EL PROTEGIDO
Por Flor McCarthy O'shea
(Los personajes no me pertenecen, sino que son propiedad de Stephenie Meyer. Queda prohibida la adaptación o copia de la historia)
Edward cullen o Ed Masen es un arrogante nuevo actor revelación, protagonista de una saga de acción qe tiene a todo el mundo loco... menos a Bella, que jamás lo ha visto ni oído hablar de él ¿Qué pasará cuando su padre, el jefe Swan, le anuncie que será su deber cuidar de Edward durante todas las vacaciones de verano, en su pueblo Forks, dándole hospedaje en su casa, porque el mismo corre el riesgo de ser secuestrado? Al sentirse desplazada, Bella comenzará un plan de venganza que la llevará hasta un punto que ella jamás pensó. Edward, tampoco se quedará atrás... ¿Aprenderán a soportarse, para hacer felices a sus padres?
CAPÍTULO 12
Canción del capítulo: ANGEL - JACK JOHNSON
Edward's POV
Hacía cinco minutos que me había despertado de mi siesta, pero de todas maneras no quería abrir los malditos ojos. Mi indiscutible arrogancia me había llevado a ver "Enemigos Naturales" en el pasado más de 17 veces - solamente en el cine- así que podrán descifrar que como estaba en proceso de cambio, ir a ver mi jodida película se había vuelto una actividad bastante tediosa. Afortunadamente el final estaba cerca.
Bella no había hablado, ni gritado, ni nada, durante dos horas, algo casi increíble en ella, y más en la situación en que nos encontrábamos.
Entreabrí mis ojos y la observé disimuladamente. Su mirada no se había despegado de la pantalla, y su mano viajaba desde la caja de Pop Tarts hasta su boca, depositaba un pastel con cuidado de no errar y volvía a la cajita una y otra vez. Especulé que había estado repitiendo la misma acción constantemente desde que me sumí en la inconsciencia. Eso era una mala señal. UNA MUY MALA SEÑAL. Finalmente parpadee y vi que la escena final comenzaba. Bostecé para que mi acompañante notara mi presencia. Nada, absolutamente. Ni siquiera miró de reojo.
- Gracias a Dios ha terminado - decía Tanya del otro lado de la proyección. Maldita zorra.
- No, jamás terminará. Vendrán por mí, otra vez - dije mirando al horizonte. ¡Guau! Ahora que prestaba atención, parecía algo homosexual en esa parte.
- ¿Y que harás? - preguntó la rubia acercándose a mi pecho.
- Estaré listo - fin. Los créditos comenzaron a aparecer con un tema de Muse de fondo. Tomé a mi chica de la mano mientras dejaba la caja vacía a un lado de la butaca, y emprendí nuestra salida hacia la puerta principal. Bella seguía sin omitir palabra alguna. Una vez que llegamos a un costado de la boletería, decidí hablar.
- ¿Y? ¿Te ha gustado? - le pregunté pegándole un suave codazo de complicidad.
- No - respondió secamente. Me quedé helado. Sabía que no sería buena idea traerla. Tanta sangre y acción, no eran aptos para Bella.
- Yo...
- ¡Me ha encantado! ¡Es la mejor película que he visto en toda mi puta vida! - agitó los brazos y esbozó una sonrisa de oreja a oreja, mostrando todos sus dientes - ¡Jamás creí que me la pasaría tan bien! - de repente comenzó a dar vueltas a mi alrededor como posesa. Las personas que estaba cerca nuestro se voltearon para observarla. Simplemente genial. Rogaba internamente porque mi ángel se callara, pero claramente Dios me odiaba, y me lo merecía.
- Bella... - intenté tranquilizarla, pero al mirarme a los ojos, se abalanzó sobre mi y enredó sus piernas en mi cintura.
- ¡Eres increíble! ¡Lo máximo! Dios me has hecho reír, llorar, saltar, gritar asustarme. La escena cuando el camión está por aplastar la motocicleta, fue lo mejor, o cuando matas... - la miré fijo y entonces rió - MATA - se corrigió - al asesino de su padre, OH DIOS, creí que iba a darme un paro. ERES EL MEJOR, ED... ¡ROBERT! Gracias por traerme a ver esta película - y de golpe, me besó de una manera increíble. A la mierda el intentar calmarla. Enrollé mis manos en su cintura y la dejé que hiciera conmigo lo que quisiera. Luego recordé que habí gente mirando nuestro "pequeño espectáculo".
- Linda... la gente nos ve - dije ni bien me separé de sus labios con la respiración entrecortada, logrando que volteara a mirar. Las personas no sacaban los ojos de la imagen que les estábamos dando. Completamente sonrojoda, mi chica se bajó de mi cuerpo y acomodó su ropa. Una vez que todos nos quitaron la vista de encima, explotamos en carcajadas.
- Lo siento... creo que esa reacción fue algo exagerada - volvió a ruborizarse. ¿Podría alguien ser más hermoso que ella?
- ¿Algo? ¡Casi nos descubren! - reí-. Y si hubiese sido así... no hubiese valido la pena ponerme esta mierda que ya está comenzando a picarme - dije rascándome la falsa barba.
Cuando subimos al coche, nos dimos cuenta de que la temperatura había aumentado. Ya no necesitábamos poner la calefacción al mínimo, directamente la apagué. Por primera vez desde que llegué a Forks, se sentía realmente el calor de verano.
Bella había bajado la ventanilla también y ahora sacaba su mano a través de ella con una sonrisa plagada en su rostro. No había imagen que me causara más tranquilidad, y su proximidad me mantenía en paz. Aunque me costara creerlo, estaba volviendo a ser aquel al que dejé abandonado un día en el fondo de mi alma.
Llevaba más de una hora manejando por la carretera sin rumbo fijo. La castaña que viajaba como copiloto otra vez se había sumido en el silencio. A nuestro alrededor, la soledad sobraba. Los árboles parecían formar una cadena verde sin fin. Logré divisar la reserva Quileute a algunos metros.
- Vamos a La Push – su voz me sobresaltó, pero en el buen sentido. Al girar noté que seguía con su rostro en dirección contraria, de cara al bosque-. El día está precioso, tal vez hasta podamos meternos al mar.
- ¿Estás segura? – pregunté, recordando lo que había pasado el otro día y volviéndome a sentir como la mierda.
- Por supuesto – giró para observarme sonriente mientras se sacaba sus lentes de sol. Y se acomodaba su cabello con los dedos - ¿qué? ¿Tú no quieres? Podemos hacer otra cosa si es que…
- No – le corté depositando un casto beso en sus labios mientras disminuía la velocidad – me encanta la playa, y más si puedo ir contigo, pero pensé que tu no querrías ni asomar tus narices por aquí después del horrible momento que te hice pasar.
- Nada de eso – negó con la cabeza-. Sí, fuiste un imbécil – rodó los ojos-. Pero estás perdonado – soltó una pequeña risa y me indicó dónde aparcar. Bajé rápidamente y corrí hasta su puerta para tomarla de la mano. Por primera vez estaba poniendo en práctica la caballerosidad que mi madre me había enseñado durante tantos años. Mi chica se ruborizó inocentemente, enloqueciendo completamente mis sentidos.
- ¿Tienes hambre? ¿Quieres comer algo? – le pregunté mientras me tomaba de la mano. En ese momento recordé que estábamos en una playa en el medio de la nada, y que probablemente no podría conseguir ni una despensa.
- No por ahora, pero preparé una canasta con comida para después – me sentí aliviado por dentro.
- De acuerdo- le sonreí mientras bajábamos por la rambla hasta la arena. El mar estaba sereno y generaba una sensación de tranquilidad que pocas veces había podido apreciar antes. Bella se quitó los zapatos por el camino y corrió hasta la orilla, dejándome atrás.
- ¡Vamos, Edward! No seas gallina – gritó. Iba a responderle, pero su acción me dejó paralizado. Bella acababa de quitarse la camisa, dejando a la vista un sujetador azul de encaje. Tragué en seco y rogué porque ninguna parte de mi cuerpo se despertara en el momento equivocado. Atropelladamente quité mi calzado y también desabotoné mi camisa corriendo tras ella
La tomé por la cintura y deposité besos en su cuello. Sin darle tiempo a reaccionar, la voltee y la alcé por los aires, colgándola sobre mi hombro como una bolsa de papas. Las risas no tardaron en aparecer por parte de ambos, otra vez más. Bella chillaba y me pedía que la soltara entre carcajadas ahogadas.
- ¿Quién es la gallina ahora? – dije comenzando a hacerle cosquillas con mi mano libre.
- De acuerdo, de acuerdo… jajajaja, t-tú ganas-s-s – finalmente la bajé, pero el muy Demonio de Tasmania una vez de pie, comenzó a patalear, empapándome-. Come esa, Masen – salió corriendo por la orilla y comencé a correr detrás intentando mojarla aunque sea un poco.
Estuvimos un largo rato corriendo, tirándonos agua y arena y haciendo estupideces. Me sentía un chico de ocho años otra vez, pero aquello no me desagradaba en absoluto. Bella estaba devuelta mojándome cuando pasó algo sumamente excitante que tuve que controlar. Quise correr para alcanzarla, y cuando estaba a punto de hacerlo, me tropecé con sus pies y caí encima de ella, dejando nuestros labios demasiado cerca. No dudé en atraparlos con los míos, pero jamás pensé que la dulce y virgen Bella iba a cambiar de posiciones, quedándose a horcajadas mío y besándome con hambre. ¡Había creado un monstruo sexual! Aunque parte de mí quería que fuera así, otro lado quería a la Bella que había conocido y me gustaba tanto. Pero cuando su sexo rozó el mío por encima de la tela y gimió, mandé mi lado bueno al demonio. Comenzamos una batalla por quién dominaba a quien, rodando una y otra vez en la arena. No sé que hubiese ocurrido si aquel caracol de mierda no se me hubiese clavado en la espalda.
- ¡Puta madre! – grité de dolor al sentir el pinchazo. Bella se sobresaltó y salió de encima mía segundos después.
- ¿Edward estás bien?
- Sí, creo – me incorporé y llevé mi mano a mi espalda baja. Toqué la herida y claramente estaba sangrando.
- Mierda – Bella se tapó la nariz y corrió en dirección al coche. La observé abriendo el baúl y sacando con cuidado una cajita blanca. Corrió con extremo cuidado de no caerse nuevamente hacia mí, y con la nariz aún tapada.
- ¿Qué traes ahí? ¿Y por qué te tapas la nariz?
- Primero, deberías saber que estás saliendo con Isabella Swan, la reina de la tragedia. Siempre llevo un botiquín por las dudas. Nunca sé cuando me pasará algo – dijo sacando la lengua – y me tapo la nariz porque puedo oler la sangre, y si lo hago, colapso… y de veras, tengo que curar eso – se acercó a mi, me tendió un algodón que sostuve y lo empapó en alcohol. Luego fue hasta mi espalda y me puse aquello, haciéndome saltar del ardor.
- ¡Ouch! – chillé intentando sacarme aquello que me estaba poniendo.
- Edward, no seas marica- dijo riendo-. Pronto se te pasará – y así fue. La dejé que me curara por un rato más.
- ¿Sabes? esto me recuerda mucho a Stefan y a mí de pequeños.
- ¿Stefan? - preguntó confundida mientras dejaba de curarme y se sentaba en posición de indio a mi lado.
- Mi hermano, ¿recuerdas que te dije que tengo uno?
- Oh, es verdad, ¿cómo pude olvidarlo? - sonrió-. Aunque hay algo que no comprendo...
- ¿Qué cosa?
- ¿En qué se parece esto con tu hermano y a tí?
- Cuando eramos chicos, aún estábamos en primaria, solíamos ser dos terribles - carcajeé-. Vivimos desde mis seis años y los nueve de Stefan, siempre en la misma casa, enorme y llena de verde, con un clima increíble, así que te imaginarás que nos pasábamos todo el tiempo en el jardín, corriendo, hamácandonos y trepando árboles. Esme nos prohibía hacerlo, pero sabes como son los chicos... cuando se distraía ya estábamos ambos en la rama más alta jugando a Tarzán. Por supuesto que nos llenábamos de marcas, cardenales y cortadas, y siempre solíamos curarnos entre nosotros para que nuestra madre no lo notara - volver el tiempo atrás me llenó de melancolía. Hacía demasiado que no hablaban de mi hermano.
- Por lo que me cuentas, son muy unidos - dijo Bella acriciándome el cabello lentamente.
- Solíamos serlo - sonreí melancólicamente.
- ¿Por qué "solíamos"? - ella había comprendido perfectamente mi gesto.
- Digamos que los dos nos separamos bastante en este último tiempo. Yo, bueno, por razones obvias casi no le hablo, y Stefan...
- Stefan... -repitió alentándome a hablar.
- No está de acuerdo con todo lo que he hecho. Él es un tipo muy metódico. Siempre ha estado a los pies de papá y tienes los mismos amigos y la misma novia, Jane, desde que tengo uso de memoria. Es por eso que no entiende como pude haberme cambiado el apellido y dejar solo el de mi madre, abandonar a todos mis compañeros de instituto y crearme un romance mediático y completamente falso con mi co-estrella. Él siempre habló del amor como algo que no se puede tomar a la broma, y de repente se encuentra con que uno de sus familiares, una de las personas que él más ama, se burla de un sentimiento que él considera indestructible. Desde ese momento siento que me odia - negué con la cabeza-. Aunque algo me dice que no es sólo por eso que casi no me habla y vive bulándose de mí.
- ¿Entonces?
- Me da la sensación de que él siente algo de culpa. Él siempre me alentó para que formara parte del cine y gracias a su trabajo fue que yo logré llegar tan alto. No hubiese contado con los medios ni contactos necesarios si no hubiese sido por él. Stefan siempre huye o evita las situaciones donde tiene algo de culpa, y es por eso que un muro invisible nos divide y ninguno ha querido cruzarlo.
- Pero Edward, no creo que él sea el creador del monstruo de Ed Masen...
- No lo es, por supuesto que no. Jamás le echaría la culpa de nada, pero él se siente así. Es parte de su personalidad, a veces cree que debe cargar con un peso que no tiene por qué llevar.
- Habla con él - me aconsejó sonriendo-. Tengo la sensación de que podrás hacerlo muy pronto - no entendí que quiso decir, pero al sentir su mano rozando mi mejilla, mis dudas se esfumaron. Además del amor, que bien estúpido me tenía, otros sentimientos surgieron cuando mi panza comenzó a rugir. Las carcajadas de Bella no tardaron en aparecer.
- Iré a buscar algo de comer al coche - le besé la frente y corrí hasta el auto a buscar la canasta. Fue cuando estaba eligiendo que llevar que oí una voz que hizo que los oídos comenzaran a pitarme. Al parecer, quien le estaba hablando a Bella había venido por el otro lado y aún no me había visto a mi, ni al coche, que me separaba de Bella por un árbol bastante alto.
- Parece que te has quedado sola, Swan.
- Hola Jacob, ¿qué tal tu día? - preguntó secamente.
- Bien, hasta que te encontré - soltó una carcajada malvada-. Debo decir que estás muy provocativa, es una pena que ya nadie te quiera a su lado - dijo con desprecio y voz de pervertido sexual a la vez.
- Pensé que las cosas habían quedado bien entre nosotros...
- Y yo creí que hacer las paces mejoraría mi reputación en el pueblo - supe que era momento de acercarme.
- Tú cavaste tu propia tumba, Jacob y yo no tengo nada que ver con eso - cerré el baúl y comencé a caminar en dirección a ellos.
- Yo creo que sí tienes que ver, y es más... - comenzó a quejarse, pero las palabras se quedaron en su boca cuando me vio.
- Jacob - intervine secamente tomando a Bella de forma posesiva por la cintura.
- ¿Qué onda Ed? -preguntó el caradura extendiendo su mano para saludar.
- Edward - lo corregí sin siquiera moverme de donde estaba. No tenía intención de ser cordial para nada. Ed Masen podía aparecer si me lo proponía.
- Sí, como sea - rodó los ojos-. ¿Qué haces con la puta ésta? Pensé que querías hundirla - dijo con complicidad. Bella tuvo que retenerme disimuladamente para que no me abalanzara sobre él y le partiera el cuello.
- Cambio de planes - contesté casi en un susurro luego de haberme relajado un poco.
- También te engatuzó, ¿eh? Era obvio que lo haría - soltó una carcajada exagerada - siempre consigue lo que quiere... - ya no podía soportarlo más. Iba a matarlo.
- Cosa que tú al parecer no logras - de repente la castaña acotó, arqueando una ceja y con una mirada diabólica en su semblante.
- Mira maldita V, no se quién te da derecho...
- Dile un solo insulto más y te juro por mi madre que no vivirás para contarlo - lo corté. Su cara no tenía precio.
- ¿Me estás amenazando? - dijo con un tono socarrón.
- Tómatelo mejor como una advertencia - hablé relajadamente-. Bella está ahora conmigo y por tu bien te aconsejo que la dejes en paz. Y ve pensando como vas a devolverme los doscientos dólares que te di, si no quieres al Jefe Swan en la puerta de tu casa mañana por la mañana con una orden de arresto por intento de violación y shock emocional.
El muy imbécil volvió a reír, aunque se notaba que estaba asustado. Finalmente dirigió su mirada hacia Bella.
- Te acostaste con él, ¿cierto? Eres una zorra Isabella Swan.
- Creí haberte dicho... - grité.
- Edward, déjame esto a mi - Bella me interrumpió, poniendo su mano en mi pecho. Finalmente sonrió y miró al chucho negando con la cabeza.
- Ay Jacob, Jacob...¡por supuesto que lo hice! - dijo alzando sus brazos hacia el cielo como si estuviera hablando de un hecho obvio. Mierda. Rogaba haber escuchado mal-, pero haberme acostado con Edward - definitivamente mi sistema auditivo funcionaba a la perfección- no me convierte en una zora... sino en una chica inteligente. Míralo - me señaló - y mírate. Edward podrá haber sido un imbecil, pro es inteligente, sincero y me quiere de verdad, ¡y además está buenísimo! ¿Y sabes qué? Por fin me di cuenta que me merezco algo mucho mejor que tú, que eres un borracho, inmaduro y bueno para nada, así que no sé por qué pierdes tu "valioso" tiempo conmigo. ¿Por qué mejor no lo usas cogiéndote a niñitas que sólo creen que eres un príncipe azul por como te ves? Acéptalo Jacob Black eres un FRA CA SA DO - separó la palabra en sílabas, como si le estuviera hablando a un chico pequeño-. Recuerda lo que te dijo Edward y vete por donde viniste.
Juro que hasta parecía que el muy marica iba a llorar. Sabía que Bella lo había mandado a la mierda un par de veces, pero nunca me imaginé que podía dar semejante discursito y herirle el ego tan profundamente a alguien. BIEN, en realidad si lo sabía... pero ni siquiera conmigo había sido tan malvada.
Tuve que contener la risa hasta que vi como el muy hombre - nótese el sarcasmo - se alejaba corriendo de nuestro lado. Finalmente deje a las carcajadas salir, sin embargo Bella no tenía un semblante muy alegre.
- Amor, ¿qué va mal? - le pregunté besándole la ejilla y abrazándola con fuerza.
- ¿No estás enojado? - me replicó sonrojándose.
- ¿Por qué tendría que estarlo?
- Porque yo... dije que tu y yo... - su cara se volvió azul.
- Ah, eso - le resté importancia para que no se sintiera mal. Me parecía muy pronto para que se enterara que la deseaba más de lo normal-. Estuviste de verdad increíble nena. No sé como pude aliarme con ese imbecil. De verdad lo siento.
- No te preocupes - sonrió-. Ya te dije que te perdoné, y más de una vez me has dicho que lo sientes. Es más, ahora que lo pienso mejor, yo también debí pedirte perdón y no lo he hecho. Me porté como una estúpida . Por más idiota que hayas sido, no merecías mi desprecio y mucho menos que te juzgara sin siquiera conocerte a tí ni a tu pasado.
- Bromeas, ¿verdad? - le dije-. Fue eso lo que me despertó de mi jodido letargo Bells, grábatelo de una vez.
- Yo...
- No digas más nada - la callé con un corto beso-. Ahora sí, iré a buscar la canasta para comer algo, semejante peleita me abrió el apetito-. Volví a besarla y corrí al coche.
Pasaron algunas horas desde el encuentro con Señor Descerebrado, cuando la tarde comenzó a caer. Entre risas y charlas, el tiempo había volado. Ambos habíamos terminado sabiendo más del otro si es que aquello era posible, y mirando el amanecer colgado de los brazos del otro. Habíamos casi llegado al coche cuando Bella habló algo peocupada.
- ¡Mierda! Casi lo olvido... ayer olvidé mi mochila donde Alice, ¿podemos pasar a buscarla? - hizo un puchero al que no me pude resistir.
- Claro que sí, amor - respondí subiéndome al auto.
- ¡Oh! Traje algo de ropa seca en el bolso, te daré lo que me dio Allie para tí ayer y yo iré a cambiarme detrás de aquel arbusto, ¿te parece? - corrió hasta la parte trasera y me lanzó una camisa gris de mangas cortas y unos jeans negros.
- Bells... ¿no te parece un poco... elegante para ir a buscar una mochila? - pregunté confundido.
- ¿Qué? ¡NO! - casi chilló-. Es que Reneé me dijo que tal vez luego podíamos salir a cenar con ellos - intenté imaginar cuando pudieron haber hablada ellas dos y no se me ocurrió momento alguno. Sin embargo lo dejé pasar y una vez que Bella apareció con un hermoso vestido suelto color verde y zapatos sin taco, nos fuimos a la casa de su amiga.
Había demasiada oscuridad en la hermosa mansión cuando llegamos, pero a mi acompañante pareció no importarle y decidió entrar sin siquiera golpear o tocar timbre. Yo la seguí entré la oscuridad y casi me pego un susto de muerte cuando las luces se encendieron de golpe dejando una gran cantidad de gente a la vista que gritó: ¡SORPRESA! Me quedé estático en el lugar. Allí estaban mis padres, mi hermano con su novia, algunos de mis amigos del reparto, los padres de Bella, sus amigos y algunas personas más que no reconocí. Parecía un sueño. Miré a Bella que sonreía complacida a Alice, ambas habían planeado eso. El corazón me dio un brinco cuando todos empezaron a cantarme el feliz cumpleaños. Una fiesta sorpresa, para mí. Rápidamente me acerqué hasta mis padres y los abracé con fuerza, permitiéndome derramar algunas lágrimas. Luego me dirigí a Stefan, y lo abracé aún con más ímpetu.
- Te he extrañado - le dije aún emocionado.
- Yo también te he extrañado, Edward - respondió y me sonrió. Ambos entendimos exactamente lo que el otro quería decir.
Luego de que saludé a todos aquellos que habían venido en mi avión privado y a mis nuevos seres queridos, salí a la puerta a prenderme un cigarrillo, y también para buscar a Bella. Efectivamente, ella estaba en el hall fumando.
- Aquí estás - susurré en su oído sobresaltándola.
- Debes dejar de hacer eso - se quejó exhalando un poco de humo. Era tan jodidamente sexy.
- ¿Hacer qué?
- Sorprenderme, Edward - respondió como mencionando un hecho obvio.
- Gracias por todo, mi amor, de verdad, no tengo palabras. Eres mi ángel - hablé con sinceridad. Ella se había vuelto mi guardiana, mi protectora, mi vida entera en tan poco tiempo. Era fascinante lo que habçia causado en mí, y esperaba que el destino jamás nos separara, porque un ángel como ella, sería dificil de encontrar otra vez. Directamente, jamás podría, porque no había alguien como ella en la Tierra para mí. Ni lo habría tampoco.
- Te lo mereces, de verdad. Te quiero - dijo ruborizándose y juró que me derretí.
- Y yo te quiero a tí - respondí acercándome para besarla. Enrollé mis brazos en su cintura y la alcé un poco para estar a la misma altura. Ella comenzó a soltar pequeñas risitas mientras giraba con ella, sin despegar mis labios de los suyos.
- ¿Interrumpo? - una voz particularmente conocida para mí nos sacó de nuestras burbuja privada. Solté a Bella con cuidado, y me quedé sin hablar al ver quien estaba parado delante de mí, con la mirada gacha. Mi chica tuvo que codearme para que vuelva en mí. Finalmente encontré la voz e intenté hablar claramente.
- ¿JAMES?
I've got an angel
She doesn't wear any wings
She wears a heart that CAN MELT MY OWN
She wears a smile that can make me wanna sing
She gives me presents
With her presence alone
SHE GIVES ME EVERYTHING I CULD WISH FOR.
FLOR MCCARTY O'SHEA IS BACK. DESPUÉS DE CASI TRES MESES. NO TENGO PERDÓN DE DIOS, LO SÉ. Espero que mis explicaciones sean válidas para ustedes.
1) Comencé tercer y último año de la secundaria. Pensé que tendría un montón de tiempo libre para escribir, pero no fue así, entre el estudio, y la organización del desfile de modas a beneficio que estamos haciendo, tenía la cabeza en otra parte, además de que vuelvo literalmente hecha polvo de mis clases. Afortundamente me está yendo cada vez mejor en mis estudios.
2)Me ha faltado inspiración. Más de uno seguramente ha sentido alguna vez que no encuentra en su mente nada lo suficientemente bueno como para exponer, y ustedes saben que soy una jodida perfeccionista en ese aspecto. He revisado y corregido la pelea de Bella con Jacob unas diez veces más o menos, por ejemplo.
3) Tenía planeado subir la semana anterior, pero ha fallecido la madre de mi mejor amiga, y por supuesto estuve ahí para apoyarla, además de que ha sido una perdida bastante dolorosa para todos.
ESPERO QUE SEPAN DISCULPAR Y HAYAN DISFRUTADO EL CAPÍTULO. ESPERO NO TENER QUE DESAPARECER DE NUEVO. MUCHOS BESOS, PERDÓN NUEVAMENTE Y ESPERO SUS REVIEWS :)
