Los personajes no me pertenecen, sólo a Stephenie Meyer, excepto por algunos que han sido creados por mí. La historia es mía. Espero que les guste.

Hola, cómo están hoy? Sé que me he demorado en subir los capítulos, pero todavía no ha terminado el día. Y aquí estoy subiendoles otro capítulo más de NUEVA VIDA.

Antes que nada debo agradecer a todos mis lectores, todos sus comentarios me ponen muy contenta. Quiero que lo sepan. Y espero seguir recibiéndolos, son bienvenidos siempre para los buenos y malos puntos de vista.

Un beso enorme para todos!


CAPITULO 11 ~ DESPEDIDA

Esa tarde cambió todo. Yo misma no era la de siempre. Todas las cosas en las que había creído, todo lo que creí amar y corresponder, se esfumó. Sólo era Jacob.

Ahora todo lo era él. Estaba en cada recoveco de mi cuerpo, su olor se había mezclado con el mío formando un solo aroma, un mismo efluvio sin igual.

Sus besos se volvieron los mejores. Sus caricias las más reconfortantes. Jamás me volvería a dejar tocar por alguien que no fuera él.

No sé qué diablos haría con Jason pero no volvería a ser suya. Nunca más.

Giré mi cabeza y lo vi hermoso, más hermoso que lo normal. Me tenía entre sus brazos calientes y suaves.

- ¿En qué piensas? – me preguntó y sonreí.

- En ti.

- ¿Algo bueno o algo malo? – sonrió.

- Definitivamente es algo bueno. – suspiré. – Cielos, ¿por qué eres tan hermoso, Jake? – rocé con mis dedos sus mejillas.

- Tú me ves de ese modo, no estoy seguro de serlo completamente.

- Lo eres. – hice una pausa y rodé un poco más para depositar mi cabeza en su pecho. El sonido de su corazón era aún más hermoso, una melodía distinta y sumamente perfecta. – Te quiero… - solté sin estar segura de sí me escucharía.

- Yo te quiero a ti, mi Nessie… - me susurró sobre el cabello y luego depositó un suave beso allí.

Nos quedamos unos minutos más allí, minutos que me hubiesen gustado que duraran una eternidad. Nos vestimos observando cómo cada parte de nuestro cuerpo que antes habíamos tocado, se veía bloqueado por nuestro ropa.

Pero debíamos volver. Nos estaban esperando.

Fuimos caminando hasta llegar a la playa, riendo y lanzándonos miradas cómplices cargadas de pasión y de amor.

Las chicas corrieron a verme cuando me visualizaron, los chicos seguían jugando balón.

- ¿Qué sucedió? ¿Por qué se tardaron? Luces distinta. ¿Qué fue lo que pasó allí?

Fueron alguno de los interrogantes, todos para mí. Jake sólo sonreía sin dejar de observarme.

- Amor, te estaba buscando. Bella ha llamado. ¿Por qué han tardado? – me preguntó Jason tomando mi cintura y dejándome un beso en la mejilla.

- Lo siento… - dije pensando una excusa.

- Es que tuvimos que ir por los refrescos al mercado. Joder, se me han caído y pues no me quedaban más en casa. – me interrumpió Jake.

- De acuerdo, no hay problema. Pero si se tardaban más iría a buscarlos, ya me estaba preocupando. – soltó mi novio.

- ¿Qué ha dicho Bella? – le pregunté cambiando de tema.

- Que ya ha arreglado todo para la cena de despedida. Se hará en la casa de Charlie. – me contó.

- ¿Despedida? ¿Cómo que… despedida? – preguntó Jacob con el ceño fruncido. Las chicas se pusieron serias y se fueron con sus novios muy lentamente dejándonos sólo a tres.

- Sí, ¿no te ha contado Renesmee? – le soltó Jason. – Mañana nos iremos a primera hora. Debemos regresar. Yo me quería quedar unos días más pero ella ha insistido, pues está retrasándose mucho en sus estudios.

Jake me miró serio sin poder creer lo que decía mi novio. Me miraba para que le diera alguna explicación, pero no podía hacerlo. Todo lo que había sucedido en su casa había sido hermoso pero había sido una despedida. Una despedida entre nosotros.

- ¿Me puedes dejar solo con Renesmee? – le preguntó Jacob a Jason.

- Vale, iré a jugar un último round con los chicos. – dijo alejándose.

- ¿Por qué no me lo habías dicho? – exigió saber y ya mis ojos estaban repletos de lágrimas, pero no quería dejarlas partir.

- Te lo iba a decir.

- ¿Cuándo? Nessie, hemos hecho el amor hace un rato. ¿Y ahora te vas? ¿Me dejaras? – dijo partiéndome el alma. No quería dejarlo.

- Jake… - no sabía qué decirle. – Debo volver… mi vida está en Alaska. Debo terminar el instituto.

- ¿Y qué pasará con nosotros? – dijo con la voz quebrada.

- Lo nuestro… ha sido una despedida. Quizás no tendría que haber pasado lo que pasó, pero no me pude controlar… lo siento.

- ¿Lo sientes? – dijo agarrándose el cabello con las manos, como queriéndoselo arrancar.

- Jake, perdóname. Si te lo decía, no ibas a querer estar conmigo.

- ¿Qué dices?

- Es igual a su madre. Te ha usado. Ha usado tu cuerpo, y se ha aprovechado de lo que tú sientes y ahora te deja… - nos interrumpió Samantha. Jake la miró con desesperación.

- No. No es así, Jake. ¿Además…? - hice una pausa. - ¿… qué tiene que ver Bella en esto? Jake… – intenté que me escuchara.

- Sí, lo es. Lo viste diferente. Te deslumbraste con su cuerpo, con su piel que es diferente a todas. Te deslumbraste con la manera en la que te trataba, por cómo te miraba, pues nadie te miró de esa forma. Pero no es amor o como quieras llamarlo. Solo sentiste curiosidad por lo nuevo. – escupió colocándose al lado de Jacob, recordando la conversación que había tenido con él hacía un rato.

No pude decir nada, me quedé sin habla, dudando… ¿Podría ser cierto? No, yo había sentido cosas que jamás había sentido con nadie. Eso era real.

- No, Jake… Amor… - le dije atrapando su atención, sus ojos llamearon al escucharme decir esa palabra.

- ¿Amor? – preguntó Samantha irónica.

- Mira, tú estás sobrando aquí. Así que ya puedes marcharte. – le grité llamando la atención de los demás. Jason intentó acercarse pero Jake le hizo seña con la mano para que no lo hiciera.

- Ve, Sammy. Esto no es asunto tuyo. – le dijo serio. Ella no dijo nada, sólo se dio la media vuelta y se fue con las demás chicas que ya estaban juntas otra vez.

- Yo… te quiero de verdad… - le confesé con las lágrimas desbordándose por mis mejillas. Y fue como si Jake no lo pudiese soportar e irremediablemente corrió a mi lado para limpiarme las lágrimas y abrazarme.

Me aferré con tantas ganas a su cuerpo, que me quise fundir en él y no separarlo ya jamás de mí. Por alguna razón comencé a llorar aún más.

- No llores, por favor… - me dijo triste. – Me muero si tú sufres. Lo entiendo. Amor, yo te entiendo. No te pongas de este modo por favor… - dijo intentando que me despegara de él para mirarme a los ojos, pero yo no quise y seguí con mi cabeza pegada en su pecho. No me importaba si esto fuera un espectáculo para los demás. – Te entiendo, Nessie… no te agobies. Ve… pero échame de menos, por favor… no me olvides.

- No. – dije por fin mirándolo a los ojos. – Jamás podría olvidarte, Jacob. Eso ya es imposible… desde el día en que te conocí.

- Mi Nessie… - susurró limpiándome las lágrimas. – Prométeme que estarás en contacto conmigo siempre. Que… seremos… amigos.

- Te lo juro. – dije sincera. – Te quiero, amor. – le confesé acariciando su mejilla, se estremeció hasta el punto de cerrar sus hermosos ojos para sentirme mejor.

- Yo te quiero mucho, escúchame, mucho pero mucho más de lo que te imaginas. Y no te olvides, que yo soy tuyo, Nessie. Ya no puedo ser de nadie más ahora.

Me dieron ganas de besarlo y desaparecer juntos fundidos en un beso. Pero no podía, lo tenía tan cerca, y no podía besarlo, pues todos nos estaban mirando. Jason ya estaba más cerca. Tanto que ni me di cuenta.

- Cielos, Renesmee… - dijo abrazándome dejando a Jake a un lado. – Calma, volverás. No te irás para siempre. Y Jake se comunicará contigo, ¿verdad, Jacob?

- Claro, Nessie. Siempre estaremos en contacto. – dijo con la mirada triste.

- Oye, Jacob, ¿por qué no vienes esta noche a lo de Charlie? Estarán Seth y creo que Leah también.

- No lo sé. – dudó.

- Por favor, Jake. Ven esta noche a lo de mi abuelo. Te lo ruego. – me desesperé. Quería verlo aunque sea una vez más. – Por favor, ven esta noche. – no me había dado cuenta de que mis ojos otra vez estaban inundados.

- Tranquila… - dijo apartando los brazos de mi novio para abrazarme él, me sentí viva otra vez entre tanta calidez. – Iré. Estaré allí, Nessie. Te lo prometo.

Me costó lo mío despegarme de él, pero ya era hora de volver pues mi abuelo me estaba esperando. Me sentí mal de sentirme triste por dejar a Jacob y no por dejar a parte de mi familia. Me sentí un horror, pues aun sintiéndome una mierda no podía evitarlo.

En el trayecto hacia la casa de Charlie no solté palabra alguna. No me salía la voz, estaba metida muy dentro. Escuchaba a Jason que me hablaba pero no podía ni quería responder a sus inquietudes.

Cuando llegamos, respiré muy profundo antes de entrar a la casa. No tenía fuerzas, se me habían ido todas en aquella fría y triste despedida con Jacob, aunque él había dicho que volvería. Ese había sido el día más feliz y más deprimente de toda mi existencia.

Cuando entré Edward tenía la mirada cargada de desaprobación, seguramente ya sabía todo lo que había sucedido el día de hoy, pero no me importó. Me sentía demasiado mal como para iniciar una pelea con él, o como para andar dando explicaciones. Bella me sonrió cuando me vio pero al ver mi expresión sus ojos se opacaron y corrió a abrazarme, sin saber por qué.

- Hoy Renesmee no ha tenido un buen día. – les informó Jason como si los demás no se hubiesen dado cuenta.

- Estoy bien. – hablé por primera vez con una voz que desconocí. – Sólo que no me gustan las despedidas.

- Seguramente vendrá. – dijo mi padre muy bajito de modo que Jason no escuchara. Asentí sin esperanzas.

Me crucé con mi abuelito en la cocina que estaba cocinando junto con Sue, pues si lo hacía solo seguramente incendiaría toda la casa. Cuando me vio me abrazó con mucho cariño y comenzó a preguntarme qué tal mi día. Le respondí interpretando a una Renesmee satisfecha y feliz… y tan lejos que me encontraba de eso.

Ayudé a poner la mesa mientras Jason se daba un baño. Luego cuando concluyó, subí a ducharme yo.

El agua caía por mi piel como si tuviese la carne viva, pues dolía. Me dolía todo, me sentía tan extraña. Definitivamente nunca más volvería a ser la misma. Comenzando porque increíblemente me sentía devastada por alguien que conocía hace muy poco, pero que había llenado los huecos existentes en mi alma. Caso extraño, pues siempre creí tenerlo todo.

Ahora debía volver a mi rutina, junto a mis amigos, mi novio, el instituto. Siempre había querido una vida normal y ahora sólo quería quedarme con mi hombre lobo.

Salí de la ducha y me vestí con la ropa que me habían traído mis padres de la mansión. Me cepillé el cabello, me lo até y salí fuera pues el olor a lasaña ya se hacía presente en toda la casa.

Seth y Leah ya estaban sentados a la mesa junto a los demás, pero de él no había rastros. Suspiré y me senté con todos con la mejor sonrisa actuada.

Casi no comí, no me daba hambre. Mi padre me miraba extraño y yo por momentos le sostenía la vista pero luego ya me daba lo mismo cómo me mirara. Jason a cada rato tomaba mi mano y la besaba. Eso me incomodaba pues no eran sus labios los que quería sentir. Igualmente le sonreí a duras penas para que supiera que todo andaba bien en mí.

Seth se quedó a mi lado, fue el único capaz de hacerme sacar una sonrisa, seguramente porque su manera de ser me hacía recordar demasiado a Jacob. Los demás estaban en una punta de la mesa discutiendo no sé sobre qué tema en particular. Hasta Leah había decidido participar.

- Nessie, ¿puedes tranquilizarte? – me soltó Seth cansado de querer levantarme el ánimo seguramente.

- Estoy tranquila.

- No mientas. – dijo bajando la voz, para que los humanos no pudieran oír. – Sé que lo estás esperando. Él vendrá.

- Pues yo no lo veo por aquí. – le dije con la mirada frustrada. Él sólo bufó levantándose para dirigirse al sofá y mirar un poco de televisión.

Mi padre me echaba una ojeada de vez en cuando pero no se aproximaba a mí, supuse que estaría demasiado enojado conmigo para hacerlo.

Miré la pantalla cuadrada hundiendo mis pensamientos en la nada, ahora todo estaba en blanco, no quería pensar ni que mi padre me "oyera". Pero en mi lucha por lograrlo algo llamó mi atención.

Un ruido en la espesura del bosque me hizo ponerme en alerta. Inspiré. Automáticamente mis músculos se relajaron y una sonrisa se curvó en mis labios, pero esperé paciente. Podía oírlo en su forma lobuna acercándose sigilosamente a la casa. Luego pude notar cuándo cambió de fase y caminó en dos piernas. Mi corazón ya hacía un rato que latía a una velocidad ridícula. Pero mi mirada seguía perdida en aquel aparato cuadrado.

El timbre sonó y mi abuelo se levantó muy contento, sin sorprenderse de que a esa hora alguien llegara a la casa.

- Hola hijo. ¿Cómo has estado? – lo saludó.

- Hola Charlie. Muy bien, gracias. ¿Y tú? – escuché su voz y todas las extremidades de mi cuerpo comenzaron a temblar, no me atreví a moverme, sólo tenía la mirada puesta en donde en segundos debería aparecer.

Y allí lo vi. Inmediatamente sus ojos buscaron mi mirada como con desesperación, pero cuando me encontró mantuvo la cordura y sólo me regaló una hermosa sonrisa, mi preferida.

- ¡Jake! – se emocionó mi madre al verlo. Ahora sus ojos ya no estaban puestos en mí, y su sonrisa ya no me sonreía. No me sentí celosa, pues era mi madre. Pero sí estuve desesperada. Estaba esperando por él y no quería perderme un segundo de sus ojos.

- Ey Bells. ¿Tanto me has echado de menos? – bromeó él.

- Pues sí, grandulón. ¿Es posible que todavía sigas creciendo? Estás cada vez más enorme.

- Bells no seas exagerada, ¿quieres? – le respondió y me miró nuevamente. Me paré para hacer lo que había estado deseando hacer desde que me despedí de él. Ya no me importaba si estaban mis abuelos, ni mis padres, ni mis amigos, ni mi novio. Necesitaba hacerlo porque si no estallaría.

Me aproximé llamando la atención de Bella, la cual se apartó en cuanto estuve sólo a unos centímetros de él, quien me miró con una ternura desbordada. Sus ojos brillaban como las estrellas que titilan tan hermosas en el cielo. Sentía ya su calor sin siquiera rozarlo.

- Ven aquí. – me dijo abriéndome los brazos. Y no me resistí más. Lo tomé por la cintura y me aferré a ese hombre como si se me fuera la vida en ello. Me hundí en su precioso, musculoso y cálido pecho para no despegarme ya jamás.

Lo apreté contra mí de una manera extraña, sabía que no le haría daño, pero jamás había sentido esa necesidad de tenerlo tan cerca, jamás me había pasado con ninguno. No quería que ni un milímetro nos separara. Otra vez una energía de paz nos envolvió y ya no vi más a mí alrededor. Era como una droga a la cual me había hecho adicta.

- Te dije que vendría. – me susurró sobre el cabello y me estremecí al sentirlo.

- Llegas tarde. – le reproché apartándome un poco para mirarlo.

- Lo siento, preciosa, estaba patrullando, he venido cuanto antes. – me explicó y ahora ya no nos tocábamos. Sentí frío.

Ahora todos se habían acercado a saludarlo, menos Edward que lo miraba con enojo y algo más en su mirada que no pude descifrar. Luego, todos nos volvimos a sentar en la mesa mientras que Sue se había ido a hacer café para todos. Jason se había puesto a mi lado y me tomaba de la mano marcando territorio, pues no era tonto y aunque confiaba en mí erróneamente, sabía que había algo en el aire que le decía que nuestra relación no estaba del todo bien.

Jake se puso a jugar como si nada con Seth, se peleaban y parecían dos niños, eso me provocaba mucha risa. De pronto, pude sacarme de la cabeza que esas serían mis últimas horas en Forks y el dolor en mi pecho se alivianó y comencé a disfrutar de la velada. Algo tarde claro.

- Es tan extraño. Eres enorme y estas lleno de… esas cosas… músculos. Y te comportas como un crío. – le lanzó Jason a mi lobo.

- Pues soy así. No tiene que ver con la edad, mi personalidad es esta. – le respondió.

- Algo inmadura. – replicó mi novio.

- No es inmadurez. Jacob es mi mejor amigo y te puedo asegurar que es más maduro que cualquiera aquí dentro. – lo defendió mi madre. – Es su manera de distenderse, pues como ya sabes, él es el jefe de una… es el jefe. Tiene a cargo parte de su tribu y eso es mucho estrés.

- Gracias Bells, pero no tienes que darle explicaciones a nadie. – arremetió Jacob. Yo sonreí. Había olvidado la importancia que tenía Jacob entre todos los quileutes, y aunque no era nada mío, sólo… amigos, me hacía sentir orgullosa.

- A mí me gustas así de crío. – le dije yo sin importar las miradas de los demás. Otra vez esa sonrisa.

- Pues. Seguiré de este modo, entonces. – dijo él con un dejo de nostalgia en la mirada. Por unos segundos no pude sacarle los ojos de encima. El carraspeo de Seth me hizo reaccionar.

Esa noche transcurrió muy rápido, cuando nos dimos cuenta Charlie estaba en el sofá durmiendo con Sue a su lado cuidándolo. Fue por eso que Edward dio aviso de que mejor sería que nos marcháramos ya, que debíamos descansar pues nuestro vuelo salía temprano. A mí eso no me importaba ya que seguramente no pegaría ojo en toda la noche.

Cuando llegó la hora de la verdadera despedida, el dolor en mi pecho había regresado y dolía tanto que casi no me dejaba respirar. El aire que recorría en mis pulmones me los incineraba haciendo arder todo a su paso, torturándome de dolor.

Jason saludó a los chicos rápido y subió a la habitación de mi madre donde tenía alguna de sus cosas. Leah y Seth me despidieron con mucho cariño y también lo hicieron con mis padres.

- Jake, te echaré mucho de menos. Pero esta vez estaremos más en contacto, ¿te parece? – le dijo mi madre algo angustiada, pues se acababa de despedir de Charlie y todos sabíamos lo mucho que le costaba. Además Jacob fue siempre su mejor amigo, ella había estado enamorada de él, se suponía que por siempre sería importante en su vida.

- Es una promesa, Bella. – le dijo éste dándole un abrazo. – No has cambiado nada. Yo me esperaba a una Bella terrorífica, pero sigues siendo tan… tú. Te quiero. – y otro abrazo por parte de mi madre que casi lo tira al suelo de la fuerza que había hecho.

- Lo siento. – se disculpó algo tímida, yo sonreí.

- Espero no saber de ti muy seguido a diferencia de mi esposa. – le dijo mi padre con arrogancia pero a pesar de todo, Jake le sonrió con suficiencia y eso a Edward no le gustó mucho.

- Sabes que sabrás de mí mucho más de lo que te imaginas. – le respondió mientras mi padre ya se subía al auto donde lo esperaba mi madre. – Renesmee, dile a tu novio que se apure. Nosotros ya nos vamos.

- Pues vete. – le dije, sabía que en cuanto llegáramos a la mansión iba a querer darme el sermón.

- No es ningún sermón, niña. Tú piensas que estás haciendo lo correcto pero te equivocas. ¿Con qué poder te crees que juegas así con las personas? Jason no se merece esto. El que hayas estado con… Ugh. – dijo haciendo un gesto de asco.

- ¿De qué hablas Edward? – le exigió saber mi madre.

- De nada, cielo. Mejor nos vamos. – aceleró y se fue perdiendo en el camino.

- Bueno… - comenzó a hablar él una vez que estuvimos ya solos. – Ya lo sabe.

- Sí. Lo siento, no pude guardarlo muy bien en mi cabeza. – me ruboricé.

- Descuida, yo tampoco. En cuanto te vi, se me vinieron todas las imágenes de lo que pasó esta tarde en mi casa.

- Fue muy lindo.

- Fue hermoso, Nessie. – hizo una pausa. – Mira, yo no sé cómo sigue esto. Ahora tú te vas a miles de kilómetros de mí y yo me quedo aquí y te aseguro que estoy muy triste. – dijo sincero. – Es que no me entenderías, pero… Yo no puedo estar lejos de ti, ya no.

- Me lo habías dicho, pero aún no me lo explicas. ¿Quieres hacerlo ahora?

- No sé si tengamos tiempo. Tu novio te espera. Y es algo complicado. Pero de lo que tienes que estar segura es que siempre estaré esperando por ti, Nessie.

- Volveré, Jake. – le dije lanzándome a sus brazos. – Te lo prometo, y también prometo estar siempre en contacto contigo.

Justo cuando terminé de decir eso Jason salió de la casa y carraspeó para separarnos, y así fue. Me volví a sentir vacía, con frío pero estaba segura de que ese sentimiento iba a perdurar mucho tiempo en mí.

- Jacob, fue un placer conocerte. Ya volveremos. Me sorprende lo mucho que se ha encariñado Renesmee contigo. Pero ella es así. Es dulce y muy social.

- Lo sé. – le respondió él. – También fue un placer.

- Amor, tu abuelo te está esperando para saludarte. – me avisó mi novio.

- Será mejor que me marche ya. – dijo Jake diciendo las palabras que no quería escuchar. – Adiós, Nessie. – se acercó y me besó la mejilla con dulzura. – Recuerda tu promesa, amor. – soltó en mi oído haciendo estremecer cada parte de mi cuerpo.

- Lo haré. Te quiero. – le susurré. Moría por besar sus labios una vez más, pero mi novio estaba frente a nosotros observando la escena que se estaba desarrollando en sus narices.

- Yo más. – dijo mientras se daba la vuelta.

Me quedé en silencio viendo cómo se alejaba de mí. No sabía cuándo lo volvería a ver, no sabía qué iba a pasar conmigo a partir de ahora.