Habían pasado algunas semanas dónde el tiempo con Bonnibel ya era rutinario, a veces la acompañaba al estudio o se iban juntas al asilo, en realidad la pelinegra quería aprovechar el estar a su lado, pero a la vez no quería tenerla así de cerca, cada día era más esforzado su autocontrol y la poca distancia que podía poner y también al menos había tenido unas diez mil discusiones con Lumpy, aún así ya iban avanzando en poder tolerarse la una con la otra, probablemente porque Lumpy ahora se veía más con Mike y estaba en lista en los mejores acontecimientos de todo Londres, también en las presentaciones y Marceline no tenía opción a menos que quisiera un empleo y pagar renta.
– ¡MARCELINE! Te comiste mis papas otra MALDITA VEZ –Gritó desde la cocina una enfurecida Lumpy.
–Estamos a mano ¡Vale! Tú te has tragado mi desayuno por tres días –Repuso la pelinegra.
– ¿Disculpa? Yo no tengo la culpa de que despiertes hasta la una de la tarde vaga, ¡Ahora reponme mis papas!
– ¿Otra vez peleando? –Preguntó Bonnibel molesta saliendo de su habitación.
–Pues tu indigente amiga se tragó mis papas –Dijo Lumpy con lágrimas en los ojos.
– ¡Ay por favor! No vengas con tus manipuladoras lágrimas de cocodrilo.
–Krokodil es lo que te has de meter para estar así de dañada.
–Tú deberías hacerlo a ver si así…
– ¡YA! No me dejan concentrar… Lumpy ve por otras papas y listo y tú Marceline, deja de agarrar lo que no es tuyo. Y ambas… dejen de andar GRITANDO QUE NI SI QUIERA PUEDO PENSAR.
– ¡Uy tranquila! Deberías ir a un spa estás más neurótica de lo normal –Dijo la grumosa chica.
–Aquí la Barbie con tumores tiene razón, deberías relajarte.
– ¿Qué ahora se han unido?... Si no pelearan por cualquier cosa cada cinco minutos no estaría así, así que por favor dejen de andar tonteando que habémos quienes sí tenemos qué hacer… – Y tras esto, volvió a la habitación cerrando de un portazo.
– ¿Está en sus días? –Preguntó Marceline.
–No, está en finales de cuatrimestre… siempre le aumenta la histeria, pero no tanto… todo es tu culpa –Dijo Lumpy yéndose de la cocina con palitos de pescado y mayonesa.
Tras darse una vuelta por el estudio, Marceline visitó a su abuelo, pero al dejar la credencial de visitante en recepción, el pelinegro la detuvo para total molestia de la rockera.
–Hey, hola…
– ¿Necesitas algo del registro? –Contesto con mala cara la pelinegra.
–No, sólo quería saber cómo está Bonnibel, hace algún tiempo que no la veo por aquí y tampoco la he encontrado en el edificio.
– ¿Edificio? ¿También vives ahí? – Pregunto la pelinegra esperando lo mejor, que como en toda su vida, nunca se le concedía.
–Sí, me mudé apenas hace una semana…
–Aaah mira qué interesante, no, de hecho en realidad no me importa, ya sabes donde vive así que no tienes por qué molestarme…
–Eeem, ¿Se puede saber por qué eres así? Ni siquiera te conozco y no te he hecho nada.
–Soy como se me pega la gana, ahora si no quieres que presente una queja, déjame en paz – Y tras decir esto, salió del asilo.
El chico la visitó por la noche, pero Bonnibel aún con dos proyectos por hacer, se negó a verlo, por lo cual Marceline estuvo feliz de darle el mensaje al pelinegro quien ya también había adoptado una actitud fastidiosa con ella. Era noche de viernes, la presentación en Living se había cancelado porque habían clausurado dicho club, aún así Lumpy salió por cuarto fin de semana consecutivo a Ooo… Eso significaba estar a solas con Bonnibel, bueno, en realidad eran la pelirrosa, la pelinegra y la tarea de la chica. La rockera jugaba un poco con una guitarra acústica, mientras Bonnibel seguía concentrada trabajando en una clase de proyecto o experimento, sin embargo al parecer hoy no estaba inspirada, pues sólo repetía las notas por ocio.
–Estoy aburrida Bonnibel… No hay nada en la tele y ni siquiera se me ocurre ningún avance para las canciones. Además estúpido Living, tenían que cancelar la maldita presentación, ahora que por fin pude mandar el Maverick al taller… Vamos a algún lado, mañana es sábado podrás seguir con tu cosa esa…
–No puedo Marcy, esto vale el treinta por ciento de la calificación. ¿Por qué no le hablas a Finn o Jake?
–Jake tenía noche romántica con Arcoíris…
–Supongo entonces que Finn está libre… –Contesto Bonnibel sin despegar la vista en su trabajo.
–Aaah... supones mal, conoció a una chica en la última presentación, que no fuiste porque tenías una investigación sombre el interesante tema de la oxidación de los plátanos –Al parecer la noticia era lo suficientemente novedosa para hacerla voltear, por fin y tan sólo por un momento a Bonnibel, la pelinegra tuvo un pequeño deja vu con su padre.
– ¿Finn ya tiene novia? –Pregunto con una sonrisa en el rostro.
–No son novios aún, apenas es la segunda cita –Contestó acostada en el sillón con el bajo en su plano vientre – Una pelirroja bastante linda, de hecho. No recuerdo su nombre.
–Qué bien, me alegro por él, de verdad – Dijo regresando su atención.
–Porque eso significa que redimirás tus culpas y el chico ya no andará tras de ti…
–En parte, pero sobre todo porque Finn merece alguien que si lo quiera… ¿Por qué no sacas tus video juegos?
–Ya jugué toda la tarde… –Dijo levantándose por fin del sillón, caminó hacia el refrigerador por una cerveza… – ¡MALDITA SEAS GRUMOSA!
– ¿Y ahora qué? –Pregunto desde la sala Bonnibel.
– ¡Que se ha llevado o tomado todas mis cervezas! Pero ésta si no se la paso.
–A ver tranquila, yo después hablo con Lumpy ya después te las paga… si tanto quieres puedes ir a la tienda.
–Seguramente ya está cerrada, iré al súper rápido… ¿Quieres algo?
–Que tú y Lumpy dejen de hacer más estresantes mis días…
–Ja… ja –Y tras esto la pelinegra salió.
Tras quedarse sola, Bonnibel pudo por fin tener un pequeño rato de paz sin aquellas chicas peleando por prácticamente todo, decidió que el momento merecía un buen té. Fue a la cocina, se preparo un delicioso té con leche y al guardar el segundo ingrediente en su lugar pudo ver un tercio de grandes muffins, con una nota con la fea letra de Marceline en ellos: "Por todos tus malditos mandamientos… Ni se te ocurra tocarlos Grumosa". Aquellos postres se veían deliciosos, además la advertencia era específicamente para Lumpy, no para ella… suponía que con lo que ella ha tenido que soportar, sería el colmo que Marceline se enojara si tomaba uno de ellos, así que volvió a la sala, prendió un rato la televisión y empezó a comer su pequeño antojo. Marceline no tardo mucho en volver, compro la suficiente cerveza para la noche y algunos snacks, con un poco de esfuerzo debido a las bolsas, abrió la puerta y vio a Bonnibel muy entretenida en la TV.
– Hey, ¿Ya terminasté? – Dijo cerrando la puerta y poniendo las bolsas en el comedor, destapo una cerveza y fue hacía la sala –Hey Bonnibel… que si ya terminaste… –La chica se veía muy abstraída en la televisión, cuando en realidad sólo estaban los comerciales.
– ¿Eh? –Dijo la pelirrosa apenas captando la presencia de su roomie.
–A caso inhalaste algo de tus trastecitos científicos ¿O qué? – La pelirrosa sólo rió al no procesar lo que Marceline le decía, entonces la pelinegra ato cabos con la envoltura de muffin en la mesa de centro… abrió los ojos como platos, volteó a ver de nuevo a Bonnibel y ahora pudo notar los ojos rojos y aquellos pulposos labios rosas resecos… ¡Bonnibel estaba completamente drogada!
–Bonnibel, hey Bonnie… ¿Cuántos de éstos te comiste? –Pregunto enseñándole la envoltura.
–Uno… no, creo que dos… –Dijo antes de reír… Sinceramente era divertido verla así, pero a la vez estaba preocupada, en efecto, sólo quedaba uno en el refrigerador… era demasiado para alguien que ni siquiera bebía y segundo, por el gran regaño que le daría una vez pasado el efecto – Creo que me dio gripe Marcy jajaja… Ni siquiera sé porque me rio.
–Luego te explico… ¿No quieres dormir?
– ¡No! Tengo que seguir con el proyecto, por cierto te tardaste como mil años en el súper…
–En realidad sólo fueron 20 minutos… además –Dijo deteniéndola –No puedes trabajar así, ni siquiera coordinas la mente… –No quedaba más que esperar a que se le pasara el efecto.
– ¿Por qué eres tan misteriosa? Es como si tu vida fuera seguridad nacional o cuidada por la interpol… –Al parecer la espera no iba a ser nada, pero nada fácil.
–Porque si, pediré pizza, es necesario que comas… –Dijo tomando el teléfono.
– ¿A qué te referías cuando dijiste que era tu maestra con tu abuelo? Eso sí que fue extraño –Comenzaba a reír – ¿Te imaginas ser tu maestra? A puesto que eres de eras de aquellas niñas que hacían bullying… –Siguió riendo. Marceline terminó de pedir la pizza… al parecer la curiosidad de Bonnibel podía más que su cerebro drogado, pues no olvidó la pregunta.
– ¿Por qué siempre tienes que meterte en lo que no te importa?
– Porque si. ¿Me vas a decir? Porque si no mejor sigo con la tarea y –Dijo al tiempo que de nuevo Marceline la sentaba en el sillón, Bonnibel sintió una carga correr por su cuerpo al sentir las frías manos de la pelinegra.
–Mi abuelo tiene Alz Heimer, hay veces en las que si sabe quién soy y en otras me confunde con mi madre… Es por eso que está ahí en el asilo, lo cuidan mejor. ¿Contenta?
–Aaah, así que por eso te dice Gunny…
–Sep… –Lamentablemente, su escudo cada vez era más blando con la pelirrosa, poco a poco no sentía la necesidad de protegerse, lo cual hacía que la rockera comenzara a darse cuenta de la gravedad de los hechos. Ambas chicas se quedaron en silencio, aquella dulce pelirrosa recargo su cabeza en la cabecera del sillón con el seño fruncido.
–Habla algo… –Dijo con los ojos cerrados.
– ¿De qué quieres hablar? –Preguntó la pelinegra a sentándose a su lado después de abrir otro envase.
–De lo que sea, me absorbe el silencio… –Dijo incorporándose un poco y viendo a la pelirroja, no sabía si su sentido de la vista se había agudizado… pero al ver a Marceline, pudo ver aquellos ojos de un verde esmeralda muy vivo, que contrastaban con la mirada apagada característica de la rockera, sus largas y lacias pestañas hacían el marco perfecto, bueno, en realidad todo era perfecto en aquella mujer, su nariz afilada y exquisitamente respingada, sus labios delgados que al torcerse en esa sonrisa de lado hacían que Bonnibel no pudiera dejar de mirarlos. Recordó aquél electrizante beso… La cara de boba que habrá tenido, ni siquiera dijo nada en aquél momento, en el que se encontraba demasiado molesta y muy sorprendida, pero que aún así, aquella tibia lengua, en un contacto mínimo, hizo que congelase todo su cuerpo… Marceline seguía en silencio, eso hacía que no pudiera aterrizar, que divagara en cosas peligrosas y que se mareara aún más… –Si no se te ocurre que decir podrías poner música o tocar la guitarra… –Marceline tomó de nuevo la guitarra y empezó a tocar algunos acordes, no podía evitar mirarla, soltó una pequeña risa… quién iba a decir que Bonnibel estaba drogada y la pelinegra en su completo juicio, eso sí que era irónicamente divertido.
La pelinegra empezó a tocar una de las nuevas canciones que ya casi tenía terminada, ahora que no iba a la escuela tenía más tiempo que dedicar a lo que en verdad le apasionaba y eso la hacía sentirse bastante liberada y por supuesto feliz.
–No se me hace conocida esa canción… –Decía Bonnibel aún mirando al techo.
–Es porque nunca antes nadie la ha tocado… Apenas la estoy terminando… –Dijo mientras veía el mango de la bella guitarra negra de madera.
– ¿Por qué no la cantas? –Dijo acomodándose para quedar de frente a la cantautora, quién se detuvo al contacto visual.
–Porque no puedo, no puedo hacerlo fuera del estudio… Mejor dime una canción que te guste y la toco –Sugirió, pues aquella canción era demasiado vergonzosa para cantársela a ella, precisamente.
–Quiero saber cómo suena esa, anda… ni que fuera una espía o fuera a robártela, de ser así ya lo hubiera hecho en alguno de los ensayos en los que he estado ¿No crees? –Por lo general, cuando Marceline tenía una respuesta negativa, es porque aquello que oculta es algo importante y por tonto que pareciera, lo hacía importante para ella – ¿Somos amigas no? Además es lo menos que puedes hacer por drogarme.
–A ver princesa de caramelo, yo no te drogué, no tenías porque agarrar esos muffins para empezar… –Regañó Marceline a Bonnibel.
–…
–…
– ¿Qué? – Preguntó Bonnibel perdiendo el hilo de la conevrsación, lo que hizo que Marceline soltara una carcajada y la pelirrosa, también, contagiada por la risa de la pelinegra. Llegó la pizza, Marceline la pagó y dio la propina al repartidor quién quiso hacerle la plática cuando la pelinegra abrió la puerta, quedando notoriamente maravillado, cosa que la rockera prefirió pasar por alto cerrando la puerta. Tras ir por platos, regreso a la sala sentándose exactamente dónde había estado hace unos momentos.
– ¿Entonces puedo escuchar la canción? Digo, igual cuando salga el álbum la escuchara todo el mundo. Dijo sirviéndose un trozo de pizza. La pelinegra empezó de nuevo a tocar aquellos acordes, a diferencia de las canciones que ya conocía de The Dark Souls ésta melodía iba mucho más tranquila y lenta. La pelinegra carraspeó un poco la garganta para lograr una mejor afinación, Bonnibel dejó la pizza para ponerle su no muy hábil, pero total atención.
I know that I'm complete
And I don't believe in a twin soul
I know that I'm holding...
That inside is where I could
Find my happiness
La voz de la pelinegra hipnotizaba los sentidos de Bonnibel, quién en una sola estrofa, había caído en el carisma de aquella interprete, quien con la mirada fija en la guitarra, le regalaba la primicia de algo que seguramente escribió más con sus sentimientos que con notas o compases.
But heaven it's a little bit closer
with you, dear…
But heaven it's a little bit closer
by your side
I want to kiss you forever
and I Know your lips scream for it
and when you're with me
everything get better
La voz de Marceline no sólo afinaba perfectamente, transmitía el sentimiento plasmado en cada letra de aquella canción, la guitarra parecía cobrar voz propia armonizando aún más la penetrante voz que emitían aquellos delgados pero bien delineados labios que Bonnibel seguía mirando…
'Cause you've seen some of the best and worst of me
and you're still here
'cause you see what I really am
and you care about me
even when I'm a fool,
when I tryied to push you out…
you're still here
Por un reflejo que acostumbraba al tocar algún instrumento, Marceline levanto la vista… la sorpresa de ver a Bonnibel tan cerca la hizo perderse en la manipulación del instrumento. Un pequeño escalofrío recorrió a la rockera ¿De verdad era lo que creía? Sin intenciones de adivinar, bueno de hecho no tenía intenciones de nada, su cerebro ya había emprendido la huida dejando a una no muy pensante y nerviosa pelinegra. El aura, la canción, aquella letra, la cual sabía perfectamente ella había inspirado… los ojos verdes, las pequeñas orejas cubiertas por aquél cabello tan oscuro como ella misma, aquella esbelta figura, esos labios que dejaron de hablar, esperando un contacto que aquella protocolaria chica esta vez no iba a reprimir.
Alguien había activado la cámara lenta, Marceline inmóvil aún miraba nerviosa como su bella compañera extendía sus delgados brazos hasta tomar su rostro, pudo sentir como ésta vez era Bonnibel quién tenía las manos frías… debido por supuesto al sonrojo de la bajista, sus ojos azules miraron con cierto brillo los suyos, estaban tan cerca que la pelinegra pudo ver su propio reflejo en aquéllos redondos océanos, tras enfocarse nuevamente en sus labios, desaparecieron tras los parpados de su dueña, ella imitó aquél gesto y entonces, con los demás sentidos ya detonados pudo sentir como con aquél beso francés daban el mejor final a aquella canción.
Poco a poco, las respiraciones se fueron haciendo más profundas, el beso más entregado y las caricias las iba haciendo presente la rockera, sin darse cuenta ya estaba casi encima de Bonnibel, quien la abrazaba por el cuello, una gran punzada lasciva en el vientre de Marceline hizo que se aferrara más a aquella mujer de cuerpo perfecto, sonrisa perfecta, si, Bonnibel y perfecta en una misma oración era un pleonasmo. Los deseos por arrancarle la ropa a la pelinegra era cada vez más intensos y en un gran suspiro, con sus manos separó suavemente los brazos de aquella mujer que rodeaban su cuello con su exquisito aroma a cerezas y flores. Sabía que ya iban a estar muy complicadas las cosas, como para todavía enredar más todo. Se incorporó inmediatamente, aclaró su garganta, acomodo su guitarra y su mente solo pudo materializar un "Será mejor dormir, no estamos muy sensatas", la ayudó a levantarse, Bonnibel se sintió entristecida y en segundos su semblante se volvió frio con Marceline, con una seña en la mano le indicó que podía ir a su habitación sin su ayuda… Una vez recostada, puso cerrojo a la llave. El silencio, el efecto de los malditos muffins, la tensión y aquél desaire de la pelinegra no hicieron otra cosa que provocar un nudo en la garganta de la chica que por ésta vez, decidió usar la pijama rosa.
