la médula de los huesos.

Pero cuando estuvo sentado frente a ella, sonrió. La mirada depredadora en sus ojos se desvaneció a algo más abierto y curioso.

—Buenos días, señorita Swan —saludó en un tono educado y agradable.

Bella parpadeó, sorprendida. Le dieron escalofríos, y ella pensó en los hombres y mujeres que Hunter había atraído a su muerte. Se aclaró la garganta.

—Buenos días, señor Hunter.

—Por favor. Llámeme James.

—Está bien, James. Sabe usted…

—Me gustaba cuando me dejaban sostenerlos —dijo.

Un rizo de temor comenzó a crecer en su estómago.

—¿Qué?

—Es una cosa extraña, ¿verdad? —Su voz era tan tranquila, como si estuviera hablando de formaciones de nubes—. La necesidad de la gente por afecto, quiero decir. Cuando clamaban por alguien, sabía que podía tener lo que quería. La mayoría de ellos clamaban por sus madres. Sollozaban como pequeños bebés, especialmente cuando pensaban que no podía oírlos. Ellos se encorvaban en pequeñas bolas, y yo les decía que vinieran a mí, para que los sostuviera, y lo hacían. Yo los mecía y les acariciaba el pelo. Bueno. —La contracción más pequeña de sus labios—. Los que aún tenían pelo. A veces se los quitaba.

Una ola de náuseas le sobrevino a Bella, y tuvo que agarrarse a los brazos de la silla para no desmayarse. Ella aspiró por la nariz, tratando de controlar su ritmo cardíaco. James estaba observando. Por el rabillo de los ojos, vio que los labios de los guardias se curvaron en disgusto.

—Usted me parece una niña de papá —continuó James, en un tono todavía plácido—. ¿O habría sido una de las pocas que en realidad lloraron por sus maridos y novios? Brazos seguros y protectores.

Bella respiró dentro y fuera, dentro y fuera. Se aclaró la garganta.

—Señor Hunter, no estoy muy interesada en sus crímenes, yo…

—Oh, fue una obra de arte —dijo con tristeza—. La sangre como pintura. Y sus gritos como una sinfonía. —Él inclinó su cabeza hacia atrás, su sonrisa amplia mientras recordaba. Luego se volvió a mirarla, y la diferencia fue como la noche y el día. El depredador estaba de vuelta—. ¿Usted no está interesada en mis crímenes?

Bella tuvo que tragar con fuerza el nudo en la garganta.

—No.

—Está mintiendo.

Tenía razón, y los dos lo sabían. Ella se horrorizó. Por supuesto, se horrorizó. Y tenía miedo a pesar de las medidas adoptadas para mantenerlo donde estaba. Pero, por supuesto que quería saber. Ella quería saber por qué, y cómo alguien podía hablar de las cosas atroces que James Hunter había hecho con no más inflexión que la que otras personas usaban para hablar de lo que iban a hacer para la cena.

—Quiero saber qué le hizo a la chica del tatuaje que tiene —dijo Bella en vez, satisfecha cuando su voz se mantuvo estable y fuerte—. ¿La sostuvo mientras ella lloraba por su madre?

La fulminó con la mirada, y la malevolencia de sus ojos en ese momento hizo que Bella quisiera encogerse en el suelo. Pasó rápidamente sin embargo, y el destello del mal estaba de vuelta.

—¿Quiere oír las cosas que quería hacer con ella? Quería que…

—Así que no le hizo daño.

Él vaciló, afectado.

—Usted quería, pero no lo hizo —continuó Bella, sabiendo que tenía la oportunidad de recuperar el control de la conversación—. ¿Debido a que la amaba?

James la miró fijamente. Pero después de un momento, se burló y se acomodó en su asiento.

—Tenía planes para ella. —Sonrió, parecía casi con cariño—. Nos íbamos a divertir mucho juntos, ella y yo. —Le dio la vuelta a la palma de la mano y acarició el tatuaje allí. Una serpiente, le pareció a Bella—. Pero ella tenía sus propios planes.

—Ella era diferente —sugirió Bella, sabiendo que tenía que tener cuidado ahora que tenía al pez donde quería. Le dio cuerda lentamente. Su padre pescador estaría orgulloso.

James resopló.

—Ella era un dolor en el culo. Amor. —Otro resoplido—. ¿Quién carajos lo pidió? Y viene con todas estas reglas también.

»Me gustaba follarlos. Especialmente a los chicos. Pendejos estúpidos —se burló James, y sacudió la cabeza—. Ellos meten la polla en cualquier cosa que se mueva, y tratan a las mujeres como si debieran estar agradecidas por el privilegio. Pero se caen a pedazos ante la idea de que algo esté dentro de ellos.

Bella tuvo que esforzarse para cubrir su consternación por el repentino comentario social. Pero no tuvo tiempo para pensarlo. James siguió hablando.

—Pero entonces ella llegó, y arruinó ese tipo de diversión. Podía olerlo en mí como un sexto sentido.

—¿Así que usted no quería amarla?

—Claro que no. ¿Para qué demonios necesitaba ese tipo de complicación en mi vida?

~ 0 ~

Después de la entrevista, Bella dio un paso fuera de la sala de interrogatorios y se dejó caer en una silla cercana, temblando con fuerza. Un grupo de policías la rodeó al instante.

—Estoy bien —dijo con voz temblorosa. Ella estaba bien, sin embargo. Al menos, pensó que lo estaba. Su cerebro acababa de llegar a la sobrecarga máxima. Tratar de mantenerse al día con la gimnasia mental que James le había hecho pasar fue agotador. La última hora y media, solamente la pura fuerza de voluntad había mantenido sus respuestas tranquilas y medidas. Estaba claro que él había tenido un buen momento perturbándola. Y ella estaba perturbada. Profundamente.

Las escenas del crimen. La sangre y la masacre. Los cuerpos rotos y las personas sonrientes que sus víctimas habían sido una vez. Todos parecían cobrar vida cuando James hablaba de ellos.

James era bueno reconociendo cuando un tema, aunque horrible, había despertado el interés de ella. Él siempre encontró la manera de plantar la semilla que hacía que por su curiosidad, de algo más que horror absoluto, los conectara de alguna manera.

—Señora, ¿necesita una ambulancia? —dijo uno de los oficiales, mirando a su vientre. Su bulto no era tan notable, pero algunas personas eran molestamente observadoras. Bueno, él era un oficial de policía después de todo.

Bella sacudió la cabeza.

—Mi novio está en el vestíbulo. ¿Pueden ir por él? Yo sólo... lo necesito.

Lo más cerca que podía imaginar era que su reacción probablemente tenía algo que ver con la adrenalina. La última hora y media se había sentido como la supervivencia del más apto. Ahora que estaba en un lugar más seguro y tranquilo, la adrenalina se había evaporado, reemplazada por las emociones abrumadoras que no se había permitido sentir en el momento.

—¿Bella?

Alivio la inundó ante el sonido de su voz. Se puso de pie justo cuando llegó a ella, y se dejó caer contra él. Edward mantuvo un brazo alrededor de su cintura, pero él se alejó, tomando su cara con la otra mano.

—¿Estás bien? Necesitas…

—Estoy bien —dijo, sintiéndose mucho mejor con él cerca—. Sólo necesito que me lleves a casa.

Casa, por el momento, era una habitación de hotel, la prisión donde estaba James no había sido local. Bella estuvo callada en el camino y, bendito sea, Edward no la presionó. Él sostuvo su mano mientras conducía y dejó que lo procesara en paz, excepto para preguntarle si quería recoger algo de comer. No quería. Quería estar tan lejos de otras personas como pudiera en ese mismo momento.

—Dime lo que necesitas —pidió cuando finalmente estuvieron separados del resto del mundo, en una habitación para ellos solos. Le tomó la cara entre las manos, la preocupación grabada en sus rasgos.

Ella lo amaba tanto.

Al igual que James, ella no había pedido el amor, no lo había deseado. Especialmente en aquellos primeros días, enamorada por su cuenta, había resentido ese amor por existir en absoluto. Ella no lo había invitado, y no tenía tiempo o uso para ello.

La vida es lo que pasa cuando estás ocupado haciendo otros planes, un hombre sabio dijo una vez. Y qué hermoso giro. Él era un tesoro. Era un regalo que ahora, ella podría poner su debilidad a sus pies y saber que él estaría allí.

—Abrázame —susurró ella, aferrándose a él—. Te necesito.

Edward la tomó en sus brazos sin decir una palabra y la llevó hasta el sofá. Allí se acomodó con ella en su regazo. Bella cerró los ojos, temblando un poco cuando comenzó a mecerla y besarle el cabello.

Ella sabía. Sabía que si ella hubiera sido víctima de James Hunter, hubiera sido Edward por quien hubiera llorado cuando estaba desesperada por un lugar seguro y cálidos y amorosos brazos alrededor de ella.


Gracias por sus alertas y favoritos, por sus rr: Aislinn Massi, Jocelyn907, EbyCmasen, Hanna DL, paosierra, Cullen-21-gladys, kaja0507, Let luna, LalhizGarcia, freedom2604, jupy, Jane Bells, Adriana Molina, Peyci Cullen, Wawis Cullen, solecitopucheta, ginnicullenswan, Leah De Call, patymdn, fathy hurtado, montse lugoxtremo, aide nuno, Rosy Canul, bbluelilas y los anónimos.

Las espero en el grupo de Facebook "la traductora malvada" (el link está en mi perfil) donde comparto adelantos y todo lo relacionado a mis traducciones.

Nos leemos en la siguiente actualización.

Sarai.