Disclaimers: Los personajes y el mundo de Harry Potter pertenecen a J.K Rowling y todo aquél que posea el copyright por haber hecho compra de algunos derechos de autor, en esta historia son utilizados con fines recreativos y sin lucro alguno.

¡Hola! Bueno, otro jueves más, otro capítulo más, ya sé que es más temprano que de costumbre, pero mi internet está fallando, así que mejor no me arriesgo y lo publico ahora, de acuerdo, espero que sea de su agrado, muchas gracias por sus reviews, significan mucho, ya estamos en el capítulo doce, quien iba a pensarlo, la historia sólo estaba pensada para quince capítulos, pero se han ampliado un poco más, muchas gracias, en serio, bueno, me dejo de tanta charlatanería y les dejo leer.

Hasta el próximo jueves.


Se quedó perdido en sus pensamientos, con la sonrisa de Ginny en sus recuerdos, con el brillo de sus ojos color chocolate cada que lo miraban a él. No entendía en qué momento llegó a perderse a sí mismo en ella, le gustaba, no cabía la menor duda, desde Hogwarts le gustaba, pero… al grado de hacer todo ese tipo de locuras por protegerla, estaba seguro que no, jamás hubiese traicionado a sus padres, ni por Astoria, ni por ninguna otra chica ¿Por qué lo hacía por una Weasley?

Bajó la mirada, estaba más que seguro que ella lo hacía más por supervivencia que por alguna otra razón, en cuanto la ayudara a escapar, regresaría con su estúpida familia, dejándole atrás, sin importarle que él hubiese traicionado a su familia por ella. Negó frustrado. No podía seguir ese curso en sus pensamientos, porque le haría dudar de cualquier cosa, Ginny tenía que sentirse igual que él, confundida por lo repentino y rápido que había crecido algo entre ellos, y más, porque había pasado más de dos meses sin verse, él había estado atado de cierta manera a merced de unas brujas locas, y Ginny había estado prisionera.

—Es bueno ver que por lo menos, has mejorado un poco –sonrió Lucius Malfoy al ver a la chica enfurecida.

—Juro que voy a matarte –le amenazó ella ocasionando una risa de todos los presentes, menos de Draco, él sonrió arrogante, más bien, confundido.

—Pues si continúas así, creo que terminarás muerta, antes de que mejores un poco más.

—Tienes que ser muy valiente amenazando a una chica desarmada ¿no es así? –La mirada de Ginny era tan oscura, llena de odio puro –sólo dame mi varita y veremos qué tan valiente eres, Lucius.

—Mi elfo doméstico acabaría contigo en un abrir y cerrar de ojos –sonrió –no eres amenaza para nadie, salvo para ti misma. Pero si estás tan cansada de mí, dejaré que alguien más juegue contigo.

—Eso me agrada –Blaise se alistó y sacudió sus hombros con energía.

—Esta vez no, Zabini –interrumpió la felicidad del chico –dejaremos que sea Draco quien lo haga.

La vista de todos los mortífagos se dirigieron al chico, que había estado recargado en un extremo mirando a la nada ensimismado en sus planes.

—Draco ¿en serio? –Se burló Dolohov –él no es capaz ni de matar un insecto ¿crees que podría hacer algo con ella? Terminaría escapando, Lucius.

—El idiota tiene razón –se burló Ginny poniéndose de pie y cuadrándose ante la escena –tu hijo es el ser más débil que existe en el mundo, jamás podría, no fue capaz de matar a Dumbledore ¿Qué te hace pensar que podrá ser capaz de unirse a tu juego? –se mofó de Lucius.

—Draco, ven aquí –ordenó haciendo que su hijo lo dudara un poco, pero se acercara –ahora, muéstrale a esta estúpida niña que eres más valiente de lo que ella y todos en éste salón piensan.

Tragó saliva y se acercó a ella, sus ojos habían perdido todo el odio y se veían cálidos, no iba a poder, no iba a dañarla. No le importaba que le llamaran cobarde, no iba a torturarla.

—No lo pienses mucho –su voz sonó un poco débil, temblorosa, habían quedado que si las circunstancias los ponían frente a frente en esto, harían las mejores actuaciones de su vida.

—No…

—Eres una nenita –le atacó perdiendo toda la simpatía que había adoptado al verlo frente a ella –eso eres, una nenita, Malfoy, eres la vergüenza de tu familia, eres tan débil.

—Supongo –se encogió de hombros.

—Draco –le regañó su padre y Ginny observó a su alrededor, realmente no iba a torturarla, y eso era más peligroso que si lo hiciera, pasara lo que pasara, ella no dejaría de sentirse de esa forma con él, sabía que las circunstancias eran más grandes y peligrosas que unas cuantas torturas, no iba a tenerlo en su celda, no, por ninguna manera iba a permitirlo.

—Maldito cobarde –pronunció con todo el desprecio que pudo –ahora entiendo porque odias tanto a Harry –sonrió –porque él siempre ha tenido las agallas que a ti siempre te han faltado ¿no es así? –negó observando la lámpara de araña que colgaba sobre ellos.

—Potter es un asqueroso cerdo –pronunció enfadado –no hay nada que pueda…

—Tiene a la chica que ama ¿tú que tienes, Malfoy? –se acercó a él enfadada –eres el niñito de mamá, deberías ir a esconderte tras sus faldas, en lugar de estar aquí, metiéndote en los asuntos de papi –todos se burlaron, pero por más que lo humillara frente a todos, él no tenía intención de actuar, así que lo intentó haciendo las cosas un poco más personales, y su puño se estrelló en la nariz del rubio con toda la fuerza que Ginny pudo juntar.

La mano de Draco fue como acto reflejo hasta su garganta ahorcándola un poco, ella sonrió, sabía que una cosa eran las palabras y otras cosas que una chica lo golpeara, después de que Hermione lo hiciera, él ya no estaba dispuesto a que otra chica lo golpeara, dejaría su caballerosidad de lado, pero ninguna otra mujer iba a hacerle ver débil.

La arrojó al suelo con toda la fuerza que pudo, pero no la suficiente como para lastimarla, ella soltó una risa burlona que le penetró en los huesos y puso su sangre a circular aún más rápido, ni siquiera quería torturarla aun así, quería desnudarla y hacerle el amor en ese momento, pero no podía.

Crucio –pronunció en un tono enfadado.

Todos se quedaron callados, con una sonrisa en sus rostros con cierta satisfacción, Draco Malfoy. Había salido de las faldas de mamá, para adentrarse a los negocios sucios de papá, no había nada más que hiciera más feliz a Lucius. Por fin. Su hijo estaba siendo un hombre. No un niñito consentido.

—Bienvenido al negocio, muchacho –lo felicitó Smart cuando los demás mortífagos le relevaron.

—Ha sido lo más divertido que he tenido que hacer.

—Será mucho más, lo verás –sonrió su padre y le palmeo la espalda –te unirás a la diversión más seguido de lo que crees.

Su padre lo cumplió.

Había sido él, quien se encargara de torturarla la mayor parte del tiempo, cada que se veían a solas en las madrugadas, ella le hacía saber que no importaba, que siguieran con la actuación, pero ser la persona encargada de ocasionarle un daño innecesario a la persona que amas, no era algo que se llevara bien, y mucho menos, cuando comenzaba a perder la consciencia por lapsos más largos todavía. Estaba preocupado, inició el plan de escape esa misma noche, mientras ella dormía en su regazo, él comenzó a planear la manera más factible de llevarla lejos, donde nadie la encontrara, ni su padre, ni la familia de ella, donde sólo ellos dos estuvieran. No le importaba nada, iba a sacarla, así le fuera la vida en ello, Ginevra Weasley, no podía pasar más tiempo en la mansión Malfoy siendo torturada.

Si las cosas hubiesen podido mejorar, no se notaba, aunque ella misma se lo había dicho y permitido, y habían tratado el tema muchas veces, él aun así, no quería hacerlo, sostenerla contra él después de tener que torturarla era lo peor, ella terminaría odiándole, lo sabía, hundió su nariz entre los cabellos rojos, había estado inconsciente por más de media hora y comenzaba a preocuparle, tenía que llevarla a San Mungo para que le revisaran, pero era imposible, lo sabía, sería imposible, Swing le había dicho la razón por la cual le permitían a Ginny salir y dejarle sola, la chimenea tenía el hechizo Fianto Duri así que no podían usarla cuando nadie estaba, no podían desaparecer, la única manera de salir de ahí, era por Swing, y él se había negado a llevarles consigo, así que esa única semana, había sido inútil para la huida, y no les habían vuelto a dejar solos ni un solo momento, como si sospecharan que él podría traicionarles.

Así que tenía ya el plan, dos meses le había tomado perfeccionarlo, y todavía le faltaba la segunda parte, ya había comenzado a desesperarse, no podía usar la primera parte si no tenía la segunda, era realmente arriesgado, le importaba la seguridad de Ginevra, tenía que asegurarse de que no podrían llevársela de nuevo, tenía que tener un lugar al cual llevarla y que nadie sospechara, pero su padre era bastante inteligente, cosa que era de sorprenderse, había planeado tan bien las cosas para que los Weasley y Potter no la encontraran, que dudaba que pudiese engañarlo tan fácil con un plan tan… inestable como el que tenía en ese momento.

—Avísame en cuanto despierte –le ordenó al elfo en un tono lúgubre.

—Sí, amo –se acercó a Ginny cuando Draco se alejó lo suficiente.

Subió las escaleras dispuesto a ir a su cuarto y seguir con el plan, una salida más rápida, tenía todo lo necesario para la primera parte, la campana de oro que tenían sobre la mesa junto a la chimenea estaba lista, nadie más podía verla salvo él y Swing, que a pesar de negarse a llevarlos, estaba al tanto de los planes de Draco, ayudando con pequeñas aportaciones que hacía que tuviese las manos planchadas al igual que otras partes de su cuerpo a causa de desacatar las ordenes de sus amos.

—Ven, Draco –le habló su madre y se dirigió al despacho, el gruñó y se encaminó detrás de ella.

—Blaise Zabini ha dado un paso importante para ti –sonrió su padre.

—Un paso muy importante para mí –repitió sin ánimo y su ceño se frunció cuando su padre le enseñó la primera plana del diario El Profeta –me comprometí con Astoria –gruñó –tengo que casarme con la chica que se enreda con mi mejor amigo.

—Ella piensa que eres tú –sonrió su madre y agarró a Lucius del hombro.

—De acuerdo –sonrió, pero claro que eso no iba a suceder.

—Déjanos solos, Narcissa –pidió Lucius, así que la mujer salió sin decir nada.

Ambos se miraron en silencio por un largo minuto, no entendía porque su padre quería quedarse a solas con él, durante estos cuatro meses, se había convencido de que estaba completamente de su lado, tenía que fingir que torturar a Ginny era lo más placentero del mundo, cuando lo más placentero del mundo era hacerle el amor.

—Estoy muy orgulloso de ti, Draco, pensé que aun eras un niño refugiado en las faldas de tu madre, pero tengo que admitir que me he equivocado al respecto.

—Me alegra que te dieras cuenta, no pensé que torturar a la inútil de la Weasley te convenciera, lo hubiese hecho estando en el colegio –se burló.

—Smart y Dolohov están buscando a Potter en estos momentos –le informó cambiando de tema –estamos por llegar al nuevo año, y sabes lo que significa, así que como todo va perfecto, puedo decírtelo.

—Has estado ocultándome cosas todavía papá –frunció el ceño enfurecido –pensé que te habías dado cuenta de que estoy de tu lado, que al igual que tú quiero que Voldemort regrese.

—No es mi decisión que contarte y que no, Draco, sino del Señor Tenebroso, sabes que el juramento inquebrantable es algo de cuidado, así que tengo que compartir con ustedes sólo cierta información según el objetivo que se vaya cumpliendo.

—De acuerdo, pensé que no confiabas ni en mí ni en mi madre.

—Confió en ustedes, son mi familia, Draco.

—Ahora lo sé –sonrió –así que dime lo que no me habías podido decir.

—Nuestros verdaderos objetivos, Draco, eso es lo que no había podido decirte, así que ya que todo está listo y que sólo nos hace falta Potter, te lo diré.

—Soy todo oídos –se acomodó en la silla con una expresión indescifrable.

—No vamos a matar a Potter, bueno, no de la forma en que todos hubiésemos deseado, el plan del Señor Tenebroso fue sacar el alma de ese mestizo e introducir el alma de Voldemort dentro del cuerpo vació –sonrió –todo el mundo pensaría que Potter está vivo, mientras que el que reside en su cuerpo, es el Señor Tenebroso, para cuando el resto del mundo mágico se dé cuenta, será lo suficientemente tarde, pero la chica tendrá que morirse en cuanto traiga de vuelta a Voldemort –sonrió –así que consíguele algo más decente para que vista –se levantó y palmeó el hombro de su hijo –tiene que ir presentable a su propio funeral.

—Por supuesto –contestó como pudo, se había quedado inmóvil –pero… ¿cómo sabremos que es Voldemort y no Potter?

—En cuanto vuelva en sí del hechizo, le lanzará un Avada a la chica –contestó con simpleza –así lo sabremos, Draco, ahora ve a hacer lo que te pedí, pídele ayuda a tu novia, si es necesario.

—Lo haré yo solo, no quiero que sospeche nada.

—Así se habla.

Draco se dirigió al sótano aprisa, sin que lo vieran, sabía que aún no estaba despierta o Swing se lo hubiese informado, pero no tenían tiempo, el elfo lo observó cuando se dejó caer de rodillas junto a la chica y golpeó suavemente las mejillas de ésta.

—Ginny, por favor, reacciona, tienes que hacerlo, por favor –la golpeó suavemente de nuevo.

—Puedo hacerla despertar –sugirió el elfo y Draco asintió, Swing chasqueo los dedos.

—Ginny –acarició su mejilla –tienes que decirme la ubicación exacta de la Madriguera.

—La atacaste –le dijo aun sin reaccionar bien.

—Sí, pero la protegieron mediante…

—Debí suponerlo –sonrió satisfecha.

—Tienes que decírmelo –le suplicó.

—Vas a tener que matarme para ello, Draco, no voy a dejar que lleguen a ninguno de mis hermanos, así seas tú quien me lo pidas, no voy a decírtelo.

—Esto no es por mí –suspiró –voy a evitar que traigan a Potter como me lo pediste –le mintió, porque si le decía la verdad, se negaría a cooperar.

Draco se alejó cuando le dijo al oído el lugar exacto de la Madriguera, usó la chimenea y después se apareció lo más cerca posible, Ronald no estaba en la oficina de Aurores, se lo había dicho su informante, así que el único lugar donde podía estar, era ese.

Hizo todo lo que Ginny le dijo para evitar las trampas que sabía que Charlie, Ron y Percy habían colocado, observó la casa, se veía simple y modesta, pero no le importó en ese momento que tan destartalada lucía, entró apresurado, todos estaban en la cocina, desde Potter hasta Granger, el que le atacó fue Ronald.

Desmaius –soltó pero desvió el hechizo.

—Necesito tu ayuda –dijo agitado haciendo que todos se observaran entre sí.

—Por supuesto ¿por qué razón te ayudaría, Malfoy? –su ira fue palpable.

—Porque voy a sacar a Ginny de donde está, pero necesito un lugar seguro para hacerlo.

—Y voy a creerte, cuando fui a tu casa…

—Era Blaise –gruñó enfadado –no tengo tiempo para explicarte todo, sólo necesito saber si cuento contigo para sacarla y ponerla en un lugar a salvo.

—Yo no confiaría en él, Ron –comentó Harry sentado junto a Luna Lovegood.

—Yo lo haría –afirmó la rubia con su voz suave y tranquila –han protegido la casa bajo el encantamiento Fidelio, nadie aparte de Ginny sabría cómo llegar hasta aquí –le sonrió a Draco.

—Gracias –soltó sincero –decídete ahora, Weasley, de todos modos la sacaré de la mansión –informó –pero no tengo un lugar seguro para evitar que se la lleven de nuevo.

—Vas a tener que explicarme –se acercó a él –no voy a caer en una trampa más, Malfoy ¿Por qué los mortífagos se llevaron a mi hermana?

—Veo que sus padres no les han puesto al tanto del secreto de su familia –observó a los hombres al fondo, haciendo que todos se giraran hasta ellos.

— ¿Todo este tiempo han sabido porque se la llevaron y no nos han dicho? –el lugar tembló ante la furia de los hermanos de Ginevra.

—No sabemos de qué está hablando –Arthur Weasley se puso de pie molesto.

—Son herederos de Morgana –soltó Draco, mientras más rápido les explicara y aceptaran ayudarle, mejor –Voldemort lo sabía, y van a utilizarla para traerlo de vuelta.

—Eso es imposible –se burló Hermione con su típico tono de sabelotodo.

—Si fuera imposible, Ginevra estaría aquí ¿no lo crees, Granger? Así que deja de hacerte la maldita sabelotodo cuando lo ignoras todo.

—Sí necesitas nuestra ayuda, es mejor que midas tus palabras, Malfoy –lo amenazó Ron.

—Tienes que decidir quién es más importante en este momento para ti, Weasley, si tu insufrible sabelotodo o tu hermana, sólo te recuerdo que una está en grave peligro, y no la ha pasado nada bien durante estos cuatro meses –el rostro de Ron se puso pálido ante las palabras –pero decide ya.

—Termina de explicar.

—Mi padre me dijo que la razón por la cual su familia ha pasado tantas generaciones sin una sola mujer, es porque han estado evitando que los poderes de Morgana pasen, serían sólo para la mujer descendiente, no para los hombres, por eso cada uno de ellos juró que no tendrían una mujer y de tenerla la asesinarían, para evitar que sus poderes ancestrales volvieran a tomar fuerza, Voldemort necesita sus poderes y un grimorio que sólo se encontraba en Avalón, con algunas otras cosas para que ella los usara y regresara su alma, para introducirla en el cuerpo de Potter –observó al chico que le miraba totalmente asombrado.

—Suena interesante –argumentó aun incrédula Hermione –de ser cierto ¿cómo es que Voldemort supo eso y no los mismos Weasley?

—El primer año de Ginevra, en Hogwarts, mi padre puso en su caldero el diario de Tom Riddle ¿recuerdan? Pasó casi un año con ella, el tiempo suficiente como para enterarse de eso, él estaba interesado en todas las formas que le aseguraran su regreso y la vida eterna, así que planeo todo lo que pasó, para terminar con la profecía y regresar con más fuerza que nunca, y que mejor que en Potter, en quien menos desconfiarían, aún más, que al parecer… es descendiente directo de Merlín.

Todas las miradas se dirigieron al chico, ninguno de los presentes parecía creer la absurda historia que Draco les estaba diciendo, la única que parecía creerle era Luna.

—Tiene sentido –volvió a su auxilio Luna –eso explica porque Harry y Ginny están enamorados –observó a los pelirrojos haciendo que Draco sintiera una punzada en el corazón al escucharla decir eso –Morgana y Merlín estuvieron enamorados –completó.

—Sí, pero según los libros dicen que Merlín se enamoró de Nimúe, por eso la ira de Morgana –soltó Hermione convencida de eso, porque lo había leído en algún libro.

—Las historias pueden variar durante los siglos si cada quien añade partes de su imaginación a la verdadera historia ¿no lo crees? –le sonrió Luna.

—Si estás tomándome el pelo, voy a matarte, Malfoy –soltó Ron, que parecía convencido con la teoría ya que al menos, Luna, la apoyaba.

—Tengo un traslador listo en la mansión, es la única forma de salir de ahí, no hay manera de llegar a menos que sea por red flu, pero sería ponerla en peligro –soltó Draco –apareceremos en Hogsmeade, ustedes tienen que buscar un lugar donde nadie sospeche que está.

—La tendremos en Grinmuld Place –argumentó Harry.

—No –contestó Draco tajante –sería el primer lugar al que irían después de asegurarse de que no está aquí.

—Pero nadie…

—Tampoco cuentes con la casa de tus padres en el Valle de Godric.

— ¿Cómo es que sabes de esos lugares? –frunció el ceño Neville enfurecido.

—Mi padre los usó como guarida mientras ustedes buscaban en las propiedades de los Greengrass y en la nuestra, sabía que no buscarían en lugares conocidos y mucho menos si estos les pertenecían a ustedes, ella ha estado todo el tiempo bajo sus narices.

Ron fue hasta él y lo sujetó de las solapas estrellándolo contra la barda completamente fuera de sí, la varita estaba en su cuello, comprendía la razón de la ira, lo sabía, pero no tenían tiempo para esas riñas.

—Si vas a matarme, procura que sea cuando te traiga a tu hermana sana y salva.

—Voy a hacerlo, maldito infeliz, te lo juro, voy a matarte, pero para mi desgracia, no me queda más que confiar en ti.

—Necesito algo, un vestido o algo, para que nadie sospeche de que vine para acá.

—Tengo uno –se levantó Hermione –era para el baile de navidad –se encogió de hombros –Ginny lo eligió con mucha antelación, no sabía si con los partidos tendría tiempo –subió corriendo.

Se puso de acuerdo con ellos y fue directo a la mansión, su padre sonrió al verlo llegar con lo que le había encargado, no dijo nada, esperó a que fuera de madrugada, ese sería el horario más factible para la huida, por lo regular, era su turno de ronda, los dos meses anteriores, había aprovechado eso para estar con ella de otra manera.

Swing apareció en su habitación cuando todo estaba despejado, así que lo llevó consigo al sótano y lo dejó sólo con ella, estaba despierta, y un tanto confundida, aun así, le sonrió cuando lo vio, para ella era como otra noche normal.

—Llegó el día –la besó con emoción.

—Pero… dijiste que aun te faltaban cosas por arreglar.

—Ya está todo solucionado –la sujetó de la mano.

— ¿Estás seguro que no van a encontrarnos?

—Completamente seguro, Gin –sonrió –es mejor que nos apresuremos, porque si no, las cosas se complicarán un poco.

Subieron apresurados hasta el salón, todo estaba oscuro y tranquilo, caminó con paso decidido hasta la mesa.

—Me molesta un poco, que sea mi propio hijo, quien planeara esto –soltó Lucius al fondo del salón, mientras las antorchas se encendían aluzando todo el lugar –perdón que invitara a unos cuantos amigos a evitar esto.

—Es una pena, Lucius –sonrió Dolohov –que tu hijo saliera de las faldas de su madre, para enrolarse en las faldas de otra mujer.

—Tal vez sólo lo hizo porque ella es la heredera de Morgana, jamás se hubiese fijado en ella. Me engañaste muy bien mientras la torturabas –comentó Lucius sin escuchar las burlas –pero tienes que comprender que no voy a dejar que te lleves a nuestra única oportunidad, Draco.

—Vas a tener que matarme, para poder tocarle un solo cabello de nuevo, papá –gruñó.

—Nada va a interferir con el plan, Draco. Avada…

—No –chilló Ginny apretando la mano de Draco e interponiéndose en camino del hechizo y el rubio.

Todos se cubrieron cuando el hechizo golpeó la lámpara de araña que colgaba haciéndola desplomarse, Lucius sonrió ante el hecho.

—Creo que al final, estás lista ¿cuánto tiempo llevas ocultando tu poder? –dio un paso hasta ellos.

—Tres meses –admitió haciendo que Draco se congelara.

—Eres bastante convincente –sonrió –así que sólo necesitabas que lo atacara a él, para demostrar tus habilidades.

—Iba a dejar que me mataras, pero jamás iba a darte mi poder para traer a Voldemort de vuelta.

—Es una lástima ¿no? Ahora sé de lo que eres capaz, y como detenerte hasta que lo traigas de vuelta.

—Vas a tener que matarme.

—Lo torturaré a él ¿no? Veamos quien de los dos es más frío y soporta ver sufrir al otro, creo que perderás, niña, él soportó cuatro meses viéndote así, suplicar que se detuvieran, pero nunca hizo nada.

—No vas a ponerme en su contra, por más que lo intentes.

—De acuerdo, Crucio –la señaló.

Expelliarmus –murmuró y la varita de Lucius salió volando –todo ha mejorado, Lucius –se burló Ginny –no necesito una varita para hacer hechizos simples, si bien aún el sótano me debilita, aquí afuera soy igual de buena con varita que sin ella.

—Sujetaremos la campana en cuanto se acerque ¿bien? –interrogó Draco y ella asintió con una sonrisa cálida.

Accio campana –murmuró Draco y la campana voló hasta ellos.

¡Expulso! –Draco salió despedido por los aires cuando el hechizo de Dolohov lo alcanzó, haciendo que sólo Ginny agarrara la campana y desapareciera de la mansión.

Smart lo sujetó de las solapas y le gruñó completamente enfadado, lo arrastró de nuevo hasta el centro del salón de la mansión, Draco estaba aún aturdido por el golpe que se dio al caer, pero no le importaba, mientras Ginny estuviera lo suficientemente lejos de ahí, con eso estaba más que satisfecho.

— ¿Quién te dijo que me la llevaría? –preguntó Draco observando a su padre.

—El elfo domestico –contestó –él me dijo que alguien iba a llevársela, jamás me dijo que tú, y fue bueno que omitiera eso, porque de haberlo dicho, no le hubiese creído y te la hubieses llevado con éxito, tengo que decirlo, pero voy a encontrarla, sea donde sea.

—Buena suerte tomando desprevenidos a sus hermanos –sonrió con arrogancia y suficiencia.

—Tortúrenlo –ordenó Lucius y se alejó.

—Será un placer –los ojos negros de Dolohov brillaron con entusiasmo –Crucio.

Ginny tenía que ser la chica más valiente sobre la tierra al soportar algo así constantemente, y no sólo porque un hombre la torturara, sino que a veces era más de uno atacándola con la misma maldición, apretó la mandíbula todo lo que pudo, no iba a darles la satisfacción de que lo escucharan gritar.

Lo dejaron en la silla, a mitad del salón, sólo con los pantalones puestos, lo habían torturado hasta que se aburrieron, al parecer uno que otro había deseado hacerlo desde que lo conocieron hacía cinco años atrás, Smart estaba frente a él, sacándose la mugre de las uñas con una daga de mango extraño, parecía muy vieja, de siglos atrás, como una reliquia.

—Has sido muy valiente –sonrió –cuando la trajimos aquí, no pensé que fueras capaz de hacer algo por ella, a pesar de lo que sientes –se encogió de hombros –pensé que eras de esa clase de hombres inteligentes, que ponen primero la razón al corazón.

—No me importa en absoluto lo que tú o los demás piensen de mí, ella está lejos de aquí, y no creo que los tomen desprevenidos a ellos.

—No tiene que importarte, después de todo, vas a estar muerto en unos días –se burló –Honeday te engañó, el insecto en tu pecho avanzaba sin importar más –se encogió de hombros –y el juramento inquebrantable, se hizo unilateral, lo siento, esa bruja te engañó.

—Sí ¿Por qué lo haría?

—Porque te quería para ella, porque sabe quién eres realmente, Draco Malfoy.

—&—

Ginny cayó de rodillas sobre la nieve, le costó un momento saber dónde estaba, observó a su alrededor, Ron corrió hacia ella apresurado, así que para eso quería saber dónde estaba la Madriguera con tanta urgencia, para decirle a su familia, para llevarla con ellos, para no dejar que la mataran.

—Ginny –las lágrimas en los ojos de su hermano fueron instantáneas en cuanto llegó hasta ella y la sostuvo de los brazos para ayudarla a levantarse.

—Tenemos que volver –le dijo y su corazón se agitó –Ron, por favor ¡Tenemos que volver! –chilló casi histérica.

—No, no lo haremos –se negó rotundo.

—Tenemos que regresar por él, no podemos dejarlo ahí, van a matarlo, por favor, Ron, tenemos que ir por él, no, no voy a dejarlo ahí.

—Ginny, tienes que controlarte, estás a salvo, estás con nosotros.

—No Ron –se alejó de los brazos de su hermano y de todos los demás en busca de la campana que le había llevado hasta Hogsmeade.

— ¿Dónde está Draco? –Preguntó Luna haciendo que todos lo notaran –vendría contigo ¿no es así?

—Dolohov lo atacó –dijo desesperada buscando entre la nieve –antes de que tocara la campana, Dolohov lo atacó, no vino, se quedó en la mansión, Ron, por favor, tenemos que ir por él.

—Dolohov está muerto –contestó Harry y Ginny negó.

—No vamos a volver, Ginny –los ojos de la pelirroja se posaron sobre Charlie, que daba la última palabra.

—No vayan, no me importa –se puso de pie –Draco arriesgó su vida para sacarme de ahí, no voy a dejarle atrás, Charlie –contestó y observó a los demás –no voy a dejarle ahí en manos de Lucius Malfoy y de Smart.

— ¿Quién es Smart? –interrogó Ron.

—Un nuevo mortífago, vivió entre muggles mucho tiempo, no voy a dejarle ahí, no voy a dejar que lo torturen hasta la muerte.

—Draco dijo que no lo hiciéramos –soltó Hermione y todos la observaron frunciendo el ceño, incluida Ginny –antes de irse de la Madriguera lo dijo, que la prioridad era liberarte a ti, que pasara lo que pasara, juráramos que no volveríamos ahí, te mantendríamos a salvo.

— ¿Por qué le harían caso, de todos modos? –les preguntó furiosa.

—Sugirió el juramento inquebrantable, no fue necesario, no lo sugeriría si no pensara en cumplir –aclaró Ron.

—Ustedes lo prometieron, no yo, voy a ir por él.

—Primero vayamos a que te revisen, y cuando estés bien, iremos –sugirió Percy.

—Mientras tanto, que lo maten ¿cierto?

—Ginny, por favor –suplicó George.

—Si vamos a San Mungo lo sabrán –contestó.

—Es una suerte que estemos cerca de Hogwarts, y que la señora Pomfrey sea una sanadora maravillosa –sonrió Luna.

—Prefiero estar en Las Tres Escobas –contestó –no quiero ir a Hogwarts, saben cómo es, sabrían que estamos ahí y volverían a atacar al colegio.

—Tienes razón, de todos modos iremos por ella, para que te revise –ella asintió ante las palabras de Bill.

Madame Rosmerta los ayudó a entrar sin llamar mucho la atención de los presentes, la puso en uno de los cuartos más alejados y desapercibidos que pudo encontrar.

—Me gusta este lugar –admitió con una sonrisa.

—Iré a avisar a tus papás –comunicó Hermione –es mejor que salgan de la Madriguera de todos modos.

—Gracias –le sonrió Ron y la besó.

—No tardo –salió cerrando con cuidado la puerta.

—Me alegra tenerte de vuelta –Harry le acarició la mano y depositó un suave beso en sus labios.

—Me agrada estar de vuelta –comentó, pero estaba segura que sería mejor si Draco estuviera ahi.