NO SE PIERDAN VULNERANT OMNES, ULTIMA NECAT.

MUCHAS GRACIAS A QUIENES LEEN PERO NO PUEDEN DEJAR REVIEW, PERO OJALA Y SE ANIMEN. BESOS.

CAPITULO 12

"Ah." Tía Dalma sonrió. "Es bueno verte despierto." Ella rodó los ojos, manteniéndose en alerta y lanzándoles miradas silenciosas a Will y Barbosa mientras caminaba hacia Jack.

"Despierto." Repitió Jack, frotándose la frente, aun de pie en la puerta y apoyado sobre el marco. Había hecho un gran esfuerzo para caminar desde su cabina hasta la cabina de donde procedían las voces. Se sentía, extrañamente débil y cansado. Por no hablar de sus caóticos y diferentes pensamientos, lo que le hacia bastante imposible pensar claramente en ese momento.

Sus pensamientos y sus sueños. Esos extraños sueños habían sido la causa de que despertara…

"¿De que están hablando?" Preguntó Jack pero luego cerró los ojos y movió su mano en el aire con frivolidad. "Primero ¿Qué están haciendo ustedes aquí? No." Se interrumpió así mismo de nuevo, abrió los ojos y frunció el ceño. "¿Dónde están? Y yo, este es. No. Ustedes. Nosotros…" Añadió, casi como si apenas se le hubiera ocurrido, entrecerrando los ojos de repente conciente.

Yo y tú, tú y yo. Nosotros.

"Estamos averiguando como salir de este lugar." Explicó Tía Dalma con calma.

"Del armario." Corrigió Barbosa con una sonrisa dulce, como si estuviera explicándoselo a un niño.

Will no dijo nada y solo veía a Jack suspicazmente. Lo ultimo que recordaba de él era verlo dándole ese ridículo beso a ella y aun no sabia que hacer con él y con ella. Durante el viaje hacia el fin del mundo Elizabeth no había estado particularmente comunicativa, con excepción de: "cuando rescatemos a Jack, todo estará bien." De alguna manera Will no se sentía bien sobre eso. Pero entonces encontraron a Jack muerto en el armario y todo dejo de importar. Independientemente de lo que hubiera ocurrido… y la razón por la que había ocurrido… no importaba. Y aun cuando Tía Dalma había enviado a Elizabeth al pasado… no tenia importancia, solo tenia que ser paciente y todo pasaría…

Solo que no había pasado, no había pasado, porque Elizabeth no había regresado y para terminar la imagen de la situación se tornaba más y más tétrica cuando Jack milagrosamente había vuelto desde el mundo de los muertos. Y a pesar de que Will siempre le había deseado a todo el mundo lo mejor, tenía que admitir que el despertar de Jack lo irritaba. Él no lo necesitaba. Él solo necesitaba al Perla Negra, para rescatar a su padre y en cuanto a la Hermandad, no estaba seguro que Jack fuera tan indispensable, si ya tenían la pieza que faltaba.

"Estoy en el armario." Murmuro Jack sin aliento, con una pizca de duda en su voz. Se llevo una mano hacia el rostro y cerró los ojos.

"No lo siento."

Sus ojos se abrieron y su boca tembló. Ah.

"Si. Actualmente todos estamos en el armario y estamos en proceso de averiguar como sacar al Perla de este desértico mar." Dijo Barbosa con una amarga sonrisa.

Jack poso sus ojos en él, dándole una mirada indiferente.

No paso desapercibido para Jack que Will había evitado deliberadamente cualquier contacto con sus ojos.

"Te quiere a ti, no al barco."

"No, ¿de verdad? ¡Nunca había pensado en eso!…

"Tal vez todavía necesitas descansar." Dijo Tía Dalma sonriéndole.

"¿Descansar?" Jack la miro ausente. "No. Gracias, estoy malditamente, quiero decir estoy bien." Dijo en un ronco y agotado susurro, inconcientemente echo un vistazo alrededor de la cabina.

"¿Estas buscando algo?" Preguntó Will de repente con voz fría, extrañándose de haber hecho esa pregunta. No había querido preguntar nada, y, sin embargo, esperaba una respuesta. Tía Dalma miro a Will con una mirada molesta.

"Esta es la única manera, ¿entiendes?"

"Y ¿Qué sino, maldita sea?"

"Y ¿Qué sino, maldita sea?" Gritó Jack, sus ojos se ampliaron momentáneamente al darse cuenta lo que había hecho, y que había dicho la frase en voz alta.

Barbosa levantó las cejas, quedándose sin movimientos por un segundo, con su manzana a unas pulgadas de su boca. Viendo a Will.

"No…" Jack corrigió con suave voz, tocándose la nariz. "No." Dijo mirando a todos los rostros de la cabina.

Barbosa hizo una mueca y mordió su manzana.

"Así, que si vas a descansar." Dijo pacientemente Tía Dalma con una sonrisa, que se le hizo más sospechoso a Jack.

"No lo siento."

"Quizás." Jack entrecerró los ojos, mirando indiferente a la distancia y después de un momento de consideración giro.

Tan pronto como salio de la cabina se detuvo abruptamente.

"Dije que no lo sentía. Yo. Yo lo siento mucho. Lo siento mucho Jack".

Sacudió su cabeza y parpadeo varias veces. Maldita sea.

Ahora lo único que le faltaba era mezclar los recuerdos con algunos absurdos, irreales, sueños ridículos que tuvo mientras estuvo inconciente.


"Listo." Jack terminaba de atar la herida de Elizabeth con unas vendas y le sonrió.

Elizabeth lo miro con los ojos vidriosos. El medallón se había ido y, sin embargo ella no había muerto… y de alguna manera, la idea de permanecer en el pasado para siempre no le asustaba. No le asustaba en lo absoluto, sino que por el contrario hacia que su corazón temblara.

Trató de recordar las palabras exactas de Tía Dalma, trato de recordar exactamente que es lo que le había dicho…

"Tienes nueve horas y sino tendrás el noveno accidente cerebro vascular, y si no vuelves en ese tiempo, morirás. "

"Al igual que… que…"

"Chronos es un poderoso y despiadado dios. No querrás hacerlo enojar.

Elizabeth parpadeo. Las nueve horas habían pasado y así mismo las otras tres horas… y el medallón se había ido del todo ahora… pero aunque ella estuviera viva todavía, en realidad no significaba nada ¿no es así? Tía Dalma no dijo que moriría instantáneamente. Al menos era lo que había entendido cuando se lo dijo, pero, en realidad, no había dicho exactamente eso. Ella le había dicho que iba a morir, ¿Cuándo y como?... eso no se lo había explicado…

"Estaré de regreso en cuanto pueda." La voz de Jack sacudió a Elizabeth de sus pensamientos. Él ahueco su rostro entre sus manos y sonrió. "Voy a cerrar la puerta por fuera. Lamentablemente me temo que permanecerás aquí todo el tiempo." Dijo Jack, parpadeo ligeramente, previendo algún tipo de reacción por parte de Elizabeth de desaprobación. Pero, sorprendentemente, no parecía estar disgustada. Ella sonrió ligeramente y siguió mirándolo y se le ocurrió que quizás ella solo había escuchado la mitad de lo que él había dicho, pero tal vez era mejor de esa manera. "Puedes hacer lo que tu quieras, amor." Agrego. "No es que halla mucho que hacer aquí, pero… puedes revolver todos los cajones, ver los mapas, libros." Se detuvo y sonrió. "Por supuesto que puedes hacer todo eso… ¿Tranquila?" Le sonrió casi culpablemente y de alguna manera ese tipo de sonrisa hizo reír a Elizabeth. Ella se río y luego se inclino hacia delante y lo beso.

"Está bien." Le susurro, sorprendiéndose a si misma, por la poca importancia que tenia todo lo demás en ese momento, solo él importaba. Mientras él regresaba, ella podría esperar, podría esperar sin hacer nada, podía simplemente sentarse a esperar y solo pensar en él… Eso era bastante aterrador.

Debido a que no podía durar, no era real.

¿Por qué no podía durar? ¿Por qué no era real? De repente escucho en su cabeza una voz que preguntaba. ¿Por qué no estaba segura?

Era antes del motín, era antes de todo. Y no tenia que pasar… si el medallón se había ido, de todos modos ¿Qué otra cosa podría perder? Lo que pasaría con ella no podía ser cancelado, así que mientras estuviera aquí, siempre y cuando estuviera viva, siempre podría, tratar de hacer algo.

No podría decirle nada a Jack sobre el pasado… Si es que esta condición todavía tenía importancia ahora, ya no podía volver… Pero ya no importa. No tenia que decirle nada. Todo lo que tenia que hacer es asegurarse que el motín no sucediera. Entonces. Jack no tendría que ir a Port Royal… y luego…

Elizabeth parpadeo, de repente sorprendida por una idea.

"Lizzie, amor ¿pasa algo?" Preguntó Jack con una voz divertida que resonó en los oídos de ella, haciéndola temblar y voltear a verlo.

"Lo… lo siento estaba pensando." Comenzó con una sonrisa incierta.

"Estas preocupada por el medallón ¿verdad?" Preguntó él en voz baja, levantando las cejas y colocando algunos mechones del cabello de Elizabeth tras su oreja.

Elizabeth suspiro. Si, talvez ella debería de estar preocupada por eso. "Si." Dijo vacilante.

Jack la miro por un momento preocupado. "Tal vez…" Comenzó él tomando con su mano la barbilla de ella y viéndola con intensidad a los ojos. "Tal vez cuando venga mas tarde, podrías decirme…"

Elizabeth lo beso rápidamente y reposo su frente contra la de él. "Ya no importa." Le susurro, envolviendo sus brazos en el cuello de Jack y aferrándose a él lo más cerca posible.

Jack entrecerró los ojos ligeramente, preocupado por si mismo. Ella ¿le estaría ocultando algo? O ella solo estaba… como él ya había sospechado antes… ¿no muy cuerda? Todavía existían esas dos posibilidades y realmente no sabía cual de las dos prefería, si es que una de las dos era realmente cierta.

Y sin embargo el medallón parecía haber desaparecido… a no ser que se hubiera cortado la mano (accidentalmente o no…) y luego ella lo hubiera escondido… de alguna manera… de lo contrario era mas bien difícil de explicar como pudo haberse roto en pedazos, en trozos invisibles, al parecer, ya que no había ningún rastro de ellos en el suelo de la cabina…

Por otra parte él mismo había creído que el muchacho que había robado el medallón había desaparecido y entonces el chico lo había regresado…

No que eso fuera evidencia confiable… pero ¿quien podría garantizar que él estuviera realmente cuerdo? Jack se río de si mismo por dentro.

"Lizzie…" Ël comenzó de nuevo, pero ella lo volvió a interrumpir, en esta ocasión besándolo profundamente.

"¿Vas hacer eso cada vez que intente decirte algo amor?" Preguntó Jack con un divertido tono de voz, manteniendo los ojos cerrados y sonriendo ligeramente.

Elizabeth sonrió, rozando con sus labios lo de él. "Tal vez." Le susurro riendo y él abrió los ojos y le sonrió a ella también.

Elizabeth cerró los ojos y recargo su cabeza en el hombro de Jack. Ella lo había matado, si. Pero no tenia que matarlo… la idea comenzó a girar en su cabeza como loca, cada vez más palpable. Podía sentir el cuerpo de él al alcance de su mano, sus labios contra los de ella y no tenia duda de que él era real, que los dos eran reales, que todo era real, este momento, este día, este momento de su vida con él y que no importaba cuando, ni la línea del tiempo en que se encontraban. Lo que importaba era este momento, en que estaban juntos.

"Jack." Elizabeth rompió con otro largo y ardiente beso. Y suavemente ahueco el rostro de Jack en sus manos.

"Lizzie." Jack le sonrió maliciosamente y trato de besarla de nuevo, pero ella lo detuvo con una mueca.

"Jack, no, escucha." Ella sonrió y río, cuando él afianzo su abrazo alrededor de ella y comenzó a darles rápidos y febriles besos por todo su rostro y cuello. "Jack… realmente… por favor… es importante… déjame… déjame decirte…" Ella lo empujo suavemente y ahueco en sus manos el rostro de Jack una vez más.

"¿Qué?" Refunfuño Jack mostrándose enojado.

Elizabeth mordió su labio para no sonreír y reunió todas sus fuerzas para luchar con el impulso de besarlo. "¿Te acuerdas de lo que te dije?" Pregunto, tratando de hacer caso omiso de las manos de Jack que se esforzaban por abrirse canino bajo la sabana en la que ella estaba envuelta.

Jack sonrió. "Por supuesto que lo hago." Dijo con complacencia. Elizabeth sonrió. "Dijiste que me amas." Añadió y se inclino hacia adelante.

La sonrisa de Elizabeth desapareció y puso una mano sobre la boca de él. "No eso." Dijo frunciendo el ceño, viéndolo intensamente.

Jack levanto sus cejas, poniendo en su rostro una expresión de estar muy sorprendido y por un momento Elizabeth no estaba segura si solo estaba fingiendo, o más bien si había olvidado lo que ella le había dicho.

"Jack." Dijo seria levantando las cejas. "Estoy hablando de tu primer contramaestre y…" dijo tranquilamente, pero muy claro, apretando ligeramente los dientes.

Jack sonrió y suspiro. "Oh eso de nuevo." La interrumpió casi desinteresadamente y presionando a Elizabeth para que lo besara de nuevo pero ella de repente le dio una bofetada.

¡¿Cómo podía ser tan ciego?! ¡Tan negligente! No le extrañaba porque había ocurrido el motín, sin que él se diera cuenta y que ni siquiera hubiera resultado ser difícil para Barbosa hacerlo y por alguna razón la idea realmente le molestaba.

"¿Es tu hermano?" Preguntó ella enojada.

"¿Qué?" Exclamó Jack con una agudo tono de voz.

"¡No se!" Elizabeth frunció el ceño, cruzando sus brazos sobre su pecho (casualmente justo a tiempo para mantener la sabana pegado a su cuerpo ya que Jack había conseguido aflojarla un poco) "¡¿Por qué confías tanto en él?"

"¡No confió en él!" Replicó Jack a la defensiva. "No mucho." Añadió como una idea de último momento.

Elizabeth entrecerró los ojos. "¿Podrías estar mas atento?" Preguntó tratando de recuperar la compostura, pensando que él podría estar un poco sorprendido ante su arrebato. En esta realidad se comportaba mucho mejor, tenia que admitirlo y no podría ser muy bien aceptado por él ese fogoso temperamento.

Jack parpadeo, con la extraña sensación de que ella, de hecho estaba intentado darle órdenes. "Creo que si puedo." Dijo obedientemente, después de una pausa, todavía sorprendido por la idea. Y sorprendido aun más porque no le importaba. Por lo menos no le importaba demasiado.

"Bien." Dijo Elizabeth, dándole una pequeña sonrisa. "Y entonces iras por el tesoro después de…" Comenzó ella dudosa después de una pausa, sin estar segura de comenzar con esa discusión justo ahora. Pero tampoco quería que fuera demasiado tarde. "¿Has oído hablar sobre la maldición?" Preguntó provisionalmente.

Jack amplio los ojos. La chica era una sorpresa andando. Una hermosa sorpresa.

"Si lo he escuchado, pero ¿Cómo tu…?" Comenzó Jack viendo en Elizabeth la duda.

"¿Y tu solo vas a hacer caso omiso de ella?" Preguntó Elizabeth molesta.

Jack la miro por un momento con desconcierto. "Yo no lo diría exactamente así, amor, pero…"

Se detuvo a mitad de la oración ante el sonido fuerte del llamado a la puerta. Se miraron a los ojos y Jack rápidamente la tomó entre sus brazos y la beso suavemente en los labios.

Elizabeth suspiro. "Simplemente ten cuidado." Le dijo en un susurro apenas audible, apretando su camisa y besándolo una vez mas.

Jack sonrió y se puso su abrigo, dio unos pasos hacia atrás y se encamino hacia la puerta, rompiendo el contacto visual con ella solo cuando ya estaba fuera de la cabina.

La puerta se cerró y Elizabeth cayó en la cama con un suspiro.

¿Qué es lo que ella estaba haciendo? ¿Qué es lo que pasaría?

Se volvió sobre su lado derecho y recargo su cara en la almohada. No se sentía merecedora de estar ahí, ni de sentirse bien… sentía como si simplemente no tuviera otra opción, sin otra oportunidad de estar con él en el Perla Negra. Y sin embargo, ella lo había hecho imposible en el futuro… había destruido esa posibilidad…

No es que realmente hubiera existido esa posibilidad… después de todo el futuro de Jack era diferente… en algunos aspectos… él nunca le diría que la amaba… ni nunca habría podido amarla… el afán de proponerle matrimonio no significaba que fuese una confesión de amor…

Elizabeth miraba hacia la nada pensativamente.

E incluso si el hubiera podido llegar a sentir algo por ella, eso se había terminado, después de haber hecho lo que hizo…

Ella cerró los ojos, sintiendo las lágrimas bajo sus parpados, que escaparon y caían directo a la almohada. Incluso si él estuviera con vida.

Pero él estaba muerto.

Y, sin embargo, existía la esperanza. Elizabeth abrió los ojos. Existía la esperanza, si solo pudiera elaborar un buen plan para evitar que el motín se llevara a cabo. Y hacer que Jack abandonara la idea de viajar a la Isla de la Muerte… entonces solo podrían ir a buscar el cofre de Davy Jones…

Elizabeth rodó lo ojos y coloco su cabeza en su mano. Era lamentable que él ya hubiera hecho el trato con Davy Jones… pero ahora tenían tiempo, mucho tiempo y fácilmente podrían obtener el cofre y hacer que Jones…

Presiono su rostro en la almohada. Su imaginación estaba desbordándose. El medallón había desaparecido y ni siquiera sabia lo que significaba. Y estaba aquí, tramando grandes y complicados planes.

Pirata.


Jack estaba acostado en su cama mirando el techo. Le gustaría mucho exigir una explicación de porque habían ido a rescatarlo al armario y sobre lo que estaban hablando cuando él había entrado a la cabina, sobre lo que Barbosa estaba haciendo aquí y una docena mas de preguntas, pero, lamentablemente, no se sentía lo suficientemente fuerte para hacerlo ahora mismo. Así que solo siguió el consejo de Tía Dalma y decidió descansar. Un poco. Descansar y tratar de no pensar si ella estaba ahí. Ella debería estar… pero él no la había visto… no quería verla (él no quería, definitivamente no quería, no tenia dudas, no, no, no quería verla)

"Volviste."

Jack gruño con molestia, se giro y presiono su rostro en la almohada y coloco otra almohada sobre su cabeza.

¡Cállate! ¡Maldición!

Él tomo otra almohada y la presiono en su oreja derecha.

"¿Jack? ¿Por qué existen esas curiosas formas en la luna?"

Él gruño airadamente y coloco otra almohada en su oreja izquierda.

Era definitivamente demasiado. Esos recuerdos lo irritaban. Pero lo que más le irritaba eran esos pedazos de momentos irracionales que se remolinaban en su mente, haciéndolo sentir absolutamente ridículo, esa imágenes que eran las peores de todas las que había tenido desde que llego al armario. Había tenido alucinaciones que parecían dolorosamente reales, pero siempre había una perceptible sobra de artificialidad en ellas. Pero en el caso de esos extraños pensamientos no había rastro de artificialidad, ni siquiera se sentían como productos de su agotada e imaginativa mente.

Lo que era especialmente raro, era la calidad que poseían. Sentía como si fueran reales. Se sentían como si realmente hubieran sucedido. Los sentía como…

Jack arrojo todas las almohadas que lo rodeaban al piso y gruño enojado.

Esos ridículos pensamientos se sentían como si fueran… (Él se río) recuerdos.


"Su majestad…" Una figura alta emergió de entre las sombras y caminando dentro de la pequeña franja de luz que emitía la luna sobre la oscuridad, brillando sobre el piso. El hombre estaba con la cabeza arqueada.

"Esta lloviendo." Su voz sonó fuerte, en la monótona y oscura habitación.

"Es lluvia negra." Dijo el hombre con un toque de desprecio en su voz. "Lo he notado. Hay una falla en el flujo del tiempo."

"Sabes lo que tienes que hacer, entonces." Respondió indiferente.

El hombre levanto la cabeza, la luz de la luna ilumino sus ojos. "Localiza la razón." Dijo con una sonrisa. "Y elimínala."


CONTINUARA…