Disclaimer: Todos los personajes de InuYasha pertenecen a Rumiko Takahashi.

Había sido un estúpido por no haber notado la ausencia de Rin antes… el hueco en el estómago permutó en una fuerte presión en su pecho.

Si Rin moría…

-No… ella no puede morir. Si eso sucede no podré traerla de vuelta… esta vez no…

Posó la mano en la empuñadura de tenseiga, Sesshomaru estaba aterrorizado.

Contra corriente

Por Kuruma Chidori

Capítulo 12

De nada le servía forcejear, Fuyuro tenía la suficiente fuerza para dejarla inmóvil sin hacer mayor esfuerzo. Sus manos se hallaban sobre su cabeza y el demonio la sujetaba firmemente de las muñecas, mientras que con su brazo libre había comenzado a recorrer la cintura de la joven. A cada intento de librarse de él parecía que su kimono sólo se abría más y eso la desesperaba.

-¡Basta! –volvió a gritar cuando Fuyuro la tomó del rostro e intentó besarla. Rin volteó la cara de un lado a otro, huyendo de sus labios por lo cual el demonio, sin paciencia para esos rechazos, acertó a darle una bofetada en el rostro. La mano del lord era lo suficientemente grande para abarcar todo el rostro de la joven y parte de su cabeza, por lo que el golpe tuvo el efecto de dejarle la mitad de la cara sumamente enrojecida y romper la peineta de su cabello. Rin gimió, apretando los ojos con fuerza para evitar que las lágrimas salieran.

-Esto será más fácil para ti si dejas de resistirte. –Murmuró a su oído, Rin sintió un escalofrío recorrerle la espalda- De cualquier manera, después de terminar con esto te mataré, así que no tiene caso que forcejees. Lo que más quiero es que Sesshomaru encuentre tu cuerpo sin vida con todo mi olor sobre ti… Incluso si él me mata por esto, habrá valido la pena.

-…N-no dejaré de luchar, así no consiga nada con ello… no corresponderé lo que haces… déjeme ir…

Fuyuro sonrió con sorna, ignorándola por completo. Lamió su oreja y bajó hasta sus hombros, con la mano que le quedaba libre apretó uno de sus senos descuidadamente, lastimándola con una de sus garras. Rin sollozó, sintiendo un hilillo de sangre escurrir hasta su ombligo, el youkai lamió la sangre de su abdomen y acto seguido, aprovechando la guardia baja de Rin, la besó en los labios. La muchacha forcejeó sin éxito, las lágrimas comenzaron a resbalar por sus mejillas y los sollozos eran acallados por la boca de él.


Debido a que su padre no se hallaba en el palacio cuando Sesshomaru la había echado, había considerado la opción de volver a sus tierras y esperar ahí por el regreso de él, sin embargo, el aire del ambiente comenzó a tornarse pesado. Alcanzaba a escuchar forcejeos lejanos y lo que la alarmó más: el olor de la sangre de su padre y el de un humano.

Tora se tensó… Miró de reojo a su escolta que también lucía nerviosa.

-Quédense aquí… iré a ver…

La joven salió corriendo rumbo donde surgían aquellos olores mezclados. Tenía un muy mal presentimiento…


Sesshomaru avanzaba tan rápido como era capaz, iba lo más sereno posible pero cuando percibió en el ambiente el olor de la sangre y lágrimas de Rin, perdió los estribos.

Sus pies respondían casi por inercia. Si a Rin le sucedía algo lo mataría… definitivamente lo mataría.


Fuyuro descendió la mano hasta los muslos de la joven, apretándolos. Nuevamente sus garras la lastimaron y varios hilos de sangre resbalaron hasta el suelo, la joven chilló y Fuyuro sintió cómo los músculos de Rin se tensaban, finalmente, cuando llegó con sus manos a su entrepierna, la joven en un esfuerzo extraordinario logró zafarse de los labios del lord y soltó un alarido, aterrorizada.

-¡SESSHOMARU-SAMA!

-…Para cuando él llegue, será tarde… ya te habré hecho mía y… -Fuyuro paró su oración en seco, el filo de bakusaiga se hallaba a un par de centímetros de su garganta. El lord del norte miró de reojo sobre su hombro, Sesshomaru blandía su arma firmemente y le dirigía una mirada que jamás le había conocido.

-Aléjate de ella ahora mismo.

Rin contuvo el aire… finalmente había llegado. Fuyuro se apartó lentamente de la joven y se puso de pie, la muchacha como pudo se arrastró hacia atrás, alejándose cuanto pudo de él. Sesshomaru observó de reojo a Rin, si bien afortunadamente estaba viva, no había resultado ilesa: el kimono azul se hallaba desgarrado y apenas y la cubría un poco, más allá de eso, aún cuando la muchacha se apresuró a taparse, pudo observar cómo a la altura de su pecho y de su entrepierna la tela comenzaba a teñirse de rojo, sin mencionar sus muñecas amoratadas, diversos rasguños que ella misma se habría hecho al forcejear sobre la tierra y su rostro golpeado. Inclusive, la herida de su cabeza de hacía un par de días, parecía que se había vuelto a abrir. La joven era un desastre de sudor, tierra y sangre.

Sesshomaru apretó con tanta fuerza la empuñadura de bakusaiga que su brazo temblaba, sentía que la cabeza la iba a explotar, la sangre le hervía. Había cometido el error de dejar a Fuyuro con vida por segunda vez por restarle importancia, por creer que no sería capaz de nada y se había equivocado… Nunca se había arrepentido de una decisión hasta ese momento.

Fuyuro soltó una carcajada.

-Adelante, Sesshomaru, mátame.

Sesshomaru no respondió, su juicio estaba nublándose por la repulsión que sentía hacia el lord que simplemente blandió la espada hacia él…

-¡Deténgase por favor! –Interrumpió Tora quien acababa de llegar y se interpuso entre ambos, lucía agitada –Se lo ruego… déjelo ir, estoy segura que mi padre no quiso hacer todo esto… se dejó llevar por mi culpa y…

-Apártate si no quieres morir. –Sentenció Sesshomaru, su mirada era penetrante.

-Tora, vete.- Ordenó Fuyuro tajantemente.

La joven negó con la cabeza.

-¡No! Esto es una locura, padre has hecho algo terrible a Rin… Ella no ha tenido la culpa de esto… Tú no eres así… -La joven volvió la mirada a su padre con el rostro suplicante. Tenía que frenar lo que se avenía antes de que fuera tarde.

-¡Apartate, Tora! –Ordenó Fuyuro- ¡Este asunto dejó de concernirte desde el momento en que te entregaste a Sesshomaru sin pensar en las consecuencias!

Metros atrás, Rin escuchaba todo desde el suelo ya que no podía incorporarse debido a la herida de su muslo. La muchacha sintió una punzada en el pecho… ¿entonces lo que había dicho Fuyuro antes era cierto?

Las palabras que el demonio blanco había pronunciado días atrás en el bosque, retumbaron en su cabeza:

"Tora no me interesa"

Sesshomaru le había mentido.

-No fue así padre… nada se concretó. Sesshomaru-sama… él no… -Titubeó. Tenía que explicar las cosas pero tampoco deseaba hacer más daño a Rin con situaciones que no tenía que saber. Ya habían causado mucho revuelo en esas tierras como para agregar más.

-Suficiente –El demonio blanco no dejó que terminara de hablar, no tenía ningún interés en prolongar esa conversación, estaba haciendo un esfuerzo enorme por no lanzarse sobre ambos y despedazarlos. Con un movimiento brusco apartó a Tora quien cayó al suelo y dirigió el ataque de Bakusaiga al pecho del demonio, Rin cerró los ojos para no ver lo acontecido… La sangre salpicó.

Fuyuro y Sesshomaru contuvieron el aire: La youkai se había interpuesto.

-…Padre –Susurró antes de caer al suelo, provocando un ruido seco.

-¡TORA!-Fuyuro tomó en brazos rápidamente a su hija. -¡Tora, qué has hecho!-La voz del youkai se entrecortó cuando sintió la sangre tibia sobre sus manos al levantarla.

-…Nada de esto tiene sentido… todo este asunto desde hace siglos debió haber terminado… -Murmuró la youkai, sus ojos empezaban a apagarse, la sangre salía cada vez en mayor cantidad manchando su estola blanca y su armadura. –Mi madre sólo quería… yo sólo quería… -Los ojos bicolor de la demonio se nublaron por las lágrimas contenidas.

Tora dirigió su mirada a Sesshomaru quien la observaba con seriedad, dos lágrimas cayeron por sus mejillas mientras sonreía levemente al demonio blanco, con pesar.

-Lo lamento.

Sesshomaru no respondió.

-…Tora- Fuyuro posó una de sus manos en el rostro de la youkai, ella correspondió el gesto tocando la mano del lord.

–Mi madre seguro que te echa de menos, pero aún así… no nos sigas, no todavía.

Su mano cayó al suelo, inmóvil, acto seguido se desvaneció, su corazón había dejado de latir.

Fuyuro hundió el rostro sobre el pecho de su hija, un gemido escapó de los labios del lord. Rin se estremeció.

-Fuyuro… Creo que estás dándole más importancia de la que deberías darle a este asunto… -La youkai de largas trenzas doradas y kimono anaranjado y azul posó una mano sobre el hombro de su esposo-Por favor, vuelve al palacio conmigo, hace mucho que sólo te concentras en entrenar a Tora. Ambos merecen un descan...

-¡Suficiente, Yukiko! –De un movimiento brusco, Fuyuro apartó la mano de su mujer quien retrocedió un paso, con la mirada triste. -¿Qué no te das cuenta que estás estorbando al interrumpir el entrenamiento de Tora? ¿qué acaso no te importa nada de lo que ha pasado? Vete de aquí.

Una Tora adolescente observó la escena a un par de metros sin soltar su espada desenvainada. En aquel páramo nevado era donde su padre solía entrenarla y era la primera vez que veía a su madre por ahí y lejos de haber resultado una visita agradable, su padre lo había entorpecido todo. Su semblante se entristeció: también era la primera vez que veía a su padre ser brusco con ella.

Aquellos días en donde sus padres lucían enamorados y felices parecían ya tan lejanos…

-Me importa más que no te das cuenta lo que estás haciendo ahora mismo, Fuyuro. –Respondió la youkai con notable molestia -Te estás perdiendo en una disputa sin sentido y estás ignorando estas tierras por pensar en las que ya has perdido, te estás olvidando de Tora y de mi…

-Tonterías, mujer. –Fuyuro chascó los labios- Vuelve al palacio, no tienes por qué estar aquí. Y tú, Tora –el lord se dirigió a su hija- vuelve a tu entrenamiento, no te distraigas.

La chica obedeció, sin pasar por alto cómo el rostro de su madre se entristecía y caminaba de vuelta al palacio. Nada de esto fue ajeno a Fuyuro, mas no le dio importancia… Cuando recuperaran las tierras del oeste, le recompensaría con creces a Yukiko y a Tora. Todo volvería a la normalidad, todo. El demonio apretó los puños.

Un par de años después, Yukiko habría muerto en soledad.

Aquellos recuerdos comenzaron a golpearlo y de pronto el panorama era claro, entendía por fin lo que sucedía: había odiado a Sesshomaru durante siglos por haberle arrebatado las tierras del oeste cuando él sólo era un demonio caprichoso con ansias de superar a su padre… pero él, quien ya tenía una familia y logros formados, se había aferrado a su derrota, ignorando lo más importante para él.

-…Cuánto tuvo que pasar… para que entendiera -Fuyuro murmuró por lo bajo. Apretaba los dientes con fuerza y sus manos temblaban sin soltar el cuerpo inerte de Tora.

Había perdido a Yukiko y ahora a su hija… todo en medio de su necedad…

Aquellas tierras, las del oeste y las del norte, no significaban nada si Tora no estaba viva. Había herido los sentimientos de su mujer una y otra vez y había castigado a su hija durante tanto tiempo… Había lastimado a Rin de un modo imperdonable y ahora Tora había pagado sus deudas.

Fuyuro no logró contener las lágrimas que cayeron sin parar en silencio. Se sentía miserable.

Sesshomaru lo observó unos instantes para después volver a blandir a Bakusaiga para hacer un último ataque a Fuyuro.

-E-espere… Sesshomaru-sama –Rin intentó levantarse sin mucho éxito. La herida del muslo no dejaba de sangrar y su mirada comenzaba a nublarse, el demonio blanco la miró de reojo al tiempo que Fuyuro levantaba la mirada hacia la muchacha- …Sé que es una locura pero… déjelo vivir. Él estaba enojado con usted por… lo que pasó… -Rin agachó la cabeza con tristeza, Sesshomaru sintió una presión en el estómago, se refería a lo que había sucedido con la youkai.- Tora-sama… ella no… -Rin dudó un segundo, aceptar lo que iba a decir le dolía. Apretó los labios y guardó silencio unos instantes antes de continuar- ¡ella no tuvo la culpa de nada! – los ojos de Rin se llenaron de lágrimas al observar a Tora, quien había fallado a sus palabras, había sido Sesshomaru, no ella- Porfavor... ayúdela Sesshomaru-sama…

El lord del oeste se encontraba sorprendido, aún cuando su semblante no lo demostraba. ¿Perdonar a Fuyuro? ¿ayudar a Tora? ¿él?

Era como si Rin no supiera con quien estaba hablando…

Y entonces, como respondiendo a la petición de Rin, Tenseiga comenzó a vibrar con fuerza. Sesshomaru bajó la mirada a la empuñadura de su espada, su sorpresa se hacía mayor… ¿Tenseiga quería ayudar a aquella youkai?

Sesshomaru se debatió entre escuchar a Rin y a Tenseiga o hacer lo que sus instintos pedían…

Rin intentó acallar sin mucho éxito un quejido que escapó de su garganta, estaba luchando por controlar la hemorragia de su muslo presionando con sus manos. Sesshomaru volvió a observarla de reojo, aquel cuadro le dolía profundamente. Rin había sido herida y atacada y él no había llegado a tiempo para evitarlo, había fallado.

El olor de su sangre invadió aún más su olfato y entonces entendió: Rin no sólo estaba herida físicamente, había escuchado todo lo que Fuyuro y Tora habían dicho y aún así, estaba dejando de lado sus propios sentimientos y pedía que ayudara a Tora.

Sesshomaru apretó la empuñadura de Bakusaiga con fuerza nuevamente. No… él no comprendía aquellos sentimientos humanos, él no entendía de razones ni justificaciones por las que Rin tenía que pasar por ese dolor…

Sesshomaru alzó al aire a Bakusaiga para dirigirla a Fuyuro, quizá Rin podía perdonar, pero él… él no.

Tenseiga volvió a palpitar, ésta vez con más fuerza por lo que Sesshomaru frenó su ataque. Escuchó el sollozo quedo de Rin a sus espaldas, se volvió para verla: la muchacha cubría su rostro con las manos mientras las lágrimas caían hasta su mentón. Era claro que el ignorara, la hería más, sobre todo en esos instantes.

No había caso… Sesshomaru bajó el brazo, su mirada asomó algo semejante a tristeza. Si Rin estaba en esa situación, había sido principalmente por su causa… sus instintos y su egoísmo.

"¿Tienes algo que proteger?"

Las palabras que su padre le había dicho la noche que él murió al ir en rescate de la madre de InuYasha, resonaron en su cabeza vívidamente.

-Sesshomaru-sama… Por favor-Volvió a insistir Rin, apenas y podía mantenerse sentada en el suelo, se sentía ya mareada. Entre sus lágrimas y las heridas que sangraban, no soportaría mucho tiempo más.

El lord guardó a Bakusaiga y desenvainó a Tenseiga. Fuyuro levantó la vista hacia Sesshomaru, sin dejar de sostener a Tora.

El demonio blanco pudo observar a los esbirros del mas allá en torno al cuerpo de la youkai, se mantuvo un instante quieto… no le gustaba lo que estaba a punto de hacer, pero comprendía todo perfectamente.

De un movimiento ágil se deshizo de aquellos espíritus, guardó la espada y volvió la mirada a Rin. La joven esbozó una pequeña sonrisa de alivio aún con el rostro mojado antes de finalmente desfallecer en el suelo. El lord caminó hacia ella, la tomó en brazos y la alzó con cuidado, escuchó a sus espaldas la exclamación de sorpresa de Fuyuro al notar que Tora abría los ojos.

-Jamás vuelvas a acercarte a ella. –Sentenció el demonio blanco sin volverse a mirarlos. Sus palabras eran terminantes. Acto seguido, Sesshomaru salió rápidamente de ahí rumbo al palacio. Tenían que atender a Rin pronto.


Sunako salió de la habitación con el rostro serio al tiempo que se secaba las manos con una toalla.

-¿Y bien? – Interrogó Jaken, Sesshomaru se hallaba de pie, expectante y en silencio. Irasue se hallaba poco más atrás, sentada en una ostentosa silla y fumando de su pipa. Si bien su rostro estaba tranquilo, movía los dedos de su mano libre con rapidez, denotando la inquietud que sentía.

-Está dormida aún, he parado las hemorragias lo mejor que pude pero… -La anciana youkai miró el techo, pensativa – no creo haber ayudado mucho, no tenemos nada aquí que funja como medicina para un humano y nosotros rara vez necesitamos de alguna hierba …por lo que dudo mucho que lo que he hecho sea realmente de ayuda. Rin necesita asistencia de alguna miko… sobre todo, dado lo que le ha sucedido…

Jaken miró de reojo a Sesshomaru con preocupación. Imaginaba lo que pediría a continuación.

-Jaken

El demonio verde suspiró, era demasiado evidente…

-¿Sí, Sesshomaru-sama?

-Ve a aquella aldea y trae contigo a la miko que acompaña a InuYasha. –Ordenó-Apresúrate.

-¡Sí, señor! Como diga –Jaken salió apresuradamente de la habitación. Ah-Un había llegado hacía pocos minutos al palacio, al parecer ya se había recuperado del golpe que había recibido.


Sesshomaru entró a la habitación y se sentó frente al futón de Rin, observándola en silencio. La joven dormía, aunque no parecía tener un descanso placentero ya que sus facciones reflejaban el dolor físico que estaba sintiendo.

Su rostro finalmente había pasado de estar enrojecido a mostrar los moretones por el golpe que le habían dado. Tenía un vendaje en la cabeza y las muñecas; también alcanzaba a distinguir un vendaje más a la altura del hombro, por donde el kimono se hallaba algo holgado, probablemente el que cubría la herida de su seno. Las mantas tapaban el resto de su cuerpo por lo que no sabía exactamente en qué condiciones se hallaba la joven, pero el sólo observar el panorama de la cintura para arriba, ya le resultaba lo suficientemente doloroso.

Sesshomaru cerró un puño con fuerza. De haber sido por él, habría matado sin miramiento alguno a Fuyuro… pero concedería el deseo de Rin pese a todo.

Aún podía percibir el aroma de aquel demonio sobre el cuerpo de Rin y eso lo volvía loco. Sesshomaru se puso de pie y se dirigió a la ventana de la habitación, apretando con aún más fuerza el puño. El sólo imaginar las cosas que él le había hecho antes de que llegara… era demasiado.

-Sesshomaru-sama…

El lord se volvió para encontrarse con la mirada exhausta de Rin, se dirigió hacia ella y volvió a sentarse a su lado. La joven se hallaba seria y con los ojos levemente entrecerrados, la hinchazón de su ojo derecho y su mejilla le hacían difícil el mantener la mirada fija en él.

-Rin

Sesshomaru no sabía qué decirle. La situación era realmente extraña pues parecía que ninguno de los dos hallaba palabras para mencionar.

-Gracias por resca…

-No llegué a tiempo.

Rin hizo una mueca que Sesshomaru comprendió como sonrisa.

-Usted me salvó la vida… eso es llegar a tiempo.

Sesshomaru no respondió, se sentía culpable y miserable por no haber llegado antes y evitar todas esas heridas en ella. La muchacha volvió a cerrar los ojos, volviéndose a dormir.

El demonio blanco tomó asiento en el suelo a lado derecho de Rin, recargándose en la pared como ya estaba haciéndose costumbre. La frustración que sentía no desaparecería, pero por lo menos vigilaría su sueño.

Nunca volvería a fallarle, nunca.


Cuando Sesshomaru abrió los ojos, el sol apenas y empezaba a salir. Rin seguía dormida y enmarcada por una expresión de dolor. Sesshomaru se incorporó y tocó la frente de la muchacha: tenía fiebre.

Tomó una de las toallas que se hallaban junto al balde con agua en la habitación, la humedeció y después de exprimirla, la colocó sobre su frente.

Salió de la habitación en silencio, si Jaken no se había desviado ni tenido problemas, probablemente aquella miko estaría por llegar.

Recorrió el largo pasillo hasta la habitación principal en completo silencio y parsimonia, algunos sirvientes que ya se hallaban de pie hicieron una reverencia al verlo pasar, Sesshomaru los ignoró a todos como era su costumbre.

Percibió el aroma de aquella miko cerca, junto con el de otros dos personajes que no le agradaban en lo absoluto: su medio hermano y aquel exterminador.

Parecía que Sesshomaru no tendría tregua alguna durante un tiempo.

El demonio blanco se dirigió a la salida del palacio al tiempo que aterrizaban en suelo firme Ah-Un y Kirara. Sobre Ah-Un se hallaba Jaken y Kohaku, mientras que sobre el lomo de la mononoke se encontraba su hermano y su mujer, a la que el embarazo ya resultaba bastante notorio. Probablemente no tardaría mucho en dar a luz.

-¡Ah, hola Sesshomaru! –Saludó la miko con una sonrisa mientras InuYasha la ayudaba a bajar al suelo. Ni el hanyou ni Sesshomaru dijeron nada.

Por otro lado, el exterminador, quien desmontó de un salto a Ah-Un, sólo dirigió una mirada de pocos amigos al lord.

La situación era curiosa, la relación entre ellos había pasado de ser cortés a ser un completo desagrado debido a los últimos acontecimientos entre ellos, ¿quién hubiera dicho que diez años atrás viajaban juntos y que el mismo Sesshomaru había salvado la vida de Kohaku en más de una ocasión?

-Sesshomaru-sama, por fin he traído a Kagome pero InuYasha y Kohaku insistieron en venir… -Jaken lucía preocupado, sin embargo, a Sesshomaru no le resultaba extraña la presencia del hanyou, quien sí no le hacía gracia era Kohaku.

-Síganme. –Ordenó el demonio blanco. InuYasha soltó una expresión de inconformidad y murmuró algunas quejas contra Sesshomaru, mientras que Kagome intentaba apaciguarlo. Kohaku por su parte se mantenía en completo silencio, con el ceño fruncido.

Sesshomaru los guió hasta la habitación de Rin. Durante el trayecto los sirvientes del palacio observaban con curiosidad a los presentes, era un espectáculo fuera de lo común: dos humanos y un hanyou, que reconocían que se trataba de su medio hermano menor que tanto despreciaba.

Una vez llegados a la puerta del cuarto de Rin, Sesshomaru solicitó que únicamente Kagome pasara, a lo cual InuYasha sólo resopló y Kohaku clavó su castaña mirada en el youkai, con mal genio; no obstante, ninguno objetó al respecto.

-Haré lo mejor que pueda – Dijo la joven al lord quien seguía igual de silencioso.

La miko entró en compañía de Sesshomaru a la habitación, Rin seguía durmiendo por lo que Kagome tuvo que despertarla no sin antes percatarse del golpe de su rostro.

-Rin-chan… -La miko posó una mano sobre el hombro de la joven y la movió un poco, Rin abrió los ojos lentamente.

-Ah… ¿Kagome-sama? –Rin se sorprendió de verla ahí pero acto seguido sonrió. –Qué sorpresa, ¿qué hace aquí?

-Sesshomaru ha mandado por mi para revisar tus heridas –Kagome acarició los cabellos de Rin con ternura. La muchacha observó al lord con curiosidad, quien se hallaba al fondo de la habitación.

-Jaken nos ha puesto al corriente más o menos de lo que ocurrió… -La mirada de Kagome se entristeció – Lamento que tuvieras que pasar por eso…

El semblante de Rin se volvió serio y desvió la mirada.

-Voy a revisarte ¿está bien? –La pregunta de Kagome parecía más un aviso a Sesshomaru que una solicitud a Rin. El demonio blanco comprendió y se marchó de la habitación sin decir palabra.

Una vez encontrándose a solas, Kagome sacó de entre sus ropas una tela que cubría diversas hierbas y algunos trapos, después procedió a retirar las mantas que cubrían a Rin y a abrirle un poco el kimono.

La miko no pudo disimular muy bien su horror al ver sus heridas, pero no dijo nada.

Si algo había aprendido en esos diez años era a ser discreta en cuanto a atender enfermos y heridos. La mujer comenzó a cambiar los vendajes y a limpiar las heridas de Rin quien de vez en cuando soltaba algún quejido de dolor.

-Me alegra que pese a todo estés a salvo… Sesshomaru te salvó ¿no es así?

Rin asintió. Aunque se alegraba realmente de que Kagome estuviese ahí, no sentía muchos deseos de hablar. Más allá del escozor de sus heridas o el dolor de los golpes, se sentía muy extraña, incapaz de definir exactamente cuál sentimiento predominaba en ella: miedo, vergüenza, furia, tristeza, suciedad, y por extraño que pareciese, vacío.

-Me gustaría bañarme- Murmuró. Kagome la miró y sus ojos volvieron a entristecerse. No era capaz de ponerse en los zapatos de la muchacha, pero si algo caracterizaba a la miko era la empatía, por lo que comprendía ese deseo más allá de sólo quitarse el sudor o la sangre seca de encima.

-Lo lamento, Rin… pero creo que deberemos esperar un poco antes de hacer eso, sobre todo por la herida de tu muslo que podría abrirse.

-Ya, entiendo.

El silencio reinó por varios minutos hasta que un suspiro por parte de la joven lo rompió.

-Creo que por ahora es todo lo que puedo hacer-Kagome se lavaba las manos en el balde con agua. –Voy a prepararte una infusión y haré un ungüento para los moretones. Con un par de días de reposo y cuidándote las heridas, estarás bien.

Rin asintió, sonriendo levemente. La miko le devolvió el gesto y tomó su mano en señal de apoyo.

Más allá de las secuelas físicas, Kagome sabía que lo más difícil de reparar serían sus emociones.

-¿Quieres que llame a Sesshomaru para que venga? –Preguntó, después de todo, le resultaba lo más lógico que ella quisiera verlo.

-No. –La muchacha miró hacia otro lado- No quiero verlo. Sesshomaru-sama es la persona que menos quisiera ver en este momento…

Kagome se sorprendió. Rin frunció el entrecejo. Las palabras de Fuyuro y de Tora no desaparecían de su mente, pero por sobre todas las cosas, incluso por sobre el terror que sintió bajo el peso de Fuyuro, o el dolor en su cuerpo, las palabras de Sesshomaru resonaban en su cabeza, taladrándole.

"Tora no me interesa"

Le había mentido. Sesshomaru le había mentido.

Continuará…

Hate to be so emotional
I didn't aim to get physical

And in the moonlight I throwed him down
Kickin' screamin' & rolling around
A little piece of a bloody tooth
Just so you know I was thinking of you

(Pickup Truck – Kings of Leon)

N/A

Este capítulo me trajo de cabeza todo el tiempo, escribí muchas cosas y muchas situaciones en torno a lo mismo y no me decidía por cuál opción ir para encaminar el fanfic, pero tras muchas adiciones y sustracciones de eventos y escenas, finalmente aquí esta, a tiempo como prometí. Honestamente la primera escena de la violación de Fuyuro a Rin me dejó algo tensa porque no sé si se me pasó un poco la mano, o si me desvié mucho al dejarlo con vida después de lo que hizo, pero quedé contenta con el resultado y el cómo sigue encaminándose la trama. Espero no herir demasiadas susceptibilidades.

Muchas gracias por los reviews, me sorprendí de recibir más de los que estaba acostumbrada en el capítulo anterior pero eso me motiva aún más a no dejar mucha espera entre un capítulo y otro, me hacen muy feliz enserio ;_; ojalá este capítulo también les guste. ¡Nos vemos la próxima semana si todo sale como planeo!

Kuruma Chidori