-La historia es de mi completa autoria pero esta ligeramente inspirada en la serie "Kösem La Sultana" escrita y producida por Timur Savci. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto y aquellos de carácter secundario si han sido creados por mi para la dramatización de la historia :3
Capítulo 11
Llorando desconsolada, y siendo abrazada por Mikoto que observaba a su hijo con dolor producto de sentirse impotente al no poder hacer nada por él, Sakura intentaba aislar sus pensamientos tristes de sí misma, para no afectar al bebé. La Matriarca Uchiha observaba proceder a los médicos que le humedecían la frente a su hijo y lo examinaban no solo para encontrar el problema, sino también para evitar que su respiración se mantuviera errática en un punto que resultase peligroso.
Mikoto no había conseguido creer inicialmente lo que el guardia le había dicho, ¿Cómo era posible que su hijo hubiera enfermado tan repentinamente? El día anterior había estado perfectamente bien, no tenía sentido la condición en la que ahora estaba. Sakura, a quien abrazaba intentando tranquilizarla para que el dolor emocional de la joven no afectara al bebé, se había sumido en el llanto apenas y había escuchado a los médicos decir que la fiebre y situación en que Sasuke se encontraba era suficiente como para considerarse realmente grave.
¿Qué haría si Sasuke moría?, ¿Cómo cuidaría de un hijo o hija, sola? Mikoto no podría ayudarla si el príncipe Yosuke ascendía al trono, por la línea de sucesión, y ella no conseguía hacer que su hijo (de ser varón) ascendiera al trono como le correspondía por herencia, ¿Qué haría sin Sasuke?
Las puertas se abrieron y Mikoto se giró, encontrándose con Shizune que, en compañía de dos de las doncellas de la Matriarca Uchiha, cargaba jarras y palanganas con agua fría y compresas húmedas que prosiguieron a entregar a los médicos.
-¿Dónde está Fugaku?—preguntó Mikoto con la ira tiñendo su voz, aun abrazando a Sakura que no apartaba sus ojos de Sasuke, -¿Dónde está mientras mi hijo está al borde de la muerte?
Levantando ligeramente la mirada y observando con lastima a la muy afectada pelirosa, Shizune no supo muy bien que más decir salvo lo que acababa de descubrir mediante los guardias del palacio.
-Acaba de llegar, Sultana—respondió Shizune.
Sakura sin embargo era completamente ajena a todo lo que pasaba, llorando silenciosamente y rezando porque el destino y la providencia no fueran crueles con ella y la separan de Sasuke. Sentía que, y lejos del amor que sentía por su hijo, no conseguiría seguir viviendo si él no estaba, ¿Por qué la vida debía ser tan cruel con ambos?
Sasuke no me dejes, por favor
El sol, luego de tan ansiosa y terrorífica espera, volvía a emerger desde lo alto del horizonte, iluminando los dominios de los Uchiha con su luz, pero lejos de aquellos días anteriormente felices, ahora el palacio estaba ensombrecido por los nervios, la tristeza y melancolía total, temiendo la muerte del joven Sultan, más específicamente la familia real y de ellas; la Sultana Mikoto, la favorita del Sultan, Sakura y el leal jenízaro Fugaku Pasha.
La habitación del Sultan, tan poderosa y elegante como podía serlo al estar forrada en múltiples tapices dorados que cubrían las paredes y un enorme candelero de cristal y oro que colgaba del techo y toda clase de joyas relucientes; era un caos total por la incertidumbre entre la que se encontraba la vida del Sultan. Los médicos, examinándolo, todavía no eran capaces de descubrir si lo que provocaba la fiebre era un veneno o una enfermedad que no conseguían identificar. Nadie sabía que es lo que padecía que lo hacía totalmente incapaz de despertar sin importar cuanto rezaran los miembros de su familia.
Los médicos, que poco y nada sabían o creían poder hacer para ayudarlo, lo vigilaban a cada minuto, asegurándose que su estado no se agravara más, pero eso ya era algo cuestionable ya que no había medio alguno con el que saber que pasaba.
Mei hablaba con Mito y Hinata acerca de la condición del Sultan y la aparente buena salud del príncipe Yosuke y de lo que el pueblo haría al descubrir lo que pasaba, y que no les había sido informado.
La misteriosa Mei, ocultando sus galas rubí y joyas de gran belleza mediante un pesado abrigo de piel negro que traía por sobre la ropa, conseguía ocultar sus deseos de que el Sultan muriera y le permitiese a su hijo, el príncipe Yosuke, subir al trono y con ello hacerla Madre Sultana. Hinata, por su parte, usaba un sencillo vestido violeta claro de escote cuadrado, con una serie de más de diez botones en sucesión vertical que desaparecían en el borde inferior del corpiño que separaba las caderas de las piernas, las mangas eran ajustadas hasta los codos a partir de donde eran totalmente holgadas hasta llegar a cubrir la mano.
-Gracias a Kami, el príncipe está bien—respondió Mei con voz serena al ver el rumbo que la conversación estaba tomando en ese momento. –Pero en todo caso, debemos estar preparados si ocurre una tragedia.
Hinata asintió únicamente, pese a que su rostro tuviera una expresión sinceramente preocupada.
-Algo es algo—agradeció Hinata, fijando su atención en su madre que hasta ahora había guardado sepulcral silencio.
Mito, arrogante como le salía ser naturalmente, vestía como si fuera la única Sultana. El restrictivo vestido color castaña, de escote alto y cuadrado, era ajustado hasta los codos donde la tela se dividía en dos para exponer los codos. Una especie de bufanda o cuello de piel tono canela se hallaba sobre los hombros del vestido, dándole calor del cuerpo de su portadora. Una enorme corona de oro y citrinos reposaba sobre su cabeza.
-Escúchalas planear todo- le susurró Mikoto a Fugaku.
La Matriarca Uchiha, la favorita del Sultan y el jenízaro se encontraban al pie de la cama, presenciando la difícil condición en la cual se hallaba el Sultan. Les resultaba duró pero querían estar allí para su hijo.
Sakura, con un sencillo por hermoso vestido aguamarina bordado en hilo cobrizo, ajustado al vientre mediante una cinta que colgaba tras la espalda, de falta lisa y mangas holgadas con su larga melena cayendo libremente tras su espalda adornada por una diadema de tipo cintillo complementada con cristales turquesa, se encontraba rezando silenciosamente por la recuperación del dueño de su corazón. El leal jenízaro, vestido sencillamente con una chaqueta larga de terciopelo negro, holgados pantalones de satín negros y botas de cuero, hasta la rodilla del mismo color, intentaba reconfortar a la Matriarca Uchiha y la joven pelirosa que se veían destruidas e impotentes al no poder hacer nada más que observar el sufrimiento por el que el joven Sultan estaba pasando.
-No creo que debamos adelantarnos a los acontecimientos- le sugirió Fugaku que prefería concentrarse en el estado del Uchiha, -el Sultan aún puede recuperarse, eso debemos analizarlo luego, Sultana.
Vestida en exquisitas telas metálicas color limón que parecían más bien dorado, la Matriarca Uchiha se encontraba observando a los médicos en espera de algo que alentará la recuperación de su adorado hijo. La especie de chaqueta limón que llevaba ocultaba parte de un vestido del mismo color del cual solo se dejaba ver el recto pero bajo escote cuadrado, así como la falda interna y las ajustadas mangas hasta la muñeca, y sobre su cabeza una corona de oro que emulaba flores y en cuyo centro tenia pequeños granates.
-Eso crees tú- le recordó la Uchiha llamando su atención. –Prometiste que protegerías a mi hijo—le recordó Mikoto, abrazando a Sakura con la espalda que, habiéndose cansado de llorar solo rezaba silenciosamente, -pero no estuviste aquí mientras conspiraban contra él.
Fugaku le tomo una mano disimuladamente, sorprendiéndola y haciéndola temblar de la sorpresa, haciéndola apartar brevemente su mirada protectora de su hijo.
-Lo mantengo, Sultana- le aseguró el jenízaro en voz baja.
Una sonrisa apareció en los labios de la Uchiha, más pronto se vio obligada a desaparecerla ante la repentina intrusión de uno de los sirvientes del palacio en los aposentos del Sultan, si pedir autorización, recibiendo la mirada sorprendida de todos los presentes, incluyendo la de los médicos. Choji trago saliva y por primera vez dudo en hablar al ver la severa mirada de todos sobre él. Pero era su responsabilidad hacerlo tras darse cuenta de cuál era la enfermedad que aquejaba al Sultan.
-Sultanas- bajo la cabeza ante todos los presentes antes de dirigir su atención a su única "Sultana", por así decirlo, Mito, -se los ruego a todos, aléjense de él—advirtió Choji con voz preocupada. Sus declaraciones hicieron fruncir el ceño a todos los presentes. –No es veneno…es viruela.
La mirada de horror en el rostro de Hinata fue inmediata, así como la expresión de dolor y miedo en el rostro de Mikoto pese al escepticismo que Fugaku mostraba en comparación a ella. La inmediata reacción de los presentes fue comprensible. Mei dio un paso atrás pese a estar lejos de la cama donde se hallaba el Uchiha, al igual que los médicos que se alejaron por miedo, siendo uno quien se atrevió a querer continuar con el examen.
La viruela era una enfermedad grave y que en pocas ocasiones, por no decir ninguna, permitía la supervivencia de alguien ya que las personas que la padecían morían inevitablemente. Una pregunta apareció en la mente del valiente medico que se había decidido a continuar el examen, si el Sultan padecía viruela, ¿por qué no tenía los síntomas? era más que predecible la reacción de cualquiera de los presentes que, por instinto, se habían alejado al menos uno o dos pasos.
-¡Den el avisó de cuarentena en todo el palacio!- ordenó Mito inmediatamente mientras veía proceder al médico con el examen. -¡Examinen a todos!
El joven Sultan, pese a la fiebre que lo aquejaba, seguía luciendo sano por lo demás. No había marca alguna en su piel que indicará la presencia de tal virus en su cuerpo. Era un caso realmente extraño, el primer caso de ese tipo que hubiera visto el medico pese a haber tratado con enfermos de viruela a lo largo de toda su carrera. Había visto toda clase de casos, pero no algo como eso.
Jamás.
Levanto la tela de las mangas de la camisa que el joven monarca usaba para dormir, dándose cuenta que, en efecto, la piel del monarca si tenía dichas marcas, pero solo se trataba de tres en la zona central del brazo, exactamente en la opuesta al codo, donde las venas principales del cuerpo se llenaban de sangre nueva a cada minuto. El solo tener esas marcas indicaba que la enfermedad no iba a aumentar desde ese punto. Podía ser pequeño el grado de la enfermedad, pero ya era mortal porque no permitía que el Sultan pudiera despertar o hablar siquiera.
-¡Sasuke!—sollozo Mikoto con la voz cubierta de dolor al ver a su hijo sumido en tal enfermedad. La Uchiha intentó acercarse a su hijo pese a saber lo que eso significaba, al igual que Sakura.
Con la sorpresa de saber que el joven gobernante a quien consideraba su hijo se encontraba en tal problema, y con el corazón oprimido por escuchar el llanto de la Matriarca Uchiha y la joven favorita, Fugaku se vio obligado a sostenerles los brazos para que no se acercaran a él. SI lo hacían podía acabar en el mismo estado que él.
La primera en salir instintivamente de la habitación fue Mei que no había podido evitar preocuparse en su hijo. Si no se trataba de un veneno que afectara únicamente al hijo de Mikoto, incluso su pequeño hijo corría peligro. No podía permitir que muriera tan injustamente como lo había hecho Itachi, siendo inocente. Además estaba su hija Rin, ¿Qué haría si ellos enfermaban?, No, no quería pensar en eso. Casi inmediatamente la siguió Hinata, y luego Mito que, con la mirada, les ordenó salir a los médicos, siendo el más experimentado quien más se tardó en salir por evaluar la condición del monarca. Peleando con su dolor y con la necedad de Mikoto, y más que nada de Sakura, Fugaku les sostenía los brazos, halándolas hacia el exterior pese a las resistencias que ellas aportaban en su inútil intento de quedarse en la habitación, encerrada con Sasuke.
Pero ninguna de las dos pudo protestar más ante el jenízaro que las obligo a salir. Y así, todos dejaron a solas al Sultan del mundo...a su suerte de sobrevivir o perecer ante la enfermedad que lo aquejaba.
Sasuke Uchiha estaba a su suerte, y a la voluntad de Kami.
Consolándose en el abrazo que la Matriarca Uchiha le proporcionaba, saliendo de los aposentos, Sakura hubiera deseado quedarse junto a Sasuke. No le temía a la enfermedad, más si a una vida sin él. En su propio dolor, la reacción de la Madre Sultana no había sido otra que abrazarla protectoramente, intentando hacerla mantener la calma por el bien del niño o niña en camino.
-Mei, retírate, cuida que Yosuke no se vea afectado por esto—Sakura levantó la mirada al escuchar hablar a Mito que, lejos de parecer preocupada o dolida incluso parecía satisfecha con la posible muerte de Sasuke, al punto en que ahora comenzaba a mover sus hilos y así trazar planes. -Ahora que la vida del Sultan corre peligro, es nuestro deber preparar al príncipe.
Sakura sabía que lo normal era que el príncipe Yosuke, en el caso de que Sasuke muriera, sucediera al actual Sultan en el trono, pero ella no quería siquiera pensar en eso. Si conseguía sobrevivir, a punta de todo lo posible protegería la vida de su hijo y pelearía por el trono que sabía le correspondía. Era lo menos que podía hacer por Sasuke si e que él no conseguía salvarse.
Podría sobrevivir, algo se lo decía, al menos por su persona. Si Sasuke estaba enfermo, ella había pasado la noche entera con él y no se veía afectada por enfermedad. Lo primero en que Sakura pensó era el ser inmune, y tal vez lo fuera. Rompiendo lenta y cuidadosamente el abrazo de Mikoto, Sakura camino hacia Mito que se quedó sola en cuanto Mei y Hinata se retiraron.
-El Sultan aún vive, ¿y ustedes ya piensan en desplazarlo?—acusó la pelirosa incrédula.
Una vez que Sasuke muriera, Sakura podría entender tan preparación, precaución o cualquier medida preventiva, pero Sasuke seguía vivo, no tenía sentido intentar suplantarlo mientras u corazón siguiera latiendo. Podía recuperarse, Sakura no dejaba de creer en ello
La única respuesta que la pelirosa recibió, de parte de la abuela del Sultan, no fue otra cosa que una sonrisa ladina y tremendamente sínica que la hizo fruncir el ceño. Al fin y al cabo…Mito siempre era falsa y peleaba únicamente en pro de sus propios intereses, y un Sultan infante era más que conveniente para que ella gobernara detrás de todo.
-Contrarias a lo que tú haces, niña—la insulto Mito sin dejar su aire sínico, ganándose una mirada dura de parte de Sakura, -nosotras no soltaremos lágrimas ni romperemos a llorar—en ese momento Sakura supo que no había conseguido jurarle o darle su lealtad a Mito porque la odiaba con todo su corazón. Por primera vez la considero verdaderamente su enemiga. -Todo esto es una cuestión de supervivencia.
Sin voltear a verla por última vez, la pelirroja le dio la espalda y siguió con su camino siendo duramente observada por Sakura que jamás, hasta ese entonces, creyó ser capaz de sentir odio por una persona en toda su vida. Siempre hay una primera vez, se dijo la pelirosa antes de volver su mirada hacia Mikoto que era consolada por las palabras y promesas de Fugaku.
-No se preocupe Sultana, buscare médicos entre el pueblo—dio a conocer el jenízaro que, lejos de mentir, si tenía contactos médicos de renombre entre la gente más pobre pero igualmente culta que los que pertenecían a la aristocracia, -debe haber alguien que pueda hacer algo.
Sakura, llegando a su lado, resulto un consuelo para Mikoto que la abrazo a medias en un intento por calmarse, ante lo cual la pelirosa la abrazo y observo tranquila pero melancólicamente, intentando brindarle esperanza.
-Hazlo Fugaku, por favor—respondió Mikoto con voz quebrada.
Asintiendo, el jenízaro estuvo a nada de retirarse, la mirada de dolor de parte de la Matriarca Uchiha ya le resultaba algo doloroso co lo que cargar, pero ver a la que era la favorita del Sultan y posiblemente madre de un príncipe, igual de dolida y afectada por la situación, resulto algo que no pudo eludir ni ignorar por ningún medio.
-Señorita, no se preocupe—intentó reconfortarla Fugaku, con el debido respeto que de todas formas le debía, -Sasuke es demasiado terco como para morir.
La pelirosa no pudo evitar sonreír levemente ante las palabras de consuelo de parte de Fugaku que, al verla más tranquila, se retiró con una reverencia dirigida hacia las dos mujeres.
Sasuke, no te rindas, pidió Sakura de todo corazón, abrazando a Mikoto.
Mei entro en sus aposentos, calmada y serena.
Esa mañana, antes de ir a los aposentos del Sultan en compañía de la Sultana Hinata y la Sultana Mito, se había encargado de evitar que su hijo despertara y, en el proceso, lo había examinado y comprobado que, como siempre, su salud era de hierro producto de su juventud y buena alimentación.
La habitación se encontraba sumergida en ligeras penumbra, producto de las cortinas entreabiertas a través de donde se colaba la luz del astro solar, dándole un aire sombrío y ligeramente anaranjado. Las puertas se cerraron tras Mei que se encamino hacia la cama para corroborar por segunda vez que su hijo era fuerte y son, y que sería el Sultan que el mundo deseaba, y ella; la más poderosa de las Madres Sultanas en la historia del Imperio. Apartando la cola del abrigo se sentó junto a su hijo que, se acomodó todavía más contra las almohadas, removiendo sus cabellos y despeinándolos todavía más, sacándole una sonrisa a Mei.
-El sol saldrá para ti, hijo mío—prometió la pelicastaña con voz serena e idealizaba en el futuro que le daría su hijo…y que no había podido darle a su Itachi.
Sabia, de todo corazón, que su difundo primogénito había sido idóneo para ser el Sultan del Imperio, era un pacifista y moralista comprometido, con una voluntad fuerte y férrea que nada ni nadie podía desteñir…ese había sido el mayor problema por el que el Sultan Izuna lo había visto como una amenaza, y por lo que la Sultana Mito había acabado sugiriendo su ejecución. Pero no dejaría que las cosas sucedieran igual con Yosuke. A él le aseguraría el trono a como diera lugar.
Jamás necesitaría seguir los pasos de nadie: desde su primer día en el palacio, cuando había tenido dieciséis años y había sido enviada a la cama del, entonces, príncipe Izuna, había forjado su propio camino. Siempre había usado su intelecto y mente aguda para salir beneficiada y exonerada de todo, haciendo que incluso tras la muerte de Itachi, el anterior Sultan no hubiese dejado de confiar en ella en lo absoluto. SU mente era la mejor e sus armas, así como su innegable habilidad para mentir y sobrevivir pese a las adversidades.
Había hecho y perdido demasiado como para rendirse ahora.
Sus primeras órdenes, como Madre Sultana, serian; exiliar a Mito y Mikoto al palacio de lágrimas para que murieran en la más absoluta miseria. Hacer que el palacio entero le jurase lealtad para saber de quién debía deshacerse, cambiar a todos los miembros del Consejo Real y encontrar un político prometedor con el que comprometer a Rin, y así asegurar su posición y reinado.
Se inclinó y deposito un beso sobre la mejilla de su hijo. La Sultana frunció el ceño al alejare, sintiendo la mejilla de su hijo inusualmente caliente. Cuidadosamente y sin removerlo demasiado, Mei abrió la camisa de dormir de su hijo y le levanto las mangas, encontrando un par de marcas en el pecho del príncipe y dos más en su brazo, para horror de ella.
-No…- se negó a creer Mei al ver las marcas de viruela en el pecho y brazo del príncipe, -Kami, no…
Se cubrió los labios para ahogar un sollozo ante lo que veía. Sasuke era su enemigo y la enfermedad y señal de Kami de que él no debía de seguir en el trono. ¿Pero porque Yosuke estaba enfermo?, ¿Cuál era la voluntad de Kami para hacer todo eso?, ¿Cuál era la razón?
¡Mi hijo no! Rezó Mei con lágrimas en los ojos.
Fugaku había cumplido su palabra y conseguido a los mejores médicos había y por haber en la capital. Se trataba de un antiguo habitante de Kumogakure que ahora residía en Konoha, se llamaba C y tenía un grupo entero de aprendices que se especializaban en tratar la viruela ya que todo habían sobrevivido a ella sin cicatriz o remanente alguno. Y eran muy devotos en su trabajo.
Mikoto, observando el trabajo de todos del otro lado de la puerta de la terraza que conectaba con el pasillo, rezaba silenciosamente porque todo marchara bien y su hijo tuviera la posibilidad de salvarse. Fugaku estaba tratando con los políticos, más aseguraba que era solo cuestión de tiempo antes de que la condición de Sasuke se diera a conocer. No podían guardar el secreto para siempre.
Sakura, sentada sobre el diván de la terraza, desde donde podía ver claramente lo que sucedía en el interior de la habitación, rezaba silenciosamente, más tranquila tras la llegada de los médicos y la experiencia que tenían en la materia. Debía tener fe o de lo contrario acabaría perdiendo la razón producto de su miedo y los nervios. Entendía y consolaba a Mikoto en su dolor, quien había afirmado; "si mi hijo muere…no me importa que el mundo entero colapse".
El verdadero "Palacio de Lágrimas", a entender de Sakura, no era otro sino ese. El dolor no cesaba, ni las preocupaciones ni temores. La incertidumbre se respiraba a cada momento y la opresión llenaba los corazón de todo. Alrededor de ella y Mikoto se encontraba las doncellas de la Madre Sultana, así como Shizune y el propio Shikamaru que le había ofrecido un poco de té para que se relajara.
"Yo soy el viento, tu cabello es el fuego, y doy vueltas por tu rostro. Tu amor me vuelve loco y no puedo ni quiero apartar mis ojos de ti"
Todavía su mente reproducía las palabras que Sasuke le había dicho el día anterior, esas palabras que cautivaban y entristecían al pensar en un mundo en que el no estuviera. Un mundo y realidad en que se encontrar sola y sin él, que era la razón de su vida. Pocos rezaban en favor de Sasuke que, al ser clemente, no había conseguido ganarse el total apoyo de los habitantes del Imperio que habían ansiado un Sultan guerrero y conquistador de tierras. Muchos querían que Sasuke muriera y fuera reemplazado por un nuevo Sultan, pero, de ser así, Sakura solo permitiría que ese "nuevo Sultan" fuese su hijo. Se aliaria con el demonio se hacía falta.
En ese momento, y con la preocupación oprimiendo su pecho, Sakura se juró así misma el pelear por entronar a su hijo, si era varón, y verlo convertido en Sultan. Era lo mínimo que debía hacer en memoria de Sasuke si este no conseguía superar la enfermedad, aun así teniendo fe de que lo haría.
Fugaku había mencionado que: "lo que es valioso para el Sultan, también lo es para nosotros" y como tal, la misma Sultana Mikoto había ordenado que comenzaran a preparar unos aposentos nuevos y de mayor tamaño para ella, lejos del Harem. Ahora que sería la madre de un posible príncipe, debía de tener sus propios aposentos y estatus. Era solo el primero de sus avances. Por su hijo, pondría el mundo entero bajo sus pies y perpetuaría su promesa hacia Sasuke.
No dejare que te quiten tu derecho, prometió Sakura al niño en vientre.
Sakura entro en el Harem en compañía del doctor C que ahora atendía, en compañía de sus aprendices de mayor confianza, a Sasuke para garantizar su completa y pronta recuperación.
La inmediata reacción de las jóvenes, al verla, fue retroceder como si tuviera la peste, como si su simple presencia no fuese otra cosa que la plaga. Sumida en su preocupación y dolor, no le importaba lo que otras pensaran. Jugo, al verla, se acercó a ella y la acompaño sin necesidad de pronunciar palabra alguna.
-¿Qué hace ella aquí?—demando saber Guren al ver, -ella tiene la viruela.
Levantando la mirada sin interés alguno, Sakura observo a Guren con la mirada vacía, casi carente de emociones. Claro que no tenía la viruela, el mismo C había asegurado que su sistema inmunológico evitaba completamente el virus…además de que teorizaba que el virus de la viruela hubiera sido ingresado al palacio mediante algún alimento. Que surgiera tan repentinamente y sin mayores victimas era algo demasiado extraño. Esa clase de pandemias sucedían en masa. Kurenai, de pie junto a la puerta, la observaba igualmente preocupada porque fuera portadora del virus.
-No tiene la viruela—respondió C con voz pasiva, a su lado, -es inmune a la enfermedad.
Todas la observaron con incredulidad y miedo al mismo tiempo. Kin, descendiendo por las escaleras, la vio y se le acerco inmediatamente, sorprendiéndola con un abrazo. Viéndose la una a la otra, Kin con preocupación, recibió un asentimiento de parte de Sakura. Seguidas por el médico y Jugo, ambas subieron las escaleras, hacia la habitación. Los guardias, fuera de la habitación, abrieron las puertas y les permitieron el paso, más la señal de Jugo también lo hizo ingresar.
Sakura ayudando a Kin a guardar las joyas, ropa y cosas que le pertenecían, no se percató de Jugo que le indicaba a los guardias que comenzaran a sacar todo lo llevaran a su nueva habitación que, según alcanzó a escuchar, ya estaba lista. Kin, acariciándole el brazo de modo reconfortante, le sonrió ladinamente para tranquilizarla.
El traslado se efectuó de manera rápida, bajo las ordenes de Jugo y la gestión de C quien, mediante sus conocimientos médicos, roció cada cosa de su pertenencia con un, según él, aerosol inoloro que evitaba el contagio o propagación de la viruela, en caso de que si fuese verdaderamente contagiosa.
-Kami nos proteja.
-¿Qué haremos?
-¿Qué será de nosotras?
-Nos mandaran al mercado de esclavos.
Siendo acompañada por Kin únicamente, Sakura cruzo al Harem, pero se detuvo al escuchar los murmullos y pensamientos trágicos de todas a su alrededor. Como si ya no fuera suficiente con su propia preocupación.
-¡Suficiente!—gritó Sakura, haciéndolas guardar silencio inmediato y absoluto por su tono de voz. Incluso Kurenai, de pie junto a la entrada, la observo sorprendida, -cierren la boca de una vez—demandó acercándoseles y viéndolas retroceder por miedo a lo que pudiera decir. –Ni el Sultan ni el príncipe han muerto y ustedes gritan como aves de mal agüero.
La acusación de parte de la pelirosa las hizo guardar silencio y bajar la mirada, como si estuvieran ante una Sultana. Kurenai, más recompuesta de su impresión inicial, se acercó a la pelirosa, que volteo a observarla con el ceño fruncido. La pelinegra la observo con escepticismo ante sus palabras.
-Nadie puede sobrevivir a la viruela—criticó Kurenai las esperanza que tenía la pelirosa.
Girándose por completo, Sakura no tuvo miedo o titubeo de ninguna clase al encarar a la encargada del Harem.
-Pueden—respondió Sakura sin bajar la mirada, habiendo perdido toda clase de miedo a lo que la rodeara, -Kami mediante lo harán—prosiguió aludiendo a un dios en que ella no creía, solo en Dios, Jesús y la Virgen que su familia le había enseñado mediante su creencia ortodoxa. –Yo creo que lo harán—giro el rostro hacia las demás concubinas que seguían con la mirada baja. –Recen…como todo nosotros.
Sin más, y siendo seguida por Kin, Sakura abandono el Harem y no miro hacia atrás ni una sola vez. El Príncipe o Sultana en su vientre la hacía diferente de las demás mujeres que había en el Harem, Sasuke la había hecho diferente de todas las mujeres del mundo al enamorarse de ella.
Era una Sultana.
Raza Sabaku, en el modesto palacio al que veía reducida su gloria pasada, abrió la carta que acaba de llegarle, escrita por el mismísimo Menma Uzumaki, su mayor aliado al interior del Imperio de los Uchiha, en el centro del mundo; Konoha.
"El Sultan Sasuke y su hermano, el príncipe Yosuke, han contraído la viruela. La muerte asola la pronta caída de los Uchiha. Ahora es el turno de ustedes para cumplir con su promesa
Menma Uzumaki"
Sonriendo ladinamente, Raza le entrego la carta a su hijo Kankuro que, leyéndola rápidamente, no tardo en sonreír igual que su padre, observándolo con complicidad mientas comían.
-No haremos nada…hasta que los Uchiha hayan desaparecido—informó Raza, ante lo cual Kankuro asintió únicamente, como líder de sus tropas que era, -puede que haya un heredero en camino y nosotros lo desconocemos.
Si el joven Sultan hubiera llegado a procrear un heredero con una concubina de su Harem…todos los problemas que eso traería significarían su ruina y el triunfo de los Uchiha. Era cuestión de esperar y ver el resultado…entonces podrían actuar, antes no.
Los días pasaban para Sakura, cargados de tedio.
Dejaba pocas veces los aposentos del Sultan y comía cuanto le era necesario u obligado únicamente. Pasaba tiempo junto a la Sultana Mikoto en la terraza y el resto del tiempo se tendía junto a Sasuke en la cama, humedeciéndole la frente y rezando mientras lo veía dormir, halándole, asegurándole que el hijo de ambos seria Sultan después de él y que, por ello, debía vivir lo suficiente si es que le faltaban las fuerzas necesarias para recuperarse.
Ya que era "inmune" a la enfermedad, entonces podía entrar y estar junto al Sultan sin temor alguno de correr el riesgo del contagio producto de la viruela. Llevaba días haciéndolo. Increíblemente había un único caso en el Harem. Se trataba de Guren que ya había muerto el día anterior, de forma crítica. Sakura no podía decir que "lamentaba su muerte" pero tampoco era como si lo hubiese deseado tras todo lo que había tenido que tolerar por ella.
-Sasuke, despierta por favor—rogó la pelirosa, velando el sueño y recuperación del Uchiha.
Mediante sus continuas atenciones hacia Sasuke, Sakura había conseguido bajarle la fiebre, más la debilidad que ocasionaba el virus seguía impidiendo su mejoría. Seguía sin despertar y no hablaba en lo absoluto. Aguantando las lágrimas que deseaba liberar por él, Sakura le beso la frente y abrazo protectoramente. Los médicos los habían dejado a solas para darle el diagnostico diario a la Sultana Mikoto.
-Sakura…
Sorprendida de lo que escuchaba, Sakura observo a Sasuke que parecía debatirse entre la conciencia e inconsciencia, aun sin ser capaz de abrir los ojos. ¡La estaba escuchando!, ¡Sabía que estaba ahí con él! Sonriendo, con lágrimas en los ojos, Sakura inclino el cuello y lentamente deposito un beso sobre los labios del Uchiha, sin temor alguno por morir de la enfermedad que lo mantenía apartado conscientemente de ella.
-Nunca me iré de tu lado—juró Sakura, abrazándolo y mantenido el rostro de él, muy cerca del suyo, -mi hogar eres tú, soy feliz contigo…estoy donde tu estés—acaricio suave y acompasadamente el rostro del Uchiha que se relajaba todavía más ante su tacto, respirando acompasadamente, -moriré sin ti—tomo una de las manos del Uchiha entre las suyas, colocándola sobre su vientre. -Nuestro hijo te necesita, yo te necesito—pronunció colocando la mano del Uchiha sobre su corazón.
Sentía la esperanza volver a su corazón al haberlo escuchado hablar, recordando cada momento feliz a su lado, deseosa y anhelante por verlo abrir los ojos y contemplar un futuro juntos en que, con toda la calma posible, pudieran disfrutar de la alegría que les daría ese palacio al estar juntos y ver crecer a su hijo y nietos hasta que el destino eligiera el cuándo de sus muertes.
-Sakura…
Abrazándolo, Sakura oculto sus lágrimas y su sonrisa. Volvía a tener esperanzas en que Sasuke se recuperara. Esperaría el tiempo que hiciera falta; por ella, por Sasuke y por su hijo.
Había sucedido lo que, en el pasado, se consideraba impensable.
El pueblo se había levantado contra los soldados y contra el orden establecido al descubrir que el Sultan estaba gravemente enfermo, así como el príncipe Yosuke. La mañana de ese viernes había tenido lugar una oratoria habitual en el templo Nakano…pero la ausencia inoportuna e increíble del Sultan y el príncipe había liberado la noticia de la viruela y exaltado a pueblo que creía al Sultan muerto y, como respuesta, pretendía arrasar con todo el palacio con tal de obtener información. La esperanza comenzaba a desaparecer y la incertidumbre y temor cubría al Imperio en este, el peor de sus momentos. El Imperio de los Uchiha corría con la desgraciada suerte de desaparecer ante la revuelta y el caos.
No había escape posible.
Las concubinas y sirvientes se habían refugiado en el sótano del palacio, donde, esperaban, pudieran sobrevivir al caos que significaría la revuelta que estaba cerca de las puertas del palacio. Mito y su hija Hinata estaban preparando, o ya tenían lista, su huida para salvar sus vidas y abandonar a todos los que habían en el palacio a su propia suerte. Algo que Sakura no podía sino considerar cobardía.
Pero no era del todo cobarde ya que se había aliado con la familia Uzumaki a espaldas de todos, iniciando un compromiso secreto entre su hija, la Sultana Hinata, y el menor de los dos hermanos, el príncipe Naruto. Algo que, pese a la situación que se vivía, llenaba de alegría a Hinata.
En su camino, de vuelta a los aposento del Sultan donde permanecería esperando que la voluntad de Dios fuese paz y no sangre derramada injustamente, Sakura se encontró con Mito y su hija Hinata, más lejos de hacer la debida reverencia, la pelirosa se detuvo frente a ellas como si estuviera ante sus iguales, observándolas con la ira que solo podía sentir por aquellas que eran cobardes sin alma que solo pensaban en sus propios intereses.
-¿Qué estás haciendo aquí?—preguntó Mito, omitiendo el desacato de la pelirosa en s actuar y encima de todo en la forma en que la estaba mirando, -mira a tu alrededor, todo se está cayendo a pedazos. Nadie puede enfrentarse al fuego—pronuncio la pelirroja ante la iracunda mirada de Sakura que no apartaba sus ojos de ella, -es el fin del Imperio Uchiha…si eres inteligente, te salvaras.
Siguiendo su camino, evadiéndola, y sin voltear, Mito no se dignó a ver ni una sola vez a la joven a la que hacia menos de dos meses había mandado traer al palacio para su nieto que ahora estaba muriendo. La joven esperaba posiblemente próximo Sultan del Imperio, pero el miedo en los corazones de todos era demasiado como para intentar buscar alguna posibilidad en ese palacio.
-No lo haré—respondió Sakura, con voz fuerte. Se giró a encarar a Mito que giro el rostro de igual modo, -llevo en mi vientre al hijo del Sultan Sasuke, yo soy una Sultana. Y no dejare solo al soberano del mundo…como ustedes—pronunció la pelirosa con veneno y odio tiñendo su voz.
Sin voltear a verlas, con la frente en alto y un andar digno de envidiar por cualquier mujer del mundo, se dirigió hacia el lugar en que deseaba estar y permanecer pese a todo pronóstico que diera la revuelta que azoraba las puertas del palacio; junto a Sasuke. Ella no huiría, se quedaría junto a Sasuke y esperaría la muerte que la providencia tuviera a bien otorgarle tanto a ella como al Príncipe o Sultana en su vientre.
No soy una cobarde
Mikoto, a las puertas de los aposentos del Sultan, intentaba pensar en qué hacer para solucionar la infortunada situación en que estaba todo el Imperio. Era el último día de la Imperial familia que eran los Uchiha. Contra los deseos de sus sirvientes y, al igual que todas las Sultanas en el Palacio, excepto Sakura, tenía veneno preparado para despacharse a sí misma al otro mundo.
Sabía que era un pecado, se condenaría al infierno para siempre pero…no concebía soportar el ver morir a su hijo y vivir para sepultarlo. Ninguna madre jamás desearía vivir para ver eso. ¿Qué corazón necesitaría para hacerlo? La consolaba ligeramente el avance del embarazo de Sakura en el medio mes que había transcurrido tras la noticia. Dentro de medio mes, si la providencia así lo deseaba, se cumplirían dos meses. El nieto o nieta en camino era lo único que la relajaba y por ello intentaba pasar el mayor tiempo posible con la pelirosa que se dividía entre el interior de los aposentos del Sultan y la terraza de estos donde Mikoto pasaba el tiempo, rezando e intentando recobrar la esperanza.
Sakura le había pedido que, de morir Sasuke y el bebé a nacer fuese varón, ambas gobernaran el estado juntas ya que la joven pelirosa carecía de experiencia política, más no de inteligencia. Ser regente era algo que siempre había deseado…e intentaría hacerlo en memoria de su hijo, más no se sentía capaz de conseguirlo. Se giró al oír pasos, encontrándose con la llegada del hombre religioso más docto en todo el Imperio.
Hiruzen Sarutobi Efendi.
Era un hombre que dedicaba su existencia a la vida espiritual y el recogimiento, a las obras de caridad y las enseñanzas que Kami le había legado al mundo. Ya siendo un hombre mayor y con experiencia, había asesorado respetuosamente al joven Sultan que muchas veces había pedido su ayuda para no romper con la ley ni las tradiciones que sus predecesores le habían legado.
-Sultana—la saludo Sarutobi, apoyado en su bastón, inclinando la cabeza ante la Matriarca Uchiha que asintió y sonrió levemente al verlo, -estaba en Sunagakure, vine tan pronto me entere—el sabio hombre levanto su mirada y la dirigió hacia las puertas que separaban el pasillo de los aposentos del Sultan, -¿Cómo está su Majestad?
El semblante de Mikoto se entristeció y ensombreció ante la pregunta del "hombre de fe"
-Esperamos un milagro, Sarutobi Efendi—respondió Mikoto intentando no dejarse abatir del todo por la pena y el dolor emocional que llevaba casi un mes cargando, -mi hijo se encuentra al borde de la muerte. Lo llamé porque pido sus oraciones y asistencia en esto—pidió Mikoto dando a conocer la razón por la que Sarutobi Efendi estaba ahí.
Shikamaru, junto a la Sultana, habitualmente aburrido y con aire abatido y flojo, lucia notoriamente serio y preocupado por lo que sucedía. Incluso un vago como él, como decía Temari, podía tener sus momentos de crisis.
-Es una prueba, Sultana—respondió Hiruzen tras haber escuchado y sentido la desesperación que sentía la madre del Sultan, -si un siervo no pierde la fe y sigue orando, Kami escucha sus plegarias y lo fortalece—la alentó Hiruzen con su calmada voz suave y pasiva.
Hiruzen levanto la mirada hacia el pasillo haciendo que Mikoto y Shikamaru lo imitaran.
Caminando cual ángel, toda vestida de blanco, con su cabello cayendo sobre u hombro izquierdo y adornado por una diadema, similar a un broche en forma de mariposa hecho de plata y diamantes, que sujetaba un largo velo blanco que le llegaba hasta las caderas, Sakura se detuvo frente a la Madre Sultana y realizo la debida reverencia tanto para ella como para Shikamaru y también para el desconocido hombre que parecía una especie de…ermitaño que la observo como si fuese un ser de luz.
-Sultana—la saludo Sakura, levantando la mirada con el debido respeto, -vine a acompañar a su majestad.
Con una sonrisa ligeramente alegre, genuina y orgullosa de la joven que amaba tan devotamente a su hijo, Mikoto se hizo a un lado y dejo libre el camino para la joven pelirosa que no pudo evitar contestarle con una sonrisa. Hasta el propio Shikamaru debía admitir el sentir admiración por el valor de la joven ante las adversidades. Sujetándose la falda y despidiéndose con una reverencia, Sakura ingreso sin reparar en nada más.
-¿Por qué entra Sultana?—preguntó Sarutobi tras haber visto a la joven, -la viruela es peligrosa.
Observándolo con una pasividad que Hiruzen hubiera creído imposible, pero de hecho, esa joven transmitía una paz como pocas personas en el mundo podían hacerlo, eso era algo que Hiruzen podía notar co solo haberla visto una vez.
-Ella es un verdadero milagro—respondió Mikoto con una breve sonrisa al pensar en la joven pelirosa y en su nieto o nieta en camino. –Ha estado junto a su majestad cada día, pero no se ha contagiado…incluso está embarazada.
Sorprendido, Hiruzen observo el pasillo por el que la joven caminaba y que daba con los aposentos del Sultan.
-Muchacha, espera—le pidió.
Sakura, con el ceño fruncido ante la interrupción, volteo a ver al "hombre de fe" al que noto, al acercarse, extraer algo del bolsillo de su túnica. Observando con confusión a la Sultana Mikoto, luego a Shikamaru y finalmente al "hombre de fe", Sakura arqueo una ceja, todavía más confundida de lo que ya estaba. Con la palma abierta, el venerable anciano descubrió un medallón que yacía envuelto en tela,
-Usa esto—le indicó Hiruzen, entregándole un amuleto de plata que Sakura observo con interés, -por el bienestar del Príncipe o Sultana en camino.
La pelirosa lo recibió sin emitir protesta alguna, observándolo. Con una reverencia pidió permiso para retirarse y se encamino, ya sin interrupciones, hacia los aposentos del Sultan, donde Sasuke la esperaba. Él jamás le había fallado…y ella tampoco le fallaría.
Jamás.
Con la presencia de Hiruzen Sarutobi Efendi en el palacio, cosa que le infundiría todavía más valor a los soldados que pretendían defender la vida de todos en el palacio mediante sus espadas, Fugaku cruzo los largos pasillos del palacio en dirección hacia terraza para despedirse de la Matriarca del Imperio…en caso de que la batalla por librar no sirviese de nada.
Además de los doscientos soldados que siempre estaban en los pasillos y en cada lugar del palacio, ahora había quinientos más dispuesto en cada rincón como medida preventiva. Se habían conseguido diez cañones, y toda clase de armas. Fugaku en persona había fiscalizado que hubiera medidas preventivas de sobra con tal de proteger al palacio y a sus habitantes. Todos en el palacio, menos los soldados y él mismo, temían no conseguir llegar al amanecer.
El pueblo, la gente, había perdido la razón y ahora intentaban derribar las pesadas puertas que dividían al Palacio del resto de la gente, en un acto de anarquía total. Solo les importaba asesinar a alguien, la calma no reinaba en el corazón de nadie. Habían deseado más de lo obtenido del Sultan que habían visto llegar al trono y no eran capaces de ver la paz y gloria que Sasuke había alcanzado, algo que ninguno de sus predecesores había logrado: el orden total que ahora era roto por insurrecciones y rebeldes incautos. Monumentos a los anteriores Sultanes estaban ardiendo en la ciudad, producto de los ataques de las personas más radicales y dispuestas a destruir el Imperio.
Con lentitud, Fugaku se acercó a Mikoto que se encontraba sentada sobre el diván de la terraza, observando el tétrico espectáculo que significaba la ciudad ardiendo y cubierta de polvo y cenizas. Todo lo que resultaba emblemático para el Imperio comenzaba a ser destruido, sus monumentos, su poder, su imagen…todo reducido a nada por culpa de quienes eran opositores al Sultanato.
-Sultana—saludó Fugaku, más Mikoto, con la mirada perdida, no respondió ni dio señal alguna de interés. Estaba en una crisis emocional de la que apenas y podía salir. –Le juró que peleare hasta mi último respiro—se comprometió el jenízaro.
Asintiendo a modo de respuesta, la Matriarca Uchiha apretó sus manos por sobre su regazo.
-Kami nos proteja—murmuro únicamente la Uchiha, más Fugaku si consiguió escucharla.
La había conocido durante años y desde su primer encuentro había corroborado que era una mujer tremendamente sensible y noble, con un corazón cuya bondad muchas veces intentaba ocultar por miedo a ser lastimada. Siempre forzada a ser lo que otros quisieran, obligada a pertenecerle a un Sultan que no amaba. Que Fugaku supiera, lo único que ella había hecho a gusto era amar a su hijo, a Sasuke, que era su todo en el mundo. Pero en medio del trayecto que se llamaba vida, Fugaku había errado en una cosa que la ley prohibía terminantemente y que en el último tiempo apenas y podía oculta:
Se había enamorado de la madre del Sultan.
Y ahora, que se podía decir al borde de la muerte, necesitaba decírselo. Necesitaba ser sincero consigo mismo y decirle: "te amo" de tú a tú…pero su respeto y devoción hacia ella si lo impedían. Ella era una Sultana, una Ninfa, una mujer de corazón y belleza inconmensurable…y el un simple soldado, ¿De qué le servía confesarle lo que sentía? Ella no sentiría lo mismo en lo absoluto. Ella siempre había dicho considerarlo su mejor amigo, y si bien eso era suficiente, Fugaku temía sincerarse y cambiar esa magnífica relación irreparablemente.
-Esta es mi última noche…nunca volveré a verla, Sultana—inició el jenízaro haciendo que Mikoto levantara la vista hacia él por sus palabras, -es por eso que…debo confesarme ante usted—la pelinegra lo observo, absolutamente concentrada en él. El breve silencio no hizo sino poner más nerviosa a Mikoto que esperaba, expectante. –El Sultan Izuna no murió de causas naturales—rebeló ante la horrorizada mirada de la Uchiha, -yo fui su asesino.
Claro que sabía que se había ensuciado las manos…pero había leído de puño y letra del Sultan la orden, para entregársela a los verdugos, de asesinar a Sasuke justo como meses antes habían hecho con Itachi. Mikoto era ninguneada en comparación con Mei que era la favorita del Sultan. ¡No había podido quedarse sin hacer nada! No cuando la mujer a la que amaba estaba a nada de caer en desgracia. Así, en cooperación con Orochimaru, había conseguido un veneno que había conseguido darle muerte al tiránico y anterior Sultan sin dar señas de que fuese envenenamiento.
Mikoto estaba atónita y horrorizada al escucharlo hablar, incapaz de emitir palabra alguna.
-Tuve que hacerlo, Sultana…o el Sultan Izuna hubiera asesinado a su hijo—confesó el jenízaro devolviendo a la calma, ligeramente, a Mikoto. –Lo hice por usted Sultana—rebeló Fugaku a la Uchiha que apenas y cabía en su incredulidad. –Perdóneme por ser sincero, le he sido leal al Sultan; porque lo veo como si fuese mi hijo, un niño al que junto a usted ayude a criar…- se detuvo al ver que tenía la total atención de la pelinegra…era ahora o nunca. –Esta es mi verdad; la amo con todo mi corazón y lo he hecho durante todos estos años, desde la primera vez que la vi en el palacio.
Mikoto contuvo el aliento ante sus declaraciones. Cuanto mapas hubiera deseado decirle que sentía lo mismo, que él era el único hombre verdadera bueno, sincero y amable que había conocido en su vida, el único que le había ofrecido su apoyo y amistad desinteresadamente cuando nadie más lo había hecho…pero su posición como Sultana siempre se lo había impedido. Claro que algunas mujeres antes de ella habían tenido romances y amoríos con otros hombres…pero las muertes que habían tenido era la sentencia de ese amor. Siempre se había contenido, por eso le había molestado la noticia del compromiso con la Sultana Hinata; porque lo amaba a él.
Pero su asombro era tal que no podía hablar. Su voz había desaparecido en medio de las confesiones del leal jenízaro.
-Conseguí esconderlo de todos…incluso de usted—siguió Fugaku ante una embargada Mikoto que sentía su corazón latir con desbocada intensidad. –Pero ahora, quiero que lo sepa, por lo menos antes de morir—el jenízaro se arrodillo ante Mikoto que bajo la mirada, sin dejar de observarlo, -si sobrevive…recuérdeme así. Se lo ruego.
Asintiendo únicamente, aun sin tener la capacidad de hablar, Mikoto lo vio erguirse, reverenciarla y retirarse como el indiscutible guerrero que era.
-Kami—suspiro Mikoto al sentirse más tranquila.
Había cometido el peor error para una mujer en ese palacio; enamorarse.
Los gritos de la muchedumbre aproximándose al palacio le llenaban los oídos, su mente divagaba en este el, posiblemente, último día de su vida. No iba a retractarse, estaba más que dispuesta a morir con tal de saber que había dado todo de sí para darle felicidad a Sasuke en su vida y a todo lo que él tanto amaba y valoraba.
Tristemente otros también pensaban así: Mikoto que estaba en la terraza con la mente llena de pensamientos negativos, o Mei que estaba encerrada en sus aposentos en constante vigilancia de su pequeño hijo, Yosuke, aislando a su hija en otra habitación mucho más segura. El palacio, no, la capital entera era un caos como jamás recordaba haber visto en su vida desde su llegada, cuando había visto Konoha como un lugar de prosperidad incólume. Pero eso no la atemorizaba si es lo que muchos quisieran inferir en cuanto a su comportamiento.
Morir hoy, mañana o dentro de muchos años le resultaba irrelevante hacia su persona, siempre había tenido el deseo, anhelo, de ser feliz…pero ahora su deseo de vivir se había apagado al saber que Sasuke no estaría a su lado. El hecho de tener a su hijo, cuya protección no podía garantizar, no la ayudaba con el miedo y la presión. Pero, ¿Era justo morir junto a Sasuke en lugar de intentar salvarlo siquiera?
La pelirosa parpadeaba pausadamente mientras su mirada se hallaba perdida en la nada de aquella habitación, los aposentos del Sultan en cuya cama estaba recostada junto a Sasuke, quien por fin respiraba regularmente, una señal de que su estado ya no era tan crítico, quitando y sumándole otro peso a sus hombros. O moría con él o lo salvaba, pero si elegía salvarlo...¿Cómo podía hacerlo?
Volteo a ver a Sasuke por solo unos segundos, viendo el pecho de este subir y bajar tranquilamente. Entonces una idea vino a su cabeza: era campesina o lo había sido, tenía y sentía empatía por los más vulnerables del mundo y necesitados a su alrededor, aquellos mismos que ahora demandaban saber de la condición del Sultan y el príncipe, era sincera y quería que el Imperio entrara en la justicia y la paz como Sasuke deseaba...si hablaba con el pueblo quizás ellos la escucharían.
Debía intentarlo…
Tomando la tela de la larga falda de su vestido, bajo de la cama con un suave eco producto del choque de sus zapatos contra el suelo. En menos de dos segundos se encontró frente al escritorio del Uchiha, encontrando con la mirada lo que planeaba tomar prestado. Sobre el escritorio, a modo de ofrenda de parte de Hiruzen Sarutobi Efendi, reposaba un medallón de plata con el característico emblema de los Uchiha, sobre un óvalo de plata, bendecido y llenado por las plegarias de quienes le eran leales al Sultan. Cuidadosamente tomo la cadena y abrió el broche para colocarlo alrededor de su cuello, cerrando el broche.
Hábilmente escondió el medallón bajo la tela de su vestido, quedando exactamente sobre su pecho. Se inclinó levemente depositando un suave beso sobre la frente del Uchiha, viendo como este se relajaba más ante su tacto. Solo esperaba que su intento sirviera lo suficiente. Tiró del largo velo blanco que hasta entonces había sido sostenido por la diadema sobre su cabeza, y lo extendió para proceder a colocarlo sobre su cabello y ubicar los extremos sobre sus hombros.
Inhalo aire y le dirigió una última mirada a Sasuke antes de dirigirse hacia la salida, tomando las perillas entre sus manos.
Si muero hoy sabré que hice algo bueno, se dijo apartando su mirada del rostro de Sasuke y abriendo la puerta. ¿Qué es vida?, ¿Qué es muerte?, ¿Qué es ser la felicidad si no puedo salvar a quien más me importa en el mundo?, ¿Qué soy yo sin aquel al que amo y ahora ansió proteger con cada fibra de mi ser?
No soy nada sin el sol lleno de vigor, fuerza, honestidad, pureza y alegría que ilumina mi vida. No soy nada sin la luz que es mi todo en este mundo sucio, oscuro y lleno de sombras. Sasuke...le hablo mentalmente comenzando a salir de la habitación, si no nos vemos en este mundo, lo haremos en el siguiente...
Sin más, aparto su mirada de Sasuke y avanzó por el pasillo, hacia su misión.
PD: perdón si parece saltado pero así es la historia :3 Le dedico este capitulo a cinlayj2 y Jeamie Soraya que siguen la historia y la comentan, muchas gracias enserio por tener la atención de leerla y seguirla. Prometo comenzar a escribir pronto el proximo cap :3 paciencia y gracias, hasta pronto
