Capítulo 11: Una magia diferente

Estaba cansado.

Llevaba dos días recorriendo el suroeste del país, tratando de encontrar el orfanato en el que había crecido Harry, pero a pesar de su constancia no conseguía resultados positivos. Tampoco podía preguntarle a los chicos, porque seguían durmiendo. Amalia dijo que sus cuerpos sabían que estaban seguros y por eso descansaban.

Amalia había tenido que pedir permiso a San Mungo para cuidarlos las 24 horas. El problema era que las vacaciones de navidad se estaban acercando y ella tendría que volver a su casa.

-¿Cómo siguen? –le pregunté cuando llegué a casa, al verla sentada en el sofá. No me respondió, sujetaba su cabeza con las manos. Un mal presentimiento me recorrió-. Amalia, ¿qué sucede?

-El tratamiento de Harry no está funcionando como debería.

Me apresuré a su lado.

-¿Por qué? –le pregunté preocupado.

-A veces sucede que los tratamientos no funcionan porque el paciente sufre un descontrol de magia, pero generalmente ocurre por miedo o estrés, y un calmante lo soluciona.

-Quieres decir que Harry tiene su magia fuera de control y por eso no funciona el tratamiento... Pero a veces pasa, ¿no? Cuando los pacientes se envenenan o son mordidos por criaturas venenosas o malditas.

-No, es diferente. En esos casos, el veneno o la maldición se mezcla con la magia y eso lo puedo detectar. En cambio Harry... Al parecer, al no haber hecho magia de forma normal, esta se fue acumulando dentro y está... muy cargada... salvaje, presiona su cuerpo y lo tensa.

-Podríamos hacer que la libere. –Ella negó con la cabeza.

-Ya lo intenté. Su magia es fuerte y parece como si hubiera... mutado.

-No entiendo –le dije confundido.

-Su magia ya cambio. Aunque libere esa presión que le impide sanar, creo que... no volverá a la normalidad.

-¿A qué te refieres con cambio? –Definitivamente no estaba entendiendo lo que trataba de explicarme, lo cual era raro.

-No lo sé –reconoció-. No sé que significa ni las consecuencias que traerá, pero... no parece mala. Es fuerte, pero cálida.

-Cálida –murmuré-. ¿Cómo puede ser buena si no lo deja sanar?

-Es lo que siento. Parece que su magia trata de protegerlo, tal vez cuando este consciente el tratamiento funcione.

-Deberías despertarlo...

-Lo intenté... pero no funcionó.

Nos quedamos en silencio.

Después de unos minutos se escuchó un ruido en la cocina y nos levantamos asustados.

-Tranquilos. –Era Dumbledore. Se veía diferente, diría... emocionado.

-¿Qué...? –iba a preguntar qué lo tenía así, pero él me interrumpió sin contemplación.

-Lo encontré.

¿Lo encontró? Tardé unos segundos en comprender.

-El orfanato. Lo encontró. ¿Dónde? Tenemos que ir. –Me levanté impaciente, sin embargo, Dumbledore se sentó.

-Ya hice el trabajo.

-¿Y...? –Amalia también estaba impaciente.

-Déjenme contarles por orden. –Odiaba cuando hacía eso-. Hace algunos años seguí el rastro de una chica, hija de muggles...

-¿Pero que tiene que ver...? –lo interrumpí, pero él levantó una mano, frenándome. Sus ojos brillaban.

-Era la familia Granger. Una pareja joven con su única hija. Después de detectar la magia accidental de la niña me avisaron del ministerio y fui rápidamente al lugar indicado. Pero cuando llegué... la familia no estaba. Habían salido rápidamente y les perdí el rastro. Le pedí a Ted que averiguara por mí. –Claro, Ted Tonks era hijo de muggles y aunque Dumbledore era un genio no sabía moverse fuera del mundo mágico-. Ted me informó que habían encontrado a los Granger a 200 kilómetros de su casa. Sufrieron un accidente automovilístico y fallecieron en el lugar.

-¿Que tiene que ver esto? –no pude evitar volver a preguntar. El director me sonrió y continuó sin responderme.

-Sin embargo, la niña no estaba con ellos. ¿Qué pasó? Ellos habían salido con su hija después de una manifestación de magia, viajaron más de 200 kilómetros, por el lugar en el que los encontraron, a una pequeña ciudad al suroeste del país. Probablemente, ahí dejaron en algún lugar a la niña y cuando regresaban a su casa tuvieron un accidente. –Creo que empezaba a comprender-. El nombre de la niña es Hermione Granger, nació el 19 de septiembre del año 1979...

-Debería tener dieciséis años –terminó Amalia, mirando hacía el cuarto en el que descansaba la chica.

-Entonces... ¿encontraste el orfanato?

-No –declaró el director, sonriendo-. Descubrí el nombre de la ciudad y la dirección del único orfanato.

-Eso es genial –exclamé emocionado-. Tenemos que ir y preguntar lo que sepan sobre Harry...

-Un momento –interrumpió Amalia-. Dijiste que habías ido detrás del rastro de magia accidental, entonces ¿por qué no los encontraste antes? Dudo que la chica no hubiese seguido haciendo magia por accidente después de la primera vez, aunque la hubiesen abandonado. Y Harry hizo magia desde muy pequeño.

Tenía razón, no había pensado en eso. Por un momento sentí furia contra el director de Hogwarts.

-Nunca dije que la niña fuese abandonada –dijo Dumbledore, sin responder la pregunta.

-Es obvio. Los padres no soportaron que su hija hiciera magia, tal vez pensaron que estaba maldita o algo así, los muggles tienen mucha imaginación, pero poca tolerancia con lo diferente.

-Tienes razón, yo pienso igual. Me gustaría...

-Podemos volver a la pregunta –lo interrumpí. Dumbledore era especialista en evadir los temas serios-. ¿Por qué no encontró a Harry antes?

Dumbledore suspiró antes de responder.

-Lo intenté. Seguí cada rastro de magia accidental, y ahora que puedo relacionar a la niña Granger con Harry Potter, sé la razón.

-Claro. Debe ser por la extraña magia de Harry –dijo Amalia, pensativa.

-¿Cómo el encantamiento Fidelius? –pregunté, confundido.

-Sí –confirmó Dumbledore-. Cuando la niña entró al rango de la magia del pequeño Potter su magia se volvió indetectable.

-Esto es demasiado –musité.

-Vamos, Remus –exclamó Amalia-. Ahora vayan al orfanato.

-Cierto –dije poniéndome de pie con energía-. ¿Puedo ir con usted? –le pregunté al director.

-Claro, muchacho.

No pude evitar sonreír. Dumbledore pocas veces se veía tan feliz y había olvidado la última vez que me decía muchacho. Aunque ya fuera un adulto me recordaba los días en el colegio.